{"id":974,"date":"2008-06-02T21:33:04","date_gmt":"2008-06-03T02:33:04","guid":{"rendered":"http:\/\/adepacolombia.wordpress.com\/?p=974"},"modified":"2008-06-02T21:33:04","modified_gmt":"2008-06-03T02:33:04","slug":"mutualidad-destructiva","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/mutualidad-destructiva\/","title":{"rendered":"Mutualidad destructiva"},"content":{"rendered":"<div id=\"Layer1\">\n<div id=\"Layer2\">\n<div id=\"Layer5\">\n<div align=\"justify\">\n<div align=\"center\">\n<p><span style=\"color:#3c4c9a;font-family:'Arial Narrow';font-size:xx-small;\"><strong><span style=\"text-decoration:underline;\">\u00ab<\/span><\/strong><\/span><span style=\"color:#333399;\"><strong><span style=\"font-family:'Arial Narrow';font-size:xx-small;\"><span style=\"text-decoration:underline;\">MUTUALIDAD DESTRUCTIVA<\/span><\/span><\/strong><\/span><span style=\"color:#3c4c9a;font-family:'Arial Narrow';font-size:xx-small;\"><strong><span style=\"text-decoration:underline;\">\u00ab<a name=\"Arriba\"><\/a><\/span><\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#333399;font-family:'Arial Narrow';font-size:large;\">Jean Marc Tauszik<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<table width=\"95%\" border=\"1\">\n<tbody>\n<tr>\n<td height=\"114\">\n<blockquote>\n<p align=\"justify\"><span style=\"color:#333399;font-size:small;\"><strong><span style=\"color:#333399;font-size:small;\"><strong><span style=\"font-family:'Arial Narrow';\">Jean Marc Tauszik es psicoterap\u00e9uta, atiende en Caracas y desde hace varios a\u00f1os se formo en la\u00a0<em>Escuela Venezolana de Psicolog\u00eda Profunda<\/em>. El contenido de esta ponencia forma parte de un trabajo m\u00e1s amplio titulado \u201cEl Eros del Poder: Reflexiones Sobre el Complejo de Poder, la Potencia y la Psicoterapia, y fue presentado en el\u00a0<\/span><span style=\"color:#333399;font-size:small;\"><strong><span style=\"color:#333399;font-size:small;\"><strong><span style=\"font-family:'Arial Narrow';\">Primer Coloquio de Psicolog\u00eda Anal\u00edtica, organizado por el\u00a0<\/span><\/strong><\/span><\/strong><\/span><span style=\"font-family:'Arial Narrow';\">Centro de Estudios Junguianos, que tuvo el tema de Eros y Poder, el 10 de junio de 2006.<br \/>\n<\/span><\/strong><\/span><\/strong><\/span><\/p>\n<\/blockquote>\n<\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n<\/div>\n<blockquote>\n<div align=\"center\">\n<div align=\"right\">\n<p align=\"justify\">\n<p align=\"center\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" alt=\"\" src=\"http:\/\/www.adepac.org\/imagenes\/PsicoterapiaEsher1.jpg\" width=\"322\" height=\"239\" \/><\/p>\n<p align=\"justify\">\n<p align=\"justify\"><span style=\"color:#333399;font-family:'Arial Narrow';\"><strong><span style=\"color:#800000;font-size:medium;\">I.-El complejo de poder y la mutualidad destructiva.<\/span><\/strong><\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"color:#333399;font-family:'Arial Narrow';\"><strong><span style=\"font-size:medium;\">Quiero aqu\u00ed reflexionar sobre la constelizaci\u00f3n de el\u00a0<em>complejo de poder<\/em>\u00a0en el encuentro sostenido entre el terapeuta y sus pacientes a lo largo del an\u00e1lisis; sobre todo en el ejercicio de un psicoterapeuta ecl\u00e9ctico, formado en diversas disciplinas que no resultan del todo homog\u00e9neas a la hora de ser articuladas en la comprensi\u00f3n psicodin\u00e1mica del paciente, de la subjetividad del terapeuta y del v\u00ednculo que resulta del encuentro entre ambos. Quiero hacer la salvedad de que este escrito no pretende de modo alguno ser un punto de llegada, sino m\u00e1s bien un punto de partida sujeto al cambio y hasta a una posible contradicci\u00f3n. El presente trabajo es producto de un discurrir en funci\u00f3n del tema que este coloquio propone y de la constante interrogaci\u00f3n que la pr\u00e1ctica psicoterap\u00e9utica (como terapeuta y como paciente) y la supervisi\u00f3n (como supervisor y supervisado) me demandan.