{"id":911,"date":"2010-06-30T20:59:42","date_gmt":"2010-07-01T01:59:42","guid":{"rendered":"http:\/\/adepacolombia.wordpress.com\/?p=911"},"modified":"2010-06-30T20:59:42","modified_gmt":"2010-07-01T01:59:42","slug":"interpretacion-psicologica-hermeneutica-de-las-imagenes-arquetipicas-de-la-madre-en-algunos-cuentos-de-hadas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/interpretacion-psicologica-hermeneutica-de-las-imagenes-arquetipicas-de-la-madre-en-algunos-cuentos-de-hadas\/","title":{"rendered":"Interpretaci\u00f3n psicol\u00f3gica \/ hermen\u00e9utica de las im\u00e1genes arquet\u00edpicas de la madre en algunos cuentos de hadas"},"content":{"rendered":"<div id=\"Layer2\">\n<div id=\"Layer5\">\n<div align=\"justify\">\n<div align=\"center\">\n<p><span style=\"color:#3c4c9a;font-family:'Arial Narrow';font-size:xx-small;\"><strong><span style=\"text-decoration:underline;\">\u00ab<\/span><\/strong><\/span><span style=\"text-decoration:underline;\"><span style=\"color:#333399;\"><span style=\"font-family:'Arial Narrow';font-size:xx-small;\">INTERPRETACI\u00d3N PSICOL\u00d3GICA\/ HERMEN\u00c9UTICA DE LAS IM\u00c1GENES ARQUET\u00cdPICAS DE LA MADRE EN ALGUNOS CUENTOS DE HADAS<strong>\u00ab<\/strong><\/span><\/span><\/span><span style=\"color:#3c4c9a;font-family:'Arial Narrow';font-size:xx-small;\"><strong><span style=\"text-decoration:underline;\"><a name=\"Arriba\"><\/a><\/span><\/strong><\/span><\/p>\n<p align=\"center\"><span style=\"color:#3c4c9a;font-family:'Arial Narrow';font-size:xx-small;\">Sergio Palacio<\/span><\/p>\n<table width=\"420\" border=\"1\">\n<tbody>\n<tr>\n<td width=\"410\" height=\"50\">\n<blockquote>\n<div align=\"justify\">\n<p align=\"justify\"><strong><span style=\"color:#333399;font-family:'Arial Narrow';font-size:small;\">Sergio Adri\u00e1n Palacio Tamayo es Psic\u00f3logo de la Universidad San Buenaventura de Medell\u00edn, Especialista en Hermen\u00e9utica literaria y Magister en estudios Human\u00edsticos de la universidad Eafit. Docente de c\u00e1tedra Universidad de San Buenaventura y psic\u00f3logo cl\u00ednico privado. E-mail:<a href=\"mailto:giosernandria@gmail.com\">\u00a0giosernandria@gmail.com<\/a><\/span><\/strong><\/p>\n<\/div>\n<\/blockquote>\n<\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n<\/div>\n<blockquote>\n<blockquote>\n<div align=\"justify\">\n<p align=\"center\">\n<p align=\"center\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" alt=\"\" src=\"http:\/\/www.adepac.org\/imagenes\/Mater-Matuta.gif\" width=\"150\" height=\"238\" \/><\/p>\n<\/div>\n<div align=\"justify\">\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-family:'Arial Narrow';\"><strong><span style=\"color:#666666;\">Resumen.<\/span><\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#666666;font-family:'Arial Narrow';\"><strong>Este art\u00edculo presenta una interpretaci\u00f3n de las im\u00e1genes arquet\u00edpicas de la madre en algunos cuentos de hadas. Deriva de la investigaci\u00f3n Los cuentos de hadas como expresi\u00f3n de las profundidades del alma realizada durante los a\u00f1os 2010-2011(01) como trabajo de grado para optar por el t\u00edtulo de Magister en Estudios Human\u00edsticos de la Universidad Eafit. Esta investigaci\u00f3n abord\u00f3 la interpretaci\u00f3n de cuentos de hadas desde la perspectiva te\u00f3rica de la psicolog\u00eda junguiana. Construy\u00f3 un marco conceptual para mostrar el devenir de la imagen primordial o arquetipo y la vinculaci\u00f3n que tiene este con la esencia de los cuentos de hadas. Finalmente se realizaron diferentes interpretaciones de cuentos de hadas siguiendo la metodolog\u00eda dise\u00f1ada por Marie Von Franz y en ese sentido se abordaron los siguientes cuentos: Barba azul, Ivan Zarevich, el p\u00e1jaro de oro y el lobo, Hansel y Gretel, Con el diablo a la espalda, Hans de Hierro, entre otros.<\/strong><\/span><\/p>\n<\/div>\n<div align=\"justify\"><span style=\"color:#666666;font-family:'Arial Narrow';\"><strong>Palabras clave: Psicolog\u00eda anal\u00edtica, cuento de hadas, im\u00e1genes arquet\u00edpicas, Femenino, masculino, Arquetipo materno, Arquetipo paterno, m\u00e9todo de interpretaci\u00f3n hermen\u00e9utica\/psicol\u00f3gica.<\/strong><\/span><\/div>\n<\/blockquote>\n<div align=\"justify\">\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"color:#333399;\"><strong>En muchos sentidos la madre dentro del cuento de hadas est\u00e1 sumergida en las profundas aguas de la oscuridad. Su condici\u00f3n principal est\u00e1 planteada como devoradora, peligrosa, suspicaz y cargada de recelos. Ella se opone tanto a lo masculino como a lo femenino, desea devor\u00e1rselo. Mientras Gretel es esclavizada, H\u00e4nsel es encerrado para ser engordado. Lo femenino es menoscabado en ese cuento; lo masculino est\u00e1 en peligro de ser devorado. En la madre se encarnan las contrariedades de la vida: te da la vida pero tambi\u00e9n puede quit\u00e1rtela. No es un juicio moral el que se hace en sicolog\u00eda junguiana cuando se habla de la doble polaridad de la madre, sino m\u00e1s bien una comprensi\u00f3n sobre este aspecto de la psique donde el ser humano es invitado a vivir la contradicci\u00f3n del arquetipo de la madre.