{"id":2864,"date":"2010-06-18T00:31:35","date_gmt":"2010-06-18T00:31:35","guid":{"rendered":"http:\/\/www.adepac.org\/?p=2864"},"modified":"2013-10-25T00:24:03","modified_gmt":"2013-10-25T00:24:03","slug":"necesidades-extra-profesionales-del-analista","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/necesidades-extra-profesionales-del-analista\/","title":{"rendered":"Necesidades extra-profesionales del analista"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\">\nFrieda Fromm-Reichmann<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Frieda Fromm-Reichmann (1889-1957) fue una psiquiatra alemana contempor\u00e1nea de Sigmund Freud, quien emigr\u00f3 a los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial. Su paciente m\u00e1s famosa, Joanne Greenberg, escribi\u00f3 una autobiograf\u00eda novelada, Yo no te promet\u00ed un jard\u00edn de rosas, en un hospital mental. Fromm-Reichmann acu\u00f1\u00f3 la expresi\u00f3n \u201cmadre esquizofr\u00e9nica\u201d que influenci\u00f3 al movimiento antipsiqui\u00e1trico. Colabor\u00f3 estrechamente en institutos psicoanal\u00edticos en Nueva York, con Erich Fromm, Clara Thompson, Harry S. Sullivan, David Rioch y Janet Rioch. Este documento corresponde a un segundo segmento del Cap\u00edtulo 2 de su libro Principios de psicolog\u00eda intensiva (1977), Buenos Aires: Editorial Paid\u00f3s.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.adepac.org\/wp-content\/uploads\/2013\/10\/Frieda-Fromm-Reichmann2.jpeg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-2865 aligncenter\" alt=\"Frieda-Fromm-Reichmann2\" src=\"http:\/\/www.adepac.org\/wp-content\/uploads\/2013\/10\/Frieda-Fromm-Reichmann2.jpeg\" width=\"179\" height=\"132\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">\u00a0Frieda Fromm-Reichmann<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00bfC\u00f3mo influir\u00e1, por lo tanto, la necesidad de satisfacci\u00f3n y seguridad del terapeuta sobre su capacidad de escuchar, adem\u00e1s del peligro anteriormente tratado de permitir que el material recibido del paciente despierte su propia fantas\u00eda?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se ha mencionado la satisfacci\u00f3n del hambre como un logro necesario; en nuestra cultura esto implica tener o ganar el dinero para comprar los alimentos. El analista gana ese dinero mediante su trato profesional con sus pacientes. En este sentido, la pr\u00e1ctica de su profesi\u00f3n es una leg\u00edtima fuente de satisfacci\u00f3n para \u00e9l. Lo que debe evitar, sin embargo, es hacer de la psicoterapia con un paciente, la \u00fanica fuente de su satisfacci\u00f3n. Para impedir que ello ocurra, se recomienda que el joven analista comience su ejercicio privado de la psicoterapia con dos pacientes, o combine la psicoterapia intensiva con un paciente con actividades psiqui\u00e1tricas adicionales de otra \u00edndole, como pueden serlo la dedicaci\u00f3n parcial al trabajo en instituciones, ense\u00f1anza, consultas, etc. A pesar de que para el inexperto esto pudiera parecer como carente de importancia, la psicoterapia con un solo paciente, como \u00fanica fuente de ingresos, puede estar f\u00e1cilmente predestinada al fracaso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La satisfacci\u00f3n sexual ha sido citada como otro objetivo de satisfacci\u00f3n en la vida del hombre. El terapeuta debe evitar estrictamente usar al paciente, realmente o en su fantas\u00eda, para la b\u00fasqueda de placer sensual, de modo que no interfieran con la capacidad de escuchar del analista las fantas\u00edas sexuales respecto del paciente o de las personas a quienes \u00e9ste menciona, o las identificaciones con el paciente o sus compa\u00f1eros, en lo que se refiere a sus experiencias sexuales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Naturalmente, la necesidad de dormir del hombre no tiene que ser llenada por el terapeuta mientras atiende sus obligaciones profesionales. Empero, desgraciadamente, no revelo ning\u00fan secreto al declarar que hay terapeutas que se duermen mientras debieran estar escuchando, en especial si se sientan detr\u00e1s de sus pacientes y no se ve uno al otro. Hasta hay racionalizaciones de parte de analistas para tales errores imperdonables de procedimiento, tal como, \u00abyo s\u00f3lo me duermo si el paciente dice cosas sin importancia y me despierto tan pronto \u00e9ste refiere algo atendible\u00bb. En marcado contraste con tal endeble racionalizaci\u00f3n, deseo subrayar firmemente mi punto de vista, de que la respuesta del terapeuta a las nimiedades del paciente no debe ser una siesta, sino el escuchar con suficiente vigilancia de modo que pueda interrumpir y dirigir al paciente hacia la producci\u00f3n de un material m\u00e1s importante. Esta aserci\u00f3n implica un cambio de actitud con, respecto a la t\u00e9cnica de las \u00abasociaciones libres\u00bb, tal como se usa en el psicoan\u00e1lisis cl\u00e1sico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ampliar\u00e9 este tema m\u00e1s adelante. Si el analista se dedica a dormir durante la sesi\u00f3n psicoterap\u00e9utica esto interfiere con su capacidad para escuchar y dirigir la entrevista adecuadamente. Tambi\u00e9n trae como consecuencia una mengua del autor respecto del paciente, al evidenciar el m\u00e9dico lo poco interesado que est\u00e1 en el paciente y en lo que relata. Esto puede resultar muy desastroso para el proceso psicoterap\u00e9utico, porque la autoestima de un paciente psiqui\u00e1trico es de por s\u00ed muy baja. A sabiendas o no, su falta de autor respeto y su inseguridad son, por regla general, una de las razones de su necesidad de psicoterapia. Uno de los principios importantes de la