Análisis junguiano de la película “Carácter”

JUAN CARLOS ALONSO

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Juan Carlos Alonso es Psicólogo (Universidad Nacional, Bogotá), Analista Junguiano de la IAAP (International Association for Analytical Psychology) y miembro de la Sociedad Colombiana de Analistas Junguianos (SCAJ). Magister en Estudios Políticos (Universidad Javeriana). Miembro Fundador y Director de ADEPAC (Asociación de Psicología Analítica en Colombia). Atiende consulta particular como psicoterapeuta y analista junguiano especializado en adultos. Este artículo fue elaborado con base en Cine foro coordinado por el autor en Bogotá el sábado 2 de abril de 2016. Correo:adejungcol@yahoo.com

PRESENTACIÓN

Carácter es una película dirigida por el holandés Mike Van Diem que obtuvo el Premio Óscar a la mejor película de habla no inglesa en 1998. Es una película en la que se pueden analizar junguianamente los temas del complejo paterno y de la formación del carácter masculino.

Para las personas que no están familiarizadas con el concepto de complejo y arquetipo, quisiera que simplemente vieran la película teniendo en cuenta que las relaciones de los hijos con los padres son algo completamente diferente a las relaciones con los demás seres humanos. En este caso nos vamos a centrar en las relaciones de los hijos con los padres. Así que piensen los hombres de esta sala en las relaciones que tuvieron ustedes con sus respectivos padres, pero también en sus relaciones con los hijos hombres, si los tienen. Y las mujeres pueden recordar las relaciones que tenían sus hermanos con los padres, o de los novios o esposos con sus respectivos padres. Descubrirán que son unas relaciones de amor y odio muy complicadas por lo viscerales, porque los padres tienden a verse de una manera sobrehumana, ya sea porque se les endiosa o porque se los demoniza. Nunca será lo mismo el conflicto que tengamos con un amigo, al que podemos tener con nuestros padres. Con ellos, los conflictos son extremadamente emocionales, y los efectos que causan dichos conflictos duran mucho más tiempo, a veces para toda la vida, como sucede en la película.

ANÁLISIS DE LA PELÍCULA

Tengo que comenzar diciendo que, en comparación con la riqueza con que Jung escribió sobre el complejo materno, su trabajo sobre el complejo paterno no es tan profundo. Se han planteado muchas hipótesis, pero la principal, en mi concepto, es que las relaciones de él con su padre fueron bastante difíciles, y eso le impidió desarrollar una teoría de mayor profundidad. No obstante, dejó unos planteamientos suficientemente esclarecedores como para que sus seguidores continuaran con este tema.

Acerca de la masculinidad

La masculinidad ha cambiado a lo largo de los años, y por eso es importante ubicar cuándo sucede la película. Todo ocurre en Rotterdam, Holanda, en la década de los años veinte, recién finalizada la Primera Guerra Mundial. Esa guerra volvió a los hombres muy trabajadores, admiradores de la disciplina y de la jerarquía, pero también los volvió fríos, distantes, bastante insensibles y con la necesidad de tener un enemigo en frente para poder sentirse vivos. Pero detrás  de  esa  fachada externa tan aparentemente fuerte, había mucho aislamiento, soledad y una gran incapacidad de manifestar sus sentimientos. Por eso, esta película es tan aséptica en lágrimas. Y aunque la masculinidad ha cambiado de ese tiempo a hoy, sabemos que aún queda mucho de ese modelo de los años veinte.

Revisando en el Diccionario de Corominas el origen etimológico del término “carácter”, me sorprendió que es una palabra que proviene del latín y que significa “hierro para marcar el ganado”, y también “sello de autoridad”. Por eso, las imágenes que se asocian a tal palabra con esta etimología es que el carácter se forja con autoridad, con dolor y de manera impositiva, a la fuerza.

Yo les propongo analizar esta película tomándola, no como una narración de hechos objetivos e imparciales, sino como la forma subjetiva en que el protagonista vivió todo este drama. Ya veremos por qué. Y es fácil de hacerlo, porque la película es el testimonio personal que Jácob rinde en la comisaría. Es su versión de los hechos.

Los personajes centrales

Comencemos con los tres personajes principales: el hijo que es Jácob, la madre que es Joba, y el padre que es Dreverhaven.

Jácob es un hijo no deseado, y nace a partir de una situación de dominación masculina sobre la mujer. Es la ley masculina que se toma lo femenino por derecho propio, máxime cuando se trata de Dreverhaven, un “Oficial de la ley”.

