Análisis de la película “Nise, el corazón de la locura” – Juan Carlos Alonso

JUAN CARLOS ALONSO

FotoJCA4
Juan Carlos Alonso González

Juan Carlos Alonso es Psicólogo (Universidad Nacional, Bogotá) y Analista Junguiano de la IAAP (International Association for Analytical Psychology). Magister en Estudios Políticos (Universidad Javeriana). Miembro Fundador y Director de ADEPAC (Asociación de Psicología Analítica en Colombia). Miembro de la SCAJ (Sociedad Colombiana de Analistas Junguianos). Atiende consulta particular como psicoterapeuta y analista junguiano especializado en adultos. Correo:adejungcol@yahoo.com. Este artículo se basa en la charla que dio el autor en el Cine foro que presentó ADEPAC en la ciudad de Medellín el día 25 de noviembre de 2017.

 

Nise da Silveira fue una médica psiquiatra brasileña que desde muy temprano estuvo contra las técnicas de tratamiento de su época, en la década de los años 40, con los pacientes psicóticos. Esas técnicas de moda eran los electrochoques y la lobotomía, los cuales ella atacaba porque los  consideraba demasiado agresivos. Guiada por las teorías de Jung, desarrolló buena parte de lo que ahora se ha llegado a constituir como una forma de arte terapia, con muy buenos resultados.

La película se refiere concretamente a su experiencia clínica en un hospital de Río de Janeiro, e Brasil. El film fue dirigido por el director brasileño Roberto Berliner, que la realizó en 2015, y fue protagonizada por la actriz Gloria Pires. Es una película que nos habla de la importancia de acercarnos humanamente a los pacientes psicóticos, para observarlos, escucharlos, relacionarnos afectivamente con ellos y proponerles el arte para tratar de entenderlos y comunicarnos con ellos.

Nise nació en Maceió, en 1905 y falleció en Río de Janeiro, en octubre de 1999. Su padre fue periodista y director de un periódico local, en esa ciudad de Maceió, ubicada en la costa atlántica de Brasil, cerca de Recife y de Salvador de Bahía. Fue precisamente en este Estado en donde estudió medicina, siendo la única mujer entre casi 200 hombres de su promoción. Se casó con Mario da Silveira, compañero de estudio, con quien vivió hasta la muerte de él. En 1927, luego del fallecimiento de su padre, ella y su esposo se mudaron a Río de Janeiro, en donde participaron del ambiente artístico, político y literario de la ciudad. Poco después, en 1932, realizó estudios de Neurología.

En 1936, fue denunciada políticamente, por una enfermera, por la posesión de libros marxistas, lo que la llevó a prisión, por año y medio. Desde que salió de la cárcel hasta 1944 permaneció con su marido en la clandestinidad, alejada del servicio público. Ese período fue muy difícil en Brasil. Estaba de presidente Getulio Vargas, y se rumoraba un intento de los comunistas de tomarse el poder, por lo que los persiguieron con saña.

La película comienza en 1944, cuando Nise se reintegró al servicio público, trabajando en el “Centro Psiquiátrico Pedro II”, en Río de Janeiro. Como vimos, desde el comienzo se mostró radicalmente contraria a las técnicas psiquiátricas utilizadas, pues las consideraba maltratadoras de los pacientes. Por eso fue transferida al servicio de terapia ocupacional, actividad menospreciada por los médicos, en donde llevó a cabo transformaciones innovadoras en muchos aspectos.