<\/span><\/strong><\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"color:#333399;font-family:'Arial Narrow';\"><strong><span style=\"font-size:medium;\">Es cierto que en ocasiones somos conscientes de la necesidad de ejercer alg\u00fan tipo de poder sobre nuestros pacientes. La angustia e incontinencia ante situaciones que movilizan aspectos no resueltos de nuestro proceso, el miedo ante la posible deserci\u00f3n del paciente, la rabia ante el no cumplimiento de nuestras expectativas, la necesidad de llenar un vac\u00edo con nuestro decir cuando se imposibilita el ubicarnos en el espacio del \u201cno saber\u201d y otras tantas situaciones, articulan en nosotros como terapeutas la imposici\u00f3n de un poder m\u00e1s o menos conscientizado que puede ser abordado sobre la marcha en la medida en que nos damos cuenta de ello. Pero me interesa m\u00e1s reflexionar sobre la articulaci\u00f3n de un poder que se genera de forma subrepticia y que s\u00f3lo,<em>a posteriori<\/em>, podemos observar en la pr\u00e1ctica. Me refiero a la elecci\u00f3n de un modelo de comprensi\u00f3n sobre ciertos contenidos, fantas\u00edas y actitudes del paciente que determinan nuestra idea e interpretaci\u00f3n de lo que all\u00ed sucede y que se encuentra atrapado en una suerte de contratransferencia que lleva al proceso terap\u00e9utico por derroteros que mantienen a ambos, terapeuta y paciente, anclados en conductas neur\u00f3ticas que no promueven el cambio. Una lectura reductiva o prospectiva ante determinada imagen, un entendimiento que apunte a los aspectos neur\u00f3ticos o sanos del paciente en funci\u00f3n de sus actitudes ante la vida o en la transferencia, la elecci\u00f3n de una intervenci\u00f3n -bien sea verbal o sobre el cuerpo- ante ciertas situaciones, una interpretaci\u00f3n concreta o una amplificaci\u00f3n en funci\u00f3n de un sue\u00f1o determinado, la comprensi\u00f3n en un nivel personal o en un nivel colectivo y objetivo de determinada experiencia y el apoyo o la frustraci\u00f3n ante ciertas demandas, pueden ser resultado de un intento inconsciente del paciente por permanecer fijado en su visi\u00f3n anquilosada del mundo y de s\u00ed mismo. No me refiero aqu\u00ed a la ignorancia y a la falta de experticia del terapeuta, sino al hecho de ser afectado en sus propios n\u00facleos inconscientes por los propios del paciente; ambos entran as\u00ed en una interacci\u00f3n que denomino\u00a0<em>mutualidad destructiva<\/em>. Esta situaci\u00f3n se caracteriza por la fantas\u00eda omnipotente del terapeuta de guiar correctamente el proceso terap\u00e9utico -a trav\u00e9s de sus intervenciones y de su conocimiento psicol\u00f3gico- cuando lo que en realidad sucede es que ambos participantes alimentan, en la interacci\u00f3n, la inconsciencia y la permanencia en las viejas actitudes satisfaciendo narcicistamente las demandas a\u00fan no resueltas en el trabajo personal de cada uno. La mutualidad destructiva es un ejercicio de dominio inconsciente que libra a cada uno de los implicados de la posibilidad de confrontarse honestamente con la sombra al tiempo que mantienen