psicoterapia intensiva, a que tendr\u00e9 que referirme repetidas veces, es qu\u00e9 el analista se esfuerce por mejorar el auto respeto del paciente, y que evite por todos los medios herirlo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La ubicaci\u00f3n psicoanal\u00edtica cl\u00e1sica del analista sentado detr\u00e1s del paciente, \u00e9ste acostado sobre un div\u00e1n, puede llevar impl\u00edcito el peligro de alentar al analista a dormitar si \u00e9ste fuere proclive a ello. En la \u00e9poca en que se desarrollaron la t\u00e9cnica y los m\u00e9todos de la terapia psicoanal\u00edtica cl\u00e1sica esta posici\u00f3n fue considerada la deseable con el fin de incitar un estado de completo relajamiento del paciente, lo cual lo posibilitar\u00eda para la libre asociaci\u00f3n, y eliminar\u00eda su embarazo durante el relato del material delicado y doloroso. M\u00e1s a\u00fan, el fundador del psicoan\u00e1lisis cl\u00e1sico, Sigmund Freud, no se sent\u00eda dispuesto a someterse durante ocho horas diarias a las miradas de sus pacientes, y supon\u00eda que muchos de sus colegas podr\u00edan encontrar la misma dificultad (38).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde entonces ha habido un notable desarrollo en la compenetraci\u00f3n y t\u00e9cnica psicoanal\u00edtica (93). Muchos psicoanalistas creen que ya no es necesario escuchar las asociaciones libres durante un largo per\u00edodo, para conocer la psicopatolog\u00eda de los pacientes y administrar cualquier intervenci\u00f3n psicoterap\u00e9utica activa (5, 6). Ello se debe al incremento del conocimiento de la din\u00e1mica de los procesos mentales, adquirido durante los \u00faltimos cincuenta a\u00f1os. Por a\u00f1adidura, en el lapso del \u00faltimo medio siglo, para mucha gente de esta cultura, muchos t\u00f3picos, cuya comunicaci\u00f3n se hac\u00eda antes con extrema vacilaci\u00f3n y timidez, han perdido gradualmente la connotaci\u00f3n de embarazo. Indudablemente, las ense\u00f1anzas de Freud son en gran parte responsables de una actitud m\u00e1s normal hacia la discusi\u00f3n del tema sexual, prohibido anteriormente. Las sugerencias en cuanto a la t\u00e9cnica, formuladas por \u00e9l originariamente para conformarlas con la sensibilidad de sus contempor\u00e1neos, son actualmente anacr\u00f3nicas, justamente como resultado de sus ense\u00f1anzas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En cuanto a lo penoso que podr\u00eda ser para el analista recibir durante ocho horas diarias las miradas del paciente, creo que entonces exist\u00edan dos razones, ambas desechables hoy. Una era que el terapeuta pod\u00eda verse en la situaci\u00f3n de compartir el embarazo de sus pacientes durante las comunicaciones dificultosas. La segunda era el concepto psicoanal\u00edtico original, de acuerdo con el cual el terapeuta no deb\u00eda exhibir ning\u00fan signo de reacci\u00f3n o de participaci\u00f3n en las relaciones del paciente. Cuanto m\u00e1s inexpresivo e inanimado se mostraba el rostro del analista, tanto m\u00e1s cerca estaba del ideal de servir al paciente como una m\u00e1quina grabadora, en la que pod\u00eda registrar todo lo que estuviera en su mente. Esta actitud inanimada tambi\u00e9n serv\u00eda de preventivo contra la posibilidad de que el analista se viera envuelto personalmente con sus pacientes y con las experiencias emocionales que le refer\u00edan. El continuo control de la expresi\u00f3n facial, postura y gestos que el analista ten\u00eda que ejercer en estas condiciones, hac\u00edan que al exponerse al escrutinio visual de sus pacientes durante todo el d\u00eda, fuera sin duda una tarea muy dura para \u00e9l (63, 64).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Actualmente, muchos analistas ya no consideramos al terapeuta como alguien que no responde y es solamente un espejo de los pronunciamientos de sus pacientes. Lo consideramos como un observador part\u00edcipe en el proceso psicoterap\u00e9utico. Tampoco creemos necesario ni deseable que el analista ponga coto a sus reacciones espont\u00e1neas en el escenario psicoterap\u00e9utico, siempre y cuando sus expresiones faciales de respuesta no puedan ser usadas por los pacientes como un medio de orientaci\u00f3n que gu\u00eden inadvertidamente sus producciones y comportamiento. Adem\u00e1s, naturalmente, deben ser respuestas genuinas a los relatos de los pacientes, y no estar coloreadas por sus experiencias colaterales privadas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Teniendo en cuenta estos dos conceptos, considero desde todo punto de vista mucho m\u00e1s deseable tener un arreglo que posibilite al paciente y al terapeuta mirarse o no seg\u00fan la ocasi\u00f3n lo aconseje. La prohibici\u00f3n de usar el contacto visual como una ayuda en el proceso terap\u00e9utico es un ant\u00eddoto innecesario y crea una situaci\u00f3n irreal. Esto tiene vigencia especialmente para los pacientes psic\u00f3ticos cuya falta de orientaci\u00f3n en el mundo exterior debe ser contrabalanceada por la realidad visible y audible de otra persona. Ampliar\u00e9 luego este .terna durante la discusi\u00f3n del proceso psicoterap\u00e9utico (65).