FotoNiseDaSilveiraNise da Silveira

Me quisiera centrar sólo en siete de estas innovaciones:

  1. Trato humano con los enfermos

Los tratamientos terapéuticos que aparecen en la película reflejan esa primera etapa de una psiquiatría organicista, que resaltaba las causas físicas de las enfermedades mentales, y cuyo tratamiento se centraba en el confinamiento en los asilos, los electrochoques, la terapia con insulina y la lobotomía, acompañados de otros fármacos. Respecto a los electrochoques, vale recordar que todavía se aplican de formas mucho más suaves y menos agresivos. Se los llama ahora “terapia electrocunvulsiva”, pero siguen siendo muy cuestionados. Pero ese modelo organicista se comenzaba a transformar en el modelo de la psiquiatría dinámica, que atribuye los trastornos a causas emocionales más que físicas, y cuyo tratamiento busca el vínculo más humano posible. Esta transformación la vimos también en Colombia. En Bogotá, el Hospital Neuropsiquiátrico desapareció, y el de Sibaté lo cambiaron de sitio y de nombre, y el actual es un centro muy diferente del antiguo.

Desde que llega al hospital, Nise se encuentra con ese cuadro tan desolador de los hospitales psiquiátricos de los que hablábamos, con los pacientes tratados como “locos”, deambulando sin hacer nada y peleándose unos con otros sin ningún control, en el mayor desaseo posible. Cuando se ponían agresivos, los médicos reaccionaban con igual violencia para mantenerlos a raya, castigándolos con el encierro aislado, o, como tuve que ver en el Neuropsiquiátrico, bañándolos con una manguera de agua helada. El analista junguiano Adolf Guggenbühl-Craig tiene una obra, Poder y destructividad en psicoterapia, en la que denuncia cómo unas profesiones como la del psiquiatra, pero también las de sacerdote, maestro, terapeuta, o trabajador social, que suponen el esfuerzo por ayudar al enfermo a curarse, pueden también llegar a hacer, de manera no consciente, el mayor daño a sus pacientes a través de su ejercicio del poder. Es esa parte sádica que todos tenemos y que debemos tener siempre en observación.

Por eso, Nise lucha contra esas estructuras directivas del hospital, mayoritariamente masculinas, que creen haber hallado la solución a esa “peligrosidad” de los enfermos en esas prácticas tan crueles e invalidantes, pero que en ese momento eran motivo de conferencias, simposios, congresos, que llenaban de gloria a quienes las practicaban. Hasta un premio nobel ganó el psiquiatra que descubrió la técnica de la lobotomía. Esta intervención quirúrgica destruía el centro cerebral de las emociones, por lo que los pacientes no podían volver a emocionarse, ni a tener sentimientos ni a sentir afecto por nadie. En la película vemos cómo Nise confronta al Dr. Cezar, uno de los médicos, al decirle que él utiliza a los pacientes para sus experimentos sádicos, y que la fuerza es la única ventaja que tiene él sobre los pacientes. Esas técnicas no podían ser entendidas ni aceptadas por Nise, quien concebía el apoyo a las personas que sufren de una manera diferente, mucho más humanitaria. Ella partía de que sólo mediante la empatía y el vínculo terapéutico, se pueden producir verdaderos cambios efectivos de mejoría en los pacientes. Y en algunos casos de curación. En el filme vimos además que su actitud cuidadora no era sólo con personas, sino que reaccionaba igual con los animales.

  1. Conocimiento de las biografía de los pacientes

Pienso que para la época en que Nise ingresa al hospital, ya había leído la autobiografía de Jung Recuerdos, sueños, pensamientos, porque en ese libro él relata que cuando, en 1905, se doctoró en psiquiatría teniendo 30 años y se convirtió en médico jefe de la clínica de la Universidad de Zurich, descubrió al poco tiempo que allí ningún psiquiatra se preocupaba por tratar de entender lo que les sucedía a los enfermos mentales, porque el énfasis estaba sólo en tratar de diagnosticarlos, según sus síntomas, sin importarles la psicología del enfermo mental. Es decir, no se preocupaban por qué traumas habían pasado para llegar a la situación en que se encontraban.

