La leyenda del hombre caimán desde la Psicología Analítica

AMPARO CÉSPEDES Y OTROS

Este artículo corresponde la ponencia del grupo de estudio ADEPAC Medellìn, presentada en el IV Encuentro de Mitos y Leyendas Colombianas, realizado el 2 de octubre de 2010. Los autores son:

– Amparo Céspedes, Psicóloga de la Universidad de San Buenaventura, Especialista en Psicología Clínica de la Universidad del Norte de Barranquilla.
– Héctor Ospina, Psicólogo de la Universidad de San Buenaventura, Especialista en Psicología organizacional de la Universidad de San Buenaventura.
– Jhon Jairo Giraldo, Psicólogo de la Universidad de Antioquia.
– Gladys Valencia, Psicóloga de la Universidad Luis Amigó.
– Laury López, Psicóloga de la Universidad de San Buenaventura, Especialista en Psicología Social Aplicada de la Universidad Pontificia Bolivariana.
– Licet Ortega, Psicóloga de la Universidad de San Buenaventura, Facilitadora de Biodanza.

Sí, mi amigo. Esta historia empezó aquí mismo. Y el que es hoy el Hombre Caimán se sentaba allí, donde está usted ahora dispuesto a tomarse un vaso de ron, un queso y por último, su plato de arroz con coco.

Miraba siempre hacia la orilla opuesta del río y cuando adivinaba la presencia de alguien al otro lado, apuraba su arroz y desaparecía en el agua. ¿Que por qué hacía todo esto? No se desespere, amigo, termine de tomarse su ron y escuche, que este cuento apenas lo empiezo.

Es una historia de amor, como todas, con la diferencia que el hombre salió mejor librado que cualquiera, a pesar de todas las adversidades. Así que si va a pedir otro trago, hágalo de una vez, que yo aquí empiezo mi relato y no paró hasta el final.

Un hombre, alegre y despreocupado, viajaba continuamente de Pinillos a Magangué vendiendo toda suerte de alimentos y frutas hermosas. A grandes voces y en medio del jugueteo entre él y las gentes de por aquí, el hombre divertía a todos con sus historias absurdas de cómo adquiría los productos, hasta el punto de convencer a los compradores de que lo que se llevaban eran objetos maravillosos.

Una tarde, mientras anunciaba a gritos la venta de unas naranjas que, según él, poseían las esencias del amor eterno, descubrió para su fortuna la presencia de una bella mulata con el pelo recién enjuagado que caminaba despreocupada. El hombre entabló conversación con la muchacha y rápidamente, ambos se vieron profundamente atraídos.

Ella se llamaba Roque Lina y era la hija de un severo e inabordable comerciante de arroz. Sus hermanos, que jugaban el secreto papel de vigilantes de los pasos de la muchacha, al darse cuenta de que Roque Lina era atraído cada vez más por las frases pomposas del hombre, dieron la voz de alarma a su padre.

Así pues, amigo, cuando el hombre apareció como de costumbre con sus alaridos y sus productos de otro mundo y se precipitó feliz a saludar con canciones a su querida Roque Lina, se encontró frente a la presencia poco amable de su imposible suegro. “Aquí el que vende soy yo”, le dijo tajantemente el padre. “Y mi hija no es arroz. Así que puede irse con su música a otra parte, antes de que tengamos problemas. ¡O yo no sé!”. Y sin agregar una palabra más, tomó a Roque Lina del brazo y la arrastró con él.

Fue desde ese momento cuando el hombre empezó a venir todos los días a esta tienda, a pedir el mismo ron, el mismo queso y el mismo arroz con coco y a mirar hacia el río. ¿Por qué? Rápidamente lo fui entendiendo: aquí los hombres se bañan en esta orilla. Hacia la mitad de la corriente hay un remolino y al otro lado se bañan las mujeres. Asimismo, aquí la gente va a la necesidad en el agua y se cobra un centavo por todo. ¿Qué pasaba? Pues nada más que el hombre se había puesto de acuerdo con Roque Lina para que cuando ella fuera a bañarse, él atravesara el río a nado y fuera a visitarla.

