Sobre el concepto de neurosis en la teoría de Jung – André Sassenfeld

ANDRÉ SASSENFELD J.

sassenfledAndré Sassenfeld

Psicólogo clínico (U. de Chile) y psicoterapeuta de adultos en práctica privada. Magíster en psicología analítica jungiana (U. Adolfo Ibáñez). Co-creador y docente del Centro de Estudios en Psicoterapia Relacional Corporal. Autor de los libros Interacción psicoterapéutica y psicología analítica jungiana: Una mirada sobre los procesos relacionales implícitos y El desarrollo humano en la psicología analítica jungiana: Teoría e implicancias clínicas (ambos en Editorial Académica Española, 2012). Este documento fue tomado de la Revista Encuentros, N.3, 2011. Págs. 80 – 90, con autorización del editor. La revista es una iniciativa de difusión de la Fundación Chilena de Psicología Analítica y ofrece un espacio para promover ideas e investigaciones en el ámbito de la Psicología Analítica.

Resumen

En  este  trabajo,  se  examina  el  concepto  de  neurosis  formulado  por  Jung desde diferentes puntos de vista. En especial, después de detallar algunos puntos  de  vista  generales respecto  de  la  neurosis  en la  conceptualización jungiana, se enfatiza la relación entre el desarrollo de la personalidad y el concepto  de  neurosis.  En  ese  marco,  se  subraya  entre  otras  cosas  la vinculación entre los síntomas neuróticos y el proceso de individuación. Se concluye con algunas ideas sobre la continuación de la relación conceptual entre   neurosis   y   desarrollo   de   la   personalidad   en   la   obra   de   Carlos Byington.

Palabras claves: neurosis, desarrollo de la personalidad, síntoma neurótico, individuación

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Jung,  en  su  calidad  de  psiquiatra  y  de  psicoterapeuta,  trató  con  un  dilatado  espectro  de condiciones y estados psíquicos disímiles a lo largo de su extensa carrera profesional. Aunque no dejaba de  señalar la a menudo  ignorada unicidad de  cada caso  individual  que se  enfrenta en la práctica    clínica,    reconocía    la    necesidad    de    distinguir    al    menos    entre    dos    categorías psicopatológicas generales, en las cuales el factor propiamente psicológico es de relevancia bien en términos descriptivos bien en términos etiológicos: el grupo de las neurosis y el grupo de las psicosis.

La  diferencia  más  fundamental  entre  estas  dos  categorías,  sin  embargo,  debe  buscarse  en  el ámbito de la dimensión cuantitativa más que en el ámbito de la dimensión cualitativa, aún cuando las diferencias de orden cualitativo  existen. “Al igual que  la neurosis, una condición psicótica se debe a la actividad de complejos inconscientes y al fenómeno de splitting [esto es, el fenómeno de la escisión o disociación de la personalidad]. En la neurosis, los complejos son sólo relativamente autónomos. En la psicosis, están completamente desconectados de la consciencia” (Sharp, 1994, pp. 160-161).

De acuerdo a Jacobi (1957), la neurosis se encuentra de un lado y la psicosis del otro lado de la línea  divisoria  trazada  por  la  fuerza  de  la  consciencia  y  del  ego  para  resistir  la  irrupción  de contenidos  inconscientes.  El  mismo  Jung  (1952)  añade  que  cuanto  más  se  “acentúe  el  abismo entre la consciencia y el inconsciente, tanto más se aproxima la disociación de la personalidad, que en las personas neuróticamente predispuestas lleva a la neurosis y, en las propensas a la psicosis, [conduce] a la descomposición de la personalidad” (p. 439); es decir, la mayoría de los trastornos psicológicos consisten en afecciones que corresponden a una irrupción más o menos acentuada de lo inconsciente y el simultáneo desbordamiento más o menos pronunciado de la consciencia.

En este trabajo, revisaremos las ideas fundamentales de Jung en torno al concepto de neurosis, tanto  en  términos  generales  como  en  términos  del desarrollo  de  la  personalidad.  Concluiremos con algunas reflexiones sobre las contribuciones de Byington acerca de esta temática.

