Entendimiento con las manos

ENTENDIMIENTO CON LAS MANOS

Eva Pattis Zoja

 

Eva Pattis Zoja es analista junguiana, miembro de la IAAP (International Association for Analytical Psychology), con práctica privada en Italia. Autora del libro Abortion: Loss and Renewal in the Search for Identity (1997). El presente artículo es una traducción de la Introducción y del primer capítulo del libro Sandplay Therapy: Treatment of Psychopathologies (Terapia Caja de Arena: Tratamiento de Psicopatologías), Eisiedeln: Daimon Verlag, del cual la autora es editora. Se publica con autorización de ella.

 

Eva Pattis Zoja

Traducción al español por Ma Claudia
Munévar en colaboración con Anita Rico.

INTRODUCCIÓN

por Eva Pattis Zoja

“¿Cómo juega uno con la arena?”

Al hacerme esta pregunta, la paciente comienza a reírse de si misma. Se ha dado cuenta de que antes de percibir una nueva situación ya está pidiendo reglas. Conocer las reglas de un juego significa comprender los posibles requerimientos que pueden venir del mundo exterior. No importa si el objetivo inconsciente sea satisfacerlos, o rebelarse contra ellos: en todo caso es un asunto de conformarse automáticamente a una situación “externa” antes de haber dado forma interiormente a un sentimiento propio que pueda entrar en diálogo con el mundo exterior.

“Lo que más me perturba cuando me encuentro frente a la Caja de Arena”, comenta otra persona, “es la falta de criterio. Yo no sé qué se supone que deba hacer, o cómo debo hacerlo, o incluso si debo hacer algoHay una total carencia de coordenadas sobre cómo se supone que yo sea. ¿Es correcto alisar la superficie de la arena, o sería mejor hacer una montaña? ¿Tengo que decir algo, o permanecer en silencio? Al principio no sé qué me están preguntando, y no tengo herramientas para descubrirlo. Siento como si me hundiera”.

Este libro presenta una descripción teórica y clínica de la terapia con la Caja de Arena, en la visión y práctica de diez terapeutas europeos. Todos ellos descubrieron este campo particular en el transcurso de sus largas y complejas carreras como psicoanalistas practicantes, y en muchos casos después de muchos años de experiencia como psiquiatras y neuropsiquiatras. Francesco Montecchi es director del Departamento de Neuropsiquiatria Infantil en uno de los más importantes hospitales infantiles en Italia, “Hospédale Bambin Gesú” en Roma, y tiene que ser tenido en cuenta, junto con Stefano Marinucci y Andreina Navone, como uno de los pioneros que abrieron camino en el país. La terapia de la Caja de Arena ha sido empleada ya hace años en el país como una forma oficial de terapia para niños en el “Hospédale Bambin Gesú”. Vito La Spina y Lorenzo Bignamini, miembros de la siguiente generación, continuaron con éxito un trabajo similar con adultos jóvenes y pacientes maduros en sus cargos de Directores de los departamentos de Psiquiatría en clínicas públicas en Alghero y en Milán.

Todos los autores son analistas junguianos, con excepción de Marcella Marino, y todos excepto Franco Castellana, son miembros de la ISST (International Society for Sandplay Therapy), Sociedad Internacional para la Terapia con Caja de Arena. Ruth Ammann, de Suiza y miembro fundador de la Asociación Suiza de Caja de Arena, es actualmente la Presidenta de la ISST, y su trabajo en terapia con Caja de Arena y psicosomática es bastante conocido en toda Europa.

Aunque el rango de aplicación de la terapia con Caja de Arena se ha ampliado considerablemente en el transcurso de las últimas décadas, especialmente en los Estados Unidos, las barreras lingüísticas continúan produciendo publicaciones inadecuadas del trabajo teórico en la terapia con Caja de Arena. Se espera que este libro sea sólo el comienzo de la publicación de un cuerpo extenso de trabajo, sobre una variedad de temas importantes, que pueda ser compartido internacionalmente.

Las afirmaciones teóricas del trabajo con Caja de Arena descritas en este libro están marcadas por un número de características especiales. Una de ellas es el alto grado de atención dirigido al proceso de la transferencia y la contratrasferencia. El terapeuta está constantemente en contacto con sus pensamientos, emociones, y sensaciones corporales para poder percibir las comunicaciones no verbales e inconscientes del paciente, para “filtrarlas”, y finalmente, señalárselas al paciente, en la forma y el momento adecuados,

