La imagen psíquica en la intervención clínica de la Psicología Analítica – Parte 3

LA IMAGEN PSÍQUICA EN LA INTERVENCIÓN CLÍNICA DE LA PSICOLOGÍA ANALÍTICA

Tercera Parte


Andrés Ocazionez Trujillo

Psicólogo de la Universidad San Buenaventura (Medellín). Este documento hace parte de su tesis de pregrado en psicología, presentada en 2006. E-mail: aocazionez@yahoo.com. Se publica con autorización del autor.

 


5. APUNTES EN TORNO A LA PSICOTERAPIA

 

5.1 FANTASÍAS ALREDEDOR DE LO PSICOTERAPÉUTICO


Al revisar las declaraciones de los informantes en relación al lugar y quehacer del psicólogo en la clínica de la psicología analítica, se hizo evidente una gran variedad de imágenes ofrecidas para ilustrar la práctica terapéutica. Éstas llaman la atención no sólo por su cantidad sino además por su heterogeneidad. De hecho, cada informante se sirvió de varias imágenes para describir el lugar del terapeuta y la psicoterapia. Por otro lado, no se puede pasar por alto que dichas descripciones se hacían por medio de imágenes metafóricas (el terapeuta es como un lazarillo, un acompañante, un facilitador o la psicoterapia es como un viaje, una exploración) y no a partir de definiciones técnicas o teóricas. Lo anterior permite entrever una psicología que fantasea acerca de sí misma, cargada de proyecciones, prejuicios y expectativas que provienen no sólo de sus críticos, usuarios u otros ámbitos profesionales y académicos sino, además, de sí misma. En palabras del informante 5:

La función del terapeuta es una imagen muy compleja en el sentido jungiano, o sea, hay una cantidad de significados adscritos a él, una combinación de un maestro, un sacerdote, un chaman. A veces como un abogado en ciertas cosas, es un mediador, es un comunicador, es una imagen numinosa yo diría. Entonces eso genera en la cultura que la gente tenga muchas reservas frente al trabajo del terapeuta o que busquen una función salvífeca porque de alguna manera también portamos esa imagen. (…) Ser clínico te exige estar cuidando tus propias imágenes, estar conciente de ellas.(163)

El informante 3, por su parte, declara que, “la fantasía de la cura esta rodeada o tiene muchas imágenes, desde las médicas o de la cirugía donde se trata de extirpar el elemento dañino o de eliminar la herida o eliminar el problema hasta otras.” (164) Hillman afirma al respecto:

…se ofrece una notable variedad de modelos de práctica terapéutica: algunos son sumos sacerdotes del culto del alma o sus confesores o sus directores espirituales; otros son pastores de almas, líderes de grupo; otros son dialécticos, sofistas, educadores; otros son pragmáticos, consejeros prácticos o minuciosos biólogos escrutadores de la historia vital; algunos son madres solicitas alentadores del crecimiento, inspiradoras o confidentes; y todavía hay otros que pueden ser desde un mystes, un epoptes, pasando por un chamán o un iniciador, hasta un gurú del cuerpo dedicado a despertar su sensibilidad. La medicina es una oferta más, e incluso los modelos de la práctica médica varían entre sí. (165)

Reconocer que la psicología tiene -y mantiene- fantasías frente a sí misma es de vital importancia para la psicología analítica. Sí según Jung la psique es imagen, la psicología y la psicoterapia podrían entenderse como surgiendo de la imaginación. Autores cómo el ya citado (166), conciben el discurso de cada escuela psicológica imaginalmente, como un estilo narrativo. Así la psicología analítica se sirve de los géneros o categorías de la imaginación literaria –épica, comedia, picaresca, misterio, realismo, social- no sólo para comprender la organización narrativa de sus pacientes, sino además, para examinar las nociones de la psicología acerca de sí misma. Según este punto de vista, el terapeuta podría verse como inmerso en un episodio dramático, incluso cuando analiza los dramas de la vida, compartiendo con sus pacientes lo que Stevens(167) denomina una conspiración imaginativa. El mismo autor, en relación a la metapsicología, sugiere que:

… la metapsicología no está formada por entes directamente observables, sino por abstracciones. Freud no tuvo inconveniente en admitir que la metapsicología es una ficción: inventamos un vocabulario que nos permite hablar de la psique como si ésta tuviera una estructura, para así poder crear un modelo de trabajo que nos ayude a comprenderla. Pero este modelo imaginario no representa una realidad concreta. Es una metáfora. (168)

Cada psicología puede verse entonces como una ficción sobre el alma humana, sobre su genealogía, sus máscaras, dioses y tragedias, sobre los mojones que delimitan y determinan su destino. De una entrevista apócrifa con Freud, el escritor Giovanni Papini relata la siguiente declaración del padre del psicoanálisis:

Hombre de letras por naturaleza, aunque médico por necesidad, concebí la idea de convertir una rama de la medicina –la psiquiatría- en literatura. Aunque tengo el aspecto de un científico, era y soy un poeta y un novelista. El psicoanálisis no es más que la interpretación de una vocación literaria en términos de psicología y patología. (169)

Ahora bien, la reseña y consideración de cada una de las imágenes ofrecidas por los informantes resultaría excesiva para la naturaleza del presente trabajo. Sin embargo, el escrutinio cuidadoso de sus declaraciones permite entrever una tendencia, una suerte de hilo conductor que pone de manifiesto algunos aspectos sobresalientes de la manera en que los entrevistados imaginan lo psicoterapéutico. Así, la psicoterapia es ilustrada como un viaje o una exploración, un tránsito por la senda incierta, metafórica y parabólica de las imágenes psíquicas. El terapeuta, por su parte, es imaginado como un acompañante, un guía o un mediador quien, a manera del poeta Virgilio, atestigua el viaje, ayudando al paciente a encontrar un trasfondo simbólico para su acontecer psíquico. Así en palabras del informante 2,

La psicoterapia es algo que a veces te hace sentir un poco desgraciado pero como la desgracia no la produce nadie, ya ni es tu culpa ni es culpa de nadie, es una vía, es un camino, lleno de opciones, es como Ulises. Yo creo que el terapeuta es como la brújula en el viaje de Ulises, es el que esta ahí un poco como testigo del viaje, es como un testigo, pero no es un testigo pasivo porque eso te esta pasando en otro. También lo tienes que atestiguar. (170)

Y según el informante 5:

Más bien es eso, es como un mediador, es como la figura del Hermes Psicopompo, es una de las acepciones de Hermes el dios griego según la cual él era el que llevaba las almas al Hades. Es un poco el que hace la conexión del alma con el inconsciente, como con la profundidad, también como con esta figura de los chamanes en las civilizaciones antiguas como una cierta relación con la naturaleza, una cierta interpretación de la naturaleza en relación con la psique. (…) Yo pienso que se trata un poco de eso de ayudar al otro a que el mismo se dé cuenta de la dirección de su alma. (171)

