{"id":945,"date":"2006-06-02T21:02:28","date_gmt":"2006-06-03T02:02:28","guid":{"rendered":"http:\/\/adepacolombia.wordpress.com\/?p=945"},"modified":"2006-06-02T21:02:28","modified_gmt":"2006-06-03T02:02:28","slug":"carl-gustav-jung","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/carl-gustav-jung\/","title":{"rendered":"Carl Gustav Jung"},"content":{"rendered":"<div id=\"Layer2\">\n<div id=\"Layer5\">\n<div align=\"justify\">\n<div align=\"center\">\n<p><span style=\"color:#3c4c9a;font-family:'Arial Narrow';font-size:xx-small;\"><strong><span style=\"text-decoration:underline;\">\u00ab<\/span><\/strong><\/span><span style=\"text-decoration:underline;\"><strong><span style=\"color:#333399;font-family:'Arial Narrow';font-size:xx-small;\">CARL GUSTAV JUNG<\/span><\/strong><\/span><span style=\"color:#3c4c9a;font-family:'Arial Narrow';font-size:xx-small;\"><strong><span style=\"text-decoration:underline;\">\u00ab<a name=\"Arriba\"><\/a><\/span><\/strong><\/span><\/p>\n<p align=\"center\"><span style=\"font-family:'Arial Narrow';\"><span style=\"color:#333399;font-size:xx-small;\">Lu\u00eds Jaime S\u00e1nchez<\/span><\/span><\/p>\n<p align=\"center\">\n<table width=\"562\" border=\"1\">\n<tbody>\n<tr>\n<td width=\"552\" height=\"134\">\n<blockquote>\n<div align=\"justify\">\n<p><span style=\"font-family:'Arial Narrow';\"><strong><span style=\"color:#333399;font-size:small;\">Luis Jaime S\u00e1nchez fue\u00a0<span style=\"font-family:'Arial Narrow';\"><strong>m\u00e9dico psiquiatra, Director del Instituto de Psicolog\u00eda\u00a0<span style=\"font-family:'Arial Narrow';\"><strong>de la Universidad Nacional de Colombia\u00a0<\/strong><\/span>(antecesora de la Facultad de Psicolog\u00eda de la misma Universidad)\u00a0<\/strong><\/span>de 1953 a 1957. Fue\u00a0<span style=\"font-family:'Arial Narrow';\"><strong>igualmente\u00a0<\/strong><\/span>el fundador de la Revista de Psicolog\u00eda. El art\u00edculo que presentamos hace parte de la revista publicada como homenaje a Jung, al a\u00f1o siguiente de su muerte (Revista de Psicolog\u00eda, Universidad Nacional de Colombia, Volumen VI, No. 2, 1962, pp. 107-119).<\/span><\/strong><\/span><\/p>\n<\/div>\n<\/blockquote>\n<\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n<\/div>\n<\/div>\n<div align=\"justify\">\n<blockquote>\n<div align=\"justify\">\n<p align=\"center\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" alt=\"\" src=\"http:\/\/www.adepac.org\/imagenes\/JUng-jardinOK.jpg\" width=\"230\" height=\"311\" \/><\/p>\n<p align=\"center\"><span style=\"font-family:'Arial Narrow';\"><strong><span style=\"color:#ff0000;font-size:medium;\">Carl G. Jung<\/span><\/strong><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"color:#3c4c9a;font-size:xx-small;\"><strong><span style=\"color:#820000;font-family:'Arial Narrow';font-size:small;\">1. ESBOZO IDEOL\u00d3GICO DE JUNG<\/span><\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#3c4c9a;font-size:small;\"><strong><span style=\"font-family:'Arial Narrow';\">Con la muerte de Carl Gustav Jung, se deshace -en sus personajes- el tr\u00edpode ejemplar que ha sostenido en lo que va corrido del siglo XX, lo m\u00e1s significativo del saber psicol\u00f3gico. Con Freud y Adler, Jung ayud\u00f3 poderosamente a conformar el a veces crudo y rudo andamiaje de una psicolog\u00eda singular, en el contorno y en la hondura, cuyos problemas -a pesar de todo- se debaten a\u00fan en la periferia y en la profundidad del hombre contempor\u00e1neo, al cual Jung se acerc\u00f3 siempre con respeto, sabidur\u00eda y fortuna.<\/span><\/strong><\/span><\/p>\n<\/div>\n<p><span style=\"color:#3c4c9a;font-size:small;\"><strong><span style=\"font-family:'Arial Narrow';\">La obra de Jung es sencillamente gigantesca, en volumen, significaci\u00f3n y contenido. Mucho m\u00e1s frondosa y rica que la de Freud y m\u00e1s sabia y laboriosa que la de cualquier psic\u00f3logo, psiquiatra y psicoanalista contempor\u00e1neo, Jung enarbol\u00f3 hasta una edad muy avanzada la insignia de un estudio tesonero, \u00e1rduo y dif\u00edcil que no se fincaba solamente en el \u00aban\u00e1lisis\u00bb del alma individual, sino que la rebasaba ampliamente, llegando por caminos cada vez m\u00e1s estrictos, al complejo ovillo del alma colectiva.<\/span><\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#3c4c9a;font-size:small;\"><strong><span style=\"font-family:'Arial Narrow';\">Para conseguir su objetivo central, que era el de darle un asidero espiritual a la psicolog\u00eda, entronc\u00e1ndola con los signos y s\u00edmbolos contenidos en los mitos, las leyendas y las religiones, el gran psic\u00f3logo suizo se adentr\u00f3 en las m\u00e1s intrincadas problem\u00e1ticas del individuo y de la sociedad, sin petulancias ni suficiencias, sin sectarismos ni cen\u00e1culos impermeables, sin santorales, con sencillez, humildad y respeto por el hombre, las cosas y los temas. Viajero y curioso infatigable, Jung procuraba, traspasando toda frontera, todo idioma y toda costumbre, allegar cuanto documento le fuera dable para comprender mejor el alma del hombre. En China, en el Jap\u00f3n, en la India, en Norteam\u00e9rica, en M\u00e9xico y al trav\u00e9s de toda Europa, Jung estudi\u00f3 como nadie lo ha hecho, Io m\u00e1s profundo del \u00abhombre hist\u00f3rico\u00bb arraigado ancestralmente en los mitos, las leyendas, el folclor, las religiones. Esta descomunal actividad, se traduce en sus obras en una erudici\u00f3n rayana en lo incre\u00edble, en una polivalencia inagotable de enfoques y en una insomne curiosidad por solucionar problemas siempre nuevos y siempre vigentes. En esta inmensa polifon\u00eda que es la obra jungiana, es a veces dif\u00edcil orientarse. El gran pensador suizo salta, con soltura y propiedad, de la psicoterapia y la psicolog\u00eda individual, a la interpretaci\u00f3n de las leyendas; de su teor\u00eda b\u00e1sica de la \u00abindividuaci\u00f3n\u00bb a la psicolog\u00eda de la alquimia; de su tipolog\u00eda, al sentido colectivo e hist\u00f3rico de los sue\u00f1os; de los arquetipos a la interpretaci\u00f3n de la piedra filosofal; de su teor\u00eda del \u00ab\u00e1nima\u00bb y \u00ab\u00e1nimus\u00bb, al \u00abencuentro del S\u00ed-Mismo\u00bb; de la psicolog\u00eda de la transferencia, al mito del brib\u00f3n; de la \u00abpersona\u00bb, al estudio sobre Job; de la mitolog\u00eda griega a la mitolog\u00eda de las tribus Witchittas.<\/span><\/strong><\/span><\/p>\n<blockquote><p><span style=\"color:#3c4c9a;font-size:small;\"><strong><span style=\"font-family:'Arial Narrow';\"><em>\u00ab&#8230;Lo que haya de decir,\u00a0<\/em>escrib\u00eda Jung, respecto de la esencia del alma humana<em>, son ante todo observaciones realizadas en el hombre. A tales observaciones m\u00edas, se reprocha el que se refieran a experiencias desconocidas o<\/em><\/span><\/strong><\/span><span style=\"font-size:small;\"><em><span style=\"color:#3c4c9a;\"><strong><span style=\"font-family:'Arial Narrow';\">\u00a0dif\u00edcilmente accesibles. Es un hecho extra\u00f1o, pero con el que se encuentra uno continuamente, el que todo el mundo, a\u00fan los profanos m\u00e1s incompetentes, crea estar perfectamente al tanto de la psicolog\u00eda, como si la psique constituyera el terreno que goza del conocimiento m\u00e1s general. Pero el que conozca verdaderamente el alma humana,,estar\u00e1 de acuerdo conmigo si afirmo que ella constituye uno de los objetos m\u00e1s oscuros y misteriosos que se ofrecen a nuestra experiencia. Nunca acaba uno de aprender en este dominio. En mi actividad pr\u00e1ctica, casi no pasa un solo d\u00eda sin que tope con algo nuevo e inesperado. Desde luego que mis experiencias no se refieren a hechos corrientes, superficiales o cotidianos, pero ellos est\u00e1n al alcance de cualquier psiquiatra que se ocupe de este dominio especial. No me siento responsable de la insuficiencia de los conocimientos psicol\u00f3gicos de los profanos&#8230;\u00bb (Jung: Psicolog\u00eda y Alquimia) .