La Caja de Arena no se emplea universalmente de esta forma, ni con base en estas premisas, pero los miembros de la ISST la ven como las bases que comparten. Es solamente de esta manera que la terapia con Caja de Arena revela todo su potencial como un instrumento psicoterapéutico diferenciado. Lo “inexpresable” o “lo que nunca ha existido y todos han experimentado” encuentra una manifestación inicial como formas crípticas en la arena. Estas formas están acompañadas por emociones. Estas emociones poco a poco asumen la forma de imágenes visuales, cargadas con contenido simbólico. Este contenido simbólico o “significado adicional” conduce a través de la asociación a nuevas imágenes relevantes – tal vez de la biografía del paciente, tal vez de imágenes colectivas de la humanidad- y éstas a su vez se convierten en episodios de una narrativa. El descubrimiento de palabras conduce a la formación de pensamientos y conceptos. Ejercitando la paciencia y omitiendo pasajes innecesarios, nos reembarcamos con la Caja de Arena en el largo camino del desarrollo de la conciencia. Si logramos hacerlo con éxito, espacios vacíos y traumáticos en la historia personal del paciente serán sanados.

Las patologías que este libro describe como receptivas a un tratamiento exitoso con la terapia con Caja de Arena van desde disturbios psicóticos, hasta el síndrome borderline, adicciones, lesiones dejadas por abuso infantil, enfermedades psicosomáticas y trastornos del carácter.

Espero que este libro deje muy claro que trabajar con la Caja de Arena es más que una operación técnica. La confrontación entre el ego y el inconsciente nunca puede ser una cuestión de dominar una técnica, que una vez aprendida, se pueda esperar que garantice unos ciertos resultados. La confrontación entre el ego y el inconsciente es una situación existencial dramática, de la cual es siempre imprevisible el resultado final: algo que ni siquiera un profeta podría pronosticar.

Mientras este libro era preparado, un evento trágico sucedió. En julio de este año, Lorenzo Bignamini fue la víctima de una fantasía paranoica asesina de uno de sus pacientes.

Es a Lorenzo, a quien ahora dedicamos este libro. Su vida fue testigo de las muchas maneras en que la constante confrontación entre el ego y el inconsciente se constituye en un acto tanto de coraje como de generosidad.


Capítulo 1.- ENTENDIMIENTO CON LAS MANOS

por Eva Pattis Zoja

A sus diez años Carl tenía una regla de madera en su caja de lápices amarilla, y un día comenzó a rebanarla en uno de los extremos. No tenía nada especial en mente: simplemente lo hacía. Él talló y el resultado final fue “un pequeño maniquí, de cerca de dos pulgadas de largo, levita, sombrero alto, y botas negras brillantes.” Pintó el maniquí con tinta negra, separándolo de la regla y colocándolo en la caja de lápices, en la que le hizo una camita. Incluso le hizo un saco de unos restos de lana. Entonces tuvo la sensación de que necesitaba algo más; sacó una piedra de su bolsillo, la pintó, y la dejo en la caja de lápices. “Esta es su piedra” se dijo. Escondió la caja de lápices con el maniquí en una de las vigas bajo la azotea de su casa. Sabía que nadie descubriría su secreto.

Más tarde escribiría en sus memorias “En todas las situaciones difíciles, incluso cuando yo había hecho algo incorrecto o mis sentimientos habían sido heridos… yo pensaba en mi maniquí cuidadosamente acostado y envuelto, y en su pequeña piedra suave y coloreada.” (1)

Este fue el juego de Carl y el “climax y conclusión” de su infancia. Ese maniquí, de dos pulgadas de largo, era capaz de establecer un orden interior, cuando todo afuera parecía derrumbarse.

Lo que pasó con el resto de la regla no lo sabemos.

Treinta años más tarde, el psiquiatra Dr. Carl Gustav Jung descubrió que maniquís y piedras pintadas similares eran usadas por los aborígenes australianos. Le vino a la mente su juego infantil (2) y experimentó un insight que lo condujo a uno de los fundamentos de su obra: el descubrimiento del inconsciente colectivo. El juego está en las raíces del descubrimiento de sus principales ideas.

Jung también jugó muy a menudo en sus últimos años, pero no lo consideró simplemente como “jugar”. Siempre se planteó el interrogante de ”en verdad, qué es lo que quieres?” (3). Todo el cuerpo de su trabajo teórico es la respuesta a esta pregunta (4).

Dora Kalff parece haberse planteado también esta pregunta. Esto queda claro en las descripciones de sus pensamientos durante las sesiones de terapia. No consideró necesario darles una formulación teórica externa.

Pero se inventó algo nuevo, Jung había logrado la percepción de imágenes visuales interiores a través de la imaginación activa. En la Caja de Arena, las imágenes interiores percibidas pueden ser expresadas tridimensionalmente. Pero esto es lo nuevo: en la Caja de Arena, hay momentos en los cuales las manos inconscientemente dan estructura a una forma. Primero se da la forma y luego se percibe. Esta imagen se hace así consciente no desde el interior, sino desde el exterior.