El Hades como metáfora de lo inconsciente ha sido un tema ampliamente desarrollado por Hillman (172) quien lo describe como el anfitrión por excelencia de eidola, de la imagen. El Hades al igual que lo inconsciente es “por definición invisible y no directamente cognoscible” (173) o en palabras del informante 3,“…el Hades griego, las imágenes del Hades son incorpóreas, de cierta transparencia, se puede ver a través de ellas.” (174) La psicoterapia es pues descrita como un tránsito por una topografía incierta que no permite ser aprehendida por literalizaciones y cuyo tránsito exige una aproximación metafórica, indirecta. Así durante la entrevista con el informante 1 pasa un ciego con un lazarillo:

(Pasa un ciego) Vea esa imagen de ese ciego que pasó con un lazarillo yo creo que podríamos pensarla así, cuando un paciente cuenta un sueño es como el ciego y yo soy el lazarillo y yo lo único que hago es ponerle el hombro y bueno más o menos conducirlo para que no se choque, para que no se caiga. Avisarle que hay un vacío, que hay una escala, algunas cosas de esas, pero yo no intervengo mucho. (175)

Como se puede apreciar en las declaraciones aquí citadas, el destino de la psicoterapia no está anticipado por las ambiciones o la voluntad del paciente o el terapeuta. La psicoterapia entendida desde la psicología analítica no tiene como objetivo predeterminado erradicar los síntomas, restituir la normalidad u orientar la vida de acuerdo con ciertas normas. Pues como argumenta el informante 3 en relación a la fantasía de la cura:

… esa cura es imposible y no sólo es imposible, puede ser perjudicial porque necesitamos nuestras heridas porque ellas son las que promueven la pregunta, ellas son las que promueven el que estemos dinámicamente activos en este mundo, necesitamos las heridas para imaginar. (176)

Más que un método para resolver problemas o vivir una existencia ideal, la psicoterapia podría entenderse como un cuidado prolongado del alma y sus imágenes. Moore sugiere al respecto que:

La palabra cuidado implica una manera de responder a las expresiones del alma que no tiene nada que ver con el heroísmo ni con la fuerza muscular. Cuidar es lo que hace una enfermera y, casualmente, cuidar a un enfermo es uno de los primeros significados de la palabra griega therapeia o terapia. (…) el cuidado del alma es en muchos sentidos un retorno a lo que al principio se entendía por terapia. (177)

Y según el mismo autor, la terapia consiste en, “llevar la imaginación a los dominios que están desprovistos de ella, y que por eso mismo necesitan expresarse en forma de síntomas”. (178)

Según lo expuesto, los informantes parecen imaginar un ejercicio terapéutico entregado a la consideración de las expresiones del alma, a la imaginación. Al reconocer que la peculiaridad humana está determinada tanto por lo insano y retorcido como por lo racional y normal, las imágenes psicopatológicas son igualmente tomadas en cuenta, son atendidas. Si bien el sufrimiento y el padecer del paciente no son pasados por alto ni son eufemizados, la cura, en tanto modelo médico de solución de síntomas es apreciada desde un trasfondo imaginal, como una fantasía.

Al haber revisado la manera como los clínicos entrevistados imaginan lo psicoterapéutico, se puede proceder a discutir las experiencias que han construido a partir de la imagen en el espacio clínico y más específicamente en lo discursivo, transferencial y onírico.


5.2 IMAGEN Y PSICOTERAPIA


Como se mencionó anteriormente, los siguientes apartados tratan sobre la presencia de la imagen psíquica en diversas instancias de lo clínico. Sin embargo, y antes de emprender tal empresa, se considera necesario hacer una breve anotación acerca de la importancia que los entrevistados otorgan a la imagen en su ejercicio psicoterapéutico pues éstos parecen no sólo reconocer la imagen psíquica en cualquier aspecto de su quehacer, sino que la consideran la materia prima del opus terapéutico, el alfa y el omega del trabajo del clínico. En palabras del informante 3, “pues la imagen psíquica es el material, yo siento que es como la materia prima de la psicoterapia.” (179)
 Y como agrega más adelante:

Creo que esto de la imaginación, introducir la imaginación como herramienta o como objetivo. Porque creo que de lo que hemos dicho en esta entrevista, podríamos llegar a la conclusión de que es una herramienta como también un objetivo. Está al principio, está durante y está al final. (180)

Según Hillman (181), los eventos que se traen o que son generados en el consultorio son entendidos cómo expresiones metafóricas, imaginalmente. Éstas, aunque tratadas con cuidado y meticulosidad, no se toman por una realidad literal, física o metafísica. Los fenómenos psíquicos son considerados desde su propia ontología, entendidos en su realidad (en tanto realidad psíquica) reconociéndoles “como actualidad espectral pero objetiva” (182). Puede entonces entenderse la declaración del informante 2 cuando afirma, “Yo creo que la psicoterapia es un ejercicio de consideración de las imágenes. O sea para darles suficiente espacio para que hablen, para vivir eso simbólico.” (183)

Teniendo en cuenta la importancia de la imagen psíquica para la psicoterapia de los clínicos entrevistados, se procede a continuación a revisar las experiencias que los clínicos han construido con la imagen psíquica en su trabajo con los sueños, lo discursivo y transferencial.


5.3 IMAGEN Y DISCURSO


El tema de lo discursivo es fundamental para la psicología clínica. Según Hillman (184), la psicoterapia, que comienza con la talking cure de Freud marca el redescubrimiento de la tradición oral de narrar la propia historia, mientras que se percata como, afirma Kugler (185), de que la sintomatología, los sueños y los complejos están íntimamente entretejidos con los efectos sutiles del lenguaje para formar el núcleo de la vida e identidad psíquica. En palabras del informante 5 “el ámbito clínico, lo sabemos como psicólogos, está circunscrito a la palabra y a la utilización de la palabra” (186). Aun así, autores como Kugler (187)
advierten que los terapeutas, y no sólo los pacientes, pasan por alto el papel del lenguaje en la formación de la personalidad y el tratamiento psicoterapeutico. Mientras que Hillman (188), por su parte, acusa a la psicoterapia moderna de haber reemplazado la palabra por la acción, el contacto, el llanto y el gesto perdiendo, de esta manera, su elocuencia. Sin embargo, es la articulación de la imagen, la elaboración retórica, la sintaxis, el símbolo, la lírica y, en último término, la palabra lo que constituye la base de la peculiaridad humana, su exuberancia y despliegue, su ostentatio (189). El presente apartado procura revisar la manera como los clínicos entrevistados viven lo discursivo en lo psicoterapéutico y, más específicamente, la manera cómo experimentan la imagen psíquica en el lenguaje.

