La IAAP en la mitad de la vida – Murray Stein

Murray Stein

Murray Stein estudió en la Universidad de Yale, en el Instituto C. G. Jung de Zurich y en la Universidad de Chicago. Docente de esta última universidad. Expresidente de laInternational Association for Analytical Psychology (IAAP). Entre sus numerosas publicaciones se hallan Practising Wholeness (1966), Transformation: Emergence of the Self (1998), la rigurosa colección Jungian Analysis (1995) y el reciente libro traducido al castellano El mapa del alma según Jung (2004). Las siguientes fueron las palabras de despedida durante el XVI Congreso Internacional de Psicología Analítica, Barcelona, España, Septiembre 2004. Correo electrónico: murraywstein@cs.com

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Es un honor el que se me asignara tiempo en este congreso para expresar algunos pensamientos personales. Quiero señalar que estas reflexiones son exclusivamente personales, aunque recogen muchas conversaciones sostenidas a nivel individual. Les pido tener esto presente. Yo asumo plena responsabilidad por estas reflexiones que quizás les pueden molestar, o tal vez les lleve a pensar en dónde está la IAAP hoy en su vida corporativa y para dónde va.

Como presidente del IAAP en los últimos tres años, he estado parado en los hombros de los diez presidentes anteriores: Luigi Zoja, Verena Kast, Tom Kirsch, Hans Dieckmann, Adolf Guggenbuhl-Craig, Gerhard Adler, Joseph Wheelwright, Franz Riklin, Robert Moody, y C.A. Meier. La visión ha sido extraordinaria; desde esta elevación puede verse a lo lejos y en retrospectiva. Yo los nombro al evocar la dimensión de nuestra historia institucional y agradezco a estos espíritus ancestrales. El recuerdo de su dirección me fortaleció mientras estaba como presidente. Los consejos y buenas palabras de quienes están vivos han sido los más útiles. Debo agradecer particularmente a mis inmediatos precursores Luigi Zoja, Verena Kast, y Tom Kirsch, por su ayuda en varias ocasiones críticas durante estos años. También he hablado con Hans Dieckmann y Adolph Guggenbuhl-Craig y he recibido sus valiosas opiniones provechosas. Cuento con todos ellos como buenos amigos.

En 2005, la IAAP cumplirá cincuenta años de edad, lo que no representa una larga historia larga en estándares institucionales, pero tampoco es un tiempo insignificante. La IAAP fue fundada en el 80º cumpleaños de Jung, en julio 26 de 1955, y le fue ofrecida a él como regalo. En las Minutas de la Reunión de Fundación de la IAAP se lee que el Dr. C.A. Meier dijo: «La Fundación de una Sociedad de Analistas Junguianos debe ser el más preciado regalo para el profesor Jung con ocasión de su cumpleaños». Y en efecto lo era. El profesor Jung aceptó el título de Presidente Honorario con el que fue reconocido en la IAAP hasta su muerte.

En el medio siglo que ha pasado desde entonces, numerosos analistas han servido en las oficinas de la IAAP y en los Comités Ejecutivos, en Programas y Comités de Organización de los Congresos, y en puestos claves como los del Redactor de Noticias, de Webmaster, y Delegado. Como resultado de sus labores y generosas contribuciones y la cooperación de todos los miembros, la IAAP es hoy un cuerpo próspero, vibrante y dinámico. Ha alcanzado un considerable nivel de madurez y de individuación (si podemos utilizar el término en relación con asociaciones como ésta).

Como cuando uno se acerca a los 50 años, es bueno hacer un alto en el camino y considerar de dónde hemos venido, dónde estamos actualmente, y hacia dónde podemos estarnos dirigiendo. Parece un buen momento para reflexionar en los temas de la mitad de la vida y en la importante y necesaria transformación de la actitud y de la personalidad que pueden ocurrir cuando uno pasa por esta fase de la vida. Hagamos el ejercicio de pensar la IAAP «en mitad de la vida».