<\/span><\/strong><\/span><\/em><\/span><\/p><\/blockquote>\n<p><span style=\"color:#3c4c9a;font-size:small;\"><strong><span style=\"font-family:'Arial Narrow';\">Ese \u00abobjeto oscuro y misterioso\u00bb que es el alma humana, se presentaba a los ojos de Jung con cierto halo tr\u00e1gico:\u00a0<em>\u00ab&#8230;El hombre que solemos llamar \u00abmoderno\u00bb, es por antonomasia un solitario&#8230;\u00bb<\/em>&#8211; (Jung: Modern man in search of soul). Pero, adem\u00e1s,\u00a0<em>\u00ab&#8230;solo es moderno, quien vive en el presente\u00bb<\/em>. Esta tesis es cara a Jung y varias veces insisti\u00f3 en ella. Compelido por varios editores y disc\u00edpulos a pronunciarse sobre los\u00a0<em>\u00abproblemas del hombre moderno\u00bb<\/em>, Jung contestaba reiteradamente:<\/span><\/strong><\/span><\/p>\n<blockquote><p><span style=\"color:#3c4c9a;font-size:small;\"><strong><span style=\"font-family:'Arial Narrow';\"><em>\u00ab&#8230;El problema ps\u00edquico del hombre moderno es una de esas cuestiones inconmensurables, precisamente a causa de su misma modernidad. El hombre moderno es el hombre que acaba de llegar a serlo y un problema moderno, un problema que acaba de surgir y cuya respuesta se esconde todav\u00eda en el futuro. Debo decir que el hombre a quien llamamos \u00abmoderno\u00bb, el que vive en el presente m\u00e1s inmediato, se encuentra sobre una cumbre o al borde del mundo, con el cielo encima; debajo, la humanidad entera con su historia que se pierde en las brumas primigenias, y, delante, el abismo de todo el futuro. Los hombres modernos -mejor dicho los que viven en el presente inmediato-, son pocos porque su existencia exige la conciencia m\u00e1s alta, la conciencia m\u00e1s intensa y vasta, con un m\u00ednimo de inconsciencia, pues s\u00f3lo es enteramente actual quien es plenamente consciente de su existencia como hombre. Quien alcanza esta conciencia del presente, es, por fuerza, un solitario. En todos los tiempos, el hombre moderno ha sido un solitario, pues cada uno de sus pasos hacia esa conciencia m\u00e1s alta y m\u00e1s amplia, le va alejando de la participaci\u00f3n m\u00edstica primitiva y arranc\u00e1ndole de la inmersi\u00f3n en el inconsciente colectivo. Solamente para este hombre han palidecido los mundos de etapas de conciencia ya pret\u00e9ritas. De esta suerte, se ha vuelto\u00a0<\/em>antihist\u00f3rico<em>\u00a0en el sentido m\u00e1s profundo y con ello se ha alejado de las masas que viven exclusivamente de ideas tradicionales. Reconocerse moderno, es declararse voluntariamente en bancarrota, es hacer voto de pobreza y de continencia en un nuevo sentido. Pero esta antihistoricidad no pasa de ser una simple infidelitdad al pasado, cuando no ha sido reemplazada por una actitud creadora. Negar el pasado y no tener conciencia m\u00e1s que del presente, ser\u00eda pura futilidad. El\u00a0<\/em>hoy<em>\u00a0s\u00f3lo tiene sentido cuando est\u00e1 colocado entre el\u00a0<\/em>ayer<em>\u00a0y el\u00a0<\/em>ma\u00f1ana<em>. El hoy es un proceso, un tr\u00e1nsito que se aleja del ayer y se encamina hacia el ma\u00f1ana. Quien as\u00ed siente el<\/em>hoy<em>, puede llamarse \u00abmoderno\u00bb&#8230;\u00bb ( Jung: Problemas Psicol\u00f3gicos actuales).<\/em><\/span><\/strong><\/span><\/p><\/blockquote>\n<p><span style=\"color:#3c4c9a;font-size:small;\"><strong><span style=\"font-family:'Arial Narrow';\">En estas palabras de Jung puede verse su t\u00edpica actitud frente a la \u00abmodernidad\u00bb y al \u00abhombre moderno\u00bb. Cuando Jung habla de \u00abanti-historicidad\u00bb, no lo hace en un sentido peyorativo ni trata de inculcar un sentido derrotista o esc\u00e9ptico. M\u00e1s bien, lo t\u00edpico de la ideolog\u00eda jungiana, en este sentido, es la responsabilidad con que juzga el desti\u00f1o del hombre. Este\u00a0<em>destino<\/em>\u00a0-o devenir- no es\u00a0<em>solamente<\/em>\u00a0psicol\u00f3gico -a lo Freud- sino tambi\u00e9n\u00a0<em>espiritual<\/em>. Esto no se lo perdonan a Jung los psic\u00f3logos \u00abmodernos\u00bb que reducen el hombre a mecanismos; a pulsiones y contra-pulsiones, a energ\u00edas y contra-energ\u00edas, a cargas y contra-cargas. El psicoanalista freudiano E. Glover, en su curioso cotejo entre \u00abFr\u00e9ud o Jung\u00bb, arremete como libelista furibundo contra Jung y no le perdona el que haya encontrado -como psic\u00f3logo- a Dios en el fondo de los mitos. Este encuentro psicol\u00f3gico de Di\u00f3s, a partir de un sistema de investigaciones rigurosamente emp\u00edricas, es otra de las caracter\u00edsticas de la obra jungiana. Jung nunca se vanaglori\u00f3 de este descubrimiento, que consider\u00f3 como \u00abnatural\u00bb corolario de sus trabajos que conquistaron la adhesi\u00f3n de historiadores como Toynbee y Mircea Eliade, de te\u00f3logos como Paul Tillich, de soci\u00f3logos como L. Munford. Toda la tem\u00e1tica jungiana gira alrededor de la \u00abhistoricidad\u00bb del hombre. Historicidad en el sentido m\u00e1s amplio puesto que es a la vez psicol\u00f3gica, ancestral y religiosa. El hombre jungiano est\u00e1 poderosamente enraizado en terrenos cada vez m\u00e1s profundos y significativos. Toda la simbolog\u00eda jungiana est\u00e1 impregnada de espiritualidad vehemente, abierta y clara.<\/span><\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#3c4c9a;font-size:small;\"><strong><span style=\"font-family:'Arial Narrow';\">Estas son las razones por las que una de las figuras que m\u00e1s atrajo la admiraci\u00f3n y la atenci\u00f3n de Jung, fue la de Paracelso. Es explicable. El gran m\u00e9dico renacentista encarn\u00f3 con singular violencia el conflicto entre \u00abfe\u00bb y \u00abconocimiento\u00bb. El tr\u00e1nsito del mundo \u00abteoc\u00e9ntrico\u00bb de la edad media al \u00abantr\u00f3poc\u00e9ntrico\u00bb del renacimiento, ladeaba ciertos valores hacia un lado esc\u00e9ptico. Paracelso\u00a0<em>\u00ab&#8230;reun\u00eda vivas y creadoras, las fuerzas de la Edad Media y del Renacimiento. Su preocupaci\u00f3n fundamental fue la de establecer la validez de la experiencia cient\u00edfica frente a la Tradici\u00f3n, pero sin destruir los valores espec\u00edficos de \u00e9sta. Aceptaba la autoridad de la Revelaci\u00f3n divina a la vez que estudiaba los fen\u00f3menos naturales &#8230; En el esp\u00edritu de Paracelso, las dos fuentes del conocimiento, la Revelaci\u00f3n y las luces naturales, no entraban en conflicto. Pero en el curso de los siglos la oposici\u00f3n entre los dos polos se hizo muy notoria y en el siglo XIX se torn\u00f3 mortal. Paracelso pod\u00eda exclamar todav\u00eda: \u00ab\u00a1Estoy por debajo de mi se\u00f1or!&#8217; Esta actitud deber\u00eda perderse cada vez m\u00e1s con el tiempo&#8230;\u00bb<\/em>\u00a0(Gerhard Adler: Etudes Junguiennes). \u00bfHabr\u00eda entonces en Jung un deseo, secreto o confeso, de volver a trances anteriores de la humana condici\u00f3n y de la Historia? Desde luego que no.<\/span><\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#3c4c9a;font-size:small;\"><strong><span style=\"font-family:'Arial Narrow';\">No se trata de una nostalgia. Es todo lo contrario. Cuando Jung afirma que\u00a0<em>\u00ab&#8230;la psiquis humana es\u00a0<\/em>naturaliter religiosa<em>, es decir, que posee una funci\u00f3n religiosa&#8230;\u00bb\u00a0<\/em>(Jung: Psicolog\u00eda y alquimia), no habla solamente como psic\u00f3logo de las religiones, sino tambi\u00e9n como psiquiatra. La escuela psicoanal\u00edtica de Jung ha reconocido plenamente la teoria seg\u00fan la cual\u00a0<em>\u00ab&#8230;muchas neurosis nacen de que los individuos se ciegan a s\u00ed mismos para no ver sus deberes religiosos debido a su pasi\u00f3n pueril por la cultura&#8230;\u00bb\u00a0<\/em>(Jung: Modern man in search of a soul).)\u00a0<em>\u00abSer\u00e9is como Dioses -dice la Historia Sagrada- fue la insignia original del tentador. Sucumbir a esta tentaci\u00f3n no es en s\u00ed mismo algo patol\u00f3gico; es patol\u00f3gico en la medida en que es inconsciente. Se convierte en patol\u00f3gico e inconsciente, cuando \u00abDi\u00f3s\u00bb es arrojado de la conciencia. El lenguaje de la religi\u00f3n hablar\u00e1 de la \u00abira de Dios\u00bb cuando \u00e9ste es ignorado y despreciado; el lenguaje de la psicolog\u00eda dir\u00e1 \u00fanicamente que la ignorancia o repr\u00e9si\u00f3n del Dios-Imagen, en virtud de la ley de compensacion, influir\u00e1 negativamente en la salud y en la conciencia del individuo&#8230;\u00bb (P. V\u00edctor White: Dios y el Inconsciente).<\/em><\/span><\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#3c4c9a;font-size:small;\"><strong><span style=\"font-family:'Arial Narrow';\">A medida que Jung avanzaba en sus investigaciones, se adentraba cada vez m\u00e1s en la tem\u00e1tica religiosa. Es uno de los aspectos m\u00e1s controvertidos de su obra, pero la situaci\u00f3n a que lleg\u00f3 Jung, era inevitable y fatal. Jung no era cat\u00f3lico sino protestante. La libre interpretaci\u00f3n de la Biblia, l\u00edcita para todo protestante, constituy\u00f3 para Jung, en sus \u00faltimos trabajos, una de sus m\u00e1s n\u00edtidas preocupaciones.