El complejo de castas – Vladimir Serrano P.

Vladimir Serrano P.

Castas

Vladimir Serrano Pérez, Estudio de Ciencias Públicas y Sociales, Miembro Numerario de la Academia Nacional de Historia del Ecuador, Analista, y Miembro Individual de la Asociación Internacional de Psicología Analítica. Práctica del análisis y docente. La siguiente es la ponencia que se presentó en el VIII Congreso Latinoamericano de Psicología Junguiana, realizado del 11 al 14 de julio de 2018, en la ciudad de Bogotá, Colombia. Su publicación fue autorizada por el autor.

RESUMEN

Los dominios españoles y portugueses de lo que hoy se denomina América Latina, dada la presencia de tres razas: la indígena, la blanca y la negra; formaron una amalgama de tipos humanos que fueron denominadas a la semejanza de la India y otros países, de castas. Estas no solamente eran una realidad física, sino que se convirtieron en una estructura social y legal en la que incidió con fuerza el racismo y por lo mismo la marginación e impedimentos para la participación política y cultural. En muchas ocasiones se llegó a litigar en tribunales de justicia la pureza racial de una persona, puesto que el acceso a estudios universitarios y funciones públicas exigía la demostración de no tener antepasados, indios, negros, judíos o moros, lo que se solucionó en gran número de ocasiones con el soborno.
Esta práctica cultural cesó en lo legal con la Independencia, sin embargo, permaneció en la psique y en la cotidianidad; lo que nos puede llevar a pensar que se formó un complejo, que prevalece tanto individual como colectivamente en nuestros países. La exclusión que esto ha causado puede manifestarse también como autoexclusión, por obra del complejo. El racismo y la marginación, si bien hoy es sancionado legalmente de acuerdo a las constituciones políticas, y aún a la declaración universal de derechos humanos es fomentado en el marco internacional puesto que la gran mayoría de latinoamericanos son maltratados en países del primer mundo. Además, el complejo es evidenciable en la clínica y aún en literatura; un poeta llegó a decir, “me aterra la miseria, me duele mi color”. La presente disertación intenta demostrar la incidencia de este complejo y la forma en que afecta nuestra identidad.

PALABRAS CLAVES:, CASTA, COMPLEJO, EXCLUSION, IDENTIDAD, MARGINACION.

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La comprensión de la identidad cultural de Hispanoamérica, se convirtió en una búsqueda existencial, con todo lo que esto significa filosófica y psicológicamente: angustia, inseguridad, complejos de inferioridad y al mismo tiempo actitudes de autoafirmación que se reflejan en la inestabilidad social y política. Esta situación se ha expresado especialmente en las creaciones culturales y literarias, así el mexicano Octavio Paz, (Premio Nobel de literatura 1990) en su libro El Laberinto de la Soledad (Paz, 2011), demuestra la conflictividad entre la cultura india americana, la occidental europea y la africana; donde conjuntamente con el dolor y la opresión se dio la fusión que es la base de la construcción histórica de nuestras naciones. Pero aquello se ha llenado de sombra y como se decía antes de complejos y uno de ellos es el de castas.

Carl Gustav Jung comprendió la estrecha relación existente entre la historia y la psicología, así su postulado de lo inconsciente colectivo tiene un carácter profundamente histórico y es por esto que la contribución que la psicología analítica puede dar para la comprensión de los latinoamericanos, radica en este principio que fue impreso por el fundador.