La substancia psíquica es materializada con la ayuda de las manos; cualquiera puede tocarla. Por un momento, psique y materia no se pueden distinguir la una de la otra. Esta fue la intuición inspirada de Dora Kalff.

Dora Kalff hizo un uso concreto lo más concreto posible- de las ideas de Jung. No se contentó con la imaginación, y creó las condiciones en las que los contenidos del inconsciente pudieran ser recuperados de la materia misma. En términos de la historia de la conciencia, esto cuenta como una regresión. Para que un objeto concreto sea cargado con substancia psíquica, porque no es simplemente una imagen de algo, sino que realmente “funciona” por si mismo como unpars pro toto, remite a una fase muy distante del desarrollo humano. (5) Nos hace retroceder a la fase mágica en la que la magia no se ejecutaba por medio de palabras, rezos y encantamientos, sino a través de cosas para tocar y manipular, con amuletos hechos de partes de plantas o animales, o por medio de pequeñas figuras. Narraciones, mitos y fábulas no se habían inventado. Las representaciones de los seres humanos en este período a menudo los presentan sin boca.

Jean Gebser ofrece una completa descripción de esta fase del desarrollo humano en su trabajoThe Ever Present Origin (El origen siempre presente)(6). Distingue cinco fases en la historia de la conciencia: la fase arcaica, la fase mágica, la fase mítica y la fase mental, que es en la que actualmente vivimos. (Luego describe una integrada fase futura de desarrollo, que nos falta todavía alcanzar).

En cada una de estas fases, el ser humano encuentra acceso a una nueva dimensión. Cada transición de una fase a la siguiente también ocasiona que la valoración de la fase saliente sea experimentada como deficiente. (Desde que se acabó la fase mágica, la magia no ha sido más que trucos; a partir del cierre de la fase mítica, se han producido más narrativas, pero ya no tienen efectos catárticos; los últimos años de la fase mental presencian una acumulación cada vez más impositiva de conocimiento racional pero que ya no tiene significado).

Si profundizamos un poco más en estos términos, vemos con claridad que la mayoría de lo discutido por Jung la búsqueda de un mito personal, las complejos como dioses olvidados- se relacionan con la fase mítica. Esta es la fase en la que el ser humano por primera vez adquiere la capacidad para la percepción consciente de imágenes, y para transformarlas en narraciones.

Por otra parte, la Caja de Arena no se construye necesariamente sobre narrativas y tiene un alcance más profundo. Sus raíces están en la fase mágica.

Cuando la transición de una fase a la siguiente no se ha dominado completamente, se presenta una tendencia a regresar a la fase anterior. Esto se puede ver como un intento inconsciente por alcanzar una armoniosa existencia, una totalidad, en un nivel inferior. En terapia podemos hacer un buen uso de estas regresiones, ya que lo más valioso de ellas es que nos ponen en contacto con habilidades y formas de percepción que en el camino del progreso fueron vistas como inferiores y luego abandonadas.

El juego es un excelente ejemplo de esto.

La Caja de Arena nos da la posibilidad no solamente de ir muy lejos hacia atrás en la niñez de cada uno, sino de regresar a unas profundidades análogas en la niñez colectiva de la humanidad.

Es decir, que nuestro ego actual, diferenciado y mentalmente orientado, se devuelve en la máquina del tiempo de Dora, directamente hacia la fase mágica.

Psique y materia están aún indiferenciadas, de manera que la miniatura de un árbol es un árbol viviente; es la verdadera esencia de la “arboreidad”. Nos confiamos a este ambiente de trance en el cual los objetos son cosas vivientes, y nosotros les permitimos que nos guíen.

Pero también sabemos que experimentar con las máquinas de tiempo es peligroso. La máquina puede estar defectuosa, y se corre el riesgo de no ser capaz (o ser capaz sólo en parte) de retornar al tiempo en el que uno vive habitualmente. La peor parte, sin embargo, es que la persona en cuestión ni siquiera se da cuenta de lo que ha sucedido.

Dora Kalff no fue víctima de este riesgo, pero esto tiene que ver con su personalidad y no con la Caja de Arena. En la Caja de Arena se presenta un riesgo mayor que en otras terapias, de conducir a una regresión y quedarse allí.

Dora Kalff estaba abierta a todos los impulsos irracionales que se le aproximaron de los mundos del pasado. Ella realizó sus experimentos, pero siempre se mantuvo dentro de la estructura teórica de sus predecesores: Freud y Jung.

