La naturaleza del proceso onírico – James A. Hall

James A. Hall

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James Hall (1934-2013) se graduó de la Southwestern Medical School en 1961. Realizó una residencia en psiquiatría en la Duke Medical School. En 1968, se trasladó a Zurich, Suiza, para entrenarse como psicoanalista junguiano en el Instituto C.G. Jung – graduándose en 1972. Autor de siete libros en el campo de la psicología junguiana, uno de ellos traducido al español, La experiencia Junguiana: Análisis e IndividuaciónMurió en Texas, después de vivir durante más de 20 años con el síndrome “locked-in” como el resultado de un golpe en 1991. El siguiente documento corresponde al capítulo 2 de su libro Jungian Dream Interpretation: A Handbook of Theory and Practice, Toronto: Inner City Books, 1983. Pp. 22-33. 

 Traducido del inglés por Ana Rico
y Juan Carlos Alonso

Capítulo 2 – La naturaleza del proceso onírico

El sueño es una experiencia humana universal. En sentido fenomenológico, un sueño es una experiencia de vida que se reconoce, en retrospectiva, que ha tenido lugar en la mente mientras dormimos, aunque en el momento en que se experimenta, contenga el mismo sentido de verosimilitud que asociamos con las experiencias estando despiertos. Es decir, que parecen ocurrir en un mundo “real” que sólo en retrospectiva es reconocido como un mundo “onírico”.

La fenomenología de los sueños involucra acontecimientos que no son vivenciados en el mundo de vigilia: repentinos cambios de tiempo y lugar, cambios en la edad, presencia de personas conocidas que se sabe que han fallecido o de personas y animales fantásticos que nunca han existido. Quizás el cambio más radical experimentado en un sueño es el cambio de la propia identidad del ego de un personaje a otro, o tal vez a ningún personaje, como si el ego-onírico observara los acontecimientos desde una omnisciente posición flotante.

Durante las últimas décadas, se ha hecho una inmensa cantidad de investigaciones sobre estados neurofisiológicos asociados al sueño. Hasta ahora estos estudios han permitido a los investigadores definir con cierta precisión cuándo un sujeto dormido se encuentra en un estado REM (Movimiento rápido de los ojos por sus siglas en inglés: Rapid Eye Movement), un estado de sueño ascendente de la Etapa 1. Cuando se despierta a un individuo en tal estado REM, hay una alta probabilidad (pero no certeza) de que el sujeto informe haber estado soñando justo antes de despertar. Sin embargo, hay algunos reportes de sueño en etapas no-REM del sueño. Aunque hubo interesantes estudios tempranos que parecían vincular la dirección del movimiento de los ojos al contenido de los sueños experimentados [1], esa observación aún carece de confirmación suficiente para ser generalmente aceptada.

Dado que el estado REM ocupa la mayor parte del tiempo de los bebés prematuros, y disminuye de manera constante durante el proceso de envejecimiento, parecería ser un estado biológicamente determinado, más que uno que sirva simplemente a las necesidades psicológicas del individuo. El sueño REM se encuentra también en la mayor parte de las especies animales, en las que los factores psicológicos no son una consideración importante. Puede representar inicialmente un procesamiento de información relacionada con la visión binocular, o puede servir al propósito de alertar periódicamente al sistema nervioso central durante la noche.

Independiente de la base biológica de los sueños, parece servir en el ser humano a algún proceso necesario para el sano funcionamiento psicológico. Freud asignaba al sueño el papel de vigilante ante la irrupción de impulsos reprimidos, posición que generalmente no se considera que esté de acuerdo con la investigación más moderna sobre los sueños. Por el contrario, la posición de Jung era que el sueño compensa la limitada mirada del yo despierto, un propósito que está en armonía con la hipótesis del procesamiento de información de los sueños, pero que va mucho más allá de la simple asimilación de nuevos datos.

Los sueños como compensación

El sueño en psicología Junguiana es visto como un proceso natural, psíquicamente regulador, análogo a los mecanismos compensatorios del funcionamiento corporal. El conocimiento consciente por el cual se guía el ego a sí mismo es inevitablemente sólo una visión parcial, porque siempre queda mucho fuera de la esfera del ego. El inconsciente contiene material olvidado, lo mismo que material como el de los arquetipos que no puede, en principio, ser consciente, aunque los cambios en la conciencia pueden apuntar hacia su existencia. Incluso dentro del campo de la conciencia, algunos contenidos están en su foco, mientras que otros, aunque sean indispensables para el mantenimiento de la conciencia focal, no lo están [2].

