{"id":805,"date":"2005-06-29T15:34:45","date_gmt":"2005-06-29T20:34:45","guid":{"rendered":"http:\/\/adepacolombia.wordpress.com\/?p=805"},"modified":"2014-04-24T00:35:02","modified_gmt":"2014-04-24T00:35:02","slug":"la-individuacion-y-la-muerte-variaciones-sobre-la-tragedia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/la-individuacion-y-la-muerte-variaciones-sobre-la-tragedia\/","title":{"rendered":"La individuaci\u00f3n y la muerte: variaciones sobre la tragedia"},"content":{"rendered":"<div id=\"Layer2\">\n<div id=\"Layer5\">\n<div align=\"justify\">\n<div align=\"center\">\n<div align=\"center\">\n<div id=\"profile\">\n<p>RICARDO CARRETERO GRAMAGE<\/p>\n<div><\/div>\n<h4 style=\"text-align: justify;\">Ricardo Carretero G. es analista de la Sociedad Espa\u00f1ola de Psicolog\u00eda Anal\u00edtica (SEPA), Espa\u00f1a, y esta fue su conferencia durante el Congreso Internacional de Psicolog\u00eda Anal\u00edtica, realizado en la ciudad de Barcelona, Espa\u00f1a, en agosto-septiembre de 2004.<\/h4>\n<\/div>\n<div id=\"miembros\"><\/div>\n<\/div>\n<h5><\/h5>\n<\/div>\n<p>Si enorme y variada ha sido la literatura que la psicolog\u00eda anal\u00edtica ha producido en torno al biosy el pathos de la psique (a su esencia , psicodin\u00e1mica, desarrollo y potencialidad), quiz\u00e1 menor haya sido la atenci\u00f3n o el inter\u00e9s sobre si existe y qu\u00e9 significado y qu\u00e9 funcionalismo pudiera tener un aspecto de la psique incapaz de traducirse directamente en s\u00edmbolo, en operaci\u00f3n creativa, en met\u00e1fora. En un momento de la historia en el que una ciencia emergente como la cosmolog\u00eda asume con gracia ol\u00edmpica que desconoce el 95% de la materia que compone el universo, y que alude a una energ\u00eda oscura como motor susceptible de explicar el andamiento progresivo y expansivo del universo, quiz\u00e1 sea justo interrogarse de nuevo sobre la energ\u00eda ps\u00edquica, y preguntarse luego sobre si pueda resultar posible imaginar una libido negativa, una libido no er\u00f3tica pero s\u00ed capaz de explicar tanto el aspecto expansivo de la psique como su misma finitud.<\/p>\n<p>Abordando la misma cuesti\u00f3n desde otra perspectiva, nos preguntamos, \u00bfExiste un punto ciego en nuestra composici\u00f3n ps\u00edquica, un punto &#8212; un \u00e1rea &#8212; que no s\u00f3lo no circula, porque es contingente, sino que es la negaci\u00f3n precisamente de toda actividad? \u00bfLa podemos llamar muerte? Y la energ\u00eda que la fundamenta, \u00bfla podemos llamar energ\u00eda oscura, el mismo nombre que una de las energ\u00edas constitutivas del universo? En nuestra hip\u00f3tesis, dicha energ\u00eda, al presentarse en un momento ciertamente previo a toda acci\u00f3n (acunada en una demora donde pensar en cumplir o en no cumplir una determinada acci\u00f3n resulta en verdad excesivo e impropio), acabar\u00eda por ser fuente de todo movimiento futuro. Por eso la llamamos energ\u00eda oscura o negativa, siguiendo el s\u00edmil de la cosmolog\u00eda moderna. Y al \u00e1rea que experimenta dicha energ\u00eda la podemos llamar muerte, con el fin de denominar de alg\u00fan modo comprensible el insuperable l\u00edmite que afecta al sujeto durante el periodo de su descarga.<\/p>\n<p>Si seguimos este razonamiento, existen, entonces, zonas (siguiendo una perspectiva espacial) que se activan durante periodos (desde una perspectiva temporal) de vida ps\u00edquica para determinar precisamente no acciones ni movimientos directos, pero que nada impide que puedan resultar en segunda instancia fen\u00f3menos propulsores de vida ps\u00edquica ulterior, ya cuando la energ\u00eda se haya transformado en energ\u00eda positiva y circunde \u00e1reas de mayor actividad y movimiento.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 es lo que nos viene a decir otra ciencia emergente en nuestros d\u00edas, como es la paleontolog\u00eda? Algo as\u00ed como que nuestra evoluci\u00f3n en cuanto especie comienza cuando la ausencia de movimiento y la muerte, en lugar de ser el resultado final del significado biol\u00f3gico de la vida, se erige en inicio de operaciones complejas del hombre, operaciones que s\u00f3lo en primera instancia ser\u00e1n ritos mortuorios y funerarios, puesto que bien pronto se convertir\u00e1n en actividades complejas, que van del funcionalismo simb\u00f3lico al arte, de la \u00e9tica a la organizaci\u00f3n social, del teatro a la necesidad del sentido.<\/p>\n<p>La conciencia de la muerte, as\u00ed, es la experiencia preliminar del ser humano. La asunci\u00f3n previa de ese l\u00edmite es lo que moldea sus aspiraciones, lo que lo propulsa de manera sorprendente hacia una visi\u00f3n personal de sus inquietudes, acerc\u00e1ndolo hacia cotas imprevistas de realizaci\u00f3n subjetiva y objetiva. Es algo as\u00ed como la mera imagen de la muerte cual destino convertida en motor de proyectos. \u00bfQu\u00e9 otra cosa es la conciencia de la muerte? Y esos proyectos ulteriores, \u00bfde qu\u00e9 manera pueden escapar a su matriz? Nosotros no formamos parte de una especie que se encamina sin m\u00e1s hacia el reino de lo ineludible, sino que, sabedores de nuestro destino mortal, lo avanzamos de tal forma que lo ineludible, tamizado en la conciencia de la muerte y vehiculado por la energ\u00eda negativa, es tomado tambi\u00e9n como pre-inicio de nuestro teatro de operaciones. Ese es el momento de la transformaci\u00f3n, cuando, desde lo ineludible avanzado, la experiencia se vierte en pr\u00f3logo de actividad, y la energ\u00eda negativa se convierte progresivamente en energ\u00eda positiva, como en el movimiento del reloj de arena, o en los recipientes homeost\u00e1ticos.