\u00a0<em>\u00ab&#8230;La Psicolog\u00eda de Jung, dice P. White (loc. cit.), quiz\u00e1s m\u00e1s que ninguna otra, ha llevado de este modo a la ciencia moderna hasta las fronteras mismas del reino tradicionalmente administrado por la Teolog\u00eda&#8230;\u00bb<\/em>\u00a0(White: Dios y el inconsciente). Jung siempre se defendi\u00f3 del cargo muy frecuente, que se le hizo de\u00a0<em>\u00abintruso\u00bb<\/em>\u00a0y de\u00a0<em>\u00abpseudo te\u00f3logo\u00bb<\/em>. Siempre quiso mantener una posici\u00f3n decididamente emp\u00edrica, aunque no siempre se ci\u00f1\u00f3 a ella con \u00e9l rigor que fuera de esperarse en materi\u00e1 tan delicada. Es posible pensar que Jung no se sent\u00eda muy seguro en estos terrenos y que las incursiones que hizo en los francos dominios de la Teolog\u00eda fueron desafortunadas. Jung se defend\u00eda alrededor de las siguientes ideas\u00a0<em>\u00ab&#8230;Estoy firmemente persuadido, escribe, de que todav\u00eda no ha llegado el tiempo para una teor\u00eda que lo incluya todo, asimilando y presentando todo el contenido, procesos y fen\u00f3menos de la psique, alrededor de una idea central; yo considero mis teor\u00edas como sugerencias e intentos de formulaci\u00f3n de una nueva concepci\u00f3n cient\u00edfica de la psicolog\u00eda, fundada primordialmente sobre la experiencia inmediata con seres humanos&#8230;\u00bb<\/em>\u00a0(Jung: Pr\u00f3logo a J. Jacobi: The psychology of C. G. Jung).<\/span><\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#3c4c9a;font-size:small;\"><strong><span style=\"font-family:'Arial Narrow';\">Pero como justamente anota el P. White (loc. cit.), esta falta de una\u00a0<em>\u00abidea central\u00bb<\/em>\u00a0es lo que m\u00e1s inquieta al te\u00f3logo, que necesita, ante todo, de un pensamiento sistem\u00e1tico.<\/span><\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#3c4c9a;font-size:small;\"><strong><span style=\"font-family:'Arial Narrow';\">En carta dirigida a un te\u00f3logo en 1945, Jung habla en los siguientes t\u00e9rminos:\u00a0<em>\u00ab&#8230;Nunca me permito hacer afirmaciones acerca del ser divino porque ello significar\u00eda una transgresi\u00f3n de los l\u00edmites de la ciencia. Ser\u00e1, por lo tanto injusto, criticar mis opiniones, como si fueran las de un sistema filos\u00f3fico&#8230;\u00bb<\/em>\u00a0(Si. P. White, loc. cit.). Pero a pesar de todas las barreras que \u00e9l mismo se impuso, Jung, en forma inevitable como ya lo he dicho, Ileg\u00f3 a lo teol\u00f3gico con los instrumentos de un psic\u00f3logo. Semejante actitud fue y es ins\u00f3lita, pero no absurda ni de mala fe. A ello lo compromet\u00eda eapecialmente su teor\u00eda de la\u00a0<em>\u00abSombra\u00bb<\/em>. La\u00a0<em>\u00abSombra\u00bb<\/em>\u00a0jungiana es el lado no reconocido de la personalidad, lo opuesto al Yo consciente que se manifiesta como una figura sombr\u00eda, macabra, siniestra, maligna y casi fatal. Este lado demon\u00edaco de la personalidad funciona en forma casi dial\u00e9ctica y por ant\u00edtesis con la contraparte\u00a0<em>\u00abbuena\u00bb<\/em>\u00a0y luminosa.\u00a0<em>\u00ab&#8230;Las figuras mitol\u00f3gicas de los hermanos enemigos Osiris-Set, Baldur-Loki, Abel-Ca\u00edn, Jacob-Esa\u00fa, y las de la contraparte hostil: Sigfrido-Hagen, Fausto-Mefist\u00f3feles, el doctor Jekyll y Mr. Hyde, as\u00ed como los \u00abDobles\u00bb de la literatura son proyecciones de esa relaci\u00f3n &#8216;dial\u00e9ctica&#8217; entre el Yo y la Sombra&#8230;\u00bb\u00a0<\/em>(Neumann: ,Psicolog\u00eda profunda y nueva \u00e9tica)<em>.\u00a0<\/em>Cada ser humano\u00a0<em>\u00abelabora\u00bb<\/em>\u00a0su Sombra y su arquetipo es el\u00a0<em>\u00abDiablo o Contradictor\u00bb<\/em>. Pero la Sombra no es una soluci\u00f3n sino un reto permanente del ser humano consigo mismo y con su condici\u00f3n. Jung habla de una\u00a0<em>\u00abgrieta\u00bb<\/em>que aparece en la psique del hombre moderno, cuando la formaci\u00f3n de la conciencia\u00a0<em>\u00abpone en peligro la conexi\u00f3n con el lado oscuro del inconsciente\u00bb<\/em>:\u00a0<em>\u00abEsta amenaza de dominaci\u00f3n de \u00abLo Oscuro\u00bb, aparece en fen\u00f3meno de la enfermedad ps\u00edquica con que se enfrenta la moderna psicolog\u00eda profunda. La motivaci\u00f3n de la enfermedad por lo inconsciente, significa que el \u00ablado oscuro\u00bb anuncia su exigencia de ser tomado en consideraci\u00f3n, tanto en el bien como en el mal. El hombre debe comprender fundamentalmente que tiene una sombra \u00f3 lado oscuro de su personalidad. Todo el sufrimiento del hombre por s\u00ed mismo, por ese mal que tiene por naturaleza, esto es, el inconmensurable problema del \u00abpecado original\u00bb, amenaza ahora aniquilar al individu\u00f3 con sentimientos de culpabilidad y angustia&#8230;\u00bb<\/em>\u00a0(E. Neumann, Loc. cit.)<\/span><\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#3c4c9a;font-size:small;\"><strong><span style=\"font-family:'Arial Narrow';\">No es este, ciertamente, el lenguaje que los psic\u00f3Iogos\u00a0<em>\u00abmodernos\u00bb<\/em>\u00a0estaban acostumbrados a oir o a repetir. Lo importante es que el\u00a0<em>\u00abl\u00e9xico\u00bb<\/em>\u00a0jungiano tiene siempre un significado bipolar o doble: Por un lado, la rama o vertiente religiosa,\u00a0<em>\u00abpsicol\u00f3gicamente\u00bb<\/em>\u00a0intuida o descrita, y por el otro ramal cl\u00ednico y pr\u00e1ctico. As\u00ed, la\u00a0<em>\u00absombra\u00bb<\/em>\u00a0cobra, inesperadamente, un aliento psiqui\u00e1trico:<em>\u00ab&#8230;El hombre moderno experimenta inicialmente las \u00abfuerzas del mal\u00bb ignorando que tienen su origen en \u00e9l mismo. Solo, compelido a volverse sobre s\u00ed mismo por la enfermedad o el peligro, surge para \u00e9l la posibilidad de experimentar progresivamente esa fuerza sombr\u00eda, como mensajera de virtud creadora que vive en su psique. Como corresponde al destino del \u00abhombre moderno\u00bb, cuyo camino conduce primero a la \u00abprofundidad\u00bb y no a la \u00abaltura\u00bb, al comienzo se le presenta como gu\u00eda, no un claro \u00e1ngel de luz, sino la sombra oscura de su propio mal&#8230;\u00bb (Neuman, Loc. cit.).<\/em><\/span><\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#3c4c9a;font-size:small;\"><strong><span style=\"font-family:'Arial Narrow';\">El af\u00e1n de Jung por llevar su psicolog\u00eda al centro mismo del misterio del ser, en cuanto a su origen, significado y trascendencia, lo llev\u00f3 por caminos no siempre afortunados, como se ha dicho, en los que es evidente la especulaci\u00f3n puramente te\u00f3rica, ya sin raigambre emp\u00edrica de ninguna especie. Tal sucede por ejemplo con su famosa interpretaci\u00f3n del \u00abLibro de Job\u00bb (Jung: Answer to Job), inaceptable para un cat\u00f3lico. El Dios, Jhave, de Job, es para Jung un Dios contradictorio, a la vez justo e injusto, arbitrario y b\u00e1rbaro, que triunfa sobre Job de una manera escandalosa. El Dios del drama b\u00edblico, estar\u00eda desgarrado de contradicciones. Las pruebas a que fue sometido Job, fueron dichas al o\u00eddo de Jahv\u00e9 por el propio Sat\u00e1n. A la postre, el resultado de los sufrimientos injustos, a que fue sometido Job, le da un conocimiento de Dios, superior al que Dios tiene de s\u00ed mismo.\u00a0<em>\u00abJob descubre la antinomia de Dios\u00bb<\/em>\u00a0(Jung: Answer to Job). El te\u00f3logo cat\u00f3lico lean Steinnman, comenta as\u00ed el \u00abJob\u00bb de Jung:\u00a0<em>\u00ab&#8230;Jung lee la Biblia como lo hacen los protestantes \u00abfundamentalistas\u00bb. Todo est\u00e1 para \u00e9l en el mismo plano. No tiene en cuenta la diversidad de los escritores, de las \u00e9pocas, de los g\u00e9neros literarios y de las corrientes tradicionales. Del Libro de Job, hace una sorprendente y abusiva transposici\u00f3n. El drama b\u00edblico, describe un conflicto \u00edntimo en el alma de Job. Jung desplaza el problema, haciendo el an\u00e1lisis de una crisis padecida por el propio Jahve. Seg\u00fan \u00e9l, el Libro de Job permite lo que se podr\u00eda llamar un diagn\u00f3stico psicoanal\u00edtico de Yahv\u00e9.. Encerrado en la prisi\u00f3n de una psicolog\u00eda que quiere reducir todo al hombre, la gnosis moderna que preconiza Jung, transforma el Libro de Job en su contrario, es decir, en una etapa hacia una humanizaci\u00f3n de Dios que no es sino una caricatura de la verdadera encarnaci\u00f3n&#8230;\u00bb\u00a0<\/em>(J. Steinnman: Le Libvre de Job).