Publicada el 7 abril, 2024 por admin
Juan Carlos es Psicólogo (Universidad Nacional, Bogotá) y Analista Junguiano de la IAAP (International Association for Analytical Psychology). Magister en Estudios Políticos (Universidad Javeriana). Miembro Fundador y Director de ADEPAC (Amigos de la Psicología Analítica en Colombia). Miembro de la SCAJ (Sociedad Colombiana de Analistas Junguianos). Atiende consulta particular virtual como psicoterapeuta y analista junguiano en Bogotá, Colombia. Correo: adejungcol@yahoo.com
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Si bien la palabra “alma” tiene unos orígenes muy antiguos y a veces su significado parece obvio, en la psicología analítica es muy difícil fijarla en una sola definición. En Jung y en autores junguianos el término oscila, sin contradecirse del todo, entre tres énfasis principales: (1) alma como profundidad y vastedad de la vida psíquica; (2) alma como un complejo funcional delimitado, es decir, como una “personalidad” particular dentro de la psique; y (3) alma como una mirada o modo de relacionarse con la experiencia, cercana a la idea de “hacer alma”.
1) El alma como vastedad: la psique como universo interior
Hay un Jung de espíritu “poético”, y a la vez muy clínico a su manera, que describe el alma como un «algo» complejo y diverso de profundidades y alturas, “un mundo no espacial” donde se acumulan imágenes de millones de años de desarrollo de la vida. Para él, esas imágenes no son simples sombras. Son factores psíquicos poderosos que influyen, nos habitan y no se dejan anular (Jaffe, 1979, p. 229). En esa misma línea, Jung compara el equivalente externo de ese mundo interno con el cielo estrellado: así como alcanzamos el mundo exterior por el cuerpo, alcanzamos el mundo interior por el alma: «Junto a esta imagen me gustaría ofrecer el espectáculo de los cielos estrellados en la noche, porque el único equivalente del universo interno es el universo exterior, y así como yo accedo a este mundo mediante el cuerpo, llego a aquel mundo a través del alma». (citado por Jaffe, 1979, p. 229).
En este sentido, “alma” permite destacar algo que la palabra “psique” no siempre alcanza a expresar con la misma fuerza, y es la pluralidad, la riqueza y la profundidad de la vida interior. Es una manera de señalar que la psique no es una unidad simple, sino una realidad vasta, compleja y en parte impenetrable. Por eso Jung alude a culturas que hablan de almas múltiples (Samuels et al, 1997, p. 140), no como superstición, sino como una intuición de que la vida interior no es una sola voz.
2) Alma y psique: una distinción conceptual clave
Ahora bien, cuando Jung se pone en tono de ofrecer “definiciones”, hace una distinción muy precisa. «Psique es la totalidad de los procesos psíquicos, tanto conscientes como inconscientes; por otra parte, el alma es un complejo funcional claramente delimitado que se puede describir mejor como una ‘personalidad’” (Sharp, 1994, p. 9). Aquí el alma no lo es “todo”, sino sólo una forma organizada dentro del todo psíquico.
En Tipos psicológicos, esta distinción adquiere un sentido más preciso cuando Jung vincula el alma con la vida interior como disposición. Así como desarrollamos una disposición externa para relacionarnos y adaptarnos al mundo exterior y sus exigencias (la persona o máscara), también hay una disposición ínterior para hacer frente a los procesos internos (sueños, fantasías, presentimientos, cambios de ánimo, perturbaciones y revelaciones) que no provienen de la actividad consciente del individuo, sino de su trasfondo inconsciente (Jung, 1943, p. 479). A esa disposición íntima Jung la llama ánima o alma.
Expresado de manera sencilla, el alma no es solo “lo que siento”, sino el modo en que me relaciono con lo que surge desde dentro. Y, por experiencia, Jung sostiene una regla sólida, cuando afirma que el alma suele comportarse de manera complementaria con respecto al carácter externo. «El tirano torturado por malos sueños, presentimientos sombríos e íntimos temores, es una figura típica. Exteriormente desconsiderado, duro e inaccesible, es interiormente accesible a cualquier sombra, a cualquier capricho, como si se tratara del ser menos independiente y más sugestionable. Su alma contiene, pues, las cualidades generales humanas de vulnerabilidad y debilidad que faltan por completo en su disposición externa, en su persona». (Jung, 1943, p. 481-482).