la ilusi\u00f3n de que dicha confrontaci\u00f3n se realiza. La ecuaci\u00f3n personal del terapeuta (sus tipos psicol\u00f3gicos, sus rasgos de personalidad y su formaci\u00f3n) est\u00e1 al servicio de\u00a0<em>\u201cel ansia de poder y el placer de rebajar al paciente\u201d\u00a0<span style=\"color:#ff0000;\">(1)<\/span>\u00a0<\/em>de manera inconsciente. Esta situaci\u00f3n comporta una gravedad sin precedentes ya que la funci\u00f3n del terapeuta no radica en estancar al paciente desde una ambici\u00f3n de poder inconsciente; poder, que en este caso, consiste en la exacerbaci\u00f3n de una sensaci\u00f3n de impotencia para lidiar con lo que el paciente trae a sesi\u00f3n. Adolf Guggenbhul-Craig llama la atenci\u00f3n cuando se\u00f1ala:<em>\u201cLa experiencia me ha ense\u00f1ado, (&#8230;), que un conocimiento en psicolog\u00eda puede refinar el problema de poder, pero de ninguna manera eliminarlo. En realidad, la penetraci\u00f3n en materia psicol\u00f3gica puede destinarse al servicio de la sombra de poder, ya que con ella es posible incluso despojar al cliente de su alma.\u201d\u00a0<\/em><span style=\"color:#333399;font-family:'Arial Narrow';\"><strong><em><span style=\"color:#ff0000;\">(2)<\/span><\/em><\/strong><\/span><\/span><span style=\"font-size:medium;\"><em>M\u00e1s adelante, tambi\u00e9n puntualiza lo siguiente: \u201cHay unas pocas reglas para interpretar las proposiciones del inconsciente. Pero, en definitiva, tal interpretaci\u00f3n, la interpretaci\u00f3n de tan ricas proposiciones, es m\u00e1s bien un arte que un oficio de destreza, y nuestra ecuaci\u00f3n personal puede desorientarnos repetidamente hasta el punto de hacernos pasar algo crucial por alto. Existe adem\u00e1s la dificultad de que las sugestiones del inconsciente son por norma ambivalentes. Y es el ego quien escoge entre una u otra manera de entenderlas. (&#8230;) podemos interpretar el inconsciente de conformidad con nuestros deseos eg\u00f3ticos, podemos malentender el inconsciente\u201d\u00a0<\/em><span style=\"color:#333399;font-family:'Arial Narrow';\"><strong><em><span style=\"color:#ff0000;\">(3)<\/span><\/em><\/strong><\/span><\/span><\/strong><\/span><\/p>\n<p align=\"justify\">\n<span style=\"color:#800000;font-family:'Arial Narrow';\"><strong>II.-Aracn\u00e9 y Atenea. El psicoterapeuta y su sombra de poder.<\/strong><\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"color:#333399;font-family:'Arial Narrow';\"><strong>La incapacidad del analista de reflexionar sobre estos t\u00f3picos tan cruciales en el ejercicio de su profesi\u00f3n y en el desarrollo de su individuaci\u00f3n, me lleva a pensar en el personaje mitol\u00f3gico de Aracn\u00e9. Si bien esta f\u00e1bula, relatada por Ovidio en\u00a0<em>Metamorfosis<\/em>, refleja de manera general el alcance que tiene en el individuo la desmesura y la prepotencia, pienso que tambi\u00e9n podr\u00edamos encontrar en ella elementos concernientes a la pr\u00e1ctica de la psicoterapia y a sus implicaciones m\u00e1s letales.<\/strong><\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"color:#333399;font-family:'Arial Narrow';\"><strong>El talento y la habilidad de Aracn\u00e9 para hilar, tejer y bordar era harto conocido por sus coet\u00e1neos. Eran tan hermosos sus tejidos que la misma Aracn\u00e9 se vanagloriaba de tejer mejor que Atenea, cuyo atributo primordial consist\u00eda en la confecci\u00f3n de tapices. La noticia de su habilidad y de su insinuaci\u00f3n lleg\u00f3 a o\u00eddos de la diosa por lo que decidi\u00f3 observar personalmente el trabajo