<\/span><\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#3c4c9a;font-size:small;\"><strong><span style=\"font-family:'Arial Narrow';\">Descaminado -desde el punto de vista cat\u00f3lico- Jung en su visi\u00f3n de Job, no lo est\u00e1 menos cuando se encuentra con el dogma Trinitario. El sacerdote dominico, R.P. V\u00edctor White, tantas veces citado, y quien estudi\u00f3 por espacio de doce a\u00f1os Ia obra del sabio suizo, no oculta su sorpresa por las divagaciones de Jung al respecto:\u00a0<em>\u00ab&#8230;Fundado \u00fanicamente en la experiencia de la psique humana, vemos a Jung absurdamente complicado en los problemas m\u00e1s abstrusos y rec\u00f3nditos de la Teolog\u00eda Trinitaria. Le parecer\u00e1 tambi\u00e9n al lector que Jung, al arriesgarse temerariamente a entrar en esos enredos teol\u00f3gicos, descuida mucho de lo que el culto de la Trinidad puede significar, inclusive psicol\u00f3gicamente para el simple cristiano. Jung rechaza la definici\u00f3n tradicional del mal, en cuanto ausencia del bien apropiado, y sostiene que esta concepci\u00f3n del mal, en cuanto \u00abprivatio boni\u00bb, est\u00e1 contra los hechos emp\u00edricos y es, psicol\u00f3gicamente da\u00f1osa. Jung pide la admisi\u00f3n del mal, no solo dentro del Yo, sino dentro de la Divinidad misma: esto le lleva, en su ensayo sobre la psicolog\u00eda de la doctrina Trinitaria, a admitir una \u00abCuaternidad divina\u00bb con una cuarta \u00abhip\u00f3stasis\u00bb mala, en una forma inadmisible para cualquier cristiano ortodoxo. La concepci\u00f3n jungiana del mal es una barrera formidable que est\u00e1 obstaculizando el encuentro entre psic\u00f3logos y te\u00f3logos jungianos<\/em>\u00bb (P. White, loc. cit. ).<\/span><\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#3c4c9a;font-size:small;\"><strong><span style=\"font-family:'Arial Narrow';\">No cabe la menor duda de que Jung en su \u00abJob\u00bb y en su doctrina sobre la \u00abpsicolog\u00eda\u00bb de la Trinidad, incurri\u00f3 en demas\u00edas y afirmaciones apod\u00edcticas re\u00f1idas con su fidelidad a la experiencia. Pero ello no invalida, ni mucho menos, sus adquisiciones anteriores. Llevado fatalmente, como lo he dicho, por el hilo de su teor\u00eda de la \u00abSombra\u00bb, a considerar el mal y el bien como contingencias meramente psicol\u00f3gicas,enraizadas en una concepci\u00f3n del pecado original, as\u00ed mismo psicol\u00f3gica, Jung, confesando su\u00a0<em>\u00abninguna provisi\u00f3n teol\u00f3gica\u00bb<\/em>, se enred\u00f3 en una madeja de problemas que rebasaban su capacidad emp\u00edrica. Lo salva su honradez, su limpidez cient\u00edfica y su af\u00e1n de verdad. Los mismos cat\u00f3licos White y Steinnman (loc. cit.) reconocen que, a pesar de estos devaneos, Jung es admirable por su n\u00edtido inter\u00e9s en llevar la psicolog\u00eda a terrenos nunca antes explorados por la ciencia. El propio P\u00edo XII, en su famoso \u00abDiscurso al Congreso de psicoterapeutas\u00bb reunido en Roma en 1953, al tratar de las relaciones entre la psicolog\u00eda profunda y la religi\u00f3n -aludiendo claramente a mi ver, a las teor\u00edas jungianas- dec\u00eda:\u00a0<em>\u00ab&#8230;La investigaci\u00f3n cient\u00edfica atrae la atenci\u00f3n hacia un dinamismo que, radicado en las profundidades del psiquismo, empujar\u00eda al hombre hacia el infinito, que lo supera, no haci\u00e9ndoselo conocer, sino por una gravitaci\u00f3n ascendente derivada directamente del sustrato ontol\u00f3gico. Se ve en ese dinamismo una fuerza independiente, la m\u00e1s fundamental y la m\u00e1s elemental del alma humana, un impulso efectivo que conduce inmediatamente a lo divino, lo mismo que la flor que espont\u00e1neamente se abre a la luz y al sol o, como el ni\u00f1o, que respira inconscientemente apenas nacido. Esta afirmaci\u00f3n, nos lleva enseguida a otra afirmaci\u00f3n: Si se declara que ese dinamismo se encuentra en el origen de todas las religiones y que \u00e9l significa el elemento com\u00fan de todas ellas, sabemos por otra parte, que las religiones, el conocimiento natural y sobrenatural de Dios y de su Culto, no proceden de lo inconsciente sino del conocimiento claro y cierto de Dios por medio de su revelaci\u00f3n natural y positiva. Esta es la doctrina de la fe y de la Iglesia&#8230; Pertenece a los m\u00e9todos de vuestra ciencia, el\u00a0<\/em>&#8216;saber esclarecer las cuestiones de la existencia, estructura y modos de obrar de ese dinamismo. Si el resultado se demostrara positivo, no se le deber\u00eda declarar inconciliable o con la raz\u00f3n o con la f\u00e9<em>. Y si se tratara de un dinamismo que interesa a todos los hombres, a todos los pueblos, a todas las \u00e9pocas y a todas las culturas, \u00a1qu\u00e9 ayuda y cu\u00e1n apreciable ser\u00eda para la b\u00fasqueda de Dios y su afirmaci\u00f3n! (P\u00edo XII).<\/em><\/span><\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#3c4c9a;font-size:small;\"><strong><span style=\"font-family:'Arial Narrow';\">La formidable obra de Carl Gustav Jung; desbordada a veces de su propio cauce emp\u00edrico, salida de madre por virtud de sus mismos contenidos torrenciales y demasiado frondosa y rica para constitu\u00edrse en sistema, es el esfuerzo m\u00e1s grande realizado hasta hoy por ning\u00fan psic\u00f3logo, para llevar su saber, sus m\u00e9todos, y sus inquietudes a alturas y profundidades insospechadas. Jung le di\u00f3 a la psicolog\u00eda una nueva dimensi\u00f3n: La dimensi\u00f3n del Misterio, la dimensi\u00f3n del Esp\u00edritu y la dimensi\u00f3n Religiosa. Nadie como \u00e9l ha sentido a la vez, su propia finitud y su propia inmortalidad, sus propias limitaciones y sus incontenibles vehemencias cient\u00edficas. Dentro del desconcierto y la anarqu\u00eda en que se mueven y debaten las \u00abpsicolog\u00edas modernas\u00bb, cada una due\u00f1a inmarcesible de su atajo, de un laberinto o de una palanca y cada una creadora de su propio palabreo, cuyo golpetear inflama los paladares m\u00e1s narcisistas, la figura de Jung emerge como de un mundo distinto, m\u00e1s abierto, m\u00e1s permutable, menos dispuesto a la per\u00edstasis de secta, a los rastreos est\u00e9riles y a los sanedrines implacables. Cuando alg\u00fan d\u00eda, el hombre de genio que necesita la psicolog\u00eda, haga la necesaria s\u00edntesis de los conocimientos, y de los empirismos dispersos, y de las teor\u00edas desbastadas, la gran figura desaparecida del pensador suizo ser\u00e1 uno de los embragues m\u00e1s s\u00f3lidos para poner en movimiento una nueva era de la Psicolog\u00eda. Entretanto, Jung continuar\u00e1 encarnando en la Ciencia de occidente aquello que m\u00e1s interes\u00f3 a su penetrante y poderosa inteligencia: Un signo y un S\u00edmbolo.<\/span><\/strong><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"color:#3c4c9a;font-size:small;\"><strong><span style=\"color:#820000;font-family:'Arial Narrow';\">2. JUNG, EL ARTE Y LA \u00abMODERNIDAD\u00bb<\/span><\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#3c4c9a;font-size:small;\"><strong><span style=\"font-family:'Arial Narrow';\">En forma insistente, casi terca, Jung , trata de zafarse de las modernas anfibolog\u00edas psicol\u00f3gicas. Como todo hombre de ciencia, cuyo poder -t\u00e1cito o impl\u00edcito- trata de gravitar sobre zonas cada vez m\u00e1s precisas y exactas, Jung, luego de transitar por las regiones apasionantes de los mitos; luego de adentrarse por los atascaderos de la alquimia, salta, de pronto, como en un movimiento recogido e \u00edntimo hacia el mundo del\u00a0<em>\u00abhombre moderno\u00bb<\/em>. Ahi, en ese desconcierto cuyas trabas y limbos a\u00fan no se salvan de su propia oscuridad, encuentra Jung el arte. Y en \u00e9l, dos nombres eminentes: Picasso y James Joyce. El Picasso jungiano, sin ser ni neur\u00f3tico ni psic\u00f3tico es, ante todo, un ser simb\u00f3lico, y su arte un arte simb\u00f3Iico. \u00bfSimb\u00f3lico de qu\u00e9?<\/span><\/strong><\/span><\/p>\n<blockquote><p><span style=\"color:#3c4c9a;font-size:small;\"><strong><span style=\"font-family:'Arial Narrow';\"><em>\u00abSe busca lo feo,\u00a0<\/em>dice Jung<em>, lo enfemizo, lo grotesco, lo incomprensible y lo fr\u00edvolo, no para expresar, sino para encubrir. Pero esta veladura no ata\u00f1e al que algo busca, sino que es como una niebla fr\u00eda que se extiende, encubridora, sobre ci\u00e9nagas desoladas, sin designio, como un espect\u00e1culo que puede prescindir del espectador.\u00a0<\/em>En el uno puede conjeturarse qu\u00e9 es lo que quisiera expresar, en el otro qu\u00e9 es lo que no puede expresar.