Hay tres formas en que el sueño puede ser visto como compensatorio, y todos son importantes para comprender el uso clínico de los sueños. Primera, el sueño puede compensar temporalmente las distorsiones en la estructura del ego, dirigiendo al individuo a una comprensión más completa de las actitudes y acciones. Por ejemplo, si alguien que está enojado con un amigo pero descubre que su ira se disminuye rápidamente, puede soñar que está furioso con el amigo. El sueño recordado trae de vuelta, para una mayor atención, la cantidad de ira que había sido suprimida, tal vez por razones neuróticas. También puede ser importante para el soñante darse cuenta de qué complejo fue constelado (activado) en la situación.

Una segunda y más profunda manera de compensación es la forma en la que el sueño como auto-representación de la psique puede hacer frente a una estructura del ego en funcionamiento con la necesidad de una adaptación más cercana al proceso de individuación. Esto ocurre generalmente cuando uno se desvía personalmente del camino correcto y verdadero. El objetivo de la individuación no es simplemente un ajuste a las condiciones existentes; no importa que tan adecuado parezca ese ajuste, una tarea ulterior está siempre esperando (en últimas, la tarea de hacer frente a la muerte como evento individual). Un ejemplo de este segundo tipo de compensación es el sueño de una persona que estaba bastante bien adaptada socialmente, en los ámbitos de la vida de la comunidad,  la familia y el trabajo.  Soñó que una voz impresionante le decía, “¡Usted no está llevando su verdadera vida!” La fuerza de esa declaración, que despertó al soñante de un salto, se prolongó durante muchos años e influyó en un movimiento hacia horizontes que no estaban claros en el momento del sueño.

Estas dos formas de compensación – el sueño como un “mensaje ” al ego y como una auto-representación de la psique -, comprenden la idea junguiana clásica de la función compensatoria de los sueños, sustancialmente diferente de la visión freudiana tradicional de los sueños como realización de deseos o protectores del sueño.

Cada vez es más claro para mí, sin embargo, que hay un tercer proceso más misterioso y más sutil por el cual los sueños son compensatorios. El núcleo arquetípico del ego es la base duradera del “Yo”, pero se puede identificar con muchas personas o identidades del ego. El sueño puede ser visto como un intento de alterar directamente la estructura de los complejos sobre los cuales el ego arquetipal se basa para la identidad a niveles más conscientes. Por ejemplo, muchos sueños parecen desafiar el ego onírico con diversas tareas, cuya realización puede alterar la estructura de los estados de ego despierto, ya que la identidad del ego onírico es con mayor frecuencia una identidad parcial de los estados del ego despierto. Los eventos son experimentados por el sueño onírico como interacciones con situaciones “externas” dentro de la estructura del sueño; pero los eventos externos del sueño pueden reflejar directamente complejos que están involucrados en el funcionamiento del día a día y en la estructura del ego despierto. Los cambios en la relación con estas situaciones de sueño pueden ser experimentados por el ego despierto como un cambio en su propia actitud o estado de ánimo. Marie-Louise von Franz da un ejemplo particularmente claro de este tipo de compensación con uno de sus propios sueños. Después de un día de sentir la cercanía de la muerte, soñó que un romántico joven –una figura de animus– había muerto.

En el curso normal del análisis Junguiano, los sueños son con frecuencia usados como un punto de referencia para la interacción del proceso analítico. Analista y analizando son aliados en el intento de entender el “mensaje” del sueño en relación con el ego del analizando. A veces los sueños indican que la atención debe dirigirse a la transferencia-contratransferencia, la constelación particular de la interacción en la situación analítica. Dado que no existe una posición privilegiada desde la cual se pueda conocer la “verdad” de la psique de otra persona, analista y analizando están comprometidos en una empresa de exploración que implica una confianza básica entre ellos. Si el sueño se centra en esa relación, la relación debe examinarse analíticamente.

En la interpretación de los sueños, es importante no sentir nunca que el sueño se ha agotado. En el mejor de los casos puede hallarse un significado útil, actual al sueño, pero incluso esto puede ser modificado a la luz de los sueños siguientes, porque la interpretación de los sueños implica un diálogo continuo entre el ego y el inconsciente, un diálogo que se extiende indefinidamente y cuya temática puede cambiar tanto en el foco como en el nivel de referencia.

