Encuentro de Analistas Junguianos en Colombia

Evento en Medellín

Sábado, noviembre 1°, 2014

Tom Kelly, presidente de la IAAP (International Association for Analytical Psychology) y el analista brasileño Álvaro Ancona, visitaron la ciudad de Medellín, Colombia, en donde se reunieron con los analistas residentes en Colombia. El encuentro tuvo el objetivo de concretar los planes de formación de la futura sociedad de analistas junguianos en el país.   

 

De izquierda a derecha, Juan Carlos Alonso (Director de ADEPAC), Ana Ma Salazar (miembro de ADEPAC), Tom Kelly (Presidente de la IAAP), Fernando Garlín, Álvaro Ancona (Liaison de los Routers de Colombia), Eduardo Carvallo, Lisímaco Henao, Inés de la Ossa y Ma Patricia Quijano (miembro de ADEPAC). Andrés Ocaziones, otro analista colombiano participó virtualmente en el encuentro.

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Coctel ADEPAC de fin de año Medellín

Evento Medellín

Sábado, noviembre 8, 2014

ADEPAC

Celebró

Su Coctel de fin de año en Medellín

 

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Carolina Mesa, Milena Loaiza, Ana María Salazar, Margarita Correa, Amparo Céspedes, Juan Carlos Alonso, Anita de Alonso, María Patricia Quijano, Álvaro Cardona, y en el centro Héctor Ospina.  

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Cursos Pre-Congreso Buenos Aires 2016

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Conviértase en miembro activo de ADEPAC

CONVIÉRTASE EN MIEMBRO
ACTIVO DE ADEPAC

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ASOCIACIÓN DE PSICOLOGÍA
ANALÍTICA EN COLOMBIA

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QUÉ ES ADEPAC?

Le invitamos a hacer parte de nuestra organización. La Asociación de Psicología Analítica en Colombia (ADEPAC) es una entidad creada a finales del año 2004, sin ánimo de lucro y de apoyo mutuo entre profesionales de diferentes disciplinas, que participan activamente en la divulgación, investigación y desarrollo de la Psicología Analítica, enfoque creado por el médico suizo Carl G. Jung (1875-1961).

Cuenta con representación legal (NIT 900011038-1) y aunque tiene su sede en Bogotá, posee un carácter nacional y busca el asocio de personas de diferentes ciudades interesadas en dar a conocer este enfoque. Actualmente existe una Coordinación en la ciudad de Medellín, en donde reside buena parte de sus miembros. También hay miembros que viven en otras ciudades del país y de fuera de Colombia.

Para cumplir con su objetivo divulgador, ADEPAC organiza diferentes espacios que permiten el aprendizaje y debate de la teoría y práctica de la Psicología Analítica.

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¿QUÉ ACTIVIDADES DESARROLLA ADEPAC PARA EL PÚBLICO?

Algunas de las principales actividades que adelanta ADEPAC están dirigidas al público general:

- Los principales eventos coordinados por ADEPAC se encuentran en página de inicio de esta web de la asociación (www.adepac.org), en especial conferencias y cine foros de entrada libre.
- Allí mismo se informa a la comunidad junguiana acerca de eventos nacionales e internacionales, bibliografía especializada, lugares de entrenamiento en este enfoque, artículos, reseñas, resúmenes de tesis y conceptos básicos de la Psicología Analítica.
- Conferencias, talleres, cursos, cine foros sobre temas junguianos, tanto presenciales como virtuales.

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¿QUÉ ACTIVIDADES DESARROLLA ADEPAC PARA SUS MIEMBROS?

Otras actividades están reservadas a los miembros afiliados a la Asociación, las principales de las cuales son:

- Grupos de estudio Presenciales y Grupos de estudio Virtuales, , con carácter gratuito, en los que se estudia, reflexiona y discute sobre obras clásicas de autores Junguianos y Postjunguianos.
- Una Biblioteca General constituida por más de 500 obras de Carl Jung y de autores junguianos, disponibles para préstamo de los miembros que residan en Bogotá y Medellín.
- Una Biblioteca Virtual en PDF de más de 150 obras de Jung y de autores Junguianos en español e inglés, y más de 900 ponencias de congresos junguianos latinoamericanos e internacionales, disponibles para ser adquiridas por los miembros del país y de fuera del país.
- Una Biblioteca Virtual de Ponencias en PDF que reúne más de 900 conferencias dictadas en los últimos congresos internacionales y latinoamericanos de Psicología Analítica, también disponibles para ser adquiridas por los miembros del país y de fuera del país.
- Una Página Web exclusiva para Miembros, que ofrece entre otras novedades la traducción de obras junguianas contemporáneas de importancia fundamental.
- Descuento del 20% al 40% (dependiendo del tipo de membresía) sobre la tarifa establecida para las conferencias, talleres, cursos, y cine foros organizados por ADEPAC.
- Plan de descuento de editoriales que publican obras junguianas para los miembros de ADEPAC (entre otras Trotta, Fata Morgana)
- Divulgación en la página web general del perfil profesional y/o de los servicios que ofrecen los miembros.

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¿QUIÉN FUE C. G. JUNG?

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CG Jung fue un médico psiquiatra suizo, figura clave en la etapa inicial del psicoanálisis, junto con Freud. Posterior a la ruptura con éste, fue el fundador de la escuela de Psicología Analítica. Su abordaje teórico y clínico enfatizó la conexión funcional entre la estructura de la psique y la de sus manifestaciones culturales. Esto le impulsó a incorporar en su metodología nociones procedentes de la antropología, la alquimia, los sueños, el arte, la mitología, la religión y la filosofía. Desarrolló una compleja teoría de la personalidad, acuñando términos como la introversión y la extroversión. Escribió una prolífica obra. Aunque durante la mayor parte de su vida centró su trabajo en la formulación de teorías psicológicas y en la práctica clínica, también incursionó en otros campos de las humanidades, desde el estudio comparativo de las religiones, la filosofía y la sociología hasta la crítica del arte y la literatura.

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COSTO AFILIACIÓN Y APORTES

Los aportes establecidos para el período abril a marzo de cada año son aprobados en las Asambleas Generales Ordinarias que se realizan en el mes de marzo. Los aportes actuales los pueden encontrar AQUÍ. Se puede hacer el pago semestral o actual. En este último caso, es decir cuando se realiza una  cancelación anticipada de aportes correspondientes a un (1) año se obtiene un descuento de (2) dos meses. Todas las personas ingresan como Miembros Adherentes y luego de un año podrán solicitar al Consejo Directivo convertirse en Miembros Titulares (el requisito es presentar un trabajo sobre algún trabajo de Psicología Analítica).

Mayor información

Correo: adejungcol@yahoo.com

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Cap. 2 – Matrimonio y Familia: ¿Instrumento de tortura social o una institución moribunda? – Guggenbuhl-Craig

Adolf Guggenbühl-Craig

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Analista junguiano suizo, nació en Zurich (Suiza) en 1923 y falleció en 2008 en la misma ciudad. Estudió Teología en la Universidad de Zurich, luego Filosofía e Historia en la Universidad de Basilea y después Medicina en la Universidad de Zurich. Luego de graduarse en Psiquiatría y Psicoterapia, inició la práctica privada en Zurich. Conoció directamente a Jung y fue muy influido por la psicología de Jung. Autor de Poder y destructividad en Psicoterapia. El siguiente texto es la traducción hecha por la psicóloga clínica venezolana María Luisa Fuentes ©, del Capítulo 2 de su obra Marriage: Dead or Alive (1986). Putnam: Spring Publication. Esta no es una traducción oficial sino una versión personal y se hace con fines pedagógicos para ADEPAC y otros centros de estudios junguianos.

Traducido del inglés por María Luisa Fuentes

 

CAPITULO DOS

No se requiere de un espíritu particularmente agudo u original para darse cuenta de que hoy día la familia y el matrimonio pueden estar en estado de disolución, aunque mucha gente todavía contrae matrimonio con gran entusiasmo. Pero en todos aquellos países donde las leyes no dificultan la obtención del divorcio, muchos matrimonios se están disolviendo. Aceptado, no existe todavía ningún país donde más de la mitad de los matrimonios termine en divorcio. Por supuesto no es sólo la restricción legal lo que impide a las parejas divorciarse; muchos matrimonios y familias se mantienen unidos por consideraciones puramente materiales. Para casi todas las clases sociales –a excepción de los muy ricos o muy pobres– un divorcio usualmente significa una disminución del nivel de vida para ambos cónyuges y para los niños. Con mismo ingreso, después del divorcio, se deben mantener dos hogares. En los grupos sociales donde el dinero no es una preocupación, donde un divorcio no trae un declive significativo en el nivel de vida, más de la mitad de los matrimonios termina en divorcio.

Aunque un matrimonio se haya convertido en algo miserable muchas parejas no se divorcian a causa de los niños. “Estamos esperando a que los niños crezcan” se dice. Y cuando los niños han crecido, ellos todavía no se divorcian, no porque la relación haya mejorado, sino porque los cónyuges están muy cansados y tienen miedo a la soledad, o creen que ya no serán capaces de encontrar nuevos compañeros.

A pesar la creciente tasa de divorcio, la mayoría de la gente experimenta el divorcio como un fracaso. Al momento de casarse se tiene la intención de permanecer juntos hasta que la muerte los separe. Si los tribunales hacen la separación, eso significa que las cosas no se dieron de la manera prevista.

Sería aburrido dar estadísticas de divorcio en varios países, culturas y estratos sociales. Es mucho más interesante para el individuo repasar a través de su mente, conocidos, parientes y amigos, quienes están sobre los cuarenta y cinco años de edad. Haciendo esto se dará cuenta con tristeza –o con secreta satisfacción si él mismo está divorciado– que muchos matrimonios que comenzaron auspiciosamente, ya no existen. A menudo los matrimonios terminan sin hijos después de varios años; con frecuencia ya había niños presentes. Todo el mundo sabe también de parejas que se disuelven después de quince, veinte, o veinticinco años de matrimonio. Esto puede involucrar parejas sin hijos o familias con seis niños. Y justo cuando uno ha llegado a la conclusión de que al menos aquel viejo amigo de la escuela Jack y su esposa Luisa, están disfrutando un matrimonio feliz, suena el teléfono y Jack comparte su decisión de divorciarse.

Todos estos divorcios no serían tan malos si uno pudiera al menos percibir felicidad y alegría completas entre los no divorciados. Pero este no es el caso. Se sabe, tanto a través de los estudios generales, como también por experiencia personal, que muchos matrimonios se las arreglan para mantener unida la familia sólo con gran dificultad, negándose a sí mismos todo lo que es querido para ellos. Aquí y allá sin embargo, uno conoce parejas quienes están genuinamente satisfechas una de la otra. Al menos ellos piensan que este es su caso. El observador objetivo tiene a menudo otra opinión: el matrimonio parece funcionar tan bien sólo porque al menos uno de los cónyuges sacrifica y abandona completamente su desarrollo. En ocasiones la esposa sacrifica sus demandas personales y culturales por la comodidad y los motivos profesionales de su esposo; caso contrario – y esto es cada vez más frecuente—el esposo está al servicio de su esposa y difícilmente se atreve a expresar sus opiniones en presencia de ella. El sacrifica sus amigos, sus oportunidades profesionales y prácticamente permite que su esposa adicta al poder, lo utilice como un criado. A menudo uno observa cuan interesante, ingeniosa y animada es una persona casada cuando está sola, pero luego cuando su pareja está presente, todo signo de vivacidad se desvanece. Muchas parejas quienes desde un punto de vista externo tienen un buen matrimonio, de hecho, en la práctica, se paralizan el uno al otro.