Pero a partir de hablar con los pacientes sobre sus sueños y sus vidas, Jung concluyó que cada paciente suele tener una historia que no cuenta y que la terapia realmente comienza después de conocer esa historia, la cual encierra la clave para el tratamiento. En otras palabras se trata de descubrir el sufrimiento humano que dio origen al trastorno. Afirma además que los diagnósticos clínicos ayudan mucho a los médicos pero no a los pacientes. Relata un caso muy interesante y es la historia de una anciana zapatera que había sido diagnosticada (“rotulada”) como esquizofrénica. En contacto con ella, descubrió que los movimientos repetitivos y continuos que hacía con sus manos, eran los de estar cociendo, y que el trauma había sido motivado porque el zapatero del que se había enamorado cuando era joven, no se había querido casar con ella. O sea, que había enfermado de amor, que la locura estaba en el corazón.

Así que la psiquiatría de su tiempo no se preguntaba por lo que significaban las fantasías de los pacientes, ni por qué uno tenía una fantasía diferente a la del vecino. Jung comenzó entonces a comprender el lenguaje de los esquizofrénicos, dándose cuenta que detrás de las incoherencias que decían, se escondía en el trasfondo una “persona” normal que actuaba como testigo del resto de la personalidad enferma. Cayó en cuenta que en el fondo de los enfermos mentales no existe nada desconocido, sino que se encuentra la misma esencia de todos nosotros, los así llamados “individuos normales”. Esto es fundamental en la psicología junguiana pues lleva a no temer a los psicóticos, pues sus reacciones y comportamientos son como los del resto de la humanidad, sólo que actuando en un grado extremo. Pero se trata de las mismas reacciones. Eso también lleva a concluir que todos tenemos un algo o un mucho de locos, y que los locos tienen un algo o un mucho de sanos.

Por eso, Jung le aconseja a Nise en su correspondencia que pregunte más a las familias de los pacientes sobre la biografía de ellos. El título de la película, “El corazón de la locura” parece muy adecuado para referirse al tema central, pues, de una parte, la principal técnica innovadora de Nise parecería ser el trato “amoroso” de los enfermos. Y de otra parte, Nise descubre que lo que ha llevado a buena parte de estos enfermos a la locura es el desamor, el corazón de la locura, o la locura del corazón. Apenas se nos dan a conocer dos o tres casos claros, pero son emblemáticos de las causas de su enfermedad.

Al comenzar Nise a hablar con la familia de los pacientes, se entera por ejemplo, por la madre de Fernando, que él dibujaba distintas pinturas con objetos de una casa, pero luego los agrupa todos en un solo cuadro. Y la madre le cuenta a Nise que era la casa de su antigua patrona. Cuando Fernando era un niño de 8 o 9 años, acompañaba a su mamá cuando ella iba a hacer trabajos de costura allá, y se quedaba sentado, juicioso, escuchando a Violeta, la hija de la patrona. Se había enamorado de ella y había enloquecido cuando la muchacha se casó. Al mostrarle Nise la belleza de los cuadros a la madre, hace que ella rechace la idea de que se le practique la lobotomía a Fernando.

Pero hay otro caso de locura por amor y es Emygdio, que enmudeció cuando, estando fuera de la ciudad, la novia se casó con su hermano.

Y hay un tercer caso sobre el que Nise indaga también, y es sobre Rafael, que cuando tenía 13 años hacía unos dibujos copiados del famoso pintor Rafael Sanzio, que llevaba su mismo nombre. Este paciente se vio obligado a trabajar desde esa edad, luego que el padre abandonó a la familia. Y ahora sólo pintaba rayas con sus excrementos en las paredes… El abandono del padre es otra ruptura afectiva. Además es muy significativo que su curación se haya acelerado cuando se enamora de la asistente de arte en el hospital.

Es de presumir que en una buena parte de los demás casos, el denominador común haya sido el desamor, y que como estos casos relatados, hayan sido los celos o la traición del ser amado, lo que alejó de la realidad a esos seres tan sensibles.