El concepto de neurosis en Jung

Para Jung (1935a), en general, la neurosis

es  más  un  fenómeno  psicosocial  que  una  enfermedad  en  sentido  estricto.  La  neurosis nos obliga  a  ampliar  el concepto  de  la  ´enfermedad´  más allá  de  la  idea  de  un  cuerpo individual perturbado en sus funciones y a contemplar al ser humano neurótico como un sistema relacional social que se ha enfermado. (p. 36)

Frente  a  este  trasfondo,  la  extensa  obra  escrita  de  Jung  nos  ofrece  diferentes  perspectivas complementarias  para  acercarnos  a  la  comprensión  psicológica  de  la  neurosis,  ya  que  Jung  no llegó a sostener una definición única de las condiciones neuróticas (Samuels, 1985). Jung estaba fundamentalmente interesado en la personalidad humana como totalidad y la concebía, en efecto, como  fenómeno  psíquico  global  de  gran  complejidad.  No  creía  que  podía  ser  aprehendida,  de manera adecuada, sin hacer referencia al lugar concreto que cada uno de sus componentes ocupa en la estructura más amplia del psiquismo.

La neurosis puede ser visualizada como circunstancia que afecta inevitablemente a la personalidad en   su   conjunto.   Tal   como   asevera   Frey-Rohn   (1969),   Jung   afirmaba   “que   no   había   sólo enfermedades, sino también enfermos, y  que  el objeto  de  la psicoterapia no era la ficción de  la neurosis, sino la totalidad perturbada de un ser humano” (p. 209, cursivas del original). La neurosis no es un elemento ajeno a la personalidad que la trastorna al invadirla “desde afuera”, sino que está   fundamentada   e   implicada   en   las   diversas   facetas   de   su   funcionamiento.   Cuando   se manifiesta,  lo  hace,  “desde  adentro”,  como  parte  de  la  psique  total.  En  efecto,  las  condiciones neuróticas  “no  son  males  localizados,  estrechamente  circunscriptos,  sino  síntomas  de  cierta disposición  falsa  de  la  personalidad  total”  (Jung,  1931,  p.  31).  Así,  para  Jung,  la  neurosis  y  los síntomas  neuróticos deben  ser  colocados  en el contexto  dinámico  de  la personalidad  global  del individuo para poder llegar a ser comprendidos.

Implícita en las consideraciones previas se encuentra, para la psicología jungiana, la idea de que la neurosis contiene o encierra un sentido específico cuando es contemplada desde el punto de vista del  contexto  de  la  vida  de  una  persona.  Jung,  de  hecho,  estaba  más  interesado  en  poner  al descubierto  el sentido  de la neurosis en el marco de la personalidad individual que  en formular conceptualmente  cuadros  clínicos  definidos.  Esta  perspectiva  puede  denominarse,  siguiendo  a Fordham  (1953)  y  Frey-Rohn  (1969),  finalista-prospectiva  en  cuanto  supone  que  los  síntomas neuróticos  apuntan  hacia  una  determinada  finalidad,  en  última  instancia  constructiva,  que  yace oculta en ellos. Dicho de otro modo, Jung prefirió enfatizar la interrogante acerca del para qué de la neurosis en vez de insistir en la interrogante acerca del por qué que había sido explorada con detalle por Freud.

Desde este punto de vista, la condición neurótica representa, en términos generales, un intento particular de  solución en relación a una problemática vital hasta entonces insoluble (Frey-Rohn, 1969).   Constituye,   cuando   es   enfrentada   y   entendida   de   modo   oportuno,   un   estímulo potencialmente positivo para transformar las actitudes insatisfactorias y desadaptativas frente a la vida  en  actitudes  más  plenas,  satisfactorias  y  saludables.  Jung  (1943)  pensaba que  los  síntomas neuróticos  son  “tentativas  de  una  nueva  síntesis  de  la  vida  -tentativas  infructuosas  […],  pero tentativas de todas formas, con un núcleo de valor y significado” (p. 56). Una neurosis equivale, así, a un intento de compensación de actitudes unilaterales frente a la propia existencia.