Usted estará preguntando cómo haría el hombre para atravesar aquel remolino, que a primera vista se adivina no apto para seres humanos. Pues aquí es donde reside el secreto de la historia. El hombre terminaba de comerse el arroz, se metía al agua y poco a poco, su cuerpo se iba corrugando, sus brazos se encogían en pequeñas patitas, sus piernas se unían en una agitada cola y cada uno de los granitos de arroz que se había comido se iban transformando en una hilera de dientes fluidísimos, hasta quedar convertido en un expertísimo caimán nadador.

Así el Hombre Caimán atravesaba ágilmente el remolino y luego de violentos chapoteos, lograba llegar hasta donde Roque Lina, quien ansiosa lo esperaba para ir a descubrir con él las profundidades secretas del río. El hombre venía aquí a diario, bebía y comía su eterna ración y se lanzaba en su viaje reptil donde su amada Roque Lina. Esta visita permanente fue poniendo alerta a todos los pescadores de la zona.

Una mañana, uno de los hermanos de Roque Lina alcanzó a percibir la cola desenfrenada del Hombre Caimán rompiendo el remolino y de inmediato dio la voz de alarma. Todos los pescadores de Magangué se dieron a la caza del caimán. Pero cualquier esfuerzo era inútil. Mientras más obstinados eran los hombres tratando de aniquilar al animal, más ágil se volvía el hombre para llegar hasta la orilla de Roque Lina.

Tómese el otro roncito, amigo, que esta historia ya se precipita a su final y tiene que prepararse para lo que sigue. ¿Me va siguiendo….?
El papá de Roque Lina, hombre ostentoso y sediento de fabricarse su propio orgullo, ubicó con exactitud el sitio por donde el caimán solía nadar y organizó un cerco para atraparlo.

Una mañana, un buen número de pescadores navegaron afanosamente por estos parajes, buscando sin descanso al caimán, comandados por el padre de Roque Lina. Mientras esto sucedía, el hombre de nuestra historia, sentado allí donde usted está, terminó su ron, su queso y su arroz y se fue de aquí. ¿Hacia dónde iba si todos lo buscaban? Luego lo supe: el muy vivo se echó al agua mientras todos estaban en su búsqueda, nadó agitadamente hasta el barco del papá de Roque Lina y de una, se devoró todo el arroz que encontró. Acto seguido, buscó a su amada que dormitaba en el muelle. Suavemente la acomodó sobre su espalda y sin despertarla, se alejó con Roque Lina en silencio.

Nunca volvió a saberse de ellos. Pero, desde ese día, todos los hombres de por aquí esconden temprano a sus mujeres y se apuran a comerse todo el arroz que tengan en la olla, antes de que el Hombre Caimán venga y haga desaparecer mujer y granos.

Este es más o menos el cuento, amigo. Lo bueno es que por aquí, desde esos días, se canta un merengue que dice:
Esta mañana, temprano,
cuando bien me fui a bañar,
vi un caimán muy singular
con cara de ser humano.

Ya se da cuenta por qué es. Lo único que no puedo brindarle, amigo, es su plato de arroz con coco. Por estos días, no sé por qué, ha estado escaso por aquí. Pero. . . ¿no quiere que le cuente otra historia?

Antes de comenzar con el análisis, es importante recordar que las leyendas son narraciones que tienen principio en hechos reales históricos o hazañas, a las cuales se les agregan fantasías, sabidurías populares, sucesos de dudosa veracidad, inverosímiles y misteriosos que van pasando de generación en generación a través de la tradición oral y escrita de los pueblos; poniendo de manifiesto su poética, su gusto por los hechos heroicos o por las acciones valerosas y por los sucesos extraordinarios y originales. Ahora bien, lo que nos convoca en este encuentro, es el ejercicio de traducir psicológicamente una leyenda de nuestro país, con el fin de rescatar la riqueza folclórica que nos aporta la tradición colombiana.