  1. Terapia a través del arte

Nise estaba convencida de la capacidad que tiene la psique de todo ser humano para simbolizar, por lo que llevó, a instancias de un artista que la acompañaba, materiales artísticos a sus pacientes, sin ninguna instrucción ni técnica, sino permitiendo la libre expresión espontánea de ellos. Con perseverancia, logró que todos los pacientes participaran en estas actividades, presentándolas en un contexto muy lúdico, lo que las hacía más atractivas. Fíjense que lo lúdico es también un aspecto muy terapéutico; ya vimos esa experiencia tan gratificante para los pacientes, que fue la de jugar a la pelota, disfrazarse, bailar, y salir al campo…

El crítico de arte que aparece en la película es real. Se trata de Mario Pedroso que viendo todas estas obras las describió como “arte virgen”. Mirando algunos de los cuadros de los pacientes, Mario dice que los enfermos podían transformar sus imágenes internas en arte, y que esas eran las imágenes del inconsciente, y que nada, en el plano del arte, permitía distinguirlas de las imágenes de los llamados “normales”. En ese sentido, estas obras de “arte virgen” son de la misma naturaleza de las obras de los grandes artistas universales, pues surgen del mismo proceso psíquico creativo. Mario le propone a Nise que todas esas obras debían salir de los muros del hospital y ser conocidas por el público. Y eso lo logran hacer, relativamente pronto.

En 1947 crearon la primera exposición artística, con un éxito tan grande, que la muestra fue trasladada al Ministerio de Educación y Cultura de Río de Janeiro, lo que atrajo, además de los familiares de los pacientes, al público y a varias autoridades nacionales e internacionales, tanto en arte como en medicina.

En 1952, ocho años después de haber ingresado Nise al psiquiátrico, fundó el “Museo de Imágenes del Inconsciente”, en Río de Janeiro, el cual se volvió con el tiempo un centro de estudio e investigación destinado a la comprensión más profunda del universo interior del esquizofrénico. A partir de entonces, las actividades del museo han continuado hasta el día de hoy, con más de 150 exposiciones, contando con una colección de más de 300.000 obras.

En la inauguración del Museo, vemos que Mario Pedroso repite que una de las funciones más poderosas del arte es la revelación del inconsciente, el cual es tan misterioso en las personas normales como en las llamadas “anormales”. Agrega que las imágenes del inconsciente son solamente un lenguaje simbólico que la psiquiatría tiene la tarea de descifrar, pero que por el contrario veía que la psiquiatría del momento estaba intentando aniquilar.

  1. Entender el lenguaje de los psicóticos

Pero volviendo a los años iniciales, Nise descubre que los enfermos parecían estarse comunicando en un lenguaje diferente al verbal. En una entrevista que le hicieron mucho tiempo después, ella dijo: “Es importante saber que cuando la conciencia es sofocada por el inconsciente, la persona comienza a comunicarse a través de otro lenguaje, que es el lenguaje del mito”. Y añadió: “Fue por esa razón que Jung me sugirió: ‘Si no conoce los mitos, no entenderá los delirios de los pacientes, ni las imágenes que pintan’. Eso me hizo familiarizarme con el lenguaje inconsciente… Es algo esencial para que el médico pueda relacionarse con el paciente a través de un lenguaje común”.

Agregó luego que es un proceso en el que se busca “lo que está ocurriendo en el mundo interior del psicótico. Sin despreciar, naturalmente, el mundo exterior, porque todos vivimos simultáneamente en dos mundos: el mundo externo y el mundo interno. Pero lo que sucede es que la mayoría de los psiquiatras sólo valoran el mundo exterior”.  Pero “el paciente no entiende el lenguaje del mundo exterior”. ¿Por qué? Porque la enfermedad los ha alejado de este mundo de afuera. Añadió: “Yo siempre tengo en cuenta lo que dice el paciente, lo que escucha y lo que hace. No siempre tengo en cuenta lo que dicen los libros”. Decía que ni siquiera si lo decía Jung. “Sin embargo, hay una coincidencia entre lo que el paciente hace, siente y habla, con lo que enseña Jung”.

