{"id":7933,"date":"2021-07-20T16:53:39","date_gmt":"2021-07-20T16:53:39","guid":{"rendered":"http:\/\/www.adepac.org\/inicio\/?p=7933"},"modified":"2021-07-20T16:53:39","modified_gmt":"2021-07-20T16:53:39","slug":"la-pesadilla-jorge-luis-borges","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/la-pesadilla-jorge-luis-borges\/","title":{"rendered":"La pesadilla &#8211; Jorge Luis Borges"},"content":{"rendered":"\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/www.adepac.org\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/FotoJorgeLuisBorges.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-7943\" width=\"238\" height=\"372\" srcset=\"https:\/\/www.adepac.org\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/FotoJorgeLuisBorges.jpg 383w, https:\/\/www.adepac.org\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/FotoJorgeLuisBorges-192x300.jpg 192w\" sizes=\"auto, (max-width: 238px) 100vw, 238px\" \/><figcaption>Jorge Luis Borges<\/figcaption><\/figure><\/div>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote has-text-align-center is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>En 1977, Jorge Luis Borges ofreci\u00f3 una conferencia en el teatro Coliseo de Buenos Aires llamada \u00abLa Pesadilla\u00bb, que posteriormente fue publicada en Borges, Jorge Luis (1992).<em> Siete Noches<\/em>. M\u00e9xico: Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, la cual re\u00fane \u00e9sta y otras seis conferencias m\u00e1s. Presentamos este bello texto que no se refiere a un an\u00e1lisis psicol\u00f3gico del sue\u00f1o, sino de ese asombroso y extra\u00f1o g\u00e9nero que es el so\u00f1ar y de esa especie que es la pesadilla. Este documento fue tomado de la <a href=\"https:\/\/biblioteca.url.edu.gt\/\">Red de Bibliotecas CRAI Land\u00edvar<\/a>.<\/p><cite><strong>__________________________________________<\/strong><\/cite><\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se\u00f1oras, se\u00f1ores:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los sue\u00f1os son el g\u00e9nero; la pesadilla, la especie. Hablar\u00e9 de los sue\u00f1os y, despu\u00e9s, de las pesadillas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Estuve releyendo estos d\u00edas libros de psicolog\u00eda. &nbsp;Me sent\u00ed singularmente defraudado. &nbsp;En todos ellos se hablaba de los instrumentos o de los temas de los sue\u00f1os (voy a poder justificar esta palabra m\u00e1s adelante) y no se hablaba, lo que yo hubiera deseado, sobre lo asombroso, lo extra\u00f1o del hecho de so\u00f1ar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed, en un libro de psicolog\u00eda que aprecio mucho, <em>The Mind of Man<\/em>, de Gustav Spiller, se dec\u00eda que los sue\u00f1os corresponden al plano m\u00e1s bajo de la actividad mental \u2014yo tengo para m\u00ed que es un error\u2014 y se hablaba de las incoherencias, de lo inconexo de las f\u00e1bulas de los sue\u00f1os. Quiero recordar a Groussac y su admirable estudio (ojal\u00e1 pudiera recordarlo y repetirlo aqu\u00ed) Entre sue\u00f1os. Groussac, al final de ese estudio que est\u00e1 en <em>El viaje intelectual<\/em>, creo que en el segundo volumen, dice que es asombroso el hecho de que cada ma\u00f1ana nos despertemos cuerdos \u2014o relativamente cuerdos, &nbsp;digamos\u2014 &nbsp;despu\u00e9s &nbsp;de haber &nbsp;pasado &nbsp;por esa zona&nbsp; de sombras, &nbsp;por esos laberintos &nbsp;de sue\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El examen de los sue\u00f1os ofrece una dificultad especial. No podemos examinar los sue\u00f1os directamente. &nbsp;Podemos hablar de la memoria de los sue\u00f1os. Y posiblemente la memoria de los sue\u00f1os no se corresponda directamente con los sue\u00f1os. Un gran escritor del siglo dieciocho, Sir Thomas Browne, cre\u00eda que nuestra memoria de los sue\u00f1os es m\u00e1s pobre que la espl\u00e9ndida realidad. Otros, en cambio, creen que mejoramos los sue\u00f1os: si pensamos que el sue\u00f1o es una obra de ficci\u00f3n (yo creo que lo es) posiblemente sigamos fabulando en el momento de despertarnos y cuando, despu\u00e9s, los contamos. Recuerdo ahora el libro de Dunne, <em>An Experiment with the Time<\/em>. No estoy de &nbsp;acuerdo &nbsp;con &nbsp;su&nbsp; teor\u00eda &nbsp;pero &nbsp;es &nbsp;tan &nbsp;hermosa &nbsp;que &nbsp;merece &nbsp;ser &nbsp;recordada. &nbsp;Pero antes, para simplificarla (voy de un libro a otro, mis memorias son superiores a mis pensamientos) quiero recordar el gran libro de Boecio <em>De consolatione philosophiae<\/em>, que Dante sin duda ley\u00f3 o reley\u00f3, como ley\u00f3 o reley\u00f3 toda la literatura de la Edad Media. &nbsp;Boecio, llamado el<em> \u00faltimo romano<\/em>, el senador Boecio, imagina un espectador de una carrera de caballos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El espectador est\u00e1 en el hip\u00f3dromo y ve, desde su palco, los caballos y la partida, las vicisitudes de la carrera, la llegada de uno de los caballos a la meta, todo sucesivamente. &nbsp;Pero Boecio imagina otro espectador. Ese otro espectador es espectador del espectador y espectador de la carrera: es, previsiblemente, Dios. Dios ve toda la carrera, ve en un solo instante