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En lo que se refiere al cuarto objetivo de la satisfacci\u00f3n humana, el evitar la soledad f\u00edsica, no hace falta insistir en que el paciente no debe ser usado para su logro. Con esto no se postula que el analista tenga que ser un ciudadano obsesionado de nuestra cultura, en la que el contacto con otra persona es considerado tab\u00fa a menos de que haya una relaci\u00f3n \u00edntima. Lo contrario es la verdad. A veces puede ser indicado y apropiado estrechar la mano de un paciente o, en el caso de un paciente muy perturbado, tocarlo tranquilizadoramente, o no rehusar sus actitudes que buscan afecto y cercan\u00eda. Sin embargo, siempre se recomienda que uno sea parco en la expresi\u00f3n de cualquier contacto f\u00edsico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un analista solitario debe hacer que su propia necesidad de contacto f\u00edsico no interfiera en el logro de conclusiones correctas respecto a las necesidades de los pacientes. Debe estar prevenido contra una falta de vigilancia en el escuchar producida por esta interferencia de sus propias necesidades no resueltas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las operaciones de seguridad deber\u00e1n interferir en la misma medida m\u00ednima tanto en la capacidad de escuchar del analista, como en sus necesidades personales de satisfacci\u00f3n. El analista que ha menester del paciente individual para edificar su prestigio y probar asimismo de que es capaz de usar sus poderes y sus destrezas exitosamente, estar\u00e1 en peligro de tratar de impresionar a su paciente, en lugar de ser impresionado por las necesidades y dificultades de \u00e9ste. Esto puede ser verdad especialmente para el analista joven, quien podr\u00eda contrarrestar su propia inseguridad de dos modos que obstaculizar\u00edan su capacidad de escuchar. Primero, podr\u00eda verse llamado a esconder su inseguridad tras la pomposidad profesional. Tal actitud es muy indeseable; en realidad, puede condenar el procedimiento psicoterap\u00e9utico al fracaso. Como se ha dicho antes, todo paciente mental sufre de una alteraci\u00f3n de la seguridad en s\u00ed mismo, es decir, que es inseguro y ansioso. Siendo as\u00ed, ser\u00e1 muy sensible a los intentos de otra persona a disfrazar su inseguridad. Si esta otra persona es su analista, la inseguridad mal oculta de \u00e9ste se sumar\u00e1 a la ansiedad del paciente, quien no podr\u00e1 confiar en el analista y en su capacidad de escuchar. En consecuencia, la colaboraci\u00f3n psicoterap\u00e9utica fracasar\u00e1. Incidentalmente, los analistas adiestrados en Europa Central y que actualmente hacen psicoterapia en este pa\u00eds, deber\u00e1n tener en cuenta que a sus pacientes anglosajones les desagradar\u00e1 todo despliegue de pomposidad en mayor medida que a sus pacientes europeos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El joven analista que puede verse tentado a impresionar a sus pacientes, deber\u00e1 recordar cuan innecesario es esto, porque los pacientes que vienen a verlo desean ayuda. Ellos esperan que sea competente en ofrecer este auxilio bas\u00e1ndose en su preparaci\u00f3n y\/o porque fue recomendado por otro paciente tratado con \u00e9xito, o por un analista de m\u00e1s edad. Los pacientes tienen una tendencia hacia la salud, y son solitarios. Su deseo de socorro, su tendencia a la salud y su soledad, son mucho m\u00e1s importantes para ellos que la edad cronol\u00f3gica o profesional de la persona a quien acuden en busca de ayuda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La segunda manera en que el analista pueda tratar de dominar su inseguridad es mediante el cultivo de la dependencia y la admiraci\u00f3n del paciente, y por ello resulta igualmente desechable. Esto puede trabar la capacidad del analista para escuchar, a\u00fan m\u00e1s que el despliegue directo de solemnidad. El cultivo de tales actitudes empuja a sus pacientes a un estado de dependencia, en lugar de promover el crecimiento, la independencia y la capacidad para usar su propio juicio. Dig\u00e1moslo de otro modo, el analista duplica las demandas de un amor incalificado y la aceptaci\u00f3n de autoridad que los padres u otros adultos de significaci\u00f3n en la infancia del paciente puedan haberle impuesto en su detrimento. En la terminolog\u00eda de Freud, cultiva artificialmente la transferencia positiva de los pacientes. Mientras haga esto, puede tener una razonable certeza de que a la larga obtendr\u00e1 resultados contrarios. Los pacientes rechazar\u00e1n la interferencia del analista en sus tendencias y deseos de crecimiento e independencia, dado que \u00e9stas son una de las razones por las que han acudido al m\u00e9dico, y resentir\u00e1n a su presunto auxiliador por haberles fallado. En otras palabras, los intentos del analista para cultivar artificialmente la transferencia positiva de sus pacientes, engendrar\u00e1n necesariamente una actitud negativa en el paciente respecto del analista.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Debemos mencionar aqu\u00ed algunos resultados desgraciados provocados por la necesidad del analista inseguro de usar a su paciente como un tubo de ensayo para sus capacidades y poderes. Tal analista puede estar tan preocupado por la idea de que sus pacientes deben curarse, para el bien de su reputaci\u00f3n, que los escuchar\u00e1 y conducir\u00e1 el tratamiento de una manera tal que desatender\u00e1 y ser\u00e1 sordo a las reales necesidades del paciente y a su lucha por mejorar. O el analista inseguro puede creer que el paciente debe entender todas las acotaciones que se le ocurran, sin preguntarse si \u00e9ste est\u00e1 preparado para comprenderlo. Del mismo modo podr\u00e1 responder a la incapacidad del paciente de comprenderlo mostrando una gran irritaci\u00f3n, lo que a su vez obstaculizar\u00e1 que se traten los leg\u00edtimos temas del proceso psicoterap\u00e9utico. Por otra parte, el paciente puede sentir que se lo emplea como un medio para confirmar la reputaci\u00f3n del analista, m\u00e1s que como un objeto de tratamiento por derecho .propio. Esta actitud bien puede llevar al fracaso del tratamiento. A este respecto, recuerdo el infeliz hijo neur\u00f3tico de un padre influyente y poderoso, cuya vida estaba dedicada solamente a acrecentar el prestigio y la reputaci\u00f3n de su progenitor. Esperaba que todo aqu\u00e9l con quien se vinculara, obrara solamente para impresionar a su influyente padre o buscara prestigio como \u00e9ste. Por supuesto, el paciente esperaba que el analista se comportara en consecuencia. \u00abSi me curo, manifest\u00f3 en su primera entrevista, ser\u00e1 realmente un galard\u00f3n para usted.