Sin el descubrimiento de Freud del psicoanálisis y sin el enfoque psicoterapéutico de Jung, la terapia de Caja de Arena de Dora Kalff hubiera sido impensable. Freud inventó la situación en la cual dos personas regularmente se encuentran la una con la otra, en el mismo tiempo y lugar, con una mirada que excluye las formas habituales de comunicación, y dedicándose en una forma particular, a los fenómenos inconscientes, dentro de un espacio libre y protegido. Pero luego él llenó el inconsciente con interpretaciones que luego excluía de éste. Descubrió un nuevo continente, pero lo describió desde una óptica en gran medida derivada de las antiguas ciencias naturales y sus categorías de causa y efecto. Jung es la persona a quien tenemos que agradecer por la primera ruptura con el pensamiento de las ciencias naturales, y por entrar en una dimensión espiritual. Uno recuerda esa regla -un instrumento de precisión y medida- que su juego transformó en un maniquí vivo.

Dora Kalff, sin embargo -con la ayuda de los descubrimientos de Jung, su propio instinto espiritual, y su propio talento como terapeuta iba a descubrir una forma de preservar la “libertad” del espacio que Freud había descubierto. ¿Es eso en verdad tan importante? Yo pienso que sí.

Si intentamos sacar de su contexto histórico el invento de la terapia con Caja de Arena de Dora Kalff, creyendo que se puede sostener solo, corremos el riesgo de no hacer otra cosa que simular el producto final de un proceso. Los productos finales que se logran con éxito a menudo parecen engañosamente simples; uno cree que es posible ahorrarse el problema de los pasos iniciales, preparatorios, en los que aquellos se desarrollaron orgánicamente. Tales simulaciones de productos finales aparecen en la historia cultural como “doctrinas”, en la religión como sectas, y en la vida política como catástrofes.

Así, los fundadores de la terapia de la Caja de Arena se encuentran, por un lado, en rituales pre-científicos curativos de hace mil años, y por otro, en el psicoanálisis, que lleva escasamente un siglo de existencia.

Si nosotros descuidamos estos dos antepasados, la Caja de Arena pierde su individualidad, sus características especiales. Si se descuida su dimensión tradicional la reducimos a una técnica psicoanalítica; si su lado psicológico es abandonado, el resultado es más problemático: en ausencia de un marco de referencia analítico y en ausencia de un paciente trabajo sobre la contratransferencia, los contenidos inconscientes del terapeuta y los del paciente comienzan a confundirse. Terapeuta y paciente queda fascinados con los contenidos arquetípicos que la Caja de Arena constela, y su aparición no es seguida por la lenta integración de esos contenidos en la conciencia. No hay lugar a entendimiento. La pregunta, “¿Y en verdad, qué es lo que quieres?” queda sin responder. El paciente intuye que algo fundamental está faltando, pero no puede expresarlo. Como un buen paciente, reprime su agresión, e idealiza la Caja de Arena. Así como hay un falso si mismo, también hay un falso proceso. Se parecen mucho a los auténticos pero nunca alcanzan el final. El paciente tiene dos caminos para salir del callejón sin salida: siente rabia y se siente traicionado y detiene el proceso, o se identifica con éste y comienza a ser un candidato para formarse en esta modalidad de la Caja de Arena.

No obstante, si se respetan los dos lados de la Caja de Arena el tradicional y el moderno-, ésta queda a la vanguardia de los métodos curativos psíquicos, y se clasifica como un extraordinario instrumento.

Nuestra moderna forma psicoanalítica de curación se ha desarrollado considerablemente en las décadas recientes. Al lado de Jung, autores como Spitz, Mahles, Klein, Winnicott, Reich, Bion, Fairbarn, Bolwby y Stern han refinado y profundizado enormemente nuestra capacidad de escucha. Pero a pesar de estos logros teóricos, la práctica del psicoanálisis -incluyendo el análisis junguiano- tiene límites. Y estos límites, por ejemplo, se observan claramente siempre que nos encontramos con estados preverbales y presimbólicos. A través de la contratransferencia, el analista sí puede tener acceso a estas áreas de experiencias, y puede entenderlas, pero es difícil transformar esta comprensión en lenguaje por cuanto el lenguaje tiene que ser el lenguaje del paciente, y no el del analista. Y en estos niveles, el lenguaje del paciente es solamente un lenguaje corporal. El paciente encuentra imposible recontar una experiencia preverbal, dado que no tiene una imagen verbal de tal experiencia, y con frecuencia no tiene ni siquiera una imagen visual que se derive de aquella. Nuestras experiencias emocionales más tempranas son grabadas en el cuerpo solamente como tensiones musculares, o reacciones vegetativas. Ninguno de los psicoanalistas teóricos ha desarrollado –además de la teoría- un medio de expresión que corresponda a estas primeras fases de desarrollo. La Caja de Arena es en este sentido, la única forma consistente por sí misma de terapia: se ocupa de las áreas de experiencia preverbales y presimbólicas a través de la formación y manipulación de objetos concretos. Las manos asumen el rol principal: el cuerpo asume el rol principal. Sin narrativa, sin lenguaje. La Caja de Arena sigue al paciente en una fase específica de desarrollo, y su flexibilidad es suficientemente amplia para permitirle adaptarse a cualesquiera que sean las necesidades actuales del paciente. Por momentos tiene la presencia ya sea de materia prima, de forma, de imagen, o de palabras. Es funcional en todos estos niveles: el corporal y pre-simbólico, el imaginativo, la memoria fotográfica, lo simbólico y también lo verbal.

