{"id":3170,"date":"2012-06-03T16:41:56","date_gmt":"2012-06-03T16:41:56","guid":{"rendered":"http:\/\/www.adepac.org\/?p=3170"},"modified":"2020-09-05T16:40:58","modified_gmt":"2020-09-05T16:40:58","slug":"el-psicoterapeuta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/el-psicoterapeuta\/","title":{"rendered":"El Psicoterapeuta"},"content":{"rendered":"<div id=\"profile\">\n<h3 style=\"text-align: center;\"><strong>Guillem Feixas y<\/strong><br \/>\n<strong>Ma Teresa Mir\u00f3<\/strong><\/h3>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter\" src=\"https:\/\/covers.openlibrary.org\/w\/id\/7133560-L.jpg\" alt=\"\" width=\"195\" height=\"273\" \/><\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify; padding-left: 30px;\">Guillem Feixas Viaplana es profesor titular de T\u00e9cnicas\u00a0de Psicoterapia en la Universidad de Barcelona,\u00a0presidente de la Sociedad Espa\u00f1ola para la Integraci\u00f3n de la Psicoterapia (SEIP) y coautor de la obra\u00a0<em>Constructivismo y Psicoterapia<\/em>, entre otras. Mar\u00eda\u00a0Teresa Mir\u00f3 Barrachina es profesora titular de\u00a0Psicoterapia en la Universidad de La Laguna. Ambos\u00a0autores tienen varios a\u00f1os de experiencia cl\u00ednica y\u00a0cuentan con decenas de publicaciones en esta \u00e1rea. Adem\u00e1s son miembros didactas de la Asociaci\u00f3n\u00a0Espa\u00f1ola de Psicoterapias Cognitivas (ASEPCO).\u00a0Este documento corresponde a un segundo segmento del Cap\u00edtulo 1 de su libro <em>Aproximaciones a la Psicoterapia<\/em> (1993), Barcelona: Editorial Paid\u00f3s.<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>____________________________________________<\/strong><\/p>\n<\/div>\n<p style=\"text-align: justify;\">La pregunta sobre qui\u00e9nes son los que practican la psicoterapia en la actualidad puede plantearse, al menos, de dos formas distintas. Por un lado, puede plantearse desde el punto de vista de los requisitos formales que se requieren para ser socialmente autorizado como psicoterapeuta, \u00e1rea que abarca la formaci\u00f3n profesional de los psicoterapeutas. Pero, por otro lado, tambi\u00e9n puede formularse desde el punto de vista de las caracter\u00edsticas personales asociadas con la elecci\u00f3n de la profesi\u00f3n de psicoterapeuta, \u00e1rea sobre la que existe en la actualidad un incipiente cuerpo de datos emp\u00edricos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con relaci\u00f3n a los requisitos formales, conviene tener presente que, aunque el rol social del psicoterapeuta es muy antiguo, la profesi\u00f3n de psicoterapeuta es muy reciente. Hasta mediados de este siglo no se inici\u00f3 el proceso de institucionalizaci\u00f3n de la profesi\u00f3n de psicoterapeuta que, gracias al fuerte incremento de la demanda social, empieza a consolidarse en nuestros d\u00edas. En este sentido, a la psicoterapia se le ha llamado la quinta profesi\u00f3n (Henry, Sims y Spray, 1971). Con esta expresi\u00f3n se han querido poner de manifiesto dos hechos: por un lado, que el papel de psicoterapeuta se ha ejercido tradicionalmente en el marco de la medicina, la pedagog\u00eda, la asistencia social y la religi\u00f3n, y por otro que, en la pr\u00e1ctica, cada una de estas profesiones necesita recurrir actualmente a los conocimientos y t\u00e9cnicas psicoterap\u00e9uticas. Como Orlinsky (1989) ha se\u00f1alado: \u00abEl hecho es que miembros de varias profesiones se capacitan, despu\u00e9s de una preparaci\u00f3n especial, para practicar la psicoterapia\u00bb (p\u00e1g. 422). Considerar a la psicoterapia como la quinta profesi\u00f3n significa, en \u00faltima instancia, reconocer tanto que la psicoterapia comparte aspectos importantes con las profesiones antes mencionadas, como que no puede identificarse correctamente con ninguna de ellas (Orlinsky, 1989). En definitiva, la psicoterapia tiende en la actualidad a consolidarse como una profesi\u00f3n aut\u00f3noma.