Por fin el Libro Rojo de Jung en castellano

JUAN CARLOS ALONSO

JuanFant

Juan Carlos Alonso es Psicólogo (Universidad Nacional, Bogotá) y Analista Junguiano de la IAAP (International Association for Analytical Psychology). Magister en Estudios Políticos (Universidad Javeriana). Miembro Fundador y Director de ADEPAC (Asociación de Psicología Analítica en Colombia). Atiende consulta particular como psicoterapeuta y analista junguiano especializado en adultos. Este artículo fue publicado en la Revista Número el 10 de junio de 2010. Correo:adejungcol@yahoo.com

El Libro Rojo del médico y psicólogo suizo C.G. Jung acaba de ser publicado en castellano, luego del éxito de su lanzamiento en inglés, que obligó a sacar varias ediciones. Se trata de una obra difícil de clasificar, pues puede ser vista como una obra de arte o como una obra de introspección al estilo de los libros Proféticos de William Blake.

Jung es el fundador de la Psicología Analítica y su libro es el resultado de una confrontación que él tuvo con su propio inconsciente en 1913, año de su ruptura definitiva con Sigmund Freud, padre del Psicoanálisis, luego de más de seis años de trabajo conjunto en el desarrollo y divulgación de este enfoque por todo el mundo. El distanciamiento afectó sensiblemente a los dos, pero muy especialmente a Jung, para quien comenzó un difícil período de desorientación en el que tuvo una serie de sueños y fantasías tan intensas que creyó posible que estuviera ante un trastorno psíquico. En algunos de ellos veía terribles inundaciones y heladas que atacaban a Europa, causando muerte y desolación. El caos no fue sólo interno sino también externo, ya que en agosto de 1914 estalló la Primera Guerra Mundial. Para trabajar simbólicamente con el torrente de imágenes que emergían de su interior, Jung comenzó a registrarlas en unos cuadernos, que ahora se ofrecen al público.

Se conocía la existencia del Libro Rojo desde 1961 por haber Jung comentado sobre este material en su obra Recuerdos, Sueños, Pensamientos. En esta autobiografía, escrita a dos manos con su entonces secretaria personal Aniela Jaffé, Jung habla de los hechos que antecedieron a la realización de esta obra, si bien es un relato que se centra más sobre los sucesos que ocurrían en su propio interior que en los acontecidos del mundo exterior. Quizá convenga hacer acá también un breve recorrido por la vida de Jung desde su nacimiento hasta el momento en que comienza a escribir el Libro Rojo.

Jung nació en julio 1875, en Kesswil, Suiza, del matrimonio formado por un pastor protestante y la hija de otro pastor. Eso definirá el interés de Jung por los fenómenos paranormales y por la religión. Realizó sus estudios de bachillerato en Basilea, y posteriormente los de Medicina en la Universidad de la misma ciudad. Cuando tenía 21 años, falleció su padre, con quien había tenido una relación difícil, que luego reproducirá con Freud cuando éste intenta convertirlo en su hijo y sucesor en la dirección del movimiento psicoanalítico internacional. Al graduarse como médico, decidió especializarse en el campo de la psiquiatría, y muy pronto fue nombrado médico asistente en el Hospital Universitario Burgölzli, en Zurich, bajo la dirección de Eugen Bleuler. En 1902, asistió a los cursos de Pierre Janet en la Salpêtrière, en Paris, a los que también había asistido Freud unos años antes. En el segundo semestre del mismo año realizó sus famosos experimentos con asociación de palabras, que sirvieron para comprobar experimentalmente la existencia de los complejos. Eso llamó la inmediata atención de Freud, ya que representaba una validación empírica de su teoría de lo inconsciente. Al año siguiente, Jung se casó con Emma Rauschenbach, con quien va a tener cinco hijos. Este mismo año, en uno de los grupos de estudio del hospital Burgölzli, asignaron a Jung hacer un resumen de la obra Interpretación de los sueños, de Freud, lo que representó el comienzo del interés de Jung por la obra freudiana.

