Poseidón: señor de los mares y el enfrentamiento de aspectos monstruosos del alma

POSEIDÓN – SEÑOR DE LOS MARES Y EL ENFRENTAMIENTO DE
ASPECTOS MONSTRUOSOS DEL ALMA

Ana María Cordeiro

Ana Maria Cordeiro es Psicóloga clínica – entrenada en la 7ª promoción de la Sociedad de Psicología Analítica – São Paulo – Brasil. Email:anamacor@uol.com.br

Traducción del portugués: Juan Carlos Alonso

Poseidón

 

Un gran navío cargando centenares de personas distraídas en su ocio. Miro el rastro del barco en el agua. El cielo está con nubes y sol. Inicialmente me encanto con las formas diseñadas en la superficie del mar. Espuma, diferentes azules, movimiento intenso. Dependiendo de cómo se mire, el cielo con nubes se reproduce sobre el agua, confundiendo los mundos. Cielo y mar se mezclan. Abrigada en aquel prodigio de la ingeniosidad humana, me siento segura. Sin embargo, la sensación de seguridad se desvanece al poco tiempo. Las fronteras comienzan sutilmente a romperse y en la espuma la faz de Poseidón parece observarme. De pronto, como en una visión en zoom, percibo que la grandiosa embarcación no pasa de ser un pequeño punto sobre un gran reino de agua y misterio. El sentimiento cambia, algo inquietante da cuenta de mi alma. Todas las personas y yo, dentro de aquel pequeño punto, dependemos de la aceptación del gran mar para que concluyamos el viaje con éxito. Una mezcla de miedo y reverencia por el espíritu del mar se impone de manera casi insoportable. Me quedo paralizada por algunos instantes, como ante una invasión inminente del terror de la muerte. Entonces, algo en mí se presenta con fuerza y contiene el terror. La inundación se contiene. En lugar de ella, al poco tiempo, las fronteras se restablecen. El mar vuelve a ser mar, el cielo vuelve a ser cielo. Pero, la conciencia de la inmensidad y la profundidad de las aguas, que me aceptan y me contienen, vibra intensa y honda. Secretamente agradezco a la divinidad y me abrigo en la efímera seguridad del ingenio humano, consciencia del acuerdo íntimo entre el barco y el mar, sin lo cual el viaje sería imposible.

Ese es el reino de Poseidón.

Señor de las aguas y de todo lo que ellas generan, abrigan y esconden. Aquel que hace que se sequen los ríos, que provoca inundaciones, que por la fuerza de su tridente hace temblar la tierra. Airado, intempestuoso y único dios capaz de provocar miedo en el oscuro Hades, porque éste teme dejar su reino expuesto si el hermano divino resuelve abrir el suelo.

En este trabajo, pretendo discutir las características de la emergencia de esa imagen arquetípica. En sólo un momento, Poseidón traduce el mundo de las emociones, el reino que contiene figuras benéficas y fertilizadoras, así como personajes monstruosos y destructores. Poseidón también traduce la coexistencia de elementos desestructurantes y su posibilidad de contención. Él abriga en su reino monstruosidades vivas y terroríficas, manteniéndolas bajo su dominio. Siendo él igualmente peligroso, sin embargo es mayor que todas ellas y capaz de producir transformaciones importantes, cuando se confronta con una monstruosidad, especialmente si ese encuentro es mediado por el amor. Es lo que el mito nos relata de su encuentro con la gorgona Medusa.

Partiendo de la supuesto que las imágenes de la mítica traducen dotaciones de la psique, discuto aquí el significado de la asociación Medusa/Poseidón, en lo que trae como guía para el enfrentamiento de aspectos monstruosos del alma, su posibilidad de transformaciones profundas y fecundas y su colaboración en el proceso de individuación.

Vamos al mito.

Después de castrar a su padre Urano, Cronos – un Titán – receloso de que alguno de sus hijos le causen el mismo destino, los devora tan pronto como Rea, su hermana y esposa, los da a luz. Ofendida con el destino de sus descendientes, Rea da a luz en secreto su último hijo, Zeus, lo esconde con ayuda de Gea, su madre, y da una piedra envuelta en pañales para que su voraz marido la engulla.

