Abuso sexual y participación mística – Ana Tibau

Ana Tibau I.

AbusoSexual

Ana Tibau Iturralde es Psicóloga Clínica, Miembro Individual de la Asociación Internacional de Psicología Analítica, Práctica de la Psicoterapia por 20 años, Docente Universitaria. La siguiente es la ponencia que se presentó en el VIII Congreso Latinoamericano de Psicología Junguiana, realizado del 11 al 14 de julio de 2018, en la ciudad de Bogotá, Colombia. Su publicación fue autorizada por la autora.

RESUMEN

La clínica y la prensa en el Ecuador, así como las constantes denuncias a la Fiscalía demuestran que el abuso sexual de los progenitores, preceptores y otro tipo de figuras de autoridad hacia los menores es alto, más de lo que se podría pensar, tornándose en algo doloroso y desconcertante. Frente a esto, las soluciones que se han dado han sido sobre todo de carácter legal, auspiciadas especialmente por los movimientos feministas, llegando incluso a romper la confidencialidad, pilar fundamental de la terapia, en función de que el Estado avoque conocimiento y sancione el delito. Sin embargo, a pesar de que esto tiene algunos años de aplicación, el porcentaje de casos no disminuye significativamente, lo cual nos lleva a pensar en las características de los países latinoamericanos como naciones pioneras, donde todavía en lo psicológico la indiferenciación es alta.
Es por eso que lo que Jung definió como participación mística (de cuño de Lucien Lévy-Bruhl) que señala la forma de relación psicológica con el objeto, de acuerdo con la cual el sujeto no puede distinguirse claramente de él. Sostiene Jung que el sujeto se identifica inconscientemente con el objeto. Esta sería una hipótesis interesante sobre lo que puede ocurrir para que se produzca la naturaleza de abusos tanto sexuales como psicológicos y físicos, y de alguna manera también podría ser un factor de explicación del autoritarismo que en lo familiar, social y político ha caracterizado a nuestra región.
El presente trabajo intenta, a través de estas teorías, explicar los fenómenos descritos, con lo cual la psicología analítica puede con sus amplias posibilidades penetrar el alma latinoamericana y quizás entregar un elemento de juicio importante para una clínica y una educación adecuadas para el manejo de tan graves problemas.

PALABRAS CLAVES: ABUSO SEXUAL, AUTORITARISMO, IDENTIFICACIÓN INCONSICNETE, PARTICIPACIÓN MISTICA.

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La alta incidencia de casos de abuso sexual que deben ser abordados por los psicólogos, psicoterapeutas y psiquiatras en los últimos años, ha presentado la necesidad emergente de comprender de manera más integral el problema del abuso. Según revela la Organización Mundial de la Salud en un informe de septiembre de 2016 una de cada 5 mujeres y uno de cada 13 varones han sufrido abuso en su infancia (Berlinerblau, 2017). En el Ecuador se comenten actos de violencia sexual contra menores en un porcentaje de dos cada día, siendo estos únicamente los casos denunciados ya que existe otro estudio en el que se dice que ocho de cada diez delitos no se denuncian formalmente en la Fiscalía del Estado, con esto el porcentaje de abuso aumenta significativamente. Otro dato importante es el relatado a la agencia de noticia EFE en junio 2017 por el representante de Unicef en Ecuador, el sudafricano Grant Leaity, “una de cada diez mujeres en Ecuador fue víctima de abuso sexual cuando era niña o adolescente. Y una de cada cuatro víctimas en el país ‘nunca’ lo denunció”. (Madera, 2017).

Sin embargo de las estadísticas, sabemos que estas no reflejan la realidad de la violencia ya que la experiencia terapéutica supera de largo esta prevalencia.

Ciertamente la sociedad, con toda justificación busca defender a sus miembros, por lo cual en los diversos países del mundo se ha implementado una legislación fuertemente punitiva contra el abusador, más aún en algunos casos se exige que el terapeuta denuncie a la autoridad correspondiente apenas se entere en el mismo proceso psicoterapéutico de un abuso sexual. Tal medida, si bien tiene la intención de protección de la víctima rompe con la confidencialidad de la psicoterapia, la que prácticamente queda anulada.