De aquí que Jung vea en la neurosis no sólo algo negativo, una enfermedad fastidiosa, sino  algo  positivo,  un  factor  curativo,  un motor  formativo  de  la  personalidad. […]  Una neurosis  puede,  por  tanto,  actuar  también  como  grito  de  socorro,  proferido  por  una instancia interna superior, para llamarnos la atención acerca de la urgente necesidad en que nos hallamos de ampliar nuestra personalidad, lo que podremos lograr si abordamos exactamente nuestra neurosis. (Jacobi, 1940, p. 136, cursiva del original)

Jung consideraba que la psique es un fenómeno humano que, en un inicio, es unitario e integrado; es  decir,  el  individuo  nace,  en  términos  psicológicos,  como  totalidad  (Sassenfeld,  2004).  Sin embargo, de acuerdo a él, el psiquismo manifiesta una tendencia marcada hacia la disociación o escisión cuando la experiencia en el mundo comienza a enfrentar a la persona con las ineludibles y dolorosas frustraciones que forman parte intrínseca de la existencia. De hecho, Jung creía que la neurosis,  en  cierto  sentido,  es  el  sufrimiento  de  un  individuo  que  aún  no  ha  comprendido  el sentido  de  sus  vivencias  o,  también,  que  consiste  en  la  incapacidad  o  el  rechazo  de  contener  y soportar   sufrimientos   legítimos   -una   especie   de   negativa,   en   gran   parte   inconsciente,   a experimentar  los  afectos  asociados  a  pérdidas,  separaciones  y  conflictos.  En  vez  de  ello,  los sentimientos dolorosos o alguna representación psíquica de ellos “se escinde de la consciencia y la totalidad inicial -el Self primordial- se quiebra” (Sandner & Beebe, 1995, p. 301).

En  última  instancia,  los  procesos  de  disociación  y  escisión  derivan  de  la  aparente  imposibilidad inherente  al  ser  humano  de  afirmar  la  totalidad  de  su  propia  naturaleza.  Por  lo  tanto,  estos procesos   psicológicos   no   deben   ser   entendidos,   en   lo   fundamental,   como   fenómenos psicopatológicos;  la  psicología  jungiana  piensa  que  son,  en  gran  medida,  fenómenos  normales característicos de la formación y el desarrollo de la estructura de la personalidad humana como tal. Más allá, tal como indican Sandner & Beebe (1995), la disociación o escisión del psiquismo es un  hecho  psíquico  sin  el  cual  la  consciencia  no  puede  desarrollarse  y,  al  mismo  tiempo,  es  el proceso  interno  que  posibilita  la  integración  de  la  personalidad  al  encargarse  de  diferenciar aspectos de la personalidad que puedan ser posteriormente integrados.

Recién  cuando   la  disociación  se   vuelve   demasiado   amplia   y   profunda   y,   en   consecuencia, imposibilita el contacto o la interacción entre los aspectos disociados, y recién cuando el conflicto que se produce entre las partes escindidas se torna demasiado intenso e insostenible, es factible hablar  de  una  neurosis  manifiesta.  Una  neurosis  manifiesta  es,  de  este  modo,  una  expresión específica de tensiones de contradicción más generales e inmanentes a la vida (Frey-Rohn, 1969). Así, los afectos dolorosos pueden conducir, por medio del mecanismo de la escisión, a la aparición de  síntomas  neuróticos.  Resulta  evidente,  a  partir  de  estas  ideas,  la  cercanía  fundamental  que parece existir entre la normalidad y la neurosis. Tanto el funcionamiento psicológico normal como el funcionamiento psicológico neurótico se basan en las escisiones naturales de la personalidad; su diferencia  más  relevante  resulta  ser,  más  bien,  de  grado  en  el  sentido  de  la  amplitud  de  la disociación   psíquica.   Según   Fordham   (1953),   todos   los   seres   humanos   sufren   de   algunas manifestaciones,  por  imperceptibles  y  poco  llamativas  que  sean,  de  una  disociación  que  se  ha vuelto neurótica.