<\/p>\n<p>\u00bfEst\u00e1 esto presente de alg\u00fan modo en la psicolog\u00eda anal\u00edtica? \u00bfAfecta a ciertas pretensiones del llamado proceso de individuaci\u00f3n? \u00bfDe qu\u00e9 manera se introduce en la comprensi\u00f3n de la psicopatolog\u00eda? \u00bfExiste algo en la dimensi\u00f3n tr\u00e1gica del ser que nos constituye ya de partida?<\/p>\n<p>Estas son las preguntas que fomentan este escrito. Esperemos, si no contestarlas de forma completa, s\u00ed merodearlas de manera adecuada\u2026 1. La presencia de la muerte y la tragedia en la psicolog\u00eda anal\u00edtica En la psicolog\u00eda anal\u00edtica, tan radicada en las polaridades ps\u00edquicas y las fuerzas resultantes de su dinamismo, de naturaleza tan antin\u00f3mica, pues, no es de extra\u00f1ar que se desprenda una idea de desarrollo progresivo e inestable como es el proceso de individuaci\u00f3n. Dicho vitalismo, dicha tensi\u00f3n existencial (imaginal, simb\u00f3lica, creativa\u2026), necesariamente ten\u00eda que proponer met\u00e1foras para aludir a las fuerzas oscuras que fueran capaces de no menospreciar aquella interacci\u00f3n simult\u00e1nea con las fuerzas luminosas que se compon\u00edan y se complementaban hasta lograr un principio de compensaci\u00f3n con las primeras.Si esa es la trama de la psicolog\u00eda anal\u00edtica, bien podemos comprender que conceptos como la muerte y la tragedia &#8212; vistos de manera tan radical por el psicoan\u00e1lisis del primer Freud, tan radical, incluso, de resultar maniatados por un aparato en ocasiones excesivamente reductor y pesimista-, pudieran llegar a difuminarse en el n\u00facleo m\u00e1s duro de su esencia al tenerse que componer casi al un\u00edsono con sus opuestos (renacimiento, serenidad, rescate), hasta llegar a traducirse tal vez en conceptos de naturaleza trascendente, alumbradores finalmente de sentido, orientadores de la experiencia, en ocasiones, verdaderas pruebas de iniciaci\u00f3n. El riesgo, entonces, podr\u00eda ser el inverso. M\u00e1s de un autor ha se\u00f1alado el peligro de ambig\u00fcedad y atenuaci\u00f3n de conceptos que se cierne sobre la psicolog\u00eda anal\u00edtica, tildada en ocasiones de optimista en exceso y de erigirse f\u00e1cilmente en fuente de inspiraci\u00f3n esot\u00e9rica, con mayor tendencia de dirigirse hacia comprensiones susceptibles de devenir aut\u00e9nticas inflaciones ps\u00edquicas que de convertirse en propuestas rigurosas de reflexi\u00f3n cr\u00edtica.<\/p>\n<p>En cualquier caso, en una obra tan extensa y rica como la junguiana, podemos hallar ejemplos de la presencia atenuada de la muerte en su significado renovador y trascendente, de la misma forma que podemos hallar una clar\u00edsima captaci\u00f3n para nada ambigua ni devaluada de su esencia, como, por ejemplo, en \u201cAnima y muerte\u201d, de 1934:<\/p>\n<p>As\u00ed como la trayectoria de un proyectil termina en el blanco, la vida termina en la muerte, que es entonces el blanco, la finalidad de toda la vida. La trayectoria ascendente y el v\u00e9rtice s\u00f3lo son grados y medios para alcanzar la finalidad, el final, es decir, la muerte. Esta f\u00f3rmula parad\u00f3jica no es m\u00e1s que la l\u00f3gica consecuencia del finalismo de la vida [\u2026]. Nosotros atribuimos un fin y un sentido al momento inicial de la vida; \u00bfy por qu\u00e9 no deber\u00edamos hacer lo mismo para su decadencia?<\/p>\n<p>Lejos entonces de enmara\u00f1arnos en si la muerte y la tragedia est\u00e1n o no presentes de forma adecuada, rigurosa y no atenuada en el arco de la entera literatura de la psicolog\u00eda anal\u00edtica, quiz\u00e1 sea mejor aceptar que en ocasiones es as\u00ed y en ocasiones no lo es, entre otras cosas porque toda psicolog\u00eda est\u00e1 obligada a desarrollarse a trav\u00e9s de conceptos comprendidos psicol\u00f3gicamente, esto es, desde el nivel inestable y a menudo contradictorio de su vivencia. Nada impide, pues, que, en una psicolog\u00eda, la muerte sea a veces alumbradora de sentido y de vida y otras veces final y defunci\u00f3n de todo sentido. Si acaso, nuestra propuesta es otra. La psicolog\u00eda permite ofrecer hip\u00f3tesis de sentido remiti\u00e9ndose a distintas fuentes de la cultura. Esa es una tarea inacabable y fecundadora. Para ello precisamos una definici\u00f3n sem\u00e1ntica que circunscriba los conceptos que vamos a utilizar. 2. La tragedia y la muerte. Una aventura a dos<br \/>\nEn los poemas hom\u00e9ricos el ejemplo m\u00e1s alto de una conversaci\u00f3n florida entre las dos orillas de la muerte nos llega del poema del canto XI de la Odisea, all\u00ed donde Ulises y su madre se hablan larga y dulcemente, lejanos y muy cercanos a la vez, sobre el umbral del Hades. \u00a1Qu\u00e9 distinta es la tonalidad emotiva de su di\u00e1logo, respecto de aqu\u00e9l entre el Patroclo on\u00edrico y Aquiles, y de cualquier otro encuentro del mismo Ulises con las sombras que se yerguen hacia \u00e9l desde lo oculto del Hades! En el coloquio entre el hombre vivo y la imago incorp\u00f3rea de la mujer que lo ha parido, casi se tiene la sensaci\u00f3n de que la naturaleza misma est\u00e9 presente entre ellos con su misterio de nacimiento. Presente, como un int\u00e9rprete invisible: entonces ellos se dirigen repetidamente el uno al otro llam\u00e1ndose todav\u00eda con las primeras palabras de la infancia: t\u00e9knon em\u00f3n, m\u00e9ter