En sus tantos ensayos Carlos B. Byington ha señalado la dificultad en la América Latina para que aparezca un self cultural como lo tienen las naciones viejas de la humanidad, y esto se debe a que muchas trabas psicológicas y económicas impiden la realización de una verdadera interculturalidad. Es por esto que el término laberinto utilizado por Octavio Paz ha sido la mejor manera de describir los sentimientos que por 500 años experimentamos los seres humanos que nacimos en estas tierras. Preguntándonos ¿qué somos?, ¿a qué pertenecemos? sin que la respuesta surja con facilidad. En el siglo anterior, la creación intelectual hispanoamericana se decantó por el mestizaje tanto en su acepción racial como cultural, considerando que es la mejor categoría para definirnos; sin embargo se podría preguntar a que nos referimos cuando hablamos de mestizaje, ¿si a lo biológico?, ¿a lo cultural?, lo que aún no ha logrado responder en forma adecuada la antropología y es el desafío para la psicología profunda. La cuestión se vuelve más confusa dado que la utilización del término raza para la humanidad se tornó sinónimo de racismo, el que acarreó marginación y asesinatos colectivos en el siglo XX. Por lo mismo, si debemos definirnos por algo parecería más correcto buscar la identidad a través de la cultura, aunque la discusión en los diferentes círculos académicos continuará y es donde precisamente tiene un papel muy importante el postulado de Carlos Byington y en el mismo sentido un yo grupal que abriría paso hacia la identidad. Establecida semejante complejidad, la búsqueda identitaria en los contextos histórico y psicológico actual, demanda hurgar de nuevo en las raíces que se sustenta nuestra visión del mundo, dado que por fuerza de menosprecios nuestros antepasados establecieron su clara diferencia con los europeos y por lo mismo la necesidad de constituir sus propias unidades políticas, lo que obviamente hubo que pagarlo con sangre, dolor y la manifestación de una complejidad psicológica mezclada de inferioridad y resentimiento pero por suerte al mismo tiempo creatividad que se presenta como una de las formas de salida del laberinto.

En su libro Ensayo Político sobre el Reino de la Nueva España (México) de Alexander von Humboldt, (Humboldt, 2011), se señala que en los tiempos de su visita a ese país, a comienzos del siglo XIX, había casi cincuenta tipos de castas. El término casta tiene diversas acepciones, pero en este específico caso, la referencia se hace para aquellos grupos humanos que de diferentes razas se unieron vergonzantemente en relación amorosa, dando lugar a que se hablara no únicamente de mestizos sino cholos, moriscos, albinos, vuelve-atrás, zambos, chinos cambujos, lobos, tente en el aire, etc., las que eran menospreciadas por la cúspide blanca y a su vez se despreciaban entre ellos mismos.

En el caso de los criollos, hijos de españoles nacidos en América, en el propio siglo XVI se produjo un sentido de diferencia, cuando los descendientes de hispanos, portugueses y franceses, adoptaron el nombre de criollos. Término que precisamente apareció en idioma portugués con la palabra Crioullo, originalmente utilizado para designar a los esclavos que habían nacido en la casa de su señor pero que se extendió al blanco procedente de las colonias. Consiguientemente se refiere al hecho de criarse en territorio distinto al origen de los padres. Por esta circunstancia los criollos expresaron en sus vidas un fuerte conflicto de identidad, ya que si bien pertenecían a la misma cultura de los metropolitanos eran tenidos por estos como ciudadanos de segunda con derechos limitados. La circunstancia de que sus nodrizas fueran indígenas o negras, era suficiente motivo para que los nacidos en la península les consideraran prácticamente iguales a los aborígenes de América y a los esclavos africanos.

A estas circunstancias internas habría que agregar que los españoles proyectaban su sombra, tanto en indígenas como en negros, mientras más oscura la piel, mayor era la carga sombría. Esto explicaría por qué actuaron con tanta crueldad sobre unos y otros. La Breve Historia de la Destrucción de Indias de Bartolomé de las Casas, presenta a un conquistador ávido de oro y ensañado en crueldades, las que muchas veces tuvieron un carácter sexual. Como en el asesinato colectivo de indígenas mujeres de la República Dominicana, que les dieron alimentación y placer, luego de lo cual los hispanos las mataron. También cabe mencionar la persecución que con sadismo hicieron en contra de los indígenas homosexuales; en ocasiones hubo pueblos completos desgarrados por los grandes mastines que vinieron en las naves de los conquistadores. Los indígenas considerados inocentes por muy pocos, eran vistos como viciosos y pervertidos por la mayoría. Las nuevas Leyes de Indias, quisieron imponer mesura a los encomenderos, pero eso generó guerras civiles y solo parcialmente se logró aplicarlas.

Si bien es entendible que todos los procesos de encuentros entre culturas distintas generen conflictos, el aporte psicológico es que estos pueden pasar a convertirse en complejos que han sido investigados y su teoría desarrollada en los ámbitos de la psicología profunda, especialmente por Carl Gustav Jung. Es importante detenerse a considerar brevemente lo que son los complejos, para poder acercarse con mejores instrumentos a lo que es la psicología del latinoamericano.