La traducción se realizará según la psicología de Carl Gustav Jung y por ello este año, nuevamente elegiremos el método de interpretación que ha sido desarrollado por la analista Marie – Louise von Franz y que posibilita la traducción psicológica de mitos, leyendas y cuentos de hadas; cada uno de los cuales aporta al conocimiento de algún aspecto de la psique. Según la analista, en los cuentos de hadas, se reflejan con mayor claridad las estructuras psíquicas fundamentales; por el contrario, en los mitos y las leyendas, se alcanzan las estructuras de base de la psique humana a través de la capa de elementos culturales que las recubre.” (Von Franz, 1970, pág. 8)

Por este motivo, para el análisis, tendremos en cuenta que la leyenda en sí misma, se limita en información simbólica y en caracterización emocional de los personajes, impidiendo determinarlos afectivamente; no obstante, se hace propicia para el análisis, ya que al ser rica en elementos culturales, permite hacer una lectura y exploración para visualizar algunos aspectos de la psique humana a partir de la comprensión de las características propias de los personajes.

La analista nos plantea que una leyenda, cuento de hadas o mito podría dividirse en las siguientes partes:

1. Introducción (tiempo y lugar de la acción)
2. Dramatis Personae (actores del drama)
3. Exposición del problema
4. Peripateia (acontecimientos relevantes en la evolución de la historia)
5. Lysis (resolución)
6. Traducción psicológica.

Veamos ahora como aplicar estos elementos a la leyenda del Hombre Caimán que en particular nos acercará al entendimiento de un momento del desarrollo de una psique masculina.

1. INTRODUCCIÓN

Un hombre, alegre y despreocupado, viajaba continuamente de Pinillos a Magangué vendiendo toda suerte de alimentos y frutas hermosas. A grandes voces y en medio del jugueteo entre él y las gentes de por aquí, el hombre divertía a todos con sus historias absurdas de cómo adquiría los productos, hasta el punto de convencer a los compradores de que lo que se llevaban eran objetos maravillosos.

Vemos que la leyenda inicia con la aparición de un hombre – vendedor, con unas características bastante particulares que le servirán en la leyenda para diferenciarse psicológicamente de los hombres que habitaban el pueblo de Magangué. Este pueblo como todos, tenía unas características socioeconómicas y culturales que nos van a permitir conocer el escenario en el cual tendrá que vivir su historia el Hombre Caimán.

En una de las versiones históricas, llama la atención que Magangué en sus comienzos como territorio indígena no fue conquistado ya que los habitantes de la región fueron dóciles y opusieron poca resistencia a los invasores; los historiadores coinciden en la pertinencia de hablar de fundación en el siglo XV, la cual estuvo a cargo de don Alonso de Heredia que con 325 hombres realizo la colonización, luego de esta, los hombres se quedaron en esta región motivados por la pesca, la caza, la fertilidad de su suelo y el calor humano. (oocities, 2001).

Ahora bien, el contexto en el cual se desarrolla la leyenda, es más reciente, se puede deducir por las características socioeconómicas que nos plantea el texto, que el tiempo de esta historia tiene lugar después de que Magangué fuera nombrada de esa manera el 28 de octubre de 1776. (Gobernación de Maguangué, 2002).

Su ubicación estratégica en la rivera del río Magdalena, lo ha convertido en un puerto neurálgico donde convergen los pueblos de la depresión momposina y la zona de La Mojana, característica que convierte al magangueleño en un hombre que se dedica a la vida de la rivera siendo quizás, uno de los pueblos más prolíferos de la comarca meridional de Bolívar, convertida en un emporio agro-comercial y pesquero, capital arrocera de Colombia. (oocities, 2001)

Respecto de la vida en sociedad, se conoce que en la época de la leyenda, la cultura de Magangué tenía una fuerte tendencia religiosa, la cual dictaba los códigos desde los cuales se establecía una relación amorosa y algunos enamorados luchaban por sus amores imposibles, cuando no eran del gusto familiar. Situación a la que se enfrentará el Hombre Caimán.

2. DRAMATIS PERSONAE

• Los personajes principales son:

– El Hombre Caimán: Se desempeñaba como vendedor de cosas de otro mundo, entre estas, de naranjas poseedoras del amor eterno. Además divertía al pueblo con historias absurdas acerca de cómo adquiría sus productos, hasta el punto de convencer a los compradores de que aquello que se llevaban eran objetos maravillosos. El Hombre Caimán en la leyenda es protagonista de una historia de amor que según el narrador salió mejor librado que cualquiera.