em\u00e9, \u201chijo\u201d, \u201cmadre\u201d. Luisa Colli<\/p>\n<p>El nivel desde el que entiendo aproximarme a la muerte y a la tragedia es precisamente el del canto XI de la Odisea, aqu\u00ed parafraseado espl\u00e9ndidamente por Luisa Colli, en \u201cLa morte e gli addii\u201d. Las dos orillas de la muerte y de la vida hallan un puente en la palabra de los dos sujetos, en su lenguaje, en su plena expresi\u00f3n, pero en ning\u00fan momento se confunden ni pierden un \u00e1tomo siquiera de alteridad. En efecto, existe toda una tradici\u00f3n que refleja este doble aspecto: palabra y otredad, o, visto desde otro \u00e1ngulo, otredad absoluta entre vivo y muerto y no obstante di\u00e1logo. Quiz\u00e1 se trate de la tradici\u00f3n del duelo: el di\u00e1logo a menudo fecundo entre las necesidades de la memoria y la necesidad de ser recordado.<br \/>\n\u00bfQu\u00e9 significa tragedia? Para algunos se trata de un g\u00e9nero teatral; para otros las vicisitudes del infortunio en la vida; para los m\u00e1s, una trama, teatral o no, que conduce hacia un final infausto; tradicionalmente, el relato y representaci\u00f3n de la precipitada ca\u00edda en desgracia de un ser de partida poderoso, eminente u honorable. A menudo, la tragedia es vista como una trama humana que indefectiblemente se asocia con la muerte.<\/p>\n<p>Pero en este punto hay que ser precisos. No toda tragedia conduce a la muerte, de la misma manera que no toda muerte es producto de una tragedia. Probablemente ambas participan o provienen de aquella energ\u00eda negativa que hemos mencionado al principio, pero esto no debe confundirnos. Toda energ\u00eda se bifurca desde su misma puesta en acci\u00f3n. Para que esto no ocurra ser\u00eda necesario que permaneciese como campo potencial, como disparo de proyectiles sin trayectoria y, por lo tanto, sin blanco a\u00fan. Una vez desplegada, ah\u00ed se separan las trayectorias, las finalidades y, por lo tanto, sus blancos.<\/p>\n<p>La muerte, por un lado, aparece a primera vista como algo m\u00e1s dr\u00e1stico, m\u00e1s radical, con un blanco mucho m\u00e1s contundente. Por el contrario, la muerte puede ser en ocasiones buscada o, s\u00f3lo desde ese nivel, evitada en su dejar de buscarla, en la medida en que nosotros podamos intervenir sobre ello.<\/p>\n<p>La tragedia, por el otro lado, parece una cuesti\u00f3n menos corp\u00f3rea pero m\u00e1s extensa y que genera una a\u00fan m\u00e1s enorme indefensi\u00f3n. De la curva de la tragedia nadie puede huir: su trayectoria escapa por completo a nuestros designios. Pues la tragedia resulta ser lo indefectible, lo inevitable, lo que se nos impone por grandes que sean nuestros dominios, dominios que manifiestan su naturaleza precaria precisamente al precipitarse uno en la cadena tr\u00e1gica.<\/p>\n<p>Desde otro punto de vista, la muerte aparece con su car\u00e1cter individual, y la tragedia acontece sobre un escenario a menudo poblado de personas, algunas agentes o coadyuvantes o acompa\u00f1antes o participantes del infortunio mismo.<\/p>\n<p>Es verdad que no se puede eludir ni la una ni la otra, pero ya he aludido que en caso extremo se puede elegir el momento de la muerte, cuando, por el contrario, no puede hablarse de posibilidad de elegir el momento de entrar en la tragedia, entre otras cosas porque uno no se basta para precipitarla. Se necesitan al menos espectadores, capaces de recoger y comprender el hecho tr\u00e1gico que est\u00e1 aconteciendo.<\/p>\n<p>Desde este plano, conciencia de la muerte y conciencia tr\u00e1gica pueden resultar en buena medida distintas, no exentas de un cierto nivel de oposici\u00f3n. La conciencia de la muerte puede resultar una previsi\u00f3n de un evento futuro, un l\u00edmite que se dibuja en el horizonte y que, al delimitar potencialmente la vida, de alguna manera la configura y le ofrece estabilidad. La conciencia tr\u00e1gica, por el contrario, es el l\u00edmite aqu\u00ed y ahora, una previsi\u00f3n de que la eventualidad tr\u00e1gica pueda ya haber comenzado a andar, lo cual relativiza todo contexto vital en sus facetas de solidez y seguridad. Si la primera habla de la incertidumbre de lo que va a acontecer, la segunda trata de la incertidumbre de lo que acontece (porque ya comenz\u00f3 a acontecer, porque est\u00e1 aconteciendo o porque puede acontecer en cualquier momento). Ambas nos dejan en la indefensi\u00f3n, ambas nos recuerdan que carecemos de capacidad para oponernos a las fuerzas de la naturaleza. Pero si las fuerzas de la naturaleza hablan el lenguaje del bios en el caso de la muerte, en el caso de la conciencia tr\u00e1gica hablan directamente y pueden llegar a colonizar incluso el lenguaje m\u00e1s espec\u00edfico de la naturaleza humana: su trama existencial, su estilo de vida; en \u00faltima instancia, el centro mismo de lo que convenimos en llamar personalidad.<\/p>\n<p>Por todo ello, las turbulencias que se presenten en la conciencia de la muerte van a producir unos fen\u00f3menos distintos de los que procedan de las turbulencias en torno a la conciencia tr\u00e1gica. Y si distintos los fen\u00f3menos, distinta la psicopatolog\u00eda y distinto el nivel de psicoterapia con el que aproximarse a ellos.<br \/>\nPero antes de introducirnos en esos aspectos, convendr\u00eda resaltar la funcionalidad de ambas conciencias, sus bondades. Porque es cierto que la conciencia de la muerte tiene aspectos muy positivos, as\u00ed como la conciencia tr\u00e1gica.