El término complejo fue tomado por Jung del psicólogo Georg Theodor Ziehen (1862-1950), y se entiende como

(…) un conglomeración de contenidos psíquicos que se caracterizan por un tono sentimental peculiar o incluso doloroso, algo que normalmente está escondido a la vista, es como si un proyectil atravesara la gruesa capa de la persona. (Jung, 2009)

Está claro que la emoción es un factor psíquico importante para la formación de complejos. Igualmente el autor considera que esto ocurre cuando un estado emocional produce una modificación de la consciencia, dando lugar a un estrechamiento de ella y a una intensificación de lo inconsciente.

En el caso de las castas crearon un sentimiento de inferioridad producido por los menosprecios de que era víctimas las personas con sangre indígena o negra, que como es entendible se introyectó y fue legado al resto de generaciones hasta nuestros días. Esto es lo que permite formular una hipótesis de la existencia de un complejo de castas, la que obviamente debe ser probada y fortalecida estadísticamente.

Al seguir el proceso histórico se observa que cuando cesó el régimen legal de castas, esta permaneció por lo explicado anteriormente en la cultura y la psique. Como es entendible, el elemento nuclear alrededor del cual surgirían las asociaciones, estuvo en el sentimiento de inferioridad propia y en el menosprecio de los otros; como ningún complejo está desprovisto de elementos arquetípicos, aquí podríamos hablar de un arquetipo del racismo. C. A Byington en su trabajo La Democracia y el Arquetipo de la Alteridad , sostiene que este se ve obstaculizado por el racismo que a su vez recibe respuesta de las minorías así tratadas con resentimiento y odio, quienes acuden a actitudes de violencia detrás de los discursos reivindicatorios, y por lo mismo sin ser su intención propician lo inverso de lo que pretenden, ya que se han radicalizado y tienden a estigmatizar al otro, fortaleciendo con eso el dinamismo patriarcal. No es extraño que en las escuelas populares a las que van también niños blancos, a veces rubios, sean a su vez marginados por sus compañeros que los consideran extraños, llegando a ser objeto de maltrato.

El caso se ha repetido con la alta migración de pueblos latinoamericanos a España durante la última década del siglo XX y la primera del XXI. Los niños latinoamericanos que han tenido que ir a escuelas públicas españolas han sido marginados y tratados como “sudacas”, “moros”, u otras denominaciones. Cuando estos han regresado a sus países de origen, porque sus padres no lograron empleo en España, en los colegios también son marginados por tener acento español.

En este sentido, las regresiones hacia el patriarcado fortalecerían las tendencias etnocéntricas y racistas. Para una mayor comprensión de lo que significa actualmente este complejo, parecería muy interesante que podamos examinar al menos dos casos históricos en personalidades ecuatorianas que presentan la manifestación de las castas tanto en la época colonial donde como se ha dicho eran legales, y en la republicana.

Francisco Javier Eugenio de Santa Cruz y Espejo (1747-1795) notable científico, médico, historiador, abogado, periodista pensador e ideólogo político, y prócer de la Independencia ecuatoriana, con mucha dificultad logró hacer estudios de medicina y jurisprudencia. Se convirtió en uno de los ejes de la vida cultural y propagador de ideas progresistas con fuerte apoyo de la aristocracia criolla. Su activismo político y cultural, acabó enfrentado a las autoridades que lo procesaron, a pesar de lo cual salió libre de todo cargo.

Su padre habría sido un indígena cajamarquino Luis Chusig y su madre Catalina Aldaz, que se decía era mulata, aunque hay autores que cuestionan estos orígenes raciales; el hecho es que el Padre José del Rosario, betlemita, su preceptor, le acusó de pertenecer a estas dos castas, con lo cual no podía haber realizado los estudios universitarios, que exigían limpieza de sangre hasta los abuelos y por lo mismo el candidato a las aulas no debía tener nada de indio, negro, judío o moro. Si bien siempre tuvo mucha fuerza para defenderse y burlarse de sus enemigos, cuando aparentemente pretendió amorosamente a una dama de alcurnia, esta lo menospreció, él la caricaturizó en una obra de teatro conocida como Madamita Monteverde, costándole un juicio que la mencionada señora interpuso ante jueces, lo que le valió entrar en prisión.

Aunque aún existen varias biografías de Espejo, siempre es arriesgado hacer un perfil psicológico de él, pero algunos autores coinciden en que su vida personal fue de tristeza y amargura, y si bien se podría decir que era el ideólogo de los criollos, tampoco es que estos lo miraban en un plano de igualdad.

El otro caso digno de mención es el del poeta guayaquileño Medardo Angel Silva, (1898-1919) quien fue miembro de la generación llamada decapitada (porque la mayoría de ellos se suicidó a temprana edad), todos fueron poetas modernistas.

