Creatividad y Locura: esa delgada línea – Carolina Mora y Carmen Pinto

Carolina Mora y Carmen Pinto

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1. Presentación

En el presente trabajo queremos explorar ese mundo misterioso de la psique donde se encuentran y entrelazan los fenómenos de la creatividad y la locura.

A partir de la teoría desarrollada por Carl Jung, de la experiencia con sus pacientes y de su propio proceso de individuación, hemos querido adentrarnos en esos misterios y distinguir la delgada línea que hace que ciertas experiencias tormentosas e intensas de la psique encierren  experiencias profundas de transformación y encuentro con el self; sean obras reveladoras de  una creatividad superior y símbolos de un espíritu colectivo, de conexión con lo absoluto, o bien devengan en enfermedad mental.

A partir de esto nos preguntamos: ¿existe alguna diferencia entre una poesía o arte inspirado, o uno que revela la posibilidad de locura? ¿Son las mismas claves las que nos permiten hacer esta distinción? ¿Cuál es la naturaleza profunda de la creatividad? ¿Qué diferencia existe entre la obra de un genio artístico y la de cualquiera de nosotros? ¿Qué sentido tiene una obra, para la consciencia individual y para la consciencia colectiva?

Entraremos así en esos territorios pantanosos donde la creatividad puede devenir en locura o la “locura” en creatividad.

Para ello veremos además de los escritos y experiencias de Jung, el registro y vivencias de artistas modernos que han sido capaces de describir y ahondar en la vivencia y  significados de esos procesos. Cómo a través de sus obras nos permiten descubrir el arte como manifestación del alma colectiva de su tiempo más allá de su self individual.

Finalmente haremos una mirada crítica a la psiquiatría clásica  que por mucho tiempo ha temido y evitado explorar más finamente el tema, catalogando y estigmatizando la emergencia de tales fenómenos como psicosis,  “locura” o “enfermedad mental”, sin ver los profundos significados simbólicos y existenciales que éstos pueden tener para la persona que los vive. Y que hoy, a la luz de estudios más modernos y los cambios de paradigma del mundo y de la ciencia   podemos diferenciarlos, ampliar su concepción como procesos profundos de transformación y liberarlos a la vez de su carácter meramente patológico.

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2. Jung y la locura.

Jung, al contrario de Freud, comenzó su carrera trabajando con cuadros psicóticos en  el prestigioso sanatorio de Burgholzli, como discípulo de Bleuler.  Allí desarrolló una perspectiva de tratamiento diferente de la imperante entre los profesionales de aquella época que se enfocaba más a catalogar y diagnosticar a los  pacientes. Para Jung, esta visión no ayudaba a comprender el misterio de la locura, de modo que se esforzó en acercarse a la realidad de sus pacientes escuchándolos y acogiendo su mundo delirante.

En esta etapa, conoce a una anciana mujer llamada Babette, que se encontraba interna desde hacía 20 años.  La mujer decía que ella y Nápoles, debían proveer al mundo de spaghetti…. lo que para cualquiera sólo era una demostración de su locura, para Jung fue la  manifestación de la naturaleza de los mecanismos compensatorios.  A través de este delirio, su inconsciente compensaba sus sentimientos de inferioridad y daba cuenta de cuán hondo calaba en su alma el ser dejada de lado.  Esta mujer, horrible según Freud, (Jung se la presentó en una de sus visitas a Suiza), devela la capacidad de Jung de descubrir belleza a través de los velos de locura y fealdad exterior.

Más tarde, Jung conoce a Sabina Spielrein, una joven rusa que también presenta una psicosis.  Ella no sólo sana, sino que a través de la guía y del amor de Jung descubre su talento creativo y se convierte en analista. Lo mismo ocurre con Toni Wolff, quien era considerada como un caso sin esperanza por sus más  cercanos y que posteriormente, se convierte también en analista.

Alrededor de 1910, conoce un registro de las fantasías de Miss Miller, a través de las publicaciones de Flournoy quien se las hace llegar. El inmenso trabajo invertido en una desconocida, da luces del impacto, el interés y la empatía que deben haber causado en Jung sus escritos.  A través del análisis de sus poesías Jung comprende el dilema del alma de Frank Miller y prevé el riesgo de que se psicotice.

A partir del análisis del caso de Miss Miller, Jung comienza a escribir y definir su propia posición respecto de la psicología y a diferenciarse de su mentor. Con la publicación de Símbolos de Transformación, la ruptura definitiva con Freud se produce. Jung se ve enfrentado a una profunda crisis interior que lo hace abandonar “por motivos de salud” Burgholzli y todas sus cátedras universitarias. Su mente comienza a  vacilar y tambalearse. En 1913, Jung, que entonces tenía 38 años, temía estar “amenazado por una psicosis” o “haciendo una esquizofrenia”, según sus propias palabras. (Jung, 1964)

En el Libro Rojo, luego de que el alma lo exhorta a aceptar la locura, Jung todavía tiene dudas. De pronto, como ocurre en los sueños, el alma se convierte en  un “profesor pequeño y gordo”, que manifiesta una especie de preocupación paternal por Jung.

Jung le dice: “Yo también creo que me he perdido por completo. ¿Verdaderamente estoy loco? Todo es terriblemente confuso”. El profesor responde: “Ten paciencia, todo saldrá bien. De todos modos, duerme bien”.

Al sumergirse en su inconsciente, practicando diariamente la imaginación activa, descubrió un espacio creativo que dio origen a los aspectos más importantes de su teoría.

Esta inmersión lo lleva a pintar las imágenes nacidas de su inconsciente, con lo que descubre el poder sanador de la producción artística.