Dando una breve mirada del mundo de hoy, ¿cómo vivimos y trabajamos en él la mayoría de los psicólogos analíticos? Luigi Zoja hizo su discurso presidencial hace tres años en Cambridge, Inglaterra, un par de semanas antes del 11 de septiembre de 2001, hoy denominado simplemente como «9/11». En su discurso inaugural, cuestionó la premisa que consideraba entonces que el vigésimo primer siglo sería un siglo de creciente unidad entre los pueblos del mundo, una Edad de Acuario, en el sentido popular. Mientras que Europa podría verse como la unión, y la globalización como una tendencia a una especie de monocultura en la diversidad humana del mundo, él anotó que mucha energía se estaba dedicando tanto a la división como a la unificación. Desde el “9/11″ esto ha llegado a ser radicalmente más evidente, y este Congreso de la IAAP se ha dedicado a los «límites de la experiencia» en donde las diferencias pueden fácilmente convertirse en fracturas, y el desconocido «otro» inmediatamente se convierte en el enemigo.

Después del «9/11», el mundo parece bastante diferente, con tendencias totalitarias (¿la «unificación»?) que amenazan asumir el control incluso en «la tierra de la libertad y el hogar del valiente», a saber Estados Unidos, que se ha enorgullecido siempre en honrar el valor de lo político, lo religioso, lo económico, y otros tipos de libertad. Lo que experimentamos hoy en muchas partes del mundo no es exactamente un clima amable para ningún tipo de psicoterapia, ni siquiera con un enfoque como el nuestro que coloca la prioridad del individuo sobre lo colectivo. Éste es un tipo de unificación que engendra la división y la polarización, al insistir en la uniformidad y exigir conformidad con las normas grupales. Eso constela lo contrario, la necesidad de la individualidad y de la libre expresión.

Si la sociedad en general incorpora otra «era de oscuratismo «, como algunos de nuestros colegas han previsto, ¿no amenazará la esencia y existencia mismas de la psicología Junguiana? Podemos notar tendencias en una dirección totalitaria con efectos extremadamente destructivos en nuestra vida colectiva, incluso dentro de nuestros propios Grupos Miembros e institutos de entrenamiento. Más de lo que creemos, somos una parte del Zeitgeist, y nuestras formas de gobierno y nuestras actitudes son formadas sutilmente por el colectivo, mediante sus miedos y ansiedades y fundamentalmente por sus «defensas del sí-mismo». He escuchado a muchos compañeros decir que se sentían profundamente cuestionados acerca del valor de la Psicología Analítica en la formación e influencia de las estructuras profesionales que estamos desarrollando en este tiempo. La pregunta preocupante es: ¿Somos nosotros los analistas mejores en algún sentido, en la dirección y el manejo político que miembros de otras organizaciones con menos entrenamiento y menor desarrollo psicológico? La evidencia no está a favor nuestro. Esto lo hace a uno entrar en razón. ¿Qué podemos ofrecer al mundo si no podemos siquiera manejar nuestros propios asuntos institucionales que son comparativamente menores?

Puede estarse dando el hecho de que el enemigo de la individuación se haya inatroducido subrepticiosamente en nuestra propia psique colectiva, y a los 50 años debamos enfrentar una figura interna de gran alcance, orientada hacia nuestra destrucción. Parecería que en muchos Grupos Miembros de la IAAP, Eros ha desaparecido y la voluntad de poder ha tomado el mando. Cuando la gente pierde su visión, Eros huye y la energía de poder llena el vacío. Luigi Zoja concluyó su presidencia en Cambridge con estas palabras: «La Psicología Junguiana es el principal instrumento que hemos adquirido para la comprensión de la trágica tendencia humana a la división. No debe permitirse que se convierta en un factor de división en sí misma» (Cambridge, p. 760). ¿No ha sucedido esto ya? Las mismas herramientas que obtenemos en el entrenamiento para promover la individuación en nuestras prácticas clínicas se han convertido a menudo en armas contra nuestros rivales y competidores profesionales en las políticas institucionales. La Individuación se ha confundido con individualismo y su profunda necesidad de reconocimiento y de deseos narcisistas, a expensas de la totalidad.