Joba, la madre, es su empleada de servicio. Se trata de una mujer dura, terca y silenciosa; la más silenciosa de los tres. Y en casi ningún momento de la película exhibe rasgo alguno de sensibilidad. Es una actitud bastante masculina.

Y está el padre, que es un hombre autoritario, distante, impositivo y que tampoco manifiesta sus sentimientos. Este hombre le propone matrimonio a la madre, pero ella no acepta. Él insiste, pero es sistemáticamente rechazado por ella.

La película se puede ver como un choque de voluntades y de caracteres bastante masculinos, de tres personajes que son todos orgullosos y mutilados emocionalmente. Joba resulta tan fuerte como el padre. Ella parece haber cedido su cuerpo, pero nunca cedió su voluntad. Es una pareja conectada sólo por su lucha de poder, pero incapaz de amarse realmente. Y Jácob nace de ese choque de voluntades, heredando de ambos ese carácter firme y decidido, confiando plenamente en su propio esfuerzo y voluntad.

Arquetipos y complejos

Para que quienes no hayan oído hablar de arquetipos y complejos, voy solamente a leer esta observación que hace Hopcke, un analista junguiano. Él dice que “Todos los complejos tienen un componente arquetípico”. Él propone crear una imagen de estos conceptos, diciendo que “un complejo es como una planta, parte de la cual existe y florece sobre el suelo, en la conciencia, y parte de la cual se extiende invisible debajo de la tierra, donde está anclado y alimentado por el arquetipo, fuera de la conciencia”. En el inconsciente. Creo que esa imagen dice más que muchos conceptos. El complejo aparece en la vida cotidiana conectado en este caso con los padres reales, pero está vinculados con un arquetipo que pertenece al inconsciente colectivo que compartimos todos los seres humanos.

Eso quiere decir que si hablamos de Jácob, su “complejo materno” no va a contener sólo la imagen personal de Joba (y las experiencias que él haya tenido con esa madre real), sino también un agregado inconsciente, colectivo, de todas las interacciones que han tenido los hijos con las madres, a lo largo de todos la historia de la humanidad. Eso hace que el arquetipo de la Madre modifique y altere el recuerdo de las experiencias tempranas que él tuvo con ella de pequeño. Y lo mismo sucede con el complejo paterno.

Ahora, recordemos que los complejos pueden ser positivos o negativos, según como el niño experimente a esa mujer que le corresponde como madre. En Jácob, el complejo materno es, por supuesto, negativo. Joba representa la madre en uno de sus aspectos más nocivos que es el de la negación de sentimientos maternales. Ella es distante con su hijo y los intentos de comunicación de Jácob, no provocan ninguna respuesta. En algún momento, el niño reflexiona: “Nuestra relación era tensa y lo sería siempre”.

Bueno, y hasta ahí con el complejo materno, porque con esta película me voy a centrar es en el complejo paterno. Sólo digamos que esa distancia con la madre hace que Jácob busque con más obstinación al padre.

El complejo paterno

El complejo paterno de Jácob se constela cuando busca y encuentra a su padre. Que resulta también ser una persona distante. Recuerden que así es como lo ve la primera vez, a lo lejos, y saludando a la madre, no a Jácob. A él no lo determina, ni lo mira, así se sitúe a su lado, como lo hace en un momento de la película.

Pero muy pronto ese complejo paterno se definirá también claramente como un complejo negativo. Un evento definitivo para determinarlo así, sucede en la estación de policía. Uno de los chicos que huye por haber robado pan, le entrega uno a Jácob, y él se ve perseguido y capturado por la policía, junto con los demás chicos. Se identifica con el apellido de su padre, pero cuando llaman a Dreverhaven, éste dice: “Lo siento, pero nunca he visto a este chico”. Esta falta de aceptación y de reconocimiento de su hijo es definitiva en la conformación del complejo paterno negativo. El resto de su vida, la pasará buscando el acercamiento y el reconocimiento de su padre.