Incluso cuando los sueños no son interpretados, en ocasiones parecen tener un profundo efecto en la conciencia despierta. A partir de la observación del impacto de los sueños no analizados, es posible inferir que incluso cuando los sueños no son recordados, son una parte vital de la vida total de la psique. En la perspectiva de Jung, los sueños están funcionando continuamente para compensar y complementar (una forma más suave de compensación) la visión de realidad del ego despierto. La interpretación de un sueño permite que se ponga cierta atención consciente a la dirección en la cual el proceso de individuación se está moviendo aunque sea inconscientemente. Cuando tiene éxito, el trabajo en equipo de la voluntad consciente y del dinamismo inconsciente, hacen avanzar el proceso de individuación mucho más rápido que cuando los sueños se dejan sin examinar.

Un beneficio adicional de la interpretación de los sueños es que el ego retiene en la memoria consciente un residuo del sueño, lo que permite a la persona identificar motivos similares en la vida cotidiana y adoptar la actitud o acción apropiada, lo que resulta en una menor necesidad de compensación inconsciente de esa área particular del problema.

Usos no interpretativos de los Sueños

Las personificaciones en sueños, incluyendo imágenes de escenas y objetos inanimados, reflejan la estructura de los complejos psicológicos en el inconsciente personal, que se apoyan todos sobre núcleos arquetípicos en la psique objetiva y están sujetos a la fuerza centradora e individualizante del Self o arquetipo central. Esos complejos particulares que son objetivados y simbolizados en el sueño (incluyendo la constelación particular del ego onírico) reflejan la actividad autónoma del Self en relación con el ego (tanto el ego despierto como el ego onírico). Por lo tanto, es posible ver, aunque sea tenuemente, lo que el Self está haciendo con los complejos que contienen el ego y otros contenidos de la psique. Tales observaciones pueden ser utilizadas de manera no interpretativa, que es, de hecho, su uso más habitual en las terapias no junguianas.

Los motivos de un sueño pueden referirse al presente o al pasado, y pueden referirse a personas reales, vivas o muertas, o figuras que son desconocidos en la vida consciente. Las personas que no se conocen en la vida consciente son probablemente partes personificadas de la propia psique del soñante. Mediante una cuidadosa atención a estos detalles, es posible inferir qué partes de la psique y qué partes de la experiencia pasada del ego se constelan en la mente en el momento del sueño. La atención psicoterapéutica a esas áreas, incluso sin una interpretación formal del sueño, puede conducir al proceso terapéutico en la misma dirección que el flujo natural de la individuación.

Cuando los complejos son representados, como en las técnicas de la Gestalt, la energía psíquica adicional se centra sobre ellos y es probable que el resultado sea un aumento de la conciencia. Dicha representación, sin embargo, no constituye el mismo uso del sueño que hace la interpretación junguiana, porque el foco en tales representaciones está sobre el complejo que está constelado y no sobre el uso que se hace de dicho complejo en la estructura total del sueño.

Cuando el clínico ha adquirido destreza en el uso de la interpretación onírica, los sueños pueden servir como un factor adicional en la evaluación de diagnóstico y pronóstico, además de servir como un sutil indicador de cuándo iniciar o modificar la medicación, considerar la hospitalización, y variar la frecuencia de las citas psicoterapéuticos. Un joven esquizofrénico muy gravemente enfermo, por ejemplo, a menudo soñaba con que su coche comenzaba a rodar hacia atrás, fuera de control, justo antes de que se desarrollara una exacerbación de los síntomas psicóticos y requiriera una mayor medicación. En varios casos, lo contrario parecía cierto –podía soñar que tenía éxitos o controles notables (como derrotar fácilmente al Minotauro mitológico) cuando comenzaba una fase de mejora. Una vez soñó que un estafador de circo tenía todas las piezas para una bomba atómica a excepción de la pieza que tenía el yo onírico. El ego onírico mintió diciendo que no tenía la pieza cuando el estafador se la pidió. Esto parecía representar por entonces haber evitado una “explosión” de su proceso psicótico, en paralelo con sus esfuerzos conscientes de reparación. (Luego de muchos años y de muchos terapeutas más tarde, este joven se suicidó; desconozco sus últimos sueños.)