<em>.. As\u00ed, Picasso empieza con las pinturas, a\u00fan objetivas, en el azul, el azul del resplandor lunar y del agua, el azul\u00a0<\/em>Tuat<em>\u00a0del averno egipcio. Muere y transita al m\u00e1s all\u00e1, su alma, cabalgando en un corcel. A \u00e9l se aferra la vida cotidiana y una mujer, con un ni\u00f1o, se le acerca admonitora. Lo mismo que el d\u00eda, es la noble hembra para \u00e9l, lo que psic\u00f3l\u00f3gicamente se designa como el \u00e1nima clara y el \u00e1nima oscura. \u00c9sta, la oscura, le aguarda, expectante, en azul albor, despertando en \u00e9l un patol\u00f3gico vislumbre. Con el cambio de colores, penetramos en el Averno. La objetividad est\u00e1 condenada a muerte, lo que encuentra expresi\u00f3n en la pavorosa obra maestra de los adolescentes prostitu\u00eddos tuberculoso-sifil\u00edticos. El tema de los prostituidos, se inicia con el ingreso en el m\u00e1s all\u00e1, donde se reune con alguno de esos seres, como alma desencarnada. Me estoy refiriendo a esa personalidad en Picasso que sufre el destino infernal, a ese ser humano que no se enfrenta con lo diurno sino que , fatalmente se encara con la tiniebla, que obedece al ideal de lo Bueno y lo Bello reconocidos, sino a la demon\u00edaca fuerza de atracci\u00f3n de lo feo y lo malo que, en el hombre moderno, cobra una plenitud anticristiana y luciferina y crea un ambiente de fin del mundo, velando la claridad meridiana, la vida del D\u00eda, con nieblas del Hades, infect\u00e1ndola con letal descomposici\u00f3n y reduci\u00e9ndola, finalmente, como a un\u00a0<\/em>Seismo<em>, a fragmentos, a grietas, residuos, harapos, escombros y conjuntos inorg\u00e1nicos&#8230; Frente a las m\u00faltiples facetas Picassianas que de tal modo mueven a confusi\u00f3n, apenas me atrevo a aludir a ello. Por eso dar\u00e9 cuenta en primer t\u00e9rmino, de lo que mi material de estudio revela. El tr\u00e1nsito al Hades, no carece de finalidad, no es un puro precipitarse tit\u00e1nico y destructor, sino una\u00a0<\/em>\u00abKatabasis ein Antron\u00bb<em>, un descenso al antro, pleno de sentido, un ascenso al Averno, de la iniciaci\u00f3n y del conocimiento secreto. La peregrinaci\u00f3n a trav\u00e9s de la Historia ps\u00edquica de la Humanidad, tiene por fin restaurar al hombre como conjunto, despertando el recuerdo de la sangre. El descenso a la Madre, sirve a Fausto para erguir al feo humano, pecadoramente \u00edntegro, a Par\u00eds y a Elena, aquellos seres a los que el extrav\u00edo, al hacerles caer en lo unilateral, les hizo incurrir en el olvido del presente. Este ser humano, est\u00e1 contrapuesto al ser humano actual, que es el que s\u00f3lo actualmente es as\u00ed, mientras que el otro es el que as\u00ed era siempre. De modo que en mis pacientes, se sigue a la Katabasys y Katalysis el reconocimiento del contraste de la Naturaleza Humana y de la necesidad de los dobles contrapuestos en conflicto. Por eso, a las vivencias de locura, suceden, en la disoluci\u00f3n, figuras que representan la conjunci\u00f3n de los dobles contrapuestos: claro-oscuro, arriba-abajo, blanco-negro, masculino-femenino. En las \u00faltimas pinturas de Picasso, se advierte con bastante claridad el motivo de la conjunci\u00f3n de los contrarios con su opuesto inmediato. Hay un cuadro, (hendido, ciertamente, por numerosas l\u00edneas de fractura) en el que se llega a observar la conjunci\u00f3n del \u00e1nima oscura y del \u00e1nima clara. Los colores acres, inequ\u00edvocos, incluso brutales del \u00faltimo per\u00edodo, responden a la tendencia del inconsciente a reducir, por la violencia, el conflicto de los sentimientos&#8230;\u00bb<\/em>(Jung: Realidad del alma).<br \/>\n<\/span><\/strong><\/span><\/p><\/blockquote>\n<p><span style=\"color:#3c4c9a;font-size:small;\"><strong><span style=\"font-family:'Arial Narrow';\">\u00bfEs l\u00edcita esta intrusi\u00f3n del psic\u00f3logo en el mundo del Arte? Nos hicimos la misma pregunta -documentada- al tratar de la intromisi\u00f3n del Psic\u00f3logo en la Teolog\u00eda. Una vez m\u00e1s, Jung desacierta, de buena, de excelente f\u00e9. Al tomar a Picasso como \u00abarquetipo\u00bb de la pintura moderna, Jung confunde a Picasso con la pintura moderna. Picasso es un\u00a0<em>pintor moderno<\/em>, pero no es\u00a0<em>la pintura moderna<\/em>. Picasso es un\u00a0<em>\u00abvector\u00bb<\/em>\u00a0del alma actual; pero no es\u00a0<em>toda<\/em>\u00a0el alma est\u00e9tica actual. A pesar de su habitual serenidad y buen juicio, Jung, ante Picasso, llega al insulto. \u00bfPor qu\u00e9? No hay sino una sola respuesta.\u00a0<em>Jung ve en Picasso un contendor\u00a0<\/em>en el plano de la cultura.\u00a0<em>Picasso interpreta al hombre moderno en la misma medida en que Jung trata de hacerlo<\/em>. Sin embargo, Picasso nunca enjuici\u00f3 a Jung. Un enjuiciamiento\u00a0<em>cient\u00edfico<\/em>, como el que hace Jung de Picasso, s\u00f3lo lleva a lo mismo que Jung combati\u00f3: a la unilateridad. Enredado en la madeja de sus propios ataderos, Jung trata de\u00a0<em>convencer<\/em>. Pero nada hay tan dif\u00edcil como<strong><em>convencer<\/em><\/strong>\u00a0a un artista, por los caminos que no sean estrictamente est\u00e9ticos. Lo propio acontece con la\u00a0<em>interpretaci\u00f3n de una obra<\/em>. No parece posible ni plausible que una obra de arte, sea solamente\u00a0<strong><em>interpretaci\u00f3n<\/em><\/strong>. \u00bfPor qu\u00e9, por ejemplo, Jung no se refiere al llamado\u00a0<em>\u00abper\u00edodo Rosa\u00bb<\/em>\u00a0de Picasso? Es sabido que este per\u00edodo se caracteriza en Picasso por la acentuaci\u00f3n de los tonos c\u00e1lidos y de los\u00a0<em>\u00absentimentales\u00bb<\/em>: la\u00a0<em>\u00abMadre y el hijo\u00bb, \u00abLos saltimbanquis\u00bb,\u00a0<\/em>el\u00a0<em>\u00abNi\u00f1o desnudo y el caballo\u00bb<\/em>, casi todos concebidos bajo el color amable de la rosa. Si Jung hubiese profundizado -que no lo hizo- el sentido de la obra picassiana, habr\u00eda advertido un contraste: no el contraste de los colores, sino\u00a0<em>el contraste del sentido del color<\/em>. Antes de lanzarse a la definitiva aventura de las\u00a0<em>\u00abDemoiselles d&#8217;Avignon\u00bb<\/em>, punto crucial en su carrera, Picasso agot\u00f3 los formalismos color\u00edsticos y morfol\u00f3gicos. El\u00a0<em>\u00abM\u00e1s all\u00e1\u00bb<\/em>\u00a0est\u00e9tico que persegu\u00eda, no era un<em>\u00abaverno\u00bb<\/em>\u00a0psicol\u00f3gico, sino una sostenida depuracion.\u00a0<em>\u00abSi Picasso, como todo creador,\u00a0<\/em>dice A. Valent\u00edn<em>, se familiariza con monstruos y los hace surgir para impon\u00e9rnoslo a nuestra imaginaci\u00f3n, es posible que s\u00f3lo los pueda hacer persuasibles gracias a su equilibrio de esp\u00edritu. Pero el joven artista que vive dentro del \u00abmundo infernal\u00bb, surge de esta destructora noche azul con toda la robustez y la vehemencia de sus apetitos normales&#8230;\u00bb.<\/em>\u00a0M\u00e1s tarde dir\u00e1:<em>\u00ab&#8230;Copiar a los dem\u00e1s, es necesario, pero&#8230; copiarse a s\u00ed mismo, \u00a1qu\u00e9 horror!\u00bb<\/em>\u00a0(A. Valent\u00edn,\u00a0<em>Pablo Picasso<\/em>: Par\u00eds, 1957). Es m\u00e1s; en 1922, Picasso pinta la maravillosa\u00a0<em>\u00abMadre e hijo\u00bb<\/em>, plena y llena de colores rosados. Al a\u00f1o siguiente (1923), da a conocer su\u00a0<em>\u00abPablo dibujando\u00bb<\/em>, mezcla de azules y rosados. Si, como dice Jung, Picasso tiende en sus \u00faltimas pinturas a\u00a0<em>\u00abreducir por la violencia el conflicto de los sentimientos\u00bb<\/em>, no se explica ni la dulzura, ni la suavidad, ni la hermosura, ni la serenidad de esos cuadros ante los cuales el espectador se encoge y se recoge. Es f\u00e1cil decir que todo puede explicarse por el lema de los\u00a0<em>\u00abcontrarios\u00bb<\/em>, pero el lema de una dial\u00e9ctica natural que nos hace ser y no-ser y nos lleva al dilema ancestral del\u00a0<em>\u00abangelismo y del bestialismo\u00bb<\/em>\u00a0en el hombre. Pero no es que si puede haber una\u00a0<em>\u00abdial\u00e9ctica\u00bb<\/em>\u00a0psicol\u00f3gica, es imposible una\u00a0<em>\u00abdial\u00e9ctica est\u00e9tica\u00bb<\/em>. Si el artista se encuentra ante la perplejidad de los<em>\u00abcontrarios\u00bb<\/em>, que es la dial\u00e9ctica de lo antin\u00f3mico, su obra ser\u00e1 la traducci\u00f3n del conflicto<em>\u00abnatural\u00bb<\/em>. Surgir\u00e1 una\u00a0<em>\u00abobra antin\u00f3mica\u00bb<\/em>, que en su esencia, es imposible. La\u00a0<em>\u00abinterpretaci\u00f3n\u00bb<\/em>, el<em>\u00abgusto\u00bb<\/em>, inclusive el\u00a0<em>\u00ab\u00e9xito\u00bb<\/em>\u00a0de un artista, es y depende de su propia claridad, de su propia autonom\u00eda, de su propia vida \u00edntima. Si en el arte se presenta la \u00abantinomia\u00bb y rige el lema de los<em>\u00abcontrarios\u00bb<\/em>, desaparece autom\u00e1ticamente el placer est\u00e9tico -por m\u00e1s dif\u00edcil que sea- y aparece la reflexi\u00f3n y el an\u00e1lisis. De hecho, el\u00a0<em>\u00abOpus\u00bb<\/em>\u00a0art\u00edstico se esfuma y da paso a una\u00a0<em>\u00abre-creaci\u00f3n\u00bb<\/em>intelectual que es lo opuesto a la\u00a0<em>\u00abcreaci\u00f3n original\u00bb<\/em>.