de la mortal. Transfigurada en una decr\u00e9pita anciana, Atenea intent\u00f3 persuadir a Aracn\u00e9 de que desistiera en su intento de pretender ser mejor que la diosa. La actitud de Aracn\u00e9 persist\u00eda a pesar de los consejos de la anciana hasta que esta \u00faltima, convertida nuevamente en diosa, ret\u00f3 a la mortal para que ambas tejieran su mejor tapiz. Se dispuso dos telares y las rivales comenzaron a trabajar. Atenea dise\u00f1\u00f3 un tapiz en el que los dioses dominaban el Acr\u00f3polis de Atenas: Zeus, Poseid\u00f3n y la misma Atenea desplegando su majestad al tiempo que los humanos que osaban retar a los dioses eran destruidos. Aracn\u00e9 elabor\u00f3 un tapiz en el que se representaba a los dioses en situaciones comprometidas: Zeus cortejando mujeres, Apolo como humilde pastor y Dionisos inconsciente por la ebriedad. El talento de esta \u00faltima era innegable, por lo que Atenea, furiosa, increp\u00f3 a Aracn\u00e9 dici\u00e9ndole:\u00a0<em>\u201c\u00a1Teje para siempre, pero puedes estar segura de que tu trabajo, aunque delicado y bello, s\u00f3lo servir\u00e1 para despertar horror y disgusto en la humanidad; y, a pesar de lo intrincados y fascinantes que puedan ser tus tapices, s\u00f3lo lograr\u00e1s que sean barridos!\u201d\u00a0<\/em><span style=\"font-size:medium;\"><em><span style=\"color:#ff0000;\">(4)<\/span><\/em><\/span><em>\u00a0<\/em>Dicho esto, los atributos humanos de Aracn\u00e9 desaparecieron hasta quedar esta convertida en la primera ara\u00f1a que habit\u00f3 la faz de la Tierra, destinada a tejer para siempre, sin que su trabajo fuese apreciado jam\u00e1s.<span style=\"font-size:medium;\"><em><span style=\"color:#ff0000;\">(5)<\/span><\/em><\/span><\/strong><\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"color:#333399;font-family:'Arial Narrow';\"><strong>Analisemos ahora las implicaciones de esta imagen para el tema que nos compete en esta ocasi\u00f3n. Hilar, tejer y bordar pueden ser comprendidos como met\u00e1foras de la psicoterapia. Hilar la propia vida, tejer una trama y, desde all\u00ed, bordar creando al tiempo que somos creados, son im\u00e1genes que conectan fluidamente con el suceder anal\u00edtico.\u00a0<span style=\"font-size:medium;\"><em><span style=\"color:#ff0000;\">(6)<\/span><\/em><\/span>\u00a0De aqu\u00ed se desprende la posibilidad de ubicar a Aracn\u00e9, anal\u00f3gicamente, con el psicoterapeuta imbuido en la mutualidad destructiva.<\/strong><\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"color:#333399;font-family:'Arial Narrow';\"><strong>Observemos brevemente a Atenea, la diosa de la sabidur\u00eda. La iconograf\u00eda cl\u00e1sica la representa con la cabeza de Medusa incrustada en su yelmo. Podemos aproximarnos a Medusa como imagen de los contenidos sombr\u00edos que s\u00f3lo pueden ser reflexionados desde la indireccionalidad: contemplarla de frente petrifica. El escudo de Atenea, su protecci\u00f3n, equivale imaginalmente a la capacidad de integrar los contenidos de la sombra a la consciencia. La cabeza de Medusa y el yelmo de Atenea se sostienen como im\u00e1genes contradictorias que representan la fusi\u00f3n del instinto y la cultura. La \u201csabidur\u00eda\u201d aten\u00e9ica es<em>\u201cun proceso llevado a cabo de manera consciente.(&#8230;) y esto es lo que hace converger sus \u00e1mbitos de influencia divergentes: la diosa ense\u00f1a a tejer, a trabajar la lana, la carpinter\u00eda y todas las artes manuales, cuyo \u00e9xito depende de la capacidad de tener en mente una imagen de finalidad.