Un paciente le dijo a Nise que cuando se enfermó, su inconsciente había invadido su mundo racional en el que había vivido. Le dijo concretamente: ‘Me mudé al mundo de las imágenes; las imágenes se toman el alma de la persona’. Y dice Nise en la entrevista: “Si el paciente mismo dice que lo han tomado las imágenes, ¿para qué seguir tratando de entenderlo sólo a través de un lenguaje racional?” Mejor, tratar de entenderlo a través del lenguaje de las imágenes.

Cuenta también que otro paciente le había mostrado que ella iba por buen camino cuando una vez le hizo un regalo, que era un corazón dibujado en la madera y en el centro del corazón, un libro abierto. Y que cuando se lo ofreció, le dijo, ‘Un libro es muy importante, la ciencia es muy importante, pero si no tienen en cuenta el corazón, no sirven para nada.” Por eso, ella afirmaba que todo lo que sabía de la psiquiatría, lo había aprendido de sus pacientes.

  1. Comprensión del mandala

En la película, Nise empieza a escuchar a Carlos, uno de sus pacientes, que decía que veía a Dios en los rayos del sol del espejo de su cuarto. Y ella recuerda que en las religiones orientales, la flor de oro significa la presencia de Dios. Reflexionó entonces que la psique tiene un poder auto-curativo que se manifiesta en los mandalas, y que en Carlos sus mandalas eran un intento de reorganizar su psique, y que ocurría en él en un ámbito místico. En ese momento de la película es que Nise le envía a Jung los dibujos de mandalas que algunos esquizofrénicos pintaban de una manera absolutamente espontánea y sin influencia de ninguna clase.

Acá hago un paréntesis para hablar de los mandalas. El mandala es una palabra sánscrita que significa “círculo mágico”, y se refiere a una figura geométrica en la que el círculo está circunscrito en un cuadrado o el cuadrado en un círculo, que suele poseer subdivisiones más o menos regulares divididas por cuatro, o por múltiplos de cuatro. Jung la interpretaba como una expresión de la psique y, en particular, del Sí mismo o Self, que en psicología junguiana representa el símbolo del centro de la personalidad, diferente al yo. Durante un psicoanálisis junguiano, los mandalas suelen aparecer en sueños o en pinturas.

Algo muy importante es que los mandalas pueden expresar diferentes situaciones y significados. Jung pensaba: (1) que la producción espontánea de mandalas, ya fueran conscientes o inconscientes, podía indicar que el ego (o yo) estaba en capacidad de asimilar material inconsciente, y eso era muy positivo pues hacía parte de una positiva búsqueda de significado de la existencia. Pero también (2) que esas imágenes podían ser esencialmente un intento de la psique para no desintegrarse; es decir, se podían dibujar como reacciones ante el peligro de caos interno. Así, en los pacientes de Nise, bien podían estar mostrando tanto un avance en su desarrollo interior, como una defensa contra el caos interno. Pero sea una u otra expresión, nos lleva a que la posibilidad de que los pacientes psicóticos puedan manifestar uno u otro tipo de mandalas a través de la pintura, es igualmente muy útil en un centro psiquiátrico. Y (3) que los mandalas pueden ser utilizados como foco de la disciplina meditativa, destinados a conseguir una mayor conciencia de la realidad. Y eso es lo que hacen en Oriente los monjes tibetanos en sus prácticas religiosas.

  1. Apoyo terapéutico a través de los animales

En este aporte de Nise nos salimos un poco de la terapéutica junguiana. Como se muestra en la película, Nise fue pionera en los estudios de las relaciones emocionales entre pacientes y animales, a los que acostumbraba a llamar sus co-terapeutas. Los llamaba así porque descubrió que el cuidado de los animales podía contribuir a la rehabilitación de los enfermos. Lo explicaba diciendo que los animales los ayudaban a crear relaciones de responsabilidad y de desarrollo de lazos afectivos, lo cual daba mucha estabilidad a los enfermos. Por eso, Nise los incorporaba a su trabajo clínico. Como se ve en la película, descubrió esta técnica con un paciente al que delegó los cuidados de un cachorro abandonado en el hospital, y vio luego que ese paciente mejoró, al tener la responsabilidad de cuidar al animal. Y vimos esa escena tan desgarradora cuando alguien envenena los perros del hospital.

