Capítulo 10. El sinsentido de la sexualidad normal – Guggenbühl-Craig

Adolf Guggenbühl-Craig

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Analista junguiano suizo, nació en Zurich (Suiza) en 1923 y falleció en 2008 en la misma ciudad. Estudió Teología en la Universidad de Zurich, luego Filosofía e Historia en la Universidad de Basilea y después Medicina en la Universidad de Zurich. Luego de graduarse en Psiquiatría y Psicoterapia, inició la práctica privada en Zurich. Conoció directamente a Jung y fue muy influido por la psicología de Jung. Autor de Poder y destructividad en Psicoterapia. El siguiente texto es la traducción hecha por la psicóloga clínica venezolana María Luisa Fuentes, del Capítulo 10 de su obra Marriage: Dead or Alive (1986). Putnam: Spring Publication. Esta no es una traducción oficial sino una versión personal y se hace con fines pedagógicos para ADEPAC y otros centros de estudios junguianos.

Traducido del inglés por María Luisa Fuentes

CAPITULO DIEZ

Una ruptura decisiva en la comprensión de la vida sexual fue la realizada por Freud.  En nuestros días la comprensión de la sexualidad es impensable sin el  conocimiento preciso de sus teorías  sobre la sexualidad.  De acuerdo a Freud la sexualidad está compuesta por varios instintos diferentes, los cuales, si todo va bien, se integran en lo que puede entenderse como una sexualidad normal; si las cosas no van bien, aparecen las así llamadas perversiones.

Nosotros queremos tocar  aquí las teorías de Freud sólo brevemente. Freud describe  de manera precisa los  estadios que caracterizan el desarrollo de la sexualidad humana. La sexualidad del recién nacido es todavía desorganizada y difusa. Por naturaleza el niño es un perverso polimorfo autoerótico.  El niño contiene, por decirlo así,  todas las tendencias sexuales las cuales  si no son integradas,  se experimentan posteriormente  como perversiones.

El primer centro de la sexualidad ocurre en el área de la boca. Este primer estadio es la llamada fase oral durante la cual todo lo que tiene que ver con la boca—succionar, tragar, comer—es experimentado sexualmente. En la próxima fase estos sentimientos de placer se concentran más y más en los órganos excretores y en la eliminación de la orina y las heces. (Explicar precisamente por qué  las tendencias sadomasoquistas aparecen durante esta fase  sería ir demasiado lejos en este campo para nuestros propósitos)  En una fase más tardía,  los genitales  toman el liderazgo y  durante este estadio fálico (alrededor de los cinco años) entra la fase Edípica con el incestuoso deseo de contacto sexual con el padre o la madre. Los deseos Edípicos no son ser  realizados  y deben ser reprimidos y el resultado es el estadio de latencia la cual es la última, hasta los doce años de edad.  Durante esta fase los instintos sexuales son reprimidos y  la energía sexual es hasta cierto punto sublimada. En la pubertad la llamada sexualidad normal finalmente comienza a  entrar en acción.

Este largo y complicado proceso de desarrollo sexual contiene muchos peligros a través de los cuales pueden sobrevenir las anomalías. En cualquier fase puede ocurrir una fijación y ciertos componentes sexuales singulares, como por ejemplo sadomasoquismo anal o exhibicionismo pueden hacerse dominantes; también, la ansiedad acerca de la fuerza del instinto sexual, los mecanismos de desplazamiento pueden entrar en juego, a través de los cuales toda la sexualidad se concentra en la evitación del objeto,  como en el caso del fetichismo, donde el objeto substituto juega el papel que le correspondería al objeto deseado.

De acuerdo a Freud la causa de este desarrollo defectuoso se encuentra en una debilidad constitucional  o en una sífilis congénita, en una debilidad nerviosa constitucional o en ciertas experiencias que llevaron a la fijación. Una desafortunada estimulación  sexual en cierta fase, como por ejemplo presenciar el acto sexual entre los padres el cual es malentendido como un intento de asesinato, o ser seducidos  por familiares o servidores  domésticos, pueden dar como resultado que  un cierto instinto parcial que sea  importante en esa fase en cuestión, se convierta más tarde  en el más importante  y  tome el control.