\u201d\u00a0<\/em><span style=\"font-size:medium;\"><em><span style=\"color:#ff0000;\">(7)<\/span><\/em><\/span><em>\u00a0\u201cWalter F. Otto, en su libro Los Dioses de Grecia, llama a Atenea \u201cdiosa de la proximidad.\u201d En un significativo contraste, las fuerzas descontroladas de los elementos, donde la fuerza se constituye en derecho, se convierten en territorio de los dioses. Poseid\u00f3n suministra el caballo; Atenea lo embrida y construye el carro. Poseid\u00f3n gobierna las olas, mientras que Atenea construye el barco que cabalga sobre ellas. (&#8230;) el don de la diosa a Atenas no es el manantial de agua salada que brota de las profundidades de la tierra, que fue el regalo de Poseid\u00f3n, sino el olivo primorosamente cultivado, cuyo aceite era el galard\u00f3n que se otorgaba en sus fiestas\u201d\u00a0<\/em><span style=\"font-size:medium;\"><em><span style=\"color:#ff0000;\">(8)<\/span><\/em><\/span><em><\/em><\/strong><\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"color:#333399;font-family:'Arial Narrow';\"><strong>Hablemos ahora de la desmesura de los mortales que se equiparan a los dioses, situaci\u00f3n muy bien conocida para los antiguos griegos, quienes la denominaron<em>Hybris<\/em>. Desde una perspectiva psicol\u00f3gica, Hybris implica la imposibilidad del ego de diferenciarse de ciertos contenidos de lo inconsciente. La equiparaci\u00f3n de Aracn\u00e9 con el atributo de Atenea significa su incapacidad de entender su poder y su talento como una manifestaci\u00f3n arquetipal. Aracn\u00e9 no rinde culto a Atenea, no asume este atributo como un aspecto de su propio inconsciente que modula y rige su existencia. El ego de Aracn\u00e9 se encuentra pose\u00eddo, intenta igualarse a la diosa, de la misma manera en la que el terapeuta que, identificado con su rol, no es capaz de diferenciarse de su sombra. Es la sombra de poder del terapeuta la que promueve la mutualidad destructiva. El poder, en una especie de autoridad benevolente, invade a la personalidad del terapeuta y, as\u00ed, constri\u00f1e y esteriliza la vida del paciente y la suya propia.<\/strong><\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"color:#333399;font-family:'Arial Narrow';\"><strong>La decr\u00e9pita anciana podr\u00eda ser le\u00edda, en este contexto, como una epifan\u00eda del arquetipo del\u00a0<em>S\u00e9nex<\/em>, del viejo sabio, es decir, como un espacio propicio para la reflexi\u00f3n que conecta con la realidad de la sombra. En un bajorrelieve de m\u00e1rmol del a\u00f1o 480 A.C. aprox. observamos a Atenea apoyada sobre su cayado en actitud de duelo por los muertos cuyos nombres aperecen inscritos en una estela de piedra. Esta imagen sugiere una intensa reflexi\u00f3n interna que conecta con los movimientos psicol\u00f3gicos propios del S\u00e9nex y que contrastan con la puerilidad de Aracn\u00e9.<\/strong><\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"color:#333399;font-family:'Arial Narrow';\"><strong>La mortal posee un talento innegable, pero \u00e9ste se pone al servicio de la trivializaci\u00f3n. La elaboraci\u00f3n del tapiz por parte de Aracn\u00e9 no s\u00f3lo es una ofensa para los dioses dado el contraste que existe entre su dise\u00f1o y el de Atenea, sino que implica, a su vez, una dificultad para tomar en serio la majestad de los Ol\u00edmpicos. As\u00ed tambi\u00e9n, el psicoterapeuta imbuido en el complejo de poder e inserto en la mutualidad destructiva observa las manifestaciones arquetipales de manera superficial, anecd\u00f3tica y trivial. El paciente es, as\u00ed, despojado