Los sueños pueden ser tomados como referentes de otros materiales discutidos en la hora analítica en la que se relatan o en la sesión de terapia grupal en la que se mencionan, y para la situación específica de vida del soñante en el momento del sueño. La cuidadosa referencia de las imágenes oníricas para el contexto del ego despierto en el momento del sueño, reduce al mínimo los errores graves en el uso clínico de los sueños: el terapeuta proyecta sobre el sueño sus propios pensamientos sobre el paciente, en lugar de utilizar el sueño como un mensaje correctivo del inconsciente del paciente.

La Interpretación de Sueños y las Técnicas Imaginales

La psicoterapia moderna hace uso de muchas técnicas imaginales distintas a la interpretación de los sueños. Las técnicas imaginales son representaciones diseñadas para utilizar la imaginación humana, a menudo conceptualizadas como actividades incrementadas del hemisferio cerebral derecho, para modificar inapropiados supuestos e identidades que subyacen a la infelicidad neurótica. Hice referencia a este tipo de técnicas como representaciones imaginales para diferenciarlos del acting-out, que es la estructuración inconsciente la experiencia (generalmente indeseable) de acuerdo con los conflictos inconscientes no reconocidos. [1]

Tanto la interpretación de sueños como las técnicas imaginales parecen influir en el patrón de complejos en la mente, al igual que las experiencias emocionales lo hacen en la vida cotidiana y en la psicoterapia. El trabajo con los sueños es quizás la forma más directa y natural alteración de los complejos, mientras que el siguiente método más directo es el de la imaginación activa Junguiana, en la que los contenidos inconscientes se animan a que “emerjan”, mientras que el ego mantiene su papel despierto de mediación de la tensión conflictiva de los opuestos constelados en la psique.

Otras técnicas imaginales incluyen imaginería hipnoanalítica, pintura y moldeado de imágenes del inconsciente, el uso del Sandplay para construir escenas con pequeñas figuras en una caja de arena, el psicodrama, la imaginación guiada y prácticas meditativas en las que se permite un flujo libre de imágenes. El material resultante es tan estrechamente parecido al que aparece en los sueños que la comprensión del uso clínico de los sueños debe ser una disciplina fundamental para el uso de todas las técnicas imaginales en psicoterapia.

Ego-identidad y la estructura de los complejos

En la mayoría de los usos clínicos de los sueños, el objetivo es ayudar al soñante a ver claramente las diferentes formas de su propia estructura de personalidad, que son por lo general inconscientes y simplemente actuado fuera, en el mundo, causando a menudo la infelicidad neurótica que motiva al individuo a buscar ayuda profesional. Este trabajo por parte del terapeuta es esencialmente similar a la actividad natural y espontánea de los sueños, porque los sueños ya están tratando de guiar a la persona a salir de su neurosis, en el proceso de individuación. Los sueños no se tienen para ser analizados y comprendidos, pero una comprensión de ellos nos dice que el inconsciente está tratando ya de alterar la imagen del ego en la dirección de la salud y la individuación.

La salud y la individuación, sin embargo, no siempre se alinean; lo que es “saludable” para una imagen del ego dominante en una determinada etapa de la vida puede ser decididamente perjudicial para la imagen del ego naciente de la siguiente etapa de la vida. Psicológicamente, al igual que en otras áreas de la vida, lo bueno es enemigo de lo mejor. La individuación es un concepto más amplio y complejo que el de “salud”. La individuación es un proceso dinámico; implica cambios constantes y finalmente lleva a una aceptación de la finitud de la vida y de lo inevitable de la muerte.

Los cambios en el estado de ánimo pueden ser visualizados como los cambios en la estructura de los complejos que subyacen a la imagen del ego. Hasta cierto punto, el ego es capaz de hacer tales alteraciones, como cuando uno recuerda importantes prioridades personales en una situación de ambivalencia. Esto puede ser no más grave que recordar la intención de perder peso cuando nos enfrentamos a un menú de postres atractivos. Al tratar con problemas más importantes, que requieren niveles más profundos de cambio de identidad, sin embargo, las alteraciones necesarias no están dentro del ámbito de la elección del yo consciente. En ese nivel el ego debe hacer simplemente lo que puede y luego esperar la acción de la función trascendente, la capacidad de producción de símbolos de la psique, que es capaz de alterar el conflicto de los opuestos mediante la creación de una solución simbólica que relativiza ambos opuestos en guerra en un marco más amplio de significado.

