La individuación y el proceso de paz en Colombia – Juan Carlos Alonso

JUAN CARLOS ALONSO

FotoJuan Carlos

Juan Carlos Alonso es Psicólogo (Universidad Nacional, Bogotá) y Analista Junguiano de la IAAP (International Association for Analytical Psychology). Magister en Estudios Políticos (Universidad Javeriana). Miembro Fundador y Director de ADEPAC (Asociación de Psicología Analítica en Colombia). Atiende consulta particular como psicoterapeuta y analista junguiano especializado en adultos. Correo:adejungcol@yahoo.com.

 

El analista junguiano Murray Stein aplicó hace unos años el principio de individuación a la escena de las relaciones internacionales, reflexionando sobre el choque entre Norteamérica y Sudamérica como ejemplo de tensión entre dos fuerzas de separación y de unión. Deseo hacer algo semejante explorando en esta charla la posibilidad de aplicarse el principio de individuación junguiano de manera útil al contexto del proceso de paz en Colombia.

Para ello debo comenzar recordando muy brevemente los conceptos junguianos básicos de individuación, sombra, proyección, diferenciación y síntesis. La individuación podría definirse como el desarrollo psicológico que lleva a ser un individuo, es decir a tener una identidad definida, unificada internamente pero a la vez única, integrada y no dividida. Para avanzar en este proceso, una de las primeras etapas es trabajar con la sombra, la cual puede ser entendida como aquellas características o rasgos psicológicos que se encuentran inconscientes en nosotros, ocultos, a nuestras espaldas, sombríos y en la oscuridad. Esas características son siempre contrarias a las buenas costumbres y convenciones morales de la sociedad, por ejemplo las mentiras, los engaños, las agresiones verbales y la violencia contra los demás. Todo ser humano tiene su sombra pues es algo inevitable.

El problema con la sombra es que al ser inconsciente, esta es proyectada sobre los demás. Por ejemplo, ver esos rasgos nuestros negados, en los demás. Por supuesto que el otro individuo debe ofrecer un “gancho” para esa proyección de la sombra. Se trata de una estrategia defensiva explicable, pero que impide la posibilidad de adquirir consciencia de nuestra sombra y de poder integrarla. Si no la integramos, insistiremos en sentirnos unos buenazos y colocarnos en el papel de víctima de los demás; así, el otro siempre es el malvado. Pero si durante la individuación logramos hacer consciente la sombra, seremos muy diferentes. Para eso debemos recoger las proyecciones que sólo vemos en el otro, lo cual implica aceptar esas partes malignas o destructivas propias de las que nos avergonzamos por no pertenecer a la imagen ideal social.

Cuando trabajo terapéuticamente con parejas, el ideal es conseguir que cada miembro de la pareja trate de llevar a cabo su propio proceso de individuación, lo cual mejorará mucho la relación. No es nada fácil porque así como descubre uno aspectos semejantes entre ellos, hay también grandes diferencias pues cada uno tiene su propia historia de vida, creencias, costumbres, contradicciones internas y sombras. El trabajo terapéutico consistirá en tratar de lograr el equilibrio entre la necesidad de preservar la diferenciación de cada uno (la separatio en términos junguianos) pero buscando igualmente una síntesis entre los dos (la coniunctio en lo junguiano). Significa desprenderse de las identificaciones previas y estar abierto a explorar terrenos desconocidos y muchas veces desagradables (separatio), pero teniendo también una actitud abierta hacia el «otro ajeno», y estar dispuestos los dos a entablar un diálogo con ese elemento extraño (coniunctio). Esto requiere integrar en cada uno el elemento extraño: lo reprimido, la sombra, lo que asusta, y lo olvidado.

Volviendo a mi propuesta, la reflexión va orientada hacia si pueden también individuarse los movimientos grupales involucrados en el proceso de paz en Colombia, al igual que lo pueden hacer los miembros de una pareja. Quisiera hacer mi análisis centrándome en sólo una de las múltiples polaridades, alrededor de la siguiente pregunta concreta: ¿Al igual que sucede en el plano individual, pueden también individuarse los grupos del sí y del no, divididos en el país a partir de las propuestas del Estado sobre las negociaciones con las FARC?

Este tema tiene que ver con el desarrollo, ya no de la consciencia individual, sino de la consciencia colectiva, y con la cuestión de si esta consciencia de grupos colombianos grandes, con diferentes formas de pensar y actuar, es capaz de desarrollarse de manera parecida a como lo hace la consciencia individual.

Como hipótesis general, podríamos pensar que cuando dos grupos colombianos, caracterizados por actitudes contrapuestas, se enfrentan y se posicionan cada uno en torno a valores, creencias y percepciones bien definidos pero opuestos, en función de sus respectivas creencias y tradiciones históricas, surgirá un potencial de individuación que incluirá la dinámica de diferenciación y de conciliación, de separatio y coniunctio en términos junguianos, que tiene la psicología individual.

