La imagen psíquica en la intervención clínica de la Psicología Analítica – Parte 2

LA IMAGEN PSÍQUICA EN LA INTERVENCIÓN CLÍNICA DE LA PSICOLOGÍA ANALÍTICA

Segunda Parte


Andrés Ocazionez Trujillo

Psicólogo de la Universidad San Buenaventura (Medellín). Este documento hace parte de su tesis de pregrado en psicología, presentada en 2006. E-mail: aocazionez@yahoo.com. Se publica con autorización del autor.

 

 

3. SUELO NUTRICIO PARA LA CONCEPCIÓN DE IMAGEN PSÍQUICA

 

3.1 FANTASÍAS ACERCA DEL ORIGEN


Tras una revisión de los capítulos iniciales, que podrían sin más, resumirse como una contextualización temática y metodológica de la investigación, el lector podrá finalmente conocer los comienzos propiamente dichos de la labor investigativa. Sin embargo, al evocar la palabra comienzos el autor desearía servirse de la utilidad del término en diferentes planos de referencia. Es decir, el presente capitulo aborda no sólo los comienzos del producto analítico de la investigación, sino además el comienzo de las relaciones de los informantes con el mundo imaginal de la psique y, ante todo, aquella ineludible fantasía invariablemente enraizada a toda noción de comienzo, la fantasía del origen.

De acuerdo con las culturas arcaicas, “… no se puede “comenzar” nada más que si no se conoce el “origen”, si se sabe cómo tal cosa ha venido por primera vez a la existencia” . Lo anterior parece insoslayable para la presente investigación pues todos y cada uno de los informantes considera que su relación y concepción de imagen psíquica está determinada por una serie de acontecimientos que ocurrieron en un pasado y que, de alguna manera, hicieron de suelo nutricio para su situación y posición actual. El relato de dichos orígenes o la “fantasía de origen” de la relación de los informantes con el mundo psíquico y sus imágenes, constituye la ocupación central del presente capítulo. No obstante, antes de emprender tal empresa, se estima prudente considerar la “fantasía del origen” tan importante como ineludible en los relatos de los informantes.

La capital importancia de la fantasía o el mito del origen en el funcionamiento y psicología de las sociedades arcaicas ha sido ampliamente estudiada desde la antropología. Según Eliade , la rememoración, recapitulización y reactualización ritual de los mitos de origen conlleva una renovación simbólica del Cosmos, la comunidad o algún miembro de la misma mientras que se establece un sentimiento de unión y sacralidad del hombre en relación a las obras o formas biológicas, históricas y psicológicas del mundo.

La fantasía o el mito del origen relata una serie de acontecimientos o cuenta una historia que ha tenido lugar en el tiempo lejano, primordial o fabuloso de los comienzos. Al hacerlo narra, a la vez que justifica, como una realidad ha venido a la existencia, ha sido producida o ha comenzado a ser. La fantasía del origen es pues una fantasía de creación y su importancia para el hombre arcaico radica en que, el hombre tal como es hoy, es el resultado directo de éstos acontecimientos míticos, está constituido por estos acontecimientos” . Por tanto, toda actividad significativa y creativa del hombre esta ejemplificada en un mito de origen y éste, a su vez, encuentra su trasfondo arquetípico en el mito de creación por excelencia, el mito cosmogónico, obra ejemplar de los Dioses, su obra maestra. En palabras de Eliade, “la cosmogonía constituye el modelo ejemplar de toda situación creadora; todo lo que hace el hombre, repite en cierta manera el <<hecho>> por excelencia, el gesto arquetípico del Dios creador: la creación del mundo”.

La fantasía del origen como elemento estructural de la psique o arquetipo esta extensamente tratada por Jung en su obra magistral Símbolos de Transformación al elaborar símbolos como el agua, la ciudad o el árbol de la vida. Así, al referirse al personaje de Pamiles en el mito de Osiris, sugiere que éste representa la fuerza creadora, el que “saca” del agua, de lo inconsciente. Argumenta así mismo que “ese acto es simbólico o bien puede vivenciarse como arquetipo: es un hacer subir desde lo hondo”. La fantasía del origen es, pues, arquetípica y podría, desde este punto de vista, apreciarse como la necesidad psíquica, la necesidad de la psique, de contarse una historia, un relato que justifique narrativamente su estado actual.

Así como el hombre arcaico los informantes, en tanto psicoterapeutas, no se consideran “hechos” o “dados” de una vez y para siempre. Es decir, su concepción de imagen psíquica, su relación con la misma y su atención desde la clínica de la psicología analítica, suponen una serie de acontecimientos que los han sucedido, que tuvieron lugar antes y que determinan su situación actual.

De la misma manera que el mito cosmogónico es considerado una “historia verdadera porque el mundo esta ahí para probarlo” , las historias que relatan los informantes acerca de cómo su concepción, relación y trabajo con las imágenes psíquicas ha sido fundada, debe ser considerado análogamente. Pues estas historias al igual que las anteriores se refieren a “realidades”, a “verdades” en este caso a verdades psicológicas y/o realidad psíquica . Por consiguiente, el relato de cómo los tránsitos, búsquedas, las relaciones y experiencias significativas y el contacto con la imaginación de la cultura occidental ha llevado a que los informantes conciban y se relacionen de tal o cual manera con las imágenes psíquicas, constituye un tema de vital importancia para la presente investigación, particularmente significativo por tratar con un asunto que los concierne directamente ya que dichos “orígenes” los constituye esencialmente como psicólogos, clínicos y psicoterapeutas.


3.2 IMAGINACIÓN DE LA CULTURA OCCIDENTAL


Al relatar la historia de su incursión en la psicología analítica y, en última instancia, de su concepción de imagen psíquica, los informantes parecen atribuir gran importancia a su contacto con diversas formas de la imaginación de la cultura occidental. Éstas, que aluden la religión, el arte, la literatura, la poesía, la historia de las ideas y otros saberes cómo la sociología, la filosofía y la antropología, parecen haber otorgado un suelo nutricio a partir del cual su concepción de imagen psíquica surge, se transforma y se mantiene. Según Hillman la psicología analítica, “es una psicología que esta deliberadamente afiliada a las artes, la cultura y la historia de las ideas, surgiendo cómo lo hacen éstas de la imaginación”. Lo anterior es justificado más adelante por el mismo autor cuando afirma que los arquetipos, que en su definición tradicional son las formas o estructuras primarias que gobiernan la psique, pertenecen a toda la cultura y se manifiestan no sólo en el consultorio psicoterapéutico y las sintomatologías del paciente sino además en las artes, la religión y las costumbres sociales de los pueblos. Es decir, en lo físico, social, lingüístico, estético y espiritual de las culturas. Así el informante 3, al relatar la historia de su relación particular con la imagen psíquica, afirma que:

Yo creo que es necesario para mí, al responder esa pregunta o al plantearme sobre la historia de la imagen en mí, pensar en la influencia, por ejemplo, de la religión. La religión católica, la manera como la viví. Incluso estuve tres años en un seminario durante el bachillerato. Creo que es muy importante porque ahí la imagen está siempre presente e incluso la pedagogía de la iglesia es una pedagogía a través de la imagen, del impacto de la imagen.

Y agrega más adelante, “… creo que también es importante el hecho de haberme formado como músico en la Escuela Popular de Arte y de haber adquirido conocimientos sobre música.” Por su parte el informante 5 afirma que:

Hay escritores que me gustan mucho porque siento que son los escritores que más se identifican como… o sea que dicen las cosas que pasan con la imagen como yo lo diría si estuviera experimentando eso. Cierto, entonces hablábamos ahora del escritor Andresen, ese escritor de cuentos, es uno de mis favoritos que me parece que logra nombrar como cierto asunto que también tiene mucho que ver conmigo, como cierta relación con lo trágico y cierta belleza en la prosa que a mí me parece absolutamente conmovedora.