Dentro de esta misma línea los estudios y la atención clínica se han dedicado primordialmente a las víctimas, lo que es perfectamente entendible; a pesar de lo cual el abuso tiene dos componentes, siendo indispensable conocer que pasa con el abusador en un perfil psicológico. En la gran mayoría de casos el abusador termina siendo únicamente incriminado en búsqueda de una sanción, procurando que sea la más dura posible. Estas medidas en pocas ocasiones dan margen para que estas personas accedan a un proceso psicoterapéutico por propia iniciativa. Por el contrario, en algunas legislaciones penales se llega a utilizar a través de sentencias, intervenciones médicas tendientes a disminuir la testosterona en el caso de los hombres, o como sucede ahora en el Perú que acaban de ser sancionada una ley en primera votación en la que aprueban la castración química a los violadores; con lo que ahonda en la opinión generalizada de que el abusador solamente sea un varón; por el contrario en la experiencia clínica demuestran que las mujeres también pueden estar en esta condición.

Por lo mismo es fundamental el que se trata de abordar desde la psicología profunda este grave problema, estableciendo posible causas para la actitud de los abusadores, propiciando además la discusión al interior de la corriente, con lo que se podrán aportar nuevas luces a tan trágico hecho. Hay que anotar que otras escuelas y autores han realizado investigaciones o formulado teorías sobre la psíque del abusador y hasta han ensayado características y tipologías, que sin duda constituyen una contribución. Pero antes de exponer lo que sería un enfoque desde la psicología profunda, es importante señalar el pensamiento de estas teorías.

El modelo biológico habla factores genéticos, hormonales y de neurotransmisores que están relacionados con la impulsividad y el aumento de la excitación sexual.

Para los conductistas, el abuso sexual infantil está relacionado con las experiencias tempranas de condicionamiento, que el ofensor frecuentemente recordaría sus experiencias sexuales iniciales y esa fantasía adquiriría propiedades de excitación.

A su vez para el psicoanálisis el abuso se explicaría, como fantasías reprimidas y no satisfechas relacionada con la propia sexualidad de los menores. Podría también jugar un papel importante dentro de esta teoría la compulsión a la repetición. En la actualidad los psicoanalistas se centran más en las características del abusador, como la dificultad en la conformación del self (a la manera de Kohut) en un proceso de separación-individuación.

En cambio en el modelo Sistémico, el incesto es entendido como producto de un sistema familiar problemático en el cual cada uno de los miembros de la familia ha contribuido potencialmente al abuso del menor. Existe la posibilidad de que la víctima y otros miembros familiares, como la madre puedan ser culpabilizados por el abuso sexual, según Electra González y colb. (González, 2004)

En lo que se refiere a la hipótesis de este trabajo se empezará con el desarrollo del concepto de participación mística, tesis de Lucian Lévy-Bruhl (1857-1939), filósofo, antropólogo, sociólogo francés. Para esto conviene esbozar brevemente el pensamiento de este autor para poder comprender lo que él denominó como participación mística. Su preocupación estuvo centrada en la mentalidad moderna, lógica y por lo mismo buscó sus raíces en el pensamiento pre-lógico de los primitivos. La conclusión a la que llegó es que en el caso de pueblos no civilizados el conjunto de hábitos mentales que excluyen el pensamiento abstracto y el razonamiento propiamente dicho parece ser la característica que además se encuentra en numerosas sociedades, no pertenecientes a la cultura occidental. (Lévy-Bruhl, 1985)

En vez del pensamiento lógico, en estos pueblos y personas se da una ley de participación, que sería una forma de mediación entre la identidad y la contradicción. Este tipo de mentalidad es pre lógica. Al tener estas características, su pensamiento se hallaría sujeto a lo que a la época se denominaba representaciones colectivas. Otra característica que se puede encontrar es que su preocupación se centra por lo inmediatamente evidente, cuando una causa resulta abstracta o desconocida, se explica aludiendo a poderes místicos, es decir en este caso habría que tomar la palabra místico como referencia a lo misterioso, desconocido u oculto; y no una conexión con la divinidad.