“Después de la ruptura con Freud, comenzó para mí un periodo de incertidumbre interior, y más que eso, de desorientación…(…)  Pensé entonces: Ignoro todo a tal punto que simplemente haré lo que se me ocurra.  Me abandoné así, conscientemente, al impulso inconsciente….” “Lo primero que se produjo fue el aparecimiento de un recuerdo de la infancia, tal vez de mis 10 o 12 años.  En esa época yo me había entregado apasionadamente a juegos de construcción.  Me acordé con claridad que había edificado casitas y castillos, compuertas y bóvedas, usando botellas como soporte…Para mi sorpresa, este recuerdo emergió acompañado de cierta emoción… Ah! Ah! Me dije a mi mismo, aquí hay vida. El  muchacho anda cerca y posee una vida creativa que me falta.  Pero ¿cómo llegar a ella?” (Byington, pp. 94, 2008)

Tal era el estado de Jung, en esa profunda perturbación, advierte la falta y logra tomarse del halo de luz creativo que su inconsciente le devela y que le anuncia un sentido, un camino de desarrollo que ha de inspirar su proceso de individuación, el opus alquímico de su vida.

De esta breve reseña de la conexión que Jung mantuvo con la locura y con la creatividad, pasaremos a hacer una revisión de sus planteamientos respecto de la creatividad y del proceso creativo.

3. El Proceso creativo: la emergencia de los contenidos inconscientes

La creatividad, como la historia, los mitos, la alquimia y el espiritismo, fue una de las muchas temáticas que interesaron a Jung.  Alusiones al arte y a los artistas se encuentran desperdigadas a lo largo de su obra, haciendo relativamente difícil llegar a una definición acotada respecto al tema. A continuación haremos una revisión de sus principales afirmaciones respecto del arte y del proceso creador.

  • ¿Qué es la creatividad para Jung?

Jung plantea que para comprender la naturaleza del proceso creador, el psicólogo debe deshacerse de sus prejuicios médicos. Con esto alude a la visión freudiana, que por esos tiempos había realizado un psicoanálisis del arte, basándose en la historia personal del artista para poder explicar su obra.  Para Jung esto no permite comprender el sentido de una obra de arte. La obra de arte no es una enfermedad, y por tanto, no puede ser sometida a las mismas formas de análisis que ésta, la obra de arte es suprapersonal.

Jung hace una analogía al respecto, asimilando la obra de arte a una planta.  El dice “La planta (la obra)  no es mero producto del suelo, sino un proceso creativo vivo que descansa en sí mismo y cuya esencia nada tiene que ver con la composición del suelo”

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Con esto quiere decir que es “Un ser vivo implantado en el alma de un hombre”.  Un ser que sólo utiliza al hombre y sus aptitudes personales como suelo nutricio, para disponer de sus fuerzas de acuerdo con sus propias leyes, y que se conforma a sí misma para ser lo que quiere ser. Lo creador vive y crece en el ser humano, como el árbol en el suelo, del que extrae, forzandolo, su sustento.

Podemos ver este fenómenos a través de palabras de los propios artistas, al describir su experiencia de crear.

“En tu interior hay un artista del que nada sabes… Di que sí rápidamente, si, lo conoces, si , lo has conocido desde antes que comenzara el mundo”. Rumi

 “La situación del artista es de humildad.  El es esencialmente un canal”. Piet Mondrian, pintor vanguardista.

“La música de Madame Butterfly me fue dictada por Dios; simplemente fui un instrumento para escribirla y comunicarla al público”. Giacomo Puccini, músico.

“Yo no hago nada.  El espíritu santo realiza todas las cosas a través de mí”  William Blake, escritor.

“El arte evoca el misterio, sin el cual el mundo no existiría”, R.Magritte, pintor.

Es posible observar en estas frases, que la experiencia es de estar tomado por una voluntad ajena que se impone por sobre la consciencia. A este tipo de proceso, Jung le llamó Creación Visionaria. Se caracteriza por ser compulsiva, poderosa, que se impone por sobre el yo, que no tiene nada más que hacer que someterse a su fuerza.  (Jung, 1922)

Jung identificó también otra forma de crear, en que el yo del artista se identifica con el proceso creador, es decir, el artista piensa que él es la fuente de la creatividad, quien define la forma, los materiales y dirige el proceso (Creación Psicológica). Él es quien crea. No obstante, según Jung, esto podría perfectamente ser una ilusión, en que el artista cree nadar cuando en realidad está siendo arrastrado por la corriente. (Jung, op cit)

El análisis de la experiencia de los artistas demuestra una y otra vez, lo poderoso que es el instinto creativo,  que “se impone bien con tiránica violencia o con esa argucia sutil del fin natural”, en  las palabras de Jung. Es por esto que Jung califica a la creatividad como uno de los 5 instintos básicos.  Crear replica el acto creativo de la naturaleza y es igualmente compulsivo. (Jung, 1936)

En las palabras de Franz Marc la meta del arte es “revelar  la vida supranatural que hay tras de todas las cosas, romper el espejo de la vida de tal modo que podamos mirar el rostro del Ser”. (Jaffe.1997. p 262)

 “No es mi cabeza la que funciona en mi obra….es algo más…el espíritu de la naturaleza y el espíritu del inconsciente se hacen inseparables. Me han arrastrado a su círculo mágico…”, dice Paul Klee (Jaffe 1997 p 263)

Jackson Pollock (pintor USA) en su libro “Mi Pintura” reveló que pintaba en un especie de trance… “Cuando estoy pintando no me doy cuenta de lo que hago. Solo después de un período de “alcanzar conocimiento” veo lo que he estado haciendo. No tengo  miedo de hacer cambios, destruir la imagen…porque la pintura tiene vida propia. Trata de dejarla ir por su cuenta. …Sólo cuando pierdo contacto con la pintura es cuando resulta una mescolanza… De no ser así hay armonía pura, un sencillo toma y saca y la pintura sale bien.”  (Rev. L’Arte Moderna, vol.VII, N° 56)

El mismo Jung tuvo una experiencia similar al escribir su libro La respuesta a Job: “La experiencia de este libro era para mí como un drama fuera de mi control.  Yo me sentí apenas como la causa ministerialis de mi libro.  Toda la obra me vino repentinamente mientras convalecía de una enfermedad febril. Sentí su contenido a manera de manifestación de una divina conciencia en la cual yo participaba, lo quisiera o no”. (Jung, 1997)

De este modo, podemos decir que el artista al fin y al cabo no es tan libre en su labor creadora, como él cree. Si su obra la realiza en una forma más o menos inconsciente,  está regida por leyes de la naturaleza que en el nivel más profundo corresponden a las leyes de la psique, aunque muchos artistas nunca se dieron cuenta del peligro psicológico que hay en la inmersión mística en el terreno primordial. (Jaffé 1997.p 264).