¿La verdadera individuación se está volviendo intolerable? La libertad para explorar, crecer, y descubrir nuevas respuestas para las viejas preguntas, llega con un alto costo de construir contenedores basados en una merecida confianza que pueda resistir grandes presiones que vienen de muchas direcciones. Quizás el precio es demasiado alto, y como resultado, los grupos se fragmentan. ¿Es posible tolerar diversas opiniones sobre la dirección sin satanizar a las personas que las expresan? ¿Somos capaces de negociar tales diferencias y encontrar soluciones que no satisfacen completamente a nadie pero que contribuyen al bien común? No tenemos un buen expediente. Al envejecernos, los hábitos se tornan en actitudes rígidas, y los miedos aumentan al ver que ya no funcionan los métodos que antes funcionaban muy bien. El arquetipo de la renovación se desvanece en el olvido, y se convierte en un sueño olvidado. Los jóvenes parecen trágicamente inferiores a sus mayores, y el futuro aparece como una perspectiva desalentadora en urgente necesidad de la sabia dirección de un padre. Las sombras cuelgan pesadamente en el aire y flotan por todas partes, asustando incluso al joven osado y al pionero valeroso. La necesidad ansiosa del control del ego tiene fe triunfante en el Sí-mismo, y éste nos dirige directamente a la partición y a la fragmentación.

Permítanme presentarles una breve «historia de caso» de la IAAP. La Asociación fue concebida y llevó en su interior la matriz psíquica de los estudiantes más cercanos y de los colegas de Jung y le fue presentada como un infante en la fiesta de sus 80 años. Jung es el abuelo, por lo tanto, y no el padre de la IAAP. La IAAP es descendiente directa de la primera generación de la familia Junguiana, una hija de su imaginación creativa.

En el momento en que se originó, la IAAP estuvo conformada por un grupo de veintitrés miembros, algunos de los cuales representaron organizadas sociedades analíticas como la SAP (Londres), la Sociedad Médica de Psicología Analítica en Nueva York, los grupos de San Francisco y Los Ángeles, y la Asociación de Graduados del Instituto Jung en Zurich. Otros vinieron de países donde no había hasta ese momento grupos organizados, sino un número disperso de Miembros individuales (en Alemania, Holanda, Italia, Francia, e Israel).

La IAAP era como el niño traído al mundo para mantener unidas a dos personas casadas. Las tensiones entre Zurich y Londres eran grandes. La idea era llevar a cabo Congresos que pudieran ofrecer un foro para el intercambio de posiciones y quizás para una mejor comprensión. El primer presidente elegido, Raymond Moody, hizo su aporte en las Minutas al declarar que «Una de sus principales metas era continuar mejorando la relación entre Londres y Zurich. Con eso, muchas otras cosas mejorarían». La niñez fue un asunto turbulento para la IAAP, llena del ruido de las discusiones de los padres en conflicto continuo. Graves tensiones y polarizaciones ideológicas fueron señaladas regularmente entre «Zurich» y «Londres», los dos centros simbólicos de enseñanza y de entrenamiento en ese entonces. Si Zurich era el padre (Jung), Londres era la madre (Klein). (Michael Fordham me dijo una vez, de manera jocosa, que hubiera deseado ser la hija preferida de Jung!). En ocasiones, parecía como si esto fuera una unión de credos diversos; en efecto, los esposos provenían de entornos culturales y espirituales muy diversos y desarrollaron opiniones muy diferentes sobre la teoría y la práctica psicológicas. Las voces ruidosas de estos esposos, que diferían apasionadamente, llenaron el aire en Congresos y revistas en los primeros años. A veces, las diferencias se representaron como «simbólica contra clínica», o como «clásica contra desarrollo». De todos modos, dos maneras absolutamente diferentes de pensamiento y de trabajo emergieron, y sus autores compitieron vigorosa e imperativamente por el dominio. Los Congresos de la IAAP eran el campo de batalla en el que colisionaban los dos bandos; fue el niño por el cual peleaban. De acuerdo con las evidencias, éstas fueron tiempos emocionantes, y los Congresos contaron con muy buena asistencia!