A pesar de la multitud de psicólogos y consejeros matrimoniales, no sólo los divorcios continúan ocurriendo con gran frecuencia, sino que los matrimonios que todavía existen, a menudo parecen no ser más que situaciones que retrasan el crecimiento. Psiquiatras y psicólogos extraen sus conclusiones a partir de esta desagradable situación: las dinámicas matrimoniales y familiares son explicadas a los pacientes. A menudo se duda si el matrimonio y la familia en su forma contemporánea, son todavía instituciones significativas. ¿No es el matrimonio, como los revolucionarios lo explican, más que todo un instrumento de la sociedad para controlar a la gente?

Aún los psiquiatras y psicólogos que no comparten este radical punto de vista, suman puntos cada día al expediente en contra del matrimonio y la familia. En los casos de los pacientes más neuróticos, la causa de su sufrimiento emocional es rastreada hasta los enfermizos compromisos matrimoniales de sus padres, a la madre deprimida, o al padre estúpido, según todo tipo de constelaciones familiares infelices.

Un psicoanálisis tiene dos metas: liberar a los pacientes neuróticos del sufrimiento, además ayudar a su completo desarrollo y a la búsqueda del significado de la vida. Con mucha frecuencia sin embargo, el psicoanálisis termina un matrimonio con un divorcio. Encontrar el significado de la vida implica, en este caso, determinar primero que todo, que el matrimonio no permite ningún tipo desarrollo significativo a favor del analizado.

Muchos escritores modernos describen el matrimonio como una institución enferma que se mantiene solamente con mentiras e hipocresía, decepción mutua y auto -decepción. La vida familiar, consistiría entonces, en una doble vía de tormento sin fin. La mendacidad y la hipocresía en el llamado matrimonio burgués es uno de los blancos favoritos de los autores modernos. Con esta mirada uno puede sentirse tentado a parafrasear el Hamlet de Shakespeare: En efecto algo está podrido¬— no en Dinamarca— pero sí en la familia y el matrimonio.

Si uno mira la institución matrimonial, con completa justicia e imparcialidad, emerge la siguiente imagen: si, utilizando una gran agudeza psicológica, uno pudiera imaginar una institución social, la cual es incapaz de funcionar en cada caso particular y está destinada al tormento de sus miembros, uno ciertamente inventaría el matrimonio contemporáneo y la institución familiar de hoy. Dos personas de diferente sexo, generalmente con imágenes, fantasías y mitos extremadamente diferentes, con fortaleza y vitalidad diferentes, prometerse el uno al otro, estar juntos noche y día, por así decirlo, para toda la vida. Se supone que ninguno de ellos va estropear la experiencia del otro, se supone que ninguno de ellos va a controlar al otro y ambos podrán desarrollar totalmente sus respectivos potenciales. Sin embargo este poderoso juramento es a menudo declarado sólo a causa de una abrumadora intoxicación sexual. Tal intoxicación es maravillosa, pero ¿es esto un trabajo preparatorio sólido para pasar juntos toda la vida?

Es bien sabido que la mayoría de las personas, incluso cuando emprenden juntos un viaje por sólo catorce días, se alteran los nervios el uno al otro. Después de unos pocos días, uno difícilmente puede siquiera ya expresarse, cada pequeña decisión se convierte en un quejumbroso combate de lucha libre. Ambos cónyuges, sin embargo, prometen vivir toda su vida (treinta, cuarenta, cincuenta, sesenta años) juntos en la mayor intimidad física, espiritual y psicológica. ¡Y este compromiso para toda la vida, lo hacen en su juventud! Quizás en diez años ambos sean personas completamente diferentes. Ellos hacen esta promesa a una edad en que ni siquiera saben quiénes son ellos mismos, ni saben quién es el otro. Sobre todo no se sabe cómo el uno o el otro se va a desarrollar. La encantadora y adaptable joven mujer –¿quién podría suponerlo?– se transforma en una matrona embriagada de poder. El joven romántico, con grandiosos planes futuros, quizás más tarde se convirtió luego en un débil irresponsable.

Esto no sólo es permitido por una sociedad decente y responsable, sino que de hecho alienta a jóvenes personas en completa ignorancia a unirse permanentemente, con los problemas psicológicos que sus votos implican, parece incomprensible.

El incremento de una mayor expectativa de vida, hace esta situación aún más grotesca Doscientos años atrás la gente no llegaba a edades tan avanzadas y la mayoría de los matrimonios terminaba después de diez o veinte años con la muerte de uno de los cónyuges. Hoy hay matrimonios con cincuenta y aun sesenta años.

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Luigi Zoja en Simposio Internacional en Bogotá

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El análisis Junguiano de los sueños en psicoterapia – J. C. Alonso

JUAN CARLOS ALONSO

Juan-Carlos

Juan Carlos Alonso es Psicólogo (Universidad Nacional, Bogotá) y Analista Junguiano de la IAAP (International Association for Analytical Psychology). Magister en Estudios Políticos (Universidad Javeriana). Miembro Fundador y Director de ADEPAC (Asociación de Psicología Analítica en Colombia). Atiende consulta particular como psicoterapeuta y analista junguiano especializado en adultos. Este artículo fue elaborado en septiembre de 2011. Correo:adejungcol@yahoo.com

El tema de los sueños ha tenido siempre para mí un interés teórico y práctico en mi trayectoria profesional y existencial: desde lo teórico, he revisado en profundidad su abordaje dentro de la teoría junguiana; desde lo práctico, he analizado mis propios sueños por más de 15 años, comprobando los beneficios de hacerlo, y adicionalmente, en mi consulta privada he hecho uso de la interpretación de sueños con mis pacientes por muchos años, corroborando también su gran utilidad en sus procesos de desarrollo.

Los sueños son un material fascinante y misterioso de muy difícil teorización. De ahí la dificultad de escribir sobre este tema, porque a pesar de su innegable utilidad terapéutica, es muy complicado dar ejemplos de interpretaciones y formular generalizaciones. Además, como cada sueño es una instantánea psíquica del soñante, que figuradamente puede verse como un teatro en el que actúan sus complejos, la interpretación de un sueño específico tendría que estar acompañada de gran cantidad de información sobre las asociaciones del/la soñante, así como de la problemática que esté atravesando. Por eso, los sueños que incluyo en el texto se presentan como ejemplo de un tema determinado pero sin hacer un mayor análisis de ellos.

Comenzaré el documento por comentar sobre la importancia de los sueños en la psicoterapia junguiana y sus diferencias con el enfoque freudiano. Menciono algunas situaciones especiales interesantes de resaltar, como en qué casos interpretar, qué nos dicen los sueños recurrentes, y la utilidad de los sueños iniciales. Posteriormente, comentaré algunos de los aspectos teórico-prácticos de las etapas del proceso de análisis de sueños: asociaciones personales, paralelos arquetípicos, principio de compensación, enfoques subjetivo y objetivo, interpretaciones reductivas y constructivas, formulación de hipótesis interpretativas, y verificación de ellas. Para mostrar tales aspectos en la praxis, ofrezco, como mencioné, ejemplos de sueños reales en algunos de estos temas.

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La teoría junguiana del análisis de los sueños se originó en la escuela freudiana, por lo que inicio el tema con una comparación entre las dos formas de interpretación onírica. En una primera fase de su vida profesional, Carl G. Jung aceptó buena parte de los planteamientos de Freud sobre los sueños, pero luego de su ruptura con él, en 1913, planteó claramente sus diferencias en este campo. Algunas de las discrepancias más significativas son: su rechazo a la idea de que el sueño fuera un disfraz y por el contrario afirmó que el sueño mostraba lo que quería significar; comprobó que no todo el material onírico se refiere a represiones que hubieran estado anteriormente en la consciencia; e hizo un uso diferente de las “asociaciones libres” propuestas por Freud. No obstante, también puede afirmarse que buena parte de los planteamientos innovadores de Jung en materia onírica, consisten más en enriquecer y complementar los planteamientos freudianos, que en oponerse a ellos. Por ejemplo y como se verá luego, él proponía complementar el enfoque reductivo con el constructivo, y el objetivo con el subjetivo.

Un primer factor que desearía resaltar en la labor interpretativa es preguntarse con qué tipo de pacientes se facilita analizar sueños y con cuáles no. Pienso que, aunque se puede hacer con la mayoría de las personas, resulta más adecuado con personas con cierto nivel de abstracción que les permita comprender los simbolismos. Esto parecería estar también asociado con el ciclo de vida de la gente; se trabaja mejor con adultos y es menos aplicable con adolescentes y niños, o con personas de un bajo nivel de desarrollo de la consciencia. De otra parte, no suelo fomentar el recuerdo de sueños con personas que asisten a consulta por aspectos muy puntuales y por un corto tiempo, por ejemplo durante lo que resta de un embarazo, o antes de un viaje con fecha preestablecida. En un caso reciente de una mujer cuyo motivo de consulta era que estaba embarazada en su octavo mes de un segundo matrimonio, y quería aclarar cómo manejar las relaciones entre el hijo de su primera unión y el nuevo padrastro, no trabajamos ningún sueño en el breve tratamiento. Sin embargo, es difícil generalizar lo anterior, por cuanto depende de las características del paciente, de su problemática y de la manera como llegan a la consulta, pues en ocasiones, es un sueño perturbador lo que les impulsó a buscar apoyo terapéutico.

En general, yo motivo a los pacientes a tratar de recordar y registrar sus sueños. No acostumbro hacerlo de inmediato, al inicio de la terapia, pero sí al cabo de poco tiempo, luego de conocer la problemática general de la persona. Cuando un paciente no llega con sueños en las primeras citas, le estimulo a hacerlo, recomendando que compre un cuaderno dedicado exclusivamente a este uso y  que registre al final de cada día unas breves notas sobre lo más significativo en eventos y sentimientos. Esto tiene el doble propósito de servir de referencia para los sueños futuros sobre las preocupaciones conscientes del momento, y a la vez como un estímulo de sugestión que les facilite recordar los sueños al día siguiente. Así mismo les pido que los anoten tan pronto como se despierten el día siguiente, señalando posteriormente un título que darían al sueño, según su contenido. Recomiendo también acompañar los relatos con dibujos y esquemas, siempre que sea posible.

Es interesante preguntar a los nuevos pacientes si han existido sueños recurrentes en el pasado, pues pueden señalar aspectos importantes en la vida; y si los hubo, explorar si tales sueños dejaron de aparecer en algún momento de la vida. Esta situación fue reportada por una paciente que había sido abusada sexualmente de niña, y que tenía este sueño recurrente: “Yo me veo a mí misma en el sueño. A la derecha había un parque infantil donde jugaban muchas niñas. Y a la izquierda había un bosque. Salía de pronto del bosque un monstruo de lava que perseguía a mis amiguitas y se las iba tragando. Yo corría por las calles hasta llegar a una casa, pero allá llegaba el monstruo, me abrazaba y me tragaba”. El sueño desapareció cuando en su adolescencia le contó a la madre acerca del abuso.