  • Artistas y creadores: instrumentos y mensajeros del espíritu de su tiempo.

…“El artista ha sido en todos los tiempos el instrumento y portavoz del espíritu de su época. Su obra sólo puede ser entendida parcialmente en función de su psicología personal. Consciente o Inconscientemente el artista da forma a la naturaleza y los valores de su tiempo, el que, a su vez, lo forma a él.” Jaffé (op.cit)

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Leonora Carrington se pregunta: “¿El mundo que pinto? No sé si lo invento, yo creo que más bien es ese mundo el que me inventó a mí”. (Poniatowska 2011)

Para Jung el arte cumple la función de compensar la unilateralidad del espíritu de la época.  El artista, por tanto, tiene la capacidad de decir más alto y más fuerte aquello que todos saben, puesto que se conecta con el inconsciente colectivo y anticipa a la conciencia colectiva. Jung señala en Tipos Psicológicos respecto de los poetas que  “…son los primeros de su tiempo en adivinar las misteriosas corrientes que se mueven en la sombra y en expresarlas, según su capacidad individual, en símbolos más o menos elocuentes.  Anuncian así, como verdaderos profetas, lo que está ocurriendo en el inconsciente….(…) y que, en correspondencia con eso, se manifestará inevitablemente en el futuro como fenómeno general” (Jung, 1921,pag 232).  Esto significa que los artistas dan forma a un símbolo de gran importancia para el hombre, pero generalmente poseen poca consciencia de su significado, limitándose más bien a experimentar  aprecio estético por sus creaciones.   Al beber de lo colectivo, sus obras más tarde o más temprano se convierten en un fenómeno psicológico de masas. Sin embargo, es habitual que los artistas de mayor éxito sean los que logran expresar la capa más superficial de lo inconsciente, en tanto “cuanto más hondo penetre la mirada del espíritu creativo, tanto más extraño le resulta ese espíritu a la masa y tanto mayor es la resistencia contra quien de algún modo se distingue de ella”  (Jung, op cit,pag 234).

El artista toma las resonancias más hondas que pueden ser el centro de gravedad más auténtico y profundo de su tiempo. Así, la finalidad del artista moderno es dar expresión a una visión interior del hombre, al fondo espiritual de la vida y del mundo. Lo que permanece individual es la manera de representación, su estilo, sus líneas, pero el fondo es esencialmente colectivo.

  • El Surrealismo: como revelación expresiva del espíritu de la época.

Un ejemplo concreto que permite ilustrar el proceso creativo y su sentido trascendente para la conciencia colectiva es el del Surrealismo. Nos detuvimos a explorar el Surrealismo como movimiento expresivo de un momento de crisis histórica y ruptura con las formas y estructuras tradicionales del arte. Proponen un lenguaje transgresor que sólo parece incoherencia y locura, sin embargo revela el espíritu del tiempo.

Inicios del siglo XX. Es el tiempo de la gran fisura interna de la civilización occidental, se ha abierto una brecha entre la naturaleza y  la mente, entre el inconsciente y la conciencia; entre la materia y el espíritu. Es previo a  la catástrofe de la guerra europea. Es el tiempo donde Nietzsche  da cuenta del  “terrible vacío” al decir “Dios está muerto”, de la necedad de la vida y muchos intuyen que eso puede transformarse en arte…  ”El terrible vacío que descubrieron es la verdadera belleza desalmada e impasible de la materia.”, dice De Chirico, pintor italiano de esos años.

Jung también se da cuenta que este extraño y misterioso fenómeno es un hecho psíquico de su tiempo. Escribe: “sé y – expreso aquí lo que otras incontables personas saben  – que el tiempo presente es el tiempo de la desaparición de Dios”. (Jaffe, op cit.). Durante años él ha estado observando los sueños de sus pacientes, el cómo se marchita la imagen  cristiana de Dios en el inconsciente de los hombres modernos. Es la pérdida del factor supremo que da vida a un significado.

Sin embargo, De Chirico  fundador de la llamada “pintura metafísica” dice: “pero el aparente vacio está lleno de significado. Todo objeto tiene dos aspectos: el aspecto común que es el que vemos y todos ven y el aspecto fantasmal y metafísico, que solo ven raras personas en momentos de clarividencia y meditación metafísica. Una obra de arte tiene que contar algo que no aparece en su forma visible”. Sus pinturas son perturbadoras, oníricas . Como dice Jaffé: “en su esfuerzo de encontrar expresión artística del vacío, penetró hasta el meollo del dilema existencial del hombre contemporáneo.”

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Al buscar en los objetos más burdos y toscos y elevarlos al rango del arte de los artistas modernos se está siguiendo fielmente la doctrina de los alquimistas según la cual “la búsqueda del objeto precioso ha de hacerse entre la basura” . (Jaffé op.cit.)

Kandisnsky expresa la misma idea cuando dice: “Todo lo que está muerto, palpita. No solo las cosas de la poesía, estrellas, luna, bosque, flores sino aun un botón de calzoncillo brillando en el lodazal de la calle…Todo tiene un alma secreta que guarda silencio con más frecuencia que la que habla”…(Jaffé op.cit. p254)

Los artistas estaban proyectando parte de su psiquis. Era una forma de proyectar su propia oscuridad, su sombra terrenal en la materia o los objetos inanimados;  un contenido psíquico que ellos y su tiempo habían perdido y abandonado.