Esta relación de los informantes con la imaginación de la cultura contribuye, así mismo, a su comprensión de las complejidades de la imagen psíquica, de lo complejo en la psique. Como indica el informante 2:

Para mí la literatura es como el banco de las imágenes que nos han dejado. Es alguien que se relaciona con sus imágenes y es capaz de convertirlas en historia, para mí eso es bellísimo. Entonces para mí la literatura es como si alguien hubiese podido escribir de una vez los complejos, sus complejos, pero bien elaborados. Y sus complejos son complejos colectivos, no son sólo de ellos. Entonces la literatura me pareció fundamental para tener una imagen de eso psíquico.

Las imágenes psíquicas se muestran, desde un principio, complejas con múltiples relaciones de significado, estados de ánimo, eventos históricos, detalles cualitativos y posibilidades de expresión. De ahí que Hillman reconozca la necesidad de la psicología analítica en expresiones culturales como el arte y la literatura ya que estas conllevan, “complicadas disciplinas que pueden actualizar la compleja virtualidad de la imagen”. La tesis de una complejidad poética inherente a la psique es expuesta por el mismo autor en 1992 durante las Terry Lectures en la Universidad de Yale a partir de la cual se resalta que la relación inherente entre la psicología y la imaginación occidental es necesaria por la naturaleza de la mente, y que el acercamiento más fecundo al estudio del alma se hace por medio de sus más altos procesos imaginarios, allí donde las imágenes están más atendidas y elaboradas. En palabras del informante 4, “la poesía es lo que más se acerca a lo imaginal.”

Los vínculos de la psicología analítica con la cultura no se limitan únicamente a su esfera estética. De hecho grandes aportes a la misma han surgido de saberes cómo la filosofía, la antropología, la mitología, la fenomenología y los estudios religiosos en trabajos como los de Gilbert Durand, Gastón Bachelard, Mircea Elliade y Charles Boer. Lo anterior evidencia la intención de la psicología analítica de apreciar la psique y sus manifestaciones mas allá de una concepción y condición decimonónica del alma que se limita al consultorio psicológico. Según el informante 2:

…no leo sólo psicología entonces a pesar de que hayan cosas contradictorias, hay filósofos españoles que me encantan y que son mas cognitivos, mas de la conducta social. Entonces son muchas cosas las que han nutrido esa imagen no solamente la psicología y la literatura.

Y el informante 1:

… creo que me han acompañado como otros elementos, algunas lecturas, no son lecturas muy juiciosas, no. Por ejemplo, a mí me gusta mucho leer a Bachelard y yo no soy una mujer como del mundo del arte, no. A mí hay ciertas imágenes de Bachelard en sus textos de la imaginación y de la ensoñación, por los que yo me dejo llevar.

Cómo se ha podido evidenciar, los entrevistados, en tanto psicólogos occidentales, encuentran un suelo nutricio para su concepción de imagen psíquica en la misma cultura que los acoge, la cultura occidental. Su contacto con las formas de la imaginación occidental en diversos saberes y disciplinas les acerca, de alguna manera, a una cultura del alma mientras que, paulatinamente, acceden al alma de la cultura. Pero, como se verá más adelante, el acercamiento de los informantes a este mundo de la psique y sus imágenes está igualmente determinado por sus experiencias en campos más específicos de la cultura occidental; esto es, el campo de la psicología y sus ideas.


3.3 EXPERIENCIAS SIGNIFICATIVAS


Los informantes, al referir aquellos aspectos que sirvieron de suelo nutricio para su concepción de imagen psíquica, parecen atribuir gran importancia a sus tránsitos y búsquedas por diversas escuelas y orientaciones psicológicas, su ahondamiento laboral, relaciones significativas con maestros, amigos y compañeros y su experiencia y vivencia particular de la psicopatología. Lo anterior permite discutir cada uno de estos aspectos individualmente para poder evidenciar su importancia e influencia en el acercamiento inicial de los clínicos hacia la imagen psíquica y su lugar en la terapéutica. Así, las experiencias significativas de los entrevistados serán tratadas en los apartados que vienen a continuación, titulados: Tránsitos y búsquedas, Referencialidad, Ahondamiento laboral y Psicopatología.


3.3.1 Tránsitos y búsquedas. En su proceso de formación académica los informantes, en búsqueda de una comprensión de la psique y sus manifestaciones, parecen haber emprendido una transición, una suerte de nomadismo, por diversas escuelas psicológicas y propuestas terapéuticas. La relación de los informantes con diferentes ideas psicológicas puede entenderse desde dos perspectivas simultáneas ya que, por un lado, el conocimiento, comprensión y profundización de las ideas psicológicas constituye en sí mismo una experiencia mientras que, por otro lado y como afirma Hillman , es la profundización en las ideas lo que permite configurar los eventos en experiencia. Esto último cobra especial importancia si se tiene en cuenta, como agrega el mismo autor, que el estudio y conocimiento de la psique no depende simplemente de participar en los eventos, de sufrirlos intensamente o de acumular una gran variedad de ellos, pero las ideas se hacen necesarias si se quiere profundizar en los mismos eventos para ver a través de ellos y hacerlos experiencia. Son, por tanto, los tránsitos y las búsquedas que emprenden los informantes a través de las ideas psicológicas una forma de experiencia particular que sirve, a su vez, de suelo nutricio para hacer de los eventos relacionales, laborales y psicopatológicos, experiencias psicológicamente significativas.

Un primer aspecto que se hace relevante en el discurso de los informantes es su compromiso con la tradición psicoanalítica. Aunque, eventualmente, los informantes optan por la psicología analítica, su lectura y crítica de los textos freudianos es significativa. Así el entrevistado 4 declara, “… me formé mucho en psicoanálisis porque en ese tiempo, ahora con el cambio curricular no tanto, pero en ese tiempo el currículo en la universidad era muy psicoanalítico, eran ocho materias de psicoanálisis. Siempre fui muy juiciosa con la lectura de Freud”.

Aunque, como se verá más adelante, los entrevistados consideran que la teoría freudiana es demasiado ortodoxa y deja pocas posibilidades para la creatividad del terapeuta, el reconocimiento de su importancia para una concepción de imagen psíquica es evidente. A este respecto, el informante 1 declara,”… fuí empezando a hacer énfasis un poco en la teoría psicoanalítica freudiana, me acerque a algunos desarrollos lacanianos. En ese momento en Medellín estaban empezando a aparecer. Fue muy difícil para mí acomodarme a esas escuelas, a esas capillas”. Y agrega más adelante:

Entonces yo veía algunas cosas… era maravilloso por ejemplo ver todo lo que era el descubrimiento de Freud. Era maravilloso leer a Dora, por ejemplo, el caso Dora, leer algunos textos de la Interpretación de los Sueños. Maravilloso como desde el punto de vista de cómo de lo que era, de todas las expresiones del alma y todo lo que eran las llamadas formaciones del inconsciente. Pero no me lograba acomodar ni ajustar de ninguna manera a las formas de hacer la práctica, las formas de interpretar digamos lo que, lo que pasaba con la gente o conmigo misma. Porque yo finalmente no quedaba muy satisfecha, en parte me parecía que había demasiada ortodoxia, demasiada capilla, demasiada escuela. Y yo sentía que no encajaba como en todo ese enfoque teórico con lo que la realidad, digamos que el alma, el sufrimiento del ser humano, el ser de las personas hombres o mujeres, no se acomodaba no encajaba con lo que la teoría me decía.

El compromiso con la tradición, hasta cierto punto, parece permitir a los clínicos encontrar un sustento para buscar una manera original de aproximarse al estudio de la psique y, aunque suene paradójico, sólo una atención detenida a la tradición concede la posibilidad de vislumbrar nuevas posibilidades. El cineasta Luis Buñuel estaría de acuerdo con lo anterior y así, evocando la memoria del filósofo Eugenio d´Ors, declara:

Deseo evocar el recuerdo del gran Eugenio d´Ors, filósofo catalán, apóstol del barroco (que para él era una tendencia fundamental del arte y de la vida y no un fenómeno histórico pasajero) y autor de una frase que suelo citar en respuesta a quienes buscan la originalidad a toda costa: <<Todo lo que no es tradición es plagio>>. Siempre me ha parecido que había en esta paradoja una profunda verdad.