eterno, en su instant\u00e1nea eternidad, la partida de los caballos, las vicisitudes, la llegada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Todo lo ve de un solo vistazo y de igual modo ve toda la historia universal. As\u00ed Boecio salva las dos nociones: la idea del libre albedr\u00edo y la idea de la Providencia. &nbsp;De igual modo que el espectador ve toda la carrera y no influye en ella (salvo que la ve sucesivamente), Dios ve toda la carrera, desde la cuna hasta la sepultura. &nbsp;No influye en lo que hacemos, nosotros obramos libremente, pero Dios ya sabe \u2014Dios ya sabe en este momento, digamos\u2014 nuestro destino final. Dios ve as\u00ed la historia universal, lo que sucede a la historia universal; ve todo eso en un solo espl\u00e9ndido, vertiginoso instante que es la eternidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Dunne es un escritor ingl\u00e9s de este siglo. No conozco t\u00edtulo m\u00e1s interesante que el de su libro, <em>Un experimento con el tiempo<\/em>. En \u00e9l imagina que cada uno de nosotros posee una suerte de modesta &nbsp;eternidad &nbsp;personal: &nbsp;a&nbsp; esa &nbsp;modesta &nbsp;eternidad &nbsp;la &nbsp;poseemos &nbsp;cada &nbsp;noche. &nbsp;Esta noche dormiremos, esta noche so\u00f1aremos que es mi\u00e9rcoles. Y so\u00f1aremos con el mi\u00e9rcoles y con el d\u00eda siguiente, con el jueves, quiz\u00e1 con el viernes, quiz\u00e1 con el martes&#8230; A cada hombre le est\u00e1 dado, con el sue\u00f1o, una peque\u00f1a eternidad personal que le permite ver su pasado cercano y su porvenir cercano.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Todo esto el so\u00f1ador lo ve de un solo vistazo, de igual modo que Dios, desde su vasta eternidad, ve todo el proceso c\u00f3smico. \u00bfQu\u00e9 sucede al despertar? Sucede que, como estamos acostumbrados a la vida sucesiva, damos forma narrativa a nuestro sue\u00f1o, pero nuestro sue\u00f1o ha sido m\u00faltiple y ha sido simult\u00e1neo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Veamos un ejemplo muy sencillo. &nbsp;Vamos a suponer que yo sue\u00f1o con un hombre, simplemente la imagen de un hombre (se trata de un sue\u00f1o muy pobre) y luego, inmediatamente, sue\u00f1o la imagen de un \u00e1rbol. Al despertarme, puedo dar a ese sue\u00f1o tan simple una complejidad que no le pertenece: puedo pensar que he so\u00f1ado en un hombre que se convierte en \u00e1rbol, que era un \u00e1rbol. Modifico los hechos, ya estoy fabulando.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No sabemos exactamente qu\u00e9 sucede en los sue\u00f1os: no es imposible que durante los sue\u00f1os estemos en el cielo, estemos en el infierno, quiz\u00e1 seamos alguien, alguien que es lo que Shakespeare llam\u00f3 \u201c<em>the thing I am<\/em>\u201d, \u201cla cosa que soy\u201d, quiz\u00e1 seamos nosotros, quiz\u00e1 seamos la Divinidad. Esto se olvida al despertar. S\u00f3lo podemos examinar de los sue\u00f1os su memoria, su pobre memoria.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">He le\u00eddo tambi\u00e9n el libro de Frazer, un escritor,&nbsp; desde luego,&nbsp; sumamente &nbsp;ingenioso, &nbsp;pero tambi\u00e9n muy cr\u00e9dulo, ya que parece aceptar todo cuanto le cuentan los viajeros. Seg\u00fan Frazer, los salvajes no distinguen entre la vigilia y el sue\u00f1o. Para ellos, los sue\u00f1os son un episodio de la vigilia. As\u00ed, seg\u00fan Frazer, o seg\u00fan los viajeros que ley\u00f3 Frazer, un salvaje sue\u00f1a que sale por el bosque y que mata a un le\u00f3n; cuando se despierta, piensa que su alma ha abandonado su cuerpo y que ha matado a un le\u00f3n en sue\u00f1os. O, si queremos complicar un poco m\u00e1s las cosas, podemos suponer que ha matado al sue\u00f1o de un le\u00f3n. Todo esto es posible, y, desde luego, esta idea de los salvajes coincide con la idea de los ni\u00f1os que no distinguen muy bien entre la vigilia y el sue\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Referir\u00e9 un recuerdo personal. Un sobrino m\u00edo, tendr\u00eda cinco o seis a\u00f1os entonces \u2014mis fechas son bastante falibles\u2014, me contaba sus sue\u00f1os cada ma\u00f1ana. Recuerdo que una ma\u00f1ana (\u00e9l estaba sentado en el suelo) le pregunt\u00e9 qu\u00e9 hab\u00eda so\u00f1ado. D\u00f3cilmente, sabiendo que yo ten\u00eda ese <em>hobby<\/em>, me dijo: \u201cAnoche so\u00f1\u00e9 que estaba perdido en el bosque, ten\u00eda miedo, pero llegu\u00e9 a un claro y hab\u00eda una casa blanca, de madera, con una escalera que daba toda la vuelta y con escalones como un corredor y adem\u00e1s una puerta, por esa puerta saliste vos\u201d. Se interrumpi\u00f3 bruscamente y agreg\u00f3: \u201cDecime, \u00bfqu\u00e9 estabas haciendo en esa casita?\u201d<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Todo corr\u00eda para \u00e9l en un solo plano, la vigilia y el sue\u00f1o. Lo que nos lleva a otra hip\u00f3tesis, a la hip\u00f3tesis de los m\u00edsticos, la hip\u00f3tesis de los metaf\u00edsicos, la hip\u00f3tesis contraria que, sin embargo, se confunde con ella.