\u00bb Por fortuna el analista no estaba preocupado por su reputaci\u00f3n, por lo que escuch\u00f3 al paciente y a las implicaciones de sil observaci\u00f3n sarc\u00e1sticamente cort\u00e9s, y con gran sorpresa del paciente, contest\u00f3 simplemente que su reputaci\u00f3n ya estaba establecida, independientemente del \u00e9xito o fracaso de un caso dado. Y tan pronto el paciente volvi\u00f3 a darle la oportunidad de hablar, a\u00f1adi\u00f3 que no ten\u00eda inter\u00e9s en impresionar a su padre, sino tan s\u00f3lo en poderle ser \u00fatil al paciente por derecho propio, siempre y cuando \u00e9ste deseara la colaboraci\u00f3n psicoterap\u00e9utica. Muchos a\u00f1os despu\u00e9s, cuando por fin el paciente logr\u00f3 llegar a la recuperaci\u00f3n, se\u00f1al\u00f3 esta conversaci\u00f3n como el comienzo del \u00e9xito terap\u00e9utico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tambi\u00e9n los analistas inseguros pueden insistir en que sus pacientes realicen cosas para las cuales no est\u00e1n todav\u00eda preparados. \u00c9stos pueden tratar de hacerlas para agradar y alentar a sus m\u00e9dicos, mientras ellos mismos caen en el desaliento debido a estos esfuerzos prematuros. Sin duda no deber\u00e1 llevarse al paciente a la situaci\u00f3n de tener que tranquilizar al facultativo. Por suerte hay pacientes que son capaces de ver y verbalizar este peligro. El analista que no se preocupe demasiado por la b\u00fasqueda de hallar seguridad a expensas de sus pacientes, podr\u00e1 prestar o\u00eddos a sus advertencias. Esto acaeci\u00f3, por ejemplo, en el caso de una enferma catat\u00f3nica, a quien el analista intent\u00f3 empujar prematuramente hacia la reanudaci\u00f3n de las relaciones sociales. La paciente declar\u00f3 que estaba en v\u00edas de curaci\u00f3n, aunque las relaciones sociales todav\u00eda le resultaban repulsivas. \u00abEn un pr\u00f3ximo futuro, se\u00f1al\u00f3 ella, cuando est\u00e9 convencida de que nadie me empuja por motivos especiales, usar\u00e9 mis propias alas para volar.\u00bb Eventualmente, el analista escuch\u00f3 esa advertencia, aunque no se adher\u00eda a las pautas convencionales del tratamiento del hospital y por lo tanto menoscababan su prestigio en ese lugar. De haber continuado forzando a la paciente a sociabilizar, aun contra el aviso de la misma, podr\u00eda haber demorado su recuperaci\u00f3n o ponerla al borde del fracaso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta admonici\u00f3n a los analistas que presionan a un paciente en una cierta direcci\u00f3n para beneficio propio, no debiera confundirse con una prevenci\u00f3n general contra la validez terap\u00e9utica de cualquier presi\u00f3n sobre los pacientes contrariando, algunas veces, sus propios deseos y convicciones. En ciertos tipos de casos que ser\u00e1n tratados m\u00e1s adelante se indica y resulta \u00fatil el proceder activamente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La preocupaci\u00f3n del analista inseguro por afirmarse a s\u00ed mismo a costa de sus pacientes causa otra consecuencia desafortunada: la fantas\u00eda de que \u00e9stos pueden ser \u00abarcilla en las manos del escultor\u00bb y de que los puede modelar a su propia imagen. Tales deseos pueden conducir al terapeuta a fantas\u00edas de semejanzas inexistentes entre \u00e9l y sus pacientes, las que lo tornar\u00e1n resistente a adquirir un cuadro real de las personalidades de los enfermos y de sus dificultades emocionales espec\u00edficas en la vida. Se espera que el paciente acepte o llegue a las mismas soluciones para sus problemas personales, que las que el terapeuta ha decidido para su propia vida. Estos pacientes no recibir\u00e1n la ayuda que necesitan en la b\u00fasqueda de sus propias respuestas. En otros casos, se espera que los pacientes acepten la serie de valores personales del analista, en lugar de suministr\u00e1rseles aliento para hallar los suyos propios y aprender a seguirlos en forma independiente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A trav\u00e9s de situaciones ilustrativas como las mencionadas podemos deducir lo siguiente: el analista debe poseer una autoestima razonablemente estable, con el fin de evitar errores terap\u00e9uticos; lo cual es otra raz\u00f3n m\u00e1s que hace necesario el psicoan\u00e1lisis del analista antes&#8217; de emprender la psicoterapia intensiva con otros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La experiencia siguiente ilustra la significaci\u00f3n ben\u00e9fica que tiene para el paciente el hecho que su terapeuta demuestre ser un individuo que se respeta a s\u00ed mismo. Una mujer que hab\u00eda tenido que interrumpir su tratamiento por haberse mudado a otra ciudad, volvi\u00f3 despu\u00e9s de cierto tiempo y solicit\u00f3 una entrevista con el analista. La paciente le manifest\u00f3 cuan contrariada estaba por los resultados de su propio tratamiento, y por algunos fracasos del analista, que ella hab\u00eda notado en otros pacientes. Le expres\u00f3 entonces sus dudas en cuanto a sus capacidades en general y su resentimiento por no haberla advertido antes de que ella llegara a sobreestimarlo. El m\u00e9dico examin\u00f3 las quejas de la paciente y lament\u00f3 la sintomatolog\u00eda residual de la misma. Continu\u00f3 