La IAAP sobrevivió a las discusiones rabiosas de estos tempranos años y otros parecidos para prosperar y para recibir fuerza de esta discusión interna. Una identidad flexible y resistente fue forjada para poder contener los opuestos en combate. Una historia específica, una clara herencia ancestral, y un empuje dinámico hacia el futuro, fueron los resultados positivos de esos años formativos. Descubrimos que la IAAP podía contener mucha diversidad sin caer en la confusión y la imprecisión, o sin tener que separase, llegar a una parálisis psicológica. En el momento en que la IAAP alcanzó su juventud, los padres que guerreaban internamente habían llegado a tener, sobre todo, «diferencias de énfasis» en el conocimiento y la herencia (La filosofía continental por un lado — con su epistemología Kantiana, su dialéctica hegeliana, y su hermenéutica fenomenológica — se había casado con el empirismo británico y el realismo en el otro). La IAAP se formó como adulto joven que podía vivir bastante bien con este ancestro dual. Por supuesto, cada lado de esta familia también tenía sus propias complejidades históricas, que alimentaron también la circulación sanguínea de la IAAP. Todo esto contribuyó eventualmente a un alto grado de diversidad cultural y abrió la psique colectiva a más variedad y novedades.

En el año 1980, la IAAP cumplía 25 años estando en bastante buena forma, con Institutos de entrenamiento produciendo cada vez un mayor número de prometedores nuevos analistas, sociedades que formaban afanosamente revistas profesionales, y analistas que publicaban toneladas de libros y de artículos. Las conferencias Junguianas comenzaron a surgir por todas partes y fueron a menudo escuchadas por audiencias encantadas. Los planes e imágenes de crecimiento en las profesiones de salud mental, en un número creciente de países, permitían presagiar un futuro exitoso. Llegaba el desafío principal del desarrollo profesional de la persona. Los grupos miembros de la IAAP tuvieron que hacer frente a sus comunidades y adaptarse a sus culturas. Esto exigió tomar algunos elementos y metodologías «extranjeros» y darles una vuelta para que pudieran integrarse a las actitudes Junguianas, métodos, maneras de pensar y formular, sin sacrificar la conexión fundamental con la propia historia y territorio. Los años 80 y 90 fueron un período de acomodación, asimilación, y adaptación. De forma notoria, en los artículos y libros a partir de este período, se encuentra un aumento y una representación siempre creciente de modernas perspectivas psicoanalíticas y otras perspectivas en la literatura Junguiana y una reticencia frecuente algo tímida para usar las palabras originales y la visión de la Psicología Analítica. Esto llevó a una nueva evolución en la polaridad Zurich-Londres. Los muros de la oposición se derrumbaron y una nueva síntesis tomó forma, en lo que había sido antes un campo bastante tenso en el campo de los «contrarios». En esta mezcla entró también James Hillman y la psicología arquetipal con el postmodernismo, el deconstructionismo, y las reducciones fenomenológicas que venían no muy lejos detrás. Algunos miembros de la familia IAAP, encontrando estos progresos inaceptables, rechazaron de manera decisiva esta amalgama que emergía y optaron por un retorno a la visión original y no diluida de Jung y de sus discípulos más cercanos.

Al mismo tiempo, iban muriendo una a una las figuras de los ancestros. Los años 80 y 90 vieron el paso de la Psicología Analítica de la primera generación de analistas y profesores, que habían conocido a Jung personalmente y se habían formado en Zurich, en su cercano círculo original alrededor de él, a una segunda generación de analistas que no había conocido al “Mahatma» (como Jo Wheelwright lo llamó) y sólo había oído hablar de él en anécdotas y en la historia.

La muerte de los padres está liberando pero también potencialmente está desestabilizando. Uno se enfrenta al interrogante de qué hacer con esta nueva liberación desde la mirada formadora y el ojo dominante de padres y abuelos. Y es libre de considerar las nuevas opciones que hasta ese momento había eliminado de plano. La presencia de los padres vivos impide a menudo el divorcio y la fragmentación de la familia. Su muerte, al principio dolorosa, es más tarde celebrada cuando energías, previamente suprimidas, emergen a la superficie y empiezan a actuar. Existe el peligro en esa eliminación de los rastros, de llegar eliminar las costumbres y la historia. Es el tiempo profético de la opción y de la individuación.