Zeus crece a salvo del padre y, aconsejada por Gea y Métis, se presenta como camarero de Cronos. El plan era dar al padre un brevaje que lo haría vomitar a sus otros hijos. Cronos regurgita primero la piedra y después cada uno de los devorados, que, devueltos a la luz, se colocan al lado del hermano en la lucha contra el padre y sus aliados, los Titanes. Intenso combate se produce. De un lado, Cronos y sus hermanos Titanes, de otro, Zeus y sus hermanos Olímpicos. El caos vuelve a instalarse, como cuando Cronos destronó a su padre Urano. Es un choque entre la fuerza y la violencia primitivas, representadas por los Titanes y el ingenio y la astucia racionales, como acentúa Vernant (2000), propias de los Olímpicos. La lucha sigue equilibrada hasta la liberación de los Centímanos y los Ciclopes, presos en el Tártaro por Cronos. Luchando al lado de los Olímpicos, esos personajes, también primitivos y brutales como los Titanes, desequilibran la guerra a favor de Zeus y sus pares (p. 33).

Los Titanes, finalmente vencidos, son expulsados para el Tártaro, cuya entrada fue cerrada por tres portones de bronce, hechos por Poseidón a pedido de Zeus.

Este es el primer muro de contención hecho por Poseidón. En la transposición de un mundo más primitivo y despótico, donde el devorador Cronos era el rey, hacia otro mundo más discriminado, poblado de dioses que se distribuyeron entre sí atributos específicos y variados, correspondió a Poseidón construir la barrera que mantendría para siempre la indiscriminación titánica aprisionada. Los poderes desestruturantes de los Titanes quedan apartados de la luz, impedidos de rebelarse al nuevo orden. En ese momento ya se señala la dotación de Poseidón como aquel capaz de imponer la barrera, de mantener el caos dentro de límites claramente construidos para ese fin. Es fuerza contra fuerza y vence aquella que asocia el raciocinio con la brutalidad.

El mundo es, entonces, dividido entre los hermanos Zeus, Hades y Poseidón. Zeus se queda con la regencia de todos los dioses y hombres. Hades con el reino de los ínfiernos, que acoge a las criaturas después de muertas. Y Poseidón con todas las aguas, la corteza de la tierra y, especialmente, el mar.

Ocurre que Zeus, en el inicio de su reinado, irrita a los dioses que lo acusan de tirano y autoritario. Entonces, Poseidón, Apolo y Hera traman un plan para inmovilizarlo. Los otros dioses, con excepción de Hestia, se unen a los insurrectos y amarran a Zeus con cien nudos a la cama donde dormía. Tétis, una titánide que siempre había estado al lado de los Olímpicos, avisa a Briareo, uno de los Centímanos, que corre en auxilio de Zeus y lo libera. No sorprende saber que el soberano queda furioso y se venga vigorosamente de los tres mentores de la insurrección. Hera es colgada en el cielo con cadenas atadas a sus puños y con yunques atados a sus pies. Apolo y Poseidón son mandados a servir como esclavos del rey Laomedonte, de Troya. Apolo cuida de los rebaños y Poseidón construye, con inmensas piedras, las murallas en torno a la ciudad. Es la segunda barrera construida por el que estremece la tierra. Esta vez como resultado de su propia desmesura, de su tentativa de anular el soberano Zeus.

Poseidón es el señor de las aguas. Él mismo lleva las características de su elemento. El agua es constante, presente en todos los seres vivos, vehículo de la vida por excelencia, sin embargo no tiene forma propia, depende de un recipiente que la contenga y delimite. Ella es donante de vida y causante de desorden y caos cuando sobrepasa los límites. Corresponde a la naturaleza del agua ocupar espacios disponibles y llenarlos, descubrir nuevos caminos, infiltrarse donde pueda. Para que las inundaciones sean contenidas, los cursos necesitan tener límites. Poseidón construye murallas, así mantiene los elementos potencialmente desestructurantes de su naturaleza dentro de contenedores protectores. Los portones, que mantienen la energía bruta de los Titanes neutralizada, apartada del mundo de los Olímpicos y de los hombres, hablan de un primer momento de organización del caos por la acción de Poseidón. Esos personajes son apartados para que un nuevo tiempo de la conciencia se instale. Pero hay también, agitándose dentro del señor de las aguas, una fuerza titánica que insiste en presentarse. El nuevo orden, conquistado por Zeus y sus pares, no puede dar lugar a esos elementos desintegradores. Poseidón, entonces, es sometido y construye los muros de Troya que, al fin y al cabo, son la expresión de la necesidad de contener su tendencia anárquica. Es un segundo momento de la organización del caos, de este caos que se insinúa en el enfrentamiento directo entre los hermanos divinos, el propio caos interno de Poseidón, siempre listo a manifestarse.