\u00a0<em>Ella es la corriente de vida donde la creaci\u00f3n da lugar a la destrucci\u00f3n, donde la destrucci\u00f3n al servicio de la vida da lugar a la creaci\u00f3n<\/em>\u00a0(Woodman &amp; Dikson, 1999,19). En general los rasgos esenciales del arquetipo de la madre son:\u00a0<em>lo \u201cmaterno\u201d, la autoridad m\u00e1gica de lo femenino, la sabidur\u00eda y la altura espiritual que est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 del entendimiento; lo bondadoso, protector, sustentador, dispensador de crecimiento, fertilidad y alimento; los sitios de la trasformaci\u00f3n m\u00e1gica, del renacimiento; el impulso o instinto ben\u00e9ficos; lo secreto, lo oculto, lo sombr\u00edo, el abismo, el mundo de los muertos, lo que devora, seduce y envenena, lo que provoca miedo y no permite evasi\u00f3n<\/em>\u00a0(Jung,1994,75). Esta serie de categor\u00edas de la madre son solo aspectos que a la larga se complementan como opuestos. Este devenir de la madre no s\u00f3lo convoca a comprender su doble polaridad no como una amenaza \u2013aunque su apariencia en si sea arrobadora o monstruosa- sino como v\u00eda hacia la transformaci\u00f3n y el proceso de individuaci\u00f3n. El h\u00e9roe, sale al bosque del inconsciente en busca de esta madre terrible porque la conciencia del yo se ha estrechado, los estamentos del pasado est\u00e1n derrumb\u00e1ndose, las creencias e ideas se han fosilizado y estorban m\u00e1s que ayudar. Se encuentra a la madre terrible, es inevitable ser devorado, confrontado, puesto a prueba, muerto. Para transformarse es necesario que algo muera. Es el sacrificio acorde para lograr el cambio. En el encuentro con la madre terrible llevamos ante ella lo estancado de nuestras vidas, la repulsa interior a seguir su ciclo vida\/muerte, las negaciones que hemos dispuesto ante los cambios, bas\u00e1ndonos en s\u00f3lidos espejismos que se diluyen en lo profundo del bosque donde ella vive. Llevamos semejantes cargas pero de all\u00ed, de su vientre peligroso, ligado a la muerte y la destrucci\u00f3n es que emergemos diferentes. En la trasformaci\u00f3n ps\u00edquica existe\u00a0<em>un intercambio equivalente\u00a0<\/em><span style=\"color:#ff0000;\">(1)<\/span>donde en cada modificaci\u00f3n de nuestro ser debemos otorgar, ceder, dejar ir, soltar, lo que nos aprisiona y creemos valioso, para recibir la integraci\u00f3n ps\u00edquica que posee el mismo o mayor valor de la atadura anterior. Continuaremos regresando hacia ella una y otra vez, porque en ella morimos y nos renovamos, en un continuo intercambio equivalente.<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#333399;\"><strong>La madre ser\u00eda entonces, en su doble figuraci\u00f3n, un arquetipo que trasforma la psique de manera abrupta, pero el temor a su poder es mayor que la valent\u00eda del h\u00e9roe. En todo momento, la ambig\u00fcedad de su fuerza promueve una imagen donde prestamos atenci\u00f3n a la dicotom\u00eda de la idealizaci\u00f3n\/odio, donde la madre es benigna, santa, inmaculada, intocable pero a la vez es peligrosa, invasora, sobreprotectora, etc. Su imagen puede aparecer como (Campbell, 1997,105):<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#333399;\"><strong>1)\u00a0<em>la madre ausente, inalcanzable, en contra de quien se dirigen las fantas\u00edas agresivas y de quien se teme una igual respuesta agresiva<\/em>; es la madre para depositar la agresividad con el agravante de que ella misma puede volcarse con igual fuerza hacia ti. Como odias te odia, como atacas te ataca: es un espejo donde se reflejan los estados de agresi\u00f3n producidos a partir de la frustraci\u00f3n de perder su cuerpo, su cuidado, su seguridad, su alma y por ende, la agresi\u00f3n se vuelca sobre ella para compensar los impulsos agresivos m\u00e1s ella misma no los sabe controlar, porque de ella han emergido tambi\u00e9n, y el hijo(a) siente que su madre es la peligrosa, que podr\u00eda matarlo.<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#333399;\"><strong>2)\u00a0<em>la madre que obstaculiza, que proh\u00edbe, que castiga<\/em>; ambivalente, ataca para fragmentar y luego de fragmentar intenta unir las fracciones: divide inevitablemente. No desea, ni permite, la independencia del ni\u00f1o; lo desea para ella, lo confina a sus dominios; es celosa, siente miedo de s\u00ed misma y lo proyecta en el afuera, con ella crea a un ni\u00f1o inseguro, del cual se har\u00e1 cargo toda la vida.<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#333399;\"><strong>3)\u00a0<em>la madre que se apodera del ni\u00f1o que crece y trata de huir<\/em>; huye para ser libre, se le opone, se le enfrenta, deambula las calles, se vuelve un errante, evitando la vida misma, la madre que se le aparece en cada mujer y no le interesa sentar cabeza, porque de hacerlo se entregar\u00eda a lo s\u00f3lido de ella, el nido, la patria, la tierra y con ello, entrar\u00eda en p\u00e1nico de ser de nuevo consumido por su negligencia ps\u00edquica para vivir individualmente, ella desea simbiosis, mantener un cord\u00f3n umbilical.<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#333399;\"><strong>4)\u00a0<em>la madre deseada pero prohibida (complejo de Edipo) cuya presencia es una incitaci\u00f3n a los deseos peligrosos (complejo de castraci\u00f3n)<\/em>; la mujer primaria del deseo, la caricia er\u00f3gena sobre la piel, su olor ligado a los recuerdos del cuerpo, la contemplaci\u00f3n de su cuerpo en la profunda marca de la prohibici\u00f3n, los celos por un padre que la posee y nos la quita, le culpamos de nuestro dolor celot\u00edpico, de nuestra escisi\u00f3n definitiva, donde logramos alejarnos de su influjo. A veces, cuando el padre falta, dormimos con ella en su cama, en el espacio del padre, y administramos su odio al masculino, lo restregamos por nuestro cuerpo, le apoyamos para matar al padre ausente: nos autolegamos un dolor ajeno. Es probable que\u00a0<em>estas im\u00e1genes persistan en la tierra, escondidas del recuerdo de la infancia del adulto y a veces se convierten en la fuerza m\u00e1s poderosa<\/em>\u00a0(Campbell, 1997,106). Fuerza que trasforma o devora seg\u00fan el caso. Fuerza que se manifiesta en el cuento de hadas de manera integrada donde se da un giro a su fuerza maligna y se le integra a la vida ps\u00edquica y humana. Fuerza primigenia, arquetipo de la madre, que posee una cantidad de im\u00e1genes y aspectos que representan su amplia influencia en la vida humana.