Ahora me gustaría ofrecer un ejemplo que muestra cómo la técnica psicoanalítica moderna y las prácticas de curación tradicionales fluyen la una con la otra. Tanto el analista como el chamán trabajan con identificación. El curador se une con el paciente por un instante en el tiempo, como si viera con los ojos del paciente y escuchara con los oídos del paciente: como si experimentara desde el interior del paciente. El siguiente paso del analista es hacer un esfuerzo para integrar a la conciencia todo lo que sea posible de de esta experiencia.

Aquí está el ejemplo:

Una paciente ha estado moviendo sus manos a través de la arena por un periodo considerable de tiempo. Parecía sentirse a gusto, parecía estar buscando algo. El analista sintió un malestar repentino, cercano a las náuseas; se concentró , a pesar de sentirse terriblemente mal, e intentó compenetrarse. Estaba buscando una correlación psíquica con esta condición puramente corporal. Se dio cuenta que la sensación de incomodidad estaba acompañada de un fuerte sentimiento de “todo es hostil.” También notó que los objetos y formas con los cuales estaba familiarizado -como el diseño del tapete de su oficina- habían cambiado: los adornos de flores que siempre habían parecido adornos de flores repentinamente parecían garras malvadas; incluso los colores agradables de la alfombra se gritaban y atacaban. Un mundo totalmente intolerable. En la medida en que captó el sentimiento de que “todo es hostil, el mundo es malvado”, su náusea fue disminuyendo. Luego le vino el pensamiento “la paciente pudo haber experimentado un mundo o un estado como éste durante los primeros días de su vida.” Este pensamiento fue una hipótesis, un enriquecimiento asociativo de la experiencia.

Entonces, el analista comenzó un proceso digestivo interior. Primero fue atrapado por una experiencia corporal. La paciente no tenía conciencia de ninguna experiencia corporal como ésta; no tenía memoria de algo como esto, y por lo tanto no podía expresarlo ni con palabras ni con imágenes. Esto fue un fragmento escindido, para el cual la única forma de comunicación fue pasarlo a otro cuerpo a través de un acto de identificación proyectiva. Fue un fragmento del alma perdido, errando sin objetivo. El cuerpo del analista lo recogió puesto que analista y paciente estaban suficientemente dispuestos para permitir que esto pasara.

La paciente, a quien el analista le preguntó en ese momento cómo se sentía, respondió que nunca se había sentido mejor, y que ahora finalmente se sentía liberada.

Y ahora, ¿qué hace el analista? ¿Conserva este fragmento? Hemos dicho que realizó un acto de digestión. Uno podría decir que convirtió este fragmento errante en una imagen: pero ésta fue su imagen, no la del paciente. ¿Qué pasa ahora? Este “elemento” todavía sin hogar debería volver al paciente, y ser reconocido como propio, e integrado; de lo contrario, esta completa interacción habría sido para nada.

¿Cómo sucederá esto?

Una buena interpretación sería una posibilidad. Pero no todo el mundo tiene el talento para esto. En el caso que hemos descrito, el analista no encontró una interpretación convincente dentro de él mismo. Así, en el transcurso de esta sesión no dijo nada. En la siguiente sesión, una semana después, sucedió lo siguiente:

En el comienzo de la sesión, la paciente se sintió perturbada por la presencia del analista. Ella dijo que él no debía mirar lo que ella estaba haciendo. Después de un rato, ella expresó sorpresa. Había dibujado una línea en la arena, y dicho: “Oh, mira! Esto es la muerte!.” El analista miró en la arena y vio el rostro de un infante. Su boca estaba abierta en un grito, su frente parecía aplastada. La imagen daba un sentimiento de desesperación extrema. El analista dijo, “lo que yo veo se parece mucho a un niño.” La paciente fue sacudida, comenzó a llorar, y tuvo una fuerte reacción catártica.

Preguntó “¿Cómo pudo mi madre no haber visto esto?”. “Esto” se refería a la desesperación del infante.

Parece como si la anterior experiencia escindida hubiera tomado ahora forma dentro de ella, y se hubiera mostrado en la arena. La paciente no había dibujado sino líneas en la arena, y este grito “materializado” junto con el niño- había surgido allí.

Partiendo de estas experiencias emocionales, fue posible trabajar lentamente hacia la integración; lo “intolerable” fue representado paso por paso, y descrito. Motivos del “Niño” se vieron una y otra vez en la arena. Sólo hasta unos meses después apareció la cara de un niño sonriendo cautelosamente, entre los rizos del cabello.

