{"id":7325,"date":"2020-08-17T23:47:01","date_gmt":"2020-08-17T23:47:01","guid":{"rendered":"http:\/\/www.adepac.org\/inicio\/?p=7325"},"modified":"2020-08-17T23:47:01","modified_gmt":"2020-08-17T23:47:01","slug":"terapia-de-grupo-y-psicologia-analitica-parte-2-edward-whitmont","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/terapia-de-grupo-y-psicologia-analitica-parte-2-edward-whitmont\/","title":{"rendered":"Terapia de grupo y psicolog\u00eda anal\u00edtica (Parte 2) &#8211; Edward Whitmont"},"content":{"rendered":"\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/www.adepac.org\/wp-content\/uploads\/2020\/07\/Whitmont2.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-7326\" width=\"385\" height=\"409\" srcset=\"https:\/\/www.adepac.org\/wp-content\/uploads\/2020\/07\/Whitmont2.jpg 452w, https:\/\/www.adepac.org\/wp-content\/uploads\/2020\/07\/Whitmont2-283x300.jpg 283w\" sizes=\"auto, (max-width: 385px) 100vw, 385px\" \/><figcaption>Edward Whitmont<\/figcaption><\/figure><\/div>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote has-text-align-center is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>Edward C. Whitmont (1912-1998) fue un psicoanalista junguiano y m\u00e9dico home\u00f3pata que introdujo a muchos estadounidenses a los fundamentos de la psicolog\u00eda junguiana. Miembro fundador de la IAAP (Asociaci\u00f3n Internacional de Psicolog\u00eda Anal\u00edtica) y del Instituto CG Jung de Nueva York, fue autor de las obras <em>The Symbolic Quest, Psyche and Substance<\/em> y de <em>Alchemy of Healing<\/em>. Fue traducida al espa\u00f1ol su libro El retorno de la diosa: El aspecto femenino de la personalidad. Nacido en Viena, E. Whitmont recibi\u00f3 su t\u00edtulo de m\u00e9dico de la Universidad de esta ciudad en 1934 y luego emigr\u00f3 a los Estados Unidos pocos a\u00f1os despu\u00e9s. El siguiente art\u00edculo fue tomado de Whitmont, E. (1964). Group Therapy and analytical psychology. <em>Journal of Analytical Psychology<\/em>, January 1964, Volume 9, Issue 1, Pp. 1\u2013101. Debido a su extensi\u00f3n se public\u00f3 en dos partes. Esta es la Parte 2. La Parte 1 se puede encontrar <a href=\"http:\/\/www.adepac.org\/inicio\/terapia-de-grupo-y-psicologia-analitica-parte-1-edward-whitmont\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">AC\u00c1<\/a>.<\/p><p><strong>____________________________________________<\/strong><\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\">Traducido del ingl\u00e9s por Juan Carlos Alonso G.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>EL ARQUETIPO GRUPAL<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Los siguientes sue\u00f1os se produjeron ya sea en respuesta a la conveniencia de agregar la terapia grupal al trabajo individual o en el curso de las primeras exposiciones a la terapia grupal real. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Una paciente so\u00f1\u00f3 que yac\u00eda en un estado de estupor y que al principio no pod\u00eda despertarse para alcanzar y contactar a su analista. &nbsp;La \u00fanica forma en que pod\u00eda ponerse en contacto con \u00e9l era formando parte de una sesi\u00f3n grupal que ten\u00eda lugar en una cueva profunda que se parec\u00eda a una catacumba. Se sinti\u00f3 asombrada, aliviada y supo que estaba a salvo. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Otro paciente so\u00f1\u00f3 que estaba solo por la noche y se encontr\u00f3 mirando un agujero de marmota. &nbsp;A lo lejos vio un grupo amenazador de figuras oscuras detr\u00e1s de un \u00e1rbol. Tem\u00eda que pudieran dispararle. Una luz roja intermitente que apareci\u00f3 desde el grupo detr\u00e1s del \u00e1rbol lo hizo unirse al grupo y, posteriormente, se hizo amigo de ellos. &nbsp;Entonces se encontr\u00f3 junto con las otras personas en una choza en la oscuridad. El Esp\u00edritu Santo entr\u00f3 y lo transform\u00f3 en una monja; cay\u00f3 en una especie de incubaci\u00f3n del sue\u00f1o \u00abcomo la muerte\u00bb, experimentando una gran paz y tranquilidad. Despu\u00e9s de mentir as\u00ed durante lo que le pareci\u00f3 muchos meses, tuvo la sensaci\u00f3n de que se acercaba la primavera y se despert\u00f3. Ahora se encontraba en una iglesia observando la confesi\u00f3n, en silencio, \u00abcon un sentimiento de benevolencia\u00bb. La iglesia se vaci\u00f3 y se uni\u00f3 a una joven pareja, un ni\u00f1o y una ni\u00f1a, que abandonaban la iglesia. El ni\u00f1o desapareci\u00f3 y el so\u00f1ador se convirti\u00f3 nuevamente en hombre y cortej\u00f3 a la ni\u00f1a, de quien se sinti\u00f3 atra\u00eddo. Mientras tomaba su mano, asegurando que la ver\u00eda mucho en el futuro, \u00e9l despert\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>El primer sue\u00f1o representa al grupo&nbsp;en la cueva o catacumba, a la que la paciente asoci\u00f3 con las catacumbas que brindaban refugio y protecci\u00f3n a los primeros cristianos. El grupo terap\u00e9utico se representa aqu\u00ed como el \u00fatero defendido y protector que la salva, le permite contactar al animus en su aspecto psicopompo (el analista) y hace que el an\u00e1lisis funcione. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En el otro sue\u00f1o, el grupo se encuentra inicialmente como una amenaza\u2026 \u201cdetr\u00e1s del \u00e1rbol\u201d. El paciente est\u00e1 frente al agujero de la marmota que representa, seg\u00fan su asociaci\u00f3n, la tendencia a enterrarse en el aislamiento narcisista. El grupo negativamente constelado (que amenaza con disparar) est\u00e1 \u201cdetr\u00e1s del \u00e1rbol\u201d, el cual, \u00abcomo lugar de transformaci\u00f3n y renovaci\u00f3n, tiene un significado materno femenino\u00bb (Jung, 1954, p. 446). El posible significado del grupo todav\u00eda est\u00e1 oculto en la oscuridad de la imagen impersonal de la gran madre. La luz roja intermitente se asoci\u00f3 &nbsp;con la polic\u00eda de tr\u00e1nsito que se hab\u00eda alcanzado a nuestro paciente varias veces y le hab\u00eda ordenado comparecencia por conducir de manera imprudente y peligrosa. Como \u00e9l es consciente de su desprecio por las \u00abreglas de carretera\u00bb de la vida y de la comunidad, y adopta un enfoque positivo de aceptaci\u00f3n de lo que est\u00e1 \u00abdetr\u00e1s del \u00e1rbol\u00bb, la entidad hasta ahora amenazante evoluciona desde el \u00e1rbol y se hace amigo de \u00e9l. Se convierte en la caba\u00f1a protectora en la que recibe el esp\u00edritu, y eventualmente en la iglesia madre protectora donde la transformaci\u00f3n conduce a la purificaci\u00f3n ante Dios (la confesi\u00f3n). Durante esta incubaci\u00f3n transformadora dentro del cuerpo social protector, se vuelve receptivo y dedicado (una monja, seg\u00fan su asociaci\u00f3n), una actitud muy diferente de su actual \u00abconducci\u00f3n temeraria\u00bb habitual. &nbsp;Finalmente, como resultado de la transformaci\u00f3n, el ni\u00f1o se va y as\u00ed se convierte en un hombre, capaz ahora de una relaci\u00f3n madura con el \u00abanima\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Otra paciente so\u00f1\u00f3 despu\u00e9s de su primera sesi\u00f3n grupal que estaba en la habitaci\u00f3n de un amigo (quien &nbsp;tuvo dificultades para afirmar sus propios deseos y necesidades) a quien ella tuvo que ayudar a limpiar la casa. All\u00ed conoci\u00f3 a un grupo de personas que procedieron a ayudar, pero de una manera bastante dominante y desconsiderada. No prestaron atenci\u00f3n a las necesidades de la so\u00f1adora, pero &nbsp;impusieron sus propias nociones de lo que estaba bien o mal, y deber\u00eda hacerse de acuerdo con sus ideas m\u00e1s bien convencionales. La so\u00f1adora dese\u00f3 poder deshacerse de este tipo de ayuda, pero se sinti\u00f3 obligada a aceptarla.<\/p>\n\n\n\n<p>La so\u00f1adora asociaba este tipo de \u00abayuda\u00bb con la de su propia madre, una mujer abiertamente dominante que siempre inst\u00f3 a las actitudes colectivas hacia la so\u00f1adora que supuestamente eran \u00abpor su propio bien\u00bb, pero que no ten\u00edan relaci\u00f3n con sus reales necesidades y naturaleza. La madre negativa a trav\u00e9s de la cual\u2026 la propia individualidad de al so\u00f1adora hab\u00eda sido efectivamente suprimida se muestra proyectada sobre el grupo en este sue\u00f1o. &nbsp;La so\u00f1adora lo expres\u00f3 de la siguiente manera: \u201cMe siento hacia una multitud al igual que hacia mi madre. &nbsp;Cuando ella se ponga en marcha, mejor mantente fuera de su camino o ella te arrastrar\u00e1 hacia abajo. &nbsp;Al igual que con ella, tambi\u00e9n con la multitud, tienes que ir a su ritmo, no al tuyo. O te llevan como h\u00e9roe o te van a rebajar; &nbsp;mi madre me dec\u00eda que era genial y maravilloso o me hac\u00eda pedazos si no lo ve\u00eda a su manera. &nbsp;As\u00ed que, como con ella, har\u00e9 todo lo posible para evitar los grupos de personas\u201d. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Esta paciente era actriz. Su problema era con los compa\u00f1eros actores, directores de escena y el p\u00fablico: sent\u00eda resentimiento o sufr\u00eda una sensaci\u00f3n de p\u00e1nico a ser \u00abtragada\u00bb. &nbsp;Por lo tanto, ten\u00eda que seguir siendo miembro del coro y no pod\u00eda arriesgarse a aceptar las partes en solitario que se le hab\u00edan ofrecido: hacerlo habr\u00eda sido la expresi\u00f3n de un paso hacia la independencia, lejos de la madre, y no pod\u00eda arriesgarse a eso. A menudo la asaltaba el p\u00e1nico y el desmayo en el escenario, sintiendo que su madre la miraba y la censuraba. Este sentimiento de p\u00e1nico aterrador tambi\u00e9n lo descubri\u00f3 en s\u00ed misma mientras estaba sentada en su primera reuni\u00f3n de grupo. Ahora descubri\u00f3 que la amenaza de la madre devoradora se proyectaba y se \u00abtransfer\u00eda\u00bb al grupo, que es el polo opuesto del \u00fatero defensor y transformador de la comunidad protectora; representaba el aspecto del grupo destructor de la individualidad. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Nuestro siguiente ejemplo trata de las formas de enfrentar esta amenaza de la muchedumbre. &nbsp;Hubo una reacci\u00f3n vigorosa por parte del grupo a la actitud de poder en uno de los miembros, que tend\u00eda a identificarse con el arquetipo de l\u00edder-h\u00e9roe e intentaba dominar al grupo; cuando el grupo expres\u00f3 sus sentimientos hacia \u00e9l, se sinti\u00f3 incomprendido, atacado injustamente y \u00abacosado\u00bb. &nbsp;Estuvo de acuerdo en que efectivamente ten\u00eda un problema de poder, lo sab\u00eda por su an\u00e1lisis individual. &nbsp;Pero en lo que respecta a la situaci\u00f3n en el grupo, sinti\u00f3 que no se aplicaba; no pudo verlo. En ese incidente en particular, insisti\u00f3 en que hab\u00eda sido mal entendido y agraviado; como una turba, saltaron sobre \u00e9l y no tuvieron en cuenta sus necesidades particulares. Esto lo perturb\u00f3 y molest\u00f3 tanto que consider\u00f3 abandonar el grupo. Su reacci\u00f3n, bastante desproporcionada con respecto al incidente real, le fue se\u00f1alada como una posible proyecci\u00f3n. Estuvo de acuerdo te\u00f3ricamente, pero todav\u00eda no pod\u00eda \u00abverlo\u00bb realmente. Posteriormente tuvo el siguiente sue\u00f1o: \u00abMi compa\u00f1ero ha sido acusado en un juicio masivo. No se molestan en escuchar su evidencia, pero como est\u00e1 a punto de entregar su espada, le dicen que la guarde; la necesitar\u00e1, porque tiene que establecer su inocencia en una prueba de batalla. Tendr\u00e1 que salir de la multitud corrupta e irreflexiva para unirse a m\u00ed\u201d. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>A la \u00abprueba de la batalla\u00bb, el so\u00f1ador asoci\u00f3 los mitos de Lohengrin y Parsifal, especialmente el juicio por combate \u00fanico en la \u00f3pera Lohengrin de Wagner, en el que Lohengrin, el caballero del Grial, establece en combate solemne la inocencia de la doncella Elsa contra la falsa acusaci\u00f3n de haber asesinado a su hermano por motivos de poder ego\u00edstas.<\/p>\n\n\n\n<p>El sue\u00f1o comienza aparentemente reafirmando la convicci\u00f3n consciente del so\u00f1ador; su integridad interior est\u00e1 amenazada, la multitud lo acusa injustamente. Pero a trav\u00e9s del cambio sutil de la acci\u00f3n sobre el compa\u00f1ero, la sombra positiva, el Lohengrin interno, se hace evidente que lo que se muestra es un evento ps\u00edquico interno; as\u00ed, el sentimiento correspondiente del so\u00f1ador con respecto a la situaci\u00f3n exterior constituye una proyecci\u00f3n. No solo la amenaza de integridad, sino tambi\u00e9n la multitud, est\u00e1 <em>en \u00e9l<\/em>. &nbsp;La turba es esa parte de la psicolog\u00eda de masas a\u00fan no redimida en \u00e9l a trav\u00e9s de la cual todav\u00eda se identifica con la madre, el grupo y el clan. &nbsp;Lo domina como el poder de afecto \u00abm\u00e1gico\u00bb, el tipo de energ\u00eda que he descrito como un impulso b\u00e1sico primordial para el poder, la fuerza emocional entusiasta que hace que el mago-dictador se identifique con las masas que sostiene y la afectividad que provoca (Whitmont, 1957, p. 13). &nbsp;Para la persona impulsada por el poder, los otros no son individuos sino meros objetos, peones, partes de una multitud sin nombre; as\u00ed como \u00e9l no est\u00e1 relacionado con su alma, sino que \u00e9l mismo es un pe\u00f3n indefenso del impulso de la muchedumbre en \u00e9l. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Contra esta amenaza siniestra de poder m\u00e1gico a su individualidad (en la historia de Lohengrin representada por la bruja Ortrud) se invoca el arquetipo de h\u00e9roe. Sin embargo, a trav\u00e9s de su inconsciente, el so\u00f1ador todav\u00eda se identifica con el h\u00e9roe; siente que tiene que luchar por siempre, defender su independencia y evitar la relaci\u00f3n. Y de esta manera \u00e9l seguramente ser\u00e1 v\u00edctima de la multitud regresiva a la que \u00e9l que \u00abno escuchar\u00e1\u00bb. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>El contexto mitol\u00f3gico del mito Parsifal-Grial, al que se\u00f1alaron las asociaciones del so\u00f1ador, hace evidente que el impase solo puede resolverse encontrando la comunidad del Grial, la transformaci\u00f3n del grupo impulsada por el poder en la hermandad de la dedicaci\u00f3n al s\u00ed-mismo (aqu\u00ed representado por el Santo Grial, el recipiente protector y nutritivo materno), que constela el lado positivo del arquetipo del grupo. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Esto se lograr\u00e1 enfrentando a la multitud que no escuchar\u00e1, en una prueba por la batalla con la espada. La espada es la discriminaci\u00f3n masculina que en la prueba no es guiada y dirigida por el yo sino por los valores supra-personales, el s\u00ed-mismo. Este motivo de discriminaci\u00f3n consciente aparece en el mito de Parsifal como la pregunta que \u00e9l deber\u00eda hacer, pero al principio no lo hace debido a su cumplimiento del c\u00f3digo de caballer\u00eda. Le fue ense\u00f1ado por Gurnemanz, quien le proh\u00edbe hacer preguntas. En otras palabras, la lealtad \u00abincuestionable\u00bb a los valores colectivos (posteriormente, su espada se rompe debido a esta identificaci\u00f3n grupal).<\/p>\n\n\n\n<p>De este modo, el inconsciente le pide al so\u00f1ador, como a Parsifal, que luche por la madurez como hombre, al superar el estado m\u00e1gico de <em>puer aeternus<\/em> vinculado a la madre (Heyer, 1952). En lugar de renunciar a la capacidad de realizaci\u00f3n consciente y ceder a sus afectos del grupo que no \u00abescuchar\u00e1\u00bb (entregando su espada), y en lugar de cortar su relaci\u00f3n con el grupo que porta la proyecci\u00f3n de la colectividad, se le pide que se quede, en adelante, para vivenciar la terrible experiencia del juicio grupal y de la transferencia grupal. &nbsp;Es la confrontaci\u00f3n consciente y la relaci\u00f3n individual que transforman a la multitud en la comunidad de individuos. A trav\u00e9s de esta forma de encontrar al grupo, la totalidad de su colectividad amorfa se refracta en sus componentes individuales, como el espectro que resulta de la luz que pasa a trav\u00e9s de un prisma de vidrio; la individualidad surge as\u00ed de la totalidad del grupo amenazador. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Creo que el material anterior proporciona una base adecuada para el postulado de que el elemento determinante en la din\u00e1mica de grupo est\u00e1 constituido por el arquetipo de la gran madre. Tambi\u00e9n en sus manifestaciones grupales podemos discernir los aspectos elementales, protectores, transformadores y devoradores que Neumann (1955) describe como caracter\u00edstico del arquetipo de la madre. El grupo social, como comunidad, clan y familia, funciona como una matriz de vida individual. \u00abLa humanidad no podr\u00eda haberse hecho humana si no fuera en un entorno social\u00bb (Toynbee, 1947, p. 49). &nbsp;El grupo social que lo contiene es tanto un dato elemental objetivo de la experiencia humana como la naturaleza, el clima o el entorno f\u00edsico y el cuerpo. &nbsp;Todos ellos act\u00faan sobre el individuo, pero en el mejor de los casos ceden a su voluntad consciente solo en un grado extremadamente limitado. Como hechos elementales, tendemos a darlos por sentado; lo que significa que permanecemos inconscientes de la forma en que nos afectan, permanecemos en un estado de identidad. Esta identidad adquiere una importancia cr\u00edtica con respecto al aspecto protector que forma parte del car\u00e1cter elemental. Este aspecto ya lo hemos descrito en el sentido instintivo de seguridad, al sentirse parte y \u00abpertenecer\u00bb a una comunidad (el <em>Gemeinschaftsgef\u00fch<\/em> de Adler. el sentimiento comunitario). En su aspecto positivo, proporciona fortaleza y seguridad psicol\u00f3gica, pero inconscientemente, identificado con el refugio protector del grupo, el individuo queda atrapado por sus aspectos devoradores, no menos que por la protecci\u00f3n de la madre y la familia. El resultado es un detenerse regresivo, evitando que el individuo cumpla con su individualidad. La identificaci\u00f3n con lealtades grupales, con ismos, con escuelas de pensamiento, etc. pertenece a la categor\u00eda de estos peligros. Como madre devoradora, el grupo destruye la individualidad a trav\u00e9s de la compulsi\u00f3n masiva, el conformismo y la obsesi\u00f3n m\u00e1gica, el \u00e9xtasis destructivo y la sed de sangre de la psicolog\u00eda de la masa. Las emociones grupales y los lemas grupales pueden asumir un poder \u00abm\u00e1gico\u00bb en forma de psicosis masivas, barriendo la responsabilidad individual en el encanto de la m\u00edstica de la participaci\u00f3n (Whitmont, op. Cit., p. 13). &nbsp;Quien busque refugio de las demandas de su modo individual, regresando a la conformidad masiva no gana en individualidad sino que pierde capacidad de relaci\u00f3n; se convierte en uno de la \u00abmultitud solitaria\u00bb. Solo aquellos que pueden y est\u00e1n dispuestos a seguir el camino del desarrollo a trav\u00e9s de la confrontaci\u00f3n consciente con la \u00abmadre\u00bb pueden ponerse en contacto con el misterio del potencial transformador insinuado en el \u00faltimo sue\u00f1o. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>El aspecto transformador del arquetipo de la madre, estrechamente relacionado con lo anterior, se extiende desde la experiencia del \u00fatero ct\u00f3nico a trav\u00e9s de la transformaci\u00f3n espiritual de los misterios. Neumann comenta que \u00abSi bien los misterios masculinos, en la medida en que no son meras usurpaciones de misterios originalmente femeninos, se representan en gran medida en un espacio espiritual abstracto, los misterios primordiales de lo femenino est\u00e1n conectados m\u00e1s con las realidades pr\u00f3ximas de la vida cotidiana&#8230; En los misterios primordiales, lo femenino, cuya naturaleza hemos intentado discernir en los s\u00edmbolos y funciones de su car\u00e1cter elemental y transformador, asume &nbsp;un papel creativo y se convierte en un factor determinante en la cultura humana temprana&#8230; &nbsp;Los misterios primordiales proyectan un simbolismo ps\u00edquico sobre el mundo real y lo transforman as\u00ed\u00bb (Neumann, op, cit., p. 282). El caldero m\u00e1gico de la transformaci\u00f3n est\u00e1 siempre en la mano de la figura femenina del mana (ibid., p. 288) &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed hemos alcanzado la dimensi\u00f3n de la experiencia irracional de \u00abrealidad\u00bb a la que aludimos anteriormente. Creo que la caracterizaci\u00f3n anterior en lenguaje simb\u00f3lico describe con precisi\u00f3n el car\u00e1cter peculiar de la \u00abconcreci\u00f3n\u00bb matriarcalmente ct\u00f3nica propio de la atm\u00f3sfera de la experiencia anal\u00edtica grupal. Esto est\u00e1&nbsp;en contraste con el \u00abespacio espiritual abstracto\u00bb comparativamente m\u00e1s frecuente en el an\u00e1lisis individual, que es de un car\u00e1cter patriarcal m\u00e1s masculino. Y esta misma atm\u00f3sfera del arquetipo de lo femenino con su numinosidad elemental, protectora y transformadora, que impregna el dinamismo grupal, constituye una poderosa modalidad terap\u00e9utica, cuando se entiende y se relaciona adecuadamente.<\/p>\n\n\n\n<p>En el ejemplo de nuestros sue\u00f1os, el aspecto elemental del arquetipo materno &nbsp;est\u00e1 representado por la cueva, la tumba, el refugio protector y la caba\u00f1a; &nbsp;iglesia, Esp\u00edritu Santo y Grial representan el aspecto positivo y transformador. El grupo amenazador detr\u00e1s del \u00e1rbol, la multitud dominante y la turba corresponden al aspecto devorador de la terrible madre. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Podr\u00eda ser de gran importancia pr\u00e1ctica para la comprensi\u00f3n de la sociolog\u00eda y la psicolog\u00eda din\u00e1mica de los grupos darse cuenta de que, por lo general, los mismos elementos arquet\u00edpicos son determinantes en la relaci\u00f3n de uno con la madre personal y con la sociedad. Tambi\u00e9n es razonable&nbsp;asumir que ese efecto mental afecta la relaci\u00f3n de uno con la sociedad. El siguiente sue\u00f1o es una ilustraci\u00f3n pr\u00e1ctica de esta interrelaci\u00f3n:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEstoy con mi grupo, pero no como miembro del grupo, sino como terapeuta. Se re\u00fanen en la casa de la abuela. &nbsp;Hay demasiadas personas para caber en la sala de estar. No s\u00e9 c\u00f3mo manejar y abordar la situaci\u00f3n del grupo. Finalmente lo hago diciendo: \u2018Esta es la casa donde mi madre creci\u00f3 o viv\u00eda\u2019. &nbsp;La escena cambia y estoy en un teatro en el desierto; el grupo (ahora unas 150 personas o m\u00e1s) se sientan en los niveles superiores al m\u00edo. &nbsp;Luego estoy en un acantilado alto y solitario, estrecho, que apenas los veo debajo de m\u00ed. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Este sue\u00f1o coloca al grupo en la casa de la abuela, es decir, en la esfera (el \u00abcampo de fuerza\u00bb) de la madre arquet\u00edpica. Las asociaciones del paciente, as\u00ed como el desarrollo del sue\u00f1o, mostraron que no pod\u00eda aceptar el papel de miembro del grupo, ten\u00eda que identificarse con el h\u00e9roe, con el terapeuta. En las sesiones grupales reales su participaci\u00f3n fue m\u00ednima. \u00c9l no pudo participar excepto a trav\u00e9s del control y la direcci\u00f3n; tampoco en la relaci\u00f3n interpersonal se comunicaba a menos que pudiera mantener el control. Del mismo modo, en su infancia como el \u00fanico ni\u00f1o, el hijo de la madre, tuvo una especie de posici\u00f3n de control como el peque\u00f1o h\u00e9roe de la madre. Pero ahora descubre que lo que se compromete a controlar, el colectivo social que se coloca en la sala de estar de los padres, es demasiado grande para adaptarse m\u00e1s a su forma acostumbrada de adaptarse a la madre. Su enfoque de la demanda social en t\u00e9rminos de la manera de relacionarse que la madre le ha ense\u00f1ado (\u00abeste es el lugar donde creci\u00f3 la madre\u00bb) es inadecuado. Sus propias asociaciones dejan muy claro el paralelismo: \u00abCon la madre siempre tuve que actuar&nbsp;dramatizando en exceso mis logros para impresionarla y satisfacer sus expectativas, o la menospreciaba, ya que me hizo sentir que era una persona tan superior, diferente de otras personas, y que ella era una persona muy provinciana\u00bb. &nbsp;El sue\u00f1o le muestra que ahora tambi\u00e9n con respecto a la sociedad, act\u00faa o dramatiza (en el teatro) o se a\u00edsla en una inflaci\u00f3n solitaria, siempre, como el <em>puer aeternus<\/em>, esperando satisfacer sus necesidades y neg\u00e1ndose a interactuar excepto en el papel del h\u00e9roe. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Este problema hab\u00eda sido ampliamente discutido en an\u00e1lisis individual con \u00e9l antes en t\u00e9rminos de la relaci\u00f3n con su madre y con las mujeres. Lo que este sue\u00f1o logra es ampliar el alcance del problema de la madre. Expresamente coloca el problema del grupo en el recinto materno. En lugar de madre, el grupo es ahora el espectador de sus dram\u00e1ticas excentricidades en el teatro y, como se identifica con su poder en la roca maternal (Neumann, p. 44), el objeto de su desprecio inflado. Se nos muestra que su adaptaci\u00f3n o mala adaptaci\u00f3n a la madre determina tambi\u00e9n su adaptaci\u00f3n social. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Se puede esperar que la rebeli\u00f3n permanente frustrada contra la madre se exprese en actitudes antisociales fundamentales: tener que desafiar a la sociedad, encontrarse con el organismo social solo donde uno puede dominar y liderar. El <em>puer aeternus<\/em>, a su vez, siempre se identificar\u00e1 con la inflaci\u00f3n de tener que llevar a cabo alguna misi\u00f3n en nombre de la \u00abmadre\u00bb. Es llamado por el papel de caballero del Santo Grial y tiene que llevar la bandera de su iglesia especial, grupo o \u00abismo\u00bb. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>A su vez, el <em>Auseinandersetzung <\/em>fundamental, llegando a un acuerdo con el arquetipo de la gran madre que es indispensable para el proceso de individuaci\u00f3n, no puede considerarse adecuadamente tratado hasta que su proyecci\u00f3n tambi\u00e9n se haya cumplido y elaborado a nivel de la confrontaci\u00f3n con el grupo anal\u00edtico concreto. A esta proyecci\u00f3n del arquetipo de la madre sobre el grupo anal\u00edtico \u2014de hecho, su epifan\u00eda en cualquier grupo o situaci\u00f3n comunitaria\u2014 la llamamos transferencia de grupo. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>LA TRANSFERENCIA GRUPAL<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La experiencia con la transferencia individual ya nos ha dejado en claro que las ilusiones que pone de relieve est\u00e1n formadas por los mismos problemas y&nbsp;dificultades para las cuales el paciente busca an\u00e1lisis en primer lugar. Por lo tanto, solo cuando las ilusiones contenidas en la ra\u00edz de estas dificultades de la vida se \u00abviven en la transferencia y en ning\u00fan otro lugar, se puede encontrar una soluci\u00f3n\u00bb (Fordham, 1957. p. 72). Eso significa que las dificultades deben ser experimentadas, vividas como concretamente presentes en el encuentro muy concreto del an\u00e1lisis, y no simplemente referidas como los eventos del ayer. El trabajo sobre la transferencia tiene que ocurrir en una especie de laboratorio de relaciones que en el an\u00e1lisis individual est\u00e1 compuesto por analista y analizando. Ambos tienen que comprometerse a trabajar concretamente y reaccionar a la proyecci\u00f3n de ilusiones y las dificultades de relaci\u00f3n que se producen en su muy cercano encuentro. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Pero, parad\u00f3jicamente, si bien fue el an\u00e1lisis individual el que nos ense\u00f1\u00f3 esta lecci\u00f3n, tambi\u00e9n es el an\u00e1lisis individual el que m\u00e1s restringe nuestra capacidad de cumplirla, debido a la limitaci\u00f3n de la personalidad de un analista individual en comparaci\u00f3n con la situaci\u00f3n grupal, como he demostrado anteriormente&nbsp;(supra., p. 5). &nbsp;Por lo tanto, los requisitos anteriores no solo se aplican con la misma necesidad al grupo, sino que merecen a\u00fan mayor \u00e9nfasis all\u00ed, porque es en el grupo donde pueden llevarse a la implementaci\u00f3n completa. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Del mismo modo que en la integraci\u00f3n de la transferencia individual se deben cumplir tres requisitos b\u00e1sicos, tambi\u00e9n con respecto a la transferencia grupal: el arquetipo proyectado se debe enfrentar en un encuentro real, real y humanamente v\u00e1lido. Debe buscarse y capturarse como contenido proyectado. Al final, debe realizarse una relaci\u00f3n de sentimiento en cuanto a la unidad interna y al antiguo soporte de proyecci\u00f3n externo. En el caso del grupo, esto significa relacionarse con personas que constituyen el grupo como individuos, que adem\u00e1s de su singularidad, tambi\u00e9n est\u00e1n unidos por el v\u00ednculo mutuo de la conexi\u00f3n y el esfuerzo grupal com\u00fan. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La realidad de la experiencia de la proyecci\u00f3n, la retirada de la proyecci\u00f3n y la integraci\u00f3n requiere la presencia real de escrutinio anal\u00edtico. El solo hecho de mezclarse con grupos, sin analizar con los miembros del grupo las reacciones y contra-reacciones mientras la situaci\u00f3n a\u00fan est\u00e1 \u00abcaliente\u00bb, no sirve al proceso de transformaci\u00f3n con la misma adecuaci\u00f3n, porque las condiciones dos y tres no se cumplen. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Tampoco se cumple el prop\u00f3sito de manera adecuada simplemente discutiendo con el analista fuera del grupo, en la sesi\u00f3n individual, las reacciones de uno ante el grupo. &nbsp;Analista, analizado y los \u00abotros\u00bb deben estar \u00aben\u00bb \u00e9l. &nbsp;De lo contrario, se arriesga a que, ante el impase con el que frecuentemente se encuentra, el inconsciente contin\u00fae se\u00f1alando actitudes defectuosas, pero el analizando no podr\u00e1 \u00abverlas\u00bb, a pesar de que \u00e9l \u00abcomprende\u00bb. Cuando \u00abocurren\u00bb, \u00e9l no ve que \u00abesto es\u00bb a lo que, en t\u00e9rminos generales, se ha referido el sue\u00f1o. Para unir \u00abcomprender\u00bb y \u00abver\u00bb, el deslizamiento inconsciente debe ser se\u00f1alado concretamente en la situaci\u00f3n definida por el socio concreto, un individuo en una situaci\u00f3n particular, un grupo en una situaci\u00f3n colectiva. &nbsp;La elaboraci\u00f3n de la transferencia individual requiere la presencia real del individuo; &nbsp;la transferencia grupal requiere la actividad del grupo. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Te\u00f3ricamente, al menos, me parece probable que el arquetipo de la madre tampoco se considere adecuadamente tratado a menos que se enfrente en la transferencia grupal. Por lo tanto, el an\u00e1lisis grupal no puede ser reemplazado por ning\u00fan proceso anal\u00edtico individual. Debido a la transferencia grupal, constituye una modalidad \u00fanica y espec\u00edfica K. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>COMPLEMENTARIDAD<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Como se constelan diferentes aspectos transferenciales, los an\u00e1lisis grupales e individuales no son convenientemente intercambiables, sino que constituyen modalidades complementarias claramente diferentes. El an\u00e1lisis individual opera en una dimensi\u00f3n cuasi patriarcal con \u00e9nfasis en la comprensi\u00f3n relativamente abstracta, en comparaci\u00f3n con el grupo, como hemos demostrado anteriormente. Predominan los arquetipos de sabidur\u00eda y se proyectan sobre el analista seg\u00fan su sexo. Con esto no se pretende decir, por supuesto, que otros elementos arquet\u00edpicos no est\u00e1n constelados; de hecho, todos sabemos la gran variedad de experiencias arquet\u00edpicas que ocurren en el an\u00e1lisis individual. Pero se puede decir que el arquetipo de la sabidur\u00eda, el del l\u00edder espiritual, los psicopompos, establecen el matiz, el elemento dominante en la atm\u00f3sfera, en el cual la personalidad del analista transmite el proceso de curaci\u00f3n a trav\u00e9s de la ense\u00f1anza y la direcci\u00f3n. Incluso con la analista mujer prevalece este tipo de atm\u00f3sfera. La resoluci\u00f3n de la transferencia conduce predominantemente a la integraci\u00f3n del aspecto de la sabidur\u00eda. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>El grupo, a su vez, lo comparamos con una experiencia m\u00e1s matriarcal con la prevalencia de la experiencia de concreci\u00f3n irracional ct\u00f3nica. La autoridad directiva del analista tiende a retroceder en la interacci\u00f3n m\u00e1s \u00abdemocr\u00e1tica\u00bb de la atm\u00f3sfera grupal. La resoluci\u00f3n de la transferencia conduce aqu\u00ed a la integraci\u00f3n de la demanda terrenal ct\u00f3nica de vivir y de \u00abconectarse con el reino femenino de las realidades pr\u00f3ximas de la vida cotidiana\u00bb. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>El an\u00e1lisis individual constela la dimensi\u00f3n mitol\u00f3gica, el grupo m\u00e1gico. El an\u00e1lisis individual hunde ra\u00edces en la comprensi\u00f3n profunda, establece una comprensi\u00f3n del ego, la sombra y el inconsciente colectivo como una orientaci\u00f3n ps\u00edquica significativa que establece el orden en el caos de la confusi\u00f3n emocional. De este modo crea una posici\u00f3n fundamental de individualidad. El entorno grupal somete esta posici\u00f3n al desaf\u00edo de la realidad concreta y los encuentros colectivos m\u00e1gicos; muestra sus debilidades y aspectos ilusorios cuando es el caso. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Debido a su complementariedad, el an\u00e1lisis grupal y el individual dar\u00e1n mejores resultados cuando puedan apoyarse mutuamente a trav\u00e9s de la realizaci\u00f3n simult\u00e1nea. En mi propia experiencia, comenzar con el an\u00e1lisis individual prepara el analizando d\u00e1ndole una primera comprensi\u00f3n de la din\u00e1mica del inconsciente. El efecto relativo de fortalecimiento del yo de esta comprensi\u00f3n le permite utilizar de manera m\u00e1s adecuada el impacto irracional del encuentro grupal y defenderse ante el impacto potencialmente insoportable y amenazante del yo del arquetipo grupal de la madre. A veces, sin embargo, se puede solicitar el procedimiento contrario. Comenzar con la terapia grupal o con ambas modalidades simult\u00e1neamente puede estar indicado, especialmente en personas con fuertes defensas intelectuales o actitudes impersonales, cuando el an\u00e1lisis individual se empantana desde el principio, frente a una resistencia que pretende comprender todo menos las experiencias y ni los sentimientos. A su vez, una cierta fuerza m\u00ednima del yo es un requisito indispensable para una exposici\u00f3n grupal segura. La falta de esto hace que el participante sea incapaz de defenderse incluso en los intercambios iniciales de encuentros cargados de afecto; el poderoso impacto emocional puede provocar serias reacciones. Antes de la exposici\u00f3n grupal, dicho paciente, en mi opini\u00f3n, se beneficiar\u00eda de una terapia individual suficiente para prepararlo para su posici\u00f3n inicial. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>LA TRANSFERENCIA GRUPAL DEL ANALISTA<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Un aspecto interesante y bastante importante de la transferencia grupal, al que solo se puede aludir brevemente aqu\u00ed, es la reacci\u00f3n del analista al grupo. Un estudio reciente sobre factores emocionales en las actitudes de los analistas hacia el psicoan\u00e1lisis grupal (Locke, 1961) enumera los factores emocionales encontrados con m\u00e1s frecuencia detr\u00e1s de la resistencia del analista a la terapia grupal. Estos son: la necesidad de dominar, el miedo a la participaci\u00f3n, el miedo a la espontaneidad, el miedo a la p\u00e9rdida de importancia y el miedo a la falta de orden. Entre las razones emocionales para preferir la terapia grupal destacan la necesidad de una participaci\u00f3n indirecta, la necesidad de exhibirse, el miedo a la transferencia individual y nuevamente, la necesidad de dominar un grupo. La propia relaci\u00f3n del analista con el arquetipo de la madre \u2013tratando de evadir su poder o intentando conquistarla\u2013 se refleja, en mi opini\u00f3n, en estas reacciones. Cuanto menos haya enfrentado conscientemente el analista estos impulsos en s\u00ed mismo en los encuentros terap\u00e9uticos grupales reales, m\u00e1s estar\u00e1 sujeto a su determinaci\u00f3n inconsciente. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abPara conducir un grupo, el analista debe haber logrado un mayor grado de tolerancia al escrutinio de su propia persona que el requerido en la terapia individual. El psicoan\u00e1lisis grupal es un desaf\u00edo y a menudo produce o subraya la ansiedad en el analista. El analista &nbsp;desprevenido y los conflictos emocionales previamente encapsulados pueden abrirse paso. En este caso, es comprensible que el analista pueda levantar defensas contra el psicoan\u00e1lisis\u00bb (Locke, op. cit., p. 440). &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Mis propias experiencias respaldan plenamente este punto de vista: descubr\u00ed que la exposici\u00f3n al proceso grupal reactivaba y reconstitu\u00eda aspectos no resueltos de mis propios problemas de relaci\u00f3n con la madre a pesar de que hab\u00edan sido tratados en mi an\u00e1lisis individual. Al realizar el an\u00e1lisis grupal me di cuenta de las ansiedades, los sentimientos de amenaza por la forma como el grupo me considerar\u00eda, y si podr\u00eda ser confirmado por m\u00ed el grado apropiado de liderazgo directivo. Fue a trav\u00e9s de la confrontaci\u00f3n consciente de estas emociones que obtuve una mayor confianza en el proceso aut\u00f3nomo que se afirma en la din\u00e1mica de grupo, no menos que en el trabajo individual, cuando uno aprende a confiar en uno mismo para guiar su proceso. Por lo tanto, la <em>conjunctio opositorum<\/em> del individuo versus el grupo se convierte en una experiencia genuina. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Para que el grupo funcione adecuadamente, el analista debe prescindir de sus defensas personales y reaccionar desde su realidad humana a\u00fan m\u00e1s que en el trabajo individual. El grupo ve f\u00e1cilmente a trav\u00e9s de tales defensas y reaccionar\u00e1 negativamente contra ellas. A su vez, en el grupo, el analista tambi\u00e9n puede permitirse reaccionar de manera m\u00e1s segura de forma espont\u00e1nea y no necesita observar sus reacciones de sombra y anima con tanto cuidado, ya que el grupo tiende a amortiguar sus impactos e incluso si es necesario para hacerle frente m\u00e1s f\u00e1cilmente que el paciente individual. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>CONCLUSI\u00d3N<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Ya Jung y Wolff se han dado cuenta de la relativa insuficiencia del encuentro anal\u00edtico meramente individual, debido al hecho de que \u00aben un grupo ocurren eventos que la persona individual nunca puede constelar y, de hecho, con frecuencia incluso tiende a reprimir\u00bb (Jung, 1959, p &nbsp;7). &nbsp;Esta comprensi\u00f3n condujo a la fundaci\u00f3n de clubes de psicolog\u00eda anal\u00edtica como organizaciones grupales. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, creo que, con el prop\u00f3sito de una adecuada elaboraci\u00f3n anal\u00edtica, este paso es insuficiente. Los clubes, as\u00ed como nuestras organizaciones profesionales, son situaciones sociales, esencialmente no diferentes de otros lugares de reuni\u00f3n puramente sociales en los que no se intenta ni se puede evaluar <em>in situ<\/em> el material inconsciente en t\u00e9rminos de la caracterizaci\u00f3n de Fordham (1957, p. 71). &nbsp;Si se va a analizar por completo, se le deber\u00e1 luego informar a un analista en t\u00e9rminos, nuevamente, de lo que sucedi\u00f3 el ayer. &nbsp;Tampoco se pueden examinar las resistencias a las proyecciones y contra-proyecciones de los participantes en nuestro club o reuniones profesionales. &nbsp;As\u00ed, la mayor parte de la energ\u00eda constelada en estos \u00abgrupos\u00bb permanece inconsciente e inanalizable. &nbsp;De hecho, el club y las organizaciones profesionales pueden incluso conducir a problemas y dificultades entre sus miembros y los propios analistas, como consecuencia de la relativa inaccesibilidad a la realizaci\u00f3n consciente de las transferencias y las entidades arquet\u00edpicas consteladas en estos encuentros. &nbsp;Encontramos estas dificultades en forma de lealtades grupales no resueltas y divisiones cism\u00e1ticas. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, en el an\u00e1lisis grupal, el \u00absentimiento comunitario\u00bb, el sentimiento de pertenencia al grupo, la cuesti\u00f3n del conformismo grupal y las lealtades grupales, se experimentan inmediata y f\u00e1cilmente como protecci\u00f3n o amenaza; &nbsp;de hecho, su experiencia no puede ser evadida. &nbsp;La tendencia a identificarse con estos valores, la experiencia de proyecciones, contra-proyecciones y las demandas posesivas del grupo despiertan reacciones que est\u00e1n sujetas a an\u00e1lisis, forzando as\u00ed el asunto directamente a la conciencia. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Por lo tanto, la experiencia anal\u00edtica grupal en realidad permite al individuo encontrar su propia posici\u00f3n consciente y mantener la suya frente a demandas grupales injustificadas al tiempo que reconoce sus propias obligaciones con el colectivo y con su grupo contenedor. Los analistas que participaron en el trabajo grupal experimental quedaron tan impresionados con sus resultados, en t\u00e9rminos de su propia mayor capacidad para relacionarse y para cooperar entre s\u00ed con franqueza mutua y aceptaci\u00f3n amistosa de cr\u00edticas y desacuerdos expresados \u200b\u200babiertamente, y de &nbsp;la mejora resultante de sus relaciones personales y profesionales, que les gustar\u00eda ver una experiencia de taller grupal anal\u00edtico incluida en nuestros requisitos de capacitaci\u00f3n. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1s los experimentos anal\u00edticos con la din\u00e1mica de grupo podr\u00edan proporcionar un paso a tientas en la direcci\u00f3n de nuestra tarea cultural m\u00e1s urgente, la de transformar la amenaza a la individualidad contenida en el cuerpo social actual. &nbsp;Ahora, a trav\u00e9s de la inconsciencia de su din\u00e1mica aut\u00f3noma, estamos cada vez m\u00e1s amenazados por la compulsividad conformista. Este cuerpo podr\u00eda transformarse en una fuente de protecci\u00f3n y crecimiento; &nbsp;la sociedad y el individuo eventualmente pueden acercarse a una <em>conjunctio opositorum<\/em>. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>RESUMEN<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Se discute la psicodin\u00e1mica grupal, el arquetipo grupal y la transferencia grupal. Se propone que, lejos de ser ajeno al enfoque de la psicolog\u00eda anal\u00edtica, la confrontaci\u00f3n del arquetipo grupal y la resoluci\u00f3n de la transferencia grupal a trav\u00e9s del an\u00e1lisis grupal constituyen una modalidad terap\u00e9utica que es complementaria a la terapia individual a la que estamos acostumbrados. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>REFERENCIAS<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>FORDHAM, M. (1957). New Developments in Analytical Psychology. London, Routledge.<\/p>\n\n\n\n<p>HEYER, G. R. (1952). \u00abTief enpsychologische Hintergrunde der Erman- nung\u00bb, Der Psychologe, Bern, July-August.<\/p>\n\n\n\n<p>HOBSON, R. F. (19s9). \u201cAn Approach to Group Anaylsis\u00bb,J. analyt. Psychol. 4, 2.<\/p>\n\n\n\n<p>JUNG, C. G. (1954). Von den Wurzeln des Bewusstseins, Z\u00fcrich, Rascher. Trans. \u00abOn the Nature of the Psyche\u00bb, Coll. Wks., 8.<\/p>\n\n\n\n<p>JUNG, C. G. (1959). Introduction to Toni Wolff: Studien zu C. G. Jung&#8217;s Psychologie. Z\u00fcrich, Rhein Verlag. Trans. Coll. Wks., 10.<\/p>\n\n\n\n<p>LOCKE, N. (1961). Group Psycho-analysis: Theory and Technique. New York, New York University Press.<\/p>\n\n\n\n<p>MARTIN, P. W. (195s). Experiment in Depth. London, Routledge; New York, Pantheon. Group Therapy and Analytical Psychology<\/p>\n\n\n\n<p>NEUMANN, E. (19ss). The Great Mother. Bollingen Series XLVII, New York, Pantheon.<\/p>\n\n\n\n<p>TOYNBEE, J. (1947). A Study of History: Abridgement of Volumes I-IV. 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