\u00a0<em>Citando solo algunas formas t\u00edpicas tenemos: la madre y la abuela personales; la madrastra y la suegra; cualquier mujer con la cual se est\u00e9 en relaci\u00f3n, incluyendo tambi\u00e9n al aya o ni\u00f1era; el remoto antepasado femenino y la mujer blanca; en sentido figurado, m\u00e1s elevado, la diosa, especialmente la madre de Dios, la Virgen (como madre rejuvenecida, por ejemplo: Demeter y Ceres), Sophia (como madre-amante, a veces tambi\u00e9n del tipo Cibeles-Atis o como hija-[madre rejuvenecida]-amante); la meta del anhelo de salvaci\u00f3n[para\u00edso, reino de Dios, Jerusal\u00e9n celestial]; en sentido m\u00e1s amplio la iglesia, la universidad, la ciudad, el pa\u00eds, el cielo, la tierra, el bosque, el mar y el estanque; la materia, el inframundo y la luna; en sentido m\u00e1s estricto, como sitio de nacimiento o de engendramiento: el campo, el jard\u00edn, el pe\u00f1asco, la cueva, el \u00e1rbol, el manantial, la fuente profunda, la pila bautismal, la flor como vasija (rosa y loto); como c\u00edrculo m\u00e1gico (m\u00e1ndala como padma) o como tipo de la cornucopia; y en el sentido m\u00e1s estricto de la matriz, toda forma hueca (por ejemplo, la tuerca); los yoni; el horno, la olla; como animal, la vaca, la liebre y todo animal \u00fatil en general<\/em>\u00a0(Jung,1994,75).<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#333399;\"><strong>En el cuento de hadas la madre prolonga sus im\u00e1genes arquet\u00edpicas hacia el h\u00e9roe para hacerle crecer. Entremos a ese simbolismo ambivalente, siguiendo un cuento de hadas, para afianzar una interpretaci\u00f3n amplia de este aspecto de la psique. Comencemos entonces por el cuento japon\u00e9s, de tradici\u00f3n oral, y con correspondencia en occidente con el cuento\u00a0<em>La doncella manca<\/em>, llamado\u00a0<em>La doncella sin manos<\/em>. Lo particular de este cuento, es que a diferencia de la versi\u00f3n de los hermanos Grimm, donde el padre amputa las manos de su hija, aqu\u00ed es la madre la que ejecuta dicha agresi\u00f3n.<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#333399;\"><strong>La historia comienza con la muerte de lo femenino, la madre, por efecto de una enfermedad, dejando sola a la joven protagonista. El padre, due\u00f1o de una posada, decide casarse con una mujer que odia de entrada a la hu\u00e9rfana y busca deshacerse de ella. Un d\u00eda, la madrastra lleva a la joven a lo profundo del bosque, la ata a un \u00e1rbol y le corta las manos para luego dejarla abandonada a los elementos. Un joven cazador, coincide con ella en ese punto alejado del bosque (inconsciente), y se apiada de su condici\u00f3n en minusval\u00eda por lo que le brinda protecci\u00f3n de inmediato: la conduce a una casa humilde, donde queman madera para hacer carb\u00f3n, sitio aislado y remoto, donde la gente no es frecuente, y le da un techo para dormir. Tambi\u00e9n le brinda alimentaci\u00f3n que proviene de la madre atenta y cuidadora del cazador: \u00e9l le solicita el doble de comida sin confesarle para qui\u00e9n son los platillos extras. La madre comienza a notar que el joven est\u00e1 cada d\u00eda m\u00e1s alegre y le interroga por la factible presencia de una mujer en su vida. \u00c9l le confiesa esto, y la progenitora admite que su posible esposa, resida en su propia casa. Luego los dos enamorados contraen matrimonio, y trascurrido un tiempo, la joven queda en embarazo. Tras meditar la situaci\u00f3n econ\u00f3mica de su familia creciente, el joven decide marcharse lejos &#8211; durante tres a\u00f1os- con el objeto de ganar m\u00e1s dinero. A los pocos meses de su partida, sin saberlo a\u00fan, nace su primog\u00e9nito. Su esposa le env\u00eda un mensaje para darle la buena nueva pero el mensajero encargado de la comitiva, se detiene en la posada del padre, y sin darse cuenta le confiesa a la madrastra, que la joven sin manos sigue viva. Esta madre terrible, se encarga de poner suficiente sake en la copa del heraldo y este cae borracho, dando la posibilidad de que la madre terrible altere la carta: en vez de precioso ni\u00f1o, escribe que ha nacido un diablo. Al d\u00eda siguiente el mensajero cumple su entrega pero la tergiversaci\u00f3n ya est\u00e1 presente en lo escrito. En ese sentido, es particular del padre, la aceptaci\u00f3n inmediata de lo comunicado; no se asusta y sin reparos, admite cuidar a su hijo a pesar de su condici\u00f3n demoniaca: contesta la carta con esta prerrogativa. El emisario, en un estado inconsciente total, sin la facultad de Hermes, recae en su compulsi\u00f3n et\u00edlica, por lo que visita de nuevo la posada.