<\/p>\n<p>La conciencia de la muerte ensancha la vida desde el punto de vista de la vivencia de su duraci\u00f3n. La vida se desarrolla desde los conceptos de duraci\u00f3n y continuidad s\u00f3lo gracias a la conciencia de la muerte. Si hay conciencia de la muerte, entonces hay conciencia de la vida, y eso es el terreno desde el que parte la memoria, as\u00ed como los proyectos. Los tiempos verbales de la psique son los tiempos verbales que aporta la conciencia de la muerte. Temporalidad, duraci\u00f3n, continuidad, memoria y proyectos son algunos de los aspectos con que se presenta la conciencia de la muerte, es decir, \u00e9sta permite la existencia de aquel concepto fenomenol\u00f3gico de Minkowski denominado \u201ctiempo vivido\u201d.<\/p>\n<p>Si la conciencia de la muerte apunta hacia la temporalidad vivida, la conciencia tr\u00e1gica se dirige hacia los fen\u00f3menos de intensidad vital. Dada la precariedad que la imprevisible irrupci\u00f3n de la eventualidad tr\u00e1gica nos produce, el hecho vital que se desarrolla pierde en duraci\u00f3n en la misma medida que gana en intensidad. Estar bien aferrado a la vida es un concepto que se pone de manifiesto en el instante, en cada instante. La conciencia tr\u00e1gica a\u00f1ade a la supervivencia temporal la supervivencia vital, permitiendo que la vida adquiera aquel cariz de lo m\u00edo, de lo que me pertenece. Algo de ello est\u00e1 presente en el concepto de \u201c\u00e9lan vital\u201d de Bergson, as\u00ed como est\u00e1 relacionado con los conceptos de libertad, de \u201ccontacto vital con la realidad\u201d de Minkowski, de empuje, iniciativa, y dem\u00e1s asociados.<\/p>\n<p>La libido oscura o negativa se bifurca desde su fuente en esos dos planos de conciencia, resultando de su aleaci\u00f3n una conciencia preliminar negativa basada en la captaci\u00f3n y asimilaci\u00f3n de todo lo ineludible que planea sobre nuestra existencia, resumido en los conceptos de muerte y tragedia. Espero que se perciba la enorme diferencia entre esta libido oscura y el concepto de thanatos incorporado por Freud. Sugiero incluso que esa fuerza que tiende hacia la destrucci\u00f3n, llamada por el gran Freud, thanatos, lejos de ser una fuerza primordial del ser, no sea m\u00e1s que uno de los resultados de las perturbaciones en aquel tr\u00e1nsito natural desde la libido oscura hasta la conciencia de la muerte y la conciencia tr\u00e1gica que he tratado de ilustrar.<\/p>\n<p>3. Breve psicopatolog\u00eda de la conciencia de la muerte Si la conciencia de la muerte es lo que genera aquella duraci\u00f3n y temporalidad que apenas hemos esbozado, podemos imaginar la enorme cantidad de fen\u00f3menos que desde ah\u00ed se derivan. Grietas de cualquier tipo que en ella se produzcan, van a conllevar s\u00edntomas diversos y malestar en la existencia.<br \/>\nComencemos con las afecciones de la memoria y del pasado. \u00bfQu\u00e9 es lo que en psicolog\u00eda se he llamado p\u00e9rdida, que no est\u00e1 relacionada necesariamente con nada material, y que conduce a los fen\u00f3menos depresivos? \u00bfY qu\u00e9 es la culpa? \u00bfY la relaci\u00f3n entre las dificultades del duelo y la depresi\u00f3n, ya avanzada magistralmente por Freud? Se pierde el contacto con alguna sustancia ps\u00edquica que tuvo vida y que ahora yace inerte ante la mirada ps\u00edquica actual. En ocasiones esa p\u00e9rdida se relaciona con la culpa, puesto que lo que se ha perdido se reconoce que no ha sido por accidente, sino m\u00e1s bien por falta de custodia y diligencia, a veces, como sucede en \u201cLord Jim\u201d de Conrad, por acciones autom\u00e1ticas que dejan al sujeto como protagonista de un ataque autodestructivo contra su propia \u00e9tica.<\/p>\n<p>Esa memoria dolorosa comprime la temporalidad, desactivando los tiempos presentes y futuros, hasta producir una ralentizaci\u00f3n del curso vital que puede llegar a tomar como inconcebible el cumplimiento de una sola jornada.<\/p>\n<p>Conciencia de la muerte y depresi\u00f3n no forman parte, pues, de la misma historia narrada. El suicidio declara a viva voz la imposibilidad de aunar los dos conceptos. Antes la muerte, con la ralentizaci\u00f3n completa que expresa, con la expiaci\u00f3n que a veces la acompa\u00f1a, que la conciencia de la muerte, parecer\u00eda aqu\u00ed ser la ecuaci\u00f3n que se dirime: antes el instante, que el tiempo, cuando la compresi\u00f3n del tiempo presagia una repetici\u00f3n infinita de dolor y carga.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de la constelaci\u00f3n de los fen\u00f3menos depresivos, la perturbaci\u00f3n de la conciencia de la muerte est\u00e1 implicada en la fenomenolog\u00eda obsesivo-compulsiva, en algunos aspectos de la anorexia, en algunas fobias y, claro est\u00e1, en la otra cara de la depresi\u00f3n, en la man\u00eda. En todos ellos, la temporalidad vivida muestra sus grietas, tanto a nivel de repeticiones como de ceremonias, tanto a nivel de impulsos como de proyectualidad fija y predeterminada. Los tiempos de la vida aparecen como secuestrados, ora comprimi\u00e9ndose, ora alternando dr\u00e1sticamente su velocidad, ora desprovistos de su aliento relacional. La duraci\u00f3n se postra ante el instante, hasta que el instante mismo es concebido como la \u00fanica duraci\u00f3n posible, h\u00e1blese de letan\u00edas, nostalgias, ritos y evitaciones, todas ellas tendentes a cancelar el peso del tiempo y su dimensi\u00f3n provocadora, ora a nivel de la continuidad, ora de la inevitable variaci\u00f3n a la que conduce su extensi\u00f3n.