En 1906, Jung escribió a Freud por primera vez, y fue el inicio de una correspondencia que durará siete años. El año siguiente se presentó la oportunidad para que los dos hombres se reunieran en Viena. Jung había escrito un libro en el que trataba sobre una aplicación del psicoanálisis en casos de psicosis, y se lo había enviado a Freud. Fue el encuentro de dos grandes pensadores, en el que dialogaron durante 13 horas seguidas. A Freud le interesaba mucho la amistad de Jung por muchos motivos, entre otros, porque era un médico del Burgölzli, que en esa época tenía un gran renombre. También porque no era vienés, como el resto de sus seguidores, y eso lo convertía en un posible mediador para internacionalizar el psicoanálisis. Y otro aspecto no menos importante, es que no era judío sino gentil, lo que podía hacer que el psicoanálisis dejara de ser visto como perversas teorías de los judíos. Al poco tiempo, Freud designó a Jung como su sucesor y colaborador más hábil dentro del psicoanálisis, lo cual le creará muchas antipatías en el grupo de Viena.

A finales de 1909, Jung y Freud fueron invitados a la Universidad de Clark, en Estados Unidos, para lo cual viajaron por barco de vapor durante más de 8 días, y fue un tiempo en el que los dos compartieron sus sueños e interpretaciones. Esa experiencia hizo que descubrieran buena parte de las diferencias en el enfoque psicológico de cada uno, lo cual no fue impedimento para que al año siguiente, Jung fuera elegido Presidente Permanente de la Sociedad Internacional de Psicoanálisis. Pero en 1912 comenzaron a detectarse fisuras en la relación. A raíz de la publicación de la obra de Jung Símbolos de Transformación, en la que planteaba sus diferencias respecto a la energía psíquica, comenzaron a enfriarse las comunicaciones entre los dos. Después, durante una conferencia en la Universidad de Fordham, Nueva York, Jung estableció claramente sus diferencias con respecto del psicoanálisis. Y así llegamos al año de 1913, en que como ya se mencionó, se dio la ruptura definitiva entre estos dos autores, y Jung entró en su “confrontación con el inconsciente”.

Ante la tensión interna que se volvía insostenible por momentos, Jung comenzó a anotar sus fantasías y emociones en los llamados Libros Negros, en los que llevaba a cabo un trabajo con todo este material inconsciente, tratando de traducir las emociones en imágenes y de comprender y amplificar sus fantasías. Eso será la base del método que más tarde él va a llamar la “imaginación activa” y que se fundamenta en el diálogo entre lo consciente y contenidos de lo inconsciente.

Después de un año de trabajar en sus Libros Negros, Jung vio la necesidad de transcribir fielmente todo lo escrito al Libro Rojo, encuadernado en cuero rojo. De ahí el nombre con el que se hizo conocido, aunque en el lomo estuviera grabado el título “Liber Novus” (Libro Nuevo), con letras de oro. La diferencia entre los Libros Negros y el Libro Rojo, además de la bella caligrafía y las elaboradas ilustraciones y pinturas del segundo, es que los primeros fueron escritos para uso personal de Jung, mientras que en el segundo, el autor se dirige claramente a un público. En ese proyecto, que es realmente de un experimento hermenéutico, va a trabajar durante el período de 1914 a 1930. Aunque lo va continuar habiendo ya terminado su crisis personal, nunca logró terminarlo. Tres obras parecen haber influido en la elaboración del texto: Así hablaba Zaratustra, de Nietzsche, la Divina Comedia de Dante y es posible que lo sea también la mencionada obra ilustrada de William Blake.

El trabajo está organizado en forma de manuscrito medieval ilustrado, con escritura caligráfica, con el encabezado de grandes letras góticas decoradas en algunas de las secciones, y acompañado de hermosas pinturas en tinta y color. En ocasiones, las ilustraciones se refieren a los temas descritos, pero posteriormente es un material más simbólico que no se ajusta necesariamente al texto. En las primeras hojas de la obra se pueden apreciar unos bordes irregulares como si fueran pliegos añadidos. La causa es que estas primeras hojas fueron elaboradas por Jung en pergaminos, pero luego decidió encargar a un encuadernador que hiciera el volumen de hojas grandes de 600 páginas en las que va continuar trabajando, pero insertó los pergaminos en las primeras páginas. En el libro se ven además las huellas de las líneas en lápiz que Jung hacía para encuadrar sus pinturas.

En un comienzo se creyó que el período 1914-1930 en que Jung estuvo trabajando en su libro, había sido un período de encierro e incomunicación, pero luego se ha descubierto que fue, por el contrario, una época de gran actividad de este autor. En esos años se fundó el Club Psicológico de Zurich, Jung realizó varios viajes a diferentes lugares del mundo (África, India, Estados Unidos) recogiendo información antropológica que enriqueciera sus investigaciones, y escribió además, algunas de sus obras más conocidas como Tipos Psicológicos.