de su alma y la par\u00e1lisis se adue\u00f1a de su vida. El psicoterapeuta se transforma, de esta manera, en un ar\u00e1cnido que inmoviliza a sus desprevenidas v\u00edctimas y se nutre narcicistamente de ellas. Este es uno de los aspectos vicariantes y parasitarios de la sombra de poder en el psicoterapeuta. Mientras que Aracn\u00e9 representa el ejercicio del poder desprovisto de contacto con sus raices arquet\u00edpicas, Atenea simboliza el poder como posibilidad, como potencialidad orientada finalistamente. La desmesura de Aracn\u00e9 y, por supuesto, la del terapeuta convocan, a su vez, la presencia de N\u00e9mesis, la \u201cVenganza Divina\u201d, que, como las Erinias, es el poder encargado de suprimir toda prepotencia que tienda a trastornar un orden ya establecido por los dioses.<\/strong><\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"color:#333399;font-family:'Arial Narrow';\"><strong><br \/>\n<span style=\"color:#800000;\">III.- Hacia una mutualidad creativa.<\/span><\/strong><\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"color:#333399;font-family:'Arial Narrow';\"><strong>El encuentro anal\u00edtico exige irremediablemente el cambio y la transformaci\u00f3n del alma tanto en el paciente como en el terapeuta. Pero la mutualidad destructiva se caracteriza, primordialmente, por se\u00f1alar el rechazo inconsciente al dolor que el crecimiento produce en el terapeuta con respecto a la situaci\u00f3n vital de su paciente, generando una fusi\u00f3n de los n\u00facleos narcicistas de este \u00faltimo con los del primero.\u00a0<span style=\"font-size:medium;\"><em><span style=\"color:#ff0000;\">(9)<\/span><\/em><\/span>\u00a0Lo que est\u00e1 en juego en la mutualidad destructiva es la polaridad yo\/otro, es decir, la imposibilidad, por parte del analista, de aceptar la realidad de la existencia de una entidad separada de \u00e9l, que no est\u00e1 all\u00ed para validar sus fantas\u00edas de poder ni de conocimiento (fantas\u00edas que el analista necesita confirmar desde sus aspectos narcicistas y omnipotentes). El terapeuta poseso por la mutualidad destructiva deslumbra a sus pacientes haciendo uso de intervenciones e interpretaciones que mantienen a este \u00faltimo anclado a sus antiguas premisas, mientras que \u00e9l, dominado por su deseo de poder, percibe a su paciente como un ap\u00e9ndice de s\u00ed mismo. En esta circunstancia, el terapeuta interpreta y se\u00f1ala inmerso en el secreto anhelo y en la oculta distorsi\u00f3n de su paciente, y cree que apunta a lo esencial del proceso de su analizado a la vez que produce una inflaci\u00f3n en la imagen de s\u00ed mismo. Dir\u00eda Jung que en esta situaci\u00f3n tan delicada el terapeuta se encuentra en una\u00a0<em>participation mystique<\/em>. Asistimos, as\u00ed, a un evento en el que el terapeuta impone sus concepciones y desconoce las del otro en un avasallante despliegue narcicista.<\/strong><\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"color:#333399;font-family:'Arial Narrow';\"><strong>Sabemos, a partir de las investigaciones de Heinz Kohut\u00a0<span style=\"font-size:medium;\"><em><span style=\"color:#ff0000;\">(10)<\/span><\/em><\/span>, que nuestra psique oscila entre dos dimensiones siempre presentes en la experiencia con los dem\u00e1s y que operan continuamente entre el nacimiento y la muerte del sujeto. La primera, la dimensi\u00f3n del\u00a0<em>objeto-self<\/em>, implica una profunda necesidad de afirmaci\u00f3n, de admiraci\u00f3n y de conexi\u00f3n simbi\u00f3tica con los otros desde una