3) Alma, ánima/ánimus y el trabajo de integración
Desde esta otra perspectiva, la tradición junguiana plantea que Jung bosquejó las manifestaciones del alma en términos de ánima y ánimus en relación con la persona (Sharp, 1994, p. 9-10). En una lectura posterior de Jung sobre la transferencia (a partir de su comparación entre el opus alquímico y el proceso de individuación), aparece un matiz importante: que el alma “acumulada” en la conciencia del yo adopta un carácter femenino en el hombre y masculino en la mujer, y se expresa como una tendencia a una cierta función. El ánima busca reconciliar y unir mientras que el ánimus busca discernir y discriminar (Sharp, 1994, p. 10). Lo anterior, más que un esquema rígido, es útil como brújula clínica para observar la manera en que la psique intenta compensar unilateralidades y conducir a una mayor integración.
A partir de estos tres ejes, pueden entenderse también sus vínculos con la persona, el ánima/ánimus y la dimensión numinosa.
El alma como núcleo y como “hacer alma”
En el diccionario crítico de Samuels et al, se mencionan también usos del término “alma” que amplían el panorama. Se menciona que a veces se usa en lugar de espíritu para señalar lo inmaterial, el núcleo, el corazón o centro de lo humano (Samuels et al, 1997, p. 140). Y, en autores posjunguianos, “alma” llega a nombrar una perspectiva, una forma de mirar el mundo que se concentra en imágenes profundas y en cómo la psique convierte los eventos en experiencia, lo que Hillman llamó “hacer alma” (Hillman, 1975).
Este giro es interesante porque saca el concepto del debate meramente de definiciones y lo vuelve una práctica. Es “alma” como un modo de atención, como una forma de dar mayor sentido a la experiencia mediante imágenes, asociaciones, símbolos y afectos.
Una nota especial: el alma y lo numinoso
Jung hace, además, una afirmación de gran alcance simbólico: «Sería una blasfemia afirmar que Dios puede manifestarse en todas partes excepto en el alma humana» (Jaffe, 1979, p. 229). En términos psicológicos, esa posibilidad de relación con lo divino se expresa como su conexión con el arquetipo de la imagen de Dios (Jaffé, 1979, p. 229). Más allá de la fe personal, esto nombra el hecho clínico de que la psique humana produce experiencias numinosas, imágenes de sentido y profundidad que, cuando se devalúan o se niegan, no desaparecen, sino que suelen reaparecer como síntoma, como fascinación o como crisis.
Alcance clínico de esta comprensión del alma
A partir de estas perspectivas, podemos proponer una síntesis operativa: en lo junguiano, alma puede designar tanto la vastedad de la vida interior como un complejo funcional claramente diferenciado (la disposición íntima frente al inconsciente) que se organiza en torno a la relación con la persona, el ánima o el ánimus, y que tiende a compensar la unilateralidad consciente. Y también puede referirse a una actitud, una manera de mirar y elaborar la experiencia mediante imágenes y profundidad simbólica.
Así, trabajar con el alma no es sólo un adorno retórico. Es aprender a escuchar los lenguajes del interior (sueños, fantasías, afectos, síntomas) como una conversación viva entre lo que mostramos al mundo y lo que se manifiesta desde dentro. Y quizá por eso el alma, en Jung, nunca es una definición cerrada. Es un territorio, una relación y una tarea.
Referencias
- Hillman J. (1999), Re-imaginar la psicología. Madrid: Ediciones Siruela.
- Jung, C. G. (1943), Tipos psicológicos. Buenos Aires: Editorial Sudamericana.
- Jaffé A. (Ed) (1979). CG Jung: Word and Image. Bollingen: Princeton University Press.
- Samuels A. et al. (1997). A critical Dictionary of Jungian Analysis. London and New York: Routledge.
- Sharp, D. (1994). Lexicón Junguiano. Santiago de Chile: Cuatro Vientos Editorial.