Jung aborda el tema el tema de la identidad inconsciente precisamente basándose en la referencia de Levy- Brulh. Y dice lo siguiente:

(…) identidad psicológica tiene como forzoso presupuesto la inconsciencia de la misma. Es un rasgo característico de la mentalidad primitiva, así como el auténtico fundamento de la participación mística, la cual no es en el fondo que otra cosa que un residuo de la indistinción psíquica primerísima de sujeto y objeto y por lo tanto, del estado de inconsciencia primordial. Es también un rasgo característico del estado mental de la primera infancia, así como, por último, un rasgo igualmente característico de lo inconsciente en el adulto civilizado, que en la medida en que no haya devenido un contenido de consciencia permanece con efectos duraderos en un estado de identidad con los objetos. (Jung, 2013)

Con estos fundamentos se podría pensar que el abusador no logra establecer límites con el abusado, no existe un sentido de alteridad, porque el abusador no tiene consciencia de que hay un otro, que por lo mismo no existe una diferencia entre sujeto y objeto o siente al objeto incorporado en sí. Lo que ocurre particularmente en los casos de incesto.

Claro que esto puede estar acompañado de condiciones de autoridad, dinero, o chantaje, aparecer manipulaciones mentales, pero habría que señalar que estas no parten de una consciencia diferenciadora, sino del impulso que disociado manipula.

En el caso de que el abusador hubiese sido abusado, el gesto no sería únicamente por compulsión a la repetición, sino que el propio trauma producido podría impulsar a una mayor disociación, estableciéndose otra identificación.

Además Jung señala que la

(…) Identidad es ante todo una igual inconsciente con los objetos. No es ni una equiparación ni una identificación, sino una igualdad apriórica que no ha sido jamás objeto de la consciencia. Basándose en la identidad, se prejuzga ingenuamente que la psicología del prójimo es idéntica a la propia, que todo el mundo estaría animado por los mismos motivos, que las cosas que a nosotros nos gustan tienen por esta razón que ser también del agrado del prójimo. (Jung, 2013)

El abusador por tanto, con este sentimiento de igualdad y creyendo que su deseo es también el del otro se precipita a su acción y por lo mismo cuando ya frente a una situación de juzgamiento se le inculpa del hecho, él no va a reconocer la culpa con facilidad sino que atribuirá siempre al otro, el que le haya “tentado” ha involucrase sexualmente con él. Solo un proceso de esclarecimiento de su consciencia, más allá del miedo a una condena le permitirá ver lo grave de su acción. Lo que por cierto no es frecuente.

Con lo expuesto no se busca aminorar la gravedad del hecho, sino aportar para entender algo de sus causas a fin de prevenir en lo posible el abuso y encontrar también la terapia adecuada tanto para los abusados como para los abusadores.

Es importante considerar que el destape que se ha dado sobre el abuso sexual particularmente sobre los menores, abarca, a aparte de padres, o familiares cercanos a preceptores, religiosos, entrenadores, maestros, y en definitiva sobre todos a quienes puedan tener cercanía a los niños/niñas/adolescentes tanto como autoridades y como en calidad de cuidadores, todo lo cual lleva a la presunción de que el fenómeno tiene características lamentablemente universales y que puede obedecer, como se ha dicho reiteradamente antes a la ausencia de una consciencia diferenciadora.