– Roque Lina: Es la mujer protagonista de la historia de amor que cuenta la leyenda; es descrita como una bella mulata hija de un severo e inabordable comerciante de arroz. Era muy cuidada por su padre y sus hermanos. En la historia aparece como una mujer que es conquistada y atraída por las frases pomposas del Hombre Caimán quien al final de la historia la rapta del muelle donde dormitaba.

– El padre de Roque Lina: era un comerciante de arroz severo e inabordable; tenía poder y se conocía como un hombre ostentoso y sediento de fabricarse su propio orgullo. El imposible suegro, organizó una redada con los hombres del lugar para atrapar al Hombre Caimán cuando se enteró que se frecuentaba con su hija Roque Lina a pesar de la prohibición impuesta.

• Personajes secundarios

En general, estos personajes secundarios, aparecen en la leyenda como un colectivo que sirve de telón de fondo en la historia y que nos permiten identificar el contexto, la estructura cultural y la manera en que se relacionaban.

– Los hermanos de Roque Lina: No hay un número establecido; sin embargo es claro que en la historia jugaban el secreto papel de vigilantes de los pasos de su hermana y fueron quienes dieron la voz de alarma al padre.

– Todos los pescadores de Magangué: Al igual que los hermanos, no se sabe con exactitud el número, solo se sabe que estos hombres estaban liderados por el padre de Roque Lina.

– Las mujeres y hombres: Al igual que los otros personajes secundarios, no se plantea un número establecido, ni sus características personales. Sin embargo, se conoce que las familias de Magangué en la época de la leyenda, se consideraban responsables del futuro de sus hijos, con especialidad los padres de los enamorados que se daban el derecho de elegir sus amores, en especial cuidaban de las mujeres que eran sumisas, pasivas y obedientes que se volvían unas damas al casarlas con hombres prestigiosos o de su misma casta. De lo contrario los enamorados enfrentaban el remolino de una crisis amorosa donde muchas relaciones se vieron frustradas.

3. EXPOSICIÓN DEL PROBLEMA

Una tarde, mientras anunciaba a gritos la venta de unas naranjas que, según él, poseían las esencias del amor eterno, descubrió para su fortuna la presencia de una bella mulata con el pelo recién enjuagado que caminaba despreocupada. El hombre entabló conversación con la muchacha y rápidamente, ambos se vieron profundamente atraídos.

Ella se llamaba Roque Lina y era la hija de un severo e inabordable comerciante de arroz. Sus hermanos, que jugaban el secreto papel de vigilantes de los pasos de la muchacha, al darse cuenta de que Roque Lina era atraído cada vez más por las frases pomposas del hombre, dieron la voz de alarma a su padre.

Así pues, amigo, cuando el hombre apareció como de costumbre con sus alaridos y sus productos de otro mundo y se precipitó feliz a saludar con canciones a su querida Roque Lina, se encontró frente a la presencia poco amable de su imposible suegro. “Aquí el que vende soy yo”, le dijo tajantemente el padre. “Y mi hija no es arroz. Así que puede irse con su música a otra parte, antes de que tengamos problemas. ¡O yo no sé!”. Y sin agregar una palabra más, tomó a Roque Lina del brazo y la arrastró con él.

El problema de esta historia está enmarcado en una relación de amor entre el Hombre Caimán y Roque Lina. La relación entre los personajes encuentra oposición por parte del padre de Roque Lina quien cuenta con el respaldo de sus hijos y los hombres del pueblo.

Es en el momento que el Hombre Caimán se encuentra cara a cara con el padre de Roque Lina, cuando este manifiesta su desacuerdo, oponiéndose a la relación que hasta ahora se iba tejiendo y es aquí donde precisamente empieza el drama. Por lo anterior se desata el problema, al convertirse en obstáculo la figura del padre para la naciente relación.