La mayoría de veces, realizo la interpretación en un trabajo verbal con el paciente, pero en unas pocas ocasiones, cuando los sueños son de mucha importancia, sugiero que los representen en la caja de arena, por cuanto he descubierto que es una manera de optimizar el impacto del trabajo simbólico con las imágenes. Existe en mi opinión una interesante relación entre la terapia, los sueños y el juego. En este sentido, comparto los planteamientos de Winnicot (1982) quien menciona que los pacientes llegan a consulta porque han perdido su capacidad de jugar y que la tarea del terapeuta es hacer que el paciente recupere su capacidad lúdica. En consecuencia, opinaba que la terapia consiste en sobreponer el “juego del analista” con el “juego del paciente”. Veo este planteamiento bastante aplicable al análisis de un sueño en la caja de arena. Cuando el paciente lo narra es como si el escenario de sueño se materializara frente a él, y entre los dos pudiéramos “jugar con las imágenes”, hasta develar su sentido. Por eso veo tan adecuado en algunos casos que la objetivación de las imágenes se realice en el espacio libre y protegido de la caja de arena (Kalff, 2003), en donde el juego-terapia se hace más evidente.

¿Qué hacer con los pacientes que no recuerdan sus sueños? La tendencia general es que los pacientes comienzan a recordar los sueños al poco tiempo de comenzar la terapia, porque empiezan a prestarles atención, con el apoyo del terapeuta. Jung afirmaba que cuando un paciente no recordaba los sueños, se debía frecuentemente a que estaba reteniendo material que no deseaba que saliera en consulta (2000). Esto parecía suceder en el tratamiento de un docente que casi nunca podía recordar sus sueños. El único segmento de sueño que tuvo este paciente fue el siguiente: “Estaba viendo a Germán Vargas Lleras (un político muy conocido en Colombia que se postuló para presidente en las elecciones anteriores al sueño) en el debate en TV de los candidatos presidenciales”. Le pregunté qué pensaba de este aspirante y me dijo que no podía entender cómo podía tener unos resultados tan bajos en los sondeos si era el candidato con el mejor programa político. Esto sirvió para asociarlo con él mismo, que sintiéndose con tan grandes capacidades como las del candidato, no tenía mucha aceptación dentro de su equipo de trabajo.

Retomando la consideración de qué hacer con los pacientes que no sueñan, considero que la respuesta se encontrará al descubrir las motivaciones que tiene el paciente para no recordarlos. En el caso concreto del docente, se trataba de una persona de tipo pensamiento con grandes dificultades para creer en el mundo inconsciente. En consecuencia, la estrategia con él fue fomentar de muchas maneras que se contactara con su mundo emocional, tales como plasmar en una imagen sus problemas, ejercitarse en la escritura creativa, o trabajarlos con la caja de arena. Pero en otros casos, el olvido del material onírico puede deberse a otros motivos, como por ejemplo, una dificultad para comprometerse más con el proceso terapéutico, o el temor a profundizar en los propios conflictos.

Es frecuente que personas que han recordado sus sueños en forma regular, dejen de hacerlo por períodos de tiempo, por distintas circunstancias. En estos casos, cuando pasa el tiempo y siento que la terapia se hace demasiado racional, intento ayudarme con alguno de los métodos auxiliares mencionados. Utilicé este procedimiento con una paciente de 36 años con quien entramos en un período de interacciones muy intelectuales, que atribuyo a una resistencia a enfrentar hechos dolorosos del pasado. Le propuse que hiciéramos una sesión como las demás, pero poniendo la caja de arena en medio de los dos, sin el uso de figuras. Se trataba de una paciente oriunda de una región costera del país que había pasado su niñez cerca de la playa. Tan pronto como puso sus manos en la arena, comenzó a evocar sucesos de su infancia y activó nuevamente el recuerdo de sueños, lo que le dio un “segundo aire” a la terapia.

No es inusual que luego de un sueño muy esclarecedor, el individuo deje de recordar material onírico por un tiempo. Es como si se produjera un cierto agotamiento por el esfuerzo realizado y el soñante requiriera de un período de tiempo para digerir los contenidos que emergieron. También suele pasar que cuando un paciente entra en una fase de depresión aguda, tiendan a desaparecer los sueños. Por eso, luego de un tiempo, la nueva aparición de un sueño es bienvenida porque suele indicar que el paciente está saliendo de la depresión.

Le doy enorme importancia a los sueños iniciales, pues en la mayoría de los casos me han servido para orientarme sobre la problemática principal del paciente, así como sobre el camino terapéutico a seguir. Esto sucedió con un paciente que me contó el siguiente sueño al poco tiempo de iniciar terapia: “Ingreso a un bar, en donde está mi esposa, acompañada de un hombre desconocido. Hay un ambiente de penumbra y hay mucha gente. Ella me dice que él me quería conocer. Yo lo saludo, amable, dándole la mano, pero no le creo a mi esposa lo de que el hombre me quisiera conocer. Creo que lo dice por puro formalismo”. El sueño reflejaba su principal problemática, asociada con la adicción al alcohol, la cual le permitía interactuar con su entorno y contrarrestar su aguda timidez. En estado de sobriedad, sentía una gran desconfianza de la gente, por lo que la senda terapéutica se ha centrado, en buena parte, en permitir que el paciente confíe y se abra paulatinamente a los demás.

Aunque no es plenamente generalizable, la experiencia parece mostrarme que los pacientes tienden a relatar más sueños durante la primera mitad de sus procesos terapéuticos que en etapas posteriores. Así mismo, que los sueños de la primera mitad del tratamiento son más cotidianos y superficiales, mientras que los posteriores tienden a ser profundos y con más contenidos arquetipales. De otra parte, así como hay momentos en que los sueños de un paciente disminuyen, hay otros en que se incrementan, como cuando se está atravesando un período difícil de transición. Recuerdo el caso de un hombre que se iba a pensionar al cabo de 6 meses, y entonces sus sueños aumentaron significativamente, y se referían casi todos al tema laboral.

Los sueños de los pacientes también pueden reflejar el estado del proceso terapéutico del momento, lo cual me sirve como retroalimentación. Por ejemplo, una mujer de 32 años que llegó a consulta a causa de una gran tristeza que le provocaba llantos y conflictos, dedicó las primeras sesiones a confesar los “grandes secretos” que la agobiaban (experiencias extramatrimoniales). Después, tuvo este sueño: “Yo estaba en el baño de mi casa. Era agradable e iluminado  y expulsaba de la matriz una cantidad de cosas raras. No sentía dolor sino solamente impresión. Arrojaba objetos de mi cuerpo. Me alegraba saber que después, ya no iba a sentir más dolores con la menstruación”. Interrogo siempre por las emociones y sentimientos que acompañan el sueño, no sólo los presentes durante el sueño sino también los que aparecen al despertar. En el relato anterior es importante que el baño sea “agradable e iluminado” y que la paciente se sienta alegre, para corroborar el alivio que le había producido despojarse en terapia de secretos cargados de culpa.

Otro ejemplo similar es el de una paciente con un gran complejo materno negativo, ocasionado por los maltratos que recibió de su progenitora.  Aunque había fallecido hacía tres años, la paciente aún no se había podido liberar de su presencia interna: “Yo estaba en una casa grande, con muebles de colores. Tenía que bajar las escaleras entapetadas, y sentía como si el psicólogo (se refiere a mí) me estuviera viendo. Empecé a bajar y me sentía pesada. De pronto, una mujer me cogía del brazo. Al mirar atrás, yo veía que era mi mamá. Pero era una mujer diferente. A mí me daba miedo y rabia. Le decía: ´Por su culpa sufrí toda la vida´. Quería pelear pero no podía”. El sueño confirmaba que, aunque la soñante había hecho grandes avances en su proceso terapéutico, la imago de la madre continuaba oponiendo resistencias a que se liberara de su presencia.

De acuerdo con mi experiencia, podría afirmar que los pacientes mismos dan la pauta sobre la celeridad en el trabajo con los sueños; hay algunos que demandan procesos rápidos y otros que marcan un ritmo lento. La paciente que confesó sus secretos en las primeras sesiones, continuó hasta el final un proceso ágil. Por el contrario, atendí a un paciente quien a través de sus sueños señalaba la conveniencia de no ir muy rápido en su proceso terapéutico. Era un hombre de 34 años con una historia de maltrato y violencia familiar muy difícil, y cuyos primeros sueños me inquietaron bastante por las escenas de violencia, sangre y asesinatos. Frente a mi duda sobre hasta dónde llevar las interpretarlos, un sueño suyo me dio la respuesta: “Estoy con una pareja de amigos. Ella es bastante feíta y él me dice que ella hace deposiciones de a poquitos y así, de esa manera, va a poder volverse bonita con el tiempo”. Este sueño fue como una advertencia de trabajar los sueños lentamente, “de a poquitos”, permitiendo fuera él mismo el que hiciera la mayoría de las interpretaciones.

La extensión de los sueños es otro factor que varía mucho de paciente a paciente. En ocasiones la persona recuerda sólo una imagen vaga, sobre todo cuando intenta recordar los sueños durante las primeras sesiones. Aún así es posible intentar una interpretación. Ha habido oportunidades en las que un sueño-imagen ha dado para toda una sesión. Con sueños muy cortos, es posible pedir asociaciones con todos y cada uno de los elementos del sueño, a la manera del enfoque Gestáltico. Pero si se trata de sueños extensos en los que resulta casi imposible analizar todos sus elementos, opto por pedirle al soñante que me indique cuáles fueron las imágenes que más lo impactaron, para comenzar a trabajar desde allí, y a medida que ofrece asociaciones sobre ellas, vamos tejiendo juntos una trama interpretativa general a la que pueden irse sumando las demás imágenes que no fueron señaladas como las más importantes, pero que pueden ir adquiriendo sentido en torno al tema central.

Descubrí algo curioso con sueños que llaman la atención por ser demasiado “junguianos”. Uno de mis primeros pacientes, de 35 años, aunque vivía aún con su madre, estaba buscando independizarse. Al cabo del tiempo, comencé a descubrir que el paciente tenía actitudes de puer eternus. Desde el comienzo, quedé yo fascinado por el contenido tan atrayente y “seductor” de sus sueños. Este fue el primero: “Veo al agente Mulder, de la serie de TV ‘Archivos secretos’ corriendo en cámara lenta por un corredor y llega a una recepción como la de este consultorio. Atrás hay una pared como líquida. Mulder salta y se sumerge en ella y yo salto detrás. Dentro del líquido es como si estuviéramos en un útero. De pronto, del pecho de Mulder sale la agente Scully como en baby doll. Ella le dice a él: “Tienes que salvarme”. Mulder le dice que quiere hacerlo pero no sabe cómo, y ella le dice: “Por la voluntad de Él y del niño”. Ofrezco el anterior sueño como ejemplo del tipo de material que traía el paciente que llamaba mucho la atención por el carácter casi cinematográfico de sus coreografías. Por supuesto que el sueño permitía analizar algunos de sus principales conflictos, pero, al igual que otros sueños posteriores, llevaban a abstracciones internas que nos distraían del tema de las responsabilidades concretas del paciente en su vida laboral. Cuando se lo manifesté, me respondió que “yo le había descubierto su estrategia”, y a partir de entonces comenzamos a trabajar más directamente con sus retos de la cotidianidad. Esta experiencia me enseñó a cuidarme en el futuro tanto del exceso de material onírico de los pacientes como de su carácter “seductor”, pues podrían estar tratando de evadir la realidad cotidiana.