Se considera imprescindible, para comprender la relación entre lo imaginal y lo discursivo, referir la investigación psicolingüística emprendida por Jung en la Burgholzli Klinik a principios del siglo XX. Así Jung bajo la supervisión de Bleuer y en colaboración con Riklin diseñó un experimento para investigar la relación entre el lenguaje, la psicopatología y la formación de fantasías. A través de sus experimentos de asociación de palabras, Jung descubrió que los errores para asociar ciertas palabras-estímulo particulares se debían a lo que bautizo como complejos afectivos. (190) Los sujetos, al relajar su atención, tendían a mostrar un aumento en la asociación de palabras por vía fonética en detrimento de una asociación semántica lo que reveló grupos autónomos de asociaciones conectadas fonéticamente en cuyo núcleo se encuentra una imagen psíquica. Es decir, las palabras asociadas fonéticamente están emparentadas, se refieren y aluden a una imagen de la fantasía. La importancia de los experimentos de asociación de palabras para comprender la relación entre el lenguaje y la imaginación radica, según Kugler (191), en que, por un lado, el lenguaje de la persona está dominado por grupos autónomos de asociaciones en cuyo centro se encuentra una imagen y, por el otro, en que los procesos inconscientes de asociaciones se dirigen por consideración fonética e imaginal. Así, puede comprenderse al informante 2 cuando declara que: “desde mi experiencia, yo creo que cuando la palabra te relata algo lo hace en imagen. Es muy difícil separar una cosa de la otra.” (192) O según el informante 4, “la palabra puede ser símbolo, como la imagen.” (193)

Lo anterior permite una visión más amplia de la imagen psíquica y del lenguaje. Desde este punto de vista, la primera no se limita sólo a una representación pictórica ya que por medio de las palabras las imágenes de la fantasía se manifiestan en sonido. Mientras que las palabras no son sólo aquello carente de sentido inherente que puede ser reducido a unidades cuasi-matemáticas, como pretende la lingüística estructural moderna (194). Cuando una palabra toca un complejo, se intensifica el afecto, las imágenes de la memoria son activadas y los antiguos patrones de comportamiento, actualizados (195). Nada más adecuado para ilustrar lo anterior que el efecto de la literatura y la poesía en el lector. Así el informante 1:

…eso toca mucho con la poética, como con cierta literatura. Yo había estado leyendo en estos días unos cuentecitos de Clarice Lispector y bueno esa mujer se sienta en un parque y empieza a describir con su escritura cómo se están madurando los frutos de ese árbol y cómo esos frutos maduros caen a la banca de cemento y son carnosos y se pudren y a mí me sabe, me sabe, me sabe a ciruela. (…) entonces siento que a veces eso pasa en la consulta, eso pasa en el consultorio, a mi me pasa con unos más que con otros. (196)

Como evidencia el informante 1, esta manera imaginal de entender lo discursivo es igualmente posible en el ámbito terapéutico. De esta manera el discurso del paciente puede entenderse narrativamente, como una historia que el alma se cuenta a sí misma. En palabras del informante 2:

Yo creo que desde el principio cuando tengo al frente a una persona en clínica tengo claro de que me ésta hablando de sus imágenes. Mira tengo una imagen que me gusta mucho para pensar eso, cuando yo era niña mi abuela tenía una de esas mesas de cuatro puestos pero las patas eran hacia adentro y en la parte de abajo tenía una base cuadrada, nosotros nos sentábamos en esa base a jugar como si fuera un carro. Pero cuando nos regañaban o había pues como una cosa también nos metíamos debajo de esa mesa y un poco en esa mesa se contaba lo que había pasado y volvía y le daba vueltas y lo repasaba y se imaginaban las formas de escurrírsele al regaño, la pela o a lo que fuera que fuera la amonestación. Y debajo de esa mesa esa niña se contaba esa realidad de otra manera. Para mí en clínica cuando el otro te lleva el caso es como esa niña tratando de contarse su realidad de alguna manera, es como una niña que cuenta un cuento por dentro y para contar ese cuento claro utiliza los personajes que conoce. Entonces ahí hay una imagen concreta, cuando el otro llega a mi consulta yo sé que me está contando un cuento, ahora no se que parte del cuento me esta contando. El trabajo ahí es como hilar el cuento entre el sentido, el personaje, la proyección, como hilar el cuento también para que el otro se de cuenta que es un cuento lo que el se esta contando. Es como la narración, constituye una historia, una historia simbólica, una historia fantástica y entras por túneles y sales por caminos y te encuentras con los personajes más horribles y con los más queridos y es una historia. Siendo más estrictos académicamente es un mito. (197)

El terapeuta mira a través del discurso del paciente, lo que trae a consulta no es literalizado y sus palabras no se toman como representantes de un referente objetivo. Por el contrario el habla se hace imaginal y autoreferente, descriptiva de una condición psíquica desde su misma expresión (198). El discurso no es sólo un instrumento para comunicar algo más allá de sí mismo (su significado sintáctico literal) se toma en cuenta el estilo narrativo, el acento, los juegos fonéticos y el cambio de puntuación, entre otros, para descubrir la narrativa tras el caso, la imagen tras el síntoma. Ahora bien, la psicología analítica, al entender el discurso mitopoéticamente, hace un giro del concepto hacia la imagen permitiendo, de esta manera, que la experiencia continúe metaforizándose, renunciando a la fantasía de la certeza. En palabras de Hincapié, “…el giro hacia la imagen se da puesto que no persigue las certezas o las verdades absolutas, sino que se complace en la metáfora.”(199) Entender el discurso simbólicamente no minimiza su alcance para el saber psicológico y del mundo de la vida pues según el mismo autor, “en la idea y en la cosa hay algo inaccesible enteramente y que sólo puede ser expresado como símbolo.”(200)

Así pues, la psicología analítica comprende desde sus inicios la imagen en el discurso. Siendo la palabra esencial para su práctica clínica, se respalda en lo mítico, lo literario y lo poético para desliteralizar el discurso del paciente mientras contribuye a que el mismo mire a través de sus declaraciones, experiencias y sintomatologías. En otras palabras al redescubrir lo imaginal en el discurso, la psicología analítica opta por un discurso imaginal, encontrando en la poética su manera de estudiar, comprender, trabajar con y referirse a lo psíquico. Como sugiere Hincapié:

Hablar de lo mitopoético y de lo literario para la psicología, se constituye en una propuesta de razonamiento general para múltiples dimensiones del ser, de las cosas, del mundo y de la vida. Lo poético y lo literario se expone como lo otro que dona un topos donde descubrir y construir los sentidos y los significados. Una psicología que toma por premisa el lenguaje de lo poetizante, es una psicología que concibe una base poética para la mente, arrancando no desde las funciones del cerebro, la inadecuación de los padres o de las dificultades del aprendizaje social, sino de los procesos de la imaginación. (201)

Como se ha visto a lo largo de este apartado, la psicología analítica encuentra en lo discursivo un medio excepcional para hacer alma, para encontrar la imagen en la palabra, lo imaginal en lo discursivo. Al devolver el alma a las palabras se hace un movimiento desde las generalidades y estereotipias del nominalismo a lo específico de la imagen que encuentra su expresión en las modalidades del discurso. Lo anterior abre el camino, cómo se menciona en el capítulo anterior, a una psicología más imaginal y poetizante que conceptual, nominalista o clasificatoria. El siguiente apartado aborda las experiencias y posturas de los clínicos frente a las imágenes oníricas.