dici\u00e9ndole llana y tranquilamente que \u00e9l todav\u00eda se consideraba un analista razonablemente bueno. La paciente exhal\u00f3 un suspiro de alivio y respondi\u00f3: \u00abEso es todo lo que quer\u00eda saber\u00bb. Lo que ella quer\u00eda expresar era que nada importaba en tanto pudiese contar con la estabilidad del respeto propio de su ex terapeuta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Existe otra raz\u00f3n m\u00e1s debido a la cual \u00e9l auto respeto del analista tiene primordial importancia para el procedimiento terap\u00e9utico. Si es cierto que la capacidad de un individuo para respetar al pr\u00f3jimo depende del desarrollo del respeto por s\u00ed mismo, se deduce que solamente un analista que se respete a si mismo ser\u00e1 capaz de respetar a sus pacientes y de tratarlos sobre una base de mutua igualdad humana. El analista que se respeta debe recordar que se halla en una categor\u00eda superior en comparaci\u00f3n con sus pacientes \u00fanicamente en virtud de su preparaci\u00f3n especial y de su experiencia, y no necesariamente en otro sentido. Sus pacientes pueden o no tener mayores cualidades personales que \u00e9l. Repitiendo lo que se dijo en la Introducci\u00f3n: el hecho de que una persona requiera auxilio psiqui\u00e1trico en el manejo de sus dificultades emocionales en el vivir, no significa\u00bb en modo alguna una inferioridad b\u00e1sica. Solamente el analista que comprenda esto ser\u00e1 capaz de escuchar a sus pacientes en una forma que conduzca al \u00e9xito terap\u00e9utico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El respeto del analista por sus pacientes tambi\u00e9n le ayudar\u00e1 a salvarlo del error antes se\u00f1alado, de asumir una actitud de \u00abautoridad irracional\u00bb personal, en lugar de prestar o\u00eddos y de conducir la terap\u00e9utica en el esp\u00edritu de gu\u00eda colaboradora (56). El comportamiento autoritario irracional ser\u00e1 da\u00f1oso no s\u00f3lo porque interferir\u00e1 per se con la tendencia del paciente hacia el crecimiento y la maduraci\u00f3n, sino tambi\u00e9n, lo que es de mayor importancia, porque constituir\u00e1 una repetici\u00f3n traum\u00e1tica de los aspectos autoritarios del modelo cultural de conducta en general, y del modelo paternal en particular, a los que la mayor\u00eda de los pacientes mentales han estado sujetos de un modo nocivo durante su pasado (146).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo que antecede no pretende descartar que el analista adopte una postura firme y definida, como la de un experto que establece su \u00abautoridad racional\u00bb en sus sugerencias psicoterap\u00e9uticas. Pero si proh\u00edbe que aproveche la inclinaci\u00f3n del paciente apesadumbrado, intimidado y sobre dependiente, para que lo coloque, como persona, sobre un pedestal autoritario. Para muchos analistas la tentaci\u00f3n de hacerlo puede estar presente como medio de vengarse de una molesta dominaci\u00f3n autoritaria, a la que ellos mismos estuvieron sujetos por sus padres, maestros o superiores, y en forma an\u00f3nima por la sociedad en general.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si el analista se respeta a s\u00ed mismo y a sus pacientes, su capacidad de escuchar no se ver\u00e1 trababa por fantas\u00edas de omnisciencia o perfeccionismo. Ver\u00e1 claro que no tiene el deber de ser un mago del cual se esperan milagros terap\u00e9uticos. Ser\u00e1 capaz de admitir errores, limitaciones y defectos cuando \u00e9stos ocurran.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los analistas inseguros e imbuidos de la necesidad de estar siempre en lo cierto no pueden soportar su imposibilidad de comprender las comunicaciones de los pacientes, sin desarrollar sentimientos de ansiedad o resentimiento. Estos profesionales no pueden entender que el paciente mental, a quien se supone alienado, pueda expresar cosas significativas que el analista, supuestamente cuerdo, sea incapaz de entender.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este aserto podr\u00e1 parecer redundante a los analistas que solamente trabajan con neur\u00f3ticos ambulatorios. Aquel que trata a {nic\u00f3ticos trastornados, empero, se ver\u00e1 enfrentado muchas, veces con su incapacidad de entender el contenido de las informaciones de sus pacientes. Esto es cierto, a pesar del hecho de que los analistas han aprendido de Freud a revisar los postulados de la psiquiatr\u00eda cl\u00e1sica, que ensenaba que la mayor\u00eda de las manifestaciones de los psic\u00f3ticos carec\u00edan de sentido, tanto para \u2022I paciente como para el m\u00e9dico. Sin embargo, no es necesario entender todo lo que el paciente dice. Por regla general, el paciente trastornado es indiferente al hecho de que el terapeuta no alcance a comprender el contenido de sus comunicaciones, -en tanto \u00e9ste sea franco al respecto y no trate de disimularlo. El terapeuta deber\u00e1 abordar todas las informaciones, incluso las ininteligibles de los psic\u00f3ticos, del mismo modo que aborda los sue\u00f1os de la gente sana y de los neur\u00f3ticos. Tendr\u00e1 la esperanza de entender algunos de ellos y quedar en ayunas respecto de otros; pero sabe que la gran mayor\u00eda tienen un significado para el que suena.