En ocasiones, es posible que aparezca en el sueño de un paciente una imagen tan intensa e importante en su vida, que permita trabajarla simbólicamente durante un período largo de tiempo. Esto sucedió con un sueño de la persona mencionada antes que tenía un marcado complejo materno negativo: “Estaba en mi cuarto y me asusto pues veo un par de tenis bajo la cama. Pregunto quién es, y sale de debajo una niñita pequeñita, blanca, bonita, asustada, triste, de pelo liso. Tiene tenis blancos sucios. Me dan ganas de llorar al verla. Le arreglo su carterita roja sucia que lleva al hombro”. Pocos días después mi paciente le contó el sueño a una prima, quien le dijo que de pequeña, ella usaba una cartera  igual a la descrita. Trabajamos bastante la imagen de esta niñita en las sesiones siguientes. Le pedí que llevara una foto de ella a esa edad, y me apoyé en la técnica de la escritura creativa, para explorar lo que tenía que decir esa niña interior.

Pasando al tema del método en la labor interpretativa onírica, de los varios pasos recomendados por los especialistas (Matoon, 1980), considero de fundamental importancia el establecimiento del contexto del sueño. Para ello, suelo solicitar asociaciones personales no sólo con personajes humanos que aparezcan en los relatos, sino también con animales, objetos, situaciones y hasta con lugares. Pido que se realicen asociaciones directas del material, en forma “circunvalar”, dando vueltas a las imágenes una y otra vez, tratando de verlas desde distintos ángulos (Jung, 2009). Como complemento a las asociaciones personales, pido al soñante información sobre los hechos, pensamientos, sentimientos y situaciones de la vida consciente con las que pueden estar relacionadas las imágenes, tratando de evidenciar aquello que puede estar dejando de ver conscientemente. En ocasiones, la charla previa que antecede a un sueño puede ofrecer la materia prima de las asociaciones; así, cuando se relata posteriormente el sueño, se tiene ya una guía sobre la situación consciente a partir de la cual se hacen fácilmente las correspondientes asociaciones. El terapeuta, conocedor de la dinámica de vida del paciente, puede también ayudarle a hacer ampliaciones con eventos olvidados. Es el caso de una paciente a quien aparecieron síntomas de enfermedad y sueños relacionados con la madre; le recordé que estábamos en el mes de septiembre, mes en que hacía varios años la madre había enfermado y muerto al poco tiempo. También puede el terapeuta recordar al paciente sobre una situación o imagen determinada aparecida en la serie de sueños anteriores.

Respecto al contexto con amplificaciones arquetípicas, puedo afirmar que raramente he escuchado en mi práctica terapéutica un sueño netamente arquetípico. Más frecuentes son los sueños que, relacionándose con la vida consciente del paciente, tienen a la vez contenidos arquetípicos. En tales casos, es posible que uno, como terapeuta, realice amplificaciones arquetípicas, siempre y cuando se intuya que pueden ser de utilidad para el soñante. En otras palabras, pienso que las amplificaciones arquetípicas deben servir siempre como medios que enriquezcan las asociaciones personales. Pueden usarse paralelismos míticos, históricos y culturales a fin de ampliar el simbolismo individual, relacionándolo por ejemplo, con mitos, leyendas, cuentos de hadas, o con elementos de la simbología universal.

He descubierto en fecha muy reciente, en mi práctica clínica, que las pacientes con experiencias tempranas de abuso sexual suelen tener sueños de alto contenido arquetípico. El siguiente es el sueño de la joven abusada de la que ya había hablado antes: “El hombre que me abusó se transformaba en un monstruo sin cara. Le veía en su cuello un collar de semillas blancas y rojas que le lograba quitar. Yo corría hasta una choza en medio de arena y fuego. Al entrar encontraba a un Taita (especie de chamán indígena) acompañado por una joven. Yo trataba de entregarle el collar pero él me decía que lo conservara. Él comenzaba a cantar y yo lloraba con un dolor enorme pero luego me sentía fuerte. Al abrir mis manos, vi que las semillas se habían desintegrado, quedando solo la astilla de un hueso. El Taita dijo a la acompañante “Llame a los otros Taitas, pues cuando pasa algo muy grande nos tenemos que reunir los cuatro, y esto es muy importante”. Soy muy cauteloso con las amplificaciones arquetípicas de los sueños, por considerar que es un material delicado que no siempre conviene elaborar; con adolescentes o personas con un ego poco fortalecido, prefiero dejar pasar estos sueños sin mayores ampliaciones. No obstante, en este caso la soñante era una joven que había estado reprimiendo lo sucedido en su niñez durante toda su vida hasta que apareció este sueño, acompañado de gran numinosidad, el cual la hizo acudir a mi consulta. El “Taita” parecía estar representando el arquetipo del Viejo Sabio que en el sueño invocaba la cuaternidad como símbolo de la conciliación de elementos inconscientes en la consciencia. Concretamente, parecía dar su aprobación a la soñante para que se acordara e hiciera consciente el material reprimido del abuso. Por ser una de las primeras sesiones, me limité a decirle a la paciente que parecía como si ella hubiera decidido que era hora de elaborar el tema, con el visto bueno de una parte interna sabia.

A medida que pasan los años, siento más confianza a la hora de analizar sueños, y pienso que eso me tranquiliza lo suficiente como para lograr, en colaboración del paciente, aproximarnos más al sentido del sueño. Considero que cada terapeuta desarrolla sus propias particularidades en el enfoque interpretativo de los sueños a partir de la experiencia. En general, yo intuyo el sentido de los sueños desde el momento en el que el paciente lo está relatando, pero no es así siempre, pues hay sueños más complejos con los que necesito trabajar paso a paso en el contexto. No obstante, ya sea que intuya el sentido onírico desde el comienzo o lo haga a partir de las asociaciones personales, he descubierto que tiendo siempre a acercarme a la interpretación a través de interrogantes que hago paulatinamente al paciente, buscando que él mismo haga los descubrimientos. Si no tengo éxito en ello, le suelo preguntar por posibles significados del sueño para permitir que el soñante reflexione sobre esas posibles alternativas, pero dejando abierta la posibilidad de estar en desacuerdo, y advirtiendo siempre que se trata sólo de hipótesis.

He aprendido también que hay sueños a los que no podemos encontrar un sentido, en especial cuando el paciente no encuentra asociaciones personales. Conviene en esos casos evitar las interpretaciones forzadas. Tengo una paciente que a menudo trae sueños enigmáticos, como el siguiente: “Estoy en una cueva en el centro de la tierra, y veo una luz al fondo. Hay muchas lianas que al llegar al piso se convierten en hombres-lianas. No tengo miedo. Hay dos lianas que se juntan y me dan dos claves; una es: 5 + 7 = 12 = 3 = blanco. Otra es: 2 + 5 = 7 = amor. Me dicen: estudie los números”. En esos casos, luego de haber buscado infructuosamente un sentido del sueño a partir de asociaciones e informaciones sobre la situación consciente de la paciente, termino mencionando que de primer momento, no encontramos una explicación al sueño, pero que estemos atentos, pues es posible que el sentido aparezca más tarde.

Respecto al enfoque de interpretación objetiva o subjetiva (esto es, tomar las figuras oníricas como gente real o facetas de la personalidad del soñante), Jung daba algunas pautas para hacerlo en una u otra forma. Por ejemplo, si la imagen coincidía o no fotográficamente con la real, si era una persona importante o no en el momento del sueño, si se trataba de alguien a quien se veía cotidianamente o no (Jung, 1933). No obstante, yo prefiero interpretar siempre de manera subjetiva, como lo recomendaba M-L von Franz, así se trate de personas muy cercanas al paciente, pues tiene la ventaja de hacer que el paciente se responsabilice de los conflictos, y que no delegue la solución de los problemas en los demás. El siguiente sueño de un paciente, interpretado de manera subjetiva, resultó muy revelador, así se estuviera refiriendo a una persona muy cercana a él: “Estoy encima de un edificio y a mi lado está mi hijo. Estamos al borde y queremos saltar al edificio del frente. Me dispongo a hacerlo, pero veo el espacio vacío bajo mis pies y no soy capaz de hacerlo”. Al preguntarle sobre su hijo, el paciente lo describió como una persona tímida pero “con un ego que no cabe dentro de él”. Ver este aspecto como una parte suya, le permitió hablar sobre la arrogancia interna que había en él, compensatoria de su extrema timidez. Sólo en la eventualidad de que el enfoque subjetivo no nos diga nada, acudo al enfoque objetivo. Además, a veces no es fácil distinguir lo subjetivo de lo objetivo, como en el caso de un hombre que sueña con su mujer, ya que la imagen onírica puede representar al mismo tiempo a su ánima y a su esposa (en la que ha proyectado esa ánima), y ambos tipos de interpretación pueden tener casi el mismo sentido.

Otra decisión que debe tomar el terapeuta ante un sueño es si abordarlo en forma reductiva o constructiva. La forma reductiva o causal seguía la pauta freudiana de buscar el origen de las imágenes oníricas como realización de deseos, mientras que la constructiva o sintética es un aporte junguiano que busca indagar por el propósito mismo del sueño, con lo cual se expande la actitud consciente del soñante. Jung hacía énfasis en esta última pero sin excluir la primera. Personalmente pienso que aunque es muy didáctico conocer la diferencia entre los dos, en la práctica es posible y deseable trabajar con los dos enfoques, siempre que sea posible. Al hacerlo, se puede descubrir que las dos aproximaciones se complementan, y que es posible aclarar, por ejemplo las causas de un conflicto determinado, pero simultáneamente encontrar orientaciones sobre la forma en que el soñante podría solucionar un determinado problema. Esto sucede en el sueño de una mujer que se sentía insatisfecha con su relación de pareja, sin encontrar razones para estarlo: “Estaba con mi esposo y habíamos decidido cortar con sierra la casa de tres pisos en la que vivíamos y llevarla a un nuevo sitio. Hacíamos que la llevaran con una grúa de un lugar a otro. Veíamos después la necesidad de hacerle remodelaciones. Salíamos a tomar algo, pero cuando volvíamos, nos dábamos cuenta que la nueva construcción se había derribado”. Al pedirle asociaciones, la soñante dice que la casa de tres pisos se parece a la casa donde vivía ella de pequeña con sus padres. Ella era la preferida de su padre, y cuando era adolescente, la relación de sus padres se dañó y ella recuerda que se enfrentaba a ellos con tal de verlos reconciliados. Hablaba textualmente de conflictos “triangulares”. Terminó abandonando a los padres para ir a vivir con su actual esposo y tres meses después su padre falleció. Había un evidente complejo paterno de la paciente y un gran sentimiento de culpabilidad por pensar que había causado la muerte de su padre. Cuando ella me consultó y  confesó algunas infidelidades que había tenido, aludió a ellas como situaciones “triangulares”. Interpretado reductivamente, el sueño revelaba unos conflictos triangulares hacia su madre, que le impedían aceptar a su esposo, y la llevaban a buscar a su padre en otros hombres, lo cual era el origen de su actual tristeza e insatisfacción. Pero desde una interpretación constructiva, el sueño parecería preparar también el terreno para que la paciente aceptara la necesidad de asistir a la terapia a fin de llevar a cabo las “remodelaciones” necesarias, teniendo en cuenta que ella había “cargado” con el conflicto triangular del pasado y lo había trasladado y actualizado en torno a la relación actual de pareja. Por ello era necesario que en el tratamiento se resolviera el conflicto triangular del pasado para evitar la futura búsqueda de su padre en otros hombres. El sueño motivaba a la paciente a tener en cuenta ese aspecto olvidado del pasado a fin de asegurar su actual relación.