Interpretado psicológicamente,  ese espíritu es el Inconsciente. Éste siempre se manifiesta cuando el conocimiento consciente o racional ha alcanzado sus límites y el misterio se instala en él, porque el hombre tiende a llenar lo inexplicable y misterioso con los contenidos del inconsciente. Suele proyectarlos , como si dijéramos, en un recipiente oscuro y vacío. (Jaffe, op cit.p 254)

Leonora Carrington, pintora surrealista (Poniatowska, 2001) habla en sus inicios sobre el proceso creativo y respecto de Max Ernst, gran pintor y su pareja: “Max confronta a sus maestros. Se apropia de las obras del pasado y las profana. Dibuja encima de los clásicos y los viola. A partir de ellos dispara su propia inventiva. No pide prestado. Se apropia, corta, mutila, disloca, embarra. Todo es suyo para hacerlo como quiere. “Hay que tirar la Venus de Milo de su pedestal” dice Ernst.

Así, desde un vértice absolutamente marginal ponen el arte al servicio de la imaginación y dejan a través de sus obras, hablar el Inconsciente colectivo.       Como lo describe magistralmente Poniatowska: “En vista del crimen y la imbecilidad de los ejércitos, los seguidores de Breton, de Lautreamont eliminaron la razón y se abrieron al mundo del inconsciente… El surrealismo se transforma así en la revolución permanente, esa  que empieza por uno mismo, como ellos mismo dicen. La poesía se volvería carne y sangre como lo pedía Eluard, los hombres y las mujeres, los ancianos y recién nacidos vivirían al borde de sus sentidos, destruirían al ejército, las cárceles, los burdeles y sobre todo las iglesias. Ahora sí la respuesta la tenían los pintores, los escritores, los experimentadores, los inspirados, las musas que seguían a los creadores, los que no tienen miedo a mostrarse desnudos y los niños que se avientan al vacío colgados de un paraguas…” (Poniatowska,op cit. pp:68-69)

  • El proceso de Crear: Regresión al Inconsciente.

 Si bien Jung no realiza explícitamente esta asociación respecto del proceso creativo, nos pareció importante considerar la creatividad desde la óptica de los dos movimientos de la libido que Jung describe en “Símbolos de Transformación”(Jung. 1982).  En él señala que la vida humana transcurre entre dos movimientos: Hacia la adaptación, la progresión de la energía, y hacia el inconsciente, para la renovación de la actitud consciente. La regresión implica un retorno hacia el inconsciente, hacia las imágenes arcaicas y estados más infantiles, donde se produce la activación de la función trascendente y la emergencia de un símbolo capaz de renovar la actitud consciente.

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La regresión ocurre cuando la actitud de la conciencia ya no resulta adaptada a la realidad externa o interna, y es vivida con sentimientos de estancamiento, falta de sentido, incluso depresión. Dado que los opuestos se polarizan, la vivencia de conflicto aumenta y ninguna solución es vivida como satisfactoria. Tal vez sea éste el estado que anticipa los estados creativos de muchos artistas y también de muchas personas en su camino de individuación. Especialmente porque uno de los rasgos que caracteriza a los creadores es una cierta rebeldía u oposición a las normas colectivas, un estado de insatisfacción con lo común y ordinario.  Es frecuente que esta insatisfacción vaya asociada a una dificultad para adaptarse a las exigencias del entorno. (Jung, 1921)

  • Los peligros en ambos movimientos

El peligro de este proceso se ubica en dos momentos.  Por una parte, no sostener la tensión de los opuestos, y aferrarse a una forma de adaptación.  Negarse a la renovación del alma.   A veces por no tolerar el sufrimiento que conlleva esa tensión, otras veces por miedo a enfrentarse a la muerte, la depresión o a la locura, con la que a veces se relaciona la inmersión en el mundo inconsciente. Cuando esto ocurre, aferrarse a una forma de adaptación, uno de los opuestos se disocia y reprime, entonces se produce la neurosis. La persona se rigidiza y se asocia a la conciencia colectiva, adaptándose a la masa.  No obstante, cuánto más se masifica, más el mal se filtra en su conducta.  La sombra se hace presente cuánto más se reprime un aspecto de la psique. Byngton lo definiría como  defensas normopáticas, priorizar la adaptación al colectivo en perjuicio del proceso de  individuación.(Byingtyon, 2008)

Por otra parte, el peligro en relación a la regresión,  es el de quedarse atrapado en el inconsciente, en el mundo de las madres, en ese espacio más infantil. Se requiere de un yo fuerte, firmemente arraigado a la vida para poder activar el arquetipo del héroe, sacrificando la comodidad, el mundo ideal y volver a abrazar la vida de una nueva forma. Jung señala en Símbolos de Transformación que “Este mundo sólo está vacío para quien no sabe orientar su libido hacia los objetos, otorgándoles vida y embelleciéndolos.  Así, lo que fuerza al hombre a buscar un sucedáneo dentro de sí mismo (como Miss Miller quedarse en la fantasía), no es la carencia de objetos exteriores, sino su incapacidad para abrazar con amor algo que está fuera de él”.  Las dificultades del mundo real no pueden hacer retroceder la libido de manera permanente, sólo el conflicto interno, la resistencia que opone el no querer al querer. Es en este caso cuando la regresión se vuelve defensiva y deviene en una fijación, la persona se  resiste a la renovación y se queda en un estado de indiferenciación.

  • Arquetipos Matriarcal y Patriarcal en el proceso creativo

Queda claro, por lo ya dicho, que Jung asocia la creatividad con lo materno primordial: “el proceso creativo tiene una cualidad femenina, y el trabajo creativo surge de las profundidades inconscientes – podemos decir con veracidad surge del ámbito de la madres” (Jung, pár. 158, 1922).