Desde el punto de vista de Jung, la característica central de la neurosis es la presencia consciente o inconsciente  de  un  conflicto  psíquico  o,  dicho  de  otra  manera,  una  personalidad  en  discordia consigo misma. La condición neurótica representa la expresión de contradicciones interiores más o menos  conscientes  que  no  han  sido  resueltas.  El  proceso  de  disociación  es,  en  este  sentido,  el fundamento  de  toda  condición  neurótica  ya  que,  como  vimos,  genera  la  existencia  de  partes separadas  de  la  personalidad  que  pueden  entablar  una  disputa  o  lucha  (Fordham,  1953;  Frey- Rohn, 1969; Jung, 1951a, 1952; Samuels, 1985). En diferentes escritos, Jung describe el contenido del  conflicto  neurótico  de  distintas  maneras.  Sin  embargo,  en  la  mayoría  de  sus  contribuciones destaca su énfasis sobre  la observación clínica de  que  los conflictos intrapsíquicos propios de la neurosis  no  son,  invariablemente,  conflictos  pulsionales  como  aquellos  caracterizados  por  la psicología psicoanalítica.

Sandner y Beebe (1995) señalan que los procesos de escisión de la personalidad, resultado de la exposición a circunstancias ambientales frustrantes, tienen lugar inconscientemente y que asumen distintas formas en diferentes individuos dependiendo de factores cardinales como las variaciones de   la   estructura   psíquica   ya   formada,   las   debilidades   estructurales   relacionadas   con   la predisposición  y  la  disposición  temperamental  básica.  No  obstante,  la  disociación  como  tal muestra  una  tendencia  pronunciada  hacia  la  diferenciación  polar,  pero  complementaria,  de opuestos psicológicos y, con ello, crea un cierto desequilibrio psíquico y una tensión psicodinámica latente. En términos generales, esto significa que se diferencian dos aspectos de la personalidad que  son  mantenidos  separados  y  sin  contacto  o  intercambio  por  medio  de  la  intervención  de inhibiciones poderosas de la afectividad (Frey-Rohn, 1969). Tomados en conjunto, estos aspectos o partes de la personalidad conforman una totalidad significativa que la neurosis fractura.

La manera más común de describir los contenidos del conflicto  neurótico es afirmando que  dos tendencias o actitudes psicológicas, una de las cuales tiende a ser consciente y la otra de las cuales muchas  veces  es  inconsciente,  se  encuentran  en  un  estado  de  discrepancia  y  contraposición recíproca. A veces, se trata de una división entre motivaciones relativamente primitivas o arcaicas y  motivaciones  más  elevadas,  o  también  de  un  conflicto  entre  una  exigencia instintiva  y  alguna convicción propia. Otras veces, se da el caso de una oposición entre requerimientos colectivos y predisposiciones  o  preferencias  de  naturaleza  personal.  Son  frecuentes  los  antagonismos  entre una actitud que ha permanecido infantil e inconsciente y una actitud más madura y consciente, así como  el  desarrollo  de  modos  conductuales  o  funciones  psicológicas  contrapuestas  por  una aparente incompatibilidad (Fordham, 1953; Frey-Rohn, 1969; Sandner & Beebe, 1995).

Desde  la  perspectiva  jungiana,  la  aparición  de  sintomatología  neurótica  puede,  para  muchas personas,  constituir  una  situación  potencialmente  valiosa  que,  si  se  lleva  a  cabo  el  intento  de entender  su  sentido  profundo,  puede  revelar  las  directrices  significativas  para  un  desarrollo  y enriquecimiento continuados de la personalidad que contiene de modo implícito. Dado que Jung creía  que  la  finalidad  última  de  la  vida  humana  está  ligada  al  logro  de  la  experiencia  viva  de  la totalidad psicológica, la neurosis puede ser vista como un intento del organismo de acercar a la consciencia   aquellos   aspectos   de   la   personalidad   que   han   permanecido   inconscientes,   no reconocidos y en un estado embrionario. La condición neurótica parece ser una fuerza que “llama la  atención  hacia  una  vertiente  de  la  personalidad  que  o  ha  sido  desatendida  o  reprimida” (Fordham, 1953, p. 95). Por lo tanto, la neurosis puede ser descrita como afección que se debe a la irrupción   más   o   menos   acentuada   de   aspectos   o   contenidos   inconscientes   del   psiquismo, portadores  de  la  posibilidad  de  la  integración  de  aquellas  facetas  de  la  personalidad  que  se encuentran disociadas (Jung, 1952; Sassenfeld, 2004).