Por otro lado, los entrevistados parecen hacer su incursión en la psicología analítica desde propuestas teóricas que entienden el psiquismo y sus imágenes desde otras perspectivas. Cómo declara el informante 2:

Hicimos un grupo en la universidad para estudiar psicología transpersonal que estaba muy de boga e invitamos a un grupo de la gente que estaba estudiando a Jung para que nos explicara un poco la diferencia entre lo transpersonal y lo jungiano, en ese momento comencé a interesarme por los planteamientos teóricos de la psicología analítica.

Cabría en este punto hacer una anotación en relación a la diferencia entre la psicología transpersonal y la psicología analítica puesto que es precisamente la opción por la imagen, por “pegarse a la imagen” lo que marca parcialmente el punto de divergencia entre ambas propuestas y lo que, probablemente, orienta al informante hacia una psicología de la imagen. A este respecto, autores como Jung y Hillman diferencian la psicología analítica de las propuestas (occidentalizadas) de oriente y el humanismo psicológico contemporáneo. Mientras que las últimas, desde una perspectiva del hombre neumático ascendente y el cuerpo sutil (subtle body), pretenden trascender la imagen por medio de ejercicios, meditación, contemplación religiosa y eufemismos de las manifestaciones del alma psicopatológica, la psicología analítica, en tanto psicología del hombre occidental, procura apegarse a las imágenes; incluidas aquellas oscuras, decadentes y deformadas del alma humana?. Examinar las diferencias entre la psicología transpersonal y la psicología analítica parece haber interesado al entrevistado por los planteamientos de la psicología analítica, especialmente hacia su compromiso con la imagen. El informante 3 afirma, por otro lado, que:

En la Universidad empezamos con unos compañeros a explorar las posibilidades del arte en la psicología. Entonces buscamos alguna bibliografía, que es muy escasa, sobre arte terapia nos comunicamos con una escuela en Brasil. Eso fue de una manera muy autodidacta. Aquí tomábamos mucho de la imagen.

Eventualmente, los informantes comienzan su incursión en la psicología analítica. Reconociendo la importancia de los aportes de otros enfoques, se identifican con la manera en que la psicología analítica estudia y trabaja con la psique. Consideran que la psicología analítica permite estudiar la psique desde la psique misma, desde “una suerte de naturalismo hacia la imagen psíquica” , donde las imágenes de los propios clínicos y de sus pacientes son experimentadas desde sus propios contextos y a partir de su propia ontología. Lo anterior podría quedar ilustrado en las declaraciones del informante 1:

Yo empiezo ahí como a romper no con algunas bases fundamentales del desarrollo del psicoanálisis, como el descubrimiento del inconsciente, como el trabajo de las imágenes de los sueños, como las preguntas por la histeria en términos pues de la histeria como una pregunta por el amor. Pero sí comienzo a tomar mucha distancia y creo que me entrego, digámoslo así, más a un trabajo que tiene que ver como con mi propio recorrido personal, un poco haciéndole más caso a una en mí, digamos como una cierta… yo llamo a veces como una hechicera.

Como se puede entrever en la declaración del informante, el contacto con los desarrollos iniciales del psicoanálisis genera una inquietud, un suelo nutricio desde donde se comienza a indagar por una psicología profunda, psicología comprometida desde sus inicios con la metáfora de lo inconsciente, sus imágenes y aconteceres. El informante 1 agrega más adelante:

Entonces yo creo que por ese camino yo empiezo a incursionar ahí y me empieza a llamar un poco la atención algunos trabajos jungianos y el trabajo de Hillman que se vuelven ahí como unas lecturas que yo empiezo a hacer con cierto cuidado y con cierto juicio por un tiempo y eso me da como unas ciertas certezas y me muestra unos caminos, para yo empezar a trabajar en consulta con los pacientes de una manera muy rica a la que yo me ajustaba, a la que los pacientes y los consultantes de la época se ajustaban y ahí pasaba una cosa… mágica, un poco misteriosa en la que no se podía decir mucho pero que era muy… tenía efectos, tenía efectos interesantes.

Este acontecer de lo mágico y lo misterioso, esta noción de lo numinoso y animista, relacionado a la psicología es un punto clave en las críticas de los opositores a la psicología analítica quienes, en palabras de Baudouin,

… están bien de acuerdo, en principio, para concederles estas estructuras innatas que reclaman, pero consideran pesada la broma , cuando estas estructuras se presentan bajo figuras tan poco serias y tan poco científicas, tan poéticas y “místicas” como los dioses y los demonios, los cuentos de Mamá la oca, de hadas y de brujas.

Sin embargo y como agrega el mismo autor, “… pero si la exploración nos lleva a descubrir en la estructura del inconsciente colectivo precisamente estas figuras, ¿Qué podemos hacer?”. Dichas imágenes o figuras (esencialmente mitológicas) del inconsciente colectivo no son sólo reconocidas sino que además se les confiere una subjetividad, son personificadas?, permitiendo de esta manera que el alma diga lo que tiene que decir en sus propios términos, sin dejarse articular por los artificios del concepto. Aunque la psicología analítica reconoce la importancia del concepto para la articulación de su metapsicología, le confiere prioridad a la vivencia y experiencia de la imagen, la intuición y la metáfora, reconociendo en estas figuras las “manifestaciones vivientes de la psique” y ofreciendo en palabras de Hincapié un camino desde donde,

es necesario darle más relevancia al alma que a la mente, dejar hablar a la imagen, a lo singular y a la imaginación, rescatar a la observación y dotarle de prioridad antes que al conocimiento, a su vez que volver a hacer del saber un acto de retórica y menos de verdad, apelando mucho más al ánima que al yo.

Así y como lo muestran los informantes, el estudio de la psicología se hace más un cuidado del alma (en sí mismos y en sus pacientes) que una recolección de técnicas o constructos teóricos. Se retoma, entonces, para citar el último ejemplo, la declaración del informante 2 con respecto al estudio de la psicología analítica:

Pero la utilidad ahí de estudiar la psicología analítica, ya no era en términos académicos sino en utilidad del alma, mi alma estaba como necesitando un escenario simbólico que me permitiera comprender realidades de este contexto que yo no encontraba comprensibles desde otro lado, ni desde la teoría de la represión ni desde el conductismo, ni no…

Sin embargo no son sólo las divergencias y afinidades teóricas lo que llevan a los informantes a inclinarse por la psicología analítica y su forma de trabajar con las imágenes psíquicas. El próximo apartado trata entonces de la referencialidad o aquellas personas significativas en la vida de los clínicos que motivaron o apoyaron su manera de relacionarse con la psique.


3.3.2 Referencialidad. Como se ha visto, el interés y afinidad teórica del clínico por el marco conceptual de la psicología analítica define parcialmente la posición que asume frente al estudio de la psique y sus imágenes. Sin embargo, no se puede soslayar la importancia de las relaciones afectivas que los informantes han establecido con sus terapeutas, docentes, familiares y amigos que motivan o apoyan su elección por una psicología basada en la imagen. La importancia de las relaciones interpersonales para aproximarse a la psique y para comenzar un trabajo con la misma es discutida por Hillman quien afirma que, “aquello que es lo más auténticamente mío y sólo mío, mi alma, no puede ser elaborado solamente por mí” y subraya la importancia de la relación de Freud con Fliess para el nacimiento de la psicología profunda . Así, el informante 1 ilustra cómo las afinidades afectivas pueden ser igual de importantes a los intereses teóricos en la elección curricular de su formación cómo psicólogo cuando declara:


En el momento en que comenzamos a movernos en el último año de estudios, nos plantearon la posibilidad de elegir profundizar en una escuela o en otra, en ese momento había lo que se llamaba psicología dinámica y la otra posibilidad era profundizar en psicología experimental. Yo hice los cursos de ambas, trabajé en las dos. Hay una razón para eso: aunque yo tenía más inclinación desde el punto de vista teórico por lo que en ese momento se trabajaba desde la teoría psicoanalítica, habían unos profesores freudianos y algunos profesores venidos del argentina que trabajaban algunas escuelas, sobre todo la Kleiniana. A pesar de eso yo tenía unos profesores en psicología experimental que me llamaban mucho la atención. Me encantaban por la forma como hacían la psicología. Entonces creo que yo estaba muy ligada afectivamente porque en otros maestros, desde el punto de vista de la persona de los profesores, no encontré esta ligazón en los profesores de la teoría psicoanalítica, pero veía como digamos esa… como la importancia, digamos, de ese enfoque. Entonces hice ambos énfasis.