 

 

5.4 IMÁGENES ONÍRICAS


El propósito del presente apartado consiste en revisar la manera en que los clínicos conciben y se relacionan con las imágenes oníricas desde su trabajo terapéutico. El compromiso de los clínicos de la psicología analítica con las imágenes de los sueños en sus vidas privadas y profesionales constituye una característica significativa de la escuela. Así Jung, “por muchos años he analizado cuidadosamente alrededor de 2,000 sueños anualmente, por consiguiente, creo haber adquirido cierta experiencia en el asunto” (202)
. Como se puede evidenciar a lo largo de toda su obra autobiográfica (203), Jung consagraba una considerable cantidad de tiempo y dedicación al trabajo con sus propios sueños y, de hecho, una porción significativa del corpus teórico de los inicios de la psicología analítica se debe a este trabajo. Así mismo, los entrevistados declaran el compromiso con sus propios sueños, como afirma el informante 5,“llevo trece años escribiendo y trabajando con mis sueños.” (204) Y según el informante 2 “tengo como… creo que como casi todos los jungianos por lo menos 25 libros de sueños”(205) O en palabras del informante 1:

Yo he sido muy fiel a una cosa: yo puedo tener cinco cuadernos de dibujos en donde tengo sueños escritos y pintados, yo soy muy fiel a esa tarea de escribirlos y pintarlos. Cada sueño escrito y pintado. Entonces tengo una cantidad de cuadernos de algunas épocas en mi vida en donde me he dedicado sistemáticamente a hacer eso. Tengo otros cuadernos en donde yo escribo y pinto los sueños más esporádicamente. Dentro de esos cuadernos tengo una parte en la que empiezo a mirar personajes, acontecimientos y trabajar algunos aspectos de los distintos sueños. La convicción tiene que ver con esto, yo tengo que estar conectada a ellos. (206)

Ahora bien, como se mencionó anteriormente la psicología jungiana, a diferencia de Freud, considera que la verdadera vía regia al conocimiento del inconsciente son los complejos pues son estos quienes participan en la elaboración del sueño. Sin embargo, como afirma Baudouin: “Freud ha encontrado en el sueño la “vía regia” de acceso al inconsciente. Lo sigue siendo, de hecho, a los ojos de Jung – aunque él prefiere decir que la verdadera vía regia son los complejos, pero los sueños son en verdad los reveladores de los complejos-.” (207)

No se puede, pues, pasar por alto la importancia del trabajo con los sueños para una psicología consagrada a la imagen ya que, como sugiere el informante 3, “la imagen del sueño sería como el paradigma de la imagen psíquica.” (208) Es a partir del sueño, donde el yo deambula como imagen entre imágenes autónomas, que se puede reconocer la imagen psíquica como independiente de la subjetividad del ego o, incluso, de la imaginación en sí misma en tanto actividad mental. En palabras de Hillman:

…el alma es principalmente una actividad imaginal presentada, en su forma más nativa y paradigmática, en el sueño. Pues es en el sueño que el soñante funciona como una imagen entre otras y donde se muestra, de manera legítima, que el soñante esta en la imagen más que la imagen en el soñante. (209)

La imagen onírica en tanto paradigma de la imagen psíquica muestra, por otro lado, la autonomía de la misma. Es decir, la imagen onírica al no ser controlada o manipulada a voluntad del soñante se muestra como formación de una psique objetiva (210), independiente de la subjetividad del ego del soñante. El sueño, estrictamente hablando, no sería del soñante sino de la psique y el soñante, una imagen entre otras, estaría siendo imaginado por la psique. (211) Así en palabras del informante 3, “las otras imágenes son autónomas. Uno en el sueño no dice voy a hacer que una persona haga tal cosa” (212) y en palabras del clínico 2: “para mí el sueño yo creo que es como lo que te vive, la vida como misterio que te vive, tu no la vives, ella te vive. (…) El sueño cuenta una historia desde el que es en ti.” (213) En la cita presentada a continuación puede verse como el propio Jung llega a reconocer una objetividad psíquica por medio de la autonomía de las imágenes:

Philemon y otras figuras de mis fantasías me mostraron que hay cosas en la psique que yo no produzco, pero que se producen a sí mismas y tienen su propia vida. Philemon representó una fuerza que no era yo mismo. En mis fantasías mantuve conversaciones con él y me dijo cosas que no había pensado conscientemente. Pues observe claramente que era él quien hablaba, no yo. Dijo que yo trataba mis pensamientos como si yo mismo los hubiese generado pero, desde su punto de vista, los pensamientos son como animales en el bosque, o personas en una habitación, o aves en el aire y agregó, “si encuentras personas en una habitación, no pensarías que hubieses creado a esas personas o que fueses responsable de ellas.” Fue él quien me enseñó la objetividad psíquica, la realidad de la psique. (…) Me confrontó de manera objetiva y entendí que había algo en mí que me decía cosas que no conozco y que no pretendo, cosas que incluso pueden estar dirigidas en mí contra.(214)


Siguiendo la indicación de Philemon, el soñante no puede adjudicarse para sí la autoría ni la propiedad de lo soñado. La imagen onírica no es de su autoría en tanto no es creación de su voluntad egoica y no es de su propiedad en tanto no esta necesariamente dirigida a representar sus deseos, necesidades u ocurrencias biográficas. La imaginación onírica es, por tanto, autónoma y al reconocerla como tal, es atendida desde su misma expresión sin necesidad de interpretarla, de traducirla en términos de un contenido latente. Como sugiere el informante 2, “el sueño es el sentido.” (215)
 Así Piñeres, retomando autores cómo Hillman y Foucault, propone:


… la imaginación onírica no sea entendida como una fachada que esconde un sentido, más bien ella se ofrece como el propio sentido, a diferencia de una mirada por decirlo así más clásica , en la que el análisis trata de agotar todo el contenido de la imagen en el sentido que puede esconder. 
(216)

La imagen onírica es imagen simbólica, diferenciada del signo y la alegoría al no tener un referente más allá de si misma, al no cumplir la función de indicar (217). Piñeres sugiere al respecto que,

Esta imagen producida por la imaginación simbólica, al no referirse ya a algo, entonces se dirige a alguien (…) Esta imagen ya no es imagen de algo, puesto que al dirigirse a alguien expresa un sentido por sí misma, no es alegoría, no cumple con ninguna función de indicar. La imagen ya no es lo que se ve en el sueño o lo que se escucha o cualquier cosa que simule actividad sensible o la labor de los sentidos. Es sobre todo lenguaje, sutil, imperceptible, pero al mismo tiempo impactante, potente, certero. (218)