<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#333399;\"><strong>La madrastra, llena de nuevo su copa hasta hacerlo caer borracho. Con ello, se abre paso hacia la carta para transgredirla: rechaza el mensaje del padre aceptando al hijo y reescribe el texto, dando \u00f3rdenes inmediatas para que la mujer sin manos y su hijo, salgan de su casa. Al recibir semejante respuesta, la esposa, junto con la suegra, se ponen tristes, al ver la trasfiguraci\u00f3n del marido. Cumplen la orden: la mujer sin manos se va con el ni\u00f1o montado en sus espaldas. Durante varios a\u00f1os, tres en total, deambulan pidiendo limosna por distintos poblados, hasta que un buen d\u00eda, ella decide regresar a la casa del carb\u00f3n. Recordemos que esta casa estaba en una parte remota del bosque y para llegar a esta, es necesario remontar una inclinaci\u00f3n leve, que est\u00e1 al lado de una cascada. La mujer sin manos lleva a su hijo a la espalda, mientras haciende por el remanso. Se siente cansada y con sed por lo que intenta beber del afluente que cae desde lo alto; se agacha sin precisar que su hijo est\u00e1 a sus espaldas y este se le desliza hacia adelante. En ese momento, cuando es cercana la ca\u00edda, ella Grita: ay, mi ni\u00f1o, y de inmediato, por el peligro apremiante, o quiz\u00e1s por el milagro que ofrece el movimiento de lo inconsciente (espalda\/ni\u00f1o\/negaci\u00f3n) hacia lo consciente, a ella le brotan nuevas manos: lo atrapa y le salva de la muerte. Finalmente se instalan en la casita del carb\u00f3n.<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#333399;\"><strong>Este ascenso hacia la casa y el nacimiento de las nuevas manos, coincide con el retorno, luego de tres a\u00f1os de trabajo (proceso interior de individuaci\u00f3n), del marido. Apenas incursiona en su casa su madre le increpa por la decisi\u00f3n que tom\u00f3 varios a\u00f1os atr\u00e1s, donde expulsaba a su mujer de su casa. Aturdido por la noticia, el joven aclara a su madre lo acontecido y con ello, se da cuenta del terrible enga\u00f1o que ha causado la madrastra. \u00c9l, sale de inmediato a buscar a su mujer e hijo. Estando cansado de trasegar por varios sitios, decide ir a la casa del carb\u00f3n para descansar. La sorpresa que se lleva, al abrir la portezuela, es grandilocuente: su mujer est\u00e1 all\u00ed con su hijo.\u00a0<em>Marido y mujer lloraron de alegr\u00eda y volvieron todos juntos a la casa donde esperaba la madre<\/em>.<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#333399;\"><strong>En este cuento, como lo hemos notado en los anteriores cuentos, aparece la figura del duelo sin resolver y la elecci\u00f3n desesperada de una mujer que supla la ausencia de lo femenino. Esta mujer terrible no duda en hacer da\u00f1o a la hijastra. La lleva a lo profundo del bosque, que es para Cirlot (2002,112)\u00a0<em>el [\u2026] lugar donde florece abundante la vida vegetal, no dominada ni cultivada, y que oculta la luz del sol, resulta potencia contrapuesta a la del \u00e9ste y s\u00edmbolo de la tierra [&#8230;] Dada la asimilaci\u00f3n del principio femenino y el inconsciente, obvio es que el bosque tenga un sentido correlativo. Por ello, puede afirmar Jung que los terrores del bosque, tan frecuentes en los cuentos infantiles, simbolizan el aspecto peligroso del inconsciente, es decir, su naturaleza devoradora y ocultante (de la raz\u00f3n).<\/em><\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#333399;\"><strong>La madre conduce a la joven hacia la madre arquet\u00edpica, la devoradora; y le corta las manos: la conexi\u00f3n con el otro, la vida y el mundo. Las manos, para el contacto afectivo, la expresividad y la utilidad laboral, son trozadas para que la joven muera tragada por el bosque. La mano en el idioma egipcio dice Cirlot (2002, 303) designa una relaci\u00f3n con los pilares y las palmas, ya que poseen la fuerza y el soporte. Adem\u00e1s no podemos olvidar que utilizamos la palabra mano connotada para ayudar y pedir favor, \u201cdame una mano\u201d, para otorgar un saludo o cerrar un trato, para manejar el dinero, los objetos, la relaci\u00f3n con el mundo. Las manos nos proveen una capacidad art\u00edstica, comunicativa y est\u00e9tica. Son el principio de la acci\u00f3n ligada a la palabra. Los pol\u00edticos, sacerdotes, docentes, abogados, etc., hacen uso de sus manos para promover su discurso, los actores teatrales o cinematogr\u00e1ficos, hacen lo mismo. Las manos son la v\u00eda del lenguaje m\u00e1s utilizada luego de la palabra; con ellas los sordos se comunican, los m\u00fasicos logran seguir el ritmo de la sinfon\u00eda. La mano del director en lo alto, elevada, es el s\u00edmbolo de la voz y del canto, situaci\u00f3n que se repite en los s\u00edmbolos gr\u00e1ficos de China y Egipto (Cirlot, 2002, 303). La mano tiene cinco dedos, analog\u00eda de la totalidad del cuerpo: cuatro extremidades y una cabeza. Cuatro dedos, y uno antepuesto que permite la pinza, el pulgar. La mano nos hizo humanos capaces de la herramienta, la construcci\u00f3n, las armas\u2026 las manos abundan en las cuevas paleol\u00edticas: Lascaux posee miles de ellas, son la primera autoafirmaci\u00f3n del cuerpo como manifestaci\u00f3n primaria de las im\u00e1genes ps\u00edquicas. En opini\u00f3n de Jung la mano posee significaci\u00f3n generadora, la derecha es equivalente a la racional, consciente, l\u00f3gico y viril (lo masculino), y la izquierda lo irracional, lo inconsciente, lo il\u00f3gico, lo sensible (lo femenino).