Al respecto, es interesante considerar el aporte de Neumann, quien distingue dos tipos de procesos creativos, dependiendo si el mayor énfasis está en el arquetipo de la madre o del padre.

Si predomina el arquetipo matriarcal, la fantasía, la inspiración, las ideas repentinas constituyen la influencia dominante.  El resultado es una productividad espontánea del inconsciente (similar a la creatividad visionaria de Jung).  La activación del inconsciente es procesada “bajo la forma de un crecimiento interno, preñez y parto e incluso como una invasión o inundación en la que el inconsciente asume el papel rector”. Para Neumann una personalidad de este tipo estaría caracterizada por un ego comparativamente menos desarrollado, que juega el rol más de acompañante que de modelador activo de los contenidos que emergen del inconsciente. Y la amenaza sería la posesión por el caos inherente al inconsciente colectivo (superabundancia de sentidos).

Si predomina el arquetipo del padre, la creatividad conlleva a la acentuación de aquellos aspectos de la materialidad que están ligados a la afirmación y al desarrollo de la psique consciente, a la celebración del principio luminoso y del héroe; es una glorificación de los aspectos más elevados del canon cultural. El peligro de esta dominancia está en la rigidez de su propia naturaleza, que lo liga indefectiblemente al ethos (costumbre), a la voluntad de la mente consciente, al orden, a la ley y las formas estrictas. Este tipo de proceso creativo estaría más asociado a la consciencia y a la adaptación al colectivo.

En este punto, Byington (2008) es más tajante respecto del rol del colectivo en la creatividad.  El observa una disminución progresiva de la ésta a medida que nos insertamos en la sociedad, nos colectivizamos y vemos obligados a adaptarnos orientándonos a la tarea.  La creatividad queda automatizada, enyesada, pierde su espontaneidad e individualidad.  La disminución de la creatividad en el desarrollo tiende a despersonalizar al ser humano y dificulta su diferenciación en el proceso de individuación. La alternativa a este estancamiento es el trabajo creativo, lo que preserva la espontaneidad y la individualidad es la capacidad de jugar. La creatividad vincula el juego y la tarea, siempre que en ella exista placer y amor por lo que se hace. Según Byington (2008, pp. 95) “El trabajo creativo mantiene a la persona enraizada en su individualidad profunda dentro de la socialización y evita su masificación”.  Por tanto, el trabajo creativo permite mantener la tensión eficiente entre estos dos opuestos: la adaptación al colectivo y la individuación.  Esta mirada contempla la creatividad no sólo de los grandes genios del arte, sino como una función presente en todo ser humano.

A partir de todo lo anterior, queda en evidencia que la mejor expresión creativa sería aquella que resulta de la integración de los principios materno y paterno.  Es decir de la combinación entre la inspiración y la elaboración consciente, lo objetivo y subjetivo, la realidad interna y externa.  El equilibrio coordinado de ambos patrones de consciencia, permite  la eterna danza de orden y caos.  Si existe un desequilibrio o polarización extrema de alguno de estos principios, entonces surge la patología. 

Si sólo predomina lo matriarcal, existe el peligro de que el ego pueda ser devorado por el caos y sucumbir a la psicosis.  Si existe sólo el predominio de lo patriarcal, la adhesión a la norma y al orden puede llevar a la esterilidad a la vida psíquica, y si se vuelve defensivamente rígida, favorecer entonces la irrupción del inconsciente, abatiendo al yo.

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4.- Diferenciando  Patología de Creatividad: esa delgada línea roja

Aún persiste la pregunta: ¿Cómo estimar si una obra artística, una creación, es un producto patológico o una obra de arte?

Jung nos dice: …”Cuánto más profundamente en el inconsciente penetra el espíritu creativo, menos comprensible, menos capaz se vuelve la consciencia de aprehender su contenido y en este punto, según Jung, se hace difícil discriminar si un producto es patológico o si es incomprensible a causa de su especial profundidad. Es muy difícil saber si un contenido de este tipo es considerado patológico porque es mal comprendido por la conciencia, o es posible también que en un contenido patológico haya igualmente una significación profunda para el alma individual y colectiva. Además, es frecuente que algunas creaciones adquieran un matiz mítico, arcaico, que hace que tengan un regusto grotesco, desagradable que impida la empatía respecto de la obra”(Jung, 1921, p. 207).  Todo esto se ve claramente en los artistas del Surrealismo y también explica que muchos grandes genios sólo reciban reconocimiento póstumo.

Por otra parte, Neumann (op.cit) hace una distinción entre la creatividad y la locura. Al respecto escribe: “Cuando decimos que un individuo es creativo en oposición a la patología, nosotros estamos pensando en una persona que, a pesar de su constelación psicológica inusual y a pesar de las dificultades que muestra en hacer una adaptación a las normas colectivas, produce una obra o un trabajo que resulta ser una expresión de su propia auto-realización y, que a la vez, resulta significante para la especie humana como un todo. Resulta, por demás, indiferente si sus contemporáneos puede comprender y aceptar o no comprender y negar un trabajo de este tipo”. Neumann por tanto, alude a aquellos grandes creadores, cuyas obras revelan su propio proceso de individuación y cuyo sentido trasciende la opinión colectiva y la época en que surge. Destaca especialmente la dimensión de sentido para la humanidad, la orientación prospectiva de estos símbolos más allá del ámbito personal sino del desarrollo de la conciencia humana global.