El análisis, aquí, había comenzado su trabajo en el reino de las representaciones presimbólicas. No había habido ni forma, ni imagen, ni memoria: nada más que una sensación corporal que había sido transmitida al cuerpo del analista.

El chamán también toma temporalmente la enfermedad del paciente dentro de su propio cuerpo. Entonces ocurre una transformación de esto que tiene enfermo al paciente. Y después, el chamán tiene toda clase de posibilidades para liberarse nuevamente.

El psicoanalista primero lo elabora para sí (en términos de Bion, él transforma los elementos “beta” en elementos “alfa”) y entonces intenta una interpretación. En la Caja de Arena, por otro lado, la restitución sucede en la manera más directa y lógica. Pasa de nuevo a través del cuerpo. Es decir que depende ahora del cuerpo del paciente de las manos del paciente- reapropiar y estructurar en la arena el fragmento del alma que ha sido arrancado y que el analista ha digerido. La paciente puede verlo en la arena. Puesto que esta condición corporal se ha convertido en imagen, puede encontrar un camino hacia la conciencia, con la ayuda del trabajo del analista como catalizador.

Así que nos encontramos en las artes de curación pre-científica, y también en el psicoanálisis moderno. La identificación proyectiva es la forma más primitiva de comunicación, y también el más refinado de nuestros instrumentos analíticos. Por medio de ellos, una variedad de elementos que son presimbólicos, sin forma, y sin acceso a imágenes pueden ser asidos, y luego resueltos en imágenes.

Establezcamos ahora otras distinciones entre la Caja de Arena y el análisis sin arena. No digo “análisis verbal”, puesto que no existe un análisis totalmente verbal. Toda interpretación efectiva tiene como base las percepciones no-verbales del analista.

En primer lugar, hay una diferencia estructural: la constelación triangular de la Caja de Arena. En la Caja de Arena, la habitación no tiene solo dos participantes. Tiene tres: el paciente, el analista y la arena. Tres es un número inestable, y fácilmente puede separarse en dos más uno. (Y es seguramente claro para todos quién es uno de los tres hermanos.)

Dentro del análisis, dos individuos intentan elaborar una tercera región de comunicación, que es la dimensión simbólica. Juntos crean un campo de energía enriquecido con elementos inconscientes, y ellos intentan aprehender algunos de ellos, y traerlos a la conciencia. En caso de no lograrlo su voluntad inconsciente tenderá a actuar.

La Caja de Arena comienza diferente. Este tercer espacio potencialmente simbólico es previsto y se presenta desde el comienzo como algo concreto y material. Esta simplemente allí.

En términos de la actitud del paciente, esta situación frecuentemente causa una constelación repentina de su otro, el lado oculto.

El analista ofrece un espacio concreto adicional, que en realidad es más neutral de lo que el analista podría ser. Invita al paciente a comunicarse consigo mismo. En un sentido, el paciente está más solo. Todo lo que cause dolor, o que cause miedo o rabia, puede ahora tomar apariencia. El analista se posiciona más lejos “en el camino”. Y para el paciente, todo lo malo esta afuera allí en la arena, y no dentro de Sí mismo. El paciente puede distanciarse temporalmente de esto, y a la vez permanecer en contacto.

Para los pacientes que constelan transferencias intensas, esto significa también que pueden tomar posesión de una parte del analista, y pueden pacífica y tranquilamente tomar control de ella, sin tener miedo de que el analista se sienta herido, desbordado o intensamente amado. Todo lo inimaginable puede ocurrir en la arena, y solamente más tarde hay riesgo de ser expresado dentro de la relación.

Jung describe la transición de tres (un número dinámico) a cuatro en Aion. Lo que ha permanecido excluido de la totalidad, puede ser traído al juego por la inestabilidad de la situación triangular.

Incluso antes de que algo se haya expresado en la arena, esta situación triangular puede también activar las tendencias más primitivas hacia la escisión de la personalidad

Normalmente presuponemos que los contenidos inconscientes permiten una representación tri-dimensional en la Caja de Arena, lo cual es cierto para contenidos que están cerrados a la conciencia, y ya existen en forma de imágenes. Pero también hay elementos inconscientes que no tienen ninguna forma, y ninguna conexión con imágenes; pueden incluso no tener sustancia psíquica. En los sueños tampoco se presentan como imágenes, sino que pueden ser considerados la estructura subyacente de ciertos sueños: invisible pero omnipresente, y omnideterminante. Tales elementos muestran la tendencia a hacer explotar todos los marcos. Por eso, no pueden ser recordados ni representados sino que constantemente se constelan en las relaciones.