dependencia que tiende a la maduraci\u00f3n en ciertas condiciones\u00a0<span style=\"font-size:medium;\"><em><span style=\"color:#ff0000;\">(11)<\/span><\/em><\/span>. La segunda se basa en la experiencia con otros a los que se percibe separados de s\u00ed, siendo los otros tambi\u00e9n necesarios aunque de una forma distinta. La importancia de esta concepci\u00f3n del hombre radica en la necesidad de determinar cu\u00e1l de estas dos dimensiones se encuentra como figura en la experiencia del individuo y cu\u00e1l se mantiene en el fondo en cada situaci\u00f3n. La literatura psicoanal\u00edtica ha puesto el \u00e9nfasis en la situaci\u00f3n del paciente descuidando al analista que, tambi\u00e9n como un ser que lidia con sus vicisitudes en un proceso sostenido, padece de momentos de desorganizaci\u00f3n que operan desde sus propios complejos inconscientes.<\/strong><\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"color:#333399;font-family:'Arial Narrow';\"><strong>Desde una perspectiva sana, la instrumentaci\u00f3n del proceder anal\u00edtico desde la dimensi\u00f3n del objeto-self en el terapeuta posibilita la situaci\u00f3n de colocarse en el lugar del paciente y de, as\u00ed, captar su experiencia desde su punto de vista. Este enfoque fue denominado por Kohut como\u00a0<em>inmersi\u00f3n emp\u00e1tica e introspecci\u00f3n vicaria<\/em>\u00a0y lleg\u00f3 a ser para \u00e9l la caracter\u00edstica definitoria de la metodolog\u00eda anal\u00edtica.\u00a0<span style=\"font-size:medium;\"><em><span style=\"color:#ff0000;\">(12)<\/span><\/em><\/span>\u00a0Ya en 1945, Melanie Klein en su art\u00edculo \u201cEl complejo de Edipo a la luz de las ansiedades tempranas\u201d, describe una situaci\u00f3n basada en sentimientos amorosos en la que el infante -Ricardo- se coloca en el lugar del padre con el objetivo de evitar su destrucci\u00f3n y lo transforma en un ni\u00f1o satisfecho y gratificado evitando, as\u00ed, sus sentimientos de envidia. En este caso, los procesos naturales de identificaci\u00f3n promueven la plasticidad y el crecimiento mental, configurando la posibilidad de ubicarse en el lugar del otro a trav\u00e9s de los impulsos amorosos. Ahora bien, el reverso de esta situaci\u00f3n, es decir, la mutualidad destructiva, comporta una rigidez en la que se implican los componentes destructivos y el complejo de poder de un terapeuta incapaz de acceder a la potencia que lo constituye. Pensar en t\u00e9rminos de una\u00a0<em>mutualidad creativa<\/em>\u00a0exige que el terapeuta se confronte de forma honesta, er\u00f3tica, cr\u00edtica y -las m\u00e1s de las veces- dolorosa con sus propios complejos, sobre todo con los de poder, al tiempo que exige que el terapeuta sea capaz de ubicar los aspectos sanos de su personalidad, aquellos en los que puede hacer palanca para salvaguardarse de los avatares que la pr\u00e1ctica anal\u00edtica le propone. La mutualidad creativa es un acto de empat\u00eda y de sinceridad -intraps\u00edquica e interpersonal- desde el cual el hacer consciencia se propone como un horizonte compartido.<\/strong><\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"color:#333399;font-family:'Arial Narrow';\"><strong>Muchas Gracias.<\/strong><\/span><\/p>\n<p align=\"center\">NOTAS DE PIE DE P\u00c1GINA<\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"color:#333399;font-family:'Arial Narrow';\"><br \/>\n<span style=\"color:#ff0000;\">(1)<\/span>\u00a0Guggenbhul-Craig, Adolf (1971), Poder y Destructividad en Psicoterapia.<br \/>\n<span style=\"color:#ff0000;\">(2)\u00a0<\/span>Guggenbhul-Craig, Adolf, Op. Cit.