Medardo Angel pertenecía a una familia humilde cuya abuela paterna fue mulata, tenía un tío plomero y gasfitero. Sufrió insultos y persecución por su color de piel. En 1904 ingresa a la escuela y en muchas ocasiones iba bañado en lágrimas porque sus compañeros le trataban de mulato. Más tarde, cuando Silva cursaba el primer año de colegio, un poeta guayaquileño, Juan Eusebio Molestina, publicó en contra de las clases medias y populares de la urbe un opúsculo llamado “Brochazos” (Savoia, 1990, pág. 14)

“ciertos zambos jactanciosos
malcriados y pesimistas…
Qué sinvergüenzas
Qué majaderos
son estos zambos tan caballeros
en la iglesia, en los hoteles
demuestran meneones talles
estos míseros donceles…
Se hacen graciosos peinados
con crespitos en la frente
leontina llevan pendiente
de sus relojes dañados…
Qué sinvergüenzas
Qué majaderos
son estos zambos tan caballeros”

Esta poesía demuestra el problema de las castas a flor de piel y por lo mismo como este se haría lamentablemente un complejo colectivo de inferioridad y menosprecio, el cual se caracteriza de un desgarramiento interior entre lo que se es y la desaprobación producida por el menosprecio de los otros. Esto lo expresó muy bien el propio Medardo Angel Silva cuando dijo a su íntimo amigo Adolfo Simmons: “me desespera la miseria, me ofende el color”. Jurado Noboa comenta que miseria y color lo llevaron a la autodestrucción.

El poeta había descrito su biografía de la siguiente manera: (Savoia, 1990, pág. 23)

“Llamé a tu corazón
Llamé a tu corazón y no me has respondido
Pedí a drogas fatales sus mentiras piadosas;
en vano… contra ti nada pudo el olvido
he de seguir de esclavo de tus plantas gloriosas
sino qué en mi vigilia la imagen de la muerte,
y del Werther, el germano, el recuerdo suicida…
¡Y todo inútilmente! el temor de perderte,
siempre ha podido más que mi horror a la vida”

Efectivamente durante su corta vida, consumió opio y se inyectaba morfina.

A las ocho y treinta de la noche del 10 de junio llegó algo turbado a la casa de su pretendida Rosa Amada Villegas, disparándose un tiro delante de ella que lo llevó a la muerte.

Como se puede inferir la vida de Medardo Angel Silva, denota como el complejo de castas puede destrozar a un ser humano. Si bien es cierto que tuvo el don de la creatividad a través de la poesía, tarde o temprano se volvió un adicto, no consolidó amores y finalmente se suicidó. Fue probablemente el mayor poeta del Ecuador, en su tiempo suscitó tanto admiraciones como odio y hoy en día es el referente del sufrimiento causado por el racismo y en abono de nuestro estudio, como se dijo, afectado por el complejo de castas.

Muchas anécdotas se pueden contar, sobre los desplantes que hacían los que así mismo se creían descendientes de españoles con pureza racial. Así por ejemplo, en 1845, cuando Vicente Ramón Roca, comerciante guayaquileño, llegó a la presidencia de la república, y cuya abuela había sido una afrodescendiente, fue objeto de una burla por parte de María Cabezas Preciado, quién se consideraba de la nobleza criolla. En una reunión le hizo esta pregunta al primer mandatario: “Señor Presidente, ¿si los vasos tuvieran un santo patrono, cómo sería su nombre?”, el presidente contestó con ingenuidad: “Sanvaso”, y María Cabezas le dijo: “eso es precisamente usted, ‘un sanvaso de roca’”. Igualmente a los presidentes Eloy Alfaro e Isidro Ayora, el común de las personas les calificaban de indios y a Lucio Gutiérrez, presidente en la década anterior le decían “longo”, (en realidad muchacho en quichua) pero esa palabra sufrió un deterioro para significar, vulgar, bajo y de piel oscura.

Si estos hechos han ocurrido en la sociedad, ¿cómo se manifiesta el complejo de casta en la terapia? respondiendo que se encuentran casos de violencia y discriminación, por el color de la piel; a esto se agrega un nuevo factor que es el que las casta se ha fusionado a las clases sociales, y por lo tanto la denominación de “longo” puede aplicársela a cualquier persona que se le considere inferior.