Al entender la imagen onírica como imagen simbólica, la psicología analítica no pretende definirla o agotarla de una vez y para siempre?. Pues según Durand, la imagen simbólica es epifanía constante, revelación inagotable (219). Es por tanto comprensible que los informantes se vuelvan una y otra vez sobre las imágenes oníricas, encontrando en éstas una revelación siempre nueva, siempre fluctuante. Obsérvese a este respecto la declaración del informante 1:

Yo, como te dije, yo no los interpreto pero si vuelvo sobre las imágenes de él permanentemente: anoche soñé y antenoche soñé y ese sueño que tuve y ese me remite a uno que tuve hace diez años y vuelvo y miro el dibujo y a veces me siento como a repasar los libros de imágenes del arte, a repasar las imágenes que yo he pintado del sueño. Entonces tengo algunos sueños elegidos, sobre todo algunas imágenes de ellos como predilectos, como imágenes a las que yo vuelvo, que me acompañan, que me hablan cuando estoy atrancada, cuando tengo preguntas difíciles o cuando me quiero conectar con aspectos míos que se me hacen difíciles, cuando desconfío, cuando no estoy confiando, estoy asustada, vuelvo a esas imágenes. Yo creo que un poco me acunan, un poco me cuidan. Esas imágenes están hay y yo vuelvo a ellas siempre como unos relicarios, diría yo. (220)


Hillman, como se puede ver en la siguiente reflexión parece estar de acuerdo con la declaración del informante 1,

Si pensamos en cualquier sueño que haya sido importante para nosotros, mientras pasa el tiempo y reflexionamos en él, más descubrimos en él y más variadas son las direcciones que de él surgen. Cualquier certeza que hubiese podido brindar, se convierte en complejidades más allá de formulaciones precisas cada vez que el sueño es estudiado. La profundidad de la más simple imagen es realmente inalcanzable. Esta profundidad interminable, abrasiva, es una de las maneras en que el sueño muestra su amor. (221)


5.5 IMAGEN Y TRANSFERENCIA


Revisar la relación entre transferencia e imagen psíquica supone una empresa en principio compleja pues cómo afirma Jacobi, “ya en sí el fenómeno de la transferencia es arquetipal.” (222)
 Es decir, la transferencia puede entenderse de principio como la imagen primordial de las relaciones humanas, su paradigma arquetípico, lo complejo en la relación. Según el informante 3, la transferencia:

No se refiere sólo a cómo el paciente dialoga con sus imágenes, no se refiere sólo a como el terapeuta puede poner a dialogar la imagen del paciente con el ego de su paciente y no se refiere sólo a que el terapeuta controle o ejerza un control sobre sus imágenes en medio de ese dialogo que esta haciendo el paciente o que esta haciendo con el paciente. Creo que entonces se complejiza mucho más el asunto porque estamos hablando de que la imagen va a aparecer en la psicoterapia como un elemento con el cual van a dialogar los dos, paciente y terapeuta. Y esta imagen es la imagen del paciente, la imagen del terapeuta y la imagen, digamos que sería arquetípica, la imagen, la imagen de esa relación. (223)

Como indica el informante 3 la transferencia es en sí misma una imagen, paradigmática si se quiere, de la relación terapéutica. El mismo clínico procura darle forma a la imagen de la transferencia contrastándola con las de la alquimia:

En la alquimia, digamos, es la relación entre el alquimista, por ejemplo, y la soror mística, la hermana o la amante que esta junto a él en el proceso alquímico y que de alguna manera ella también se esta transformando y es una aprendiz. Ella es un aprendiz pero al mismo tiempo hay una relación entre ellos. (224)

Esta imagen particular permite vislumbrar dos aspectos fundamentales de la relación transferencial que aparecen en las declaraciones de los informantes, los cuales son, a saber; la presencia del eros en la transferencia y la afectación mutua o el proceso en paralelo que realizan paciente y terapeuta. Según el informante 2, “para mí la transferencia es una imagen, es netamente una imagen. O sea es poner algo de ti en otro y que el otro ponga algo de él en ti. Es la posibilidad de crecer juntos.” (225) Y agrega posteriormente, “entonces para mí la transferencia es una vía de conocimiento, la amorosa, la terapéutica. O sea tu en la relación estas poniendo en otro, estas conectándote en otro con algo que tu tienes.”(226)

Se concibe pues la transferencia como un fenómeno de afectación mutua donde el amor es un elemento indispensable para el trabajo terapéutico. El reconocimiento del erotismo para la clínica ha permanecido, según Hillman, invariablemente a lo largo del desarrollo de la psicología profunda,

Desde sus inicios la psicología profunda ha reconocido la función especial de Eros en su trabajo. De hecho, el psicoanálisis ha sido tanto un erotoanálisis como un análisis del alma en tanto que su perspectiva básica hacia la psique ha sido, desde un primer momento, libidinal. La omnipresencia de Eros en la terapia y en la teoría de todas las psicologías profundas recibe su reconocimiento bajo el término técnico de transferencia. (227)

Esta unión entre erotismo y transferencia encuentra su contexto imaginal, su trasfondo simbólico e histórico en Eros y Psique, “Toma, Psique y se inmortal; Cupido (Eros) nunca romperá los lazos que a ti le ligan: el matrimonio que os une es indisoluble.” (228) Hillman sugiere que esta transposición mitológica implica que, “todo fenómeno erótico, incluyendo los síntomas eróticos, buscan su conciencia psicológica y todo fenómeno psíquico, incluyendo los síntomas neuróticos y psicóticos, buscan su abrazo erótico”. (229) No obstante trabajos como el de Stein(230) advierten la imposibilidad mitológica de que Psique y Eros se hagan uno, es decir, que el Eros se convierta psicológico y la psique, erótica. Lo anterior es igualmente tratado por Jacobi (231) quien señala la dificultad que implica hacer del amor de transferencia algo literal, concreto, y sugiere tomar éste como algo metafórico, simbólico. Ésto, sin embargo, no es tarea fácil y, como se puede observar en la siguiente declaración de Freud, desde los inicios de la psicología profunda se ha advertido su complejidad:

Consentir la apetencia amorosa de la paciente es entonces tan funesto para el análisis como sofocarla. El camino del analista es diverso, uno para el cual la vida real no ofrece modelos. Uno debe guardarse de desviar la transferencia amorosa, de ahuyentarla o de disgustar de ella a la paciente; y con igual firmeza uno se abstendrá de corresponderle. Uno retiene la transferencia de amor pero la trata como algo no real… (232)

Ahora bien la transferencia, al igual que el amor, requiere un interés y una afectación bilateral, cierta identificación entre paciente y terapeuta o, en palabras del informante 1, una “comunión”. Pero, al igual que en el erotismo, los determinantes de dicha comunión transferencial permanecen velados al ojo desnudo, no son identificables de una vez y para siempre. En palabras del informante 1:

Algo de eso siempre quedará en el misterio. Algo siempre está del orden de lo misterioso, no lo quisiera develar nunca, lo quiero dejar ahí… Y, bueno yo creo que podríamos decir que coincidimos en los tránsitos, si tu te estas haciendo una pregunta por la identidad, yo también me la estoy haciendo y nos cruzamos, es posible que esa pregunta nos permita transitar y hacer esa travesía juntos. (233)