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta consolidaci\u00f3n de la psicoterapia como profesi\u00f3n aut\u00f3noma lleva consigo el problema de la formaci\u00f3n del psicoterapeuta. Tradicionalmente, esta formaci\u00f3n se ha venido realizando de un modo m\u00e1s o menos estructurado dentro de los contextos profesionales que hab\u00edan asumido la psicoterapia entre sus funciones. En la actualidad, sin embargo, la formaci\u00f3n de los psicoterapeutas tiende a consolidarse en el marco de la psicolog\u00eda cient\u00edfica. Para poder desempe\u00f1ar su labor, los psicoterapeutas necesitan poseer conocimientos espec\u00edficos sobre los procesos de aprendizaje, la din\u00e1mica de la personalidad, los procedimientos y t\u00e9cnicas de la evaluaci\u00f3n psicol\u00f3gica, la psicopatolog\u00eda, los principios de la interacci\u00f3n social, los procesos cognitivos y emocionales, el desarrollo durante el ciclo vital, etc&#8230; Junto a estos aspectos b\u00e1sicos de la formaci\u00f3n de los psicoterapeutas sobre los que existe un consenso razonable, existen otros aspectos que resultan espec\u00edficos de cada modelo psicoterap\u00e9utico y sobre los que el consenso no es tan claro. Por ejemplo, desde el punto de vista psicoanal\u00edtico se considera imprescindible la realizaci\u00f3n de un psicoan\u00e1lisis personal y did\u00e1ctico antes de que el futuro psicoanalista pueda ejercer como tal. En resumen, podemos decir que, aunque la tendencia en la actualidad apunta hacia la formaci\u00f3n de psicoterapeutas en el marco de la psicolog\u00eda cient\u00edfica, los principales argumentos en este campo se han desarrollado en el marco de los distintos modelos psicoterap\u00e9uticos y, por esta raz\u00f3n, los abordaremos con mayor detalle m\u00e1s adelante.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con relaci\u00f3n a las caracter\u00edsticas personales de los que practican la psicoterapia, Guy (1987) ha realizado una interesante sistematizaci\u00f3n de la investigaci\u00f3n sobre las caracter\u00edsticas personales asociadas con la elecci\u00f3n de la profesi\u00f3n de psicoterapeuta. Los datos en los que se basa esta revisi\u00f3n est\u00e1n extra\u00eddos de encuestas realizadas a psicoterapeutas profesionales. Este autor ha distinguido entre motivaciones funcionales, es decir, las que resultan beneficiosas para el ejercicio de la profesi\u00f3n, y motivaciones disfuncionales, que son las que pueden minar la eficacia psicoterap\u00e9utica y reducir la satisfacci\u00f3n profesional. Ambos tipos de rasgos se describen en las tablas 2 y 3.<\/p>\n<div id=\"division_line\"><\/div>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tabla 2. <i>Motivaciones funcionales asociadas con la elecci\u00f3n de la profesi\u00f3n de psicoterapeuta<\/i> (adaptado de Guy, 1987)<i><\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: justify; padding-left: 40px;\">\u2014 Inter\u00e9s natural por la gente y curiosidad sobre s\u00ed mismos y los dem\u00e1s. Esta caracter\u00edstica parece asociada con el aprecio por los aspectos creativos, expresivos y art\u00edsticos de la vida. Tambi\u00e9n se ha descrito corno un deseo de descubrir los aspectos m\u00e1s profundos de la vida y la experiencia humana.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify; padding-left: 40px;\">\u2014 Capacidad de escuchar. Es uno de los principales instrumentos curativos del psicoterapeuta. Las personas inclinadas a convertirse en psicoterapeutas parecen tener una tendencia natural a disfrutar oyendo a los dem\u00e1s hablar de s\u00ed mismos, aunque esta habilidad tambi\u00e9n puede mejorar con una preparaci\u00f3n adecuada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify; padding-left: 40px;\">\u2014 Capacidad de conversar. Los que devienen psicoterapeutas suelen tener buenas habilidades verbales y conversar les resulta reforzante y reconfortante.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify; padding-left: 40px;\">\u2014 Empat\u00eda y comprensi\u00f3n. Estas personas son capaces de reflejar el significado y la motivaci\u00f3n de la conducta, los pensamientos y los sentimientos de s\u00ed mismos y los dem\u00e1s.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify; padding-left: 40px;\">\u2014 Capacidad de discernimiento emocional. El conocimiento y la aceptaci\u00f3n de las propias emociones promueve una acritud natural y genuina que facilita la curaci\u00f3n psicoterap\u00e9utica de los dem\u00e1s (Rogers, 1961); de igual modo, el trabajo del psicoterapeuta no s\u00f3lo requiere tolerar un amplio rango de emociones, tristeza, ira, alegr\u00eda, desilusi\u00f3n&#8230; sino que puede requerir tambi\u00e9n su facilitaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify; padding-left: 40px;\">\u2014 Capacidad introspectiva. La tendencia a la introspecci\u00f3n en los psicoterapeutas puede ayudarles a facilitar la autoexploraci\u00f3n del cliente (Rogers, 1951).