<\/p>\n<p>No debe ser f\u00e1cil, por consiguiente, restaurar los cauces de la conciencia de la muerte una vez se hayan interrumpido antes o despu\u00e9s de su aparici\u00f3n. En realidad, son muchos los est\u00edmulos que llegan al sujeto con el \u00e1nimo de suministrarle un elixir contra el peso de la existencia vivida, aunque ese peso contenido en la conciencia de la muerte (con ese preludio a la vez infausto y vivificador) haya acompa\u00f1ado desde el principio las experiencias de nuestra especie y, por lo tanto, hayamos demostrado cierta capacidad de sostenerlo adecuadamente, si no incluso de servirnos directamente de \u00e9l.<\/p>\n<p>Sea como fuere, la conciencia de la muerte se halla presente en buena parte de la tradici\u00f3n cultural, mostrando una tentativa de regreso hacia sus cauces. Aun partiendo desde orillas opuestas de la temporalidad, la \u201cRecherche\u201d proustiana y el \u201cUlises\u201d de Joyce pueden comprenderse como el camino que expresa sea la dificultad, sea la fecundidad de la experiencia vivida. Del mismo modo que las \u201cCartas a Lucilio\u201d de S\u00e9neca se situar\u00edan como una de las expresiones directas m\u00e1s altas y bellas de la conciencia de la muerte. Y \u201cLa Odisea\u201d, como una insuperable muestra -a lo largo de su periplo accidentado y lleno de aventuras, obstinadamente variable e inestable- de los efectos sobre la conciencia del tiempo de la p\u00e9rdida inicial de orientaci\u00f3n, con su involuntaria huida -o b\u00fasqueda- hacia delante al precio del olvido, y de la recuperaci\u00f3n final de la temporalidad vivida, con el retorno a s\u00ed y el retorno de la memoria, tras largos a\u00f1os de inquietudes sin fin y de aparentes y s\u00f3lo moment\u00e1neos reposos. Todo ello como explicaci\u00f3n de la \u00edntima dificultad del hombre ante el horror de la guerra y del genocidio gratuito.<\/p>\n<p>4. Breve psicopatolog\u00eda de la conciencia tr\u00e1gica<br \/>\nHay una diferencia enorme entre las civilizaciones que carecen de conciencia tr\u00e1gica (y que por lo tanto ignoran tambi\u00e9n la tragedia, el epos y la novela en cuanto expresiones de tal conciencia) y aqu\u00e9llas cuya vida pr\u00e1ctica est\u00e1 dominada por un autoconocimiento inspirado por una clara conciencia tr\u00e1gica [\u2026] Esta no es necesariamente el producto de una alta civilizaci\u00f3n, es m\u00e1s, puede ser primitiva: sin embargo, un hombre que haya adquirido tal conciencia nos da la impresi\u00f3n de que s\u00f3lo entonces hubiera abierto los ojos al mundo. Ahora, efectivamente, al tomar conciencia de ser al l\u00edmite del misterio, nace en \u00e9l aquella inquietud que lo empujar\u00e1 hacia delante. Ninguna situaci\u00f3n puede ser ya estable para \u00e9l, porque ninguna lo sacia. Con la conciencia tr\u00e1gica toma inicio el movimiento de la historia, que no se manifiesta s\u00f3lo en acontecimientos exteriores, sino que se desarrolla en las profundidades mismas del \u00e1nimo humano. Karl Jaspers<\/p>\n<p>Tampoco resulta f\u00e1cil hacer las cuentas de continuo con la precariedad de la existencia humana, a pesar de los beneficios mencionados de la conciencia tr\u00e1gica. Es como si un viejo mito se hubiera apoderado de nuestro curso vital, desvi\u00e1ndonos una y otra vez de la sensaci\u00f3n de la importancia y relatividad de nuestros logros. Alcanzada una posici\u00f3n existencial (subjetiva, relacional, social\u2026), algo se nos impone como queriendo preservar indefinidamente el pelda\u00f1o reci\u00e9n superado. Es humano que as\u00ed sea, como humanas sus consecuencias\u2026<br \/>\nEl mito de la seguridad se asoma una y otra vez a nuestra experiencia cotidiana, generando tanto una pretensi\u00f3n m\u00e1xima e ingenua de mantener los productos de nuestra ambici\u00f3n, como una incomodidad creciente frente a los embates imprevisibles e ineludibles del destino.<\/p>\n<p>Acomodarse a nuestra precariedad significa acompa\u00f1ar nuestros intereses y la puesta en marcha de nuestros proyectos con ciertas dosis de escepticismo, las suficientes para mantener un tono de intensidad vital cuya flexibilidad convierta al individuo en capaz de enfrentarse con fortuna variable a las vicisitudes de la vida y a las aportadas por sus propias sensaciones interiores.<\/p>\n<p>Mas el mito de la seguridad acucia nuestra visi\u00f3n, cubriendo de falsas expectativas el horizonte de nuestras bienintencionadas propuestas. Hay que ser resolutivos, parece proponernos el mito, una y otra vez: si te acercas al toro, hay que acabar la faena. No se trata ya de adentrarse en el territorio del conocimiento, fundamentalmente parad\u00f3jico, pues adentrarse en \u00e9l es hacerse conscientes de su inconmensurable e inabarcable magnitud. Se trata m\u00e1s bien dehacerse con el territorio, o confundir aquel territorio con el territorio definitivo de la eternidad.<\/p>\n<p>Es en ese preciso instante que la realidad, con su firme resistencia frente al orden de lo definitivo, se coloca fuera del mito. Y si nuestra libido -nuestro empuje- ha perdido la memoria de su sustancial oscuridad y, presa de una fulgurante devoci\u00f3n, apunta ya al blanco suministrado por el mito, entonces la realidad entera puede ser vista como el enemigo, como aquel persistente incordio que pone en duda la posici\u00f3n alcanzada y que hace tambalear el concepto de seguridad.