Sin el profesor Jung, el Dr. Meier, la Dra. von Franz, Gerhard Adler, Jo Wheelwright, James Kirsch, Esther Harding, Erich Neumann, Michael Fordham, Elie Humbert — podría nombrarse en un primer plano esta generación completa de las figuras originarias –, la IAAP se proyecta de manera totalmente nueva, con la herencia y el futuro de la Psicología Analítica. Mientras que la IAAP fue apenas un niño y un jugador menor en el campo de la Psicología Analítica en sus primeros años, en comparación con las grandes figuras ancestrales de la primera generación y de instituciones tan augustas como el Club Psicológico y el Instituto C.G. Jung de Zurich, ahora se ha convertido en el primer adulto portador de la línea genética, cuya responsabilidad es traspasar la herencia a las próximas generaciones, esperemos que con un valor agregado. Ésta es ahora la carga que lleva la IAAP. Es el adulto más responsable y de mayor alcance de la familia mundial de Junguianos de hoy en día.

En la mitad de la vida, sin embargo, mucho de lo que era cierto anteriormente, ahora se cuestiona. Los sueños y entusiasmos de la juventud disminuyen y se descolorizan. No se puede idealizar el pasado como una vez se hizo, ni imaginar un futuro tan glorioso. La mitad de la vida es realista sobre las posibilidades de la vida. De una parte, hay tristeza por el pasado que se ha perdido — los amores, los sueños, el ánima fascinante que ahora se ha vuelto la esposa y la madre demasiado conocidas, el brillante ánimus héroe que ahora se reconoce como imperfecto y falible y cargado con un déficit importante. De otra parte, hay dudas preocupantes sobre los sueños recurrentes que le señalan a uno un nuevo futuro. La mitad de la vida es una edad de realismo, pero también de escepticismo creciente, ironía, y a veces cinismo. La persona que se había construido a gran costo parece hueca; el ánima, aunque linda, no parece convencer; el ánimus es demasiado inmaduro para hacer el trabajo; la sombra está llenando el sótano con agua que amenaza los cimientos; y el Sí-mismo es invisible, silencioso, una «hipótesis” cuestionable. En resumen, se da en uno un corte de las energías del arquetipo del inconsciente colectivo.

Aprisionado en esta desagradable escena está, además, el espectro de la muerte. ¿Nuestra profesión sobrevivirá? Estamos siendo llevados desde hace tiempo a una posición de irrelevancia por la industria psicofarmacológica y por legiones de convencidos y articulados practicantes de la terapia cognoscitiva, recientemente. Ésta es «la nueva generación» que promete destruir lo viejo y enterrarnos en las últimas páginas de un polvoriento tomo de historia antigua. Y más allá de eso, las fuerzas severas de las gigantes agencias estatales y de las compañías de seguros que controlan la fuente de recursos económicos están matándonos de hambre. Quizá haríamos mejor en tomar la jubilación anticipada a los 50 años buscando una tranquila vejez en el retiro de un pensionado. Tales son los pensamientos que nos preocupan a tempranas horas de la mañana cuando el sueño deja de protejernos.

Déjenme que cambie el tono, sin embargo, y confiese que sigo siendo un optimista, y que pienso en esto como en la crisis de la mitad de la vida, no como un viejo en proceso de muerte. Puede que no muchos estén de acuerdo conmigo, pero permítanme exponer mi caso.