Activación de un complejo

¿Qué pasa cuando se activa un complejo, o en el caso de la película, qué pasa cuando se activa el complejo paterno de Jácob? Que siempre que en su vida se encuentre con una situación que tenga que ver con su padre, Jácob actuará en forma diferente a la habitual. Vimos cómo él puede ser racional y tranquilo en la mayoría de las situaciones, pero cuando le hablan de su padre o cuando interactúa directamente con él, es como si otra persona se adueñara de su voluntad, y empezara a actuar impulsivamente. Un claro ejemplo lo vemos cuando Jácob clava la navaja en el escritorio del padre. Por eso, se dice que los complejos son autónomos, porque cuando se adueñan de la persona, actúan como si fueran seres independientes, como aliens, como una segunda personalidad. Dice Sharp, otro analista junguiano, que “Cuando los complejos se constelan, invariablemente van acompañados de reacciones emocionales” y que “son siempre relativamente autónomos”.

La agresividad masculina social

En toda la película se respira ese ambiente de agresividad masculina, incluyendo la vida social externa. Miremos unos ejemplos.

En el colegio Jácob es víctima del matoneo por parte de los compañeros de escuela, por ser un hijo bastardo. Cuando en una ocasión, Jácob devuelve la agresión a uno de los muchachos, se fustiga luego por haber causado malestar en su madre, diciéndose a sí mismo: “Me prometo solemnemente que en el futuro me controlaré siempre”. Este autocontrol de sus impulsos será permanente en su vida futura, y por supuesto que los mayores esfuerzos de autocontrol serán cuando está con su padre.

Otro ejemplo de violencia social. En la comisaría, Jacob es golpeado por uno de los guardias, que luego lo intenta violar, pero el niño logra huir. Este hecho resalta el modelo de masculinidad social que está al servicio de las relaciones de poder. Es un poder al interior del mismo género, porque es un intento de dominación y de penetración de un hombre con poder sobre otro hombre sin poder.

La distancia como medio de dominio

Así que Jacob tiene un padre ausente. Pero además de ausente es un padre silencioso y distante. Pensemos que la distancia puede ser un mecanismo de dominación. Quien se mantiene lo suficientemente distante, se asegura de estar en un lugar de aparente fuerza y dominio. Detrás de esa actitud está la idea de que los débiles son los que se acercan, los se comunican y los que demuestran sus sentimientos. Los hombres no se acercan ni manifiestan sus sentimientos; los hombres dominan. Son las mujeres las que se acercan y muestran afecto.

Por eso, en este modelo de masculinidad paterna, cualquier hecho que implique cercanía o comunicación será identificado con debilidad. Fíjense que hasta los pedidos del padre a Joba para que se casen son por carta y mediando el dinero.

Así que Jácob crece con un padre ausente y silencioso y con una madre incomunicada. En ese sentido es un “hijo del silencio”, como dice el analista junguiano Corneau. Dice este autor que en ausencia del padre, todo adolescente vive en un silencio que reprime la necesidad que tenemos todos de ser reconocidos por el padre. Y es que Jácob necesita ser escuchado, reconocido y aceptado por su padre para poder definir una identidad masculina sana. Pero las circunstancias no lo ayudan.

Compensaciones de los complejos parentales

A esa coexistencia tan difícil con unos padres tan inexpresivos, hay algunos hechos que vienen a neutralizar ese ambiente tan árido. El primero es que al mudarse a una nueva casa, Jácob encuentra una bolsa con una enciclopedia incompleta en inglés y un diccionario. Él se sumerge en la lectura, aprende el inglés,  y así logra que la convivencia silenciosa con la madre sea más tolerable. Se dice a sí mismo: “Ahora será más fácil pasar el tiempo con ella”.

Pero luego hay otro evento muy significativo para el muchacho, y es la llegada de Jan como huésped de la casa. Él es un joven ebanista, comunista, que es un respiro entre tanta agresividad y silencio masculinos, pues es el primer vínculo emocionalmente significativo de Jácob con un masculino comunicativo, cercano, bueno, y cariñoso. Es como un sustituto paterno positivo, un primer modelo masculino sano para identificarse. Con su apoyo, trata de escapar del ámbito materno tan sofocante y consigue crédito en una casa de usura, para comprar una tienda. Pero ya vimos que el negocio termina en una estafa al comprobar que la tienda no tenía nada que vender. Le reclaman pagar la deuda y Jacob se entera que el dueño de la casa de usura, es su padre. Él debe presentarse a juicio, pero de manera muy astuta se las ingenia para conseguir empleo en un Estudio Jurídico y eso resuelve su problema.

Allí conoce a Gankelaar, la segunda figura paterna positiva, otro modelo de identificación masculina. Él lo ayudará a desarrollarse profesionalmente, y a pagar el préstamo con su padre.