En la construcción de los muros de Troya, él ya no está enfrentando a los seres terribles que amenazan la instalación del poder Olímpico, sino que está enfrentando la tensión inherente a su elemento, de gran potencial desorganizador. Esos muros representan la tarea eterna del dios, en el sentido de proteger el orden establecido de las tendencias destructivas que carga en sí.

En su reino oceánico, Poseidón abriga, además de su propia agua con todos sus atributos, toda la especie de seres vivos y una infinidad de monstruos. Acogidos, ocultos, vivos, los seres de Poseidón son el propio devenir. Él da continencia a las estructuras aún indiferenciadas, potencias, potentes y vivas.

En ese sentido, su reino se diferencia del Hades, el cual contiene personajes que ya vivieron, que ya hicieron historia y ahora son sombras del pasado. Los personajes del Hades, aún manteniendo sus características de cuando estaban vivos, no tienen vida. Son aterradores especialmente porque están impregnados de muerte. Son seres que causan pavor por su impedimento, por su influencia paralizante, por su imposibilidad de cambio. Son vampiros, letales, chupadores de vida.

Los personajes de Poseidón, en su mayoría, son bizarros, desconocidos, traidores, inesperados, terroríficos especialmente por su potencial desorganizador. Pueden provocar cambios tan violentos e inesperados, que vienen impregnados de locura. Inundan, encharcan, destruyen límites. Se traducen en pasiones intensas y sobresaltos.

El reino de Poseidón es experimentado por nosotros – humanos y mortales – a través de las emociones. Él aún se confunde con ellas, siendo descrito como vengativo, celoso, airado, explosivo, inmoral. Finalmente, todas las pulsiones humanas que la cultura lucha para domesticar y reprimir. Conviene recordar que la emoción pura y verdadera no tiene nada que ver con moral, códigos de ética, valores elevados, etc. Las diferentes pasiones se presentan cuando pueden, sin considerar si son bienvenidas, adecuadas, permitidas o no. Aparecen, inundan y pronto, sin retorno. Queda al ego la tarea de cargar con las consecuencias.

A lo largo del mito, Poseidón va actualizando diferentes formas de convivencia entre la pasión y el orden, siendo su encuentro con la Gorgona Medusa, un momento áureo en el sentido de comprender esa dinámica.

Las Gorgonas son tres: Esteno, Euríale y Medusa. Hijas de Forcis y Ceto, seres primordiales del linaje del Océano (Hesíodo, Teogonia, 235, 274). Las dos primeras son inmortales y Medusa es mortal. Son descritas como seres monstruosos, con cabeza adornada de serpientes, colmillos de jabalí, lengua proyectada hacia afuera, garras de bronce, alas de oro y dotadas de un grito que parece proyectado del fondo de la muerte. Pero son los ojos, ojos que tienen el don de transformar en piedra a quien los encara, su principal elemento de poder.

La Gorgona por excelencia es Medusa. Se dice que sólo una mecha de su cabello serpentino es capaz de ahuyentar un ejército entero. Hasta los dioses, sobre los cuales ese poder petrificante no tiene efecto, evitan encararla.

Sin embargo un dios, sólo uno, Poseidón, no teme a Medusa. Al contrario, la desea y la ama “en un prado blando entre flores de primavera” (Hesíodo,Teogonia, 278, 279). Exactamente él, el señor de las aguas del gran mar y del gran inconsciente y sus habitantes indiferenciados, resuelve hacer de la Gorgona su mujer y dejar en ella su semilla divina.

Mirando el sentido simbólico de ese pasaje mítico, pueden hacerse algunas consideraciones. Medusa, como ya se mencionó, tiene el don de petrificar cualquier mortal que la encare sin la debida protección. Cuando Perseo encuentra la morada de la Gorgona, una gran cantidad de estatuas humanas adornan los alrededores. Él está protegido. Para cumplir la tarea que se autoimpuso, en un momento de inflación juvenil delante del rey Polidectes, Perseo recibió: el escudo de Atenea, las sandalias aladas de Hermes, el casco de invisibilidad del Hades y la kibysis para guardar la cabeza de la Medusa. El héroe lloró, cuando se dio cuenta de la inconsecuencia de su promesa. El ego joven e inflado sufrió una deflación delante de la imposibilidad de enfrentar, sólo con su ímpetu, aquella figura monstruosa.