Otro aspecto junguiano importante para tener en cuenta al analizar los sueños es el principio compensador de la psique. La compensación explica que en un sueño aparezca el material psíquico necesario para corregir una actitud unilateral en la mente consciente. Por eso, la interpretación puede verse como la respuesta a la pregunta ¿qué situación consciente no desea ver el soñante y por eso el inconsciente produce compensatoriamente ese sueño? A pesar de su apariencia sencilla, este concepto de la compensación es complejo, puesto que no es sólo sinónimo de mostrar lo complementario o evidenciar lo contrario de la actitud consciente. La compensación puede ser también concebida como una comparación que hace el inconsciente para detectar aspectos vistos unilateralmente por la consciencia, y mostrarlos, por ejemplo, a través de un sueño. Esa unilateralidad de la consciencia puede ser de dimensiones variables, por lo que algunas veces un sueño puede mostrar diferencias muy pequeñas con la actitud consciente. No obstante, a pesar de esos casos de ligeras unilateralidades, pienso que la enorme mayoría de los sueños resalta más las grandes diferencias que las pequeñas. En otras palabras, que los sueños, como afirmaba Marie-Louise von Franz, nos dicen no lo que ya sabemos, sino lo que no sabemos (1997).

Acerca de la verificación de las interpretaciones (partiendo de que sólo son hipótesis), he tomado la costumbre de estar atento a las corroboraciones o refutaciones posteriores. De los varios criterios que proponía Jung (2007, 2009), los que considero más efectivos son, primero, que la interpretación sea confirmada por sueños posteriores, y segunda, que los hechos que prevé la interpretación ocurran en la vida real del soñante. Hay un ejemplo muy claro de ello y es un sueño mío, sucedido hace unos buenos años. No me encontraba en análisis en ese momento y había situaciones difíciles que estaba atravesando. El sueño es: “Estoy en el diván, en sesión de análisis con quien fue mi primer psicoanalista, cuando de pronto él se levanta de su sillón y sale del consultorio. Al rato, veo que entra una mujer y se sienta en el sillón que antes ocupaba mi analista”. No se necesita un análisis muy profundo para tener una idea de lo que significaba el sueño. Era un llamado no sólo a reiniciar un proceso terapéutico, sino a hacerlo con una mujer, algo que nunca había pensado conscientemente hasta ese momento. Estuve atento a los sueños siguientes, los cuales confirmaron de diferentes maneras el mensaje inicial. Así que busqué una terapeuta mujer, me hice paciente de ella, y fue una experiencia maravillosa, pues surgieron problemáticas que nunca habían surgido con los dos analistas hombres anteriores. Esto parece demostrar que los sueños tienen un carácter prospectivo, no plenamente consciente, que puede operar a manera de anticipación futura.

Pero así como los sueños posteriores pueden verificar una interpretación, en ocasiones la corrigen. Eso lleva a una cierta tranquilidad en la labor interpretativa, ya que no resulta tan grave que analista y paciente se equivoquen en una interpretación, pues los sueños posteriores se encargarán de indicar el error.

Antes de finalizar, es importante aclarar que no considero imprescindible el análisis de los sueños en el proceso terapéutico. Los sueños son una fuente muy importante de material inconsciente, pero no la única, así que es posible adelantar procesos terapéuticos con pacientes que no recuerdan sus sueños, ya que el terapeuta puede acudir a otras fuentes, como las emociones del paciente, sus síntomas, sus fantasías, la imaginación activa, o las varias técnicas expresivas, a fin de buscar la conciliación de contenidos inconscientes con los conscientes.

No obstante, en este documento he querido resaltar la importancia que tiene el particular enfoque junguiano del análisis de los sueños en la práctica clínica. Este enfoque, como afirma Matoon (1980), contrasta con el enfoque psicoanalítico, que restringe la riqueza interpretativa, al considerar que son sólo una realización de deseos, o un disfraz, o que sólo admiten una interpretación causal y objetiva. Los planteamientos teóricos de Jung permiten una vasta y variada apertura de posibilidades de interpretación que corresponden a la complejidad humana. Su particular concepto de la compensación ofrece a los pacientes la posibilidad de buscar la totalidad del Self a través del análisis de sus sueños, pues les permite detectar y corregir la unilateralidad de su mirada consciente. En otras palabras, les permite ver lo que la mirada consciente no está viendo. Cuando comencé a dictar la cátedra universitaria de Jung, yo solía comentar que el registro e interpretación de mis propios sueños se había convertido en un hábito muy parecido al de colocarme los lentes de contacto en la mañana. Luego de un tiempo, caí en cuenta de la metáfora que estaba utilizando, y es que, al igual que los lentes, la interpretación de sueños “sirve para ayudar a ver mejor nuestra realidad externa”.

REFERENCIAS

Jung, Carl G. (2000). Freud y el Psicoanálisis. Obra Completa. Vol. 4. Madrid: Trotta.

Jung, Carl G. (2007). Dos escritos sobre Psicología Analítica. Obra Completa Vol. 7. Madrid: Trotta.

Jung, Carl G. (1933). La dinámica de lo Inconsciente. Obra Completa Vol. 8. Madrid: Trotta.

Jung, Carl G. (2009). La vida simbólica. Obra Completa. Vol. 18/1. Madrid: Trotta.

Kalff, Dora M. (2003). Sandplay: A Psychotherapeutic Approach to the Psyche. California: Temenos Press.

Mattoon, Mary Ann (1980). El análisis junguiano de los Sueños. Buenos Aires: Paidós.

Von Franz, Marie-Louise y Boa, Fraser (1997). El camino de los sueños. Chile: Cuatro Vientos.

Winnicot, Donald W. (1982). Realidad y juego. Barcelona: Gedisa.

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Lo más leído en Octubre 2014

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MES DE OCTUBRE 2014

 

ENTRADA

PUESTO

Publicaciones/Ponencias 1
Lo femenino y lo masculino en la psicología de Carl Gustav Jung 2
La caja de arena 3
La Psicología Analítica de Jung y sus aportes a la Psicoterapia 4
Cinco comentarios sobre la película “Un método peligroso” 5
Hacia una pedagogía de la subjetivación 6
La leyenda de la princesa Guatavita: Una lectura desde la Psicología Analítica 7
La leyenda del hombre caimán desde la Psicología Analítica 8
El Manual de la terapia del Juego de Arena (Sandplay) 9
La princesa y el guisante 10
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Curso Conceptos Básicos Junguianos – Medellín – 8 a 29 Noviembre 2014

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Cambio de lugar – Medicina china y Sincronicidad – Bogotá

Evento Bogotá

Sábado, octubre 25, 2014

ADEPAC

Invita a la Conferencia

De la Medicina Tradicional China a la Sincronicidad

AcupunturaChina

Un camino de búsqueda de la relación entre la antigua Medicina China y la propuesta de Jung referente a la importancia de las coincidencias significativas en momentos emocionales especiales de la vida. 

A cargo de

Fernando González Uribe 

Médico de la Universidad Nacional de Colombia. Especialista en Anestesiología y Reanimación. Post-grado en Acupuntura y Moxibustión en Beijing, China.
Docente de la Universidad Nacional por 15 años, Fundador y Coordinador de la Clínica de Alivio del Dolor con Acupuntura y Medicinas Alternativas en la Caja Nacional de Previsión, durante 15 años. Presidente de la Sociedad Médica Colombiana de Acupuntura y Moxibustión.

Hora: 5:00 a 8:00 pm

Lugar: Salón Comunal, Barrio Entre Ríos Casas
Cra. 62 No. 83-02 (Ver mapa abajo).

Estación de café y aromáticas

Lugar de parqueo

Entrada gratuita. Previa inscripción al correo: adejungcol@yahoo.com.
Por favor indicar el número de cédula de ciudadanía.

____________________________________________________

MAPA DEL LUGAR:

Cra. 62 # 83-02, Barrio Entre Ríos Casas, Bogotá
(Calle 80 hacia el occidente, pasando el semáforo donde termina
la Escuela Militar, por la 3° entrada a la derecha).

Calle 85 # 61-17, Bogotá, Cundinamarca

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Edipo, el abandono y la paranoia – Sylvia Baptista

SYLVIA MELLO SILVA BAPTISTA

Sylvia Baptista es Psicóloga y Analista junguiana, miembro de Sociedad Brasileña de Psicología Analítica (SBPA) y de la IAAP. La autora autorizó su publicación y traducción.
Email: sylviamellobaptista@gmail.com.

Edipo

Sinopsis

El presente artículo trae la discusión sobre las posibles relaciones entre los abusos psíquicos en la infancia -como el abandono y el rechazo-, y la paranoia, a partir de una reflexión sobre el mito de Edipo y la tragedia de Sófocles, Edipo rey.

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Traducido del portugués por Juan Carlos Alonso

INTRODUCCIÓN

En la primera escena de la película “Edipo Rey” de Pier Paolo Pasolini, se ve un bebé indefenso dejado solo por la madre en una enorme pradera. La imagen alude a la inseguridad y vulnerabilidad por la sensación que provoca. En el contexto mítico, el niño será abandonado por un pastor en el monte Citerón, en un paisaje desértico, a la suerte de la Madre Naturaleza, Gaia. Será acogido por otra familia, el rey Pólibo y la Reina Mérope -de Corinto-, infértiles. La impresión que se tiene a partir de la tragedia, así como del mito, es que los padres corintios habrían sido padres amorosos y justamente por eso Edipo, siendo ya un adulto joven, habría salido repentinamente de la ciudad para impedir el cumplimiento del presagio délfico que anunciaba que el príncipe mataría a su padre y desposaría a su madre. Eso sucede cuando, tras haber crecido Edipo en la nueva familia en total inconsciencia de su condición, un ciudadano ebrio trae a cuento otro posible origen de Edipo. Éste va al oráculo de Delfos, con la intención de saber en dónde está la verdad, e indaga si sería de hecho un hijo adoptivo. El oráculo le responde terrible y enigmáticamente como se describió antes, y él parte en dirección opuesta a la de la ciudad, encontrándose en Tebas justamente con el destino del que creía escapar.

Invito el lector a la reflexión sobre la importancia que el abandono inicial hecho por ​​los padres biológicos, tiene en su (nuestra) constitución, en la formación de su complejo, una herida indeleble en su autoestima. Edipo es, antes que nada, el rechazado, el no querido, el amenazador, el indeseado, el expulsado, el excluido, el expatriado, el abortado. Antes de ser, carga ya en sí mismo esas miradas y rechazos, rótulos que marcarán su existencia. Eso será seminal y se desdoblará en una reacción de carácter paranoico, en particular, cuando es confrontado por Tiresias, situación que me gustaría analizar.