<\/p>\n<p>Por esa v\u00eda, la tensi\u00f3n entre el mito y la realidad aumenta, hasta que se hace insoportable. Entonces puede ocurrir la ruptura entre los dos bravos contendientes: el yo-mito se hace con la seguridad, aun a costa de perder el contacto vital con la realidad, como en las formas esquizofr\u00e9nicas de impronta autista y, cualitativamente, en ciertas formas de narcisismo. Pero casi nunca el asunto se resuelve de forma definitiva, a pesar de las pretensiones del mito. A veces hay extra\u00f1as nostalgias de la realidad, mimada, fantaseada, imaginada o narrada, como en ciertos delirios paranoides. O la sensaci\u00f3n de haberse instalado en la seguridad, pero en una seguridad parad\u00f3jicamente muy precaria, con el enemigo cerca, muy cerca: habr\u00e1 que estar alertas, l\u00facidos, precavidos, para apuntalar la zona de seguridad constantemente, extenuadamente. Resulta en verdad sorprendente la dimensi\u00f3n de la energ\u00eda desplegada en la paranoia\u2026<\/p>\n<p>Otras veces la tensi\u00f3n no produce la ruptura entre los contendientes. M\u00e1s bien se trata ahora de un combate interminable. La neurosis de ansiedad cuenta tanto la historia del mito de seguridad como evoca las peripecias de una realidad que corre el riesgo una y otra vez de imponerse a las apetencias definitivas del yo. La inquietud, que en cierta medida es constitutiva de la conciencia tr\u00e1gica, se convierte as\u00ed en una inquietud indeseada, patol\u00f3gica, padecida: se convierte en el s\u00edntoma.<\/p>\n<p>En otras ocasiones son las sensaciones corp\u00f3reas incontrolables y que apuntan directamente a la enfermedad lo que me produce inquietud, mientras a la vez quiero estar seguro de que no me pasa nada, de que no me va a pasar nada. En este punto se a\u00f1ade a la hipocondr\u00eda ciertos niveles de la fobia, que se acerca ahora a las perturbaciones de la conciencia tr\u00e1gica (como antes, a las de la conciencia de la muerte, donde tambi\u00e9n pod\u00eda instalarse la hipocondr\u00eda, por lo menos, a ciertos niveles), hasta que el mito de la seguridad perece tras un ataque masivo procedente de la zona de inquietud, cual puede concebirse el ataque de p\u00e1nico.<\/p>\n<p>Una atenci\u00f3n aparte merece la histeria. Por ciertos contenidos y formas de expresi\u00f3n, recuerda las dificultades de la conciencia de la muerte (la afectaci\u00f3n de la temporalidad, una compresi\u00f3n extrema del tiempo, hasta el estado crepuscular), pero desde una panor\u00e1mica general es posible concebirla como una sorprendente expresi\u00f3n de las perturbaciones de la conciencia tr\u00e1gica. De la conciencia tr\u00e1gica puede uno intentar escaparse de muy distintas formas (no obstante, hemos visto el final tr\u00e1gico de algunas fugas), pero el ser humano resulta en verdad un animal muy particular. A veces, y la cuesti\u00f3n no est\u00e1 exenta de cierta iron\u00eda (como sucede en algunas obras de Eliot, de Pirandello, de Calvino o de Max Frish) y, a la vez, de cierta gravedad (como en \u201cEl Quijote\u201d de Cervantes, en algunos relatos de Schnitzler y de Strindberg o en \u201cLa metamorfosis\u201d de Kafka), el ser humano, con la m\u00e1xima tensi\u00f3n de la identidad del yo entre seguridad y precariedad, acaba por refugiarse en el \u00faltimo rinc\u00f3n que \u00edbamos a imaginar: en la confusi\u00f3n con el h\u00e9roe tr\u00e1gico. Escapar de la conciencia tr\u00e1gica identific\u00e1ndose, siquiera por un instante, con el h\u00e9roe tr\u00e1gico. Refugiarse de la intensidad vital en la intensidad del instante; refugiarse del orden formal en la expresi\u00f3n concreta de la forma, m\u00e1s all\u00e1 del mundo de interpretaciones convencionales que recaer\u00e1n sin duda sobre el individuo.<\/p>\n<p>Se trata de una intensidad vital m\u00e1xima pero desprovista de fondo, de memoria, de extensi\u00f3n m\u00e1s all\u00e1 del enigm\u00e1tico concentrarse de las apetencias en un solo instante, como convergiendo vertiginosamente en un \u00faltimo punto, arrastrada por un proyecto de retorno, o quiz\u00e1 por la memoria de un proyecto apenas vislumbrado. No creo que pueda tildarse de fatua ni vana la operaci\u00f3n, a pesar de su dif\u00edcil comprensi\u00f3n y su a\u00fan m\u00e1s dificultoso desciframiento. Si acaso sorprende la duplicidad del movimiento, como queriendo abarcar los contrarios, paseando por uno y otro, sin necesidad o capacidad todav\u00eda de definir una trama determinada: \u00bfse sufre la soledad, o el precio de la relaci\u00f3n es demasiado caro por lo que ofrece?, \u00bfse est\u00e1 inflacionado en la omnipotencia, o m\u00e1s bien comprimido en un atisbo abisal de lo prematuro y, por lo tanto, definitivamente impotente? M\u00e1s que ofrecer la materia para el desarrollo de una trama argumental, sea dram\u00e1tica o narrativa, la histeria parece un compendio veloc\u00edsimo y entremezclado de h\u00e9roes y tramas y vicisitudes provenientes de todo el arco de la cultura y la experiencia humana: un primer tenor ante una platea exquisita; un Edipo expuesto en el Monte Citer\u00f3n frente a los ojos col\u00e9ricos y determinados de sus parricidas padres; el irremediable pozo crepuscular y mis\u00f3gino de los celos y dudas de Otelo; las emociones plenas de ilusi\u00f3n del novio durante su matrimonio regio; la debacle -tras angustiosa duda- de Hamlet en el dilema de la justicia y la autodestrucci\u00f3n, profundamente l\u00facida; el estar interpretando a solas, en la buhardilla de una casita en el bosque, una delicada partida de Bach\u2026 La sorpresa de la histeria es la apetencia de ser, m\u00e1s que la apetencia del ser, como aclarando que la vida puede no ser siempre una condici\u00f3n unitaria, sino una atalaya para regresar o para dirigirse (as\u00ed de incierta es la experiencia) hacia las dimensiones de la multiplicidad.