Encarar a Medusa sólo es posible a los dioses y él es un hombre. Los dioses, entonces, vienen en su auxilio y él consigue, como se sabe, cortar la cabeza de la Gorgona sin encararla, guiado por su reflejo en el escudo de Atenea y protegido por la invisibilidad temporal del casco del oscuro Hades. Del cuello sangrante de Medusa, emergen los hijos que Poseidón hizo en ella: Pegaso y Crisaor.

Tenemos aquí un trinomio importante: Poseidón, Medusa y Perseo. Un dios Olímpico, una diosa primordial y un héroe. Sin embargo no es una diosa como tantas, dotada de gracia y encanto. Es la propia encarnación del terror, del miedo en estado puro. De ahí la imposibilidad de un humano encararla de frente. Según Vernant (1988) encarar a Gorgona es ver “el terror espeluznante de lo que es absolutamente otro, lo indecible, lo impensable, el puro caos: para el hombre, el enfrentamiento con la muerte, esta muerte que el ojo de Gorgona impone a los que cruzan su mirada, transformando todo ser que vive, se mueve y ve la luz del Sol, en piedra inmovilizada, glacial, invidente, sumergida en las tinieblas”. Su mirada es un espejo. Lo que se ve es la propia sombra en todo su esplendor nocturno. Tan vasta y poderosa que calcina, reseca, transformando el cuerpo, antes vivo, en prisión para el alma. Desaparecen los medios de expresión, desaparece la posibilidad de vida y transformación. (p.13).

Encarar sin cuidado la faz de la Medusa, transforma al hombre en una muralla, que en vez de proteger, aísla.

Tenemos aquí la tercera muralla en el camino de Poseidón. Es otro momento de caos. Esta vez, el caos provocado por el impedimento de expresión de los seres que claman por ser. Poseidón reina sobre los sentimientos y emociones. Sentimientos la mayoría de veces sin forma clara, intuidos más que conocidos, cuya aparición se traduce invariablemente en cambios. En la vivencia de los sentimientos sucedidos a Poseidón experimentamos la angustia de lo nuevo, del“no saberse lo que está aconteciendo”, el clamor de definición y formato. Sea como que sea, aún cuando alcanzados por un tsunami existencial, el resultado es la renovación de la vida. Medusa, al contrario, aprisiona, no deja acontecer la vida, le niega la luz del sol y también el confort de la noche. Es el “no ser”, lo imposible, el regreso al tiempo primordial antes del tiempo.

Movido por Eros, el principio ordenador, Poseidón insemina en ella sus hijos, que se quedan retenidos hasta que un héroe, mortal y humano, los libera. Hasta entonces el que hace temblar la tierra construyó murallas con su poderosa fuerza bruta. Muros de protección contra el caos y el desorden. En el encuentro con Medusa él penetra, por la fuerza del amor y del erotismo, el cuerpo-muralla de la diosa. Es un tercer momento de enfrentamiento del caos. Esta vez no contra los primitivos Titanes, ni contra su antojo de romper el poder superior del hermano regente. Sino en búsqueda de la emergencia de lo nuevo, en búsqueda de formato para sus virtualidades, en búsqueda de llenar el vacío del “no ser”, representado por la Gorgona.

Movido por Eros, Poseidón produce vida en Medusa, pero esta no está dotada de la capacidad de gestar y de dar expresión a lo nuevo. Los hijos retenidos en la matriz nacen, no por las vías comunes, sino por el cuello de la diosa, roto por la espada de Perseo. En la ruptura del puente entre el cuerpo y la cabeza, como si la cabeza impidiera al cuerpo cumplir su naturaleza, el héroe completa el destino de ese encuentro entre el venir a ser y el riesgo de la parálisis.

El enfrentamiento de la muralla representante de la sombra paralizante es iniciado por la unión amorosa, es decir, por la acogida de su forma terrible y concluida por la acción del héroe, que la respeta y que entiende que sólo es posible mirar indirectamente su poderosa faz, y reconoce su incapacidad de enfrentarla sin incorporar los atributos de sus protectores. Sirve acordarse que el bebé Perseo y su madre Dánae fueron dejados en el mar dentro de una arca y que llegaron, sanos y salvos, al reino de Polidectes. ¿Cómo podría ser eso posible sin la protección dell señor de los mares? Como en un plan cuidadosamente diseñado, Poseidón preservó la vida de aquel que sería su aliado en la tarea de traer a la superficie elementos creativos contenidos en un recipiente de muerte.