Por otro lado, los entrevistados dicen proyectar en sus amigos, docentes y terapeutas, sus ambiciones profesionales e ideales, desarrollando, en su cercanía y admiración por estas personas su propio interés por la psique, en sí mismos y en sus pacientes. De esta manera, el informante 2 llega a una relación activa con la psicología analítica a partir de sus relaciones:

Yo creo que hay una cosa que tiene que ver con la identificación porque tú encuentras un personaje en la formación en el que pones tus ideales y proyectas lo que desea tu quehacer. Entonces el encuentro con una profesora de la Universidad de Antioquia fue fundamental. Yo estuve en análisis con esta profesora seis años y ella fue mi coordinadora de prácticas, luego trabajé con ella. Entonces esa relación es fundamental pues como en escenario. También la relación con un compañero ha sido fundamental como en conocer cosas teóricas, hicimos un grupo de trabajo en esa época… en el año como ´98, creo.

Y agrega más adelante, “yo llego a la psicología analítica por vínculos.” Pareciese como si la vivencia de la intimidad, del amor hacia compañeros, docentes y terapeutas, acercara a los informantes a una relación de descubrimiento de la psique, a una psicología. Según el autor ya citado, “es como si el amor tuviese por naturaleza la misión de inflamar, de educar, de convertir, expandiendo su fuego proteico por el alma y transfiriéndose de un alma a otra”. Discutiendo el eros socrático, el mismo autor afirma que para la verdadera enseñanza –o aquella que no es sofística ni con objeto comercial- el amor es imprescindible, agregando que el verdadero amor es aquel que educa. El informante 1 muestra cómo una relación con una compañera le impulsa a prestar atención y reconocimiento a su propia psique:

El acompañamiento de ésta mujer que te dije con la que tuve un recorrido muy largo, de veinte años, hablando, conversando mucho. Allí había una cosa fundamental y era encontrarnos como mujeres, muy desde esa sensibilidad y muy interrogando e interpelando el discurso patriarcal que yo pues notaba en Freud, por ejemplo, ese discurso patriarcal y le hacíamos unas preguntas al caso Dora fundamentales. Entonces en ese sentido yo me fui encontrando como conmigo misma, conmigo, conmigo, conmigo, muy ahí, muy como reconociendo como una cosa que yo creo que desde niña la veía y era todas esas que yo soy, que yo era, que yo fui, que yo podía ser.

Mas adelante, en este mismo trabajo, se discutirá la intrincada relación existente entre el amor y la psicología, entre eros y psique, cuando se haga mención de la omnipresencia de la imagen del amor en la relación transferencial. Por el momento cabría subrayar la importancia de las relaciones, en especial aquellas dominadas por el amor y la afinidad, en el interés que los informantes van cobrando hacia una psique que habla a través de ellos con sus imágenes (todas esas que yo soy, que yo era, que yo fui, que yo podría ser). Cabría, en este punto, citar a Jung quien subraya la importancia de las relaciones humanas en la formación y el trabajo psicológico, “el alma (…) puede vivir solo -y a partir de- las relaciones humanas, (…) la consecución consciente de la unidad interior se aferra desesperadamente a las relaciones humanas como condición indispensable, porque sin el reconocimiento y la aceptación conscientes de los lazos que nos unen con aquellos que nos rodean no puede haber síntesis de la personalidad” .

La importancia de las relaciones interpersonales de los entrevistados como suelo nutricio en su concepción de imagen psíquica no estriba sólo en la motivación o el empuje hacia la psique que su identificación y afiliación con otras personas promueve. De hecho, otro aspecto de suma importancia que brindan las relaciones humanas es su función de apoyo o albergue para que los clínicos emprendan una incursión en el incierto mundo de sus imágenes. Así, el informante 1 reconoce la importancia de su familia a este respecto cuando declara:

Yo creo que tuve una familia, un papá y una mamá, que me dieron como cierta rienda suelta ahí. Yo tenía una cierta seguridad, una cierta cuna o un cierto como vientre que me albergaba y me amaternaba para estar ahí con una cierta confianza. Entonces, pienso que ese amaternamiento ahí de ellos, además de tener una familia muy grande, dos hermanos, yo era la mayor, como un clima familiar tranquilo, amoroso, agradable, con una cierta independencia y una cierta posibilidad de ser lo que teníamos que ser, seguramente. Yo pude como alimentar eso como no escapar a una en mí un poco extraña. Entonces esa posibilidad creo que logró que algo en mí de ese orden, como del otro lado, del otro lado de la realidad, yo lo podría llamar así, yo no lo viviera de una manera peligrosa sino que yo lo pudiera albergar en mí, una parte mía. Yo creo que a veces me sobrepasaba y me cogía de una manera fuerte, pero creo que un continente afuera me albergaba. Me albergaba de tal manera que yo podía como transitar, como en el filo de la cuerda, abriendo los brazos como en un cierto equilibrio, era más o menos una cosa como de circo digo yo, de pura cuerda en la carpa y yo caminando por ahí. Entonces eso que me hacía tan sensible, me permitió conectarme como con mucha gente, con muchos mundos, con el mío propio y creo que con algunas personas que fueron significativas en mi vida. De tal manera que a mí siempre me decían que a mí me gustaba meterme en la boca del lobo, entonces yo generalmente tenía relaciones difíciles en las que yo me metía a experimentar. Era como si me dejara conducir por ciertos otros que me aparecían y era como si ese otro fuera una imagen que me llevara a conversar conmigo misma, a hablar de mi misma en ese otro, yo creo que yo siempre viví eso que ahora lo puedo nombrar así.

El efecto conmovedor de las relaciones, que puede evidenciarse en el tono afectivo del relato de los informantes y que se manifiesta en sus vínculos con maestros, familiares, amigos y terapeutas, puede verse detalladamente reflejado por Téagres en el diálogo platónico apócrifo que lleva su propio nombre:

Una cosa debo decirte, Sócrates, que puede que encuentres increíble, pero que es rigurosamente cierta. Nunca aprendí nada de ti, como tú bien sabes. Sin embargo me fue de mucho provecho el estar contigo; incluso cuando tan sólo estaba en la misma casa, sin encontrarme siquiera en la misma estancia; y cuando me hallaba en la misma habitación y podía tener los ojos fijos en tí mientras hablabas, percibía que el beneficio que obtenía era mucho mayor que cuando miraba a cualquier otra parte. Pero cuando sacaba el máximo provecho era cuando estaba sentado a tu lado y podía tocarte.

Como se pone de manifiesto en las declaraciones de los informantes y en el dialogo apócrifo aquí citado, la importancia de la referencialidad para el saber psicológico no radica esencialmente en un intercambio de conceptos o una simple instrucción vicaria. La cercanía, admiración y afecto por y del otro confiere, más bien, aquello descrito por el informante 1 como un albergue, un suelo nutricio desde donde el clínico construye la confianza necesaria para adentrarse en el mundo extraño, desconcertante y desconocido por la imagen psíquica.