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hubo un tiempo en que nosotros, los analistas, rebos\u00e1bamos entusiasmo debido al descubrimiento de las comunicaciones potencialmente significativas de nuestros enfermos. Esto condujo a la psicoterapia psicoanal\u00edtica hacia la falsa direcci\u00f3n de concentrarse en el contenido de las informaciones de los pacientes y de sobreestimar la utilidad psicoterap\u00e9utica de comprenderlas. Tal cosa es aplicable tanto a las manifestaciones de los psic\u00f3ticos como a las comunicaciones inadvertidas de los neur\u00f3ticos, sus lapsus y otros fen\u00f3menos, que Freud ha descrito bajo el t\u00edtulo de Psicopatolog\u00eda de la vida cotidiana (49). Esa \u00e9poca pertenece al pasado. Ahora consideramos terap\u00e9uticamente m\u00e1s efectivos, el origen, el momento y la din\u00e1mica de las manifestaciones neur\u00f3ticas y psic\u00f3ticas, sin eliminar, por supuesto, nuestro inter\u00e9s por comprender su verdadero contenido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por ejemplo: una esquizofr\u00e9nica paranoide hospitalizada de unos treinta y cinco a\u00f1os, que estaba ostensiblemente trastornada desde hac\u00eda trece a\u00f1os, comenz\u00f3 a mostrar signos de recuperaci\u00f3n despu\u00e9s de muchos meses de psicoterapia intensiva. Hasta ese momento uno de los s\u00edntomas principales hab\u00eda sido el delirio de la aparici\u00f3n de \u00abLa L\u00ednea\u00bb. Hasta entonces la paciente no le hab\u00eda dicho al terapeuta qu\u00e9 era \u00abLa L\u00ednea\u00bb; puede que ella misma no lo supiese. Sin embargo, le hab\u00eda podido relatar, gracias a las indagaciones del terapeuta, los eventos que preced\u00edan a cada aparici\u00f3n de \u00abLa L\u00ednea\u00bb, hasta que finalmente descubrieron qu\u00e9 tipos de acontecimientos en la vida del paciente condicionaban el fen\u00f3meno. \u00abLa L\u00ednea\u00bb desapareci\u00f3 y su eliminaci\u00f3n parece haber contribuido en gran medida a la mejor\u00eda de la enferma (Para un amplio estudio de la historia y tratamiento de esta paciente, ver Staveren, Ref. 143).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este ejemplo debe recordar al analista dos hechos importantes: Primero, su inter\u00e9s por la investigaci\u00f3n debe ser secundario a su anhel\u00f3 de descubrir datos, estrictamente pertinentes a sus obligaciones psicoterap\u00e9uticas. Segundo, no debe obstinarse en buscar y transmitir comprensi\u00f3n al paciente, a expensas de observar lo que acontece dentro del mismo. Con frecuencia no es ventajoso terap\u00e9uticamente el actuar as\u00ed. Como dijera Freud, \u00abLa tarea del psicoanalista es ayudar al paciente, no demostrar cuan inteligente es el m\u00e9dico\u00bb, una explicaci\u00f3n m\u00e1s amplia sobre el significado del origen y de la din\u00e1mica de las comunicaciones del paciente versus su contenido, ser\u00e1 incorporada en la exposici\u00f3n sobre el proceso psicoanal\u00edtico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La advertencia contra la indulgencia de los analistas en permitir que fantas\u00edas de omnisciencia y perfeccionismo interfieran con su capacidad de escuchar y de admitir estos errores en su fuero interno, no implica necesariamente que el terapeuta deba siempre sentirse obligado a reconocer sus equivocaciones frente a sus pacientes. \u00c9stos tienen suficientes preocupaciones propias sin necesidad de que el terapeuta las aumente, o mucho menos que los use como padre-confesor, agobi\u00e1ndolos as\u00ed por un errado concepto de sinceridad, producido por la preocupaci\u00f3n del analista por sus propios yerros. Lo que realmente importa es que \u00e9ste sea capaz de admitir francamente sus equivocaciones para poder obrar luego con inteligencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por otra parte, como en los siguientes casos, hay ocasiones y circunstancias en las que es aconsejable terap\u00e9uticamente que comente sus errores con el paciente, de una manera intrascendente y no masoquista. Un joven catat\u00f3nico estaba muy enojado con su analista por razones desconocidas. Su racionalizaci\u00f3n consist\u00eda en que la analista era una extranjera con un marcado acento for\u00e1neo. \u00ab\u00bfNo puedo tener un m\u00e9dico que hable un ingl\u00e9s decente?\u00bb, exclam\u00f3. Luego se torn\u00f3 violento. Unas seis semanas despu\u00e9s el paciente estaba muy satisfecho por cierta muestra de sensible comprensi\u00f3n de parte de la analista. \u00ab\u00bfNo es usted de Cambridge?\u00bb, le pregunt\u00f3. La terapeuta no capt\u00f3 la implicaci\u00f3n de que el paciente quer\u00eda expresar su deseo de perdonar su acento extranjero, ni tampoco cuando le dijo: \u00abSu forma de hablar suena tan bien como un aut\u00e9ntico ingl\u00e9s de Boston\u00bb. La analista, en consecuencia, neg\u00f3 ser de Boston, y se refiri\u00f3 a su tierra natal y a su \u00faltima residencia en Europa. El paciente insisti\u00f3 en que deb\u00eda ser de Cambridge, exclamando: \u00abEstoy seguro de que hab\u00eda una muchacha de Cambridge, quiz\u00e1s usted no la conoc\u00eda lo suficiente\u00bb. Ese d\u00eda, s\u00f3lo cuando hubo dejado a su paciente, le result\u00f3 evidente a la analista la conexi\u00f3n existente entre la sesi\u00f3n de seis semanas atr\u00e1s, cuando el paciente le reproch\u00f3 su acento, y la \u00faltima, en que le hab\u00eda hecho un cumplido por su ingl\u00e9s. Si un catat\u00f3nico corre el riesgo de exponerse lo suficiente como para pedir perd\u00f3n y cumplimentar al terapeuta esto lleva la connotaci\u00f3n de un enorme regalo. Si el analista no lo comprende, y no acepta el presente, el paciente puede tomarlo como una gran reprobaci\u00f3n. Por ello, la analista crey\u00f3 que en este caso era conveniente comentar su falta de comprensi\u00f3n. En la sesi\u00f3n siguiente, dijo al paciente que se hab\u00eda dado cuenta de lo tonta que hab\u00eda sido en la \u00faltima entrevista al relatarle sus antecedentes, los que el paciente ya conoc\u00eda, en lugar de comprender que ya no resent\u00eda su acento. El enfermo sonri\u00f3 y pareci\u00f3 concordar enteramente con la mofa que la analista hab\u00eda hecho de s\u00ed misma. El curso de la sesi\u00f3n confirm\u00f3 la esperanza de la analista en los resultados ben\u00e9ficos de reconocer su falla.