<\/span><\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#3c4c9a;font-size:small;\"><strong><span style=\"font-family:'Arial Narrow';\">Un esp\u00edritu tan agudo, original y penetrante como el de Jung, no se hubiera desconcertado ante un Picasso vacilante e inicial, que trataba de resumir y compendiar, los titubeos de su propio mundo y del de los dem\u00e1s, de no haber mediado, las barbullas psicol\u00f3gicas petulantes y grandilocuentes de la \u00e9poca. Ante Picasso, Jung aparece a la vez como demoledor y cr\u00edtico, como admirador y polemista, como Sujeto y Objeto. El arma -si puede llamarse as\u00ed- de Jung contra Picasso, no es sino la que se utiliza para estudiar los cad\u00e1veres: la disecci\u00f3n. Pero en ella, lo cadav\u00e9rico no es precisamente lo est\u00e9tico, sino todo lo contrario. En el an\u00e1lisis, en el intento de descuartizar para\u00a0<em>\u00abrehacer\u00bb<\/em>, en el meterse o entrometerse con el escalpelo de una ciencia v\u00e1lida en terrenos que, por definici\u00f3n no pertenecen a la Ciencia, veo yo el mayor descalabro de Jung ante Picasso. La obra de Arte, no se\u00a0<em>\u00abjuzga\u00bb<\/em>\u00a0ni se\u00a0<em>\u00abenjuicia\u00bb<\/em>\u00a0sin correr el peligro de condenas in\u00fatiles o de absoluciones desesperadas. Y Jung ante Picasso, me da la impresi\u00f3n de un desesperado, de un angustiado y de un inquisidor que al tatar de disculpar la fruta est\u00e9tica, l\u00edcita o prohibida, la priva, un poco violentamente, de su savia, de su poder febril y de su ancha y vasta perspectiva.<\/span><\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#3c4c9a;font-size:small;\"><strong><span style=\"font-family:'Arial Narrow';\">Es cierto que Picasso, en la \u00e9poca en que lo enjuici\u00f3 Jung, andaba con toda esa farsanter\u00eda mitad psicol\u00f3gica, mitad est\u00e9tica, mitad iconoclasta que sobrecogi\u00f3, bajo la f\u00e9rula freudiana de Andr\u00e9 Breton, a todos los artistas anteriores o posteriores a la primera guerra mundial. El amigo \u00edntimo de Picasso nos relata (J. Sabartes:\u00a0<em>Picasso, Retratos y recuerdos<\/em>. Madrid, 1953) c\u00f3mo el artista pensaba escribir un libro -que jam\u00e1s apareci\u00f3- en que el imperio de la\u00a0<em>\u00ablibre asociaci\u00f3n\u00bb<\/em>freudiana ser\u00eda el hilo central. Sabart\u00e9s, nos da de \u00e9l el siguiente texto revelador del Picasso de entonces:<\/span><\/strong><\/span><\/p>\n<blockquote><p><span style=\"color:#3c4c9a;font-size:small;\"><strong><span style=\"font-family:'Arial Narrow';\"><em>\u00ab&#8230;No m\u00e1s hacer que cuidado no tenga el hilo que trabaja el destino que ti\u00f1e el robo de cristal al lodo que estremece la hora encogida en recuerdos tostados en parrilla de azur y yerbabuena ver\u00e1n que esconde el ala y pone anuncios de maroma en los racimos de silencio que se enfr\u00eda en la sombra de palabras dichas a la ligera y recorta el olvido de su vida sin sal en el hombro de su amistad tirada sobre cardos hecha sopa de llantos saltando en la sart\u00e9n hecha de nardos sapicando su cuerpo de la lluvia de paz metiendo en el bolsillo la hora que se come la arena y atornilla el momento cogido entre los dientes de la paloma blanca que golpeando el cielo resuena en el tambor que aleja la campana y la deja marchita humeder de placer y vibrante de miedo cogida en el calor, ojos cerrados boca abierta ni\u00f1a que viene el coco y se lleva a los ni\u00f1os que duermen poco ya lo se que t\u00fa eres lo mejor que existe en este mundo un traje de lentejas&#8230;\u00bb (Pablo Picasso: Cit. J. Sabart\u00e9s, loc. cit.).<\/em><\/span><\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#3c4c9a;font-size:small;\"><strong><span style=\"font-family:'Arial Narrow';\"><em>\u00ab&#8230;Hablando de lo que escribe,\u00a0<\/em>dice J. Sabartes<em>, suele decirme que lo que desea no es contar cuentos ni describir sensaciones, sino\u00a0<\/em>producirlas con el sonido de las palabras y no tam\u00e1ndolas como un medio de expresi\u00f3n, dej\u00e1ndolas que se expliquen por s\u00ed mismas<em>, como se hace a veces con los colores: los aplica en el lienzo sin prop\u00f3sito narrativo, es decir, no pensando en imitar la forma de una cosa existente&#8230; \u00bb\u00a0<\/em>(J. Sabart\u00e9s, loc. cit.).<em><\/em><\/span><\/strong><\/span><\/p><\/blockquote>\n<p><span style=\"color:#3c4c9a;font-size:small;\"><strong><span style=\"font-family:'Arial Narrow';\">Toda esta \u00ab<em>Fealdad Picassiana\u00bb<\/em>, este deshacer los propios florales lingu\u00edsticos, este entregarse por entero a la flotabilidad del acaecer puro, esta tendencia a la b\u00fasqueda del Hierofante o de Hierofantes que se imponen, descarnadamente, por su misma presencia,\u00a0<em>sin buscar otra cosa que la incomprensibilidad de su sentido y de su esencia<\/em>, este luchar contra la \u00ab<em>comprensi\u00f3n<\/em>\u00bb cartesiana y, por \u00faltimo, este\u00a0<em>ntensificar lo intangible<\/em>\u00a0y buscar, en el paroxismo del misterio, clarividencias y vislumbres m\u00e1s all\u00e1 de toda raz\u00f3n y de toda L\u00f3gica, es lo que representa Picasso. Nadie, como el artista moderno ha sufrido m\u00e1s en su intimidad, como aquel que alej\u00e1ndose de los t\u00e1citos latidos de la Naturaleza y de la Forma, trata de encontrar un lirismo rec\u00f3ndito en las cosas, en las gentes, en el mundo, en el cosmos. En este sentido, el \u00ab<em>artista moderno<\/em>\u00ab, es un \u00ab<em>hombre antimoderno<\/em>\u00ab, por definici\u00f3n y por antonomasia. Jung no lo vi\u00f3 as\u00ed.<\/span><\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#3c4c9a;font-size:small;\"><strong><span style=\"font-family:'Arial Narrow';\">Esta sorprendente lipotimia de Jung ante Picasso se repite ante el \u00ab<em>Ulises<\/em>\u00bb de James Joyce. El lector de Jung, del Jung sereno, erudito y aplomado de la \u00ab<em>Psicolog\u00eda y alqu\u00edmia<\/em>\u00ab, el del \u00ab<em>Proceso de Individuaci\u00f3n<\/em>\u00ab, el de los \u00ab<em>arquetipos<\/em>\u00ab, el Jung brillante, claro y di\u00e1fano de \u00ab<em>La Psique y sus problemas actuales<\/em>\u00ab, el profundo y arm\u00f3nico esclarecedor de la \u00ab<em>Energ\u00e9tica ps\u00edquica<\/em>\u00ab, el Jung un tanto lejano y ya oriental u orient\u00f3filo del \u00ab<em>Secreto de la Flor de Oro<\/em>\u00ab, ese lector no puede menos de sorprenderse ante las siguientes pabras del gran psic\u00f3logo suizo, con las que desprecia, insulta y menoscaba el prestigio y la calidad del escritor irIand\u00e9s:<\/span><\/strong><\/span><\/p>\n<blockquote><p><span style=\"color:#3c4c9a;font-size:small;\"><strong><span style=\"font-family:'Arial Narrow';\">\u00ab<em>&#8230;Ulises -dice Jung- es un libro que fluye a lo largo de 735 p\u00e1ginas, una corriente de tiempo de 735 d\u00edas, compuestos de un \u00fanico y v\u00e1cuo d\u00eda de la vulgaridad cotidiana de todo el mundo, el intrascendente 16 de Junio de 1904, en Dubl\u00edn, en el que el fondo, nada sucede. El raudal empieza en nada y acaba en nada. Tr\u00e1tase de una verdad a lo Stridberg, \u00fanica, monstruosamente larga, embrollada hasta lo m\u00e1s intrincado y -para espanto del lector- jam\u00e1s agotada sobre la esencia de la vida humana. Tal vez no lo sea sobre la \u00abesencia\u00bb, pero, desde luego lo es, sobre sus diez mil superficialidades y sus cien mil matices. No existe en estas 735 p\u00e1ginas, en cuanto a mi ver se refiere, ninguna repetici\u00f3n sensible, ni un solo oasis bienaventurado, donde el agobiado lector, borracho de recuerdos, pueda sentarse y contemplar con satisfacci\u00f3n el camino recorrido -digamos de cien p\u00e1ginas por ejemplo- aunque solo fuera el recuerdo de un lugar com\u00fan que apaciblemente hubiera vuelto a deslizarse en alg\u00fan pasaje inesperado; no. Atropellado y revuelto, corre un torrente implacable e ininterrumpido cuya velocidad e intermitencia crecen todav\u00eda en las cuarenta \u00faltimas p\u00e1ginas, hasta perder los signos de puntuaci\u00f3n; todo ello para llegar a expresar, del modo m\u00e1s feroz, el vac\u00edo asfixiante, sentido o estirado hasta lo insoportable. Este vac\u00edo, absolutamente insoportable, es la t\u00f3nica del libro entero. No solo acaba en la nada, sino que se compone tambi\u00e9n de puras nadas. . . \u00a1Oh Ulises! \u00a1Eres un verdadero devocionario para los hombres de piel blanca que tienen f\u00e9 en el objeto y son malditos en \u00e9l! \u00a1Eres un ejercicio, una ascesis, un cruel ritual, un procedimiento m\u00e1gico, dieciocho retortas alqu\u00edmicas enlazadas una tras otra y en las que, con \u00e1cidos, vapores venenosos, fr\u00edos ardores, se destila el hom\u00fanculo de una nueva conciencia universal!<\/em>\u00bb (C. G. Jung: \u00abUlises\u00bb, en\u00a0<em>Realidad del alma<\/em>, loc. cit. ).