Jan y Gankelaar, son un referente de identidad masculina positiva… aunque veremos que no son lo suficientemente fuertes como para neutralizar la figura paterna negativa.

Arquetipo del Padre

Aquí quisiera recordar el concepto de “imago”, que se relaciona directamente con la diferencia que ya vimos entre complejo paterno y arquetipo del Padre. Dice Sharp que “La imago de los padres se compone tanto de la imagen creada en la psique individual a partir de la experiencia de los padres personales como de elementos colectivos ya presentes”. Es decir, contiene tanto los elementos personales conscientes como los colectivos inconscientes.

Por eso, mi insistencia en que veamos la película como la “versión” de lo sucedido, según el testimonio de Jácob. O sea, que es la forma como él ve a su padre y a su madre. Es su versión de cómo sucedieron los hechos. Con esto quiero resaltar que si yo les hablo de mi padre, no significa que él sea objetivamente como yo lo describo. Si le preguntan a mi hermano cómo es él, lo más seguro es que les dé un perfil muy diferente. Por eso, se dice en psicología junguiana que mi descripción sería sobre “la imago” que yo tengo de mi padre, la cual contiene elementos individuales pero también arquetípicos.

Volviendo a la película, ese Padre que vimos es la imago que tiene Jácob de su padre, y posiblemente sea muy diferente a como lo describiría Joba, por ejemplo. Esa imago está compuesta tanto por la imagen creada en la mente de Jácob a partir de su experiencia con el padre, pero también de elementos colectivos que se activan en su inconsciente.

Hablando ahora de la magia que rodea a los padres, Jung hablaba de la “numinosidad” que los rodea. Numinosidad es un término de Rudolf Otto, que usaba para referirse a lo misterioso, y lo aterrador que despierta lo divino; o las divinidades. Jung pensaba que la numinosidad que rodea a los padres personales, y que se hace visible en esa influencia más o menos mágica que tienen sobre sus hijos, se debía en gran medida a que había una imagen arquetípica de los padres primordiales que existe en toda psique.

Pero volviendo a la imago, en esa mezcla de elementos personales y colectivos, influye mucho la presencia o ausencia del padre. En los padres presentes habrá un mayor equilibrio entre lo personal y lo arquetípico, mientras que cuando el padre está ausente, lo arquetípico predominará. Por ejemplo, en un hijo cuyo padre ha estado presente, los componentes individuales se alimentarán con las experiencias positivas o negativas reales que tiene el individuo con ese padre que le tocó. Y las arquetípicas le añadirán un tinte colectivo relacionado con la experiencia histórica que la humanidad ha tenido con los padres. Por ejemplo, si el padre presente ha sido un padre bondadoso, el hijo tenderá a verlo como un dios. Es decir, lo hará ver menos humano y más sobrehumano.

Ahora, cuando el padre está ausente, como sucede con Jácob; es decir, cuando no hay una presencia paterna “personalizada”, la necesidad de padre permanece en un estado arcaico, y lo arquetípico va a predominar sobre lo individual en la conformación de la imago. Y, como en el caso del padre presente, un padre ausente puede vivirse un poco como dios o como demonio, según la experiencia sea positiva o negativa.

Pero, como en el caso de Jácob, es negativa, pues la imago del Padre adquiere un carácter demoníaco y mítico. Fíjense que el atuendo mismo de Dreverhaven es amenazante. Envuelto en esa gabardina negra que parece una capa, y con ese sombrero negro de ala ancha, inspira temor. Lo negro es lo oscuro, lo aterrador y lo inconsciente. Este padre es vivido por Jácob como un padre corpulento y descomunalmente brutal. Es decir, titánico y desbordado, basado en el inconsciente colectivo. Este tipo de padre es representado con el motivo mitológico del “animal paterno”, es decir, el padre que amenaza, listo a devorar a su hijo, como lo hizo Cronos con sus hijos. Y eso es producto de la imago. Porque el padre de Jácob no es un buen padre. Estamos todos de acuerdo. Pero en la imago de Jácob, se construye una figura mítica, que hace que no sólo lo vea malo, sino malévolo y diabólico. Y lo más complicado de un arquetipo de esta naturaleza, es que afecta tanto al hijo como al padre.

Las ambivalencias del arquetipo paterno

Dice Jung que el arquetipo es ambiguo y que tiene un doble aspecto, pues es capaz de un efecto contrapuesto, en este caso de amor y poder.