Después de 1930 y hasta 1961, año en que muere Jung, fue un período de reconocimiento internacional por su obra. Recibió muchos Honoris Causa en diferentes universidades (Harvard, Oxford, Ginebra, etc). Lo invitaron a diferentes partes del mundo a que dictara conferencias sobre su particular enfoque de la “Psicología Analítica”, como se comenzó entonces a llamar a la psicología junguiana. Se fundó el Instituto Jung de Zurich y luego la Asociación Internacional de Psicología Analítica (IAAP). Debió padecer la segunda guerra mundial de 1939 a 1945, y va a tratar de contribuir a la paz participando permanentemente como principal conferencista en las famosas conferencias anuales en Eranos, Suiza, que buscaban la conciliación entre Oriente y Occidente y la conciliación de todo tipo de opuestos. Allí comparte el estrado con autores de muchísimas disciplinas que simpatizan con su obra: Karl Kerenyi, Henry Corvin, Mircea Eliade, Joseph Campbell, y Heinrich Zimmer. Y en junio de 1961, Jung va a morir en su casa, cuando tiene 86 años.

Volviendo al tema del Libro Rojo, durante todos sus últimos años, Jung estuvo dudando mucho qué hacer con él. Se han encontrado escritos introductorios al libro, que permiten deducir que pensó en publicarlo, pero nunca se decidió. Envió partes de la obra a varios de sus amigos para que lo leyeran y le dieran su opinión sobre darlo o no a conocer a la posteridad, pero se ve que no hubo acuerdo entre ellos, pues Jung murió sin dejar un mensaje concreto sobre qué hacer con su Libro Rojo. La razón parece encontrarse en lo que dijo alguna vez sobre esta obra. Sabía que ese tipo de conmoción interna que había padecido él, era la misma que había hecho enloquecer a varios personajes en la historia, entre otros a Friedrich Nietzsche, y su temor y el de los amigos era que, quien no estuviera familiarizado con su obra, conjeturara que se trataba de los escritos de un loco.

Bastante se ha discutido sobre la naturaleza del trastorno que aquejó a Jung. Algunos autores hablarán de “una enfermedad curativa”. Sea lo que fuere, se trató una intensa inmersión en su propio inconsciente. El libro es la historia de un hombre que, ante la crisis de la mitad de la vida, necesita viajar a la tierra de los muertos, que para Jung era sinónimo de la tierra del inconsciente, y enfrentarse allí a sus propios demonios, que fueron emergiendo poco a poco de las sombras, muchos de ellos personajes con ropajes mitológicos. Pocas personas en la historia han logrado llevar a cabo ese descenso al Hades y regresar para contar lo que descubrieron. En la mitología griega lo lograron Orfeo, Dionisos, y Hermes, entre otros. Jung dirá que todos sus escritos posteriores al Libro Rojo, serán la traducción de todo este torrente de imágenes y emociones a una teoría psicológica de lo inconsciente formulada en un lenguaje científico. Dice Jung: “Toda mi actividad posterior consistió en perfeccionar lo que brotó de lo inconsciente, y que comenzó inundándome a mí. Constituyó la materia prima para la obra de mi vida”.

No se puede comprender el Libro Rojo sin entender un par de conceptos que nacieron de su experimento. En su ensayo La función trascendente escrito en 1916, tres años después de haber comenzado a trabajar en su obra, describió por primera vez el método de “imaginación activa”. No obstante, el ensayo permaneció inédito hasta 1958. Jung afirmó que la imaginación activa es el mejor recurso para la producción de contenidos de lo inconsciente, que deben ser luego integrados a lo consciente. La estrategia consistía en no oponerse a las imágenes inconscientes que llegaban en medio de las grandes emociones, sino permitir que emergieran y tratar de fijarlas en el exterior, lo que podía hacerse a través de diferentes medios (escritura, dibujo, pintura, danza, etc), e interactuar luego conscientemente con ellas. Ello tiene el enorme beneficio de lograr neutralizar el poder que el inconsciente tiene sobre la consciencia. Y eso fue lo que él hizo espontáneamente al escribir el Libro Rojo.

Quisiera dar sólo un ejemplo del tipo de imágenes que describe Jung en la obra. Es la aparición de Filemón:

“EL MAGO. Capítulo XXI.