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify; padding-left: 40px;\">\u2014 Capacidad de auto negaci\u00f3n. La capacidad de abnegaci\u00f3n y de negaci\u00f3n de las gratificaciones personales resulta beneficiosa para la pr\u00e1ctica de la psicoterapia, en el sentido de que la tarea requiere que el terapeuta deje a un lado sus propias necesidades personales y se centre exclusivamente en las necesidades del paciente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify; padding-left: 40px;\">\u2014 Tolerancia a la ambig\u00fcedad. Entendida como la capacidad para soportar lo desconocido, las respuestas parciales y las explicaciones incompletas. Es importante para la pr\u00e1ctica de la psicoterapia, ya que muchas situaciones vitales y existenciales no tienen a menudo una respuesta clara. El terapeuta debe tener la capacidad para resistir un cierre prematuro, dar respuestas r\u00e1pidas o asumir una posici\u00f3n autoritaria ante el estado de confusi\u00f3n y crisis del cliente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify; padding-left: 40px;\">\u2014 Capacidad de cari\u00f1o. Las personas que eligen la profesi\u00f3n de psicoterapeuta parecen poseer una actitud de paciencia y cari\u00f1o hacia los dem\u00e1s, a menudo acompa\u00f1ada con una acritud no cr\u00edtica que les permite aceptar a las personas como son.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify; padding-left: 40px;\">\u2014 Tolerancia a la intimidad. El deseo de intimidad, contacto y cercan\u00eda con otras personas parece ser otra motivaci\u00f3n importante de los que eligen esta profesi\u00f3n, que resulta beneficiosa para su pr\u00e1ctica, porque el terapeuta eficaz debe ser capaz de tolerar una intimidad profunda durante largos per\u00edodos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify; padding-left: 40px;\">\u2014 Confortable con el poder. Aquellos que disfrutan sinti\u00e9ndose en una posici\u00f3n de poder e influencia pueden sentirse atra\u00eddos por la profesi\u00f3n de psicoterapeuta, dado que pueden llegar a tener gran influencia sobre las vidas de sus clientes. Sin embargo, el psicoterapeuta eficaz debe saber evitar la trampa de sentirse omnipotente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify; padding-left: 40px;\">\u2014 Capacidad de re\u00edr. Aquellos que tienen un buen sentido del humor y disfrutan riendo con otros pueden sentirse c\u00f3modos en el papel de psicoterapeuta. Esta capacidad de re\u00edr es interesante para la pr\u00e1ctica de la psicoterapia no s\u00f3lo por la inherente cualidad tragic\u00f3mica de muchas situaciones de la vida, sino tambi\u00e9n porque el humor, cuando se expresa en el momento oportuno, tiene ciertas propiedades curativas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tabla 3. \u2014 <i>Motivaciones disfuncionales asociadas con la elecci\u00f3n de la profesi\u00f3n de psicoterapeuta<\/i> (adaptado de Guy, 1987)<i><\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: justify; padding-left: 40px;\">\u2014 Aflicci\u00f3n emocional. Varias investigaciones han puesto de manifiesto que muchos psicoterapeutas eligen esta profesi\u00f3n movidos por un deseo de alcanzar mayor comprensi\u00f3n de s\u00ed mismos, un mayor dominio sobre sus problemas personales y una auto curaci\u00f3n de sus propios trastornos emocionales (Henry <i>et al.,<\/i> 1973). Esta motivaci\u00f3n, sin embargo, puede ser perjudicial o beneficiosa para el ejercicio de la profesi\u00f3n en funci\u00f3n de si el futuro psicoterapeuta consigue, a trav\u00e9s de su formaci\u00f3n, superar sus trastornos personales. La naturaleza misma de la formaci\u00f3n en psicoterapia promueve la introspecci\u00f3n, el discernimiento emocional y la reorganizaci\u00f3n psicol\u00f3gica. Si todo ello conduce a que el futuro psicoterapeuta alcance una resoluci\u00f3n de sus propios traumas y un nivel superior de funcionamiento, entonces es posible que las personas que han sufrido personalmente altos niveles de trastorno psicol\u00f3gico sean los mejores