El trabajo clínico con los sueños consiste en ayudar a que el ego es hacer lo que esté a su alcance. Si bien las transformaciones necesarias subyacentes pueden a veces ser observados en las imágenes del sueño, no pueden ser ordenadas a voluntad del paciente o el analista. La respuesta al insistente (y comprensible) llamado de los pacientes a que se les diga “qué hacer” es hacer lo que uno puede, seguir lo más cerca posible las formas en las que el conflicto se presenta, hacer cualquier impacto que se pueda sobre la situación -y luego esperar, observar y confiar. Apoyar este proceso es un ingrediente importante en la transformación de la psique. La situación analítica (y la persona del analista) puede ser el único temenos que tiene el paciente, un lugar seguro donde la vida se mantiene unida durante el movimiento inquietante de una antigua imagen del ego hacia una emergente más abarcadora.

El punto crucial a recordar es que la propia imagen del ego puede ser alterada dependiendo de qué complejo (o combinación de complejos) usa el ego para una identidad dominante. Esto es bastante fácil de ver en las proyecciones de la sombra, cuando el ego se siente “justificado” en una forma activa de no gustar de alguien (generalmente del mismo sexo que el ego) que encarna cualidades (para todos menos para la persona que realiza la proyección) presentes en la imagen del ego del paciente. Si tal proyección de la sombra es de hecho una parte integral de la propia estructura del carácter del individuo, los sueños muestran a menudo al ego onírico involucrado en esa actividad o actitud de la sombra.

Si la sombra no es proyectada sino actuada por el ego, un curioso tipo de sueño puede producirse cuando la sombra se está integrando o se está disociando de la imagen del ego dominante. Los alcohólicos que dejaron de beber, por ejemplo, no es raro que sueñen bebiendo poco después de haber dejado la bebida en su vida diaria. El mismo tipo de sueño se puede observar en los fumadores que han abandonan el cigarrillo. Tales sueños, simples en estructura, sugieren que el patrón de identidad del ego en el que la actividad sombra estaba incrustado aún persiste, aunque el ego ya no identifica con ella. (Ver estos sueños de manera simplista, como cumplimiento de un deseo, corre el riesgo de dejar atascado el ego en actitudes y patrones de comportamiento pasados, en lugar de fomentar su movimiento lejos de ellos.)

Sueños más complejos ilustran el mismo principio. Un hombre de edad media que en un tiempo había querido ser ministro protestante, pero que después fuera muy exitoso en una carrera diferente, llevaba una vida sexual activa en exceso, de una calidad contrafóbica. Mientras se separaba de su esposa (con quien aún tenía relaciones sexuales) mantenía una regular cita semanal con una amiga casada, y en otros momentos libres iba a un bar local a tener contactos sexuales casuales con una variedad de otras mujeres. Durante esta agitada actividad sexual, sus sueños lo mostraban yendo a la iglesia y ¡tomando la comunión! Su sombra contenía aquello que había sido previamente un valor positivo –su compromiso e interés religioso-, que había sido disociado, tal vez debido a una escisión fundamentalista extrema entre la sexualidad y la religiosidad.

Este ejemplo también sirve para enfatizar que, en sí misma, la sombra no es positiva ni negativa. La sombra es simplemente una imagen alter-ego que personifica aquellos contenidos que no hayan sido asignados a la personalidad consciente. La sombra puede parecer negativa desde el punto de vista de la imagen del ego dominante debido a la disociación y a la represión parcial del ego, pero su contenido real puede ser positivo o negativo, dependiendo del estado de la presente imagen del ego.

Una estructura compleja que está vinculada a la identidad del ego es a menudo bipolar, o incluso algo más complicado. Un complejo bipolar relativamente simple tiene dos patrones de identidad (o complejos) dispuestos de una manera particular. Uno de los polos a menudo se atribuye al ego como patrón de identidad, mientras que el polo coordinado opuesto, o bien se reprime en la sombra (con manifestaciones ocasionales) o se proyecta sobre una persona en el medio ambiente, por lo general un familiar cercano, lo que determina un patrón no personal de relación entre el ego y la persona sobre la cual se proyecta el patrón opuesto. Esto es esencialmente una estructura relacional impersonal, la cual interfiere en la individuación de la persona que inconscientemente hace que la proyección y al mismo tiempo inhibe el establecimiento de una relación personal estable con la persona en quien cae la proyección.