…“El poeta descubre lo oculto a través de un largo, inmenso y razonado desarreglo de nuestros sentidos. Hay que buscar todas las formas del amor, del sufrimiento, de la locura y agotar todos los venenos para conservar sus quintaescencias; lograrlo  es una tortura inefable para la que  se necesita  una fuerza sobrehumana. Ante los demás te conviertes en el gran enfermo, el gran criminal, el gran maldito, el Sabio Supremo y llegas a lo desconocido! Esto solo lo consiguen quienes ya de por si tienen un alma rica, la cultivan y no tienen miedo a enloquecer.” (Rimbaud. Carta del Vidente)

  • Psiquiatría clásica, Creatividad  y Despertar espiritual

Cabe precisar  dentro de este análisis, el hecho que no podemos obviar que siempre hay un sistema de creencias, un paradigma oficial que define, encasilla o diagnostica los fenómenos humanos y parece importante detenerse a conocerlos para distinguirlos.

Por años la Psiquiatría clásica ha denominado psicosis  a ciertos desórdenes mentales, estados y procesos de la mente que conllevan la emergencia de contenidos bizarros o alejados de la realidad concreta, acompañados de visiones o alucinaciones “delirantes” entre otros fenómenos.

Por años, incluido el tiempo de Jung, la presencia de estos cuadros se identificó con lo que en la época  llamó “locura”. Se los consideró, como anomalías del cerebro, de origen posiblemente bioquímico o de patologías orgánicas o sistémicas, por tanto fueron vistas como una “enfermedad mental” con un conjunto de síntomas asociados que además implicaba una alteración del juico objetivo de la realidad y por tanto una incapacidad para adaptarse a ésta. De ahí que

Grof (1998) diga: “la salud mental desde esa perspectiva, sería  un estado de congruencia perceptiva y cognoscitiva con la visión mecanicista del mundo.”

Así, toda manifestación que se alejara de esos criterios de “normalidad” fue considerada por ende patológica y se agrupó fundamentalmente en la categoría de Psicosis. En esta línea, experiencias descritas desde los místicos, los artistas o los propios estudiosos de la mente, han sido conceptualizadas como distorsiones psicóticas graves de la realidad objetiva por tanto procesos patológicos.

Sin embargo, actualmente, no hay acuerdo sobre la naturaleza y etiología de los procesos psicóticos, ni siquiera unanimidad en su diagnóstico. Hoy,aunque siga vigente, se ha puesto en duda,  la visión mecanicista y se opta por la naturaleza relativa de normalidad o salud, incorporando también el factor cultural y trascendente, dado que en determinadas culturas, fenómenos considerados tradicionalmente como patológicos desde la psiquiatría occidental, no sólo no lo eran sino más aún eran manifestaciones profundas de espiritualidad, o procesos creativos y de transformación.

  • Aportes desde la Psicología Profunda y la Psicología Transpersonal

Desarrollos desde la Psicología fueron ampliando esta visión desde el modelo médico mecanicista para mirar dichos fenómenos como una respuesta conflictiva frente a problemas de la vida o modos de enfrentar el mundo, integrando así una visión de orientación biográfica, filosófica o incluso espiritual.. También se fueron considerando factores sociológicos que generaban dinámicas intrapsíquicas complejas.(Grof, 1998)

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Por otra parte desde la concepción del Inconsciente  colectivo y lo arquetipal, se ofrece una alternativa poderosa y más prometedora al modelo médico mecanicista que permaneció como única explicación a los tradicionalmente llamados fenómenos “psicóticos”. Y Jung mismo  lo demostró  al querer ir más allá, y conocer y acompañar el desarrollo de los procesos de sus pacientes, Babette, Sabine o Toni.

Posteriormente surge otra  perspectiva  desde la  psicología transpersonal donde se  amplía aún más, esta visión restringida de “enfermedad mental”. En ella se le da  valor positivo a los procesos llamados “psicóticos” como estados inusuales de conciencia, como esfuerzos para solucionar o trascender ciertas dificultades en el proceso de desarrollo individual.

Actualmente resulta cada vez más evidente que el anhelo de trascendencia y la necesidad e impulso  hacia el desarrollo interno y hacia la vida y la creación son aspectos fundamentales y normales de la naturaleza humana, tanto como el impulso al desarrollo físico.   (Grof  1998).

Así, muchos episodios difíciles y críticos en la vida, donde las personas  entran en estados especiales o no ordinarios de conciencia pueden ser considerados como crisis de transformación espiritual o aperturas a nuevas dimensiones del ser.

Estas experiencias tormentosas se han descrito repetidas veces tanto en el proceso creativo de muchos artistas, como en la literatura sagrada de todas las épocas. En todos ellos se van produciendo una intensa familiaridad con los territorios de la psique y  al final estos procesos pueden revelar un funcionamiento superior y una “elevada cordura” más que inadaptación o locura.

¿Por qué entonces en otras culturas a lo que nosotros en occidente hemos  llamado estados psicóticos, se les considera como curativos y transformadores?

Esta mirada entonces nos hace conectar, estados tomentosos de la psiquis con creatividad y con espiritualidad. Esa conexión se hace imposible desde el paradigma mecanicista propio del mundo moderno donde en general los valores espirituales han sido ampliamente ignorados y reemplazados por consideraciones materialistas científicas. Lo “normal” es lo que está dentro del paradigma y se puede explicar desde el paradigma. Sin embargo el impulso al desarrollo de la conciencia colectiva nos impulsa a romper esa fisura y buscar más allá. Pero eso implica romper, transgredir el modelo, por tanto “estar locos”.

Grof (2001 op.cit) producto de sus investigaciones, rigurosamente científicas, distingue y puede llegar a identificar y distinguir lo que configura una psicosis, y lo que él llama un despertar espiritual. El acuña el término de “emergencias espirituales” y desarrolla toda una línea  terapéutica y de atención a pacientes orientada a diferenciar ambos estados. (Grof.op.cit)

El describe las “emergencias espirituales” como “fases críticas y difíciles de la experiencia que conllevan una profunda transformación psicológica que involucra a todo el ser. Adoptan la forma de estados no ordinarios de conciencia, (por eso desde la psiquiatría se han considerado psicóticos.)”…Estos estados implican fuertes emociones, visiones, cambios sensoriales, pensamientos extraños así como diversas manifestaciones físicas. Dichos episodios a veces giran alrededor de temas espirituales; pueden incluir secuencias de muerte y renacimiento; experiencias que parecen recordar otras vidas; vivencias de unidad con el universo, encuentro con seres mitológicos u otros motivos mágicos. Estos contenidos nos hacen recordar la experiencia de Jung descrita en el Libro Rojo.