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hemos extra\u00eddo otro ejemplo de la historia-del tratamiento de la muchacha catat\u00f3nica a la que me refer\u00ed en mi trabajo, Remarks on \u00edhe Ph\u00fcosophy of Mental Disorder (70). Esta paciente expresaba su ansiedad provocada por muchos meses de hospitalizaci\u00f3n, repiti\u00e9ndole a la analista casi a diario, que ella, la enferma, deb\u00eda abandonar el establecimiento. Dec\u00eda que si los m\u00e9dicos se opon\u00edan a que fuese dada de alta, le deb\u00edan informar con exactitud en qu\u00e9 consist\u00eda su enfermedad residual. La analista reconoci\u00f3 lo leg\u00edtimo del pedido y solicit\u00f3 a la paciente uno o dos d\u00edas de plazo, durante los que tratar\u00eda de concebir algo que tuviera un significado y le fuera \u00fatil a la enferma. Una vez formulado, le result\u00f3 sensato a la paciente, y lo acept\u00f3. Sin embargo, al d\u00eda siguiente volvi\u00f3 a insistir en su deseo de ser dada de alta. La analista qued\u00f3 contrariada, se impacient\u00f3, pero se dio cuenta de ello, y sintiendo que deb\u00eda admitir su fracaso, se disculp\u00f3. La paciente manifest\u00f3 su aprecio por esta actitud de la analista, declarando que era ella quien deb\u00eda disculparse, no la analista, ya que hab\u00eda colmado la paciencia del m\u00e9dico con su conducta reiterada. Paciente y terapeuta pudieron entonces convenir sobre los aspectos favorables de una relaci\u00f3n m\u00e9dico-paciente, en la cual ambas se sent\u00edan en libertad de disculparse mutuamente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Algunas veces, si el analista previera dificultades que podr\u00edan surgir de contrastes espec\u00edficos entre la conformaci\u00f3n\u00bb de su personalidad y la del paciente, ser\u00eda aconsejable que el terapeuta expusiera esta posibilidad a aqu\u00e9l, se\u00f1alando el peligro de su interferencia en el progreso de la psicoterapia. La experiencia que sigue ilustra lo dicho. Un psic\u00f3pata muy brillante, inteligente y astuto, muchas de cuyas relaciones interpersonales s\u00e9 manifestaban en t\u00e9rminos de manipulaciones de poder, recibi\u00f3 de parte del analista, luego de la segunda sesi\u00f3n, la confesi\u00f3n de que se consideraba razonablemente inteligente, pero mucho menos listo y astuto que el paciente, y que no le costar\u00eda mucho al enfermo obstaculizarlo si se decidiera a emplear su sagacidad superior y su astucia con tal fin. Lo invit\u00f3 entonces a optar, entre usar del analista para lo que \u00e9ste pudiera ayudarle, o en hacerlo blanco de sus manejos. A .pesar de esta advertencia que el m\u00e9dico ofreci\u00f3 para el bien de ambos, el paciente m\u00e1s de una vez logr\u00f3 enga\u00f1ar al terapeuta durante el tratamiento. Dado que esto estaba previsto, fue f\u00e1cil volver a la declaraci\u00f3n inicial para malograr cualquiera de las sagaces, aunque in\u00fatiles, manipulaciones de poder del paciente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El sentido de seguridad del analista es sometido a la mayor prueba de resistencia cuando debe encarar el despliegue de hostilidad del enfermo mental. No estoy de acuerdo con los postulados del an\u00e1lisis cl\u00e1sico, seg\u00fan los cuales las personas nacen para ser hostiles y agresivas, v. g. con la doctrina de Freud del instinto de la muerte (4.3, 105). En este nuestro mundo hostil, toda persona \u2014ciertamente todo enfermo mental\u2014 tiene suficientes razones para aprender a desarrollar reacciones de hostilidad. Los pacientes mentales reaccionan con hostilidad a la conducta hostil, y a los defectos de los adultos significativos de su ambiente; incluso a las fallas de su terapeuta, y le transfieren la ira y el resentimiento producidos por sus experiencias anteriores. M\u00e1s a\u00fan, interpretan la conducta y las comunicaciones del terapeuta seg\u00fan la pauta de sus experiencias desfavorables, pasadas con otra gente. De aqu\u00ed se infiere que todo enfermo mental tendr\u00e9 que expresar un marcado grado de hostilidad en el curso de si intercambio interpersonal con el terapeuta. Siendo as\u00ed, la psicoterapia solamente puede llegar a feliz t\u00e9rmino si el analista es lo bastante seguro de s\u00ed mismo, como para tratar adecuadamente las reacciones hostiles de sus pacientes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Existe otra fuente inevitable de reacciones hostiles de los pacientes contra el terapeuta; proviene de la bipolaridad de la din\u00e1mica de los trastornos mentales. Se ha dicho en la Introducci\u00f3n, que los s\u00edntomas mentales son una expresi\u00f3n de la ansiedad de los pacientes. Al mismo tiempo, constituyen una defensa contra la misma, es decir, un intento de impedirla. Las actitudes de los pacientes hacia el psicoterapeuta son, inevitablemente, un reflejo de este doble significado de sus s\u00edntomas. El m\u00e9dico que combate la sintomatolog\u00eda de los enfermos ser\u00e1 objeto de los sentimientos amistosos de estos pacientes, en la medida en que sus actitudes sean motivadas por su tendencia inherente a recuperar la salud. Pero, al mismo tiempo, los pacientes mentales se aferrar\u00e1n a su sintomatolog\u00eda, debido a su cualidad defensiva. En consecuencia, el analista ser\u00e1 tambi\u00e9n el blanco de su hostilidad, puesto que sus esfuerzos terap\u00e9uticos est\u00e1n dirigidos a privarlos de estas defensas. El reconocimiento de la bipolaridad din\u00e1mica de la sintomatolog\u00eda de los pacientes mentales, debiera