<\/span><\/strong><\/span><\/p><\/blockquote>\n<p><span style=\"color:#3c4c9a;font-size:small;\"><strong><span style=\"font-family:'Arial Narrow';\">Una vez m\u00e1s, el talento magn\u00edfico de Jung, tan lleno de atisbos y munificencias, cuando est\u00e1 dentro de sus predios, desacierta y flaquea. No resulta posible\u00a0<em>seguir<\/em>\u00a0el Ulises de Joyce, sino<em>sentirlo y vivirlo<\/em>. Tampoco resulta probable que la larga redacci\u00f3n del Ulises (de 1914 a 1921), casi diez a\u00f1os, haya sido hecha o \u00ab<em>cometida<\/em>\u00bb en vano, en un vac\u00edo espectacular en que las figuras, las sombras, las gentes, no signifiquen nada m\u00e1s sino el estirarse en la nada y para nada. Irlanda, patria de Joyce, no es precisamente Suiza, patria de Jung. Si hemos de creer en los \u00ab<em>arquetipos<\/em>\u00bb y en los \u00ab<em>geotipos<\/em>\u00ab, en los que el \u00ab<em>Alma y la Tierra<\/em>\u00bb se confunden, se entremezclan y recrean, Joyce es ante todo y sobre todo un escritor irland\u00e9s. Los paisajes de Irlanda, est\u00e1n llenos de misterio: nubes perennes, abismos legendarios, playas eternas, de nombres extra\u00f1os, tumbas solitarias, olas est\u00e9riles, monta\u00f1as fr\u00edas. Es una tierra m\u00edstica donde palpita lo santo y lo santificado. Cuando Europa rug\u00eda dentro de la barbarie m\u00e1s alelada, cuando los Galos fundaban ya los monasterios de Lismore, de Derry, de Aran-More y colonizaban a Escocia y a Breta\u00f1a, ya la luz brotaba en el Oeste e Irlanda surg\u00eda, como un inmenso faro. Pero adem\u00e1s, Irlanda representa el prototipo del martirologio pol\u00edtico m\u00e1s nefario. Desde el d\u00eda en que nace Joyce, el 2 de febrero de 1882 en Rathgar, hasta 1914, a\u00f1o en el que comienza el \u00ab<em>Ulises<\/em>\u00ab, el escritor est\u00e1 atravesado, de polo a polo, por hechos culturales, sociales, psicol\u00f3gicos, literarios de diversa \u00edndole. Zola y Maupassant en 1885, Nietzehe y Tolstoi al a\u00f1o siguiente, Verlaine, Ibsen y Engels en 1888, Williams James y Bergson en 1890, Wilde en 1891 con\u00bb<em>El retrato de Dorian Gray<\/em>\u00ab, Mallarm\u00e9 en 1898, la guerra de los Boers en 1899, Husserl y Conrad en 1900, la Est\u00e9tica de Croce en 1902, Gide en el mismo a\u00f1o, Bergson y su \u00ab<em>Evoluci\u00f3n creadora<\/em>\u00bb en 1906, Lenin en 1909, Rilke en 1910, Kafka en 1912 con su \u00ab<em>Metamorfosis<\/em>\u00ab, la \u00ab<em>Fenomenolog\u00eda<\/em>\u00bb de Husserl, el \u00ab<em>Totem y Tab\u00fa<\/em>\u00bb de Freud, y Proust en 1913, son hitos formidables que, para una sensibilidad como la de Joyce, no pudieron pasar desapercibidos. Cuando estall\u00f3 la primera guerra mundial, Joyce iniciaba su \u00ab<em>Ulises<\/em>\u00ab. En plena redacci\u00f3n de su gran novela, cae preso en 1915, en Trieste. Libre, y despu\u00e9s de la contienda, en 1926 encuentra en Par\u00eds a Ezra Pound, a Val\u00e9ry-Larbaud, a Aragon, a Paul Eluard. Imagino que todo lo que signific\u00f3 el \u00ab<em>inconformismo<\/em>\u00ab, la revoluci\u00f3n, la \u00ab<em>Iconoclastia<\/em>\u00ab, entr\u00f3 en contacto con Joyce en Par\u00eds, hacia 1920: Un a\u00f1o despu\u00e9s, acababa su \u00ab<em>Ulises<\/em>\u00ab, al tiempo que terminaba en Rusia la guerra civil, se firmaba el tratado de Riga, y de Valera reclamaba la independencia total de Irlanda.<\/span><\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#3c4c9a;font-size:small;\"><strong><span style=\"font-family:'Arial Narrow';\">Todo este itinerario, toda esta odisea espiritual, literaria y cultural de Joyce hubo de reflejarse en su \u00ab<em>Ulises<\/em>\u00ab. Jung hace un enjuiciamiento falso. \u00ab<em>Ulises<\/em>\u00bb no es una novela sino una nueva mitolog\u00eda.<\/span><\/strong><\/span><\/p>\n<blockquote><p><span style=\"color:#3c4c9a;font-size:small;\"><strong><span style=\"font-family:'Arial Narrow';\"><em>\u00ab&#8230;Los innumerables an\u00e1lisis que hab\u00edan de prolongar, en 1922, la conferencia de Larbaud sobre Joyce, han aclarado mucho la singularidad de este libro. Su prop\u00f3sito, como se sabe, fue el de ofrecer una parodia, una versi\u00f3n moderna de la Odisea, adaptada a la situaci\u00f3n de Irlanda, a los descubrimientos cient\u00edficos, a los problemas raciales, religiosos, familiares, est\u00e9ticos; en resumen, proponer la epopeya de Ulises como un mito capaz de unificar lo real en todos sus aspectos. De las sospechas que se esperaban del intento, muchas se han justificado y se han vuelto familiares. Nadie se extra\u00f1a ya de que la acci\u00f3n se desarrolle en un solo d\u00eda (el 16 de Junio de 1904), en una sola ciudad (Dubl\u00edn) ni de que sus personajes resuciten los h\u00e9roes de Homero: Ulises (Leopoldo Bloom), Pen\u00e9lope (se\u00f1ora de Bloom), Tel\u00e9maco (Stefan Dedalus), Calypso (Marta Clifford), N\u00e9stor (Se\u00f1or Deasy), Nausicaa (G. Me. Dowel), Elpenor (P. Dignam ) , Polifemo (El ciudadano), &#8211; Ayax (Mc Intosh), Circ\u00e9 (B. Cohen), Antinoo (D. Boylan); y las divinidades: Athena (La lechera), Her-mes (B. Malligam), Eole (El Periodista ), las sirenas (Miss Douce y Miss Kennedy)&#8230; Liberado de las sintaxis tradicionales, apto para traducir una vida m\u00f3vil y secreta e investigar hasta en sus propias tinieblas el esp\u00edritu \u00ab<\/em>de lo subterr\u00e1neo<em>\u00ab, el mon\u00f3logo anteced\u00eda en m\u00e1s de un siglo lo que hab\u00edan observado los psic\u00f3logos, los soci\u00f3logos, los etn\u00f3logos y los mit\u00f3logos, es decir, el explorar un universo irracional, prel\u00f3gico, on\u00edrico, anti-eucl\u00eddeo, de los que los trabajos de James, de Bergson, de Janet, de Freud, de Jung, de Frazer, de Levy-Bruhl, han dado suficientes pruebas. Pero de este universo, hab\u00eda que hacer y formar una imagen que mostrara bajo su aparente confusi\u00f3n, la coherencia de sus leyes. La novedad de la t\u00e9cnica joyciana, se debe, ante todo a un rigor estrictamente &#8211; cient\u00edfico. Fundado sobre la asociaci\u00f3n de ideas y de los sentimientos, el mon\u00f3logo implicaba una nueva ventaja: El an\u00e1lisis de las obsesiones, de las angustias, de las tendencias neur\u00f3ticas hechas ya por el psicoan\u00e1lisis. As\u00ed, todos los elementos del universo ps\u00edquico, sus conflictos, sus matices, se organizaban alrededor de temas enraizados en lo inconsciente&#8230;\u00bb<\/em>\u00a0(Jean Paris:\u00a0<em>James Joyce<\/em>, Par\u00eds, 1957).<\/span><\/strong><\/span><\/p><\/blockquote>\n<p><span style=\"color:#3c4c9a;font-size:small;\"><strong><span style=\"font-family:'Arial Narrow';\">Frente a Joyce y a Picasso, Jung nos da majestuosamente la espalda. Si sus pesquisas acerca del llamado \u00ab<em>arte moderno<\/em>\u00ab, cegajean por la excelencia de sus luces y la vastedad de sus dimensiones, no cabe duda de que Jung no era -y me doy perfecta cuenta de esta afirmaci\u00f3n- lo que pudiera denominarse \u00ab<em>un esp\u00edritu moderno<\/em>\u00ab, entendiento por \u00ab<em>modernidad<\/em>\u00ab, la\u00a0<em>asimilaci\u00f3n de los hechos y acontecimientos que la civilizaci\u00f3n y la cultura vigentes nos ha suministrado para convivir y vivir<\/em>. Jung, volcado hacia mundos diversos, diferentes, distantes, en que la simbolog\u00eda adquiere una categor\u00eda de\u00a0<em>ealidad inconsciente o consciente<\/em>, enrevesa -como la mayor\u00eda de las psicolog\u00edas actuales- el sentido de una expresi\u00f3n libre u aut\u00f3noma. El artista jungiano, establece por s\u00ed y ante s\u00ed, una especie de \u00ab<em>monolog\u00eda simb\u00f3lica<\/em>\u00bb en la que, al trav\u00e9s de los signos y de las significaciones objetivas, rastrea, como letal sierpe,\u00a0<em>una condici\u00f3n posible y eventual<\/em>. Puede ser desastrosa, delusoria, y delirante; o, por el contrario, magn\u00edfica y enchilada. Todo se reduce, en el hombre jungiano, a la posibilidad de \u00ab<em>salvarse<\/em>\u00bb (individuaci\u00f3n), buscando el sumergim\u00edento, casi el ahogamiento en trances fuliginosos, de donde fundar\u00e1 su propia existencia, si puede superarlos.<\/span><\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#3c4c9a;font-size:small;\"><strong><span style=\"font-family:'Arial Narrow';\">En uno de sus \u00faltimos libros, \u00ab<em>Un Mythe Moderne<\/em>\u00bb (Jung:\u00a0<em>Un Mythe moderne<\/em>; traducc. R. Cohen, Par\u00eds, Gallimard, 1961), Jung analiza, a su manera, el \u00ab<em>fen\u00f3meno arquet\u00edpico de los platillos voladores<\/em>\u00ab, consider\u00e1ndolos como \u00ab<em>proyecciones inconscientes de figuras ancestrales<\/em>\u00ab. M\u00e1s ello no es lo m\u00e1s interesante del libro, sino su vuelo sobre su renovada reocupaci\u00f3n por el simb\u00f3Iismo del arte moderno. \u00bfPor qu\u00e9 esta insistencia de Jung en este tema que a veces se aletarga en su pluma viv\u00edsima? No existe sino una raz\u00f3n: La de que Jung considera el arte, -espec\u00edficamente la pintura\u00a0<em>como un signo de decadencia<\/em>.