Para  Sandner  y  Beebe  (1995), la  neurosis  no  corresponde  a  una  desafortunada  interrupción  del estado de bienestar del individuo, sino que la persona la manifiesta y soporta para curarse en el sentido de continuar su crecimiento: sus síntomas neuróticos encierran las semillas de la totalidad y,  en  ese  sentido,  la  dirección  de  la  continuación  de  su  desarrollo  psicológico.  La  condición neurótica, cuando sus contenidos son enfrentados y asimilados de manera consciente, es capaz de proporcionar una renovada orientación a la vida del individuo.  Así, como indica Jung (1935b), la “neurosis  es,  en  realidad,  un  intento  de  autosanación.  […]  Es  un  intento  del  sistema  psíquico autorregulador  por  restablecer  el  equilibrio […]”  (p.  185)  y  compensar  la  unilateralidad  que atraviesa la diferenciación de la personalidad en el proceso del desarrollo psicológico.

Aparte  de  ampliar  la  noción  de  que  el  conflicto  neurótico  es  exclusivamente  de  naturaleza pulsional,  Jung  introdujo  la  idea  de  que,  en  el  fondo,  el  desplazamiento  de  la  etiología  de  la neurosis a determinados acontecimientos de la infancia del individuo afectado puede explicar sólo en parte lo que está ocurriendo en el presente. Aunque toda neurosis parece tener sus orígenes o raíces en experiencias vividas en el pasado, la persona neurótica sufre de un conflicto actual que determina su realidad inmediata. Desde este punto de vista, la neurosis representa una reacción desadaptativa a un conflicto actual que culmina, muchas veces, en una evasión fóbica del mundo externo a través de un retiro esporádico hacia el mundo interno de la fantasía (Frey-Rohn, 1969). De este modo, el individuo puede evitar hacer frente a las exigencias de adaptación de la realidad exterior y establecerse en una especie de nostalgia retrospectiva.

Es de relevancia mencionar que Jung consideraba que la neurosis no puede ser reducida, sin más, a una problemática únicamente personal. Toda neurosis tiende a poner de manifiesto problemas y situaciones humanas más generales, que se han repetido una y otra vez a lo largo de la historia y la evolución de la humanidad. Desde esta perspectiva, el individuo se neurotiza cuando su tentativa de  solucionar  tal  problemática  de  carácter  arquetípico  -en  el  sentido  de  algo  que  se  repite  y expresa en diversos contextos y en diversas épocas- puede ser entendida como resolución fallida e insatisfactoria.

Neurosis y desarrollo de la personalidad

Jung  consideraba  que  era  necesario  entender  la  neurosis  en  relación  al  contexto  evolutivo  que enmarca a la persona involucrada. Desde el punto de vista de la psicología jungiana, una condición neurótica  puede  ser  visualizada  como  resultado  de  un  impedimento  o  una  interrupción  del crecimiento natural de la personalidad o, en términos más propiamente junguianos, como efecto de un proceso desencaminado o distorsionado de individuación (Brookes, 1996; Frey-Rohn, 1969; Sassenfeld, 2004; Stevens, 1990). La gran variedad de los síntomas psicológicos, psicosomáticos y somáticos que caracterizan a una neurosis manifiesta pueden ser comprendidos como “sustitutos de un paso necesario para la individuación que el paciente ha tratado de evitar” (Hall, 1986, p. 53). Esta perspectiva era de tanta importancia en el pensamiento de Jung (1934, 1935b), que en sus escritos aseveró, en repetidas ocasiones, que la neurosis típica es, en esencia, una perturbación del desarrollo de la personalidad. Toda condición neurótica se fundamenta en una unilateralidad primordial del crecimiento psíquico.