3.3.3 Ahondamiento laboral. Al explorar las experiencias significativas que han llevado a los clínicos a su forma particular de concebir y relacionarse con la psique y sus imágenes, se hace evidente la importancia que parecen otorgarle a sus primeras experiencias laborales. Así como la imagen psíquica se manifiesta en las ideas psicológicas y en otros saberes, el arte, la música, la literatura y los encuentros y desencuentros con otras personas, el trabajo permite una relación con las mismas desde la cotidianeidad de la vida. Según Moore, “en el trabajo cotidiano nos encontramos con asuntos de profunda importancia para el alma”. Más aún, el trabajo en la vida cotidiana constituye un medio esencial para cultivar la psique, para establecer un opus? del alma, para hacer alma?*. El autor ya citado considera como esencial el trabajo de la vida cotidiana en tanto medio para hacer alma, “casi todos dedicamos mucho tiempo al trabajo, no solamente porque tenemos que hacerlo para ganarnos la vida, sino porque es esencial para el opus del alma. (…) El trabajo es fundamental para el opus porque el único sentido de la vida es la fabricación de alma”. Más adelante, en el apartado denominado Experiencias profesionales, se discutirán las experiencias que los clínicos han construido a partir del trabajo con la imagen en su práctica clínica. Por ahora, cabría señalar aquellas que han permitido a los informantes un ahondamiento de su relación con la imagen desde sus primeros trabajos cómo psicólogos o psicólogos practicantes.

Así el informante 3, en sus prácticas de psicología, declara una experiencia en la que asiste a la imagen desde lo vivencial y lo lúdico, encontrando las primeras relaciones con la imagen psíquica desde su trabajo:

… en la práctica que la hice en un grupo de trabajo transdisciplinario, es decir había gente como de varias orientaciones y de varias profesiones, trabajábamos unas técnicas de carácter vivencial, lo vivencial, lo lúdico. Nos cogiamos, yo creo que cogiamos mucho de la imagen, yo creo que la imagen estaba ahí presente siempre, la impresión en imagen. Esa práctica aunque se pueda tomar como académica, es también no académica en el sentido de que lo que hicimos fue intentar aplicar ahí todas esas inquietudes y todas esas exploraciones que ya habíamos iniciado acerca del trabajo con la imagen.

Por otro lado, el informante 2 relata una experiencia que le confronta con una imagen simbólica lo cual lleva, a su vez, a que busque un referente teórico en la psicología analítica:

Ese fue pues como el puntazo vivencial. Ve, yo fui la única persona de algo que llamaban el Grupo de Apoyo Psicosocial a las familias de los niños que mató el ejército de Pueblo Rico, Antioquia, en el 2000. Entonces yo estuve desde octubre del 2000 hasta junio del 2001 trabajando ahí y en ese momento empecé a leer y a estudiar más a Jung. Porque de todas maneras es una confrontación con la muerte infantil que para mí era absolutamente simbólica y fue por ese lado del símbolo que me interese más en la teoría.

Un aspecto sobresaliente de ambos relatos es la manera cómo el trabajo conecta al informante con el mundo de la vida. La psicología analítica procura, desde sus inicios, relacionarse con el alma desde el mundo y es ahí donde encuentra su opus, reconociendo al hacerlo, un alma en el mundo o el alma del mundo. Desde este punto de vista, y como lo demuestra el informante 2, las situaciones y problemáticas del mundo de la vida pueden vivirse desde lo simbólico, desde lo imaginal. El mundo imaginal ha sido tratado por Corbin quien lo describe como, “ese mundo a la vez intermedio y mediador al que denominaremos mundus imaginalis”. Se puede así entender la manera como el informante 5, logra comprender la problemática de las mujeres desde un punto de vista imaginal y haciendo alusión a su trabajo declara que:

… me ayudó mucho como a entender lo que sucedía ahí, específicamente como en el alma de las mujeres y es lo que podríamos llamar este complejo de Barba Azul. Cómo de alguna manera lo femenino en ésta cultura está atado, inscrito como en ese mito, en esa dinámica que presenta ese cuento de hadas. Entonces eso me permitió ayudarles a muchas mujeres como a echar más luz sobre esa imagen en la que estaban patinando, en la que todos patinamos de alguna manera.

A partir de lo anterior, pueden entenderse los primeros trabajos de los informantes como una experiencia significativa que les ha llevado a la relacionarse con las imágenes psíquicas en sí mismos, sus pacientes y las situaciones del mundo de la vida. Igualmente, se hace evidente que al reconocerse como psicólogos y comenzar su labor en la clínica terapéutica, los entrevistados comienzan a ver el mundo, sus situaciones y problemáticas de manera psicológica, imaginalmente. En palabras de Moore, “encontrar el trabajo adecuado es como descubrir nuestra propia alma en el mundo” .

Queda aun por discutir otro tipo de experiencia significativa que ha llevado a los clínicos a relacionarse con las imágenes psíquicas, el cual es, a saber; su experiencia de la psicopatología.

3.3.4 Psicopatología. Otro elemento que parece haber influido en la manera en que los informantes conciben la imagen psíquica es su relación con la psicopatología. Por medio de la psicopatología, los informantes parecen reconocer la cualidad intensa y conmovedora de sus imágenes, la manera en que éstas los convocan a prestar atención a ciertos aspectos psíquicos, la dimensión anormal, retorcida, dolorosa y desordenada del alma. La importancia de la psicopatología como forma inicial -o iniciatica- de conocer la psique y sus procesos queda consignada por Freud, quien, al referirse a los inicios del psicoanálisis declara:

Todos sabéis seguramente la importancia que para vuestras relaciones particulares, tanto con las personas como con las cosas, entraña el punto de partida. Así ha sido también en el psicoanálisis: para su desarrollo y para la acogida que hubo de serle dispensada no fue indiferente que iniciara su labor en el síntoma, este es, en lo más ajeno al yo, que el alma integra.

Así como los hallazgos de la psicología profunda proceden del estudio de psicopatologías como la histeria de conversión, las fobias y las neurosis compulsivas, la experiencia de la psicopatología que sobrellevan los informantes en sí mismos y en otras personas, les permite reconocer, desde un primer momento, ese aspecto distorsionado y enfermizo de la fenomenología del psiquismo. De esta manera el informante 2, indica la manera en que la psicopatología le acerca a la imagen psíquica:

…hay dos cosas para mí que jalan hacia allá, una es la depresión, cuando yo me deprimo sé que hay algo en mí que no se está atendiendo, lo que se tiene que atender. Y la otra es la angustia y sus síntomas tienen mucho que ver con esto, con mi acercamiento a la imagen. Entonces yo creo que el síntoma es un poco el camino que me va diciendo con que estoy peleando y que voy a poner en su lugar.

Por su parte, el informante 1 señala como el acompañamiento a un familiar le permite acercarse al mundo de la psicopatología:

Uno de esos primos míos era esquizofrénico, fue haciendo una esquizofrenia de una manera progresiva mientras yo estuve trabajando en la Universidad de Antioquia como docente. Él y yo éramos muy amigos, conversábamos, nos encontrábamos con alguna frecuencia y, bueno, yo era muy sensible a su estar en el mundo. Un estar en el mundo absolutamente difícil, doloroso con todo lo que implica una situación que se puede desencadenar, un hombre con una cierta habilidad y una sensibilidad para la escultura, para la pintura, para escribir, en una cosa muy caótica. Entonces yo conversaba con él, con su mama y sus hermanos y de alguna manera me podía acercar a ese mundo, un mundo que no… no era posible clasificarlo. Y poder pensar que sí, que había un trastorno de esquizofrenia, este hombre estaba muy necesitado y necesitaba de cierta atención a través de los medicamentos que los psiquiatras se los mandaban, pero que en medio de todo yo pude estar ahí presente de muchas maneras, sobre todo como acompañando ese proceso. Tratando como de comprender, de entender ahí que estaba pasando.

El acercamiento de los informantes a dicho mundo, el mundo de la psicopatología, les permite atender ésta forma particular de expresión de la psique. Según Hillman, “la psique utiliza la aflicción para hablar de sus profundidades en un lenguaje magnificado y deformado” y agrega más adelante, “comencemos a revisar la patologización? considerándola como una manera de narrar: la forma que tiene la psique de hablarse a sí misma. Consideremos la patologización como una modalidad de discurso”. La psicopatología no es romantizada pero la psicología analítica, al no ser una psicología del yo, no concibe la psicopatología como el fracaso de la persona que la porta sino el esfuerzo de la psique por narrar la manera en que experimenta los acontecimientos. Sin embargo es precisamente la psicopatología del individuo lo que, parcialmente, determina su destino y su particularidad como señala el autor ya citado, “tal vez nuestra psicopatología este íntimamente ligada a nuestra individualidad” y el informante 5, por su parte lo expresa de la siguiente manera, “entonces, como lo dicen muchos otros jungianos, como que en mi vida quedan redundando como ciertas imágenes que nunca se han definido y que determinan la forma, pues, en que veo y en que construyo la vida.”