FILICIDIO

Conocido como el drama de aquel que mata al padre y se casa con la madre, la tragedia de Sófocles desentraña, sin embargo, el filicidio antes del parricidio. Hay una repetición de lo ocurrido con las divinidades primordiales Urano y Gaia, y después con Cronos y Rea, cuando el miedo de ser depuesto por el hijo hace que el padre encuentre los medios para eliminar al niño; en el caso de Edipo, el abandono. Como se sabe, Urano devolvía al vientre de Gaia todos los vástagos, mientras Cronos devoraba los hijos tan pronto como nacían.

El sucesor natural debe morir. Esa escena primaria es la base de toda la dinámica de las relaciones. El miedo a ser depuesto, en última instancia el miedo a la muerte, está en la raíz de las relaciones y puede transitar o no hacia la tragedia, dependiendo de la forma como se interpreta y se lidia con su núcleo. Si el desenlace es literal, la tragedia se constela. Si el oráculo es escuchado y se comprende que simbólicamente es necesaria una muerte, la historia puede tener otro final. En el fondo, el temor a la muerte y a la pérdida del poder lleva a hechos como los que conocemos.

La escucha de Edipo es como la de sus padres, nula. Para evitar la muerte, como intentó hacerlo Layo, él va en dirección a ella, tal como su padre lo hizo. Todos allí son incapaces de salir del círculo vicioso de la repetición. En toda la tragedia cada uno mira hacia sí mismo en una dinámica altamente narcisista. Es la ceguera en su más alto grado.

Layo conocía la profecía que decía que en caso de tener él un hijo con Yocasta, éste lo mataría, y aun así, tuvo un hijo de la reina (Edipo Rey, 2004, vv. 851-854).

Yocasta sabía de la profecía pero se dejó usar por el deseo de Layo. Tiene un papel de cómplice pasiva en todo momento. Es incapaz de notar las visibles marcas de Edipo en su cuerpo, compartido diariamente en su lecho.

Edipo apenas escucha la respuesta del oráculo, sale de Corinto sin un momento de reflexión, matando a quien estuviera en su camino, y sin cumplir el designio mayor de expiar las muertes en las que por desventura participara, como ordenaban las costumbres. Sucede lo que la Psicología Analítica llama la dinámica puer -disociado de su contraparte senex-, sin enfrentarse con las consecuencias de sus actos. En el camino de huida de Corinto se siente humillado por quien viene en su dirección y asesina a cuatro hombres, entre ellos a su padre biológico, Layo. El quinto hombre de la comitiva consigue huir. Al llegar la Tebas, Edipo responde la pregunta de la Esfinge y así pone fin a la maldición que asolaba a la ciudad, ganando en premio la mano de la reina. Después de años de reinado justo, una peste se instala allí y nuevamente es buscado el oráculo. La respuesta ordena que la muerte del rey sea finalmente castigada. La búsqueda del asesino de Layo, y en el fondo de su identidad, es hecha a oscuras, en la inconsciencia. Edipo, sin saber, atrae sobre sí penalidades implacables e inescapables.

Hay dos esterilidades indicadas: una la que debe ser preservada por la pareja tebana, anunciada por la pitonisa apolínea, y la natural de la pareja corintia. Vamos a pensar en el vaticinio de Apolo sobre aquella boda que debe permanecer estéril. Layo practicó un amor homosexual con Crisipo, siendo vértice de otra tragedia. Infringió la regla de oro de la sociedad griega, la hospitalidad, y sedujo al hijo de Pélope al ser recibido en su casa. En una versión el muchacho se mató; en otra, habría sido asesinado. Eso ciertamente provocó la ira de Hidra –protectora de las bodas legítimas – que vio amenazado o maculado su territorio de poder con el acto homoerótico de Layo, así como la ira de Zeus, señor supremo de Olimpo y patrono de la hospitalidad. Esas situaciones nos alertan para el telón de fondo que deslinda la tragedia, los actos que convergen en el mantenimiento del orden patriarcal.

El anterior no es un motivo por sí sólo, pero diseña un panorama y nos cuenta bastante acerca de Layo. Y ¿quién era Yocasta para Layo? ¿Una boda arreglada? ¿Qué calidad de vínculo tendrían? ¿Qué clase de padre manda al hijo a ser devorado por los animales salvajes? Si tiene cabida que los dioses decidan si el niño debe o no vivir, Layo parece no haber considerado, arrogantemente, esa posibilidad, lo que lo haría encontrarse con su destino tarde o temprano. Esa es una de sus hibris. Entre “él o yo”, Layo se escogió a sí mismo, sin tener en cuenta el deseo de los dioses. Layo carga, así, por lo menos dos muertes en la espalda.

Cuando un niño es indeseado, o por algún motivo la pareja parental está siendo avisada de que éste no tiene espacio saludable en aquella pareja, ya nace en el ámbito del abuso. La sordera y la ceguera del mito se reeditan en lo humano.

PARANOIA

Según la teoría del apego de John Bowlby, podemos imaginar que Edipo tendría todo para desarrollar un apego seguro con sus padres adoptivos, pero el recuerdo del abandono grabado en su cuerpo indicaría un apego inseguro de carácter de evitación. El trauma temprano de haber sido abandonado habría quedado impreso en su cuerpo, y curiosamente en su nombre, mezclando así identidad e historia.

La paranoia es considerada un trastorno psíquico del ámbito del pensamiento, o de la atribución de significado a los pensamientos. “La paranoia es un desorden del significado” dice Hillman en su libro dedicado a ella. Llama la atención la relación negativa con Mercurio (el dios griego Hermes) de donde resulta la proposición básica de toda paranoia: “lo que quiera que esté oculto es nocivo (de ahí, revelación igual a seguridad), exigiendo rastreo continuo, hipervigilancia (…)” (p.81)

Lo que Hillman parece resaltar tiene que ver con la naturaleza del dios. Hermes es el dios de los caminos, de los viajeros, de los cambios, de la comunicación entre los mundos y de las instancias más lejanas. Deja lugar para lo desconocido y misterioso, como en la situación en que Zeus le pide no mentir y hacerse así merecedor de un lugar en Olimpo; responde al padre que no mentirá pero se reservará el derecho de no revelar la verdad por completo, en una demostración de habilidad en las negociaciones y el resguardo de un espacio para lo oculto. Pero la paranoia envenena el pensar, tal como el tóxico metal mercurio –nombre latino del dios Hermes-, convirtiendo en compromiso la circulación de las ideas, afectos y sentimientos. Es la vivencia de Hermes en su faceta negativa, no más fluido, sino más paralizado. Así, lo oculto se hace nocivo.

Yo diría también que la paranoia tiene conexiones profundas con Apolo, un dios cuya expresión arquetípica revela el pensamiento y la intuición como formas de acceso al mundo, y es alta la exigencia de la perfección. Hijo de Leto y Zeus, tiene como atributos la mántica –la capacidad predictiva-, la música, la cura y un pensamiento de disparo certero. Se hacía acompañar de su arco y su lira y era un portavoz del padre. Por lo mítico es posible reconocer en Apolo una especie de hijo más viejo, obediente y orgulloso del modelo paterno, pero también con envidia y deseo de ocupar el lugar del progenitor, como de hecho intentó, incentivado por Poseidón, pero sin éxito. En sus historias, Apolo es presentado como traicionado y despreciado por muchas mujeres, entre ellas Casandra, quien le negó el amor y fue por él maldecida con la incredulidad de las personas frente a sus adivinaciones; amó a Marpesa, que prefirió a un mortal –Idas- en lugar del dios, temiendo su eterna juventud; amó a Corónide, quien lo abandonó aún embarazada de Esculapio, para quedarse con el mortal Isquis, habiendo sido la pareja víctima de las flechas del dios y de Artemisa, su hermana. En esos episodios, entre tantos otros, se puede ver su lado vengativo, que atribuye castigos y muertes a quién frustra sus intenciones. Ese rasgo, así como el narcisismo del dios sol “viene de cuna”. Es un defensor incansable de su madre Leto, al lado de la hermana, combatiendo gigantes y dragones, y cualquier fuerza ctónica que amenace la solidaridad patriarcal. En cierta ocasión, Niobe, Reina de Tebas, casada con Anfión, se jactó de haber tenido siete hijos y siete hijas, mientras Leto sólo había tenido dos. Ésta pide venganza y es prontamente atendida: los gemelos matan a todos los hijos e hijas de la imprudente mortal con sus flechas letales. (Brandão, 2000, pp.87-94)

La madre, por lo tanto, espera su protección y él no duda en corresponder. También conocido por ser el dios de la justa medida, tiene su meta en la perfección y no acepta cuando es herido en ese principio. En la situación de encuentro con Hermes, queda encantado con la lira creada por su hermano a partir del caparazón de una tortuga, y obtiene de él el regalo que lo acompañará siempre. Pero la solicitud que le hace al pequeño dios de que le prometa que no le robará el instrumento muestra la desconfianza como un rasgo característico, desconfianza que, en grado extremo, puede llegar a la paranoia. Todas esas situaciones y cualidades tal vez nos puedan ayudar a ver en la manifestación arquetípica de este dios tan presente en el mito de Edipo, las dificultades apolíneas en ser rechazado, desconsiderado, abandonado, y las exigencias de perfección, así como la reacción a todo esto.

Imposible hablar de Apolo sin mirar hacia el otro polo de la balanza que los coloca siempre juntos en alternancia: Dioniso. Comento aquí sólo uno de los atributos más destacados del dios del éxtasis, su capacidad de alterar la conciencia, de provocar alucinaciones y delirios, de manifestarse por la imagen. Parece cierto que cuando fallan la objetividad y la razón apolíneas, es el campo dionisíaco el que gana terreno y trae consigo las visiones y distorsiones de la percepción. Dioniso sabe dónde está la fragilidad y es por esa brecha que se introduce y se hace presente; y así, se hará notar en dicho desorden del significado de las ideas paranoicas.

La paranoia es una especie de prima hermana del narcisismo, en su auto-referencia característica. El sentimiento de persecución induce a la idea de un crimen cometido y evita encararlo, expurgarlo y expiarlo como se debería. ¿Cuál crimen? En Edipo parece que la mayor hamartia (error trágico) son la ceguera y la sordera.

¿Qué se hace con aquello que se sabe? Layo sabía del veto a su paternidad. ¿Qué hizo? Edipo sabía sobre la prohibición anunciada por el oráculo. ¿Qué hizo?

No es casualidad que nuestro héroe tebano desde lo alto de su arrogancia reaccione de modo paranoico cuando Tiresias, el gran vidente ciego, es traído a su presencia. El tono del diálogo se invierte enantiodrómicamente cuando lo que escucha no es lo que esperaba.

TRAGEDIA

Hasta ese momento en la tragedia, Edipo está empeñado en encontrar y alejar definitivamente el flagelo responsable de la peste instalada en la ciudad, anunciado por el oráculo de Delfos. Es un rey justo y preocupado por sus súbditos. Manda llamar a Tiresias, “único entre los hombres que trae en su mente la lúcida verdad” (Sófocles, 2004, p. 31, vv. 354-355). El adivino queda incómodo en extremo por estar en la posición de mensajero de noticias tan terribles como las que trae consigo, hasta entonces mantenidas en silencio. Edipo se coloca en sus manos, demostrando inicialmente una gran confianza. La reacción de Tiresias es de lamento y apunta hacia la pregunta formulada antes – ¿qué se hace con lo que se sabe? -:

¡Pobre de mí! ¡Como es de terrible la sapiencia
cuando quien sabe, no consigue aprovecharla!