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Para el salvaje o para el ni\u00f1o los sue\u00f1os son un episodio de la vigilia, para los poetas y los m\u00edsticos no es imposible que toda la vigilia sea un sue\u00f1o. Esto lo dice, de modo seco y lac\u00f3nico, Calder\u00f3n: la vida es sue\u00f1o. Y lo dice, ya con una imagen, Shakespeare: \u00a0\u201cestamos hechos de la misma madera que nuestros sue\u00f1os\u201d; y, espl\u00e9ndidamente, lo dice el poeta austr\u00edaco Walter von der Vogelweide, quien se pregunta (lo dir\u00e9 en mi mal alem\u00e1n primero y luego en mi mejor espa\u00f1ol) : \u201c<em>Ist es mei Leben getra\u00fcmt oder ist es wahr<\/em>?: \u201c\u00bfHe so\u00f1ado mi vida, o fue un sue\u00f1o?\u201d No est\u00e1 seguro. Lo que nos lleva, desde luego, al solipsismo; a la sospecha de que s\u00f3lo hay un so\u00f1ador y ese so\u00f1ador es cada uno de nosotros. \u00a0Ese so\u00f1ador \u2014trat\u00e1ndose de m\u00ed\u2014, en este momento est\u00e1 so\u00f1\u00e1ndolos a ustedes; est\u00e1 so\u00f1ando esta sala y esta conferencia. Hay un solo so\u00f1ador; ese so\u00f1ador sue\u00f1a todo el proceso c\u00f3smico, sue\u00f1a toda la historia universal anterior, sue\u00f1a incluso su ni\u00f1ez, su mocedad. Todo esto puede no haber ocurrido: en ese momento empieza a existir, empieza a so\u00f1ar y es cada uno de nosotros, no <em>nosotros<\/em>, es <em>cada uno<\/em>. En este momento yo estoy so\u00f1ando que estoy pronunciando una conferencia en la calle Charcas, que estoy buscando los temas \u2014y quiz\u00e1 no dando con ellos\u2014, estoy so\u00f1ando con ustedes, pero no es verdad. Cada uno de ustedes est\u00e1 so\u00f1ando conmigo y con los otros.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tenemos esas dos imaginaciones: la de considerar que los sue\u00f1os son parte de la vigilia, y la otra, la espl\u00e9ndida, la de los poetas, la de considerar que toda la vigilia es un sue\u00f1o. &nbsp;No hay diferencia entre las dos materias. La idea llega al art\u00edculo de Groussac: no hay diferencia en nuestra actividad mental. Podemos estar despiertos, podemos dormir y so\u00f1ar y nuestra actividad mental es la misma. Y cita, precisamente, aquella frase de Shakespeare: \u201cestamos hechos de la misma madera que nuestros sue\u00f1os\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hay otro tema que no puede eludirse: los sue\u00f1os prof\u00e9ticos. Es propia de una mentalidad avanzada la idea de los sue\u00f1os que corresponden a la realidad, ya que hoy distinguimos los dos planos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hay un pasaje en la <em>Odisea <\/em>en el que se habla de dos puertas, la de cuerno y la de marfil. Por la de marfil llegan a los hombres los sue\u00f1os falsos y por la de cuerno, los sue\u00f1os verdaderos o prof\u00e9ticos. Y hay un pasaje en la <em>Eneida <\/em>(un pasaje que ha provocado innumerables comentarios): en el libro noveno, o en el und\u00e9cimo, no estoy seguro, Eneas desciende a los Campos El\u00edseos, m\u00e1s all\u00e1 de las Columnas de H\u00e9rcules: conversa con las grandes sombras de Aquiles, de Tiresias; ve la sombra de su madre, quiere abrazarla pero no puede porque est\u00e1 hecha de sombra; y ve, adem\u00e1s, la futura grandeza de la ciudad que \u00e9l fundar\u00e1. Ve a R\u00f3mulo, a Remo, el campo y, en ese campo, ve al futuro Foro Romano, la futura grandeza de Roma, la grandeza de Augusto, ve toda la grandeza imperial. Y despu\u00e9s de haber visto todo eso, despu\u00e9s de haber conversado con sus contempor\u00e1neos, que son gente futura para Eneas, Eneas vuelve a la tierra. Entonces ocurre lo curioso, lo que no ha sido bien explicado, salvo por un comentador an\u00f3nimo que creo que ha dado con la verdad. Eneas vuelve por la puerta de marfil y no por la de cuerno. \u00bfPor qu\u00e9? El comentador nos dice por qu\u00e9: porque realmente no estamos en la realidad. Para Virgilio, el mundo verdadero era posiblemente el mundo plat\u00f3nico, el mundo de los arquetipos. Eneas pasa por la puerta de marfil porque entra en el mundo de los sue\u00f1os \u2014es decir, en lo que llamamos vigilia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Bueno, todo esto puede ser.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ahora llegamos a la especie, a la pesadilla. &nbsp;No ser\u00e1 in\u00fatil recordar los nombres de la pesadilla.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El nombre espa\u00f1ol no es demasiado venturoso: el diminutivo parece quitarle fuerza. En otras lenguas los nombres son m\u00e1s fuertes. En griego la palabra es <em>efialtes<\/em>: Enaltes es el demonio que inspira la pesadilla. En lat\u00edn tenemos el <em>incubus<\/em>. El \u00edncubo es el demonio que oprime al durmiente y le inspira la pesadilla. En alem\u00e1n tenemos una palabra muy curiosa: <em>Alp<\/em>, que vendr\u00eda a significar el elfo y la opresi\u00f3n del elfo, la misma idea de un demonio que inspira la pesadilla. Y hay un cuadro, un cuadro que De Quincey, uno de los grandes so\u00f1adores de pesadillas de la literatura, vio. Un cuadro de Fussele o F\u00fcssli (era su verdadero nombre, pintor suizo del siglo dieciocho) que se llama <em>The Nightmare, La pesadilla<\/em>. Una muchacha est\u00e1 acostada. Se despierta y se aterra porque ve que sobre su vientre se ha acostado un monstruo