Esta figura de oposición en la psicología masculina, es importante como trasfondo del proceso de evolución del hombre en general, cada hombre va a encontrar en su destino una vía para la confrontación con lo masculino y cada uno encontrará, de acuerdo a su historia y condiciones personales, la manera de afrontarlo. En la leyenda podremos entender como el Hombre Caimán logra sortear desde su particularidad psicológica dicho asunto, en su caso la oposición está representada por el suegro.

4. PERIPATEIA

Fue desde ese momento cuando el hombre empezó a venir todos los días a esta tienda, a pedir el mismo ron, el mismo queso y el mismo arroz con coco y a mirar hacia el río. ¿Por qué? Rápidamente lo fui entendiendo: aquí los hombres se bañan en esta orilla. Hacia la mitad de la corriente hay un remolino y al otro lado se bañan las mujeres. Asimismo, aquí la gente va a la necesidad en el agua y se cobra un centavo por todo. ¿Qué pasaba? Pues nada más que el hombre se había puesto de acuerdo con Roque Lina para que cuando ella fuera a bañarse, él atravesara el río a nado y fuera a visitarla.

Usted estará preguntando cómo haría el hombre para atravesar aquel remolino, que a primera vista se adivina no apto para seres humanos. Pues aquí es donde reside el secreto de la historia. El hombre terminaba de comerse el arroz, se metía al agua y poco a poco, su cuerpo se iba corrugando, sus brazos se encogían en pequeñas patitas, sus piernas se unían en una agitada cola y cada uno de los granitos de arroz que se había comido se iban transformando en una hilera de dientes fluidísimos, hasta quedar convertido en un expertísimo caimán nadador.

Así el Hombre Caimán atravesaba ágilmente el remolino y luego de violentos chapoteos, lograba llegar hasta donde Roque Lina, quien ansiosa lo esperaba para ir a descubrir con él las profundidades secretas del río. El hombre venía aquí a diario, bebía y comía su eterna ración y se lanzaba en su viaje reptil donde su amada Roque Lina. Esta visita permanente fue poniendo alerta a todos los pescadores de la zona.

Una mañana, uno de los hermanos de Roque Lina alcanzó a percibir la cola desenfrenada del Hombre Caimán rompiendo el remolino y de inmediato dio la voz de alarma. Todos los pescadores de Magangué se dieron a la caza del caimán. Pero cualquier esfuerzo era inútil. Mientras más obstinados eran los hombres tratando de aniquilar al animal, más ágil se volvía el hombre para llegar hasta la orilla de Roque Lina.

La peripateia según la clasificación de Marie Louise Von Franz hace referencia a los distintos momentos que tienen que atravesar los personajes de la leyenda para desarrollar la historia, es así como el Hombre Caimán, se pone de acuerdo con Roque Lina para su encuentro amoroso al otro lado del río, haciendo uso de su estrategia para mimetizarse en el paisaje de la región.

En otro momento de la historia, el Hombre Caimán es sorprendido por los hermanos de Roque Lina y comienza la persecución por parte de los hombres del pueblo.

En un último acto, el Hombre Caimán logra raptar a su amada, alejándose con ella a sus espaldas.

5. LYSIS

El papá de Roque Lina, hombre ostentoso y sediento de fabricarse su propio orgullo, ubicó con exactitud el sitio por donde el caimán solía nadar y organizó un cerco para atraparlo.

Una mañana, un buen número de pescadores navegaron afanosamente por estos parajes, buscando sin descanso al caimán, comandados por el padre de Roque Lina. Mientras esto sucedía, el hombre de nuestra historia, sentado allí donde usted está, terminó su ron, su queso y su arroz y se fue de aquí. ¿Hacia dónde iba si todos lo buscaban? Luego lo supe: el muy vivo se echó al agua mientras todos estaban en su búsqueda, nadó agitadamente hasta el barco del papá de Roque Lina y de una, se devoró todo el arroz que encontró. Acto seguido, buscó a su amada que dormitaba en el muelle. Suavemente la acomodó sobre su espalda y sin despertarla, se alejó con Roque Lina en silencio.

Nunca volvió a saberse de ellos. Pero, desde ese día, todos los hombres de por aquí esconden temprano a sus mujeres y se apuran a comerse todo el arroz que tengan en la olla, antes de que el Hombre Caimán venga y haga desaparecer mujer y granos.