psicoterapeutas (Biau, 1989). Sin embargo, si ello no es as\u00ed, el futuro psicoterapeuta puede desarrollar un deseo mesi\u00e1nico de compartir vicariamente la curaci\u00f3n de otros cuando la propia parece inalcanzable. Esta actitud mesi\u00e1nica puede ser totalmente contraproducente para el ejercicio de la profesi\u00f3n, porque puede distorsionar seriamente la distancia terap\u00e9utica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify; padding-left: 40px;\">\u2014 Manejo vicario. Bugenral (1964) ha sugerido que muchos psicoterapeutas se deciden por esta profesi\u00f3n como una forma de tratar vicariamente con las contingencias y realidades de la vida. El psicoterapeuta puede as\u00ed ponerse en la posici\u00f3n de ayudar a otros a superar cuestiones no superadas en su propia vida. Esta situaci\u00f3n puede conducirle a adoptar una posici\u00f3n voyerista en la relaci\u00f3n terap\u00e9utica, que dif\u00edcilmente puede beneficiar al paciente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify; padding-left: 40px;\">\u2014 Soledad y aislamiento. Varios estudios han revelado que una proporci\u00f3n considerable de psicoterapeutas hab\u00edan realizado esta elecci\u00f3n profesional para superar una profunda sensaci\u00f3n de soledad y aislamiento, provocada por circunstancias diversas (Henry <i>et al.,<\/i> 1973), y ofrecen la cifra de un 60 % de los varios miles de psicoterapeutas considerados en su estudio. La profesi\u00f3n de psicoterapeuta puede as\u00ed ser elegida porque, debido a la unidireccionalidad de la relaci\u00f3n, permite satisfacer la necesidad de contacto e intimidad en un contexto estructurado y seguro. Esta motivaci\u00f3n, no obstante, resulta perjudicial tanto para el ejercicio de la profesi\u00f3n como para la vida personal del terapeuta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify; padding-left: 40px;\">\u2014 Deseo de poder. Como se mencion\u00f3 antes, el deseo de tener un sentido de poder personal puede ser una motivaci\u00f3n funcional para el ejercicio de la profesi\u00f3n, pero cuando el psicoterapeuta no consigue una distancia apropiada de este poder, la idealizaci\u00f3n del mismo que realiza el cliente puede producir en el terapeuta una tendencia general hacia la agresividad, el dominio y la explotaci\u00f3n de los dem\u00e1s en sus relaciones personales. De igual modo, aquellos terapeutas que sienten una necesidad de influir, controlar o \u00abconvertir\u00bb a los dem\u00e1s, pueden tener dificultades a la hora de respetar el derecho y la responsabilidad del cliente de tener su propia opini\u00f3n y autonom\u00eda y pueden convertir la relaci\u00f3n terap\u00e9utica en una plataforma de debate, confrontaci\u00f3n e influencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify; padding-left: 40px;\">\u2014 Necesidad de amor. Como mencionamos antes la necesidad de expresar cari\u00f1o y amor puede ser funcional para el ejercicio de la psicoterapia; sin embargo, tambi\u00e9n puede ser perjudicial cuando va acompa\u00f1ada de un af\u00e1n mesi\u00e1nico o cuando el psicoterapeuta entiende que su amor y aceptaci\u00f3n, por s\u00ed mismos, son agentes curativos. La grandiosidad de esta actitud puede ser contraria a los intereses del paciente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify; padding-left: 40px;\">\u2014 Rebeli\u00f3n vicaria. Bugental (1964) ha indicado que algunos pueden sentirse atra\u00eddos por esta profesi\u00f3n porque ofrece una oportunidad segura para expresar sus necesidades de rebelarse y atacar a la autoridad. Esta actitud tambi\u00e9n resulta perjudicial para la pr\u00e1ctica de la psicoterapia, porque puede conducir a recomendar a los pacientes actitudes contrarias a la tradici\u00f3n que pueden, de hecho, funcionar en contra de los intereses de \u00e9stos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Junto a los rasgos personales mencionados, la elecci\u00f3n de la profesi\u00f3n de psicoterapeuta se ha estudiado tambi\u00e9n en relaci\u00f3n con determinadas condiciones familiares. Como ya hemos indicado, muchos terapeutas admiten que entraron en la profesi\u00f3n buscando satisfacer una necesidad de intimidad. En el origen de esta necesidad suele haber experiencias de marginaci\u00f3n social, econ\u00f3mica o religiosa durante la infancia, de