<\/p>\n<p>La histeria nos ofrece entonces el reducto m\u00e1s imperecedero de la dimensi\u00f3n tr\u00e1gica del ser humano: no existe ya horizonte donde desplegar la intensidad vital, pero se dispone de una forma flexible capaz de recitar intensidades (experimentadas realmente en el orden de lo instant\u00e1neo y de lo subjetivo) de muy variada procedencia y de un a\u00fan m\u00e1s variado destino.<\/p>\n<p>5. El proceso de individuaci\u00f3n y el orden de lo negativo Como es bien sabido, el proceso de individuaci\u00f3n se sit\u00faa en el eje de la psicolog\u00eda anal\u00edtica, a significar tanto un proceso basado en la integraci\u00f3n y la diferenciaci\u00f3n de la psique en su mismo transitar por el mundo como una de las metas principales de la psicoterapia dial\u00f3gica instaurada por Jung.<br \/>\nLa psicolog\u00eda anal\u00edtica, de clara inspiraci\u00f3n relativista y de vocaci\u00f3n emp\u00edrica, busc\u00f3 met\u00e1foras capaces de situarse con fuerza en el campo de las ideas del siglo XX. La individuaci\u00f3n, concepto de matriz filos\u00f3fica, trat\u00f3 de hallar un campo lo suficientemente extenso y delimitado por el que hacer florecer la l\u00ednea de pensamiento de Carl Gustav Jung: el decidido dualismo junguiano, basado en antinomias y paradojas, deb\u00eda por fuerza alcanzar a las funciones ps\u00edquicas y a las experiencias humanas. Nociones con frecuencia separadas o antag\u00f3nicas en el curso de la historia, como la pareja individuo\/colectividad, acabar\u00edan conducidas por conceptos aunadores y perspectivas que algunos cr\u00edticos han comentado como ambiguas. Desde luego, el dilema de la individuaci\u00f3n puede resultar inquietante: el equilibrio reside en un nivel de adaptaci\u00f3n a lo colectivo que permita la personalizaci\u00f3n, o bien al contrario, en alcanzar aquella personalizaci\u00f3n que sirva de buena adaptaci\u00f3n a lo colectivo. Por otro lado, la meta se ubica en el proyecto: si la meta es instaurar un proceso, entonces el logro no puede ser m\u00e1s que provisional y precario.<\/p>\n<p>No parece tan f\u00e1cil, entonces, comprender la esencia de ese proceso de individuaci\u00f3n, y menos a\u00fan -a juzgar por algunos excesos simplificadores, que frecuentemente conducen a fen\u00f3menos de inflaci\u00f3n ps\u00edquica- sostener sus dilem\u00e1ticas implicaciones: se crece, pero al lado de los dem\u00e1s, es decir, en horizontal (como dir\u00eda Binswanger); se abre al conocimiento, tanto de s\u00ed como de los dem\u00e1s, pero sin desprenderse del conocimiento de s\u00ed aportado por el otro, ni del conocimiento de los dem\u00e1s aportado por el mismo otro. Hasta llegar a la m\u00e1xima implicaci\u00f3n de la individuaci\u00f3n: para ser yo, habr\u00e1 de ser el otro, pues sin un otro individuado yo no puedo saber si lo que me ocurre es que me acerco a mi propia individuaci\u00f3n o por el contrario me conduzco hacia el autoenga\u00f1o. El relativismo emp\u00edrico y pragm\u00e1tico tiene estos dilemas y paradojas.<\/p>\n<p>De ah\u00ed la apuesta que hace Jung por el m\u00e9todo sint\u00e9tico-hermen\u00e9utico en psicoterapia. Se trata de sentar unas bases de participaci\u00f3n del terapeuta que permitan el di\u00e1logo y la intersubjetividad plena.<\/p>\n<p>Por lo dicho, parecer\u00eda claro el recorrido posible del concepto, pero la experiencia muestra que el concepto de individuaci\u00f3n recala en \u00e1mbito junguiano demasiadas veces en el puerto individual, tendiendo una y otra vez a desembarazarse del puerto de la colectividad, es decir, desvirtuando su propia esencia filos\u00f3fica, as\u00ed como se tiende a rechazar su naturaleza dial\u00f3gica e intersubjetiva.<\/p>\n<p>Pero hay que recordar en este punto que la inflaci\u00f3n no es m\u00e1s que un fen\u00f3meno que procede de la constelaci\u00f3n maniacal. Esto es, se trata s\u00f3lo de un periodo de exaltaci\u00f3n que precede o que proviene de un periodo de p\u00e9rdida y depresi\u00f3n, llamada por algunos nigredo, casi resaltando a la vez la negatividad y ciertas aficiones oscurantistas que suelen acompa\u00f1arla.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 sea un asunto de memoria. Recordemos el principio, tanto la libido negativa u oscura como la conciencia de la muerte y la conciencia tr\u00e1gica, adem\u00e1s de esas m\u00e1ximas sobre el proceso de individuaci\u00f3n que podemos tomar por buenas: si la meta es instaurar un proceso, entonces el logro no puede ser m\u00e1s que provisional y precario; y, para ser yo, habr\u00e1 de ser el otro. Si sumamos estos conceptos para no olvidarnos ya m\u00e1s de ellos, entonces ya se aclara tambi\u00e9n el ejemplo suministrado por el diccionario de filosof\u00eda: que S\u00f3crates es, por un lado, S\u00f3crates, y, por el otro, uno m\u00e1s entre otros hombres similares, entre el conjunto de hombres, cada uno con su propia identidad.<\/p>\n<p>\u00bfY cu\u00e1les son las circunstancias que permiten a los hombres tener una identidad, conocerse a s\u00ed mismos y conocer a varios de sus semejantes? Sin lugar a dudas, todas aquellas que le obliguen a hacer las cuentas con lo que se les resiste, con lo ineludible.