Según Marie Louise von Franz esta es una resolución positiva, porque el Hombre Caimán consiguió no ser atrapado por los cazadores y raptar a su amada; es decir, logró su objetivo personal lidiando con la oposición de otro masculino, de tal manera que el desenlace se diera a su favor.

La lysis de esta leyenda pone de presente una vía de desarrollo de lo masculino a través del amor como una gran acción transformadora; fue una resolución en el plano personal que no transformó el colectivo, situación que marcó una diferencia en el contexto de la leyenda. El proceso de transformación de esta psique individual fue evidente en el colectivo, generando gran temor en los hombres de que sus mujeres desaparecieran en manos del Hombre Caimán

6. TRADUCCIÓN PSICOLÓGICA DE LA LEYENDA

En el análisis de la leyenda del Hombre Caimán encontramos como tema primordial el desarrollo de la psique individual de un hombre a partir del amor como motor de su desarrollo. De esta manera el Hombre Caimán representa una evidencia acerca de lo que puede ocurrir en la particularidad de una psique masculina en su proceso vital. En el caso del protagonista de esta leyenda, su desarrollo se evidencia al sortear las vicisitudes que se le plantean a partir de la oposición de otro masculino.

Esta oposición entre dos aspectos de lo masculino, hace parte de un proceso de desarrollo de la psicología masculina que se da vía la oposición; es así como cada hombre va a encontrar en su proceso personal un escenario donde se de esta confrontación; algunos lo van a hacer como este hombre, a través del amor, otros a través de los distintos escenarios de la competencia, otros por la vía laboral y el ascenso al poder y a través de otras tantas experiencias posibles.
Se podría deducir que el Hombre Caimán logra una salida creativa que lo convierte en caimán como alternativa a la situación obstáculo dispuesta por su suegro, sin necesidad de enfrentarle directamente.

Dicha manera de proceder evoca la figura de Hermes, a partir de la cual comprenderemos la estructura psicológica del protagonista de la leyenda, pero antes, revisemos un poco el perfil de este dios. En la mitología griega, Hermes es el dios olímpico mensajero, de las fronteras y los viajeros, se consideraba como un dios ingenioso, astuto en sus pensamientos, que puede aparecer como serpiente, trayendo transformaciones súbitas. (López Pedraza, 2009). Se caracteriza además, por su gran habilidad en todas las relaciones de intercambio social; cualidades combinadas con la astucia, tanto en las palabras como en las acciones, e incluso el fraude; actos cometidos siempre con habilidad, destreza e incluso elegancia. (Kerényi, 1994)

En la mitología griega, también se reconocía como un psicopompo o guía de los difuntos que les ayudaba a encontrar su camino hasta el Inframundo griego.

En la adaptación romana de la religión, Hermes fue identificado con el dios romano Mercurio, patrón del comercio.

Podemos ver en la historia que el Hombre Caimán, al igual que el dios Hermes, posee la posibilidad de unir, de transitar, de moverse en todos los ámbitos; “psicológicamente”, esta será una característica de la llamada función trascendente, o sea, la posibilidad de la psique de establecer conexiones entre contenidos del consciente y el inconsciente. Como consecuencia, nuevos contenidos, originados en esta interacción, pueden ser integrados a la conciencia y promover su transformación”. (Silva Baptista, 2009)

Hermes, como expresión, operó en el Hombre Caimán como el arquetipo que lo ayudó a hacerse cargo de la situación que tenía que sortear, ya que dentro de su propio proceso, pudo flexibilizar para su beneficio las estructuras endurecidas del contexto cultural, osando y transgrediendo las reglas que estaban instauradas en la región. Observamos claramente como el Hombre Caimán no buscó ayudas externas, sino que con los recursos de su interior pudo hacerse cargo de su transformación convirtiéndose en algo así como un héroe de su propio desarrollo. Fue un hombre que como el dios Hermes, actuó con prontitud y sabiduría transformando su mayor adversidad en oportunidad. Adversidad que se le presentó cuando al querer estar al lado de su amada, su suegro se lo impide, teniendo que recurrir a una serie de estrategias para verse a escondidas con Roque Lina.