modo que muchos de estos futuros psicoterapeutas han crecido con una sensaci\u00f3n recurrente de \u00abser diferentes\u00bb a los dem\u00e1s. Aunque no existen estudios suficientes para poder hablar de un perfil caracter\u00edstico de las familias de origen de los que eligen la profesi\u00f3n de psicoterapeuta, los datos citados por Guy (1987) indican que la madre normalmente se describe como la figura central de la casa, mientras que el padre es presentado como pasivo y sin una interacci\u00f3n emocional intensa con el hijo. Frecuentemente, se describe a la madre con una tendencia a comunicar al futuro psicoterapeuta sus propios problemas forzando, de este modo, en el ni\u00f1o el proceso de maduraci\u00f3n emocional y cognitiva. Tambi\u00e9n resultan frecuentes las situaciones en las que el futuro psicoterapeuta se ve implicado en los problemas entre los padres. Aunque hay que insistir en su car\u00e1cter tentativo, estos datos, en resumen, parecen indicar que los futuros psicoterapeutas provienen de familias en las que la situaci\u00f3n de reciprocidad emocional ha estado alterada por diversas circunstancias, facilitando as\u00ed una forma de relacionarse con los dem\u00e1s en la que se es muy sensible a las necesidades de los otros, mientras a la vez se aprende a silenciar la expresi\u00f3n de las propias necesidades.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dado este estilo de interacci\u00f3n, la carrera de psicoterapeuta puede aparecer como la elecci\u00f3n de algo l\u00f3gico, confortable y familiar (Guy, 1987).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aunque los datos que acabarnos de mencionar pueden ser muy interesantes por lo que respecta a la cuesti\u00f3n de qu\u00e9 tipos de personas eligen la profesi\u00f3n de psicoterapeuta, no se centran \u00a0directamente en los atributos y habilidades que debe poseer el buen psicoterapeuta o el psicoterapeuta eficaz. Y no conviene confundir ambas cuestiones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo que verdaderamente interesa, tanto para facilitar la formaci\u00f3n de psicoterapeutas como para consolidar la propia profesi\u00f3n, es saber qu\u00e9 caracter\u00edsticas y habilidades del terapeuta est\u00e1n asociadas con el proceso y el resultado de la psicoterapia. Por esta raz\u00f3n, desde sus inicios en los a\u00f1os cuarenta en el marco de la escuela de Rogers, la investigaci\u00f3n emp\u00edrica en psicoterapia se ha dirigido a aislar las variables del terapeuta asociadas con un buen resultado terap\u00e9utico. De hecho, esta escuela de investigaci\u00f3n psicoterap\u00e9utica lleg\u00f3 a sostener que la implantaci\u00f3n eficaz de las t\u00e9cnicas espec\u00edficas debe descansar en las cualidades personales del terapeuta (Truax y Carkhuff, 1967).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este punto de vista en la actualidad ya no resulta representativo, porque, entre otras cosas, el avance de la investigaci\u00f3n (v\u00e9ase el cap\u00edtulo de \u00abAproximaci\u00f3n metodol\u00f3gica\u00bb) ha permitido \u00abmanualizar\u00bb los modelos terap\u00e9uticos de forma tal que el nivel de competencia en la aplicaci\u00f3n de las t\u00e9cnicas ha podido aislarse como una variable del terapeuta que ha mostrado tener una relaci\u00f3n positiva con variables de \u00e9xito terap\u00e9utico (Beutler, Crago y Arizmendi, 1986). Y el nivel de competencia no depende tanto de las cualidades personales del psicoterapeuta, como de su formaci\u00f3n y pr\u00e1ctica en el manejo de las t\u00e9cnicas psicoterap\u00e9uticas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hasta el momento nos hemos referido al terapeuta en un sentido unipersonal; sin embargo, para ser estrictos nos deber\u00edamos referir al <i>sistema terap\u00e9utico<\/i> como entidad que puede incluir m\u00e1s elementos que el terapeuta. Por ejemplo, muchas psicoterapias, especialmente de grupo o familiares, contemplan el rol del <i>co-terapeuta.<\/i> Se trata de una figura que trabaja de forma coordinada con el terapeuta, pudiendo ser su relaci\u00f3n muy variada: desde un trabajo paritario en el que los dos se sit\u00faan al mismo nivel (hablar\u00edamos entonces de dos co-terapeutas m\u00e1s que de terapeuta y co-terapeuta) hasta distintos grados de colaboraci\u00f3n en los que el co-terapeuta adopta un papel m\u00e1s secundario (toma notas, se centra en tareas m\u00e1s espec\u00edficas y limitadas, etc.).