De este modo, dichos contenidos descritos por Grof para las “emergencias espirituales” a la luz de la psicología analítica pueden considerarse símbolos o experiencias arquetípicas.

Para Jung: las experiencias que involucran las dimensiones arquetípicas de la psique comunican un sentido de “sacralidad” o de “numinosidad”, la experiencia se vive como sagrada, divina o fuera de lo común.

Para Grof (2001 p66) cuando se permite que esos contenidos inconscientes, portadores de gran carga emocional, salgan a la superficie, se experimenten intensamente y se asimilen a la conciencia, pierden el poder de influirnos negativamente. (Este proceso es el objetivo central de la psicología profunda).

A veces la cantidad de material inconsciente que surge desde los niveles profundos de la psique puede ser tan grande y tan intenso que la persona  puede tener dificultades a la hora de funcionar en la vida cotidiana. (Así tuvo que hacerlo Jung , al retirarse de Burgholzi). Sin embargo, en ocasiones, a pesar de esas manifestaciones extraordinarias, ese tormentoso episodio es básicamente un intento del organismo de simplificar su funcionamiento para descargarse de viejas huellas y programas y poder sanarse a si mismo conectándose con otras dimensiones del Self. (Grof 2001 pp67)

Sin embargo,  las modificaciones de la conciencia en personas que entran en un proceso creativo o un despertar espiritual son cualitativamente distintas a aquellas asociadas con las psicosis de corte orgánicos (Grof 2001 Cuadro pp 307-308)

Un punto central para distinguirlas, tiene que ver con la capacidad de diferenciar en un grado considerable entre las experiencias internas y el mundo de la realidad consensual.

Las personas en un estado tormentoso del ser (o emergencia espiritual, sg Grof) están conscientes que sus cambios en su mundo de experiencias se deben a su propio proceso interno y no son consecuencia de acontecimientos del mundo externos. El uso de mecanismos de proyección que niega las experiencias propias atribuyendo a influencias de otras personas o circunstancias  es un elemento importante a considerar para un diagnóstico diferencial.

Ver la diferente actitud hacia el proceso interno y como relatan la experiencia nos permiten distinguir lo que puede ser psicótico, o de naturaleza creativa o espiritual…

………

Tomemos como ejemplo dos momentos de Leonora Carrington, pintora surrealista. (Tomado del libro: “Leonora” de Eliana Poniatowska. P: 68)

Ella habla de lo que le sucede internamente y se compara con Max Ernst:

“Leonora: “La verdad, jamás me habría atrevido a buscar en mi inconsciente lo que él encontró en el suyo. Tengo numerosas imágenes que escondo para que no me descubran…Lo que hace Ernst me aterra… siento que me ronda la locura y no sé cómo voy a cerrarle la puerta…– “No se la cierres…- le dice su amiga escritora,- “si no eres fiel a tu instinto te vas a perder….Hay que ser subversiva”

En otro momento dice:

“Quiero mantener viva mi alma y si no lo intento  me habré perdido. Tengo algo especial adentro, mi materia quizás se disuelva o quizás me quemo hasta volverme vapor o me enfrío como un hielo que quema- porque los extremos se tocan y el hielo quema tanto como la lumbre; pero si sigo aquí,…no seré más que tu  proyección” ( Poniatowska 2011. p280)

La persona puede estar aturdida y confundida por la cantidad de experiencias y procesos mentales  que le parecen extraños, pero a la vez está claramente consciente que el proceso es interno y manifiesta voluntad para expresarlo, preguntar o pedir ayuda.

En el segundo momento (el estado realmente patológico), la persona es tomada por el inconsciente sin la capacidad de introspección básica que le permita comprender que la situación tiene que ver con su propia psique. En esos casos incluso verán a sus terapeutas o cercanos como enemigos potenciales.

Otro texto Leonora nos ilustra: Ella durante la guerra queda sola, sin Mark Ernst y deambula sin rumbo hasta enloquecer. Termina internada en una clínica psiquiátrica en España donde la llevan unos amigos. Allí la tratan con Cardiazol, recibe electroshocks y en ese momento su mente está perdida y fusionada. No distingue el origen interno y externo de sus percepciones.

“Tranquilícese, solo intento ayudarla, le dice su médico: y le pregunta. Cuando empezó a menstruar?

Ella responde: Europa transformó mi sangre en energía. Mi sangre es femenina y masculina a la vez, es microcósmica, forma parte del universo porque es el vino que le doy de beber a la luna y el sol. Antes yo hacía vino, se todo de las vides y así como pise las vides, machacaré a los alemanes en Francia, en España e Inglaterra. … porque yo tengo la solución para terminar la guerra y derrotarlos…que este hombre superior, dios, medico, analista me deje en paz…Tengo que reflexionar y encontrar la fórmula. Ayer estuve a punto de dar con ella…”Luego vocea a todo pulmón sus ideas acerca de cómo terminar la guerra… (Poniatowska  2011. p211)

  • Nuevas formas de tratamiento y abordaje de los fenómenos  llamados tradicionalmente  “psicóticos”

Desde las experiencias de Jung, la Psicología Profunda y los aportes de la Psicología Transpersonal de Grof y otros, surgen así  posibilidades de un enfoque diverso y no represivo de ciertos fenómenos asociados tradicionalmente a la psicosis.