<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#333399;\"><strong>Por tanto, la madrastra, no guillotina un simple par de manos; cercena la integraci\u00f3n de los opuestos que est\u00e1n en la hija. No soporta su integraci\u00f3n, su parecido con la madre y el amor del padre por su esposa muerta. La hija encarna el aspecto renovado de la madre, es su sucesora, su devenir en el presente y la madrastra est\u00e1 arrojada al tiempo, sabe que es mayor pero no lo acepta; no quiere compartir el hogar, lo materno con su nueva hija, por lo que desea eliminarla. El masculino\/padre est\u00e1 erradicado de la escena, no aparece para defender, ni cuidar. Necesita ser renovado y esto ocurre cuando emerge el cazador piadoso, que posee la integraci\u00f3n de los opuestos en su ser, pese a que no ha tenido padre o al menos no est\u00e1 presente en el cuento. Trabaja, ha salido de casa, aunque vive a\u00fan con su madre, posee una autonom\u00eda para moverse por el bosque. Lo rec\u00f3ndito de la madre devoradora, el bosque, es para \u00e9l, un laberinto f\u00e1cil de resolver. Es un cazador, vive en armon\u00eda con el medio, descifra sus signos, sus huellas, sus estados de tiempo, y es sensible a los territorios del inconsciente. Su coraz\u00f3n es sincero, se apiada de la mujer sin manos, no le pregunta nada de su pasado, solo la cuida, le da un techo. El amor de su madre provee maternaje para ambos j\u00f3venes: la comida se duplica, la madre la prepara sin preguntar nada. La alegr\u00eda del joven, entusiasmado por el hallazgo de su \u00e1nima herida, se desborda en todas sus acciones, se torna m\u00e1s creativo. No duda en casarse con ella, pese a sus limitaciones f\u00edsicas y la madre no se opone a su deseo, incluso le agradece por el gesto compasivo ante la joven sin manos. Forman un matrimonio, el hijo\/esposo, en su fluidez masculina, debe salir al mundo, expandirse del reino de la madre para encontrar un trabajo bien remunerado que le permita sostener a su nueva familia, que se ha incrementado con el embarazo de su esposa.<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#333399;\"><strong>El masculino sale de casa, y llega el nuevo ataque de la madrastra. Ataca desde la palabra, enconada por sus propias mutilaciones ps\u00edquicas; osa afirmar que el beb\u00e9 de la pareja es un demonio. El ni\u00f1o demonio, la renovaci\u00f3n de ambos padres, es por tanto la proyecci\u00f3n de la madrastra que ha volcado su odio en la palabra. El masculino acostumbrado a lo sorprendente, admitiendo los devenires de la vida, acepta sin promulgar queja, la presencia de su hijo como demonio; acoge en vez de rechazar. No se asusta con la sombra, con lo anormal, lo sabe parte de su ser. Env\u00eda la carta de respuesta, la cual llega a la madrastra de nuevo. No ha logrado vencer al masculino, entonces decide atacar al femenino. Le pide irse, lo exilia. Este obedece, se entrega al vagabundeo, se adentra en la oscuridad, debe pedir a otros para vivir, se entrega a los dominios de la madre terrible: la dependencia, el vagabundeo, sin destino, el abandono primario, la autocompasi\u00f3n, etc. Decide volver, tras varios a\u00f1os de caminos sin meta, a la casa del carb\u00f3n donde termina refugi\u00e1ndose con su hijo. Esa casa, desde el principio, cuando el joven la llev\u00f3, tras encontrarla en el bosque, es un s\u00edmbolo de trasformaci\u00f3n. Es la casa de los carbones, de la trasformaci\u00f3n de la madera por intermediaci\u00f3n del fuego. En el carb\u00f3n la energ\u00eda se ha estancado, erradicado en apariencia y su naturaleza se ha tornado sombr\u00eda, pero no se ha extinguido: basta con encender un carb\u00f3n para notar que sus aspecto sombr\u00edo se trasmuta en un fuego que permite cocinar, por tanto este vegetal trasformado simboliza la fuerza condensada del fuego. El carb\u00f3n no hace llama sino que permanece encendido por horas y con \u00e9l se pueden trasformar los estados de psique de la mujer sin manos.<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#333399;\"><strong>Ella llega a la casa del carb\u00f3n, en un renovado c\u00edrculo que incorpora los aspectos de su pasado\/presente, madre buena\/madre terrible. Para crear el cierre del c\u00edrculo ha dado un largo periplo, tres a\u00f1os de vagancia, donde su femenino se ha integrado. La integraci\u00f3n es manifiesta en la escena donde nacen las nuevas manos: surgen del milagro, como si siempre hubieran estado all\u00ed como cris\u00e1lidas, esperando la oportunidad de ser madres, de tocar de nuevo el mundo de la madre. Puede atrapar al hijo porque ahora acepta la maternidad negativa, que se le ha legado por parte de su madre, y con ello, integra el arquetipo de lo materno en sus dos facetas: madre buena\/madre terrible. Consigue ahora la potestad para cuidarse y ser madre de su hijo. Se reencuentra con la vida, con su energ\u00eda vital, vivificante. Pose\u00eda, antes del ataque de la madrastra, unas manos atrofiadas o temerosas de sus propios logros, tomadas de la madre biol\u00f3gica tal vez, y por tanto compensatorias porque no estaban en la direcci\u00f3n de su propia individuaci\u00f3n. Las nuevas manos ya pueden recibir, dar vida, crear, tocar las profundidades del alma. Todas las posibilidades retornan a ella, porque antes quedaron vedadas por la influencia de la madre terrible que quiso erradicar la conexi\u00f3n profunda de sus manos, de su alma. Sus manos renacidas, han surgido del dolor f\u00edsico y psicol\u00f3gico. Clarisa Pinkola expresa\u00a0<em>\u201cmientras practicamos el saber profundo e instintivo sobre toda clase de cosas que aprendemos a lo largo de la vida, nos son devueltas nuestras manos, las manos de nuestra madurez como mujeres<\/em>\u00bb (citado por Woodman &amp; Dikson, 1999, 200). La mujer ya madura no permite la ca\u00edda del ni\u00f1o, de la renovaci\u00f3n, del s\u00edmbolo por excelencia de la uni\u00f3n de la pareja y del estado nuevo de su alma. Sus manos retornan junto con su esposo y la vida se encauza hacia los ciclos cambiantes de la madre (pasa de la madre buena a la terrible, en un ciclo ilimitado, porque ella en si es el propio cambio, por eso se le considera en muchos momentos como la madre muerte\/vida), donde la joven se ha convertido en madre de s\u00ed misma.