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esto nos lleva a plantear un concepto m\u00e1s amplio, el de <i>equipo terap\u00e9utico,<\/i> que incluye una mayor gama de posibilidades. Este equipo se caracteriza por compartir parte de la responsabilidad terap\u00e9utica, bien asesorando al terapeuta a partir de sus comentarios acerca del estado del caso (en lo que com\u00fanmente se conoce como sesiones cl\u00ednicas), bien observando el proceso directamente (a trav\u00e9s de un v\u00eddeo o espejo unidireccional) y eventualmente participando de modo simult\u00e1neo en dicho proceso (mediante consultas con el terapeuta durante la sesi\u00f3n o incluso con mensajes dirigidos directamente al cliente). Aunque han sido principalmente los terapeutas sist\u00e9micos los que han desarrollado estas modalidades, \u00e9stas constituyen aportaciones de un valor considerable para la psicoterapia en general.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La figura del <i>supervisor<\/i> cuenta con mucha m\u00e1s tradici\u00f3n. Pero quiz\u00e1, para decirlo con m\u00e1s propiedad, tendr\u00edamos que referirnos al contexto de supervisi\u00f3n, puesto que se realiza tambi\u00e9n en grupo. La supervisi\u00f3n del trabajo terap\u00e9utico es un ingrediente necesario no s\u00f3lo para los terapeutas principiantes sino que resulta un recurso importante a lo largo de la trayectoria de un psicoterapeuta. Consiste en una consulta de un caso a un terapeuta considerado m\u00e1s experto, sea por su mayor experiencia, prestigio, o simplemente por la distancia en la que se sit\u00faa al no estar implicado directamente en el caso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Generalmente se distingue entre supervisi\u00f3n directa, en la que el supervisor observa desde un monitor o espejo unidireccional el trabajo del terapeuta, y supervisi\u00f3n indirecta, opci\u00f3n mucho m\u00e1s frecuente en la que la consulta de supervisi\u00f3n se realiza con posterioridad y parte del relato del terapeuta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En resumen, la caracter\u00edstica m\u00e1s relevante del papel de terapeuta es que intenta ayudar al paciente. Como veremos luego, disponemos de algunos datos acerca de las caracter\u00edsticas del terapeuta eficaz. Sin embargo, no existe hoy por hoy un consenso claramente establecido sobre qu\u00e9 es lo que el terapeuta tiene que hacer para resultar \u00fatil, una pregunta quiz\u00e1s ingenua pero que, en realidad, encierra la complejidad de nuestra empresa. En un sentido general, independientemente de su orientaci\u00f3n, es obvio que el terapeuta tiene que (a) formular alguna hip\u00f3tesis acerca del problema del cliente y (b) tomar decisiones acerca de qu\u00e9 hay que hacer primero y qu\u00e9 hay que hacer despu\u00e9s. Y tanto para (a) como para (b), el terapeuta necesita funcionar a partir de alg\u00fan modelo terap\u00e9utico.\u00a0Estas cuestiones, por tanto, las trataremos en el marco de los modelos terap\u00e9uticos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Guillem Feixas y Ma Teresa Mir\u00f3 Guillem Feixas Viaplana es profesor titular de T\u00e9cnicas\u00a0de Psicoterapia en la Universidad de Barcelona,\u00a0presidente de la Sociedad Espa\u00f1ola para la Integraci\u00f3n de la Psicoterapia (SEIP) y coautor de la obra\u00a0Constructivismo y Psicoterapia, entre otras. &hellip; <a href=\"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/el-psicoterapeuta\/\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-3170","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-sin-categoria"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3170","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3170"}],"version-history":[{"count":14,"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3170\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":7416,"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3170\/revisions\/7416"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3170"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3170"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3170"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}