Bajo ésta perspectiva cosas tales como  la desviación sexual era  entendida  como un predominio abrumador de los instintos sexuales infantiles. Cualquier forma de sexualidad que no  llevase de alguna manera a la clásica relación sexual era vista dentro de este contexto como una perversión sexual.

Este esquema desarrollado por Freud ha sido ampliamente criticado en épocas recientes. Se ha demostrado, por ejemplo, que el llamado período de latencia es un concepto cuestionable  pues la vida sexual  de los niños entre las  edades de seis y doce años no  disminuye de ninguna manera. Desafortunadamente la magnificencia  del pensamiento de Freud a menudo no es apropiadamente  comprendida por los exponentes de la Psicología Junguiana. Freud ciertamente no describe hechos.  Su trabajo puede ser apreciado si entendemos sus teorías sexuales como una moderna mitología, la cual a través de representaciones simbólicas nos da un mayor acceso al mundo  de la  sexualidad que los hechos estadísticos. ¿No es quizás el niño perverso polimorfo, por ejemplo, una representación simbólica de la persona  presente en cada niño en quien ya se encuentra todo?

Freud intentó demostrar que varias de las llamadas perversiones están presentes desde el comienzo en todas las personas  y que la sexualidad normal no es más que un delicado artificio cuyos diversos  bloques  de construcción son las llamadas perversiones.  El mérito de la teoría de Freud es que las desviaciones sexuales están incluidas en la comprensión de la sexualidad y que la estrecha comprensión de la sexualidad se amplía más allá de su conexión con  la reproducción. La perspicacia de Freud no pudo sin embargo liberar la sexualidad de su confinamiento de una vez por todas. De acuerdo a Gebsattel,  por ejemplo,  la masturbación es todavía un pecado en contra  del principio Yo-Tu, un pecado  en contra de Eros, o de acuerdo al famoso psicólogo y filósofo suizo Paul Haeberlin,  un pecado en contra del compañero.

Los psicólogos Existencialistas intentaron en parte comprender la riqueza de la sexualidad más profundamente. Medard  Boss  sostiene  que no sólo la sexualidad normal sino toda variedad  de la sexualidad es un desesperado y a veces limitado intento de expresar amor. Otros Existencialistas entienden el instinto sexual como un impulso de estar en el mundo y  consideran que cuando ocurre una escisión entre el mundo y el instinto, esta escisión debe ser llenada con fantasías  y perversiones  sexuales de naturaleza destructiva como el sadismo y el masoquismo. Para nuestra  propia y más profunda investigación,  queremos   recordar  esta sentencia de Freud “quizás en ningún otro lugar el amor todopoderoso se muestra con tanta fuerza como en las aberraciones.» Cualquier aproximación a la sexualidad  que tenga la reproducción – o aún el acto sexual formal—como foco central  y  que vea  cualquier otra  actividad sexual como sospechosa,  debe ser juzgada a la luz del siguiente fenómeno:

En la práctica de la psicoterapia sucede una y otra vez, que mientras más diferenciada y menos  débil  es una persona, más encontramos  las llamadas aberraciones sexuales. Las excepciones prueban la regla. Las personas indiferenciadas,  con  mínimo  desarrollo afectivo y estimulación cultural poseen una sexualidad normal con mayor frecuencia que aquellas  personas más diferenciadas afectiva y culturalmente.

Además todo aquel que intente  una mayor comprensión de la sexualidad tiene que tomar nota de que una gran porción de la vida sexual  humana consiste en fantasías. En parte estas son  de la variedad normal, pero en parte ellas también son de una variedad extraordinaria—significativamente más extraordinaria que la vida sexual  experimentada en la realidad. Necesitamos encontrar una  clave de la vida sexual  y de las aberraciones sexuales que  le pertenecen, la  cual hará posible que  comprendamos todo,   la totalidad  del fenómeno  sexual  en toda su variedad y riqueza, sin moralizarlo o biologizarlo, sin dogmatismos acerca de qué debería  ser o no ser.

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