Sincronicidad: un principio de conexión acausal – Joe Cambray

Tomado de la web de la IAAP

Joe Cambray, Ph.D. es Presidente/CEO del Pacifica Graduate Institute; es expresidente de la IAAP (Asociación Internacional de Psicología Analítica); se ha desempeñado como editor de EE. UU. para The Journal of Analytical Psychology y forma parte de varios consejos editoriales. Fue miembro de la Facultad de Medicina de Harvard en el Departamento de Psiquiatría del Hospital General de Massachusetts, Centro de Estudios Psicoanalíticos; y ex presidente del Instituto C. G. Jung de Boston. Es un analista junguiano que ahora vive en Santa Bárbara, California. Autor de varias publicaciones, entre otras el libro Synchronicity: Nature and Psyche in an Interconnected Universe. Ha publicado numerosos artículos en diversas revistas internacionales. Documento tomado de la página web de la IAAP. Traducido del inglés por Juan Carlos Alonso.

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Sincronicidad: un principio de conexión acausal

Un concepto clave en la visión del mundo de Jung, la sincronicidad, fue definida por Jung como un principio de conexión acausal, por el cual los eventos psicológicos internos están vinculados a los eventos del mundo externo por coincidencias significativas en lugar de cadenas causales. Aunque de profunda importancia teórica, la evidencia clínica anecdótica sirvió como ejemplos descriptivos primarios en los escritos de Jung. Quizás el caso más conocido involucró el sueño de una paciente en el que ella recibía una joya de oro con la forma de un escarabajo, cuando unos golpes en la ventana del consultorio de Jung atrajeron la atención hacia un escarabajo (una cetonia dorada) que buscaba entrada. Jung atrapó el escarabajo y se lo entregó a la paciente, lo cual tuvo un impacto positivo y transformador en el caso, ya que según Jung rompió su racionalismo defensivo (1960, 22).

Orígenes y desarrollo de la hipótesis de la sincronicidad

La primera presentación conocida de la noción de las coincidencias significativas, como un principio fundamental, se puede encontrar en un seminario privado sobre el análisis de los sueños que Jung estaba realizando en 1928. En respuesta a las preguntas de los participantes del seminario, sobre un agrupamiento notable de eventos en torno a un conjunto particular de imágenes, Jung respondió:

Oriente basa gran parte de su ciencia en esta irregularidad y considera las coincidencias como la base fiable del mundo más que la causalidad. El sincronismo es el prejuicio de Oriente; la causalidad es el prejuicio moderno de Occidente. Cuanto más nos ocupemos de los sueños, más veremos tales coincidencias-oportunidades. Recuerde que el libro científico chino más antiguo [el I Ching] trata sobre las posibles posibilidades de vida (Jung y McGuire 1984, 44-45).

Más tarde, en diciembre de 1929, Jung continúa en este seminario para afirmar: “He inventado la palabra sincronicidad como un término para abarcar… cosas que suceden en el mismo momento como una expresión del mismo contenido temporal” (ibid., 417). Jung menciona el término públicamente por primera vez en 1930 en el discurso que pronunció en el funeral de Richard Wilhelm.

El préstamo de la filosofía taoísta china al formular la hipótesis de la sincronicidad fue estimulado por una notable coincidencia que marcó la decisión de Jung de dejar de trabajar en El Libro Rojo y regresar al mundo. En 1928, mientras trabajaba en el mandala con forma de castillo que se encuentra en la página 163 de El Libro Rojo, Jung recibió el manuscrito de la traducción al alemán de El secreto de la flor de oro de manos de su amigo Richard Wilhelm, que vivía en Tsingtao (Qingdao) en ese momento. Wilhelm le estaba pidiendo a Jung que considerara escribir un comentario psicológico para acompañar su traducción de este antiguo texto alquímico taoísta. Para Jung, la imaginería de la portada del texto, el mandala Vajra, tenía un parecido sorprendente con su castillo-mandala (ver Jung 1960, 163).

Mi interpretación de esta coincidencia que condujo a que Jung terminara su trabajo en El Libro Rojo en ese momento se basa en cómo este evento singular condujo a la formulación de la hipótesis de la sincronicidad durante sus Seminarios de sueños. Esta articulación proporcionó una resolución más profunda del dilema central que lo había estado inquietando desde 1914: ¿fueron sus visiones de vigilia de octubre/noviembre de 1913 signos de incipiente fragmentación y psicosis, o profecía? Las visiones eran de Europa llenándose de sangre y escombros, que en agosto de 1914 comenzaron a suceder cuando estalló la Primera Guerra Mundial en Europa. La resolución trascendente del dilema polarizador fue un nuevo principio para la ciencia occidental que podía explicar la coincidencia significativa sin reducirla a la personalidad, sino viéndola como fundamental para la naturaleza de la realidad (Cambray 2014).