Pensando como terapeuta que tuviera en consulta estos dos grupos, los del sí y del no, que desearan mejorar su relación, comenzaría por buscar sus semejanzas y diferencias. La primera semejanza es que los dos grupos, como habitantes de la misma nación, poseen un mismo origen cultural paterno y que por lo tanto tienen un nexo cultural, digamos que son como primos hermanos. Al igual que pasa con los miembros de familias numerosas, son grupos que suelen amarse y odiarse y hacer infinidad de comparaciones sobre los rasgos de carácter negativos de cada cual.

La segunda semejanza es que a uno y a otro grupo les llegaron los acuerdos de paz de manera sorpresiva. Sabemos que para facilitar el desarrollo de las negociaciones con las FARC, el Gobierno adelantó las conversaciones en gran medida sin la participación de los diferentes estamentos de la sociedad civil. Un documento de casi 300 páginas que el país debía tratar de digerirlo en un poco más de un mes. Y es a la hora del plebiscito, que se generan los dos grupos de oposición, unos por el sí y otros por el no. Por eso podemos decir que a ambos grupos les llegaron estos acuerdos de manera semejante. Esta falta de conocimiento de lo que se discutía puede explicar parcialmente la enorme abstención electoral, la cual fue la más alta de los últimos 22 años, con casi un 63 por ciento de colombianos ausentes en las urnas (más de 21 millones de colombianos). Sin embargo, podemos asumir que si la población hubiera tenido más tiempo de conocerlo, la proporción entre los del sí y el no, hubiera sido semejante a los resultados que se registraron.

La tercera semejanza es que al igual que en un individuo existen muchas contradicciones internas, hay mucha diversidad interna en cada uno de los dos grupos. En principio, parecería que hay un amplio consenso político entre quienes votaron por el sí y por el no, pero la verdad es que dentro de los votantes de una y otra alternativa convergen matices diversos. En cada grupo hay representantes de la izquierda, del centro y de derecha. Y la diferencia también es evidente en cada uno de los sectores y partidos políticos. Este es un factor que produce ansiedad en las personas votantes de cada alternativa, por la diversidad de ideales e intereses que existen internamente. Pero en los resultados de una votación se muestran todos en conjunto.

Sin embargo, también son evidentes varias diferencias importantes, que se convierten en el foco de polarización. La primera es que desde el punto de vista histórico, estos dos grupos han recorrido caminos diferentes y se han lanzado por derroteros separados. Los votantes del sí buscaban que se aprobara el acuerdo de paz entre las FARC y el Gobierno, para luego refrendarlo en el plebiscito, y confiar en la futura derrota en las urnas del partido político de los exguerrilleros. Mientras que los votantes por el no rechazaban de manera casi general que en el acuerdo, los líderes de las FARC quedaran exentos de pagar cárcel y que la cúpula guerrillera pudiera participar en política en el futuro.

Otra diferencia en esta tensión tiene que ver con las tendencias arquetípicas contrapuestas integradas en la cultura de uno y otro grupo. Los votantes del sí pueden ser vistos como excesivamente gobiernistas, democráticos e ingenuos para las gentes del no, los cuales son muchísimo más orientados hacia la oposición, el tradicionalismo y la desconfianza, según la mirada de los de sí.

Inmediatamente después del plebiscito, se vieron muchas demostraciones de agresión, violencia verbal e intolerancia escrita entre los grupos del sí y del no. Se produjo entonces un proceso de clara diferenciación psicológica entre los dos grupos, en buena parte influenciado por políticos, partidos y movimientos sociales con intereses particulares que ofrecían su percepción sobre el acuerdo y que jalonaban a la ciudadanía para que se aliara con ellos. Se puede decir que en gran medida se produjo la separatio.

Las personas del sí y del no, no tuvieron el menor reparo en enorgullecerse de las virtudes percibidas en ellos mismos y en proyectar sobre los «otros» su propia sombra. No es posible en este espacio desarrollar el análisis completo que requeriría descubrir el tipo de sombras proyectadas por cada grupo. No obstante, podemos avanzar en algunos aspectos relevantes. La manera de hacerlo empezaría por preguntarnos: si cada uno de los grupos del sí y del no se mirara en el espejo desde la posición contraria al otro, ¿qué es lo que verían? En la atmósfera psíquica existente entre ellos podríamos encontrar unos grandes focos de ansiedad, que tienen que ver todos con el miedo a perder una identidad establecida.

No obstante el ambiente de confrontación ha sufrido cambios en los últimos tiempos. Con el paso de los meses, se nota un poco menos de división y proyección, ingenua e intencionada, debido a que las poblaciones de uno y otro polo están hablando mucho más tranquilamente, por lo que la consciencia está expulsando de sí la proyección de imágenes ficticias idealizadoras o demonizadoras. Además se ha descubierto que de uno y otro lado hubo manejos non sanctos y mentiras en sus campañas a través de las redes sociales, con lo que están desapareciendo rápidamente muchas de las más flagrantes diferencias existentes antes. A medida que la familiaridad y las semejanzas son mayores, resulta más difícil proyectar en el vecino lo «otro ajeno».