En la película aparecen situaciones que demuestran esa ambivalencia en la dinámica padre-hijo. La primera es que cuando Jácob termina de saldar su primera deuda, el padre hace un brindis y le dice “Por ti, Jácob Willem”, brindando por la meta extraordinaria que ha logrado. Manifestación de amor.

La segunda, es una decisión de Jácob, que sorprende a todos y es que, ya pagado el préstamo a su padre, le solicita ¡¡otro crédito mucho mayor!! El padre accede pero con una peligrosa cláusula que autoriza a reclamar la totalidad de la deuda en el momento que quiera… y el hijo acepta. Se pregunta uno, ¿por qué no pidió el crédito a otra persona? Pero es que están atados en una lucha por tratar de dominar uno al otro.

Cuando Jácob está en la comisaría, le preguntan que, si ya se había liberado de su padre, ¿por qué volvió a encadenarse a él? A lo que éste responde “Quería desafiarlo, quería derrotarlo”. Manifestación de poder. El otro le dice que puede entender eso, pero que no entiende ¿por qué el padre aceptó? Y la respuesta es que ambos, padre e hijo, están presos en esa ambivalencia arquetípica, mediada por el amor y el poder.

Posteriormente, vamos a tener otra prueba de esta ambigüedad cuando se enfrentan en un callejón y el padre le manifiesta a su hijo que desea matarlo, pero al mismo tiempo le ofrece su navaja mientras lo provoca para que lo apuñale. Le dice “Hazme algo”. Manifestación de poder. Pero descubrimos que Jacob no desea asesinarlo. Él realmente lo que desea es buscarlo, y, ante todo, que le reconozca sus méritos a través del amor y no del poder. Manifestación de amor.

Ahora, fíjense que el padre no es feliz con nada de lo que hace. No se ama a sí mismo. Su pesadilla y otras escenas sugieren que su aparente valentía esconde un cansancio de la vida y un deseo de muerte.

Complejo de poder vs complejo de amor

Hago acá un paréntesis teórico para hablar de la polaridad de los complejos de eros y poder. Jung no aceptó que Freud hubiera contrapuesto el impulso de eros al de tánatos, pues consideraba que eros no era sinónimo de vida, como para contraponerle la muerte. Por el contrario va a afirmar que, psicológicamente, las fuerzas que se oponen realmente son eros (que puede ser asimilado al amor) y poder. Eso quiere decir que amor y poder son excluyentes conscientemente.

De ahí que Jung planteó su conocido axioma, absolutamente importante para comprender nuestra película, y es que: “Donde reina el amor, no hay voluntad de poder, y donde predomina el poder, el amor se ausenta”. En el segundo juicio del padre contra Jácob, el abogado acusa a Jácob de tener una deuda pendiente, porque Gankelaar había dado el dinero para que no le quitaran sus libros, sin que el joven lo supiera. Gankelaar le dice a Jácob que no se preocupe, porque él argumentará en el juicio que le regaló ese dinero.

Esta parte es muy interesante porque aparece en Jácob otra de las “marcas de fuego” de su carácter. Su fuerte orgullo, heredado de su madre, hace que diga que no acepta esa alternativa, porque “una deuda es una deuda”, palabras que le había oído decir a su madre alguna vez. Pero acá la reacción de Gankelaar es muy fuerte al decirle: “¿Quién le enseñó a autocastigarse?”. Y sin esperar respuesta, le ordena “¡Yo le doy el dinero y usted lo toma! Quien no sabe aceptar un regalo, tampoco puede darlo”. Este es uno de los mensajes más importantes que recibe Jácob. Él tiene mucho que dar pero todo será en vano si no puede recibir. Porque esa es la base del amor. Y es que quien está poseído por el poder, puede dar de manera dominante, pero no puede recibir, porque lo haría sentir sometido. El consejo le advertía que sólo a través de dar y recibir puede realizarse el ser humano. Jácob acepta, pero no aprende la lección hacia el futuro.

El poder vence al amor

Mientras progresa laboralmente, Jácob conoce a esta joven secretaria y hay una atracción mutua. Pero luego veremos que su ambición masculina de logros se interpone en el romance y termina bloqueando sus sentimientos. Esto lo vemos cuando Jácob recibe su título. En la celebración, Jácob dice muy emocionado que esa noche ha tomado una importante decisión. Y cuando uno se imagina que va a contar que se ha enamorado de la chica, dice que ha decidido seguir estudiando, “y que está dispuesto a sacrificar otras cosas”. Su desarrollo profesional es lo primero “y dejará de lado todo lo demás”. En ese momento, el complejo de poder se apodera de Jácob y vence al amor. Y él se quedará afectivamente solo.