<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#333399;\"><strong>Ahora bien, este aspecto de la madre terrible, conseguimos contemplarlo tambi\u00e9n en la figura de la anciana, muchas veces tildada de bruja terrible, pero es sin duda una contraparte, de car\u00e1cter oscuro y negativo, del arquetipo de la madre. Aparece en m\u00faltiples cuentos: Vasalisa, La bella durmiente, Madre invierno, H\u00e4nsel y Gretel, etc., en los cuentos rusos de tradici\u00f3n oral es constante su presencia, se le llama Baba-Yaga, la cual es una anciana bruja, devoradora y consejera. La anciana es una figura rechazada por la cultura, porque ha encarnado siempre la separaci\u00f3n madura de la psique, porque no est\u00e1 identificada con ninguna relaci\u00f3n ni confinada por v\u00ednculo alguno (Woodman &amp; Dikson, 1999, 177). Posee la sabidur\u00eda, la sanaci\u00f3n y la capacidad de dar consejos y orientar, pero sus cualidades principales han sido relegadas a la condici\u00f3n de maleficio, embrujo, desorientaci\u00f3n, etc.\u00a0<em>El rechazo oficial de nuestra cultura a la figura de la anciana estaba relacionada con el rechazo a las mujeres, particularmente a las mujeres mayores. Las altas sacerdotisas de cabellos canos, respetadas matriarcas tribales de Europa precristiana, fueron trasformadas por el nuevo patriarcado dominante en secuaces del diablo. A lo largo de la edad Media esta tendencia ganar\u00eda impulso, hasta convertirse finalmente en un delirio que asesin\u00f3 legalmente a millones de mujeres mayores entre los siglos XII y XIX\u00a0<\/em>(Walker, 1985, 30, citado por: Woodman &amp; Dikson, 1999,176).<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#333399;\"><strong>La anciana es la fase profunda de las relaciones, donde tanto hombre como mujer, pueden asumir la individuaci\u00f3n como elemento que los hace \u00fanicos y con ello, dejar de proyectar sus relaciones en interdependencia y vinculaciones propiciatorias del servilismo, la rabia, la impotencia, y los dolores infantiles. Cuando se acepta la presencia de la anciana interior, la vida se convierte en instantes sin tiempo, en creatividad total, la mujer o el hombre se renuevan con su presencia: ella se pertenece a s\u00ed misma, no a sus emociones ni a su exterior, ni mucho menos a sus relaciones, y es eso lo que ense\u00f1a, la libertad de decir, sentir, y expresar cuando le plazca y del modo que desea su ser integrado. En ese sentido la relaci\u00f3n con los dem\u00e1s no ser\u00e1 basada en necesidades f\u00edsicas, sicol\u00f3gicas o espirituales. Ya no habr\u00e1 contactos donde solo se busca la intenci\u00f3n de llenar vac\u00edos del otro, cambiarlo, proponerlo como extensi\u00f3n de uno mismo, mas no como igualdad. En su lugar emerge (sin idealizar) una relaci\u00f3n que permite, bajo la sabidur\u00eda profunda del alma y el cuerpo, la libertad del otro para ser. Amamos entonces, siguiendo el ritmo de ese sentir y no motivados por la fuerza de voluntad, la imposici\u00f3n, un ideal de triunfo o crey\u00e9ndonos responsable de los dem\u00e1s.\u00a0<em>Lo que hacemos por fuerza de voluntad, por noble que sea, acaba convirti\u00e9ndose en rabia y soledad, si no se atienden las propias necesidades legitimas. El cuerpo se vuelve s\u00f3lido, r\u00edgido, concretizado en sus esfuerzos por servir mandatos de la mente<\/em>. (Woodman &amp; Dikson, 1999,189). Cuando ocurre esto, la anciana propiciadora de fluidez, se torna taciturna y terriblemente agresiva, convoca al cambio bajo la premisa de ser devorados para renovarnos.<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#333399;\"><strong>Ese aspecto positivo de la anciana, representado de manera simb\u00f3lica como madre buena\/consejera\/sanadora posee la contraparte terrible y negativa visible en el cuento japon\u00e9s trabajado \u2013en otros tambi\u00e9n- bajo el aspecto de la madrastra. Es particular de esta faceta de la madre negativa\/anciana terrible la carga de angustia, espanto y temor que despierta en la psique de cualquier ser humano. Dicha polaridad oscura \u2013la otra ser\u00eda clara o iluminada, pero ambas van juntas- genera de lleno la proyecci\u00f3n de im\u00e1genes arquet\u00edpicas como la bruja, la puta, la vampiresa, los espectros, la Gorgona, el hambre, el abandono, la desprotecci\u00f3n, la guerra, la muerte, y toda imagen, en general repugnante, disociada, ca\u00f3tica, amenazadora, se convierte en manera simb\u00f3lica para expresar esa fuerza maligna de la madre\/femenino terrible. En ella se proyecta, la importancia vital del cuidado materno (la delicada responsabilidad de dar y mantener la vida, el equilibrio, la unidad primigenia) pero en ese sentido, tras la p\u00e9rdida de su ser m\u00e1s protector, cuando llega la hora de romper la simbiosis primigenia, emerge la contraparte amenazante y terrible: surge all\u00ed, en la relaci\u00f3n con este arquetipo, la polaridad consciente\/inconsciente, negativo\/positivo que da v\u00eda libre y espont\u00e1nea a la creaci\u00f3n de s\u00edmbolos en la psique personal y colectiva. Lo consciente, como vimos en anteriores cuentos, est\u00e1 ligado con el padre, pero lo materno est\u00e1 \u00edntimamente unido con lo inconsciente por lo que su origen, hablamos del aspecto negativo de la madre\/anciana por supuesto, es seg\u00fan Neumann (2009,154) derivado desde all\u00ed por medio de la fantas\u00eda y la imaginaci\u00f3n mas no desde aspectos reales.