La metáfora de fondo para el tema de esta charla — la IAAP en la mitad de la vida — me vino en San Petersburgo, Rusia. Cayó sobre mí mientras caminaba a través del Puente de la Marina y observaba la renovación y la transformación en curso de esta hermosa ciudad después de severas épocas soviéticas. El Palacio de Invierno, ahora Museo del Hermitage, regiamente proyectado en el río, destellaba a la luz del sol. Acababa de finalizar el examen a los estudiantes rusos en la ruta para llegar a ser Miembros Individuales de la IAAP. Cinco de ellos son ahora nuevos miembros admitidos. Durante los días de esos exámenes (coordinados con Angela Connolly, con la ayuda de Jan Wiener y Catherine Crowther), yo tenía otra vez una visión del prometedor futuro para la Psicología Analítica en Rusia. Hay fuerte potencial futuro para la IAAP en esta rica y diversa cultura, donde se detecta la motivación del trabajo pionero. Es contagioso el entusiasmo por el pensamiento de Jung y por los últimos progresos en Psicología Analítica, teóricos y clínicos. Los logros de los estudiantes rusos son verdaderamente inspiradores también. Trabajando constantemente a pesar de grandes obstáculos — dificultades de lengua y de traducción, carencia permanente de profesores, limitaciones geográficas y financieras del grado más severo — un grupo de ellos ha logrado en diez años construir un nivel de competencia clínica y teórica que hace que esos candidatos compitan con muchos de los primeros centros de entrenamiento privilegiados del mundo. Hacer parte de este proceso, da a un respiro en el envejecimiento del corazón de la IAAP. Uno camina con un paso un poco más ligero.

Rusia es solamente un país, entre otros, en donde la psicología analítica se está arraigando como profesión para primera vez en la historia. He sido testigo del mismo desarrollo en otros países del Este Europeo (Polonia, Lituania, la República Checa, Serbia, Bulgaria, Ucrania, Estonia, Georgia), en América Latina (Chile, Argentina, Ecuador, México), en Asia (Singapur, China, India), y en África (Suráfrica, Túnez). La IAAP está a punto de dar un enorme salto en una dimensión global, con consecuencias incalculables adelante. Las fronteras se extienden ante nosotros.

Adicionalmente, debe señalarse que uno de los hechos más sobresalientes durante mi presidencia ha sido la notoria y triste declinación del único instituto internacional de entrenamiento Junguiano (Zurich) y el marcado crecimiento del programa “Router” de Miembros Individuales en la IAAP. Previamente, en cualquier momento podía haber una media docena de personas que se preparaba en una parte del mundo o en otra, para solicitar ser Miembros Individuales en la IAAP. Desde comienzos de los años 90, ha habido un aumento gradual en su número, y en por ello el Comité Ejecutivo ha creado una estructura, con entrevistas, exámenes, y relaciones de supervisión con estos «Routers», para asegurar la calidad clínica e intelectual. En los tres últimos años, el número de Routers ha crecido en más de cien, muchos de ellos salidos de los Grupos de Desarrollo que la IAAP comenzó a reconocer en 1998. Mientras que un Instituto de entrenamiento internacional centralmente localizado, fue tan vital en una época para los analistas en formación, hoy en día son menos necesarios porque la IAAP ha reconocido muchos grupos alrededor del mundo en donde el entrenamiento puede tener lugar localmente; colateralmente, la IAAP misma está elaborando un programa de entrenamiento internacional en áreas del mundo en donde esto no es posible de otra manera, y donde la gente no tiene los medios financieros para viajar a un Instituto internacional de entrenamiento centralmente localizado. Una vez más, la bola se ha echado a rodar en la IAAP, y ésta tiene ahora una nueva y vital misión con potencial y oportunidades extensos.

La mitad de la vida está llena de paradojas. El estancamiento parece dominar el panorama por momentos, porque la declinación es evidente y la ansiedad y la duda toman de manera profunda. Al mismo tiempo, nuevas oportunidades emergen, y puesto que los hábitos del pasado pueden ahora desecharse como cargas excesivas, hay sitio para que la nueva energía se incorpore al horizonte desde fuentes imprevistas.