En este sentido sería importante mencionar el siguiente caso: un varón joven que vivió toda su vida en barrios populares, cuyo padre afectado por el complejo de castas, presionaba sobre el hijo para que a través de estudios reivindicara a la familia, éste efectivamente logró éxitos escolares que le llevaron a obtener una beca en una de la universidades de élite del país. Como había sido un triunfador en su medio, esperaba lograr éxitos semejantes en esta nueva ocasión. Sin embargo se topó con un mundo totalmente distinto en el que se sintió perdido. Esto generó que el complejo de su padre también se manifestara en él, lo que produjo una disociación que le llevó prácticamente a una psicosis. Esta se manifestaba como una inflación, la que se presentaba como un delirio de grandeza, se veía como un estudiante exitoso y en general todo era superlativo, se sentía el favorito de los profesores, y de las compañeras que según relataba, todas le deseaban, aunque en la realidad nunca llegó a tener una novia sino que acudía a prostíbulos. Creía, en su delirio, que por todas sus cualidades podría conseguir a la mujer más linda y más adinerada del mundo.

Se graduó y después no logró sostenerse en un trabajo por sus pretensiones de grandeza. Parecería importante señalar que el elitismo de la universidad alimentó su delirio de grandeza. El trastorno no lograba mejorar con ayuda psicoterapéutica, y una vez que acudió a un psiquiatra se sintió muy mal con la medicación de tal manera que la dejó, hasta que logró realizar un trabajo creativo con tierra, cultivando productos agrícolas, lo que parece haberle ayudado a entrar en un sentido de realidad.

Otro caso que es digno de mencionarse tenía las siguientes características: joven varón que buscó terapia junguiana porque quería seguir esta corriente. Pronto se reveló que desde la escuela había sido objeto de acoso, tanto por el color de su piel como por su introversión, a lo cual se agregaba el maltrato de su padre que era autoritario. En una ocasión se auto mutiló lo que fue sancionado con enorme dureza por parte del padre. La familia es y sigue siendo pobre, y él no logra conseguir un trabajo estable, entre otros factores porque la universidad en la que estudió no tiene buen crédito público y son preferidos candidatos de otros establecimientos de educación superior. Ha tenido ideaciones suicidas y se ha obsesionado por sacar adelante una empresa, muy influido de la propaganda del éxito garantizado de los emprendimientos. Hasta ahora ha sufrido varias frustraciones y sueña con viajar a un país de habla inglesa.

En sus sueños normalmente aparece como héroe o aliado de los héroes, pero últimamente relata que en su vida onírica es confundido con un ladrón. En la vida en general es inseguro, aunque logra hacer las exposiciones en su emprendimiento. Continúa su trabajo psicoterapéutico.

Es interesante agregar que el año 2011, se exhibió la película ecuatoriana “A tus espaldas”, dirigida por Tito Jara. El título hace referencia a una colina tradicional quiteña llamada El Panecillo en cuya cúspide está el monumento a la virgen de Legarda, cuyo rostro se ubica hacia el norte de la ciudad y su espalda da al sur. La separación de la ciudad estuvo prevista en el plan regulador de Quito elaborado en 1940, mientras el norte se dejó como zona residencial, el sur se convirtió en zona obrera. Y desde ahí quién vive en el sur se encuentra menospreciado por los habitantes del norte, lo cual ha contribuido a que se ahonden las diferencias sociales y por ende este complejo de inferioridad y de castas. La película narra la historia de un joven que vivía en el sur, hijo de una madre migrante a España. Se traslada al norte y cambia su nombre intentando obtener otra identidad; se llama Jorge Chicaiza, apellido quichua y adopta el de Jordi Lamotta. Esta es la primera película donde se demuestra el complejo, en este caso, el de clase y casta que destruyó la vida de este joven.

Como se ha dicho, el abordaje de este problema involucra procesos terapéuticos, aparte de campañas en favor de la interculturalidad; sin embargo esto debe pasar primero por el reconocimiento del complejo en los propios terapeutas.

Bibliografía

Humboldt, A. v. (2011). Ensayo Político sobre el Reino de la Nueva España (7ma ed.). Porrua.

Jung, C. G. (2009). Obras Completas (Vol. 18/1). Madrid: Trotta.

Paz, O. (2011). El Laberinto de la Soledad. España: Fondo de Cultura Económica.

Savoia, P. R. (1990). El Negro en la Historia. Cayambe Ecuador: Abya-Yala.

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