Otro ejemplo de una estructura bipolar es el patrón un dominio / sumisión, en donde uno de los polos de la relación es con considerarse dominante y el otro sumiso. En la relación impersonal con base en un modelo tal, la mayoría de las interacciones entre los dos serán miembros de la pareja va a caer en ese patrón: uno será sumisa, el otro dominante. Pero a menudo hay evidencias sintomáticas de la inversión del patrón. Por ejemplo, un hombre de negocios muy exitoso, que se había hecho cargo de todos a su alrededor durante décadas, se jubiló y descubrió que tenía miedos irracionales a una enfermedad repentina en la que se sentiría indefenso y dependiente. El examen reveló que el miedo a la muerte no era el componente principal. Lo que realmente temía era la experiencia de la identidad opuesta (dependiente y sumisa) que había evitado desde una edad temprana a través del trabajo compulsivo y el cuidado de los demás.

Una dinámica similar subyace en la situación frecuente, en que un piloto o auxiliar de un avión comercial teme volar como pasajero. En el caso del auxiliar de vuelo, no está en cuestión estar “en control” del avión cuando está en vuelo, pero el significado simbólico de control está claramente presente. Existen casos aún más frecuentes de personas que temen viajar como pasajero en automóvil, aunque se sienten perfectamente cómodos cuando conducen. Sé de al menos un caso en que sucede lo inverso: una mujer muy dominante y controladora, hasta el punto de la arrogancia, que no es capaz de conducir un coche y debe ser conducida por un chófer, aún para las más cortas salidas.

Es posible visualizar en forma aproximada el movimiento del ego sobre diversos patrones de identidad, imaginando los complejos en el inconsciente personal como dispuestos en una irregular “red”, con ciertos grupos de complejos agrupados en patrones, al pesar de que cada grupo esté en contacto con todos los demás complejos en la red. Si el núcleo arquetípico del ego basado en el Sí-mismo se visualiza como un rayo de luz, los complejos particulares iluminados por la “luz” serían la identidad actual del ego. El área iluminada siempre deja parte de la red en la oscuridad. Esta red no iluminada abarca varios patrones estructurales del ego: la sombra, el ánima, etc. Si la “luz” del ego se mueve, ella cambia no sólo el “contenido” del ego, sino también el patrón de relaciones asociado con esos contenidos. En la conciencia ordinaria, una persona no es consciente de que la “luz” del ego es móvil, y considera simplemente que el área iluminada “es” el ego.

Esta imagen metafórica de la red y la luz requiere una mayor elaboración, pues la red no es una estructura fija. De hecho, cuando el ego “ilumina” una zona, es capaz de producir modificaciones en la red de complejos en esa zona. Puesto que los complejos están todos en un campo que los relaciona entre sí, cualquier alteración en uno de ellos afectará la estructura de todos los otros, en mayor o menor grado. El ego experimenta no sólo pasivamente la “red”, sino que además, participa de forma activa en la creación (o disolución) de la estructura de los complejos “iluminados”.

La situación se vuelve aún más misteriosa y complicada cuando nos damos cuenta de que el ego no es la única fuerza que puede influir en la estructura de los complejos. Ellos también pueden ser alterados por la actividad del Sí-mismo, tanto de forma directa (como en la constelación de un particular contexto onírico) como indirectamente, cuando el Sí-mismo lleva al ego a enfrentar ciertos conflictos o etapas del crecimiento que el ego ha tratado de evitar. Así que tanto el ego como el Sí-mismo influyen en la estructura de los complejos en los que el ego se apoya para adquirir su propio sentido de identidad. También es importante recordar que el ego se basa en el arquetipo del Sí-mismo y, por lo tanto, en cierto sentido, es el intermediario o agente del Sí-mismo en el mundo de la conciencia.

Comprender el sentido del proceso cambiante de las estructuras de identidad es muy útil en los usos clínicos de los sueños. Las cuestiones más teóricas y profundas que abarcan los sueños no tienen que entenderse con el fin de hacer un buen trabajo clínico con la Interpretación de los sueños. Estas cuestiones más amplias incluyen principalmente: 1) preguntas epistemológicas acerca de la naturaleza del conocimiento, 2) preguntas religiosas acerca de la naturaleza del conocedor en relación con el misterio que abarca la existencia, y 3) la gama intermediaria de estructuras de aplicación (motivos arquetípicos) reflejada en mitos, cuentos de hadas y folklore. Estos últimos constituyen un campo fértil para el estudio puro del simbolismo arquetipal, pero debe usarse con precaución en la interpretación de cualquier situación clínica particular, pues la complejidad de una persona individual es mayor que la complejidad de cualquier mito.

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