Desde el punto de vista psicodinámico, entiendo que ese mitologema habla de la estructuración de la conciencia. Lo que era pura virtualidad, toma cuerpo. Lo que era sombrío y estéril, fructifica. Los elementos indiferenciados vivientes en la cuna de las aguas se instalan y fertilizan lo femenino devorador y sombrío, y, por la acción del héroe – debidamente preparado y distante de la posibilidad dehybris por la arrogancia del ego – vienen a la luz con formato y función.

El agua produjo en el cuerpo resecante de la Gorgona, a Pegaso y a Crisaor.

Pegaso es el caballo alado, imagen y semejanza de su padre en la condición de dios-caballo, asociado a la elevación del espíritu, capaz de crear fuentes con un simple golpe de coz. Tan pronto nace, vuela hacia el Olimpo y es escogido por Zeus para cargar el rayo divino. Es un psicopompo, capaz de penetrar el mundo de los muertos y volver de allá ileso. Representa la función trascendente, posibilitando la salida del instinto, llevando imágenes simbólicas a la conciencia y permitiendo al hombre el retorno a la su filiación con el self.

Crisaor, o Aurigladio es un gigante con escudo de oro, imagen y semejanza de los aspectos ctónicos del padre, patriarca de un linaje repleto de seres monstruosos como Equidna, la Hidra de Lerna, Cerbero, Quimera, entre otros. Es un personaje que trae a la luz monstruosidades al estilo de Poseidón, y que sin embargo son criaturas que tienen características definidas y estarán presentes en la gesta de varios héroes.

Los hijos de Poseidón generados en Medusa guardan los aspectos contrastantes del padre, la fertilidad y el desorden, pero con un lugar en el mundo discriminado. Quien se relaciona con ellos, sabe lo que está enfrentando, diferente de lo inesperado y virtual que intuimos en las profundidades del mar. Esos hijos traen la actualización de un eje vertical, que toca las profundidades de los infiernos y la cumbre del Olimpo. Eso se traduce en la posibilidad de tránsito entre estructuras conectadas al espíritu y a la abstracción y lo material y terreno, cuerpo y emociones.

Revisitando mi aventura en alto mar, entiendo que la percepción “en bloque” de mi pequeñez y fragilidad era la máscara de la Medusa presentándose con su poder paralizante. Miedo puro delante de la imposible tarea de vivir, o sobrevivir. El héroe me rescató del pánico, pero trajo a la luz la reverencia al espíritu y la conciencia que lleva en mí, sentimientos terroríficos, con los cuales necesito entenderme. Parte de mí alzó vuelo, parte de mí clavó los pies en el húmus, refugio de insignificancias, larvas, renacuajos, excrementos. Estábamos todos allá: Medusa, Perseo, Pegaso, Crisaor y yo. Todos embalados y contenidos en la fluidez de las aguas punzantes de Poseidón.

¡Ave señor de los mares externos e internos!

Resumen:

De los tres hijos de Cronos – Zeus, Hades y Poseidón – le correspondió al último el dominio sobre las aguas subterráneas, la cubierta de la tierra y el gran mar. Él es el responsable de los terremotos, sequías e inundaciones, además de contener y dominar todas las criaturas que se ocultan bajo las aguas, criaturas notables por sus aspectos monstruosos.

Como figura arquetípica es el señor de las fuerzas primitivas y misteriosas de la psique, especialmente conectadas a las emociones. Reina sobre las estructuras indiferenciadas y preocupantes contenidas en el gran mar del inconsciente, a la vez que gobierna sobre las energías benéficas representadas en la exuberante vida sub-acuática y las fertilizantes aguas dulces.

Por el análisis de la asociación de Poseidón con la Gorgona Medusa – cuyos hijos fecundados son el sublime Pegaso y el gigante ctónico Crisaor – pretendemos apuntar hacia la dotación de ese dios de enfrentar aspectos terribles y paralizantes de la Gran Madre, generando en ella frutos que concursarán en la gesta de héroes importantes, especialmente Perseo.

Creemos que ese mitologema apunta a un camino de individuación, partiendo de los riesgos para el ego, representados por la vivencia de emociones violentas paralizantes, llegando, mediante la acción del héroe, a la elaboración de sentimientos profundos y al contacto creativo con nuestros aspectos sombríos.

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5. VERNANT, J.P. O Universo, os Deuses, os Homens. São Paulo: Companhia das Letras, 1999.
——————— A morte nos olhos. Rio de Janeiro: Jorge Zahar Editor, 1988.

 

 

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