La situación triangular de la Caja de Arena está disponible justamente para esos elementos invisibles disruptores, y podemos encontrar una escena como la siguiente:

En una sesión, el paciente juega con la arena y está lleno de iniciativa. Experimenta la arena como placentera, moldeable, protectora, y se siente muy a gusto. Piensa, “¡Si solamente el analista no estuviera aquí, perturbando las cosas con sus garabatos en su libreta de notas!. Me bloquea la creatividad, controla mis movimientos. Si no estuviera aquí, yo podría hacer toda suerte de cosas….”

En la siguiente sesión, el mismo paciente comienza diciendo que siente la arena fría y áspera. Su color también le parece diferente; es más oscuro. ¿Qué ha pasado? Nada parece querer tomar forma. ¿Y las miniaturas? Siempre han sido tan atrayentes, pero ahora están ahí paradas, tan ridículas, puro kitsch. Afortunadamente el analista está aquí, sentado pacientemente. Es alguien con quien al menos se puede hablar. El entenderá.

En una ocasión la arena es buena y el analista es malo. La siguiente vez la arena es mala y el analista es bueno. El paciente tiene la experiencia personal, a través de todos sus sentidos, de que la misma arena y el mismo analista fluctúan, e invierten sus cualidades. Esto significa que el paciente puede registrar sus fragmentados fenómenos inconscientes cuando están todavía en proceso de emerger. El analista no ha hecho nada para promover ese reconocimiento, y simplemente permite que se le use como un objeto neutral. En este preciso momento, él también era una de las miniaturas, y la Caja de Arena era la habitación, todo el escenario de análisis.

La situación triangular le da al paciente no solamente un campo adicional de expresión, sino que también lo hace para al analista.

Dado que el paciente esta sólo parcialmente centrado en el analista, el analista tiene también una gran oportunidad para constelar un “otro lado.” Observa lo que el paciente crea en la arena, y al mismo tiempo tiene una percepción interior de ello, como si mirara en su propia Caja de Arena imaginativa. Percibe sus pensamientos, sus sentimientos, sus sensaciones corporales, sus impulsos para decir o hacer algo, y todas estas cosas pueden ser reacciones a lo que está sucediendo en la arena. Entonces, elabora estas percepciones internamente, sin comunicarlas directamente. Está involucrado en algo así como un proceso de digerirlas, antes de intentar devolvérselas al paciente. Incluso, devolvérselas puede no ser siempre necesario por cuanto lo que ha procesado puede aparecer por si mismo en la arena.

Pasemos ahora a la última diferencia que vamos a discutir aquí entre la Caja de Arena y el análisis sin Caja de Arena. Las manos.

Como Ruth Amman señaló, las manos recogen un movimiento que viene desde el cuerpo, y se dejan guiar por éste. La existencia de un nivel de percepción corporal que no pasa a través de la conciencia ha sido confirmada por la investigación en neuropsicología. Damasio ofrece un ejemplo. (7) Los pacientes que sufren de agnosia visual son incapaces de reconocer fotografías de familiares ya que unas regiones específicas de su cerebro han sido dañadas. Miran la foto y comentan que no han visto nunca antes a esa persona. Pero sus cuerpos reaccionan a la imagen. Se dan cambios altamente significativos en la resistencia eléctrica de la piel, y también en la temperatura corporal. El cuerpo “reconoce” la foto, sin ninguna participación de la conciencia.

Así, las manos son vehículos no solamente de la autoexpresión del inconsciente, sino que también pueden percibir un sentimiento, una atmósfera, un campo interactivo sin que estas cosas hayan pasado a través de un proceso de conciencia.

En los primeros estadios de desarrollo del niño, las manos y la boca están unidas. El reflejo de succión y el reflejo de cerrar los puños pueden ser ambos observados dentro del útero.

Cuando son amamantados, los bebés con frecuencia cierran y abren los puños de acuerdo con su ritmo de succión. Durante estas primeras semanas y meses, la experiencia emocional toma lugar en la región de la boca (en la “cavidad oral” como R. Spitz (8) la llamó) y es acompañada por los gestos de las manos. Las formas en que muchos pacientes manejan la arena pueden ser bastante evocadoras de esos movimientos de los bebés.

La posible existencia de un vínculo especial entre la boca del paciente y las manos me surgió en la mente escuchando a una mujer decir: “las palabras son diferentes cuando mis manos están en la arena.” Ella se sentía siempre perdida dentro de sus palabras, tratando incesantemente de continuar hablando y sintiéndose cada vez más confundida. Desde que comenzó a sentarse frente a la arena, comenzó a hablar diferente. Hablaba más lento; hacía pausas; repetía palabras y frases; su conversación adquirió un ritmo. Por encima de todo, ahora se escuchaba pacientemente por primera vez

El contacto entre la arena y las palmas de las manos activará algunas veces las experiencias más tempranas del paciente.

Un ejemplo.