(Sófocles, 2004, p.32, vv. 377-378)

Los dos intercambian puyas y Tiresias pide a Edipo que lo deje ir pues no quiere ser emisario de lo que está por venir. Sabe, por intuición, lo que significará su revelación. La creciente petulancia del rey hace que lance acusaciones al invidente como si hubiera sido el mentor del crimen, como si al negarse a hablar de lo ocurrido, tuviera algo que esconder, de donde concluye que él tiene alguna culpa o implicación en el crimen de Layo. Aquí comienza el delirio paranoico de Edipo; si hay algo oculto, él cree tener que ver con una conspiración contra su persona. Reescribo su primera acusación a Tiresias:

Pues bien. No disimularé mis pensamientos,
tan grande es mi cólera. ¡Que sepas
que en mi opinión articulaste el crimen
y hasta lo consumaste! Sólo tu mano
no lo mató. ¡Y si viera más allá, yo diría
que fuisteis el criminal sin ninguna ayuda!

(Sófocles, 2004, p. 34, vv. 412-417)

Edipo no cree en lo que oye y se enfurece contra el adivino, cuando este pasa a hablar abiertamente sobre la verdad de su historia. Edipo reflexiona algunos segundos antes de comenzar a atribuir a otro posible culpable, el asesinato del labdácida: Creonte. ¿No habría sido su cuñado un cómplice, para urdir ambos contra él, en su ansia por el poder y el trono? La herida en el campo de Eros juega defensivamente en el campo del Poder. Nuevamente demuestra una enorme dificultad en observarse y ver sus limitaciones. Pasa a creer en esa ficción y a lanzar improperios a Creonte cuando éste aparece para argumentar. Tiresias se retira diciendo que no es al hombre o al rey a quien debe obediencia, sino a los dioses, lo que lo deja bastante libre para hacer sus revelaciones. Esta intervención podría también hacer recordar al rey su humanidad y necesaria humildad frente a lo divino. No es, sin embargo, tenida en cuenta, en una nueva demostración de sordera.

La confrontación con Creonte es igualmente rociada por la ira y Edipo pasa a creer firmemente en las excusas del cuñado con intenciones de usurparle el trono. Alega un golpe sintiéndose merecedor del poder conquistado con la eliminación de la Esfinge. No lo convence la defensa que Creonte hace de sí, con argumentos cuerdos y pensamiento lógico impecable. Estamos en el campo de lo irracional. Para el individuo atormentado por defensas paranoicas, las razones parecen desprovistas de fuerza de persuasión. Llamo la atención a unos versos donde podemos ver con claridad la fragilidad de la percepción de sí mismo y la inseguridad acerca de su valor propio que sirven de sustento para su delirio de persecución (negrilla de mi autoría):

¿Qué haces, tú que estás ahí? Aún osas
llegar a mí, ¿tú que seguramente quieres
quitarme la vida y despojarme del poder
abiertamente? ¡Pues veamos! Dice ahora:
¿llegaste a la conclusión de que soy un cobarde
o insensato, para concebir proyectos
tan sórdidos? ¿Creías que yo no veía
tus maquinaciones y no las castigaría
habiéndolas descubierto? Di, por los dioses:
¿no es conducta de demente codiciar,
sin bienes y sin amigos, el poder sin par
que viene del pueblo numeroso y de la riqueza?

(Sófocles, 2004, p.43, vv. 629-640)

La inversión del comportamiento de Edipo, hasta entonces un rey cuerdo, hacia un ser atormentado viendo sombras de traición a su espalda, muestra que su complejo fue tocado y activado. Vemos en los versos destacados cómo la inseguridad de Edipo lo hace defenderse como si estuviera, paradójicamente, seguro de los planes de traición de Creonte. Adicionalmente, se nota también el recelo de ser visto como un cobarde por el cuñado, y luego por todo el pueblo. En una tentativa un tanto torpe, invierte la situación y quiere que su interlocutor pase a creer que él lo sabía todo. Nada podría estar oculto a sus ojos. Debe ser visto como alguien portador de sabiduría, o más que eso, alguien omnisciente. Lo contrario de la ceguera.

ABANDONO, ABUSO Y MIEDO

El juicio es para el paranoico su mayor miedo; él mismo se condena al juzgarse incapaz. Llegamos así a la raíz de nuestra cuestión: la asociación de la vivencia de abandono con el sentimiento paranoico. Esta asociación resulta funesta ya que no hubo en la vida del niño abandonado un vaso continente para la experiencia precoz –y muchas veces inconsciente- del abandono y la reconstrucción de nuevos vínculos saludables que traigan a aquel individuo la posibilidad de creer en el otro, así como de valorarse, construyendo así un nuevo edificio con cimientos en una autoestima genuinamente verdadera.

Mientras escribía este texto, reflexionaba sobre ¿por qué Edipo nunca expió las muertes que causó, por qué la muerte de Layo y sus siervos no fue investigada a pesar de tratarse de un rey, por qué Yocasta no notó que recibía como esposo a alguien con edad para ser su hijo, y con marcas y cicatrices semejantes a las del bebé que mandó abandonar, por qué Edipo no se preguntó si Yocasta, con edad para ser su madre, no tendría algo que ver con la respuesta del oráculo consultado por él mismo, por qué no volvió donde Pólibo y Mérope para una nueva conversación sobre su origen, por qué sus padres adoptivos no fueron en su búsqueda para esclarecer las dudas que le atormentaron tanto como para huir, por qué ese nuevo abandono? En fin, con tantas preguntas abiertas que le confieren a la historia el atributo inequívoco de la ceguera y la sordera, encontré por casualidad, pero ciertamente no por mero azar, una indignación similar en el libro que estaba leyendo, “No percibirás” de Alice Miller.

Como se sabe, esta autora destaca los abusos cometidos por los adultos contra niños pequeños, abusos de orden sexual y psicológico, que permanecen perpetuándose por lo que ella denomina “pedagogía negra”. El estudio de la historia de la familia y cómo el niño fue y es, hasta hoy, usado como juguete sexual por los adultos, creyéndose que es una actitud sin mayores consecuencias, no es suficiente para poner a salvo generaciones de individuos que repiten las agresiones sufridas en un ciclo sin fin de malos tratos. Miller cree que la posibilidad de contener ese movimiento compulsivo está en la escucha genuina e interesada del terapeuta – o del educador, o de un adulto verdaderamente abierto-, quien tendrá que habérselas con sus propios abusos para poder crear un espacio donde su paciente vivencie la rabia reprimida y marcada en su cuerpo. Al profesional de la salud le cabría hacer lo que Edipo no hizo, impedido por su ceguera: mirar sus propios pies hinchados y volver a su historia y origen antes de imponerse lo trágico. Para mi alegría encontré en el desarrollo del raciocinio de la autora un capítulo dedicado a Edipo, precedido por la estimulante exposición:

La infancia de Layo y, por lo tanto, también la historia de la infancia de Edipo, permanecieron ocultos para esa rama del psicoanálisis hasta hoy o aún no despertaron su interés.

(Miller, 2006, p.156)

Por “esa rama del psicoanálisis”, la autora se refiere a la teoría de las pulsiones, que considera que es el gran equívoco que Freud formuló después de abandonar la teoría de la seducción. Hasta 1886, Freud sostenía la tesis de que los niños eran víctimas de seducción por parte de los adultos y que la enfermedad de la psique tenía una conexión directa con esa memoria inconsciente. En el texto “La etiología de la histeria”, afirma:

Me inclino, por lo tanto, a creer que, sin previa seducción, no es posible que el niño emprenda el camino de la agresión sexual. De este modo, las bases de las neurosis estarían siempre constituidas por personas adultas, durante la infancia del individuo, transmitiéndose después a los niños entre sí la disposición a enfermar más tarde de histeria.

(Freud, 1959, p. 30)

Tales afirmaciones causaron gran malestar y Freud abandonó enseguida esas ideas por la teoría de las pulsiones, atribuyendo a los niños el carácter perverso-polimorfo y a sus relatos (sexuales y/o agresivos) la adjetivación de fantasía.

Esta es una discusión bastante interesante, así como extensa, y me permitiré no excudriñar aquí el pensamiento de Miller, invitando el lector a leer el citado libro en su totalidad, donde podrá encontrar esa tesis descrita y respaldada de manera vasta y clara. Por ahora, me gustaría sólo destacar que, juntamente con mis preguntas acerca de uno de los mitos más impactantes para la historia del hombre moderno, se sumaron las indagaciones de esa autora, estimulándome a examinar aún más sobre sus matices.

La prohibición de las preguntas y el mantenimiento de los secretos son hechos perniciosos frente al cuadro dramático descrito por Miller. ¡No se hacen preguntas! El niño no puede preguntar a los padres sobre su pasado y siente vergüenza y culpa al ser reprimido y reprendido en su tentativa.

Con Edipo también ocurre así. Cuando pregunta a Pólibo y Mérope sobre la veracidad de lo que oyó de un corintio acerca de ser adoptado, ellos vacilan e intentan garantizar al hijo que es legítimo. Aquí también hay ceguera y sordera. Tal vez un exceso de protección, la incapacidad de ver en el hijo condiciones de soportar la verdad, la dificultad de lidiar con la propia herida de la infertilidad, el miedo del abandono de la pareja parental en la creencia también ficticia-paranoica frente al desvelamiento de la historia pasada, son hipótesis innumerables que quedan inconclusas. Queda un enigma que sólo será respondido por las circunstancias futuras.

En el silencio, se crea un tabú. Edipo calla a pesar de ser intuitivo. En su silencio se inaugura el tabú del origen. Tampoco pregunta a Yocasta quién era ella, o quién fue Layo, su marido muerto. Las preguntas quedan por fuera de los relatos; son atributos de la Esfinge y su exigencia de respuestas adecuadas o… muerte. Se concluye: para vivir es necesario que la Esfinge muera. Ella, como representante de lo bestial, o, podríamos pensar a partir de otro ángulo, también de la curiosidad, del deseo de conocimiento que devora. Así el mito nos mostraría que las preguntas no formuladas también matan, como las no respondidas – por la Esfinge, por los padres, por los educadores. El niño Edipo no hizo preguntas y quedó ciego sobre su identidad, lisiada, cambiada. No valoró su propia intuición y se abandonó.

Miller alerta sobre lo patogénico en el trauma, en donde el niño es dejado solo con sus dudas y dolores. La obediencia es condición de la existencia y los padres transmiten sus preguntas no respondidas a las generaciones siguientes. Edipo acusa a Tiresias y a Creonte de que quieren destituirlo del poder. Este era el miedo de Layo, que creyó haber eliminado la amenaza, en su ficción privada, abandonando al hijo a su propia suerte en el monte Citerón. Layo, por su parte, tuvo que asumir joven el trono de Tebas, después de la muerte prematura del padre – Lábdaco – en medio de sucesivos conflictos (corto reinado de Lico, asesinado por Zeto y Anfión; fuga de Tebas en búsqueda de asilo en la corte de Pélope). La cuestión de la sucesión también le fue impuesta desde temprano.