que es peque\u00f1o, negro y maligno. Ese monstruo es la pesadilla. Cuando F\u00fcssli pint\u00f3 ese cuadro estaba pensando en la palabra <em>Alp<\/em>, en la opresi\u00f3n del elfo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Llegamos ahora a la palabra m\u00e1s sabia y ambigua, el nombre ingl\u00e9s de la pesadilla: <em>the nightmare<\/em>, que significa para nosotros \u201cla yegua de la noche\u201d. Shakespeare la entendi\u00f3 as\u00ed. Hay un verso suyo que dice \u201c<em>I met the night mare<\/em>\u201d, \u201cme encontr\u00e9 con la yegua de la noche\u201d. Se ve que la concibe como una yegua. Hay otro poema que ya dice deliberadamente \u201c<em>the nightmare and her nine foals<\/em>\u201d, \u201cla pesadilla y sus nueve potrillos\u201d, donde la ve como una yegua tambi\u00e9n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero seg\u00fan los etim\u00f3logos &nbsp;la &nbsp;ra\u00edz &nbsp;es&nbsp; distinta. &nbsp;La ra\u00edz &nbsp;ser\u00eda &nbsp;<em>niht &nbsp;mare &nbsp;<\/em>o&nbsp; <em>niht &nbsp;maere<\/em>, &nbsp;el demonio de la noche. El doctor Johnson, en su famoso diccionario, dice que esto corresponde a la mitolog\u00eda &nbsp;n\u00f3rdica &nbsp;\u2014a &nbsp;la &nbsp;mitolog\u00eda &nbsp;sajona, &nbsp;dir\u00edamos &nbsp;nosotros\u2014, &nbsp;que &nbsp;ve &nbsp;a&nbsp; la &nbsp;pesadilla &nbsp;como producida por un demonio; lo cual har\u00eda juego, o ser\u00eda una traducci\u00f3n, quiz\u00e1, del <em>efialtes <\/em>griego o del incubus latino.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hay otra interpretaci\u00f3n que puede servirnos y que har\u00eda que esa palabra inglesa <em>nightmare <\/em>estuviese relacionada &nbsp;con <em>M\u00e4rchen<\/em>, &nbsp;en&nbsp; alem\u00e1n. &nbsp;M\u00e4rchen quiere &nbsp;decir &nbsp;f\u00e1bula, &nbsp;cuento &nbsp;de&nbsp; hadas, ficci\u00f3n; luego, <em>nightmare <\/em>ser\u00eda la ficci\u00f3n de la noche. Ahora bien, el hecho de concebir <em>nightmare <\/em>como \u201cla yegua de la noche\u201d (hay algo de terrible en lo de \u201cyegua de la noche\u201d), fue como un don para V\u00edctor &nbsp;Hugo. &nbsp;Hugo &nbsp;dominaba &nbsp;el &nbsp;ingl\u00e9s &nbsp;y&nbsp; escribi\u00f3 &nbsp;un &nbsp;libro &nbsp;demasiado &nbsp;olvidado &nbsp;sobre Shakespeare. En uno de sus poemas, que est\u00e1 en <em>Les contemplations<\/em>, creo, habla de \u201c<em>le cheval noir de la nuit<\/em>\u201d, \u201cel caballo negro de la noche\u201d, la pesadilla. Sin duda estaba pensando en la palabra inglesa nightmare.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ya que hemos visto estas diversas etimolog\u00edas, tenemos en franc\u00e9s la palabra <em>cauchemar<\/em>, vinculada, sin duda, con la <em>nightmare <\/em>del ingl\u00e9s. En todas ellas hay una idea (voy a volver sobre ellas) de origen demon\u00edaco,&nbsp; la idea de un demonio que causa la pesadilla. Creo que no se trata simplemente de una superstici\u00f3n: creo que puede haber \u2014y estoy hablando con toda ingenuidad y toda sinceridad\u2014, algo verdadero en este concepto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Entremos en la pesadilla, en las pesadillas. Las m\u00edas son siempre las mismas. Yo dir\u00eda que tengo dos pesadillas que pueden llegar a confundirse. &nbsp;Tengo la pesadilla del laberinto y esto se debe, en parte, a un grabado en acero que vi en un libro franc\u00e9s cuando era chico. En ese grabado estaban las siete maravillas del mundo y entre ellas el laberinto de Creta. El laberinto era un gran anfiteatro, un anfiteatro muy alto (y esto se ve\u00eda porque era m\u00e1s alto que los cipreses y que los hombres a su alrededor). En ese edificio cerrado, ominosamente cerrado, hab\u00eda grietas. Yo cre\u00eda (o creo ahora haber cre\u00eddo) cuando era chico, que si tuviera una lupa lo suficientemente fuerte podr\u00eda ver, mirar por una de las grietas del grabado, al Minotauro en el terrible centro del laberinto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mi otra pesadilla es la del espejo. No son distintas, ya que bastan dos espejos opuestos para construir &nbsp;un &nbsp;laberinto. &nbsp;Recuerdo &nbsp;haber &nbsp;visto &nbsp;en &nbsp;la &nbsp;casa &nbsp;de &nbsp;Dora &nbsp;de&nbsp; Alvear, &nbsp;en &nbsp;Belgrano, &nbsp;una habitaci\u00f3n &nbsp;circular &nbsp;cuyas &nbsp;paredes &nbsp;y puertas &nbsp;eran de espejo, &nbsp;de modo &nbsp;que&nbsp; quien entraba &nbsp;en esa habitaci\u00f3n estaba en el centro de un laberinto realmente infinito.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Siempre sue\u00f1o con laberintos o con espejos. En el sue\u00f1o del espejo aparece otra visi\u00f3n, otro terror de mis noches, que es la idea de las m\u00e1scaras. Siempre las m\u00e1scaras me dieron miedo. Sin duda sent\u00ed en la infancia que si alguien usaba una m\u00e1scara estaba ocultando algo horrible. A veces (\u00e9stas son mis pesadillas m\u00e1s terribles) me veo reflejado en un espejo, pero me veo reflejado con una m\u00e1scara. Tengo miedo de arrancar la m\u00e1scara porque tengo miedo de ver mi verdadero rostro, que imagino atroz. Ah\u00ed puede estar la lepra o el mal o algo m\u00e1s terrible que cualquier imaginaci\u00f3n m\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Un rasgo curioso en mis pesadillas, no s\u00e9 si ustedes lo comparten conmigo, es que tienen una topograf\u00eda exacta. Yo, por ejemplo, siempre sue\u00f1o con esquinas determinadas de Buenos Aires. Tengo la esquina de Laprida y Arenales o la de Balcarce y Chile. S\u00e9 exactamente d\u00f3nde estoy y s\u00e9 que debo dirigirme a alg\u00fan lugar lejano. Estos lugares en el sue\u00f1o tienen una topograf\u00eda precisa pero son completamente distintos. Pueden ser desfiladeros, pueden ser ci\u00e9nagas, pueden ser junglas, eso no importa: yo s\u00e9 que estoy exactamente en tal esquina de Buenos Aires. Trato de encontrar mi camino.