Lo que cuentan los infieles – Artículo sobre obra de Pilar Jaramillo

PILAR JARAMILLO

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Pilar Jaramillo es Terapeuta, Miembro del Consejo Directivo de ADEPAC y Directora de Punto de Paz Colombia. También dicta conferencias y talleres. Es autora de los libros Vivir sin miedo y Maltrato estrato 6. El siguiente documento es una transcripción del artículo que publicó la Revista Semana en su edición 1683 de 2014, en el que se hace una reseña de su última obra  Infidelidad, la búsqueda del placer y el encuentro con el dolor. Correo: pilijara@gmail.com

Una terapeuta recoge testimonios de personas que han puesto los cachos a sus parejas y plantea que al tener un amante, muchos esperan llenar con placer un vacío existencial. Pero en esa búsqueda también encuentran dolor. 

Para Salvador, un hombre de 32 años, ser infiel implica desarrollar dos habilidades: la de mentir y la de no involucrarse con sus conquistas. Como cree que la tecnología es el talón de Aquiles de los infieles, para la primera mantiene el celular con clave, graba los teléfonos con otros nombres y elimina los correos electrónicos y los mensajes de texto. Para la otra aplica técnicas más complicadas como tener más de una relación paralela y procurar que sus amantes también sean casadas, “no una estudiante que me enloquezca y haga tambalear la relación real”, recalca.

Salvador, como muchas otras personas, tiene amoríos pese a que está contento con su esposa y no piensa dejarla. Él lo tiene todo: prestigio, buen salario, hijos y una mujer que lo ama, pero aun así algo lo lleva a buscar otras mujeres. Él cree que lo motiva que su señora cayó en la rutina y siempre está ocupada y cansada. “Cuando éramos novios se ponía una piyama enloquecedora; ahora tiene una de abuelita. Nunca volvió a tomar la iniciativa ni a generar entusiasmo o interés”, revela.

Esta historia hace parte del libro Infidelidad, de la terapeuta Pilar Jaramillo, radicada en Barranquilla. Se trata de una serie de siete testimonios de personas infieles entre 30 y 60 años a quienes entrevistó a profundidad. Sin reprocharlos ni juzgarlos les preguntó por qué lo eran y qué buscaban en esas aventuras amorosas.

De este ejercicio Jaramillo concluyó que cada persona busca cosas diferentes. En el caso de Salvador, se convirtió en infiel para salir de la rutina (“novedad”), tener reconocimiento (“me siento totalmente deseado”) y subir su autoestima (“me siento valorado”). Otros lo hacen por el placer, por afianzar la hombría o la feminidad o para no sentirse solos. Karla, por ejemplo, dice que la indiferencia de su marido la llevó a tener un amante. “No me admiraba, apenas me miraba, no sentía deseos, no había cariño ni detalles”.

Pero luego de reflexionar sobre esos relatos, Jaramillo encontró otro hilo conductor. Todos ellos hablan de la sensación de no estar completos y culpan de esa carencia a sus parejas. “De ahí surgió la teoría de que la infidelidad no se da exactamente por lo que ellos dicen sino que es una búsqueda interior: la gente lo hace porque quiere completarse ante esa sensación de vacío”, dice. “Es una indagación hacia afuera que en realidad debía hacerse hacia adentro”.

En esa búsqueda la mayoría cree que el amante es la solución a sus problemas pero la infidelidad es una moneda de dos caras: “La gente busca placer pero también se encuentra con el dolor”, dice Jaramillo. Alejandro, uno de los entrevistados, sufrió mucho cuando tuvo que dejar a su amante, de quien se enamoró profundamente. Ella ya no resistía más el amorío clandestino y quería que se separara de su mujer, pero él no era capaz de dejarla por las convenciones sociales. “Me casé con la convicción de que sería la pareja de toda mi vida, una mujer que me representara en la sociedad, la mamá de mis hijos…”.