Sus co-terapeutas no eran sólo perros sino también gatos. Una buena parte de esos procesos de apoyo los comentó en su libro “Gatos, la emoción de cuidar”, publicado en 1998. De manera particular, creía que los gatos poseían cualidades terapéuticas en su forma de acompañar, tocar y contactar a los enfermos mentales. Ella también se rodeaba de gatos en su casa. Al verlos indefensos en la calle, los recogía y se los llevaba con ella. Se dice que llegó a tener en algún momento 23 gatos. Se identificaba con ellos. Decía: “El gato no tiene capacidad de perdonar…, y yo tampoco la tengo”. Sobre los perros, decía que se sentía humillada por ellos, porque eran fieles y al contrario de los gatos, tenían una infinita capacidad de perdonar. Que ella no tenía. Y recordaba que Freud trabajaba con un perro en su oficina, al igual que Jung y que Marie-Louise Von Franz.

  1. Curación fuera del cautiverio.

Otra innovación de Nise en el campo terapéutico, que tampoco es netamente junguiana, tiene que ver con su lucha contra la hospitalización de los pacientes psicóticos. Ella tenía muchas simpatías con las teorías de la antipsiquiatría de Laing, y de sus propuestas de cambios en la psiquiatría tradicional. Por ejemplo lo de la atención de pacientes en sus hogares o en clínicas ambulatorias.

Cuatro años después de la fundación del Museo, en 1956, Nise desarrolló otro proyecto, también revolucionario para su época, que fue la creación de la “Casa de las Palmeras”, que era una clínica dedicada a la rehabilitación de antiguos pacientes de instituciones psiquiátricas. En ese lugar, sus ocupantes podían ir diariamente a expresar su creatividad, siendo tratados como pacientes ambulatorios. Se podía ver como una etapa intermedia entre la rutina hospitalaria y la reintegración a la vida cotidiana en sociedad. Al igual que el Museo del Inconsciente, también este centro existe en la actualidad.

***

Ya para terminar, quisiera resaltar otro gran aporte de Nise da Silveira, y es que a través del conjunto de sus estudios, investigaciones y logros, ella introdujo y divulgó la psicología junguiana en Brasil. Como vimos en la película, ella comienza escribiendo a Jung en 1954, para consultarle sobre el tema de los mandalas, pero continúa ese intercambio epistolar por un buen tiempo.

Jung la estimuló a presentar una muestra de las obras de sus pacientes en Zúrich, Suiza, en una exposición que se llamó “El Arte y la Esquizofrenia”, en 1957, ocupando cinco salas en el “II Congreso Internacional de Psiquiatría”. Al visitar con ella la exposición, Jung la motivó a continuar investigando sobre mitología. Y Nise quedó tan convencida del enfoque junguiano que luego fue a estudiar, con una beca de Brasil, en el Instituto C.G. Jung de Zurich, Suiza, en dos períodos: de 1957 a 1958; y de 1961 a 1962. Allí, tuvo la supervisión de Marie-Louise von Franz, la conocida discípula de Jung.

De regreso a Brasil, luego de su primer período de estudios junguianos, formó en su consultorio el “Grupo de Estudios Carl Jung”, parecido a los que tenemos en ADEPAC. Y lo presidió hasta 1968. De esta forma vanguardista, Nise llevó por vez primera la psicología junguiana a América Latina. Y concretamente fue la líder del movimiento junguiano en Brasil que en este momento cuenta con varias sociedades junguianas formadoras y un enorme número de analistas, el mayor número de analistas junguianos en latinoamerica. Pero indirectamente fomentó también la creación de asociaciones junguianas en otros países de la región como en Chile, Argentina, Venezuela, Uruguay y por supuesto Colombia.

Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.