ayudar al analista a sobrellevar estas explosiones de hostilidad, que son determinadas por la funci\u00f3n y no por la .personalidad del analista. Algunos analistas creen que pueden exhibir su capacidad para escuchar sin alterarse los estallidos hostiles de los pacientes y los \u00abinvitan a expresar su hostilidad\u00bb, por as\u00ed decirlo. Por supuesto, que fracasan. Primero, el paciente no est\u00e1 dispuesto a aceptar ninguna sugerencia de una persona por la que siente ira o resentimiento y mucho menos la invitaci\u00f3n de expresar este resentimiento. Segundo, no es probable que lo lleve a cabo porque nadie realmente siente o piensa respecto de su ira, en t\u00e9rminos de \u00abhostilidad\u00bb. El mismo empleo del vocablo abstracto puede hacer que el paciente sienta que su ira, su rabia, su furia, su resentimiento, etc., son subestimados o tomados en broma, cuando se los denomina \u00abhostilidad\u00bb. Por ello, el analista que invita a su paciente a expresar hostilidad, se protege a s\u00ed mismo, a sabiendas o no, de convertirse en el verdadero objetivo de esta hostilidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Algunos terapeutas han aprendido a fortificarse para sobrellevar el ataque abiertamente hostil de un paciente, de un modo terap\u00e9uticamente v\u00e1lido, es decir, impersonal. Sin embargo, estos mismos analistas no pueden mantener su capacidad profesional de escuchar a sus iracundos pacientes, si esta ira se expresa en profesionales del m\u00e9dico. Los analistas que hacen psicoterapia con paciente de hospital o cl\u00ednica pueden sentir la tentaci\u00f3n de neutralizar las invectivas hostiles contra sus instituciones. Dado que puede existir una necesidad de ser leal y de defender los lugares con los que est\u00e1n vinculados, los analistas pueden pasar por alto el hecho de que con mayor frecuencia los pacientes solamente parecen criticar o repeler el hospital o la cl\u00ednica. En realidad, pueden estar usando las instituciones como blanco de la expresi\u00f3n de sentimientos negativos que van dirigidos contra su terapeuta, quien es parte del establecimiento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Otra manera corriente de enga\u00f1arse respecto de la hostilidad o las cr\u00edticas de los pacientes, proviene de sus quejas acerca de o\u00edros m\u00e9dicos que los han tratado. La tentaci\u00f3n de sentirse halagados al ser considerados mejores que los colegas mencionados, puede inducir al analista a desatender el hecho de que estos juicios son usados por el enfermo tan s\u00f3lo como una pantalla para expresar juicios o sentimientos negativos, en momentos en que el paciente, en realidad, est\u00e1 hablando de su analista actual.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El analista puede sentir que su seguridad se encuentra a\u00fan m\u00e1s amenazada por la cr\u00edtica velada o directa de su paciente, cuando la considera objetivamente justificada. Es muy de desear que un analista se sienta suficientemente seguro, tanto corno persona como en su trabajo, de suerte que pueda escuchar y discernir correctamente la cr\u00edtica justificada de la injustificada. Si la reconoce como correcta debe tomarla en su valor real y sacar conclusiones \u00fatiles. Si la considera injustificada, debe ser capaz de escuchar con atenci\u00f3n y enfocar las averiguaciones subsecuentes en las razones emocionales de la necesidad del paciente de criticar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La hipersensibilidad hacia una estimaci\u00f3n o subestimaci\u00f3n justificada o injustificada de las capacidades del analista, debido u una falta de respeto propio, obstaculizar\u00e1 de modo particular sus contactos constructivos con algunos grupos de psic\u00f3ticos. Debido a su marcada ansiedad, esa gente ha desarrollado una continua vigilancia sobre su medio y est\u00e1n muy alertas en cuanto a las experiencias interpersonales. Como consecuencia, frecuentemente pueden captar emocionalmente, detalles que pasan Inadvertidos para otros, incluso para el analista. A trav\u00e9s de lo\u00bb gestos, actitudes, palabras inadvertidas y acciones del analista, el enfermo psic\u00f3tico a veces, puede adquirir un notable conocimiento m\u00e9dico ignora. Una seguridad bien desarrollada es necesaria para que el analista pueda escuchar sin resentimiento los comentarios de sus pacientes sobre estas tendencias de su personalidad, indeseables frecuentemente, y que hasta entonces no conoc\u00eda.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Frieda Fromm-Reichmann Frieda Fromm-Reichmann (1889-1957) fue una psiquiatra alemana contempor\u00e1nea de Sigmund Freud, quien emigr\u00f3 a los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial. Su paciente m\u00e1s famosa, Joanne Greenberg, escribi\u00f3 una autobiograf\u00eda novelada, Yo no te promet\u00ed un jard\u00edn &hellip; <a href=\"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/necesidades-extra-profesionales-del-analista\/\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-2864","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-sin-categoria"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2864","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2864"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2864\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2867,"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2864\/revisions\/2867"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2864"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2864"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.adepac.org\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2864"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}