La mutua afectación es pues un elemento insoslayable de la relación transferencial según la psicología analítica. Algo del paciente es puesto en el terapeuta mientras que algo del terapeuta se pone en el paciente. Dicho fenómeno de afectación bilateral es tratado ampliamente por Jung (234). Así, el autor compara la mutua afectación de dos cuerpos químicos con la mutua afectación que se da en la transferencia, concluyendo que ambos quedan afectados y agregando más adelante que ésta mutua afectación ofrece una posibilidad terapéutica inestimable. Se considera importante señalar que lo puesto por el terapeuta en la relación transferencial, no es un contenido que tenga por finalidad “implementar” algo, sino promover que el paciente re-imagine la relación con su psique y erotismo. En palabras del informante 3:

Ahí está el asunto clave en psicología analítica, el terapeuta también es un ser que esta haciendo un proceso dialógico en él con sus propias imágenes. Porque cuando el paciente está en ese diálogo, la única manera en que el terapeuta puede servir de facilitador, como hemos dicho, es si él puede explorar cómo han aparecido imágenes similares en su propio proceso y cómo ha hecho diálogos similares, y quitaría la palabra similar, más bien metafóricos. Yo como terapeuta tengo que estar haciendo metaforización de mi proceso para poder comprender el proceso que el otro está intentando hacer.(235)

El reconocimiento de dicha afectación mutua o del proceso dialógico con las imágenes psíquicas que acontece tanto en paciente como en terapeuta, constituye una característica fundamental de la relación transferencial en psicología analítica. Por consiguiente una relación desigual o vertical por parte del terapeuta es constantemente puesta en tela de juicio. Según Hillman (236), puede identificarse una raiz común (dher) para las palabras griegas therapeia(terapia), thronos (la silla en psicoterapia) y theraps, therapon (el que cuida como un sirviente). Dicha raíz implica soporte, cuidado y atención. El terapeuta en su silla puede, por tanto, constelar imágenes numinosas o de dependencia. Sin embargo, el paciente tiene también su silla, su propio trono, y el terapeuta es al mismo tiempo el sirviente y el que sostiene al paciente, estando ambos emocionalmente involucrados y en “mutua dependencia”. Sin embargo, la dependencia no es literal ni personal, pues ambos, la misma relación, dependen de una psique objetiva cuyas imágenes serán atendidas en el transcurso de la psicoterapia. En palabras del informante 2:

La transferencia es el afecto, el amor, sí el afecto, y uno tiene que afectarse puesto que ahí si uno no se afecta es una relación desigual, entonces el que está perdiendo es el otro y tu estas ahí para aleccionarlo y el está más perdido en el camino que tú, es una relación vertical. (237)

O como sugiere el informante 3:

Esto hace del terapeuta analítico no te… evite o tenga que estar revisando continuamente el status de poder. Porque, o tal como acabamos de decir, él esta ahí puesto también en evidencia, es decir, él también se tiene que poner a sí mismo en diálogo con sus imágenes. (238)

La transferencia, en tanto imagen primordial para las relaciones humanas, revela la inextricable relación entre Eros y Psique, el amor y la psicología. La transferencia es pues un proceso de afectación mutua que, al igual que el amor, hace que cada uno constele sus expectativas, deseos y prejuicios (sus imágenes) sobre el otro. Sin embargo el amor, la dependencia y las divergencias no son literalizadas, tomándose como imágenes se les atiende como realidades metafóricas.

Reconocer la función del amor en el trabajo psicoterapeutico sin llegar a literalizar el amor en la psicología, conlleva una necesaria tensión, un padecimiento descrito por Hillman (239) como el sufrimiento del amor imposible. Dicho sufrimiento, dice el autor, es imprescindible para la imaginación y el trabajo creativo de la psicología puesto que “todo amor imposible nos obliga a poner en práctica una disciplina de interiorización”. (240) Al no actualizar las compulsiones eróticas en un plano concreto, las bases sobre las que se funda el sufrimiento psíquico del paciente pueden ser apreciadas desde una perspectiva diferente mientras que sus clichés eróticos son re-imaginados. Desde este punto de vista, un trabajo psicológico basado en la transferencia no sólo conlleva la afectación mutua entre paciente y terapeuta puesto que el sufrimiento del amor imposible lleva a que Eros y Psique se transformen recíprocamente. Hillman argumenta al respecto que tanto el Amor como Psique ”se implican y se requieren mutuamente” (241) agregando que “no podemos ver nada psicológicamente sin vincularnos al eros; no podemos vincularnos a nada si el eros no penetra en nuestra alma”. (242) La transferencia deviene en un medio necesario para hacer alma debido a que es en este escenario donde la psique imagina sus historias de amor, sus cuentos eróticos, mientras las congojas del amor –su servilismo, dolor y manías- son psicologizadas.

En el presente capítulo se han revisado las experiencias de los clínicos con la imagen psíquica en su trabajo psicoterapéutico. Por supuesto, debe advertirse que el presente capítulo no pretende abarcar exhaustivamente todas las manifestaciones de la imagen en la clínica psicoterapéutica. A continuación el lector podrá apreciar un epílogo para el presente trabajo en donde se retoman las ideas principales desarrolladas en la investigación.

 

 

6. EPÍLOGO

 

El autor ha optado por denominar este último capítulo Epílogo en lugar de conclusiones, pues éste no pretende imponer la última palabra, no pretende ser un epitafio: las últimas líneas sobre una lápida que inmoviliza un cuerpo de ideas. Cada capítulo constituye, hasta donde ha sido posible, la expresión de las emergencias y hallazgos logrados en el proceso de investigación. Éstos, a criterio del autor, son inseparables de su expresión, de la fuerza retórica que los hace complejos, dinámicos. Designarle el título de conclusiones a esta parte del trabajo, equivaldría a reducir, minimizar y simplificar lo complejo y paradójico de los otros capítulos llevando, piensa el autor, a una instrumentalización de sus ideas, la privación de su vitalidad, el suicidio ideacional. Sin embargo, el lector, que tan pacientemente ha llegado hasta este punto merece un recuento, una mirada desde otro punto de vista de lo que ha sido el estudio. Así, en este breve capítulo se ofrece un retorno, una sencilla alusión a lo logrado en los capítulos 3, 4 y 5, esto por supuesto de manera provisional, permitiendo en cualquier momento su ampliación, profundización o transformación.