<\/span><\/strong><\/span><\/p>\n<blockquote><p><span style=\"color:#3c4c9a;font-size:small;\"><strong><span style=\"font-family:'Arial Narrow';\"><em>\u00ab&#8230;. El pintor de que quiero hablar (Picasso), ha tenido ciertamente el valor de confesar que su arte expresa una profunda angustia, proyectada en suerte y asimismo una voluntad general, consciente o inconsciente de destrucci\u00f3n. Algunos artistas hacen de la destrucci\u00f3n y de la descomposici\u00f3n en el caos, su tema predilecto; llegan a ello con la\u00a0<\/em>superioridad<em>\u00a0de una pasi\u00f3n erostr\u00e1tica que no conoce ni ayer ni ma\u00f1ana. Pero acontece de otra manera con el miedo que es una confesi\u00f3n de inferioridad, que traduce un movimiento de retroceso ante el caos, lo cual es una profesi\u00f3n de fe, una aspiraci\u00f3n a llegar a una realidad s\u00f3lida y perceptible, a una continuidad de existir y a un cumplimiento de la l\u00ednea general de significaciones; en una palabra, es decir\u00a0<\/em>que la angustia aspira a la cultura.\u00a0<em>La angustia es el reconocimiento impl\u00edcito, inconsciente o consciente, del hecho de que la descomposici\u00f3n de nuestro mundo resulta de sus propias insuficiencias, del hecho de que le falta a nuestro mundo \u00ab<\/em>algo<em>\u00bb esencial que lo proteger\u00eda de la invasi\u00f3n del caos; al aspecto fragmentario del caos precedente, la angustia quiere oponer una plenitud, una totalidad, un bienestar, una salud. Pero como el presente no parece ofrecer ninguna aspiraci\u00f3n a este deseo, el hombre moderno est\u00e1 privado de la posibilidad de representarse el factor unificador de su propia Totalidad. Se ha vuelto esc\u00e9ptico hacia todo aquello que dentro del concierto universal, le confer\u00eda la autarqu\u00eda de Ser y, por ende, las ideas m\u00e1s o menos quim\u00e9ricas que quisieran mejorar su mundo, se han derrumbado, al lado de supropia vida. &#8230;Tratando de abandonar Ia I\u00f3gica de las cosas y el mundo de las formas y de las representaciones y de movernos en las dimensiones aparentemente ilimitadas del caos, el arte moderno suscita, en mucho mayor grado que los \u00ab<\/em>tests psicol\u00f3gicos<em>\u00ab, de la existencia de \u00ab<\/em>complejos<em>\u00ab, despojados de su habitual carnadura y que aparecen como la forma original de los instintos. Supra-personales son de una naturaleza inconsciente, en todos los seres humanos. Los complejos personales, nacen justamente en los sitios y lugares en que se producen colisiones con la dispos\u00edci\u00f3n instintiva general. Se trata de sitios de menor adaptaci\u00f3n que permanecen especialmente sensibles y cuya susceptibilidad determinar\u00e1 los afectos que arranquen del rostro del hombre civilizado la m\u00e1scara de la adaptaci\u00f3n. Hay que preguntarse si este no es el objetivo que persigue el arte moderno. Ciertamente hoy por hoy, existen en este dominio el caos m\u00e1s indescriptible. Pero, la p\u00e9rdida de la belleza y del sentido que ello acarrea, est\u00e1 compensada por una actualizaci\u00f3n y un reforzamiento de lo inconsciente. Pero este \u00faltimo es poco menos que ca\u00f3tico; est\u00e1 inscrito en el orden de la naturaleza&#8230;\u00bb (<\/em>Jung<em>: Un Mythe Moderne,\u00a0<\/em>loc. cit<em>.).<br \/>\n<\/em><\/span><\/strong><\/span><\/p><\/blockquote>\n<p><span style=\"color:#3c4c9a;font-size:small;\"><strong><span style=\"font-family:'Arial Narrow';\">Leyendo a Jung, cotejando sus premisas y sus conclusiones, se siente a la postre una corriente de pesimismo spengleriano:\u00a0<em>\u00abTengo que confesar,\u00a0<\/em>dice Jung<em>, que no s\u00e9 qu\u00e9 es el `<\/em>esp\u00edritu<em>` como tampoco s\u00e9 qu\u00e9 es `<\/em>la vida<em>&#8216;\u00bb.\u00a0<\/em>Ante este desconcierto, apremiante en veces, Jung opta por un empirismo puro. La \u00ab<em>experiencia<\/em>\u00bb se vuelve en Jung una necesidad violenta. Mas no lo colma ni lo satisface. Al tratar del hombre de Occidente, apunta:<em>\u00a0\u00ab&#8230;El alma de Occidente se halla en una situaci\u00f3n inquietante, tanto m\u00e1s inquietante cuanto preferimos todav\u00eda las ilusiones de nuestra belleza interior a la verdad m\u00e1s inclemente. El occidente vive en una niebla de embriaguez individual que tiene que ocultarle su verdadero rostro&#8230;\u00bb (<\/em>Jung<em>: \u00ab<\/em>El problema ps\u00edquico del hombre moderno<em>\u00ab, en: La Psique y problemas actuales, Bs. Aires, 1944).<\/em><\/span><\/strong><\/span><\/p>\n<blockquote><p><span style=\"color:#3c4c9a;font-size:small;\"><strong><span style=\"font-family:'Arial Narrow';\"><em>\u00abLos grandes problemas de la vida, nunca se resuelven definitivamente. Si aparentemente lo son, ello implica siempre. una p\u00e9rdida. Porque su sentido y su finalidad no radica en su soluci\u00f3n sino en que nos ocupemos perpetuamente en ellos&#8230; Cuanto m\u00e1s nos aproximamos al declinar de la vida y cuanto m\u00e1s ha logrado uno afirmarse en su postura personal y en su situaci\u00f3n social, en tanto mayor grado pretendemos haber descubierto el curso certero de la vida y los ideales y principios justos de la conducta. Por eso, presuponemos su eterna validez y nos hacemos una virtud de la perpetua fidelidad a los mismos. Pasamos por alto, una realidad esencial, a saber, que el logro del fin social se ha realizado a costa de la totalidad de la personalidad; mucha vida, demasiada vida que pudo haber sido vivida por nosotros, qued\u00f3 derrumbada en el trastero de los empolvados recuerdos, a veces, ascuas escondidas entre cenizas&#8230;\u00bb (<\/em>Jung<em>: La Psique &#8230; loc. cit. ).<\/em><\/span><\/strong><\/span><\/p>\n<blockquote><p>&nbsp;<\/p><\/blockquote>\n<p align=\"center\"><span style=\"color:#3c4c9a;font-size:small;\"><strong><span style=\"font-family:'Arial Narrow';\">* * *<br \/>\n<\/span><\/strong><\/span><\/p>\n<\/blockquote>\n<p><span style=\"color:#3c4c9a;font-size:small;\"><strong><span style=\"font-family:'Arial Narrow';\">Tenso, heroicamente, furiosamente, entre un Oriente ignoto y un Occidente despedazado; jaleando en la alquimia una Omnipresencia simb\u00f3lica que rescatara los lutos modernos; aparejando el \u00ab<em>Animus<\/em>\u00bb y el \u00ab<em>Anima<\/em>\u00ab, dentro de una resignaci\u00f3n psicol\u00f3gica, lejos de lo emp\u00edrico; prosiguiendo en la \u00ab<em>individuaci\u00f3n<\/em>\u00bb un proceso singular de depuraci\u00f3n y luminosidad en que lo m\u00edstico se cotejaba con lo psicol\u00f3gico; y\u00e9ndose y vini\u00e9ndose con Job y a trav\u00e9s de Job en un balanceo malamente teol\u00f3gico; bravuc\u00f3n y altanero con Dios; mondando a Picasso y a Joyce; ensalzando a Paracelso; Jung se me aparece dentro de la cultura de Occidente como un h\u00e9roe formidable, contradictorio, soberbio, vehemente y crucial. Euclides de la psicolog\u00eda, busc\u00f3 siempre en el alma del hombre el p\u00e9ndulo decisivo que rematara las horas sin fin de la existencia. Pero acaso ni en los s\u00edmbolos por los que tanto luch\u00f3, ni en los signos que pueblan su obra, ni en los ritos vern\u00e1culos por los que su admirable pluma transit\u00f3 con superior donaire, ni en los mitos esquivos y profundos por donde su mirar se detuvo tantas veces, ni en la historia, ni en las religiones, pudo Jung demorar su angustia y darle al hombre la dimensi\u00f3n ansiada. Gran perplejo de la cultura y por la cultura, Jung repetir\u00e1, donde Dios le tenga, la palabra de Pascal:<\/span><\/strong><\/span><\/p>\n<blockquote><p><span style=\"color:#3c4c9a;font-size:small;\"><strong><span style=\"font-family:'Arial Narrow';\">\u00ab<em>&#8230;Jam\u00e1s he juzgado una cosa por s\u00ed misma. Tampoco puedo juzgar mi obra mientras la hago; tengo qur trabajar como los pintores: alej\u00e1ndome de todo, pero no demasiado. \u00bfCu\u00e1nto? \u00a1 Adiv\u00ednenlo!<\/em>\u00ab.<\/span><\/strong><\/span><span style=\"color:#3c4c9a;font-size:xx-small;\"><strong><span style=\"font-family:'Arial Narrow';\"><\/p>\n<p><\/span><\/strong><\/span><\/p><\/blockquote>\n<\/blockquote>\n<\/div>\n<div align=\"justify\">\n<p align=\"center\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" alt=\"\" src=\"http:\/\/www.adepac.org\/imagenes\/barra-inferior-corta.jpg\" width=\"430\" height=\"19\" \/><\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00abCARL GUSTAV JUNG\u00ab Lu\u00eds Jaime S\u00e1nchez Luis Jaime S\u00e1nchez fue\u00a0m\u00e9dico psiquiatra, Director del Instituto de Psicolog\u00eda\u00a0de la Universidad Nacional de Colombia\u00a0(antecesora de la Facultad de Psicolog\u00eda de la misma Universidad)\u00a0de 1953 a 1957. 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