\u00a0<em>\u201cEl seno de la tierra se convierte as\u00ed en las mort\u00edferas fauces destructoras del mundo subterr\u00e1neo, y junto al seno que ha de ser fecundado y la gruta protectora de la tierra y de la monta\u00f1a se abren la sima y el infierno, el oscuro agujero de las profundidades, el seno voraz de la tumba y de la muerte, de la oscuridad sin luz y de la nada. Pues esta mujer que alumbra la vida y a todos los vivientes de la tierra es la misma mujer que vuelve a devorar y engullir todas las cosas, que da caza a sus presas y las apresa en sus lazos y en sus redes. La necesidad, el hambre, las enfermedades y, sobre todo, la guerra, son sus c\u00f3mplices, y las diosas cazadoras y guerreras de todos los pueblos la expresi\u00f3n de la humanidad concibe la vida como una mujer sedienta de sangre\u00bb\u00a0<\/em>(Ibid, 155).<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#333399;\"><strong>Esa mujer devoradora, encarna la angustia que en ciertas proporciones debe integrarse para que no se desborde en proyecciones que desencadenan absurdas persecuciones &#8211; personales y colectivos- y asesinatos sin sentido: ella como madre terrible, como sucede en varios cuentos, nos es plenamente terrible, es su cara oscura, la parte oculta que de ella nos negamos a ver, ya sea porque lo colectivo lo erradic\u00f3 de la psique y lo destin\u00f3 a lo profundo del inconsciente, o nosotros mismos, hemos declarado la guerra ante su inevitable presencia que nos desasosiega, y nos llena de una insufrible proyecci\u00f3n donde le reclamamos una y otra vez, por su abandono, situaci\u00f3n infantil \u2013 tema que se amplific\u00f3 en\u00a0<em>H\u00e4nsel y Gretel<\/em>&#8211; por excelencia, que nos convida a soltar las amarras y permitir enfrentar la madre terrible, que desea beber nuestra sangre, tragar nuestro cuerpo y devorar nuestra psique, pero que en el fondo nos dar\u00e1 la potestad para ser libres en sus dominios terribles, plagados de monstruos, donde la angustia se convierte en la vertiente activa para alcanzar la plena individuaci\u00f3n.<\/strong><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><span style=\"color:#333399;font-family:'Arial Narrow';\"><strong><span style=\"color:#330000;\">NOTA DE PIE DE P\u00c1GINA<\/span><br \/>\n<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#ff0000;font-family:'Arial Narrow';\">(1)<\/span><span style=\"color:#333399;font-family:'Arial Narrow';\">\u00a0El hombre no puede obtener nada sin entregar antes algo a cambio. Para crear, algo de igual valor debe perderse [&#8230;] es la primera ley de la equivalencia de alquimia de intercambio. Frase introductoria del manga\u00a0<em>Full metal alchemist.<\/em>.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><span style=\"color:#333399;\"><strong><span style=\"color:#330000;\">BIBLIOGRAF\u00cdA<\/span><br \/>\n<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#333399;\">An\u00f3nimo (2009). El esp\u00edritu del agua. Cuentos tradicionales japoneses. Madrid: Editorial Alianza.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#333399;\">Bataille, G. (1997). Las lagrimas de eros. Barcelona: Tusquets.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#333399;\">Bazt\u00e1n, \u00c1. (1992). El agua: mitos, ritos y realidades. Granada: Antrhopos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#333399;\">Belting, H. (2007). El lugar de la im\u00e1genes II. Un intento antropol\u00f3gico. Buenos Aires: Katz Editores.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#333399;\">Blanchot, M. (1971). La risa de los dioses. Espa\u00f1a: Taurus.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#333399;\">Campbell, J. (1991). Las mascaras de Dios: mitolog\u00eda primitiva. Madrid: Alianza editorial.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#333399;\">Campbell, J. (1997). EL h\u00e9roe de las mil caras. Psicoan\u00e1lisis del mito. M\u00e9xico: Fondo de cultura econ\u00f3mica.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#333399;\">Cirlot, E.( 2003) Diccionario de S\u00edmbolos, Ediciones Siruela: Madrid.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#333399;\">Edm\u00e9e, M. Cuentos de los hermanos Grimm. M\u00e9xico: Porr\u00faa. 2008<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#333399;\">Eliade, M. (1993). el chamanismo y las t\u00e9cnicas arcaicas del \u00e9xtasis. M\u00e9xico D.F.: Fondo de Cultura Econ\u00f3mica.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#333399;\">Gibran khalil (2001). El profeta. Buenos aires: Editorial Kier.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#333399;\">Green, L. (1983). Relaciones humanas. Barcelona: Urano.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#333399;\">Guenon, R. (1995. ). S\u00edmbolos fundamentales de la ciencia sagrada. Barcelona.: Editorial Paidos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#333399;\">Hillman. (12 de Julio de 2010). http:\/\/homepage.mac.com\/eeskenazi\/hillman_nino.html. Recuperado el 12 de Julio de 2010.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#333399;\">Hillman, J. (2007). Abandonado al ni\u00f1o. Publicado originalmente en el anuario Eranos 40 de 1972, e incluido enel vol. 6.1 de James Hillaman Uniform edition: Mythic Figures, ed.spring, 2007.