Desenlace

Llega el desenlace y, al graduarse como abogado, Jácob visita a su padre, le grita la noticia: “Aunque no le guste, soy abogado”. Y clava la navaja en su mesa. El padre continúa escribiendo, sin levantar la mirada. Sin embargo, cuando Jácob se va a ir, su padre murmura “Felicitaciones” y estira la mano para estrechar la de su hijo. Pero éste dice “No puedo darle la mano a alguien que fue un obstáculo en mi vida”. Y padre le responde “O una ayuda”. Todo es una ambivalencia.

Este enfrentamiento entre padre e hijo es una pelea sobre el carácter. Jácob quiere demostrar al padre que él es un hombre que se hizo a sí mismo, a pesar de su odioso padre; por su parte, el padre quiere demostrar que él creó la adversidad para crear el mejor ambiente formativo del carácter de su hijo. Cada uno reclama su crédito ante los logros obtenidos por Jácob.

Jacob se va, pero luego vuelve y salta sobre su padre. Se golpean salvajemente, destrozando todos los muebles. Jácob toma la navaja en forma amenazante. Su padre le toma el puño tratando que se la clave en el pecho diciéndole que lo ayude, pero Jácob suelta el arma y se va del lugar. Posteriormente el padre se clava él mismo la navaja y se lanza al vacío.

En la escena final, el abogado del padre le entrega un testamento con una lista de todas las propiedades que le ha dejado Dreverhaven a Jácob como herencia, y como firma del documento, ha anotado: “Padre”.

CONCLUSIONES

Esta es una película no sólo sobre el complejo paterno y el arquetipo del Padre sino también sobre la Ley del Padre. Acá se cuestionan muchos de los supuestos de la educación dura de los hijos, basada en frases como “La letra con sangre entra”, “Castigo a mi hijo pero es por el bien de él”. Todo esto se basa en la premisa de que los padres deben formar el carácter de sus hijos a través de la disciplina férrea y del castigo.

Como dije al comienzo, tanto Jácob como Joba, se involucran en un choque de voluntad y de poder con el padre. Pero hay una diferencia significativa, y es que la de Jácob es la lucha de poder, tratando de demostrar algo a su terrible padre, mientras que Joba no debe demostrar nada a Dreverhaven.

Jung decía que “Hasta que no hagas consciente lo que llevas en tu inconsciente, este último dirigirá tu vida y tu lo llamarás destino”, y esto es aplicable al arquetipo del Padre, que cuando se activa en una relación padre e hijo puede terminar en una tragedia arquetípica, estilo Edipo de Tebas. ¿Cómo romper ese desenlace? Haciendo consciente estas fuerzas. Como dice Hopcke, ya vimos que, en la medida en que los arquetipos inconscientes actúan de manera autónoma, organizan las experiencias humanas sin tener en cuenta si lleva a los actores hacia algo destructivo. Por eso, la solución está en llevar el contenido de los arquetipos a la consciencia.

En este caso, se trata de hacer consciencia de que el arquetipo del Padre puede llevar inconscientemente a la lucha de poder entre padre e hijo, en la que uno busca la derrota del otro para asegurar el dominio. El destino es el sometimiento o la derrota, Es un destino que causa la más absoluta de las soledades, tanto del padre como del hijo. El destino arquetípico lleva a una relación paterna mediada por la Ley del Padre, una ley sin compasión y sin amor. Esto se traduce en el imperio de la dominación que sólo quedaría satisfecha con la destrucción de alguno de los dos.

En esta película, el hijo logra escapar al destino, porque no se somete al padre pero tampoco lo derroca. No obstante, lo hace a un precio muy alto: el de la imposibilidad de poder amar a otra persona, pues quedó “infectado” por el complejo de poder.

Una alternativa para que la victoria hubiera sido completa, sería que Jácob hubiera podido también liberarse del complejo del poder, casándose con esta chica, y a través de ella poder integrar aspectos masculinos, atemperados por lo femenino. Como los de Jan, un masculino con voluntad y energía, pero también, comunicativo, bueno, y cariñoso.

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