Según esta perspectiva, las neurosis son, “las más de las veces, desarrollos desviados que se han estructurado a través de muchos años” (Jung, 1935a, p. 36); las “neurosis típicas son, en el sentido verdadero,   trastornos   del   desarrollo”   (p.   35,   cursiva   del   original),   “la   neurosis [es] una perturbación del desarrollo de la personalidad” (1934, p. 197). En ellas, “se trata siempre de un desarrollo  desviado  del  individuo  que,  como  regla,  se  remonta  a  la  infancia”  (1935a,  p.  39).  Sin embargo, paradójicamente, tal como ya mencionamos las fuerzas psicológicas que sustentan un estado neurótico no pertenecen y no pueden ser encontradas, en definitiva, en el pasado de una persona:

Así,  se  produce  la  apariencia  (que,  dicho  sea  de  paso,  se  adapta  perfectamente  al neurótico)  de  que  la  causa  eficiente  de  las  neurosis  se  encuentra  en  un  pasado  muy remoto. En realidad, la neurosis se fabrica de nuevo todos los días y precisamente a base de  una  falsa  actitud  que  consiste  en  que  el  neurótico  piensa  y  siente  como  lo  hace  y justifica con su teoría de la neurosis. (Jung, 1952, p. 417)

La actitud incorrecta puede tener su origen, en cierto modo, hace mucho tiempo, pero no existiría hoy si no existiesen causas inmediatas y propósitos inmediatos que la mantienen viva.

Las definiciones conceptuales de la neurosis que han sido planteadas en el marco de la teoría del crecimiento de la personalidad de Jung son múltiples. Por un lado, la condición neurótica ha sido visualizada como sinónimo de la unilateralidad de la personalidad que surge en el transcurso de la primera mitad de la vida como situación psicológica normativa; con el término neurosis, Jung “se refirió, generalmente, a un ´desarrollo unilateral´” (Samuels, 1985, p. 176). Esta concepción está ligada, de manera íntima, a los puntos de vista de Jung (1934) acerca de que la neurosis constituye una protección contra la actividad objetiva interior de la psique y acerca de que la disociación de la personalidad  es  el  fundamento  de  toda  neurosis  (1951a)  -es  decir,  la  neurosis  corresponde  al producto del indispensable proceso evolutivo de la separación de la consciencia y el inconsciente colectivo.

Por  lo  tanto,  esta  aproximación  teórica  concibe  los  trastornos  neuróticos  como  secuelas  de  la desconexión del sistema psíquico consciente y la capacidad natural de adaptación de los instintos. Desde esta perspectiva, la neurosis debe ser vista como aspecto y hecho común e inevitable del crecimiento  de  la  personalidad.  No  obstante,  siguiendo  estas  mismas  reflexiones,  también  es posible  adoptar  una  postura  que  afirma  que,  puesto  que  la  polarización  del  psiquismo  es  un suceso ineludible del desarrollo de la consciencia, la neurosis se relaciona, antes que nada, con un individuo  que  ha  rehuido  volver  a  establecer  contacto  con  la  psique  colectiva  una  vez  que  ha emergido de ella como ego individual.

Por otro lado, en base a la teoría jungiana del ciclo vital y las etapas de la vida, la neurosis también se puede entender como secuela del incumplimiento de algunas de las tareas evolutivas que cada etapa del desarrollo plantea al ser humano:

Cada etapa de la vida tiene su propio deber y quien no cumple estos deberes específicos, esto es, quien no vive y atraviesa esa fase particular, no ha experimentado un aspecto de la  vida  y  el  precio  de  esta  negativa  es  o  embrutecimiento  y  entumecimiento  o  una neurosis. (Adler, 1948, pp. 135-136)

Stevens  (1990)  ha  llamado  a  esta  circunstancia  de  incumplimiento  frustración  de  la  intención arquetípica,  una  circunstancia  que  lleva  a  que  “el  sistema  arquetípico  correspondiente [a  una tarea evolutiva que no es cumplida] permanece latente en el inconsciente y, en consecuencia, el desarrollo  del  individuo  queda  detenido  o  se  ve  forzado  a  seguir  un  curso  distorsionado  o anómalo” (pp. 73-74).