El escenario del encuentro en el río representa un medio para acceder al amor; observemos que en medio del mismo, hay un remolino que representa en este caso, la corriente emocional, el mundo inconsciente y las vicisitudes que se muestran en una relación amorosa. La forma que el Hombre Caimán encuentra para atravesar el río es meterse en el agua, pero no lo puede hacer en condición humana y por eso, para cruzarlo, se transforma en caimán, de esta manera el remolino opera a su favor y no se convierte en obstáculo, volviéndose un aliado para acceder al amor.

Lo anterior indica que el Hombre Caimán se mueve bien en las corrientes emocionales; simbólicamente podríamos decir que el hecho de atravesar el río es una forma de sumergirse en lo emocional para ir de un estado a otro y conectar los opuestos, en este caso, lo masculino y lo femenino; este contacto se hace a través del instinto representado por el animal, aquí caracterizado por el caimán en el que se transforma.

La trasformación vivida por el personaje nos remite a un proceso de metamorfosis que es común en la mitología griega, donde hombres y dioses como Hermes, se transforman en distintos animales para conseguir sus objetivos. Algunas de estas transformaciones mitológicas son impuestas por los dioses y otras obedecen a la necesidad de cada uno para lograr lo que se propone, como en el caso de Proteo que recurría a la metamorfosis para escapar de los que pretendía consultarle; Zeus por su parte, lo hacía para lograr sus deseos, si éstos se referían a una diosa, una mujer o incluso algún bello joven. (Cummings, 2009)

De otro lado, encontramos de esta metamorfosis un paralelo en la amazonia en la que circula la leyenda del “boto” (delfín rosado), allí se cree que este delfín se transforma en las noches de luna llena en un apuesto varón, llegando a las fiestas y bailes para seducir y luego robarse a las mujeres.

En la leyenda del Hombre Caimán, la metamorfosis no se hace espontáneamente, ni por imposición de un dios; sino que obedece a una decisión personal; la transformación que lo lleva a ese estado se hace por medio de la ingesta de arroz con coco, queso y ron, alimentos de consumo cotidiano en la región. El arroz en particular, tiene en la leyenda una representación simbólica tanto en el protagonista, como en el padre de Roquelina; Para este último, representa la abundancia, la prosperidad y el poder económico en su rol como comerciante.

Para el Hombre Caimán, el arroz opera como símbolo de alimento que nutre y fortalece, representando el elemento necesario para convertirse en animal, ya que como dice en la leyenda,” cada uno de los granitos de arroz que se había comido se iban transformando en una hilera de dientes fluidísimos, hasta quedar convertido en un expertísimo caimán nadador y en el Hombre Caimán, el arroz. Además, vale la pena resaltar que no se trata de un arroz cualquiera; sino de un arroz combinado con otros elementos que forman el arroz con coco, comida que le permite obtener la fuerza para su metamorfosis. Todos los alimentos que acompañan el proceso de metamorfosis conllevan en sí mismos la transformación ya sea por el fuego, como el arroz y el coco, o por la maduración o fermentación en el caso del queso y licor. De esta manera, por medio de esta comida como elemento ritual, el Hombre Caimán asimila fuerzas transformadoras que le permiten metamorfosearse; transformación que se manifiesta como una salida consciente de este hombre, que no renuncia a la condición humana, sino que usa su cambio de apariencia para eludir y burlar los obstáculos de manera sigilosa y creativa; Elije el caimán como animal que está naturalmente en relación con el agua y que hace parte del entorno ambiental donde se desarrolla la historia.