CONCLUSIÓN

La autopercepción como una persona inadecuada, que no debe formular preguntas, no debe ser curiosa, no debe expresar dudas, no debe explorar el mundo, conforme a lo que brota de adentro, no debe ser libre en el pensar y en el sentir, no debe, no debe, no debe…, crea un campo fértil para la paranoia, una vez que alcanza la autoestima en la raíz y da al individuo un reflejo distorsionado de sí mismo; tal dinámica exige de él la vigilancia de lo que pasa fuera, en tiempo integral. El abusador primordial es proyectado en el exterior, y ocurren las ficciones que deforman y crean nuevas percepciones. Dicho de otra manera, en el escenario de las regencias mítico-arquetípicas, entra en escena Apolo en su faceta desconfiada y vengativa, listo a lanzar sus flechas contra quienes osen vislumbrar en sí imperfecciones o fallas, y Dioniso a provocar fantasmas y delirios.

Edipo es de un linaje directo de un spartoi, soldado nacido de los dientes del dragón de Aires sembrados por Cadmo, fundador de Tebas. Su ascendencia tiene raíces de marcada violencia. La forma airada e incontenida con que enfrenta y mata al padre en la encrucijada puede demostrar la rabia acumulada en la situación de abuso (de haber sido rechazado y abandonado –aunque inconsciente pero con el registro en su cuerpo-, o de tener que ser el niño idealizado por Pólibo y Mérope, o por no tener respondidas por ellos las preguntas sobre su origen).

No hay respuesta que baste al preguntador paranoico pues su confianza básica está herida en forma indeleble. O bien cura ese agujero en la autoestima, o bien permanece repitiendo la búsqueda incesante y compulsiva de amor en las relaciones, sin mirar los nuevos abusos que se dan en entregas ciegas. Edipo se reedita en nuestra vida, en su sordera y ceguera limitantes. Nos resta transformar lo que sabemos acerca de la tragedia en símbolo vivo, para que no necesitemos taladrar nuestros ojos, para sólo entonces poder ver.

Honrando a Apolo, dios de las musas y de las artes, concluyo esas reflexiones con una poesía:

BREA

Raphael Gancz

Uno frente al otro, casi arrinconados. Separados solamente por un milímetro. Es igual, uno o un millón. Ellos no se enfrentan. No se miran. No se saben. La brea hace el ambiente indiferente. Es una puerta que divide, delimita, distancia.

Aun cuando las narices estén cerca.      

La brea libera la mirada. Lleva la vista más allá. Es sólida, la concreta oscuridad. Es una mano tonta tanteando en las tinieblas, buscando salientes, palpando las partes negras. A la brea no le gusta lo obvio, lo explícito, lo evidente. Prefiere lo sobreentendido. No camina en línea recta. Es una bola de boliche apenas arrojada. La brea sigue en la dirección diagonal.         

La brea es una sinfonía de Bach, un olor de canela, un gusto de harina. Es más sensible. Más sensible. Más sensorial. Es vasta, ancha, larga. Está en las profundidades de la Tierra, en el espacio sideral.     

La brea es todo el resto.        

Es lo que está a la vuelta.      

Alrededor del iris.

El blanco de un ojo abierto.

Aquella parte por donde no se observa.

La brea ofrece prismáticos, catalejos, lentes, gafas. Reconoce los trazos, las formas, el semblante. La brea adivina quién es. Es el comienzo del túnel. La brea vino primero, es anterior. Y va a quedarse hasta el final. Bote todo, queda la brea. La brea es lo básico. Es el estado natural.

La brea es un capullo. Que protege y aleja. Es un velo que viste la alborada. Una manta que cubre la claridad. Un extintor que borra la luz. La brea es un baño. No descolora, no empalidece. Es fotogénica. No necesita quitar el brillo del rostro. La brea queda bien en cualquier registro. Siempre sale negra, siempre sale nítida. Es un balde de alquitrán lanzado de lleno en la tela.

La brea es digna de contemplación.

Es una tapa. Que veda y lacra. Es un área VIP, particular, en que la luminosidad no entra, y las centellas son expulsadas, golpeadas, a palos. La brea es un niño vendado, cogiendo una porra, y sonido de las golosinas cayendo. La brea promueve fiestas-sorpresa. Es deseo, pedido, pensamiento, suspiro.

La brea es un alivio.

No tiene medianoche. No tiene media-luz. No tiene término medio. Con la brea, no tiene conversación. Para ser brea, tiene que ser completa. Insufilme cien por ciento. En los laterales y en el parabrisas. Es doble, triple capa de tinta.

La brea es impecable.

No deja escapar ni una gota.

Ni una chispa.

Ni una luciérnaga.

Es un interior constante. Refleja lo íntimo. Es, de repente, dar de cara consigo mismo dentro de un escondite. La brea se mece con los bríos. Es una prueba de coraje. Subir a la buhardilla, descender al sótano. La brea es una floresta densa.

Es la tentativa de resolver, mentalmente, una difícil ecuación de álgebra.

Es lo que viene después de lo hasta-donde-se-conoce.

Un eclipse solar, un agujero negro.

La brea es un párpado.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

BOWLBY, J.  Formação e rompimento dos laços afetivos, São Paulo: Martins Fontes, 2006.

BRANDÃO, J. S.  Dicionário Mítico-etimológico, vols. I e II, Petrópolis:Vozes, 2000.

FREUD, S.  Etiologia das neuroses. In: Teoria das neuroses. OC2. Rio de Janeiro: Delta, 1959.

GANCZ, R.  Contrabandos, São Paulo:Edith, 2010.

HILLMAN, J.  Paranoia, Petrópolis: Vozes, 2009.

MILLER, A.   Não perceberás, São Paulo: Martins Fontes, 2006

Sófocles    Edipo Rey, In: A Trilogia Tebana. Tradução de Mário da Gama Kury, Rio de Janeiro: Jorge Zahar, 2004.

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Perfil de Marion Woodman

PERFIL DE MARION WOODMAN

¿Quién es Marion Woodman?

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Marion Woodman, nació en London, ciudad ubicada al suroeste de Ontario, Canadá, el 15 de agosto de 1928. Su camino para convertirse en una analista junguiana tomó una ruta indirecta. Desde muy joven, siendo profesora de inglés en Canadá, sintió la necesidad de buscar un mayor sentido en su vida. Viajó a la India buscando este significado, pero no encontró un maestro espiritual. Luego, durante un año sabático en Inglaterra, un amigo la remitió a un analista junguiano, E. A. Bennett. El encuentro, dijo ella, “me cambió por completo”. Tomó entonces una licencia para ausentarse de la enseñanza, y se matriculó en el Instituto CG Jung de Zurich, y comenzó allí su entrenamiento para convertirse en analista, titulándose en 1970.

Cofundadora de la Fundación Marion Woodman, la cual lleva a cabo activamente talleres en todo los EE.UU., Australia, México y Brasil. Las actividades de esta organización están basadas en el enfoque del Programa BodySoul Rhythms, basado en la psicología de Jung. Dicho programa fue creado por Marion Woodman, Mary Hamilton, y Ann Skinner, quienes trabajaron en conjunto durante tres décadas, desarrollando y perfeccionando su enfoque. Este se basa en la creencia de que la psique y el soma son inseparables y deben ser trabajados simultáneamente para llegar a ser más conscientes. La integración de mente, cuerpo, alma y espíritu, incorpora el trabajo con los sueños y las imágenes, junto con el cuerpo y la voz, respetando la singularidad de cada individuo.

Marion Woodman ejerció su profesión de forma privada en Toronto, Canadá. Es una escritora mitopoética y figura representativa del movimiento de la mujer. También es conferencista internacional y poetisa. Con un vasto número de obras escritas, es una de las autoras más leídas en psicología analítica, centrada en lo femenino y en la relación psique-soma en nuestro tiempo. Varias de sus obras han sido traducidas al español.

Su colección de conferencias en audio y video, su correspondencia y manuscritos se conservan en el OPUS Archives and Research Center, de Santa Bárbara, California. Entre sus colaboraciones con otros autores ha escrito con Thomas Moore, Mellick Jill y Robert Bly. Sus hermanos son el fallecido actor canadiense Bruce Boa y el analista junguiano Fraser Boa. El 7 de noviembre de 1993 le fue diagnosticado cáncer de útero. Los siguientes dos años al tratamiento contra el cáncer los registró en un diario, que más tarde fue publicado como Bone: Dying into Life.

¿Cuál es el tema principal de sus trabajos?

En la obra de Woodman, el mundo a menudo enigmático de la psicología arquetípica de Jung se hace accesible a cualquier persona, y especialmente a las mujeres que están en la búsqueda de la plenitud. Woodman cree que siglos de “pensamiento patriarcal” han desnudado el alma de la vida interior y exterior de los individuos y en general, en el mundo. Para recuperar el alma, debemos comprometernos con el complejo mundo de las sombras del inconsciente e ir más allá absoluto, abrazando la “danza de los opuestos”.

Woodman fue una de las primeras autoras en aplicar los conceptos de Jung a los trastornos de la alimentación, la anorexia, la bulimia, la obesidad, y a las adicciones al alcohol. Así mismo, para vincular la adicción al descuido de lo “femenino” tanto en hombres como en mujeres, en la cultura contemporánea.

¿Cuáles son sus obras traducidas al español?

  • Woodman Marion y Dickson, Elinor (1999). Bailando entre llamas: la Diosa Negra en la transformación de la conciencia. Barcelona: Ediciones Luciérnaga.
  • Woodman, Marion (1994). Adicción a la perfección. Barcelona: Ediciones Luciérnaga.
  • Woodman, Marion (1994). Los frutos de la virginidad: Dinámica de la autenticidad. Barcelona: Ediciones Luciérnaga.

¿Cuáles son sus artículos traducidos al español y publicados en ADEPAC?

  • Sobre adicción y espiritualidad
  • La anorexia, la bulimia y las toxicomanías

¿Cuáles son sus obras en inglés?

  • The Owl Was a Baker’s Daughter: Obesity, Anorexia Nervosa, and the Repressed Feminine, 1980 Inner City Books.
  • Addiction to Perfection: The Still Unravished Bride, 1982 Inner City Books.
  • The Pregnant Virgin: A Process of Psychological Transformation, 1985 Inner City Books.
  • The Ravaged Bridegroom: Masculinity in Women, 1990 Inner City Books.
  • Leaving My Father’s House: A Journey to Conscious Femininity (coautora con Kate Danson, Mary Hamilton, Rita Greer Allen), 1992 Shambhala Publications.
  • Conscious Femininity: Interviews With Marion Woodman, 1993 Inner City Books.
  • Dancing in the Flames: The Dark Goddess in the Transformation of Consciousness (coautora con Elinor Dickson), 1996 Shambhala Publications.
  • Coming Home to Myself: Daily Reflections for a Woman’s Body and Soul (coautora con Jill Mellick), Abril 2001 (paperback ed.) Conari Press.
  • The Art of Dreaming, por Jill Mellick (con un prólogo de Woodman).
  • The Maiden King: The Reunion of Masculine and Feminine (coautora con Robert Bly), noviembre 1998, Henry Holt & Co.
  • Bone: Dying into Life, 2000 Viking Press.
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