Déjenme compartir otro sorprendente nuevo hecho que ha surgido en estos últimos tres años. Jung dejó la Asociación Psicoanalítica Internacional (IPA), de la que era quizás el progenitor más importante, desde que se consideró que él era el «yerno» de Freud y su heredero evidente, en 1914. Engendró entonces la Psicología Analítica como una «nueva familia» en Zurich. La IAAP es la creación de su segunda familia y por lo tanto un medio-hermano de la IPA. Las relaciones entre estas dos familias emparentadas han sido frías, por decir lo menos. En los niveles oficiales, no ha habido ninguna comunicación. Que yo sepa, no ha habido un solo representante Junguiano en un congreso de la IPA desde la ruptura en 1914, ciertamente no en la calidad de funcionario de la IAAP. Las dos familias del abuelo Jung han sido divididas en extremo. Entonces, en 2004, exactamente 90 años después de la salida de Jung de la IPA, por invitación de Alain Gibbeault, Secretario General de la IPA, Christian Gaillard y yo hablamos en un panel en el 43º Congreso de la IPA en New Orleans. Nosotros asistimos oficialmente como Junguianos, como funcionarios de la IAAP, y como representantes de la perspectiva de la Psicología Analítica. El tema del Congreso de la IPA, era incidentalmente, «Trabajando en las Fronteras», un tema cercano al tema del 16º Congreso de la IAAP, «Límites de la experiencia». ¡No hubo colaboración consciente en materia de estos temas, por supuesto, pero vivimos en el mismo mundo y compartimos características genéticas importantes, creámoslo o no!

Estamos descubriendo que los miembros de la IAAP y de la IPA compartimos más cosas en común de las que creíamos antes, y existen cada vez más razones para mantenernos juntos que separados. La convergencia está en el ambiente, en lo intelectual y ahora también en el nivel institucional. El reconocimiento de nuestra historia y puntos de origen compartidos puede ubicarnos en una proximidad más cercana y en mejores relaciones. Con las primeras generaciones en ambos lados ahora idas y con su influencia y el desvanecimiento de dolorosos recuerdos, es posible dejar a un lado los traumas del pasado para contemplar un nuevo futuro de relaciones amistosas y de cooperación. La IAAP ha sido recíproca en este Congreso, como ustedes deben haberse dado cuenta, con un panel común integrado por miembros de la IAAP y de la IPA, y otros proyectos de colaboración están en los trabajos.

Otro desarrollo importante en los estos tres años pasados ha sido el nacimiento de un nuevo hijo de la IAAP, la Asociación Internacional para Estudios Junguianos (IAJS). Esta asociación fue fundada como resultado de una iniciativa tomada por el anterior Comité Ejecutivo para patrocinar una «Conferencia académica» en la Universidad de Essex en 2002. Fuera de esta reunión de los miembros de la IAAP y de otros académicos Junguianos de todo el mundo se presentó la iniciativa para formar una asociación de académicos Junguianos, que incluyera a cualquier persona contratada para el trabajo de enseñar el pensamiento Junguiano en las universidades de pregrado y postgrado. Una vez más, el potencial para esta asociación y para su planeamiento es enorme. La misión de estos académicos Junguianos es muy importante para nuestro futuro común, para llegar a estudiantes en colleges y universidades y para presentar las ideas y perspectivas Junguianas de una manera académica seria, también para conducir investigaciones en esta área, lo que constituye una misión emocionante y vital. Los estudiantes están impacientes por tener estas perspectivas incluidas en sus planes de estudios. Esto ofrece a los Junguianos una oportunidad para cultivar un interés genuino en la Psicología Analítica en un primer estadio del desarrollo profesional. Las semillas del futuro están brotando en las escuelas y universidades, y necesitamos ser una parte de su formación y adaptación al mundo que se está construyendo.

Una reflexión final. Un aspecto importante de la segunda mitad de la vida — que implique un proceso de la reintegración que incluya los aspectos previamente reprimidos o descuidados de la psique y de la elaboración de una nueva identidad basada en la incorporación de estos factores en la identidad consciente — está alcanzando de nuevo al pasado y está reclamándole de una manera fresca y más profunda. En este último año, han aparecido tres trabajos importantes que pueden contribuir con esta empresa: la biografía de Dierdre Bair sobre Jung, el libro de Sonu Shamdasani, Jung and the Making of Modern Psychology: The Dream of a Science (Jung y de la fabricación de la psicología moderna: El sueño de una ciencia), y la película de Elizabeth Marton, “Ich hiess Sabina Spielrein” (Mi nombre es Sabina Spielrein). Cada trabajo, importante en su estilo, contribuye a nuestra comprensión de la historia y hace posible una nueva apropiación del pasado.