Esto da cuenta de una salida psicológica y de la forma particular que tiene este hombre para enfrentarse al desafío. El Hombre Caimán está eludiendo la oposición a la manera de Hermes ya que haciendo uso de su astucia no se enfrenta cara a cara, sino que burla la oposición y desarrolla otros elementos como el encuentro con el elemento instintivo que representa el caimán. El caimán es sigiloso y se mimetiza al ir por el agua, además remite a un tipo de animal, reptil arcaico, que mantiene relación tanto con la tierra como con el agua y que nos conecta con lo más instintivo. El caimán estuvo antes de los humanos; por ello representa lo más primitivo en el desarrollo de la psique, lo más básico, que remite al componente instintivo de la atracción física, vehiculizada por necesidades biológicas.
Es importante anotar que el caimán representa la abundancia lunar y se le observa simbólicamente como enemigos del sol (Chevalier, 1995). Este tipo de relación es interesante para la historia porque en la misma, se visualizan dos formas de poder polarizadas. Uno, el del Hombre Caimán de aspecto lunar, quien detenta el poder de la seducción, expresando su poder individual y otro el del suegro, de aspecto solar que representa el poder de lo colectivo, la severidad, el poder económico, la dureza y la fuerza en una psique masculina

Kinpnis en su texto de imágenes olvidadadas de la masculinidad sagrada, plantea que en el desarrollo del “ser hombre” se encuentran estos aspectos de severidad, colera, dominancia y omnipotencia bajo las influencias psicologicas de las herencias de dioses solares como: Cronos, Zeus y Uranos. Ya que su poder y comportamiento es equiparable al estado en que los dioses se mostraban como seres divinos erraticamente iracundos, haciendo uso extremo de su condición de superioridad. Plantea Kinpnis, que el aspecto solar es como el “sol que sale y se pone cada dia, siempre el mismo”, es un modelo de hombre que sigue siendo el mismo a lo largo del tiempo. Y esto es importante, para la vida de un hombre, porque da un modelo de disciplina y rigor en su vida. Pero en ocasiones lo anterior podria sofocar otros aspectos de la vida, como el padre de la leyenda, quien no permite que se haga movimientos distintos a los que el mismo estipula y dictamina, generando acciones en desacuerdo con los propositos del Hombre Caimán.

No obstante sabemos por la historia que el hombre Caiman no se rinde ante la oposición de su suegro, emprendiendo su propia estrategia; de esta manera, no pone su fuerza en el plano físico como si lo hacen algunos héroes mitológicos e históricos que deben luchar con sus cuerpos para ganar su objetivo; por el contrario, El Hombre Caimán al igual que el dios Hermes, está muy lejos del enfrentamiento o la confrontación, no se mueve oposicionalmente, sino que llama a la diplomacia y a la estrategia creativa que lleva su fuerza en el plano emocional. El Hombre Caimán como expresión de lo lunar, es llevado por sus emociones profundas, entre ellas “el amor a su amada”, para movilizar una serie de cambios que en si mismos generan un condición distinta en la vivencia de lo masculino. Fue así como el protagonista, hizo uso de su sabiduría intuitiva, fue fiel a la objetividad de su psique, manteniéndose en un territorio de libre albedrío, diferenciando su actuar en relación con la estructura social establecida en Magangué.

Esta libertad en su actuar podría deberse, quizá a que el hombre viajaba continuamente, y en la leyenda no se da cuenta que tuviera un territorio fijo, lo que tal vez posibilitó que mantuviera la fidelidad a sus sentimientos y deseos haciendo caso omiso a las exigencias de su suegro, quien representa una figura de poder para todos los hombres que habitaban Magangé. El Hombre Caimán, salió bien librado en su historia de amor con Roque Lina, un amor que según la simbología general posibilitó superar antagonismos, asimilar fuerzas diferentes, a intégralas en una misma unidad. Convirtiéndose de esta manera, en una fuente ontológica de progreso en la medida en que es unión a pesar de las vicisitudes.

Para finalizar, podría decirse que la leyenda evidencia que la psique siempre busca manifestaciones propias a través de las cuales se pueda expresar favoreciendo un nivel de desarrollo, y que en lo masculino no podría plantearse una solo vía sino que habrá que dejar espacio para que el alma pueda ser tocada por la vía que necesita de acuerdo al contexto y momento de la vida en el que se encuentre.

BIBLIOGRAFÍA

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• Von Franz, M. L. (1970). Érase una vez… Una intrerpretación psicológica (Primera edición 1993 ed.). (C. Quintana, Trad.) Barcelona, España: Ediciones Luciérnaga.

 

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