Desde el tercer capítulo, denominado Suelo nutricio para la concepción de imagen psíquica, se hace evidente un compromiso con la imagen psíquica, compromiso, que en última instancia, les lleva a una práctica clínica particular. Experiencias como la formación académica, los tránsitos y búsquedas y el contacto con la imaginación de la cultura occidental, entre otras cosas, han sido imaginadas, en el contexto de las entrevistas, como aquellas que han brindado un suelo nutricio, un espacio proteico e imaginario desde donde se origina una relación particular con la psique y sus imágenes. Así mismo, en su experiencia con la psicopatología, los informantes, al optar por una alternativa diferente a la erradicación o eufemización de los síntomas, han encontrado una expresión particular del psiquismo, un lenguaje que alude a sus profundidades. Las experiencias descritas en este capítulo han permitido encontrar su trasfondo imaginal, trasfondo que ha sido descrito como la necesidad psicológica de encontrar un relato, un mito, si se quiere, del origen. Dicha necesidad, arquetípica en principio, permite encontrar a los clínicos una fantasía de origen que posibilita, a partir de sus experiencias, el relato de cómo han llegado a ser lo que son ahora: psicólogos profundos que consagran su práctica clínica al cuidado del alma y sus imágenes.

El cuarto capítulo se designó Concepción de imagen psíquica. Sin embargo, desde un principio quedó en claro que la concepción de imagen psíquica no es estática ni definitiva, no permite ser encadenada perpetuamente por la fuerza del nominalismo puesto que está determinada por la relación y experiencia de la imagen. Ésto no impidió que los informantes identificaran aspectos característicos de la imagen como la resonancia y repercusión, la numinosidad y su prefiguración para el destino del hombre y el devenir de la humanidad, permitiendo diferenciar éstas de las representaciones sensoriales o la imagen pictórica, entre otras. Los hallazgos del cuarto capítulo permiten hablar de una trans-subjetividad de la imagen psíquica cuya conmoción emocional se hace sentir en las fibras más íntimas del ser aunque no puede ser atribuida a la autoría y propiedad del sujeto. Es decir, la persona, más que tener una imagen aparece constelada en la imagen, en un mundus imaginalis particular, arquetípico. En este sentido, la imagen psíquica prefigura al sujeto, sus padecimientos y destinos. Así mismo, las imágenes del alma permiten que los sucesos de la cotidianeidad se hagan experiencia, brindándole su gravidez. Por tanto, cualquier concepto acerca de la, incluso aquel que alude a la imagen psíquica, está determinado por la experiencia específica de una constelación imaginal o, si se quiere, arquetípica. Al privilegiar lo específico de la imagen sobre la generalidad del concepto, se retoma la propuesta de una teoría post-estructural del psiquismo y sus implicaciones para una psicología analítica que busca ser más imaginal que conceptual. Al ubicar la imagen psíquica como patrimonio exclusivo del alma y materia específica de la psicología, los clínicos entrevistados orientan su labor psicoterapéutica a una consideración del hombre imaginal o, más precisamente, de las imágenes psíquicas que determinan su carácter y destino.

El quinto capítulo titulado Apuntes en torno a la psicoterapia, se relaciona con la experiencia imaginal de los informantes en tres instancias de lo clínico: lo discursivo, la transferencia y la imaginación onírica. Las declaraciones de los informantes develan la omnipresencia de la imagen en la psicoterapia mostrando, al mismo tiempo, que temas relativos a la metapsicología, “la cura” y el lugar de paciente y terapeuta están, inevitablemente, sujetos a la fantasía. En lo discursivo los informantes encuentran un medio excepcional para hacer alma, para encontrar la imagen en la palabra, lo imaginal en lo discursivo. Al devolver el alma a las palabras, los clínicos trascienden la instrumentalización del lenguaje para centrarse en su carácter simbólico, poético y metafórico, abriendo el camino a una psicología más imaginal que conceptual, nominalista y clasificatoria. Así mismo, las declaraciones de los informantes develan la manera en que la imaginación onírica muestra la natividad de la imagen psíquica, el paradigma de la imagen, donde el sujeto aparece como un personaje en un escenario que no ha sido creado por su fuerza de voluntad, rodeado de imágenes que no obedecen, necesariamente, a sus demandas y ambiciones. Esta noción del hombre al interior de un escenario simbólico queda bien ilustrada en el apartado dedicado a la transferencia, aquí el ámbito terapéutico puede ser visto como el espacio del desenvolvimiento de una trama mitológica (Eros y Psique) que no sólo implica la afectación mutua de paciente y terapeuta sino además una transformación del erotismo y la psique. Aunque el capítulo cinco no abraca todas las manifestaciones de la imagen en la clínica psicoterapéutica, ni pretende ser palabra acabada o completa, sus hallazgos han permitido ver a través de la psicología, de sus conceptos y fenómenos que son tomados tan a menudo literalmente, pasando por alto su carácter metafórico.

Finalmente, se ruega al lector que vuelva sobre el trabajo, con las hebras de los cabos sueltos puede tejer sus propias ideas. Que mire a través del trabajo re-imaginando sus propuestas, que violente sus márgenes con anotaciones, que establezca una relación orgánica con el mismo. Sí la clínica es una reflexión, que ésta se haga poética, una reflexión poetizante. Por último: ¡Que la saturación del autor no implique la conclusión de éstas ideas!

 

NOTAS DE PIE DE PAGINA

163. Informante 5. Entrevista 2. Entrevista realizada el día 4 de febrero de 2007.

164. Informante 3. Entrevista 2. Entrevista realizada el día 21 de diciembre de 2006.

165. HILLMAN, El mito del análisis, Op. cit., p. 31.

166. HILLMAN, Archetypal psychology, Op. cit., p. 54 -59.

167. STEVENS, Op. cit., p. 39.

168. Ibid., p. 38.

169. FREUD, Sigmund. citado por HILLMAN, Re-imaginar la psicología, Op. cit., p. 85.

170. Informante 2. Entrevista 1. Entrevista realizada el día 12 de diciembre de 2006.

171. Informante 5. Entrevista 2. Entrevista realizada el día 4 de febrero de 2007.

172. HILLMAN, James. El sueño y el inframundo. Barcelona: Paidós, 2004. p. 135 – 182.

173. Ibid., p. 149.

174. Informante 3. Entrevista 2. Entrevista realizada el día 21 de diciembre de 2006.

175. Informante 1. Entrevista 2. Entrevista realizada el día 8 de diciembre de 2006.

176. Informante 3. Entrevista 2. Entrevista realizada el día 21 de diciembre de 2006.

177. MOORE, Op. cit., p. 27.

178. Ibid., p. 14.

179. Informante 3. Entrevista 2. Entrevista realizada el día 21 de diciembre de 2006.

180. Informante 3. Entrevista 2. Entrevista realizada el día 21 de diciembre de 2006.

181.HILLMAN, Archetypal psychology, Op. cit., p. 55 – 56.

182.JUNG, Carl G. La realidad del alma. Buenos Aires: Losada, 1968. p. 14.

183.Informante 2. Entrevista 2. Entrevista realizada el día 15 de diciembre de 2006.

184.HILLMAN, A blue fire, Op. cit., p. 28.

185.KUGLER, Paul. The alchemy of discourse. Ottawa: Daimon Verlag, 2002. p. 19.