<br \/>\n<span style=\"color:#ff0000;\">(3)\u00a0<\/span>Guggenbhul-Craig, Adolf, Op. Cit.<br \/>\n<span style=\"color:#ff0000;\">(4)<\/span>\u00a0Greene, Liz. ,Sharman-Burke, Juliet (1999), El Viaje M\u00edtico.<br \/>\n<span style=\"color:#ff0000;\">(5)\u00a0<\/span>Algunas versiones del mito sugieren que Aracn\u00e9, presa de la desesperaci\u00f3n, intenta ahorcarse infructuosamente del extremo de uno de los hilos de su tapiz desde donde posteriormente fue convertida en ara\u00f1a.<br \/>\n<span style=\"color:#ff0000;\">(6)<\/span>\u00a0Debo a mi colega, la Lic. Nancy Sarquis, esta hermosa amplificaci\u00f3n desarrollada en su contribuci\u00f3n titulada \u201cLos Hilos Perdidos. La Imagen del Tejido en Psicoterapia\u201d presentado en el Congreso Venezolano de Psicoan\u00e1lisis. Caracas. Junio de 2005.<br \/>\n<span style=\"color:#ff0000;\">(7)<\/span>\u00a0Baring, Anne. ,Cashford, Jules (1991), El Mito de la Diosa. Evoluci\u00f3n de Una Imagen.<br \/>\n<span style=\"color:#ff0000;\">(8)<\/span>\u00a0Baring, Anne. ,Cashford, Jules, Op. Cit.<br \/>\n<span style=\"color:#ff0000;\">(9)<\/span>\u00a0Vienen al caso las palabras que Gonzalo Himiob constantemente me se\u00f1alaba en mi an\u00e1lisis: \u201cUno tiene los pacientes que necesita.\u201d<br \/>\n<span style=\"color:#ff0000;\">(10)<\/span>\u00a0Kohut, Heinz (1971), An\u00e1lisis del Self. El Tratamiento Psicoanal\u00edtico de los Trastornos Narcicistas de la Personalidad.<br \/>\n<span style=\"color:#ff0000;\">(11)<\/span>\u00a0La dimension del objeto-self se encuentra desarrollada con anterioridad en la contribuci\u00f3n, efectuada en los a\u00f1os \u00b450, de Erich Neumann, quien en su texto The Child la denomin\u00f3 estadio urob\u00f3rico, enmarc\u00e1ndola en el proceso relacional del infante con la madre.<br \/>\n<span style=\"color:#ff0000;\">(12)<\/span>\u00a0Kohut, Heinz (1959), Introspection, Empathy and Psychoanalysis.<\/span><\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<div align=\"center\"><\/div>\n<\/blockquote>\n<\/div>\n<p align=\"center\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" alt=\"\" src=\"http:\/\/www.adepac.org\/imagenes\/barra-inferior-corta.jpg\" width=\"430\" height=\"19\" \/><\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div id=\"Layer10\">\n<hr \/>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00abMUTUALIDAD DESTRUCTIVA\u00ab Jean Marc Tauszik &nbsp; Jean Marc Tauszik es psicoterap\u00e9uta, atiende en Caracas y desde hace varios a\u00f1os se formo en la\u00a0Escuela Venezolana de Psicolog\u00eda Profunda. El contenido de esta ponencia forma parte de un trabajo m\u00e1s amplio titulado &hellip; <a href=\"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/mutualidad-destructiva\/\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[11],"tags":[163,152,10,164],"class_list":["post-974","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-publicacionesponencias","tag-mutualidad","tag-poder","tag-psicoterapia","tag-tauszik"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/974","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=974"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/974\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2906,"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/974\/revisions\/2906"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=974"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=974"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=974"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}