{"id":7383,"date":"2020-09-16T21:22:39","date_gmt":"2020-09-16T21:22:39","guid":{"rendered":"http:\/\/www.adepac.org\/inicio\/?p=7383"},"modified":"2020-09-27T17:04:26","modified_gmt":"2020-09-27T17:04:26","slug":"la-verguenza-y-los-origenes-del-autoestima-prologo-mario-jacobi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/la-verguenza-y-los-origenes-del-autoestima-prologo-mario-jacobi\/","title":{"rendered":"La verg\u00fcenza y los or\u00edgenes de la autoestima (Pr\u00f3logo) &#8211; Mario Jacobi"},"content":{"rendered":"\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/www.adepac.org\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/Jacobi-Mario.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-7387\" width=\"321\" height=\"281\"\/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote has-text-align-center is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>Mario Jacoby (Leipzig, Alemania, 1925 &#8211; 1 de octubre de 2011), analista junguiano, profesor y exmiembro del Curatorium de C.G. &nbsp;Instituto Jung en Zurich. &nbsp;Autor de numerosos art\u00edculos y libros sobre psicolog\u00eda anal\u00edtica, tales como <em>El encuentro anal\u00edtico<\/em>, obra traducida al espa\u00f1ol. El siguiente documento es el \u00abPr\u00f3logo\u00bb de su libro <em>Shame and the Origins of Self-Esteem<\/em>. London and New York: Routledge, 1991, el cual se puede adquirir en <a href=\"https:\/\/www.amazon.com\/\">Amazon.<\/a><\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>______________________________________________<\/strong><br><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\">Traducci\u00f3n del ingl\u00e9s por Juan Carlos Alonso G.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>PR\u00d3LOGO&nbsp;<\/strong><br><\/p>\n\n\n\n<p>No fue otro que Georges Simenon, creador del magistral detective Maigret, quien me trajo a la mente por qu\u00e9 me interesa compartir con otros mis luchas con el tema de la \u00absombra\u00bb de la verg\u00fcenza. &nbsp;Me di cuenta cuando le\u00ed lo siguiente:&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>Todos tienen un lado oscuro del cual est\u00e1n m\u00e1s o menos avergonzados. &nbsp;Pero cuando veo a alguien que se parece a m\u00ed, que comparte los mismos s\u00edntomas, la misma verg\u00fcenza y las mismas batallas internas, me digo a m\u00ed mismo, as\u00ed que no estoy solo en esto, no soy un monstruo. &nbsp;<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p>Simenon, un maestro de la psicolog\u00eda y autor consumado del suspenso, me ayud\u00f3 a ver que un libro sobre la verg\u00fcenza podr\u00eda incluso ser un tipo de \u00abpsicoterapia\u00bb, no solo para el autor, como suele ser el caso, sino quiz\u00e1s tambi\u00e9n para sus lectores. &nbsp;Ahora, soy esc\u00e9ptico con respecto a los libros que se venden a los lectores con la atractiva promesa de hacerlos m\u00e1s felices, m\u00e1s saludables o m\u00e1s sabios. &nbsp;Tales logros requieren una verdadera psicoterapia, que presupone un encuentro entre dos personas en carne y hueso. Aun as\u00ed, mientras le\u00eda las l\u00edneas de Simenon me encontr\u00e9 pensando que tal vez las personas plagadas de verg\u00fcenza podr\u00edan encontrar cierta liberaci\u00f3n al escuchar sobre otros que sufren tormentos similares o se consuelan al saber que no est\u00e1n solos. &nbsp;Ciertamente, el deseo de ocultar la propia verg\u00fcenza (y aquello de lo que uno se averg\u00fcenza) es una caracter\u00edstica humana universal. &nbsp;La verg\u00fcenza nos hace querer hundirnos en el suelo, meternos en un agujero y morir. &nbsp;Y luego estamos realmente solos. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Hace tiempo que me pregunto por qu\u00e9 se ha escrito tan poco sobre el tema de la verg\u00fcenza desde la perspectiva de la psicolog\u00eda profunda. &nbsp;Hultberg expres\u00f3 la misma perplejidad en 1988 en un ensayo titulado \u00abVerg\u00fcenza: una emoci\u00f3n oculta\u00bb. &nbsp;Pero investigando m\u00e1s, descubr\u00ed que varias publicaciones relevantes han aparecido en ingl\u00e9s, especialmente en los Estados Unidos. &nbsp;Esto me parece de gran inter\u00e9s y digno de menci\u00f3n en mi bibliograf\u00eda (Kaufman 1989, Lynd 1961, Tomkins 1987, Lewis 1971, 1987a, 1987b, Miller 1985, Nathanson 1987, Izard 1977, Sidoli 1988, Wharton 1990 y otros). &nbsp;Una monograf\u00eda psicoanal\u00edtica de Leon Wurmser titulada <em>The Mask of Shame<\/em> [<em>La m\u00e1scara de la verg\u00fcenza<\/em>] (1981) merece una menci\u00f3n especial. Contiene una gran cantidad de ideas profundas y sutiles sobre la din\u00e1mica inconsciente de la verg\u00fcenza y lo recomiendo muy especialmente a cualquiera que conozca el pensamiento y la terminolog\u00eda psicoanal\u00edtica. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>A\u00fan as\u00ed, que yo sepa, no existe actualmente ning\u00fan libro como el que estoy presentando. Al escribirlo, deliberadamente me permit\u00ed ser guiado por preocupaciones subjetivas propias de mi \u00abecuaci\u00f3n personal\u00bb. Porque es solo presentando lo que tiene sentido para m\u00ed, que puedo hablar con otros de manera convincente y cre\u00edble.&nbsp;En el transcurso de muchos a\u00f1os como psicoterapeuta y analista junguiano, me ha quedado claro que la verg\u00fcenza ocupa un lugar central en nuestra experiencia emocional. Por lo tanto, a menudo he reflexionado sobre el estado de verg\u00fcenza en la red de nuestra existencia psicosocial en su conjunto. He observado varios &nbsp;matices emocionales de verg\u00fcenza en m\u00ed, en mis amigos y en mis pacientes. Los sufr\u00ed yo mismo, o los sufr\u00ed de manera indirecta y emp\u00e1tica con otros, antes de intentar analizarlos y adaptarlos a un marco psicol\u00f3gico. Naturalmente, tambi\u00e9n he le\u00eddo y he sido inspirado por los trabajos de varios especialistas. En el presente libro, sin embargo, tengo la intenci\u00f3n de mencionar solo aquellos puntos de vista que han sido m\u00e1s significativos para m\u00ed, personal y profesionalmente.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La verg\u00fcenza tiene muchas variaciones, una familia completa de afectos. Incluye no solo sentimientos de inferioridad y humillaci\u00f3n, sino tambi\u00e9n timidez, inhibici\u00f3n, pena, etc\u00e9tera. No siempre es obvio para la persona afectada que sus diferentes sentimientos son variaciones de una \u00fanica emoci\u00f3n de verg\u00fcenza. &nbsp;Adem\u00e1s de experiencias agudas de verg\u00fcenza que la persona afectada identifica como tales, hay experiencias vergonzosas que terminan en sentimientos de ansiedad. &nbsp;Yo llamo a este fen\u00f3meno \u00abverg\u00fcenza-ansiedad\u00bb, y con esto quiero decir el miedo a ser avergonzado, por culpa nuestra, por descuido nuestro, por circunstancias adversas o \u00abreaccionar demasiado fuerte\u00bb con los dem\u00e1s. &nbsp;Creo que estas son las variantes de verg\u00fcenza que uno encuentra con mayor frecuencia, tanto en la vida cotidiana como en la pr\u00e1ctica de la psicoterapia. &nbsp;Por eso le he dado a la verg\u00fcenza-ansiedad un lugar tan central en mis reflexiones. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La verg\u00fcenza est\u00e1 intrincadamente ligada al contexto social de cada uno. Gira en torno a la cuesti\u00f3n de qu\u00e9 respeto gozo ante los ojos de los dem\u00e1s y qu\u00e9 efecto tiene en ellos mi valor como persona. Cuanto m\u00e1s dudo de mi propia val\u00eda, m\u00e1s importantes se vuelven las opiniones de los dem\u00e1s y m\u00e1s sensible estar\u00e9 ante el menor indicio de rechazo. Por lo tanto, he llegado a creer que la falta de confianza y autoestima es la causa principal de la susceptibilidad a la verg\u00fcenza. Cualquier psicoterapia que trabaje esta susceptibilidad debe comenzar tratando con sentimientos deficientes de autoestima. <\/p>\n\n\n\n<p>Al llegar a esta idea, descubr\u00ed que debo sumergirme una vez m\u00e1s en la compleja cuesti\u00f3n de la autoestima y sus or\u00edgenes. Aqu\u00ed mi inter\u00e9s se dirigi\u00f3 principalmente al campo de la moderna investigaci\u00f3n infantil, que demuestra expl\u00edcitamente que existe un fuerte v\u00ednculo entre nuestros sentimientos de autoestima y el sentido de val\u00eda que recibimos de nuestro entorno infantil. Las diversas formas de interacci\u00f3n madre-hijo, tan v\u00edvidamente descritas en la literatura sobre investigaci\u00f3n infantil, me recordaron en cada momento la forma en que mis analizados y yo nos relacionamos. A partir de ah\u00ed, llegu\u00e9 a la conclusi\u00f3n de que hay mucho que aprender de los investigadores infantiles sobre c\u00f3mo entablar un di\u00e1logo terap\u00e9utico con personas que sufren trastornos de autoestima. Quisiera agradecer sinceramente a la Sra. Lotte Koehler, M.D., de Munich, por llamarme la atenci\u00f3n sobre estas investigaciones, especialmente sobre el trabajo de Daniel Stern. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Unas palabras sobre mi forma de presentaci\u00f3n: como analista junguiano, comparto con Jung la opini\u00f3n de que una ciencia de la psique nunca puede abarcar suficientemente la riqueza caleidosc\u00f3pica y la complejidad del alma viviente. Ninguna declaraci\u00f3n psicol\u00f3gica puede hacer justicia a tal complejidad. Naturalmente, he hecho todo lo posible para ser lo m\u00e1s claro y concreto posible. Pero, en aras de la verdad psicol\u00f3gica, con demasiada frecuencia me he visto obligado a recurrir a expresiones calificativas como \u00abpodr\u00eda\u00bb, \u00abposiblemente\u00bb, \u00abquiz\u00e1s\u00bb, \u00aba menudo\u00bb y \u00abme parece\u00bb. Porque muchas de las configuraciones ps\u00edquicas en discusi\u00f3n \u00abpodr\u00edan\u00bb, \u00abbajo otras circunstancias\u00bb y en \u00abciertas situaciones\u00bb ser bastante diferentes, o interpretadas de manera distinta. Adem\u00e1s, en aras de la legibilidad, he tomado la decisi\u00f3n un poco pasada de moda de no informar en cada oportunidad que estoy pensando y deseo dirigirme a miembros de ambos sexos. Para m\u00ed, este es un supuesto tan b\u00e1sico que no creo que sea necesario imponerlo a la vista del lector en todo momento. Por lo tanto, espero no ser acusado de prejuicios patriarcales por recurrir al pronombre \u00ab\u00e9l\u00bb cuando me refiero a individuos de forma gen\u00e9rica. <\/p>\n\n\n\n<p>A\u00fan me queda expresar mi gratitud: a David Stonestreet, editor de Routledge por alentar la versi\u00f3n en ingl\u00e9s de este libro; a Douglas Whitcher por sus esfuerzos sinceros y cooperativos en la traducci\u00f3n del texto, y a Susan C. Roberts, quien, con sus habilidades editoriales sensibles, lo puso en un estilo de escritura en ingl\u00e9s claro y fluido. Adem\u00e1s, quiero dirigir mi sincero agradecimiento a mis analizados. Sin la oportunidad de aprender de ellos en una relaci\u00f3n rec\u00edproca, no habr\u00eda podido escribir un libro como este. Estoy especialmente agradecido con aquellos que me dieron permiso para describir relatos de sus sesiones de terapia, omitiendo todos los datos innecesarios para proteger su anonimato. Gracias tambi\u00e9n a mi esposa, Doris Jacoby-Guyot, por su inestimable ayuda. De acuerdo con el esp\u00edritu del libro, superar\u00e9 mi falsa verg\u00fcenza para exponer mi gratitud \u00edntima a ella ante el p\u00fablico. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed que teniendo en cuenta la declaraci\u00f3n de Simenon, espero que por todos estos medios haya transmitido cierta comprensi\u00f3n de c\u00f3mo se siente la verg\u00fcenza y la verg\u00fcenza-ansiedad, aquello con lo que est\u00e1n vinculados y c\u00f3mo es posible trabajar con ellos en terapia.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mario Jacoby (Leipzig, Alemania, 1925 &#8211; 1 de octubre de 2011), analista junguiano, profesor y exmiembro del Curatorium de C.G. &nbsp;Instituto Jung en Zurich. &nbsp;Autor de numerosos art\u00edculos y libros sobre psicolog\u00eda anal\u00edtica, tales como El encuentro anal\u00edtico, obra traducida &hellip; <a href=\"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/la-verguenza-y-los-origenes-del-autoestima-prologo-mario-jacobi\/\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-7383","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-sin-categoria"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7383","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=7383"}],"version-history":[{"count":7,"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7383\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":7474,"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7383\/revisions\/7474"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=7383"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=7383"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=7383"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}