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Como quiera que sea, en las pesadillas lo importante no son las im\u00e1genes. &nbsp;Lo importante, como &nbsp;Coleridge &nbsp;\u2014decididamente &nbsp;estoy &nbsp;citando &nbsp;a&nbsp; los &nbsp;poetas\u2014 &nbsp;descubri\u00f3, &nbsp;es &nbsp;la &nbsp;impresi\u00f3n &nbsp;que producen los sue\u00f1os. Las im\u00e1genes son lo de menos, son efectos. Ya dije al principio que hab\u00eda le\u00eddo muchos tratados de psicolog\u00eda en los que no encontr\u00e9 textos de poetas, que son singularmente iluminativos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Veamos &nbsp;uno de Petronio. &nbsp;Una l\u00ednea &nbsp;de Petronio &nbsp;citada &nbsp;por Addison. &nbsp;Dice&nbsp; que&nbsp; el alma, cuando &nbsp;est\u00e1&nbsp; libre &nbsp;de la carga &nbsp;del cuerpo, &nbsp;juega. &nbsp;\u201cEl alma, &nbsp;sin el cuerpo, &nbsp;juega.\u201d &nbsp;Por su parte, G\u00f3ngora, en un soneto, expresa con exactitud la idea de que los sue\u00f1os y la pesadilla, desde luego, son ficciones, son creaciones literarias:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\"><em>El sue\u00f1o, autor de representaciones,<\/em> <br><em>en su teatro sobre el viento armado <\/em><br><em>sombras suele vestir de bulto bello.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El sue\u00f1o es una representaci\u00f3n. La idea la retom\u00f3 Addison a principios del siglo dieciocho en un excelente art\u00edculo publicado en la revista <em>The Expectator<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">He citado a Thomas Browne. Dice que los sue\u00f1os nos dan una idea de la excelencia del alma, ya que el alma est\u00e1 libre del cuerpo y da en jugar y so\u00f1ar. Cree que el alma goza de libertad. Y Addison dice que, efectivamente, el alma, cuando est\u00e1 libre de la traba del cuerpo, imagina, y puede &nbsp;imaginar &nbsp;con &nbsp;una &nbsp;facilidad &nbsp;que &nbsp;no &nbsp;suele &nbsp;tener &nbsp;en&nbsp; la &nbsp;vigilia. &nbsp;Agrega &nbsp;que &nbsp;de &nbsp;todas &nbsp;las operaciones del alma (de la mente, dir\u00edamos ahora, ahora no usamos la palabra alma), la m\u00e1s dif\u00edcil es la invenci\u00f3n. &nbsp;Sin embargo, en el sue\u00f1o inventamos&nbsp; de un modo tan r\u00e1pido que equivocamos nuestro pensamiento con lo que estamos inventando.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">So\u00f1amos leer un libro y la verdad es que estamos inventando cada una de las palabras del libro, pero no nos damos cuenta y lo tomamos por ajeno. He notado en muchos sue\u00f1os ese trabajo previo, digamos, ese trabajo de preparaci\u00f3n de las cosas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Recuerdo cierta pesadilla que tuve. Ocurri\u00f3, lo s\u00e9, en la calle Serrano, creo que en Serrano y Soler, salvo que no parec\u00eda Serrano y Soler, el paisaje era muy distinto: pero yo sab\u00eda que era en la vieja calle Serrano, de Palermo.&nbsp; Me encontraba &nbsp;con un amigo, un amigo que ignoro: lo ve\u00eda y estaba muy cambiado. Yo nunca hab\u00eda visto su cara pero sab\u00eda que su cara no pod\u00eda ser \u00e9sa. Estaba muy cambiado, muy triste. Su rostro estaba cruzado por la pesadumbre, por la enfermedad, quiz\u00e1 por la culpa. Ten\u00eda la mano derecha dentro del saco (esto es importante para el sue\u00f1o). No pod\u00eda verle la mano, que ocultaba del lado del coraz\u00f3n. Entonces lo abrac\u00e9, sent\u00ed que necesitaba que lo ayudara: \u201cPero, mi pobre Fulano, \u00bfqu\u00e9 te ha pasado? \u00a1Qu\u00e9 cambiado est\u00e1s!\u201d Me respondi\u00f3: \u201cS\u00ed, estoy muy cambiado\u201d. Lentamente fue sacando la mano. Pude ver que era la garra de un p\u00e1jaro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lo extra\u00f1o es que desde el principio el hombre ten\u00eda la mano escondida. Sin saberlo, yo hab\u00eda preparado esa invenci\u00f3n: que el hombre tuviera una garra de p\u00e1jaro y que viera lo terrible del cambio, lo terrible de su desdicha, ya que estaba convirti\u00e9ndose en un p\u00e1jaro. Tambi\u00e9n ocurre en los sue\u00f1os: nos preguntan algo y no sabemos qu\u00e9 contestar, nos dan la respuesta y quedamos at\u00f3nitos. La contestaci\u00f3n puede ser absurda, pero es exacta en el sue\u00f1o. Todo lo hab\u00edamos preparado. Llego a la conclusi\u00f3n, ignoro si es cient\u00edfica, de que los sue\u00f1os son la actividad est\u00e9tica m\u00e1s antigua.