La paciente movió la arena, y dijo que ésta era como el mar. Continuó por un rato, y se sintió más en confianza. Luego tuvo la sensación de que el mar la estaba chupando; se sintió aturdida; le estaban “chupando el cerebro.

Un estado de desintegración adquirió expresión tanto en imagen como en sensación corporal.

Luego apretó la arena entre los puños, y comentó que el mareo y el aturdimiento habían cesado. Se sentía aliviada. Comenzó a abrir las manos y a sentir el mar, y el terrible rebote retornó. Ella volvió a cerrar los puños sobre la arena.

Tuvo la crucial experiencia de que ella misma podía poner fin al mareo; que apretando fuertemente la arena, podía también aferrarse a si misma. Concretamente, el aferrarse a la arena se convirtió en poderse mantener integrada psíquicamente. La condición recordada de desintegración se neutralizaba por una nueva experiencia: el que ahora este estado –al contrario de lo que le sucedía antes- podía ser detenido por un acto de la voluntad. Tener efecto sobre el mundo exterior es una de las experiencias más importantes para los niños pequeños, dado que es a través de estas experiencias que la formación del ego tiene lugar.

En conclusión, me gustaría decir unas pocas palabras sobre el nombrar las cosas, y la liberación que puede llegar a través del lenguaje.

Cuando las palabras son dichas en el momento oportuno, ellas pueden ser tan vitales como las miniaturas, y hay casos en que ellas asumen esas funciones: sirven como las miniaturas del analista.

Si la Caja de Arena permanece exclusivamente preverbal, el paso final –el paso que nos trae al presente- queda sin lograr.

La orientación del mundo en el cual vivimos es mental. Para ser capaces de entenderlo, y no simplemente vivir pasivamente en él, debemos hablar su lenguaje, o sea, tenemos que ser capaces de coordinar nuestros pensamientos, ideas e imágenes por medio de palabras.

No podemos comportarnos como si no tuviéramos nuestro ego actual -nuestro ego complicado y verbalmente orientado- simplemente porque hay momentos en que este nos causa sufrimiento.

Cuando comencé a tener sesiones con Dora Kalff, yo había trabajado durante ocho años como analista junguiana. Sabía que podía aprender sobre la Caja de Arena de ella, pero no esperaba aprender mucho de lo que ella dijera.

En una sesión, recogí un puñado de arena, y lo dejé caer suavemente como lluvia, por encima de todo, durante un buen periodo de tiempo. Esto producía un suave sonido apenas audible. Encontré este evento maravilloso, y fue más que suficiente para mí. Pero entonces vino el punto, después de que había pasado un tiempo largo, cuando Dora Kalff cuidadosamente trajo sus palabras en este silencioso evento: “y así es como cada pequeñísimo grano de arena encuentra su lugar” . Estas palabras no pedidas cambiaron algo fundamental.

Sus palabras no fueron ni una explicación, ni una interpretación. Pero delinearon un significado. Sin estas palabras, esta experiencia, una vez se hubiera terminado la sesión, hubieran retornado al inconsciente y probablemente hubiera sucumbido en el mundo de la realidad cotidiana. Fue a través de las palabras de Dora Kalff que esto se convirtió en parte de mi vida.

Así la Caja de Arena puede ser tan verbal como todo buen análisis.

Su rasgo particular radica en su disponibilidad para saltar, en cualquier momento, de la materia a la psique y de la psique a la materia. Siempre hay tanta materia como se necesite, y tanta psique como sea posible; o tanta materia como sea posible, y tanta psique como sea necesaria.

NOTAS DE PIE DE PÁGINA

(1). Jung. C. G. (1972), Memories, Dreams, Reflections, recorded and edited by Aniela Jaffé, London and Glasgow: Collins, The Fontane Library, Random House, p.37.

(2). Ibid, p.38, “There came to me, for the first time, the conviction that there are archaic psychic components which have entered the individual psyche without any direct line of tradition.” “Me llegó, por primera vez, la convicción de que hay componentes psíquicos arcaicos que han entrado en la psique individual sin una línea directa de tradición”.

(3). Ibid, p.197.

(4). Ibid, p.225., “It all began then; the later details are only supplements and clarifications of the material that burst forth from the unconscious, and at first swamped me. It was the prima materia for a lifetime’s work.” “Todo comenzó entonces; los detalles posteriores son sólo complementos y clarificaciones del material que estalló del inconciente y que al comienzo me inundó. Era la materia prima para un trabajo de toda la vida.

(5). Gebser, J. (1986). The Ever Present Origin, Athens: Ohio University Press.

(6). Ibid.

(7). Damasio, Antonio (1999), The Feeling of What Happens, Body and Emotion in the Making of Consciousness, New York: Harcourt.

(8). Spitz, R. (1965), The First Year of Life: A Psychoanalitic Study of Normal and Deviant Development of Object Relations. New York International Universities Press.

 

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