En los años que tengo de práctica terapéutica, se presentaron casos que si bien el motivo de la consulta era otro, en su desarrollo apareció el abuso sexual. Al escucharlos comencé a sospechar que las descripciones que hace Jung sobre la identidad inconsciente y por ende la participación mística se ajustaban a lo que se relataba en la terapia. Así, en un caso particularmente significativo, la persona vino a la consulta porque se encontraba en duelo por la muerte de su pareja. Después de algunas sesiones en las se abordó su duelo, y luego del relato de un sueño en que aparecían imágenes de su familia nuclear y ampliada, motivó a pedir una historia más profunda sobre las relaciones familiares. La paciente se quedó en silencio tomándose tiempo para evaluar si el contenido de lo que iba a decir por primera vez a alguien produciría juzgamiento de mi parte. Dijo: “yo no sé si deba contarte esto que no he dicho nunca a nadie”, tomando fuerza relató lo siguiente: “cuando era niña, tenía más o menos 7 u 8 años, del tiempo que me acuerdo, mi abuela acostumbraba a llevarme hasta la cama de mi abuelo para que pasara con él la noche; durante ese tiempo, el viejo me tocaba y se masturbaba conmigo usándome como una objeto, por lo tanto amanecía sudada y llena de semen. Entonces mi abuela temprano en la mañana llegaba a levantarme, bañarme y llevarme a la escuela”. La paciente refirió que ella no era la única niña sujeta a semejante condición, sino que los abuelos lo hacían con el resto de nietas. A continuación relató que a su vez ella inició sexualmente a sus primos menores. Todo esto ocurrió hasta la edad de doce años, cuando empezó a hacer consciencia de que esta práctica de la familia no estaba bien.

Durante el análisis reclamó a su madre por la conducta de los abuelos, entonces la madre le reveló que ella también había sido abusada por el padre. Esto lejos de permitir un acercamiento con ella, le suscitó más ira y alejamiento. A partir de entonces, trabajó sobre este doloroso hecho de su vida. Se me ocurrió que quizás podría ayudar hablarle de que tanto ella como su familia vivieron un estado de inconsciencia, más concretamente de participación inconsciente del que logró diferenciarse cuando tenía sus doce años. Precisamente en esa edad, el abuelo abusador muere, ese día ella lo consideraba como el más feliz de su vida. El enterarse de que se podía dar este estado inconsciente le permitió a su vez tomar consciencia de toda esta dinámica de abusos en la familia, en la que ella también participó activamente. El poner una distancia de esos hechos le posibilitó también elaborar su culpa. El trabajo continuó durante años.

Otro caso que merece también mención es el de una mujer que vino a la terapia para hablar de su inconsistencia amorosa y sexual puesto que acababa las relaciones en el término de una semana; y así decía con sorna “vengo enamorándome de mi próximo ex”. Cuando hablamos de su historia sexual, más profundamente, relató que su madre había abusado sexualmente de ella, ya que siendo niña esta venía borracha a su cama y le estimulaba sexualmente mientras ella también se masturbaba. Estos recuerdos le habían proporcionado placer y por lo mismo su culpa era grande y tenía mucha vergüenza para verbalizar. A su vez la madre había sido abusada por una tía cuando tenía de cinco a seis años y más tarde continuó vida sexual con su hermano hasta la adolescencia. La madre mantuvo una vida promiscua hasta el punto de involucrase sexualmente con la amante del marido. Esta tendencia de indiferenciación sexual, la madre la llevaba también a los otros ámbitos de la vida, como por ejemplo, tomar el dinero de la hija, dejarle las responsabilidades de sus hermanos, etc.

Igualmente que en el caso anterior, le hablé de la inconsciencia en que todos estaban sumergidos, hasta que la paciente pudo des identificarse con la madre, ponerle límites y sobre todo se estabilizó afectivamente cuando pudo a su vez diferenciarse también de sus parejas, verles en su realidad y no cometer abusos afectivos.

El paciente al que haré referencia buscó la terapia debido a que tenía fantasías recurrentes sobre la muerte accidental de sus hijos, en los cuales incluso planificaba el discursos fúnebre que pronunciaría. Por otra parte relataba que cuando su esposa dormía el encendía un canal pornográfico y se masturbaba compulsivamente. Tanto el primero como el segundo relato le llenaban de culpa y al parecer como en todo complejo no tenían relación. Trabajamos durante algún tiempo y como en los casos anteriores, a través de las asociaciones de un sueño, relató que en su infancia (la misma de edad de sus hijos) empezó a tener juegos sexuales con sus hermanos, primos y primas, luego de ver pornografía. Esto lo llamó como “mi confesión”, sentía mucha, culpa y vergüenza, porque su erotización temprana le llevó a buscar más niños para sus juegos. Durante el análisis alivió su culpa al explicarle que en estas épocas de la vida se trataba de una participación inconsciente, lo cual le ayudó a mirar de otra manera el episodio. Es interesante anotar que las fantasías de muerte en relación a sus hijos tendrían que ver con su deseo de matar esa etapa de la infancia que tanto le culpabilizaba.