Otra mujer, Erika, que descubrió que su marido le era infiel, cuenta cómo su proyecto de vida de desmoronó. “La confusión fue total, como una puñalada por la espalda, no podía dormir, era un hueco negro”, dice. A Andrea, quien le fue infiel a su esposo, la experiencia le dejó desasosiego, miedo y “una culpa fuerte, muy fuerte”.

Para entender mejor esa búsqueda que es la infidelidad, Jaramillo lleva al lector a descubrir la teoría de Carl Jung. Para ello entrevista en el libro al analista junguiano Juan Carlos Alonso, quien explica que el psiquiatra suizo, discípulo de Sigmund Freud, concebía dos estructuras psíquicas: el ánima (lo femenino) y el animus (lo masculino). En ese orden de ideas, tanto hombres como mujeres vienen con una mente equipada de ánima y animus para facilitar las relaciones de parejas. “Así ellas pueden comprender al otro sexo porque tienen en su psique una imagen interna de lo masculino. Lo mismo sucede con los hombres”, señala Alonso.

Conocer estas estructuras ayuda a entender por qué suceden tantos conflictos en las relaciones de pareja, pues cuando el ánima o el animus no están bien desarrollados es más factible que surjan problemas con el sexo opuesto. Alonso explica que después del enamoramiento viene una etapa de desidealización del otro, cuando el ser amado se presenta como es, con sus defectos y cualidades. Si en ese momento esas estructuras no son fuertes muchos lo interpretarán como el fin del amor y “allí es donde puede ocurrir la infidelidad”, dice.

Si la persona toma ese camino pueden suceder dos cosas. Una, que la segunda vez escoja mejor. O, dos, que con el amante vuelva a sufrir ese proceso de desidealización. Alonso señala que a muchos les toma vivir varios fracasos amorosos e infidelidades para desarrollar esas dos estructuras psíquicas. El analista dice, además, que la infidelidad es diferente para cada cual. Para unos, hay engaño con el solo hecho de pensar en otro diferente a la pareja, mientras que otros aceptan una que otra cana al aire pero tienen un límite: que el otro sienta amor por su amante.

A pesar de los estragos que causa la infidelidad en la relación, Jaramillo ha encontrado parejas que después de esa experiencia logran mejorar el vínculo. Les sucedió a Mauricio y Claudia, quienes lograron ser compañeros y buenos comunicadores de sus necesidades y carencias, “todo esto después de una infidelidad que casi los lleva a un divorcio”, señala. Para esto, claro está, se necesita que ambos estén interesados en continuar juntos, que haya un proceso de perdón y que estén dispuestos a volver a confiar.

Con su libro Jaramillo no pretende convencer a la gente de evitar el camino de la infidelidad. Ni siquiera quiere llamarla problema, porque no la considera ni buena ni mala. Aclara que “simplemente es algo que sucede y seguirá sucediendo”. Es consciente de que los seres humanos no son monógamos por naturaleza pero tienen la libertad de decidir serlo.

Jaramillo aspira a que las parejas reflexionen sobre la insatisfacción que sienten y sobre cuál es el fin de esa búsqueda personal que les impone la vida. Es posible que al hacerlo se den cuenta de que puede haber caminos menos dolorosos y logren evitar que otros tengan que cargar con tanta culpa.

Lo dice porque la infidelidad es como un ruido que interfiere en la comunicación consigo mismo, que es importante en esas búsquedas interiores. Solo cuando la persona logra desarrollar esa díada del ánima y el animus, sin necesidad de buscar afuera, puede encontrar una relación madura que le permita un mayor crecimiento personal. “Cuando eso sucede yo puedo caminar con la otra persona y la relación que se establece es la de dos seres completos que no necesitan nada del otro; solo se acompañan”, explica. Después de todo, la lección más importante de su libro es que la relación primordial, y con la que hay que ser fiel desde el comienzo, es uno mismo.

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