186.Informante 5. Entrevista 2. Entrevista realizada el día 4 de febrero de 2007.

187.Ibid.

188.HIILMAN, A blue fire, Op. cit., P. 28 – 29.

189.HILLMAN, James. La cultura y el hombre animal. Caracas: Fundación Polar, 1994. p. 66 – 67, 88- 89.

190. JUNG, Los complejos y el inconsciente, Op. cit., p. 212.

191. KUGLER, The alchemy of discourse. Op. cit., p. 28.
Informante 2. Entrevista 1. Entrevista realizada el día 12 de diciembre de 2006.

192. Informante 4. Entrevista 1. Entrevista realizada el día 20 de enero de 2007.

193. HILLMAN, James. A blue fire. New York: Harper Perennial, 1991. p. 28.

194. KUGLER, Paul. The alchemy of discourse. Ottawa: Daimon Verlag, 2002. p. 19.

195. Informante 1. Entrevista 2. Entrevista realizada el día 8 de diciembre de 2006.

196. Informante 2. Entrevista 1. Entrevista realizada el día 12 de diciembre de 2006.

197. HILLMAN, Archetypal psychology, Op. cit., p 56.

198. HINCAPIÉ, GARCIA, Op. cit.

199. Ibid.

200. Ibid.

201. “For many years I have carefully analyzed about 2000 dreams per annum, thus I have acquired a certain experience in this matter”.

202. JUNG, Dreams, Op. cit., p. 5.

203. JUNG, Memories, dreams, reflections. Op. cit.

204. Informante 4. Entrevista 2. Entrevista realizada el día 23 de enero de 2007.

205. Informante 2. Entrevista 2. Entrevista realizada el día 15 de diciembre de 2006.

206. Informante 1. Entrevista 2. Entrevista realizada el día 8 de diciembre de 2006.

207. BAUDOUIN, Op. cit., p. 68.

208. Informante 3. Entrevista 2. Entrevista realizada el día 21 de diciembre de 2006.

209. “… the soul is primarily an imagining activity most natively and paradigmatically presented by the dream. For it is in the dream that the dreamer performs as an image among others and where it can legitimately be shown that the dreamer is in the image rather than the image in the dreamer.”

210. HILLMAN, Archetypal psychology, Op. cit., p. 14.

211. JUNG, Memories, dreams, reflections, Op. cit., p. 183.

212. HILLMAN, A blue fire, Op. cit., p. 242.

213. Informante 3. Entrevista 2. Entrevista realizada el día 21 de diciembre de 2006.

214. Informante 2. Entrevista 2. Entrevista realizada el día 15 de diciembre de 2006.

215. “Philemon and other figures of my fantasies brought home to me the crucial insight that there are things in the psyche which I don not produce, but which produce themselves and have their own life. Philemon represented a force which was not myself. In my fantasies I held conversations with him, and he said things which I had not consciously thought. For I observed clearly that it was he who spoke, not I. he said I treated thoughts as if I generated them myself, but in his view thoughts were like animals in the forest or people in a room, or birds in the air, and added, “If you should see people in a room, you would not think that you had made those people, or that you were responsible for them”. It was he who thought me psychic objectivity, the reality of the psyche. (…) He confronted me in an objective manner, and I understood that there is something in me which can say things that I don not know and do not intend, things which may even be directed against me.”

216. JUNG, Memories, dreams, reflections, Op. cit., p. 183.

217. Informante 2. Entrevista 2. Entrevista realizada el día 15 de diciembre de 2006.

218. PIÑERES SUS, Op. cit.

219. DURAND, Op. cit., p. 13-19.

220. PIÑERES SUS, Op. cit.

221. Hillman señala que el sueño no se deja intacto. El sueño es desmembrado, incluso violado, violentado. Sin embrago, como advierte el autor, el desmembramiento analítico no es análogo a la interpretación conceptual. Puede haber analisis sin interpretación. La interpretación convierte al sueño en significado, el sueño se hace interpretación. Por medio de la diseccion analítica se le pregunta al sueño quien, que y cómo es, no lo que significa.

222. HILLMAN, James, A blue fire, Op. cit., p. 247.

223. DURAND, Op. cit., p. 19

224. Informante 1. Entrevista 1. Entrevista realizada el día 6 de diciembre del 2006.

225. “If we think back on any dream that has been important to us, as time passes and the more we reflect on it, the more we discover in it, and the more varied the directions that lead out of it. Whatever certainty it once might have given, shifts into complexities beyond clear formulations each time the dream is studied anew. The depth of even the simplest image is truly fathomless. This unending, embracing depth is one way that dreams show their love.”

226. HILLMAN, A blue fire, Op. cit., p. 244.

227. JACOBY, Op. cit., p. 104.

228. Informante 3. Entrevista 1. Entrevista realizada el día 20 de diciembre de 2006.

229. Informante 3. Entrevista 1. Entrevista realizada el día 20 de diciembre de 2006.

230. Informante 2. Entrevista 2. Entrevista realizada el día 15 de diciembre de 2006.

231. Informante 2. Entrevista 2. Entrevista realizada el día 15 de diciembre de 2006.

232. Since its inception, depth psychology has consistently recognized the special role of eros in its work. In fact, psychoanalysis has been as much an eroto-analysis as an analysis of the soul, since its basic perspective towards soul has been libidinal. The omnipresence of eros in therapy and in the theory of all depth psychologies receives its recognition under the technical term transference.

233. HILLMAN, Archetypal Psychology, Op. cit.,. p.59.

234. APULEYO, Lucio. El Asno de Oro, Barcelona: Círculo de Lectores, 1978. p. 251.

235. “…all erotic phenomena whatsoever, including erotic symptoms, seek psychological consciousness and that all psychic phenomena whatsoever, including neurotic and psychotic symptoms, seek erotic embrace.”

236. HILLMAN, Archetypal Psychology, Op. cit., p. 60.

237. STEIN, Robert. Citado por HILLMAN, Ibid., p. 60 – 61.

238. JACOBY, Op. cit., p. 131 – 140.

239. FREUD, Sigmund. Obras Completas. “Sobre un caso de paranoia descrito autobiográficamente y otras obras” Tomo XII, Buenos Aires: Amorrortu, 1980. p. 169.
Informante 1. Entrevista 1. Entrevista realizada el día 6 de diciembre del 2006.

240. JUNG, Carl G. La Psicología de la Transferencia, Barcelona: Planeta, 1985. p. 17-22.

241. Informante 3. Entrevista 1. Entrevista realizada el día 20 de diciembre de 2006.

242. HILLMAN, A blue fire, Op. cit., p. 73.

243. Informante 2. Entrevista 2. Entrevista realizada el día 15 de diciembre de 2006.

244. Informante 3. Entrevista 1. Entrevista realizada el día 20 de diciembre de 2006.

245. HILLMAN, El mito del análisis, Op. cit., p. 113 – 127.

246. Ibid., p. 118.

247. Ibid., p. 126.

248. Ibid.

 

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