¿Qué nos dicen estos estudios? Primero, que Jung era muy humano y, como genio, era, también un ser social con muchas complejidades y defectos. Esto no es nada nuevo para ninguno de nosotros, pero el detalle de la vida personal de Jung ha sorprendido e iluminado a todos aquellos con quienes he hablado que hayan leído esta nueva biografía y visto la película. El libro de Shamdasani habla de la Psicología Analítica como disciplina intelectual y sobre sus raíces en la historia cultural y científica. Somos el producto de muchos siglos y un punto de convergencia de una larga tradición del pensamiento. Shamdasani ha detallado esta historia de una manera rica e instructiva. La biografía y la película también nos cuentan sobre los orígenes de la Psicología Analítica en el Psicoanálisis y en la larga sombra de Freud. Esta característica se puede pasar por alto en nuestras preocupaciones sobre el Freudocentrismo y nuestra necesidad de separarnos y de ser autónomos. Pertenecemos a una amplia corriente del esfuerzo profesional, clínico, e intelectual que transcurre a través de los últimos cien años. Jung no está solo allí. Los tres trabajos iluminan nuestra historia y exponen nuestras raíces. La Psicología Analítica crece fuera de la mente de un solo genio – Jung. Las opiniones de Jung son formadas por una larga tradición cultural y por intereses y preocupaciones profesionales – psicología y `psicoterapia. Y nuestras raíces profesionales también están profundamente ubicables en la historia del psicoanálisis.

Estos trabajos se arraigan en nosotros en tiempo y espacio. Somos no solamente del hoy y del ayer, o de la Nueva Era o de la Era de Acuario. Venimos de una época y lugar que los antecede y que se antecede de millares de años de historia y desarrollos culturales, como Jung afirmó tan a menudo — a Gnosticismo, a la alquimia, y a la tradición entera de la sabiduría. Nuestras raíces alcanzan de hecho muy lejos en la llanura. Y necesitamos incorporar esta perspectiva histórica en nuestra identidad mientras que vamos hacia adelante.

Si reconocemos que descendemos de una persona (es decir, Jung) y de un moderno movimiento cultural y profesional (es decir, psicoterapia y psicoanálisis) y de una larga tradición espiritual (es decir, filosofía de la sabiduría), esto marca la diferencia. Esta perspectiva ofrece puntos de referencia orientadores mientras que construimos nuestra manera de ser interna, con y fuera de la condición que estoy llamando liminar de la mitad de la vida. Es importante recordar nuestros espíritus ancestrales e incorporarlos de tiempo en tiempo en nuestro conocimiento consciente, especialmente cuando el caos amenaza con engullirnos.

La mayoría de nosotros aquí en este Congreso ha pasado ya por la mitad de la vida y ha encontrado que la vida va más allá de esos años turbulentos. De hecho, muchos de nosotros diríamos que la vida llega a ser mejor, no peor, después de mitad de la vida. No perdemos tanto como ganamos. Un período de tiempo se prolonga antes de que nos lleguen las llamadas para la integridad y suenen las profundidades de la psique, para darnos cuenta de las grandes complejidades y riquezas del Sí-mismo. En términos institucionales, esto significa fomentar mayor profundidad e incluso mayor tolerancia frente a la diversidad y la diferencia. Uno también siente más fuertemente un ansia de lo espiritual y lo cósmico, un deseo de lo trascendente y de sentir el significado de nuestros esfuerzos cotidianos. No hay más la necesidad de probarse en términos del ego, pero que tampoco podemos echarnos sobre los laureles de las últimas victorias y logros. Esta es una época para ensancharse y profundizar, para el diálogo y la reflexión internos, para evitar dividirse y actuar hacia el exterior. Estamos madurando. Debemos ahora alcanzar el Si-mismo.

En el lado extravertido, nosotros vemos que el mundo está lleno de personas hambrientas por lo que nosotros tenemos para ofrecer. Debemos hacer de nuestra causa el alimentarlos. Sabemos que 50 años de edad no son tantos. Nosotros estamos aún fuertes y vitales. (Después de todo, nuestro hermanastro, el IPA, está en sus 90 y no está tan grave tampoco.) ¡Así pues, sigamos adelante!

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