Como se ha podido evidenciar en las declaraciones de los informantes, la naturaleza distorsionada y magnificada de las imágenes psicopatológicas, preocupan, llaman la atención hacia ciertos asuntos, convocan. En palabras del informante 3:

Me pasa con algún asunto de la vida cotidiana donde hay una imagen en la que me quedo atrapado. Pienso que ese hecho de estar atrapado significa realmente que hay muchas cosas de la imagen que yo todavía no alcanzo a captar y, bueno, seguramente eso también es necesario.

Y según el informante 1:

Cuando yo me dedico a trabajar vía la imaginación, vía el alma, ya no necesariamente yo elijo ese camino, también yo creo ese camino me elige a mí. Quedarme, salirme, entrar y salir, pero también hay veces que ni siquiera puedo hacerlo, no me puedo salir, sino que algo se mantiene como de manera… podríamos decir un poco sintomática. Reincide, reincide, permanece ahí y un poco te ocupa te preocupa, entonces la vía para saber que es lo que esta pasando contigo es atender ese asunto. Eso se podría pensar, un poco desde las cantaletas de las mamás, por ejemplo.

Esta experiencia de “quedar atrapado en la imagen” descrita por los informantes, este compromiso de la libertad, atención e intención que imponen las imágenes psicopatológicas, podría entenderse desde la teoría de los complejos según la cual “la libertad del yo cesa en las proximidades de la esfera de los complejos” . Jung describe el complejo como:

La imagen emocional y vivaz de una situación psíquica detenida, imagen incompatible, además, con la actitud y la atmósfera conscientes habituales; está dotada de una fuerte cohesión interior, de una especie de totalidad propia y, en un grado relativamente elevado, de autonomía: su sumisión a las disposiciones de la conciencia es fugaz y se comporta en consecuencia en el espacio consciente como un corpus alienum, animado de una vida propia.

Es precisamente esta autonomía del complejo que, actuando cómo una personalidad parcelaria con propósitos e intenciones ajenos al yo, lo que hace que su constelación irrumpa en el orden habitual de la conciencia, suscite confusión, estorbe la intención y reclame la atención de los entrevistados. Pero, por otro lado, al reconocer la imagen psicopatológica como autónoma y desde su propia ontología los entrevistados, como se hace evidente en sus declaraciones, la toman como parte de su constitución psíquica, como unidades vivientes de su vida anímica, cuyas exigencias, en tanto expresiones del alma han de ser atendidas imaginalmente desde su dimensión estética, sanitaria, moral o discursiva. La importancia de los complejos y sus perturbaciones para el descubrimiento de la psique es indicada por Jung cuando afirma:

Si el inconsciente psicológico ha sido descubierto propiamente por Freud, ello es debido a que éste, en lugar de despreocuparse de él cómo sus predecesores, se ha aplicado al estudio de los lugares oscuros, de los actos fallidos, a los que con tanta facilidad se suele enmascarar y minimizar con eufemismos. La vía regia hacia el inconsciente no es abierta, por lo demás, por los sueños, como él pretende, sino por los complejos, que engendran sueños y síntomas.

Hillman, por su parte, al referirse a las imágenes psicopatológicas como forma de acercarse al descubrimiento de las profundidades del alma, declara:

Las fantasías de la enfermedad son entendidas desde el principio y en su conjunto como parte integrante de la profundidad de la psique; y nosotros somos psicólogos profundos en virtud de esos enigmas patologizados que proporcionan el material subjetivo de reflexión psicológica.

Según lo expuesto, la experiencia de la psicopatología permite al clínico adentrarse en las profundidades del alma pues al enmascarar, pasar por alto o minimizar la psicopatología, la psicología quedaría privada de esta parte de la fenomenología anímica.

Después de revisar aquellos aspectos que hacen de suelo nutricio y de origen imaginario para la concepción de imagen psíquica, el lector, como habrá de suponerse, podrá conocer las particularidades, vicisitudes y características que los clínicos de la presente investigación confieren a las imágenes del alma.


4. CONCEPCIÓN DE IMAGEN PSÍQUICA

 

4.1 CONCEPCIÓN VS. RELACIÓN CON LA IMAGEN PSÍQUICA


El presente capítulo, como su título lo indica, procura una aproximación a la concepción de imagen psíquica que los clínicos han construido a partir de sus experiencias. No obstante y en vista del privilegio que los informantes parecen otorgar a la relación con la imagen psíquica frente al concepto de la misma, se considera necesario dedicar un apartado al tema en cuestión. Desde un primer momento de la investigación se ha hecho evidente que los entrevistados emplean un lenguaje ilustrativo, metafórico e incluso lírico que abunda en referencias al arte, la naturaleza, el mito y la literatura para referirse a la imagen psíquica, sus manifestaciones y el trabajo con la misma. Es decir, los informantes parecen servirse más de la metáfora que de las estructuras conceptuales al referirse a la imagen. Lo anterior puede deberse en parte a que, como se mencionó anteriormente, los informantes parecen privilegiar la importancia de su relación, de su experiencia de la imagen psíquica, frente al concepto que tienen de la misma. Por consiguiente, aunque los clínicos mantienen una concepción de la imagen psíquica, ésta va estar determinada por la historia de su relación con la misma. En palabras del informante 2:

… hay una diferencia entre la concepción y la relación. Entonces concebir la imagen psíquica y decir que es la imagen psíquica, sí. Pero vivirla y relacionarse con ella es una cosa diferente. Y me tomó tiempo pero yo tengo una relación con mi psique que parte es de la imagen, más desde la imagen, si uno pudiera ser un poco algo diferencial y situacional, mi concepción de la psique es más desde la imagen que desde el concepto.

Así, puede darse por entendido que la concepción de imagen psíquica ofrecida por los informantes no ha sido generada como noción espontánea ni surge simplemente de referencias teóricas sino que se transforma, enriquece y, probablemente, se deteriora a partir de una relación viva y orgánica con el mundo psicológico de las imágenes, con la realidad psíquica. En palabras del informante 3:

A veces las imágenes psíquicas realmente representan entidades divinas en el sentido de que a veces nos ponen frente a un algo para lo cual no tenemos ninguna explicación y para lo cual no tenemos palabras, no tenemos manera de conceptualizarlo simplemente. Yo siento que a veces la imagen nos… incluso nos derriban, hay imágenes que nos derriban todo concepto acerca de la imagen.

Sin embargo, como afirma Rycroft, “los conceptos estructurales parecen inevitables en toda teoría psicológica”. De hecho, la tradición jungiana cuenta con una teoría estructural que emplea conceptos como persona, anima, animus y sombra. Aun así y al igual que los informante, autores como Adams y Watkins dicen privilegiar la experiencia imaginal concreta sobre el lenguaje abstracto . El concepto, dicen los autores, es intrínsecamente menos complejo que la imagen. Por tanto, al emplear un lenguaje conceptual para definir o referirse a la imagen psíquica se reduce la complejidad de la misma a un concepto relativamente simple y uniforme. Sin embargo la imagen, en tanto imagen simbólica, es necesariamente compleja, llena de sombras y profundidades. La traducción de imagen a concepto equivaldría a una reducción de la imagen a su tipificación. La psicología analítica sería entonces una psicología estereotípica. Adams dice confesar su ingenuidad al esperar la revolución necesaria al interior de la psicología analítica que apuntase a una teoría post-estructural, sin embargo, dicha proposición no debe pasarse por alto si la psicología analítica contemporánea aspira a convertirse en una psicología imaginal más que en una psicología conceptual, tipificada. Como muestran los informantes, su concepción de imagen psíquica, ha estado a merced de la relación, viene sujeta a múltiples transformaciones a lo largo del tiempo. Así, su concepción de imagen psíquica no es de modo alguno estática, sino que se muestra dinámica, móvil, creando vasijas que luego rompe, en continúa transformación. En palabras del informante 3: “pienso que se va enriqueciendo, se va enriqueciendo con la practica, se va enriqueciendo con las lecturas con cosas que la gente esta trabajando o ha venido trabajando acerca de la imagen.” Y como afirma el informante 4:

… yo creo que mi relación con la imagen ha cambiado en la mediada que me he abierto, tengo más apertura y desde otro lugar. Entonces yo pienso que desde eso la relación es completamente distinta, ya no es una cosa ahí como para observar y dejar pasar, ya es otra cosa, ya las imágenes, las que emergen y las que me conmueven desde afuera ya no es un asunto ahí como bueno me pareció bacancito. Son atendidas, se atiende eso, se le da un lugar a eso.