Tras una larga búsqueda encontré la pequeña casa en el campo, ante la que se extiende un cantero de tulipanes florecientes y donde habitan el mago Filemón y su mujer Baucis. Filemón es un mago que todavía no fue capaz de desterrar la ancianidad, sin embargo, él la vive dignamente y a su mujer no le queda otra opción que hacer lo mismo. (…) ¿Por qué Filemón es un mago? ¿Conjuró para sí la inmortalidad, una vida en el más allá? Era mago sólo en virtud de su profesión, ahora parece ser un mago jubilado que se ha retirado del negocio. (…) Su avidez e impulso creativo se le han extinguido y él disfruta a causa de su pura incapacidad la bien merecida tranquilidad. (…) La vara mágica está en un armario junto al sexto y séptimo libro de Moisés y la sabiduría de Hermes Trismegistos (…).

Estoy en la puerta del jardín. No se han dado cuenta del extraño. “Filemón, viejo maestro brujo, ¿cómo estás?” le exclamo. No me escucha, parece estar sordo como una tapia, lo sigo y lo toma de la manga. Se da vuelta y me saluda torpe y temblorosamente. Tiene una barba blanca, pelo blanco fino y un rostro arrugado, y en ese rostro parece haber algo. Sus ojos son grises y viejos, y hay algo raro en ellos, se podría decir vivo. “Me va bien extraño”, dice, “pero ¿qué quieres por aquí?”

Ese es el inicio de unos largos diálogos acerca de la magia, del conocimiento y de la vida, sobre los cuales Jung reflexiona en el texto. Filemón caracterizará lo que posteriormente el autor va a reconocer como el arquetipo del Viejo Sabio, portador de una valiosa información sobre el mundo inconsciente.

Después de que Jung murió en 1961, su hijo, Franz, encontró el Libro Rojo encerrado en un armario de su casa, y decidió no permitir que los demás lo vieran. Al cabo de unos años, la obra fue a dar a la bóveda de un banco en Suiza. Muchas personas iban periódicamente a visitar a la familia Jung y a solicitar que les permitieran publicar o ver el libro, y ellos siempre se negaron. Afirmaban que se trataba de un material privado. Sin embargo, en 1997 murió Franz Jung, que era quien más se había opuesto a que el libro viera la luz pública. En ese mismo año, el historiador Sonu Shamdasani, director de la Fundación Filemón, dedicada a la preparación de los escritos inéditos de Jung, realizó varias visitas a los herederos de C.G. Jung y estuvo negociando con ellos durante algunos años. Algo que los convenció a permitir su difusión fue que Shandasani les mostró algunas de las copias que Jung había repartido a sus amigos, y él los previno sobre el riesgo de que algo de ese material se publicara en forma descuidada. Por eso, les pedía la autorización para que lo hiciera la Fundación que él dirigía, para garantizar que la edición se realizara con toda la seriedad y rigurosidad del caso.

La familia Jung finalmente aceptó, y Shamdasani se encerró con el libro original a descifrarlo durante casi 10 años. Pasado ese tiempo empezaron las gestiones para la edición, y un día se hizo todo un ritual de iniciación.

Uno de los nietos de Jung sacó el libro de las bóvedas del banco en donde estaba y lo cargó en un maletín especial con almohadones protectores, hasta llevarlo a los estudios fotográficos. Allí prepararon todo para el proceso de escaneado. La periodista del New York Times que acompañó el proceso contó luego que allí todo parecía una sala de cirugía. Quienes manipulaban el libro, en medio del silencio, usaban guantes blancos y realizaban todo el proceso bajo un gran reflector.

En noviembre del año pasado, el libro pudo salir al público escaneado y traducido al inglés, y exactamente un año después aparece en castellano. La edición tiene un formato grande, del mismo tamaño que el original, y cuenta con casi 400 páginas, 50 son imágenes, 150 es caligrafía de Jung en letra gótica, y 200 páginas adicionales de Shamdasani con un texto en el que contextualiza la obra y traduce todo el material.

Después de haberse escaneado, el libro volvió a su hogar de la caja fuerte del banco en suiza, pero al poco tiempo volvió a moverse, esta vez para Nueva York en donde fue exhibido en una exposición en el Museo Rubin, tras una cabina de vidrios blindados, y en una sala de luz muy baja. Cada miércoles cambiaban de página al libro. En el auditorio de ese mismo museo se realizaron más de 40 diálogos de analistas con personas conocidas de muchísimas ocupaciones, pintores, escritores, directores de cine, músicos, para saber lo que ellos opinaban de la obra.

Lo que se puede concluir es que estamos ante una pieza magistral desde muchos puntos de vista, entre otros, como modelo de exploración psicológica y como obra de arte. Pero también como material biográfico, pues a partir de su publicación habrá un antes y un después en el campo junguiano, porque modificará todas las biografías de Jung escritas hasta el momento.

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