Los debates conciliatorios han sido evidentes principalmente en los estudiantes. En esta población se ha entablado un encendido debate en el que están presentes los complejos históricos y las estructuras culturales arquetípicas, y se puede deducir que la psique está preparándose para crear una nueva receta, una nueva mezcla de rasgos contradictorios. Hoy por hoy una de las consecuencias de la participación de jóvenes ha sido la aceptación de la convivencia entre los del sí y los del no, como actitud dominante ante la búsqueda de la paz. Un efecto secundario de esto es la necesidad de observar una denominada «corrección política» en la vida pública. Esta «corrección política» prohíbe tratar de manera agresiva a cualquier sujeto o minoría que integre la población general. Por supuesto, sigue habiendo (y debe seguir habiendo) diferencias entre los diversos grupos de personas, pero no tendrían que provocar agresiones ni juicios de valor irreflexivos. En lugar de unas jerarquías de valores que vayan de arriba abajo, el nuevo ideal es tener colaboradores en pie de igualdad y ciudadanos cooperadores.

La perspectiva de la juventud apoya el que, en lugar de haber un único «centro de poder», haya muchos focos de influencia. Además, la convivencia política transforma los «opuestos» en «polaridades contrastadas» y, por ende, elimina la división y la creciente proyección de la sombra en el «otro ajeno». La toma de conciencia de esta diversidad de visiones políticas puede dar lugar a un nuevo tipo de consciencia capaz de desplazarse por muchos entornos y contextos nacionales y sociales diferentes, sin caer en los prejuicios. Esto no quiere decir que no se juzgue en absoluto, sino más bien que dichos juicios se hagan sobre la base del análisis y la observación, y no a partir de prejuicios y proyecciones automáticas. En la actualidad los dos grupos, los del sí y los del no, son sendos recipientes culturales de dimensiones gigantescas, en las que viven personas procedentes de muchos lugares y orientaciones  del país. Que luchen internamente a partir de sus respectivas visiones es señal de buena salud psíquica. Por otra parte, el debate ofrece posibilidades de unión e integración tal vez nunca vistas hasta ahora en la historia del país. Todo proceso de individuación exige cuestionar las certezas culturales más preciadas de la persona, así como sus convicciones más queridas.

De este modo, un análisis y aceptación de estas imágenes proyectadas en el Otro podría conducir a la individuación, en el sentido de producir en los dos grupos una mayor consciencia, y llevar además a los dos hacia la asimilación e integración del material proyectado. Esto, a su vez, propiciaría unas mejores relaciones entre los dos grupos.

La implementación del acuerdo de paz ofrece una real exhibición de todo aquello que asusta a la reprimida consciencia de los del no. Por otra parte, igual que ocurre con las oportunidades que ofrece la puesta en marcha del acuerdo; todo esto brinda una excelente posibilidad de integrar lo inconsciente y alcanzar una síntesis nueva de patrones arquetípicos que, si se hiciera conscientemente, propiciaría una mayor integración de todo el conjunto. Al igual que con el trabajo terapéutico de una pareja, se trata de que cada grupo desee integrar los elementos reprimidos de la sombra, dejando de verlos sólo en su contrincante. Así mismo, buscar un equilibrio entre el impulso que tiene cada grupo de diferenciarse del resto y la necesidad de crear una síntesis innovadora. Las personas de cada grupo deben tener una actitud de apertura, dispuestos a entablar un diálogo con las del grupo opuesto, dispuestos a renunciar a hábitos anteriores, con el ánimo de recorrer nuevos caminos comunes.

Como analistas junguianos, conocemos las dudas y las angustias que asaltan a las parejas que se encuentra en la mitad de un proceso terapéutico, el cual suele estar acompañado de un aparente caos y una gran incertidumbre en este viaje psicológico que persigue alcanzar una nueva integración y una mayor consciencia. El principio de individuación, aplicado a los grupos sociales, exige un diálogo entre posturas opuestas; en este proyecto es imposible que no haya dudas y fases de desesperación. Ya lo dijo en meses pasados el ministro de relaciones exteriores alemán que nos visitó, nos auguró un proceso largo y complejo, con base en lo sucedido en su país. Expresó que los alemanes orientales y occidentales, habían aprendido que del acercamiento paulatino de muchos años, podía surgir un profundo cambio.

La consciencia que está naciendo del debate puede convertirse en una precursora en el futuro, de un tipo de consciencia que cada vez será más necesario en el país entero. Lleva implícito el concepto de ser humano como ciudadano del país, venga de donde venga y piense lo que piense. Paradójicamente las fuerzas jóvenes que están impulsando los movimientos masivos de colectivización están también generando a escala nacional un estado de cosas en el que se puede respetar y valorar más adecuadamente al propio individuo. En este sentido, está surgiendo un nuevo país de oportunidades para la individuación.

Una política que se base en este modelo de la individuación deberá dar cabida en Colombia a las diferencias sin juzgarlas como negativas, cuando se trata simplemente de diferencias. Su meta es, al mismo tiempo, la diferenciación y la integración, lo cual significa conservar lo que está ya definido en el presente, reunido con los elementos diferenciadores, a fin de forjar una nueva unidad política bajo el referente de una conciliación nueva.

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