Así mismo, el informante 5 declara que:

Digamos que la respeto mucho. Cuando yo comencé psicoterapia estaba en segundo semestre de psicología, eso fue hace mucho tiempo, y no es que ahora no lo sea pero era mucho más racional, obviamente desconfiaba… digamos que tenía como un complejo de Cassandra como que tendía como a desconfiar de las imágenes de mis sueños, como a minimizarlos, como a olvidarlos, como ciertas intuiciones también que se presentaban también cómo a desconocerlas, cosa que luego me pesaba. Y ahora un poco lo que sucede es que me impactan y estoy más pendiente de ciertas señales que emergen de los sueños, de las intuiciones, de las producciones simbólicas que voy haciendo a través de la literatura y de la pintura. Entonces lo que sucede ahora es que me embargan, siento que es un flujo continuo al que debo prestar atención y que me va mostrando como la dirección de mi vida, como un sentido que cada vez comprendo más.

En el próximo apartado se hará una revisión de aquellas particularidades de la imagen psíquica que los clínicos han evidenciado a lo largo de su trabajo con las mismas.

 

 


4.2 HORMIGAS, RESONANCIAS Y DESTINOS: ESPECÍFICACION IMAGEN PSÍQUICA


El titulo del presente apartado procede de un fragmento de la entrevista con el informante 1 que será citado a continuación. La revisión de la cita mencionada permite la discusión de ciertas cualidades de la imagen psíquica consideradas, según los clínicos, como aspectos específicos de la misma. Ahora bien, la presente discusión no pretende de modo alguno agotar las cualidades de la imagen psíquica ni ofrecer una delimitación certera de lo que es o significa la imaginación anímica. Tan sólo busca indicar y discutir aquellas cualidades específicas en las cuales los clínicos entrevistados convergen al ofrecer su aproximación y concepción de la misma. Teniendo esto en cuenta, obsérvese la apreciación del informante 1:

Hay un ejemplo, no sé de dónde viene ni cuál es su origen inicial, pero es el ejemplo de las hormigas que se dirigen hacía el árbol donde están los limones, hacía el cítrico, por ejemplo. Y un árbol de limones en un campo cualquiera activa en esas hormigas una información que ellas tienen, que hace que la hormiga suba al árbol corte la hojita, baje y la lleve a la termita. Esa imagen a mí se me vuelve muy importante porque creo como que los seres humanos albergamos en un bagaje, genético, químico, yo no se cuál. Un bagaje, como de algo de animales que somos y lo que nos resta pues de humanos y de humanas. Hay un bagaje psíquico, hay unas imágenes que nos… que nos prenden de todo lo que está afuera, que las activa y nos pone como en relación, nos pone en comunicación, nos pone en contacto y eso genera una dinámica energética si se quiere llamar así y nos activa un camino y unos recorridos. Eso para mí no ha sido nunca como problemático de entenderlo, eso a mí me parece perfectamente entendible. Entonces el encuentro del ser humano, del mío en particular, el encuentro mío con otro y ese otro puede ser… ese otro es imagen, es un ser humano, es un objeto, es un elemento de la naturaleza que activa en mí, una serie de cosas y me pone a sentir, a hablar, a pensar, a ser, me lleva. Y es el objeto, la cosa, eso otro que está al frente que me pone en una dinámica, me activa unos procesos y me conduce y un poco yo ya estoy a merced de esas imágenes. Yo creo que la vida mía ha sido muy como confiar en eso, dejarme guiar. Entonces bueno, diría que las imágenes psíquicas están ahí, tienen una resonancia, las activa algo en el afuera y las pone a operar, es un poco lo que más se ajusta a lo que yo creo que somos. Cuando yo me encuentro con otro ser humano, esas imágenes mías que se ponen en resonancia con el otro que esta ahí nos hace que hablemos de unas cosas y no de otras, que nos sintamos cómodos o incómodos, que esa conversación dure o no dure, que haya un cierto agrado o un desagrado.

La concepción de imagen psíquica ofrecida por el informante parece sorprendentemente similar a la idea de arquetipo o imagen primordial empleada a manera del junguismo clásico. Dicha concepción, influida seguramente por el complejo cientificista decimonónico, entiende los arquetipos como una estructura genética, hereditaria, que funciona como predisposición para ciertos tipos de experiencias?. La unión entre psicología y biología puede verse como una aspiración apasionante en los primeros pensamientos jungianos?*. Así, no sorprendería que tanto tanto Jung cómo el clínico entrevistado se sirva de semejanzas de la biología para ilustrar la imagen psíquica. En este sentido Jung afirma que el arquetipo:

No pretende significar una idea heredada, sino más bien un modo heredado de funcionamiento, que se corresponde con la manera innata en que el pollito sale del huevo, el pájaro construye su nido, cierta clase de avispa pica el ganglio motor de la oruga y las anguilas encuentran el camino a las Bermudas. En otras palabras, es una <<pauta de comportamiento>>. Este aspecto del arquetipo, el puramente biológico, es el objeto de interés propio de la psicología científica.

Sin embargo como afirma Stevens , dicha noción de arquetipo no debe entenderse en sentido estrictamente científico sino figurado y metafórico. Más aun, aunque autores como el ya citado encuentran la relación entre psicología y biología como un tema de gran interés para la psicología analítica, el presente estudio no pretende ahondar en dicha relación abogando, como se habrá podido evidenciar a lo largo de este estudio, por una psicología que parte de una base poética de la mente, psicología descrita por autores modernos como Hillman como, “una psicología que no arranca de la fisiología del cerebro, ni de la estructura del lenguaje, ni de la organización de la sociedad, ni del análisis de la conducta, sino de los procesos de la imaginación”.

Es interesante, por otro lado, apreciar cómo el clínico entrevistado reconoce la manera en que las imágenes psíquicas determinan su carácter, relación con el mundo y, en última instancia, su destino. Es por esto que, al igual que el informante tres citado en el último apartado, autores como Hillman prefieran asemejar las imágenes primordiales a dioses que en el sentido trágico greco-romano gobiernan los parajes del devenir humano. En palabras del entrevistado 5:

En lo más estricto del origen de la palabra digamos que son prefiguraciones de lo que es lo humano, de lo que es cómo su esencia, lo que podríamos llamar la naturaleza de lo humano. Como ciertas configuraciones o ciertas matrices simbólicas que un poco dan una tendencia como al destino de cada uno, también dan una tendencia como al destino. Imágenes que son muy inconscientes, en la mayoría de las ocasiones, pero que igual las vivimos y las padecemos como dice Thomas Moore, a veces somos personajes en un drama del que no somos concientes. Eso es, que nos prefiguran y yo diría que nos determinan. Eso es para mí pues como la imagen.

Según lo anterior puede verse como los informantes conciben las imágenes psíquicas como determinantes de su propio destino. Lo anterior supone una psicología que se diferencia de la heroica tradicional donde el sujeto, cargando a cuestas su destino, desafía a los dioses para imponer su propia supremacía, emitiendo su grito de victoria en un paraje desolado, des-animado, donde los dioses han muerto. Al respecto, Hillman afirma que:

… las imágenes de los seres muertos que me importaron, las figuras ancestrales de mi linaje, las personas culturales e históricas de renombre y los personajes de leyenda que me proveen de imágenes ejemplares; todo un ejército de guardianes. Custodian mi destino, lo guían, probablemente son mi destino. <<Tal vez – quien sabe->>, escribe Jung, <<estas imágenes eternas son lo que los hombres entienden por su destino>>. Necesitamos esta ayuda, pues ¿Quién puede cargar solo con su propio destino?