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sabemos que los animales sue\u00f1an. Hay versos latinos en los que se habla del lebrel que ladra tras &nbsp;la &nbsp;liebre &nbsp;que &nbsp;persigue &nbsp;en&nbsp; sue\u00f1os. &nbsp;Tendr\u00edamos &nbsp;en&nbsp; los&nbsp; sue\u00f1os, &nbsp;pues, &nbsp;la&nbsp; m\u00e1s &nbsp;antigua &nbsp;de &nbsp;las actividades &nbsp;est\u00e9ticas; &nbsp;muy &nbsp;curiosa &nbsp;porque &nbsp;es &nbsp;de &nbsp;orden &nbsp;dram\u00e1tico. &nbsp;Quiero &nbsp;agregar &nbsp;lo&nbsp; que &nbsp;dice Addison (confirmando, sin saberlo, a G\u00f3ngora) sobre el sue\u00f1o, autor de representaciones. Addison observa que en el sue\u00f1o somos el teatro, el auditorio, los actores, el argumento, las palabras que o\u00edmos. Todo lo hacemos de modo inconsciente y todo tiene una vividez que no suele tener en la realidad. Hay personas que tienen sue\u00f1os d\u00e9biles, inseguros (al menos, as\u00ed me lo dicen). Mis sue\u00f1os son muy vividos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Volvamos &nbsp;a&nbsp; Coleridge. &nbsp;Dice &nbsp;que &nbsp;no &nbsp;importa &nbsp;lo &nbsp;que &nbsp;so\u00f1amos, &nbsp;que &nbsp;el&nbsp; sue\u00f1o &nbsp;busca explicaciones. Toma un ejemplo: aparece un le\u00f3n aqu\u00ed y todos sentimos miedo: el miedo ha sido causado &nbsp;por la imagen del le\u00f3n. O bien: estoy acostado, &nbsp;me despierto, &nbsp;veo que un animal est\u00e1 sentado encima de m\u00ed, y siento miedo. Pero en el sue\u00f1o puede ocurrir lo contrario. Podemos sentir la opresi\u00f3n y \u00e9sta busca una explicaci\u00f3n. Entonces yo, absurdamente, pero vividamente, sue\u00f1o que una esfinge se me ha acostado encima. La esfinge no es la causa del terror, es una explicaci\u00f3n de la opresi\u00f3n sentida. Coleridge agrega que personas a las que se ha asustado con un falso fantasma se han vuelto locas. En cambio, una persona que sue\u00f1a con un fantasma, se despierta y al cabo de algunos minutos, o algunos segundos, puede recuperar la tranquilidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Yo he tenido \u2014y tengo\u2014 muchas pesadillas. A la m\u00e1s terrible, la que me pareci\u00f3 la m\u00e1s terrible, la us\u00e9 para un soneto. Fue as\u00ed: yo estaba en mi habitaci\u00f3n; amanec\u00eda (posiblemente \u00e9sa era la hora en el sue\u00f1o), y al pie de la cama estaba un rey, un rey muy antiguo, y yo sab\u00eda en el sue\u00f1o que ese rey era un rey del Norte, de Noruega. No me miraba: fijaba su mirada ciega en el cielorraso. Yo sab\u00eda que era un rey muy antiguo porque su cara era imposible ahora. Entonces sent\u00ed el terror de esa presencia. Ve\u00eda al rey, ve\u00eda su espada, ve\u00eda su perro. Al cabo, despert\u00e9. Pero segu\u00ed viendo al rey durante un rato, porque me hab\u00eda impresionado. Referido, mi sue\u00f1o es nada; so\u00f1ado, fue terrible.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Quiero referirles una pesadilla que en estos d\u00edas me cont\u00f3 Susana Bomba!. No s\u00e9 si contada tendr\u00e1 efecto; posiblemente, no. Ella so\u00f1\u00f3 que estaba en una habitaci\u00f3n abovedada, la parte superior en tinieblas. &nbsp;De la tiniebla&nbsp; ca\u00eda una tela negra deshilacliada. &nbsp;Ella ten\u00eda en la mano unas tijeras grandes, algo inc\u00f3modas. Ten\u00eda que cortar las hilachas que pend\u00edan de la tela y que eran muchas. Lo que ella ve\u00eda abarcar\u00eda un metro y medio de ancho y un metro y medio de largo, y luego se perd\u00eda en las tinieblas superiores. Cortaba y sab\u00eda que nunca llegar\u00eda al fin. Y tuvo la sensaci\u00f3n de horror que es la pesadilla, porque la pesadilla es, ante todo, la sensaci\u00f3n del horror.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">He contado dos pesadillas verdaderas y ahora voy a contar dos pesadillas de la literatura, que posiblemente\u00a0 fueron verdaderas tambi\u00e9n. En la conferencia anterior habl\u00e9 de Dante, me refer\u00ed al <em>nobile castello <\/em>del Infierno. Refiere Dante c\u00f3mo \u00e9l, guiado por Virgilio, llega al primer c\u00edrculo y ve que Virgilio palidece. Piensa: si Virgilio palidece al entrar al Infierno, que es su morada eterna, \u00bfc\u00f3mo no he yo de sentir miedo? Se lo dice a Virgilio, que est\u00e1 aterrado. Pero Virgilio lo urge: \u201cYo ir\u00e9 delante\u201d. Entonces llegan, y llegan inesperadamente, \u00a0porque se oyen, adem\u00e1s, infinitos ayes; pero ayes que no son de dolor f\u00edsico, son ayes que significan algo m\u00e1s grave.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Llegan a un noble castillo, a un <em>nobile castello<\/em>. Est\u00e1 ce\u00f1ido por siete murallas que pueden ser &nbsp;las &nbsp;siete &nbsp;artes &nbsp;liberales &nbsp;del &nbsp;<em>trivium &nbsp;<\/em>y &nbsp;del &nbsp;<em>cuadrivium &nbsp;<\/em>o&nbsp; las &nbsp;siete &nbsp;virtudes; &nbsp;no &nbsp;importa. Posiblemente, &nbsp;Dante sinti\u00f3 que la cifra era m\u00e1gica. Bastaba con esa cifra que tendr\u00eda, sin duda, muchas justificaciones. Se habla asimismo de un arroyo que desaparece y de un fresco prado, que tambi\u00e9n desaparece. Cuando se acercan, lo que ven es esmalte. Ven, no el pasto, que es una cosa viva, sino una cosa muerta. Avanzan hacia ellos cuatro sombras, que son las sombras de los grandes poetas de la Antig\u00fcedad.