Pasando de la evidencia terapéutica al plano mítico, conviene relatar que en el Ecuador existe una leyenda conocida como el “Chuzalongo” (el cuchillo del muchacho en quichua). La historia relata la existencia de un ser monstruoso, enano y con un pene gigantesco, tan grande que lo puede enrollar. Su existencia ha sido producto de la frustración del volcán Imbabura que no logró lanzar su falo lo suficientemente lejos y ganar en la competencia para acceder a los amores del cerro hembra llamado La Cotacachi.

Su frustración habría llegado al punto de crear al Chuzalongo. Desde entonces las mujeres nunca deben subir solas a las altas montañas porque serían violadas hasta morir por este ser. Es evidente su parecido con Príapo, aunque solo por interpretaciones antropológicas se deduce que también se trataría de un elemento de fertilidad. La leyenda coincide también con un violador Daniel Camargo Barbosa que justamente atacaba en las montañas. Este era el caso de un psicópata que mató a más de 40 mujeres en la frontera entre Colombia y Ecuador, donde justamente están ubicadas geográficamente las montañas antes mencionadas

Aludo esta leyenda porque a lo mejor es posible hacer un rastro arquetípico del abuso sexual, entiendo lo fálico cetónico (Erich Neumann) que al ser precisamente arquetípico se presenta tanto en hombre como en mujeres.

Como conclusión de lo expuesto, sería interesante amplificar más esta hipótesis, abundando en mayor número de casos y tomar como un elemento para la prevención del abuso el trabajo que pueda ir más allá de la educación en sexualidad sino, procurar campañas colectivas intentando en lo posible que se reconozca el que todos los seres humanos tenemos el potencial de abusar.

Es importante también que en los programas de difusión sobre abuso sexual se insista en la necesidad de la maduración de padres e hijos al momento en que estos se diferencian y que de la misma manera se realice un proceso de concienciación de los posibles preceptores para que comprendan las diferencias y los derechos de los otros.

Una mayor difusión de la psicología y la terapia en este sentido, para que exista en todo campo el respeto por los derechos del otro.

Y por último reconocer que el abuso abarca todas las dimensiones del ser humano: lo físico, sexual, psíquico y espiritual.

Bibliografía

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González, E. y. (2004). Características de los abusadores sexuales. Rev Sogia. Obtenido de https://www.cemera.cl/sogia/pdf/2004/XI1abusadores.pdf

Jung, C. G. (2013). Obras Completas (Vol. VI). Madrid: Trotta.

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Lévy-Bruhl, L. (1985). El Alma Primitiva. Barcelona: Península.

Madera, S. (https://www.efe.com/efe/america/sociedad/los-datos-de-abuso-contra-menores-en-ecuador-alarman-pero-son-solo-la-punta-del-iceberg/20000013-3284485# de 2017). Los datos de abuso sexual a menores en Ecuador. AGENCIA EFE. Obtenido de https://www.efe.com/efe/america/sociedad/los-datos-de-abuso-contra-menores-en-ecuador-alarman-pero-son-solo-la-punta-del-iceberg/20000013-3284485#

Bibliografía de referencia

Alarco von Perfall, C. (2011). Diccionario de la Psicología de C. G. Jung. Lima: USMP

Gilberti, E. (2015). Abuso sexual contra niñas, niños y adolescentes. Un daño horroroso que persiste al interior de las familias. Buenos Aires: Noveduc

Intebi, I. (2008). Abuso sexual infantil, en las mejores familias. Argentina: Granica (s.f.). Obtenido de https://www.unicef.org/ecuador/ocultos_a_plena_luz.pdf

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