Sin embargo, lo anterior no debería tomarse como una falta de responsabilidad frente a la imagen del destino, una suerte de laissez-faire ante el propio devenir. Jung advierte la responsabilidad del hombre contemporáneo con las imágenes psíquicas. Tomarlas desconsideradamente, encogerse éticamente ante las mismas o fallar en encontrar su natividad y trasfondo simbólico conlleva gran sufrimiento para individuos y sociedades como lo muestran los anales de la historia universal y las historias clínicas respectivamente.

Otro aspecto interesante que puede extraerse de la declaración del entrevistado 1 es aquel que alude a la resonancia de la imagen. El fenómeno de la resonancia, mencionado por el clínico, es lo que permite que una imagen psíquica determinada repercuta en el otro, ejerza cierta sonoridad en su ser convirtiéndose, de esta manera, en su propia experiencia. El ensayista y filósofo francés Bachelard se basa en la fenomenología de Minkowsky para exponer la repercusión y resonancia como características esenciales de la imagen. Así, en pos de una fenomenología de la imagen, el autor se sirve de los términos para su aproximación a la transubjetividad de la imaginación poética. Ante el fenómeno descrito por el informante, por medio del cual una imagen se pone en resonancia con el otro estableciendo una comunión, el autor se pregunta:

¿Cómo una imagen, a veces muy singular, puede aparecer como una concentración de todo el psiquismo? ¿Cómo también, ese acontecimiento singular y efímero, que es la aparición de una imagen poética singular, puede ejercer acción –sin preparación alguna- sobre otras almas, en otros corazones , y eso pese a todas las barreras del sentido común, a todos los prudentes pensamientos, complacidos en su inmovilidad?

Dicho acontecer psíquico donde la imagen muestra su transubjetividad y deja de ser autoría y propiedad exclusiva de quién la manifiesta, puede bien asemejarse a lo que sucede en el lector de poesía. Obsérvese entonces el empleo que de los términos hace el autor en relación a la imagen poética:

Las resonancias se dispersan sobre diferentes planos de nuestra vida en el mundo, la repercusión nos llama a una profundización de nuestra propia existencia. En la resonancia oímos el poema, en la repercusión lo hablamos, es nuestro. (…) Más simplemente dicho, tocamos aquí una impresión bien conocida de todo lector apasionado de poemas: el poema nos capta enteros. Esta captación del ser por la poesía tiene un signo fenomenológico que no engaña. La exhuberancia y la profundidad de un poema son siempre fenómenos de la duplicación resonancia-repercusión. Parece que por su exhuberancia el poeta reanima en nosotros unas profundidades.

Y agrega más adelante:

Después de la repercusión podremos experimentar ecos, resonancias sentimentales, recuerdos de nuestro pasado. Pero la imagen ha tocado las profundidades antes que tocar las superficies. Y esto es verdad en una simple experiencia del lector. Esta imagen que la lectura del poema nos ofrece, se hace verdaderamente nuestra. Echa raíces en nosotros mismos. La hemos recibido, pero tenemos la impresión de que hubiéramos podido crearla, que hubiéramos debido crearla.

Esta noción de ser captado por la imagen cuyo efecto repercute directamente sobre la profundidad del ser ha sido parcialmente explorado en la relación de los informantes con las imágenes psicopatológicas. No sobra, sin embargo, profundizar en el tema pues dicho efecto o la numinosidad? de la imagen, como lo nombran los informantes, constituye otro aspecto que para los mismos caracteriza la imagen psíquica. Cómo afirma el entrevistado 3:

La imagen psíquica tal como yo la veo es una imagen, es una representación de cierta plasticidad que ejerce sobre quien la percibe un efecto, como decirlo, un efecto poderoso. Vuelvo con el término numinoso, es una imagen con una fuerte carga afectiva, diríamos como para ponerlo en términos de Jung. Por lo tanto, la imagen psíquica no es una imagen cualquiera, tiene que tener una carga energética. Tiene que haber una conmoción, tiene que venir con una conmoción, pero si ahí no hay para mí un efecto, un efecto digamos potente, algo que conmueva en mí ciertos aspectos de mí persona, de mí ser yo siento que no estaríamos hablando de esa imagen en psicología analítica, no sería esa del simple recuerdo o de la simple imagen que pasa por el frente.

La conmoción imaginal que conlleva la imagen psíquica la cual revela su carga energética, su efecto numinoso y que permite adentrarse en los terrenos del tremendum psíquico es ampliamente discutida por Jung . Los afectos según la psicología analítica cualifican y brindan la carga energética caracteristica de de las imágenes psíquicas. Las emociones, desde este punto de vista, no son sólo personales sino que pertenecen a la realidad psíquica, a la realidad de la imagen, ayudando a que la misma sea experimentada en su valor específico. Así el informante 3, “¿Cómo medimos el valor, cómo medimos el valor de una imagen? El valor es afectivo.”

Ahora bien, la psicología analítica al realizar una aproximación imaginal al psiquismo no identifica la psique con los afectos. Es decir, la psicología analítica le da un valor prioritario a la imagen y no considera ésta como un derivado de las emociones. Más aun, como afirma Hillman , la tarea de la psicoterapia consiste en devolver a las emociones personales (ansiedad, deseo, confusión, tedio, miseria) las imágenes específicas que las soportan: el cuerpo del deseo, la cara del terror, la situación de la desesperanza. A continuación puede verse como Jung, en su propia experiencia, encuentra el valor terapéutico de encontrar las imágenes tras las emociones:

Mientras lograra traducir las emociones en imágenes –es decir, encontrar las imágenes en las emociones- me sentía calmo y seguro. De haber dejado estas imágenes escondidas en las emociones, hubiese sido despedazado por éstas. (…) Como resultado de mi experimento aprendí cuan útil puede ser, desde un punto de vista terapéutico, encontrar las imágenes particulares que moran tras las emociones.

Permitiendo de esta manera que, “toda la energía de estas emociones fueron transformadas en interés y curiosidad por la imagen”.

Finalmente, como el lector cauto habrá podido advertir a lo largo de este capítulo, los clínicos entrevistados no conciben la imagen psíquica como una simple representación sensorial. De hecho en palabras del informante 3, “a veces puede ser sonora o a veces hay olores, entonces es muy interesante ver que hay mucha autonomía en la imagen psíquica del sueño hay una gran autonomía.”

Así mismo los clínicos, como lo muestra el informante 4, saben diferenciar la imagen psíquica de las imágenes publicitarias y del entretenimiento:

Sí. Me llama la atención la concepción de imagen psíquica, pienso que al hablarlo como psíquico, esta haciendo referencia, lo entiendo así, hacia la imagen interna. No a la imagen publicitaria, no a la imagen artística del pintor que hace en el cuadro, no. Sino a la imagen que surge del interior. (…) La imagen psíquica es una imagen que puede o no plasmarse en un objeto concreto. Pienso que es una diferencia muy operativa la que acabo de nombrar, o sea, la imagen publicitaria, la imagen artística se proyecta y esta a disposición de, mientras que la imagen psíquica puede o no plasmarse en un cuadro, en un afiche, en un video, puede o no plasmarse. Puede quedarse sólo en el recuerdo de quien ha sido testigo de esa imagen o puede compartirse como dije ahorita a través de un cuadro. Es muy operativa, como dije, la concepción que estoy aquí enunciando y hasta a veces pienso que es una diferencia básica. Finalmente, las imágenes psíquicas hacen referencia a las imágenes del alma.

Desde este punto de vista, los clínicos estarían de acuerdo con Abt al reconocer que la imagen psíquica es algo más que una galería de imágenes visuales en la mente del individuo pues la imagen del alma, según el autor mencionado, es fundamental para hacer conciencia, lo que permite que los sucesos de la cotidianeidad se hagan experiencia, íntimamente sentidos y a un mismo tiempo colectivos, universales.

 

 

 

 

Fin de la Segunda Parte

 


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