&nbsp; Ah\u00ed est\u00e1 Homero, espada en mano; ah\u00ed esta Ovidio, est\u00e1 Lucano, est\u00e1 Horacio. Virgilio le dice que salude a Homero, a quien Dante tanto reverenci\u00f3 y nunca ley\u00f3. Y le dice: <em>honorate l\u2019altissimo poeta<\/em>. Homero avanza, espada en mano, y admite a Dante como el sexto en su compa\u00f1\u00eda. Dante, que no ha escrito todav\u00eda la <em>Comedia<\/em>, porque la est\u00e1 escribiendo en ese momento, se sabe capaz de escribirla.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Despu\u00e9s le dicen cosas que no conviene repetir. Podemos pensar en un pudor del florentino, pero creo que hay una raz\u00f3n m\u00e1s honda. Habla de quienes habitan el noble castillo: all\u00ed est\u00e1n las grandes sombras de los paganos, de los musulmanes &nbsp;tambi\u00e9n: todos hablan lenta y suavemente, tienen rostros de gran autoridad, pero est\u00e1n privados de Dios. Ah\u00ed est\u00e1 la ausencia de Dios, ellos saben que est\u00e1n condenados a ese eterno castillo, a ese castillo eterno y decoroso, pero terrible.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Est\u00e1 Arist\u00f3teles, el maestro de quienes saben. Est\u00e1n los fil\u00f3sofos presocr\u00e1ticos, est\u00e1 Plat\u00f3n, est\u00e1 tambi\u00e9n, solo y aparte, el gran sult\u00e1n Saladino. Est\u00e1n todos aquellos grandes paganos que no pudieron ser salvados porque les faltaba el bautismo, que no pudieron ser salvados por Cristo, de quien Virgilio habla pero a quien no puede nombrar en el Infierno: lo llama un poderoso. Podr\u00edamos pensar que Dante no hab\u00eda descubierto &nbsp;a\u00fan su talento dram\u00e1tico, &nbsp;no sab\u00eda a\u00fan que pod\u00eda hacer hablar a sus personajes. Podr\u00edamos lamentar que Dante no nos repita las grandes palabras, sin duda dignas, que Homero, esa gran sombra, le dijo con la espada en la mano. Pero tambi\u00e9n podemos sentir que Dante comprendi\u00f3 que era mejor que todo fuera silencioso, que todo fuera terrible en el castillo. Hablan con las grandes sombras. Dante las enumera: habla de S\u00e9neca, de Plat\u00f3n, de Arist\u00f3teles, de Saladino, de Averroes. Los menciona y no hemos o\u00eddo una sola palabra. Es mejor que as\u00ed sea.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Yo dir\u00eda que si pensamos en el Infierno, el infierno no es una pesadilla; es simplemente una c\u00e1mara de tortura. Ocurren cosas atroces, pero no hay el ambiente de pesadilla que hay en el \u201cnoble castillo\u201d. Eso lo ofrece Dante, quiz\u00e1 por primera vez en la literatura.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hay&nbsp; otro &nbsp;ejemplo, &nbsp;que &nbsp;fue &nbsp;elogiado &nbsp;por &nbsp;De &nbsp;Quincey. &nbsp;Est\u00e1 &nbsp;en&nbsp; el libro &nbsp;segundo &nbsp;de &nbsp;<em>The<\/em> <em>Prelude<\/em>, de Wordsworth. Dice Wordsworth que estaba preocupado \u2014esta preocupaci\u00f3n es rara, si pensamos que escrib\u00eda a principios del siglo diecinueve\u2014 por el peligro que corr\u00edan las artes y las ciencias, que estaban a merced de un cataclismo c\u00f3smico cualquiera. En aquel tiempo no se pensaba en esos cataclismos; ahora podemos pensar que toda la obra de la humanidad, la humanidad misma, puede &nbsp;ser destruida &nbsp;en cualquier &nbsp;momento. &nbsp;Pensamos &nbsp;en la bomba&nbsp; at\u00f3mica. &nbsp;Bien; Wordsworth cuenta que convers\u00f3 con un amigo. Pens\u00f3: \u00a1que horror, qu\u00e9 horror pensar que las grandes obras de la humanidad, que las ciencias, que las artes est\u00e9n a merced de un cataclismo c\u00f3smico cualquiera! El amigo le confiesa que tambi\u00e9n \u00e9l ha sentido ese temor. Y Wordsworth le dice: he so\u00f1ado eso&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y ahora viene el sue\u00f1o que me parece la perfecci\u00f3n de la pesadilla, porque ah\u00ed est\u00e1n los dos elementos de la pesadilla: episodios de malestares f\u00edsicos, de una persecuci\u00f3n,&nbsp; y el elemento del horror, de lo sobrenatural. Wordsworth nos dice que estaba en una gruta frente al mar, que era la hora del mediod\u00eda, que estaba leyendo en el <em>Quijote<\/em>, uno de sus libros preferidos, las aventuras del caballero andante que Cervantes historia. No lo menciona directamente, pero ya sabemos de qui\u00e9n se trata. Agrega: \u201cDej\u00e9 el libro, me puse a pensar; pens\u00e9, precisamente, en el tema de las ciencias y las artes y luego lleg\u00f3 la hora.