SI los fenómenos llamados tradicionalmente psicóticos por la medicina mecanicista, se comprenden debidamente y se tratan con la ayuda psicoterapéutica necesaria pueden inducir a un  proceso de curación o sanación, de transformación de la personalidad, de desarrollo creativo  y/o evolución de la conciencia.

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En vez de reducir los síntomas a inhibir los procesos psicológicos en curso, intentan crear una estructura de soporte y alentar al paciente para que experiencia con la mayor plenitud y el menor miedo posible, sus síntomas (sombras).

Técnicas que intensifiquen o aceleren el proceso en un espacio de seguridad y protección, ojala, conduciéndolo a la resolución positiva, como lo han hecho por siglos las tradiciones sagradas o  como lo hace hoy la psicología experiencial profunda.

Se ha observado cómo muchos pacientes calificados masivamente como psicóticos están llevando procesos extraordinariamente creativos y potencialmente curativos de autodescubrimiento, integración de sus sombras y evolución de la conciencia. (Grof 2001)

El enfoque tradicional represivo desde el modelo médico puede paralizar este proceso potencialmente beneficioso y entorpecer su resolución victoriosa, convirtiendo la situación en crónica con necesidad de medicación a largo plazo, con sus consiguientes efectos secundarios. Claro ejemplo es el de  Leonora Carrington que fue tratada con Cardiazol y electroshocks y le costó muchos años volver a  ser la artista que era, o quizás nunca más lo logró.

Conclusiones:

Concluimos un trabajo amplio, con un tema que a ratos parecía inabordable por lo extenso y complejo. Hoy hemos intentado entregar a ustedes al menos un esbozo de su riqueza.

Esperamos con este trabajo, hacer un aporte a la reflexión, diferenciación y  alcances de los procesos creativos en distintas disciplinas, observar su  relación con la irrupción de procesos psicóticos y a la vez, la necesidad del hombre por una búsqueda más profunda y trascendente.

La comprensión del fenómeno de la creatividad y el proceso de encuentro con el inconsciente vivido por el propio Jung, sus pacientes y además muchos artistas, nos dan cuenta de la intensidad y fuerza de esa experiencia.  Pero a la vez nos conectan con las dimensiones profundas de la psique con las que podemos encontrarnos,  alcanzando y trascendiendo a  nuevos niveles de integración del ser.

Esta nueva mirada nos  abre también la posibilidad de estar atentos en el trabajo psicoterapéutico, a la emergencia de procesos y contenidos del inconsciente, sin patologizarlos a priori sino  más bien, abordarlos sin temor y sin intentar frenarlos, solo creando el espacio de soporte y contención para que ellos se desplieguen hacia una salida creativa, transformadora y fortalecedora del yo y de su manejo en el mundo.

Por otra parte, notamos que:

La psique es creativa al producir símbolos de gran significado existencial para el individuo y para el colectivo.

El ser humano , cada vez que crea, se conecta con esa energía primordial, de los comienzos de la creación.  Revive la expresión más pura de la naturaleza. Si es un instinto, entonces, es compartido, es humano.

Atender al impulso creador, escuchar la vocación, escuchar la inspiración. Porque al dar forma a estos símbolos, ampliamos nuestra capacidad de elaborarlos y generar sentido en nuestra existencia. Al encarnarlos, podemos dialogar con ellos. A veces es una tímida voz, otras veces, un llamado a gritos.

El ego realiza un rol importantísimo, pues es quien sostiene la tensión de los opuestos, al vivenciar la experiencia de transformación que implica entrar en el vientre de la ballena, disolverse para volver a formarse (vivir la transmutación alquímica), y  traer un nuevo sentido a la realidad.

El ego requiere de valor y de cautela, requiere no caer en el miedo defensivo a los contenidos del Inconsciente, ni tampoco menospreciar los riesgos que conlleva, ya que las obras creativas traen a la luz símbolos del Self, de la totalidad.

El que algunos creadores se conviertan en genios, cuyo talento expresa símbolos capaces de compensar la unilateralidad colectiva, es un misterio. No obstante lo cual, la belleza creativa se expande en lo grande y en lo pequeño, en la obra de arte de la propia individuación.

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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Cameron, J. (2002[2007]). El camino del artista. Buenos Aires: Troquel.

Grof, S. (1998). Psicología Transpersonal: nacimiento, muerte y trascendencia  en psicoterapia. Barcelona, Kairós.

Grof, C. (2001). La tormentosa búsqueda del ser: una guía para el crecimiento  personal a través de la emergencia espiritual. Barcelona, La Liebre de Marzo.

Jaffe, A. (1997). El simbolismo en las Artes Visuales. En C. G. Jung, El hombre y    sus símbolos, pp 230- 270. Barcelona, Paidós.

Jung, C.  (1963 [1998]). Símbolos de transformación. Barcelona, Paidós

Jung, C. (1997). El Hombre y sus símbolos. Barcelona, Paidós.

Jung, C. (1964 [2008]). Recuerdos, sueños y pensamientos. Barcelona, Seix Barral.

Jung C. G. (1921[2013]). Tipos psicológicos, OC 6. Madrid: Trotta.

Jung, C. G. (1936[2004]). Determinantes psicológicos del comportamiento humano. En C. G. Jung, La dinámica de lo inconsciente, OC 8 (pp. 117-128). Madrid: Trotta.

Jung, C. G. (1922[2007]). Sobre las relaciones de la psicología analítica con la obra de arte poética.  En C. G. Jung, Sobre el fenómeno del espíritu en el arte y la ciencia, OC 15 (pp 57-75). Madrid: Trotta.

Jung, C. G. (1932[2007]). Picasso.  En C. G. Jung, Sobre el fenómeno del espíritu en el arte y la ciencia, OC 15. Madrid: Trotta

L’Arte Moderna (1967). Dalla Metafisica al Surrealismo. Milano, Fratelli, Fabbri 1967. Vol. VII, N° 55 al 62

Poniatowska, E. (2011). Leonora. Barcelona, Seix Barral.

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