En la misma línea, Wellings (2000) agrega que esta

frustración de la expresión de nuestras posibilidades innatas puede ser visualizada como causa  del  rango  y  la  profundidad  entera  de  los  problemas  psicológicos  [neuróticos]  y añade otro nivel al entendimiento de las heridas [o trastornos psíquicos], adicional a que éstas se forman alrededor de traumas específicos y discretos. (p. 80)

En  la  historia  biográfica  de  cada  individuo  habrá,  de  modo  inevitable,  cierta  distorsión  de  las intenciones arquetípicas primarias. El alcance de esta frustración será, en última instancia, aquel factor  determinante  que  condicionará  la  aparición  de  una  condición  neurótica  manifiesta  o,  en otras palabras, de una condición más o menos neurótica.

Desde  este  punto  de  vista,  Jung  distinguía  entre  distintos  tipos  de  neurosis  en  relación  al momento  del  crecimiento  de  la  personalidad  en  el  cual  se  producen  (Jung,  1935c,  1951b; Sassenfeld, 2004). Le pareció de gran importancia diferenciar entre las condiciones neuróticas que hacen aparición en la primera mitad de la vida, en la cual la adaptación del individuo se refiere a las circunstancias externas, y aquellas neurosis que tienden a aparecer alrededor de la transición hacia la segunda mitad de la vida, aproximadamente entre los 35 y los 45 años de edad. En este último  estadio  evolutivo,  la  adaptación  que  el  ciclo  vital  exige  a  la  persona  se  vincula  con  las circunstancias internas que han sido ignoradas hasta ese instante y con la necesidad de descubrir y encarar, de manera explícita, el sentido de la propia existencia. Para dar cuenta de este segundo tipo de neurosis, Jung creó el concepto de la crisis de la edad media.

Reflexiones finales

Como hemos visto, la concepción que Jung tiene de la neurosis está marcada por ideas como la presencia  de  una  disociación  consciente-inconsciente,  un  punto  de  vista  prospectivo-finalista,  la inserción de la neurosis en la totalidad de la personalidad, la relevancia de los conflictos actuales por  encima  de  los  conflictos  infantiles,  y  también  la  relación  de  la  neurosis  con  el  sufrimiento humano.  Por  otro  lado,  hemos  destacado  que  Jung  formuló  una  perspectiva  significativa  que articula   el   fenómeno   de   la   neurosis   en   el   contexto   de   los   procesos   de   desarrollo   de   la personalidad. Examinamos, en este sentido, la noción de la frustración de la intención arquetípica y,  además,  la  vinculación  del  síntoma  neurótico  con  el  proceso  de  individuación.  Para  concluir, agregaremos  algunas  reflexiones  en  torno  a  la  forma  en  la  que  esta  última  relación  conceptual entre neurosis y desarrollo ha sido continuada en la psicología analítica post-jungiana.

El   intento   de   vincular   con   claridad   los   procesos   del   desarrollo   de   la   consciencia   y   de   la personalidad con la psicopatología y la neurosis, una tarea que como hemos podido constatar fue en  gran  medida  iniciada  por  el  mismo  Jung,  ha  ocupado  a  diversos  teóricos  post-jungianos, incluyendo a investigadores destacados como Erich Neumann, Michael Fordham y otros. Esta línea de  conceptualización ha corrido, en efecto, paralela a un movimiento similar en el psicoanálisis, donde por ejemplo la teoría del apego ha podido establecer incluso empíricamente la realidad de las conexiones entre desarrollo y psicopatología. En América Latina, Byington ha sido uno de los pensadores principales que ha hecho algunas contribuciones a esta temática.