\u201d La poderosa hora del mediod\u00eda, del bochorno del mediod\u00eda, en que Wordsworth, &nbsp;sentado &nbsp;en su gruta frente &nbsp;al mar (alrededor &nbsp;est\u00e1n&nbsp; la playa, &nbsp;las arenas amarillas), recuerda: \u201cEl sue\u00f1o se apoder\u00f3 de m\u00ed y entr\u00e9 en el sue\u00f1o\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se ha quedado dormido en la gruta, frente al mar, entre las arenas doradas de la playa. En el sue\u00f1o lo cerca la arena, un Sahara de arena negra. No hay agua, no hay mar. Est\u00e1 en el centro del desierto \u2014en el desierto se est\u00e1 siempre en el centro\u2014 y est\u00e1 horrorizado &nbsp;pensando qu\u00e9 puede hacer para huir del desierto, cuando ve que a su lado hay alguien. Extra\u00f1amente, es un \u00e1rabe de la tribu de los beduinos, que cabalga sobre un camello y tiene en la mano derecha una lanza. Bajo el brazo izquierdo tiene una piedra; y en la mano un caracol. El \u00e1rabe le dice que su misi\u00f3n es salvar las &nbsp;artes &nbsp;y las &nbsp;ciencias &nbsp;y&nbsp; le &nbsp;acerca &nbsp;el caracol &nbsp;al &nbsp;o\u00eddo; &nbsp;el caracol &nbsp;es &nbsp;de &nbsp;extraordinaria &nbsp;belleza. Wordsworth (\u201cen un idioma que yo no conoc\u00eda pero que entend\u00ed\u201d) nos dice que oy\u00f3 la profec\u00eda: una suerte de oda apasionada, profetizando que la Tierra estaba a punto de ser destruida por el diluvio que la ira de Dios env\u00eda. El \u00e1rabe le dice que es verdad, que el diluvio se acerca, pero que \u00e9l tiene una misi\u00f3n: salvar el arte y las ciencias.&nbsp; Le muestra la piedra. Y la piedra es, curiosamente, &nbsp;la Geometr\u00eda &nbsp;de Euclides, &nbsp;sin dejar de ser una piedra. Luego le acerca el caracol, &nbsp;y el caracol es tambi\u00e9n un libro: es el que le ha dicho esas cosas terribles. El caracol es, adem\u00e1s, toda la poes\u00eda del mundo, incluso, \u00bfpor qu\u00e9 no?, el poema de Wordsworth. &nbsp;El beduino le dice: \u201cTengo que salvar estas dos cosas, la piedra y el caracol, ambos libros\u201d. Vuelve hacia atr\u00e1s la cara y hay un momento en que ve Wordsworth que el rostro del beduino cambia, se llena de horror. \u00c9l tambi\u00e9n mira hacia atr\u00e1s y ve una gran luz, una luz que ya ha inundado la mitad del desierto. Es la de las aguas del diluvio que va a destruir la Tierra. El beduino se aleja y Wordsworth ve que el beduino tambi\u00e9n es Don <em>Quijote <\/em>y el camello tambi\u00e9n es Rocinante, y que de igual modo que la piedra es un libro y el caracol un libro, el beduino es Don <em>Quijote <\/em>y no es ninguna de las dos cosas y las dos cosas a un tiempo. Esta dualidad corresponde al horror del sue\u00f1o. Wordsworth, en ese momento, despierta en un grito de terror, porque&nbsp; las aguas ya lo alcanzan. &nbsp;Creo que esta pesadilla &nbsp;es una de las m\u00e1s hermosas de la literatura. Podemos derivar dos conclusiones, al menos durante el transcurso de esta noche; ya despu\u00e9s cambiar\u00e1 nuestra opini\u00f3n. La primera es que los sue\u00f1os son una obra est\u00e9tica, quiz\u00e1 la expresi\u00f3n est\u00e9tica m\u00e1s antigua. Torna una forma extra\u00f1amente dram\u00e1tica, ya que somos, como dijo Addison, el teatro, el espectador, los actores, la f\u00e1bula. La segunda se refiere al horror de la pesadilla. Nuestra vigilia abunda en momentos terribles: todos sabemos que hay momentos en que nos abruma la realidad. Ha muerto una persona querida, una persona querida nos ha dejado, son tantos los motivos de tristeza, de desesperaci\u00f3n&#8230;&nbsp; Sin embargo, esos motivos no se parecen a la pesadilla; &nbsp;la pesadilla&nbsp; tiene un horror peculiar&nbsp; y ese horror peculiar&nbsp; puede expresarse &nbsp;mediante cualquier&nbsp; &nbsp;f\u00e1bula.&nbsp; &nbsp;Puede&nbsp; &nbsp;expresarse&nbsp; &nbsp;mediante&nbsp; &nbsp;el &nbsp;beduino&nbsp; &nbsp;que &nbsp;tambi\u00e9n&nbsp; &nbsp;es &nbsp;Don &nbsp;<em>Quijote&nbsp;&nbsp; <\/em>en Wordsworth; mediante las tijeras y las hilachas, mediante mi sue\u00f1o del rey, mediante las pesadillas famosas de Poe. Pero hay algo: es el <em>sabor <\/em>de la pesadilla. En los tratados que he consultado no se habla de ese horror.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Aqu\u00ed tendr\u00edamos la posibilidad&nbsp; de una interpretaci\u00f3n &nbsp;teol\u00f3gica,&nbsp; lo que vendr\u00eda a estar de acuerdo con la etimolog\u00eda. Tomo cualquiera de las palabras: digamos, incubus, latina, o <em>nightmare<\/em>, sajona, o Alp, alemana. Todas sugierean algo sobrenatural. Pues bien. \u00bfY si las pesadillas fueran estrictamente &nbsp;sobrenaturales?\u00bfSi &nbsp;las pesadillas &nbsp;fueran &nbsp;grietas&nbsp; del infierno? &nbsp;\u00bfSi en las pesadillas estuvi\u00e9ramos literalmente en el infierno? \u00bfPor qu\u00e9 no? Todo es tan raro que aun eso es posible.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En 1977, Jorge Luis Borges ofreci\u00f3 una conferencia en el teatro Coliseo de Buenos Aires llamada \u00abLa Pesadilla\u00bb, que posteriormente fue publicada en Borges, Jorge Luis (1992). Siete Noches. M\u00e9xico: Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, la cual re\u00fane \u00e9sta y otras &hellip; <a href=\"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/la-pesadilla-jorge-luis-borges\/\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-7933","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-sin-categoria"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7933","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=7933"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7933\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":7947,"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7933\/revisions\/7947"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=7933"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=7933"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=7933"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}