<\/p>\n<p>La realidad ha sido un concepto que ha reunido ese car\u00e1cter de resistencia y de ineludibilidad frente al sujeto. Funciones de realidad -a\u00f1adir\u00eda Janet- son las operaciones que ejerce la psique a la hora de hacerse cargo de esos frentes. Nosotros lo hemos llamado conciencia de la muerte y conciencia tr\u00e1gica, para se\u00f1alar unas operaciones ejercidas sobre dos fen\u00f3menos a la vez comunes y que nos afectan profundamente desde el plano individual: la tragedia y la muerte, ambas visibles y reconocibles en el teatro de nuestra vida cotidiana, a la vez que tremendamente ocultas, imprevisibles e ignotas. Despu\u00e9s vendr\u00e1 una cierta diferenciaci\u00f3n, aunque toda diferenciaci\u00f3n depende tambi\u00e9n de otras diferenciaciones.<\/p>\n<p>Acaso el equilibrio resida en la memoria: si me voy diferenciando, esto es, voy conoci\u00e9ndome a m\u00ed mismo cada vez mejor, es porque estoy aprendiendo a la vez a relativizar ese conocimiento, en aras de un conocimiento futuro, el cual, parad\u00f3jicamente, se hace posible s\u00f3lo en la medida que me acuerdo de mi propia indiferenciaci\u00f3n, es decir, de mi propio desconocimiento.<\/p>\n<p>Esa es la v\u00eda por la que conviene retocar nuestro principio energ\u00e9tico. Nuestra energ\u00eda primera es la oscura o negativa. S\u00f3lo desde ella cabe esperar un lento y nunca definitivo trasvase hacia posiciones positivas: s\u00f3lo desde ah\u00ed merece la pena hablar de proceso de individuaci\u00f3n, como tambi\u00e9n de s\u00edmbolo, de met\u00e1fora, de creatividad, porque, en definitiva, una cosa es hablar de esos conceptos, incluso de forma grandilocuente, y otra es habitar aquellas profundidades: adentrarse -esta vez para pintar- en aquella cueva, o tela; componer a tientas y con gran atenci\u00f3n y memoria unos sonidos hasta lograr aquella melod\u00eda; o, fruto a medias de la inspiraci\u00f3n y del consenso, traducir en palabras im\u00e1genes y situaciones que son lo que son y a la vez son representaci\u00f3n de lo que no son.<\/p>\n<p>Como ya puede intuirse, la operaci\u00f3n simb\u00f3lica, la creativa y la metaf\u00f3rica, se constituyen desdey sobre el pozo irreductible de lo negativo y lo oscuro: desde ah\u00ed despliegan su significado auroral, a la vez perceptible e inaprensible, sosteniendo un principio homeost\u00e1tico que s\u00f3lo es imaginable con la permanencia, al lado del resultado, del aliento de la operaci\u00f3n que lo constituye, necesariamente oscuro, como luminoso -y aun tenebroso- llega a ser el resultado.<\/p>\n<p>Parece necesario, pues, asegurar el principio homeost\u00e1tico de la individuaci\u00f3n, entre individuo y colectividad, entre memoria y proyecto, entre negatividad extrema y el inicio de una cierta positividad, capitaneada desde la experiencia vivida por la continua alusi\u00f3n a lo inaprensible. Y para lograr ese objetivo, conocedor y limitado, durable e intenso mas siempre desde su naturaleza precaria y relativa, se dir\u00eda que la individuaci\u00f3n precisa de la conciencia de la muerte y de la conciencia tr\u00e1gica para llegar a ser algo m\u00e1s que un simple espejismo. Entonces acontece la experiencia, y, en contadas ocasiones, como en estas notas para el \u201cEmp\u00e9docles\u201d de H\u00f6lderlin, incluso el s\u00edmbolo, exportado desde el nivel experiencial y diafanamente vivido hasta la palabra po\u00e9tica.<\/p>\n<p>En el medio est\u00e1 la muerte del ser singular, es decir, aquel momento en que lo org\u00e1nico depone su yoidad, su particular ser-ah\u00ed, que se hab\u00eda convertido en extremo, y lo a\u00f3rgico, su universalidad, no en una mezcla ideal, como al principio, sino en la lucha real m\u00e1s alta, por cuanto lo particular, en su extremo, ha de universalizarse activamente cada vez m\u00e1s frente al extremo de lo a\u00f3rgico, ha de arrancarse cada vez m\u00e1s de su punto medio, y lo a\u00f3rgico ha de concentrarse cada vez m\u00e1s frente al extremo de lo particular y, cada vez m\u00e1s, ganar un punto medio y hacerse lo m\u00e1s particular: en donde lo org\u00e1nico que se ha hecho a\u00f3rgico parece volver a encontrarse a s\u00ed mismo y retornar a s\u00ed mismo, en cuanto que adopta la individualidad, y el objeto, lo a\u00f3rgico, parece encontrarse a s\u00ed mismo, en cuanto que encuentra tambi\u00e9n a la vez lo org\u00e1nico en el m\u00e1s alto extremo de lo a\u00f3rgico, de modo que en este momento, EN ESTE NACIMIENTO DE LA M\u00c1S ALTA HOSTILIDAD, PARECE SER UNA REALIDAD LA M\u00c1S ALTA RECONCILIACI\u00d3N\u2026<\/p><\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>RICARDO CARRETERO GRAMAGE Ricardo Carretero G. es analista de la Sociedad Espa\u00f1ola de Psicolog\u00eda Anal\u00edtica (SEPA), Espa\u00f1a, y esta fue su conferencia durante el Congreso Internacional de Psicolog\u00eda Anal\u00edtica, realizado en la ciudad de Barcelona, Espa\u00f1a, en agosto-septiembre de 2004. &hellip; <a href=\"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/la-individuacion-y-la-muerte-variaciones-sobre-la-tragedia\/\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[11],"tags":[53,54,55],"class_list":["post-805","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-publicacionesponencias","tag-carretero","tag-individuacion","tag-muerte"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/805","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=805"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/805\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":3523,"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/805\/revisions\/3523"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=805"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=805"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=805"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}