Byington  (2006a,  2006b)  enfatiza  la  importancia  de  diferenciar  con  claridad  entre  normalidad  y psicopatología,  criticando  las  ideas  que  describimos  acerca  de  normalidad  y  patología  como  un continuo.  Considera  que  la  difuminación  del  límites  entre  ambos  estados  es  una  noción  que  la psicología  analítica  ha  heredado  del  psicoanálisis,  en  el  cual  la  noción  de  que  “todos  somos neuróticos”  es  un lugar común que  no  se  cuestiona mayormente. Haciendo  alusión al concepto jungiano de la sombra, afirma que no es “por casualidad que la obra de la Escuela Jungiana es tan pequeña  e  insatisfactoria  con  respecto  a  la  psicopatología,  pues  Jung  formuló  el  concepto  de Sombra  de  modo  ambiguo,  frecuentemente  englobando  lo  normal  y  lo  patológico  de  manera indiscriminada” (2006a, p. 25). Byington piensa que, sin embargo, Jung a menudo conceptualizó la sombra  como  disfunción  del  desarrollo  normal,  sentando  las  bases  para  una  diferenciación indudable entre lo normal y lo psicopatológico: “De hecho, si la Consciencia es concebida como la realización del potencial arquetípico, su Sombra expresaría su disfunción” (p. 25).

Byington, por su parte, elabora y complejiza el intento original pero incompleto de Neumann por insertar  y  vincular  el  espectro  psicopatológico  con  disfunciones  y  problemáticas  específicas propias del desarrollo de la personalidad. En este sentido, Byington busca situar la psicopatología como variante de lo que denomina desarrollo simbólico-arquetípico normal, que para él pasa por una posición indiferenciada dominada por el arquetipo central [1], una posición matriarcal dominada por  el  arquetipo  materno,  una  posición  patriarcal  dominada  por  el  arquetipo  paterno,  una posición dialéctica dominada por el arquetipo de alteridad y una posición contemplativa dominada por  el  arquetipo  de  totalidad.  Con  ello,  formula  un  esquema  conceptual  que  llena  una  laguna dejada  por  Jung:  Jung  sólo  esbozó  un  esquema  arquetípico  de  las  etapas  del  proceso  de individuación en la segunda mitad de la vida y no de los procesos de desarrollo de la personalidad a lo largo de todo el ciclo vital. Aunque en esto no difiere demasiado de los aportes de Neumann, sí  lo  hace  en  cuanto  Byington  propone  relaciones  sistemáticas  entre  determinados  cuadros psicopatológicos   y   posiciones   específicas   del   desarrollo   simbólico-arquetípico   (patologías  de predominio matriarcal, patriarcal, etc.).

Para  Byington  (2006a),  los  conceptos  clave  que  hacen  posible  una  diferenciación  clara  entre normalidad   y   psicopatología   son   los   conceptos   de   defensa   y   fijación,   cuyos   orígenes   son psicoanalíticos y que Jung por diferentes razones no enfatizó de modo específico. Desde mi punto de  vista, el acento  de Byington es interesante, pero pasa por alto  que efectivamente  los límites entre  lo  “normal”  y  lo  “psicopatológico”,  en  especial  en  el  caso  de  la  neurosis,  son  difusos.  El funcionamiento  neurótico  se  caracteriza,  a  mi  parecer,  en  particular  por  la  convivencia  de mecanismos psíquicos neuróticos y mecanismos psíquicos normales o sanos. Más allá, opino que la  utilización  de  defensas  no  puede  ser  atribuido  sin  mayores  dificultades  a  la  psicopatología. Situaciones extremas, por poner un solo ejemplo, exigen a un individuo sano el uso de defensas a veces masivas.

Para concluir, mencionaremos la siguiente cita de Jung (1934):

Tras  el  desplazamiento  neurótico  queda  el  destino,  el  futuro  y  la  formación  de  la personalidad, la realización total de la voluntad de vivir innata al individuo. El hombre sin amor fati: he aquí el neurótico, el que se desatiende a sí mismo y que nunca puede decir, con Nietzsche: ´El hombre nunca se eleva a mayor altura que cuando ignora hacia dónde puede llevarle todavía su destino´. (p. 196, cursiva del original)

Notas de pie de página

[1] Dada  la  imprecisión  conceptual  que  Jung  mantuvo  respecto  del  concepto  del  self,  Byington  (2006a) distingue entre el self (la totalidad consciente-inconsciente) y el arquetipo central (arquetipo principal que coordina el proceso de individuación en el transcurso del ciclo vital).

Referencias

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