El logro de una visión cosmológica más amplia fue ayudado por la colaboración de Jung con el famoso físico Wolfgang Pauli, ganador del Premio Nobel. Su correspondencia encierra muchas claves para la evolución de la hipótesis como unión de la física y la psicología. Les llevó casi veinte años llegar al punto de publicar sus ideas innovadoras y controvertidas. La contribución de Jung a su libro provino de su conferencia Eranos de 1951 y luego se convirtió en una monografía separada, Synchronicity: An Acausal Connecting Principle. Un paso importante que dieron Jung y Pauli fue formular la noción del arquetipo psicoide, imaginado como la capa más profunda de la realidad arquetípica donde la psique y la materia se encuentran y se vuelven indistinguibles. Se cree que los fenómenos sincrónicos surgen de activaciones de este nivel de realidad. Harald Atmanspacher y sus colegas han estado desarrollando y elaborando esta línea de pensamiento con gran ventaja para los puntos de vista contemporáneos sobre el problema mente/materia (Atmanspacher y Fuchs 2014)

Ha resultado útil revisar los argumentos de Jung en su monografía a la luz de la ciencia contemporánea. Su empleo de argumentos energéticos de la termodinámica del siglo XIX para descartar la causalidad no son verdaderamente aplicables, ya que se basan en sistemas cerrados en el equilibrio o cerca de él. Como los humanos en el mundo son sistemas abiertos lejos del equilibrio, la misma lógica no se aplica, sino que necesitamos usar la ciencia de la complejidad para investigar los fenómenos. Esto comenzó con un artículo de Cambray en 2002 sobre «Sincronicidad y emergencia». Mediante el estudio de sistemas adaptativos complejos que tienen la capacidad de autoorganización espontánea con propiedades emergentes, los fenómenos sincrónicos se vuelven descriptibles en términos contemporáneos. Este movimiento no invalida la mayor parte del trabajo de Jung sobre el tema, pero le da una base más amplia en sistemas dinámicos no lineales con una noción mucho más amplia de «causalidad». De hecho, un examen cuidadoso de varias de las concepciones de Jung (complejos, arquetipos, individuación) así como de sus métodos (amplificación, imaginación activa e interpretación de los sueños) revela que se ubican en perspectivas proto-emergentistas. La ciencia de la complejidad no estaba realmente disponible durante la vida de Jung; algo de su raíz le atraía claramente, por ejemplo, los sistemas de autorregulación de la cibernética. Jung fue uno de los primeros en adoptar la autorregulación en su visión de la psique (referencia JAP).

Aunque no citó explícitamente la cosmología del «Big Bang» en sus argumentos, usó un lenguaje tomado de esto para describir la sincronicidad. Considerando la sincronicidad como un acto de creación en el tiempo, Jung habla de cómo “bajo ciertas condiciones, el espacio y el tiempo pueden reducirse a casi cero, la causalidad desaparece con ellos porque la causalidad está ligada a la existencia del espacio y el tiempo y los cambios físicos, y consiste esencialmente en la sucesión de causa y efecto. Por esta razón, los fenómenos sincrónicos no pueden en principio asociarse con ninguna concepción de causalidad” (1960, 29-30). Volver al momento creativo en la historia del universo antes de que surgieran las leyes de la física es, de hecho, una forma de discutir la cosmología del Big Bang. En última instancia, Jung está defendiendo una tendencia a la creación de patrones en nuestro universo que surgió como una propiedad fundamental de la realidad incluso antes de que la luz/la materia/la gravedad y las demás leyes de la física se hicieran realidad.

Ubicar patrones sincrónicos en los orígenes del universo también evoca un modelo profundamente ecológico de los fenómenos: revela la interconexión de todas las partes en un todo emergente. Esto también se abre a una de las áreas nuevas y emocionantes para la exploración y el desarrollo, el papel de la sincronicidad en los orígenes y el desarrollo de la vida, que Jung comentó en una carta tardía a Erich Neuman:

En este caos del azar, probablemente estaban operando fenómenos sincrónicos que operaban tanto con las leyes conocidas de la naturaleza como contra ellas para producir, en momentos arquetípicos, síntesis que nos parecen milagrosas… Esto presupone no sólo un significado latente y omnipresente que puede ser reconocido por la conciencia, sino también un proceso psicoide durante ese tiempo preconsciente, con el que un evento físico coincide significativamente. Aquí el significado no puede ser reconocido porque todavía no hay conciencia. (Cartas, 1975, 494-5)

La utilidad clínica de la hipótesis de la sincronicidad ha sido un tema de estudio continuo por parte de los junguianos. La ciencia de la complejidad ha ayudado a contextualizar el enfoque junguiano dentro del campo más amplio de la psicoterapia. A través de la lente de la sincronicidad, los fenómenos clínicos no reconocidos de otro modo pueden examinarse y explorarse por su valor transformador: una noción intuitiva que está recibiendo una base sólida, como en las ideas de momentos de complejidad.

En última instancia, la sincronicidad demostrará ser un concepto para el siglo XXI, que requerirá nuevos paradigmas que nos ayuden a explorar su alcance y valor. Esto puede incluir fenómenos sincronísticos para eventos de mayor escala, no solo para individuos, sino también para grupos, culturas e incluso mundos.

Referencias

Atmanspacher, H. and C. Fuchs, eds. The Pauli Jung Dialogue, Exeter, UK: Imprint Academic (2014). Cambray, J. (2002). “Synchronicity and emergence”. American Imago 59 (4), pp. 409-434.

_ . (2014). “The Red Book: Entrances and Exits” in The Red Book: Reflections on C. G. Jung’s Liber Novus, ed. T. Kirsch and G. Hogenson, New York & London: Routledge.

Jung, C. G. (1930). “Richard Wilhelm: In Memoriam.” In The Spirit in Man, Art, and Literature,

Collected Works 15, Princeton: Princeton University Press.

_ . (1960). “Synchronicity: An Acausal Connecting Principle.” In The Structure and Dynamics of the Psyche, Collected Works 8, Princeton: Princeton University Press.

_ . (2009). The Red Book: Liber Novus, ed. Sonu Shamdasani. W. W. Norton & Company: New York, London.

_ . (1975). Letters. Vol. 2: 1951-1961, eds. Gerhard Adler & Aniela Jaffe. Princeton: Princeton University Press.

Jung, C. G., William McGuire, ed. (1984). Dream Analysis, Princeton: Princeton University Press.

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