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#333399;\">Jung, C. G.(1970). Los complejos y el inconciente. Madrid: Alianza Editorial.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#333399;\">Jung, C.G. (2002). Misterium coniunctionis: investigaciones sobre separaci\u00f3n y la uni\u00f3n de los opuestos an\u00edmicos en la alquimia. Madrid: Trotta.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#333399;\">Jung, C. G. ( 1950). tipos psicol\u00f3gicos. Buenos Aires: Suramericana.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#333399;\">Jung, C. G. (1969). El hombre y sus simbolos. Madrid: Aguilar.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#333399;\">Jung, C. G. (1982). Psicologia y Simbolica del arquetipo. Barcelona: Paid\u00f3s.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#333399;\">Jung, C. G. (1992). AION. Barcelona: Paid\u00f3s.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#333399;\">Jung, C. G. (1993). Simbolos de trasformaci\u00f3n. Barcelona: Paid\u00f3s.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#333399;\">Jung, C. G. (1994). Arquetipos e incosciente colectivo. Barcelona: Paid\u00f3s.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#333399;\">Jung, C. G. (2007). Obra completa. (R. Fernandez, Trad.) Madrid: Trotta.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#333399;\">Jung, C. G. (s.f.). Obra completa. Volumen 7: Tipos Psicol\u00f3gicos. Madrid: Editorial Trotta.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#333399;\">Jung, C. G., &amp; Kerenyi, K. ( 2004 ). Introducci\u00f3n a la esencia de la mitolog\u00eda. Madrid: Siruela.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#333399;\">Kerenyi, K. N., &amp; Hillman, J. (1994). Arquetipos y s\u00edmbolos colectivos. Barcelona: Antrhopos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#333399;\">Manguel, A. (2002). Leer im\u00e1genes. Madrid: Alianza editorial.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#333399;\">Murray, M. (2006). El dios de los brujos. M\u00e9xico: Fondo de Cultura Economica.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#333399;\">Neuman, E. (2009). La gran madre: una fenomenolog\u00eda de las creaciones femeninas de lo inconsciente. Madrid : Trotta.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#333399;\">Pinkola, Clarissa. (2009). Mujeres que corren con lo lobos. Barcelona: Zeta.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#333399;\">Rohn-Frey, L. (1993). De Freud a Jung. M\u00e9xico: Fondo de Cultura Econ\u00f3mica.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#333399;\">Sigfried, G. (s.f.). El presente eterno: los comienzos del arte. Madrid: Alianza forma.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#333399;\">Solares, B. (2007). Madre terrible. Barcelona: Antrhopos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#333399;\">Takagi, K. (2009). El esp\u00edritu del agua. Cuentos tradicionales japon\u00e9s. Madrid: Alianza.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#333399;\">Tarnas, R. (2006). Cosmos y Psique. Espa\u00f1a: Atalanta.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#333399;\">Von Franz, M. (1980). S\u00edmbolos de redenci\u00f3n en los cuentos de hadas. Barcelona: Ediciones Luci\u00e9rnaga.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#333399;\">Von Franz, M. (1993). . \u00c9rase una vez&#8230;. Una interpretaci\u00f3n psicol\u00f3gica. Barcelona: Ediciones Luci\u00e9rnaga.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#333399;\">Wasserziehr, G. (1997). Los cuentos de hadas para adultos: una lectura simb\u00f3lica de los cuentos de hadas recopilados por J.W Grimm. . Madrid: Edymion.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#333399;\">Woodman, M. &amp;. (1999). Bailando entre llamas: la diosa negra en la transformaci\u00f3n del a conciencia. Barcelona: Luciernaga.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<\/div>\n<div align=\"justify\"><\/div>\n<\/blockquote>\n<\/div>\n<div align=\"justify\">\n<p align=\"center\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" alt=\"\" src=\"http:\/\/www.adepac.org\/imagenes\/barra-inferior-corta.jpg\" width=\"430\" height=\"19\" \/><\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00abINTERPRETACI\u00d3N PSICOL\u00d3GICA\/ HERMEN\u00c9UTICA DE LAS IM\u00c1GENES ARQUET\u00cdPICAS DE LA MADRE EN ALGUNOS CUENTOS DE HADAS\u00ab Sergio Palacio Sergio Adri\u00e1n Palacio Tamayo es Psic\u00f3logo de la Universidad San Buenaventura de Medell\u00edn, Especialista en Hermen\u00e9utica literaria y Magister en estudios Human\u00edsticos de &hellip; <a href=\"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/interpretacion-psicologica-hermeneutica-de-las-imagenes-arquetipicas-de-la-madre-en-algunos-cuentos-de-hadas\/\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[11],"tags":[19,159,160,321,322],"class_list":["post-911","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-publicacionesponencias","tag-arquetipos","tag-cuento","tag-interpretacion","tag-madre","tag-palacio"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/911","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=911"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/911\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=911"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=911"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=911"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}