El Desarrollo más temprano de la multiplicidad en la psique – Wilkinson

MARGARET WILKINSON

Wilkinson Margareth

Margaret Wilkinson es analista junguiana inglesa y escritora. Su interés especial es por la neurobiología. Miembro profesional de la Society of Analytical Psychology, y miembro del consejo de redacción del Journal of Analytical Psychology. Es autora de la obra ‘Changing Minds in Therapy. Emotion, Attachment, Trauma and Neurobiology’ (2010, Norton). Tiene su práctica privada en el norte de Derbyshire, Inglaterra. El siguiente documento es la traducción de la ponencia que presentó la autora durante el XVIII Congreso Internacional de Psicología Analítica realizado en la ciudad de Montreal, Canadá, en agosto de 2010.

Traducido del inglés por Juan Carlos Alonso

Mirando retrospectivamente después de más de 30 años de práctica, me doy cuenta que mi trabajo con una joven, al inicio de mi carrera, fue muy útil para mi propia comprensión de la perspectiva junguiana de la disociación y la multiplicidad, tal como se manifiesta dentro de las psiques de mis pacientes adultos en análisis, que han sufrido trauma temprano relacional. Me gustaría revisar algo de mi trabajo con esta paciente, a la luz de las ideas provenientes de la neurobiología.

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La investigación ha demostrado que el hemisferio derecho del bebé está activo desde el nacimiento, fácilmente disponible para la conexión afectiva entre madre e hijo, la cual gradualmente construye el cerebro-mente del bebé. Los estados emocionales de la madre determinan directamente los primeros estados emocionales de su hijo, construyendo gradualmente los patrones en la mente en desarrollo del bebé que este nuevo ser humano utilizará para determinar la experiencia relacional futura. Una madre alterada transmitirá su tristeza, ira, frustración, ansiedad, miedo o terror directamente a su bebé. Niños que han quedado completamente confundidos y conmocionados por lo que la madre les ha ofrecido, no pueden discernir si evitarla o acercarse a la madre, sentirle temor o aferrarse a ella; su mundo emocional está lleno de confusión, no hay un camino claro que ellos puedan tomar con confianza para un mundo de relaciones exitosas. Schore señala que, dado que el self de Jung está fundamentalmente compuesto por experiencias afectivas, opina que “actúa como un centro regulador que provoca la maduración de la personalidad” (Schore 2006, p. ix). Jung explicó que en circunstancias adversas, la respuesta disociativa da lugar a una separación de ‘psiques escindidas autónomas’ o complejos traumáticos (Jung 1934, párr. 203). Cuando los primeros cimientos de la personalidad tienen fallas, es probable entonces que los retos que trae la vida abrumen al self naciente, en la forma en que Jung lo describió.

Caso clínico: Rona

Al pensar en niños que pueden ser experimentados por su madre desde el comienzo como una catástrofe, me acordé de Rona, a quien he descrito en forma más detallada en otros lugares (Wilkinson en edición, pp. 81-93). Rona me fue remitida por el servicio de orientación de un plantel escolar cuando ella tenía once años. La vi en forma regular varias veces a la semana durante sus tres primeros años de escuela secundaria y luego una vez a la semana durante los dos últimos años. Incluso antes de su nacimiento, la madre de Rona la experimentaba como algo desconocido, indeseado y temido. Rona fue la primera y muy tardía hija; su madre no se dio cuenta que había quedado embarazada, creyendo que ya había pasado esa etapa de la vida. Relatando la llegada de su hija, era claro que la idea había sido tan ajena a ella y tan completamente indeseada que parecía como si no hubiera sabido lo que le estaba sucediendo hasta que rompió fuente, y luego había esperado varios días antes de alistarse para la ayuda médica. Esta negligencia debió haber amenazado la existencia misma de su hija por nacer. Contó su experiencia de dar a luz como catastrófica; pasó a describir sus primeros días juntas en el hospital como muy difíciles. Sintió que las dificultades emocionales de Rona para relacionarse habían sido causadas por la leche de tarro que le habían dado en el hospital. Entendí que simbólicamente era una descripción de las dificultades que ambas experimentaron en esa fase inicial de llegar a conocerse una a la otra.

Fonagy y sus colaboradores señalan que “las expresiones de afecto parentales que no dependen del afecto del niño, socavarán el adecuado etiquetaje de los estados internos, y pueden, a su vez, continuar siendo confusos, experimentados como no simbolizados, y difíciles de regular” (Fonagy et al. 2004, p. 9). Por el contrario, en la interacción saludable, como comenta Carvalho, ‘la mente de la madre es la mente del bebé: su corteza órbito-frontal representa la del niño” (Carvalho 2002, p 159.).

La difícil experiencia temprana de Rona se complicó aún más por un estrabismo severo que debió haber hecho difícil “ver las cosas como realmente eran”. Una cirugía dolorosa para corregirlo a los tres años de edad, una hospitalización que parece haber recapitulado de manera angustiosa su pobre experiencia temprana, reforzaron los patrones de trauma temprano alojados en su mente en desarrollo y condujeron a una expectativa de que toda nueva experiencia sería persecutoria. Rona se convirtió en una niña solitaria; en el momento en que nos conocimos, ella había desarrollado un mundo de ficción poblado por personajes constantemente cambiantes, en interacción con quienes ocuparon la mayor parte de sus momentos de vigilia. En el mundo real de la escuela, Rona era constantemente matoneada por niños y niñas, a pesar del considerable aporte de un calificado equipo de personal con políticas muy claras sobre el bullying y sobre estrategias para enfrentarlo. La intimidación y los estados cambiantes de su cuerpo mientras entraba en la adolescencia le causaron aguda angustia.

El mundo interior del Rona estaba lleno de lo que superficialmente parecían escenarios rápidamente cambiantes – los cuales entiendo como manifestaciones de aspectos alienados, disociados de su self. Es difícil en un corto espacio transmitir la calidad fragmentada, disociada, desorientada y desorientadora de la experiencia del mundo interior que Rona vino a compartir conmigo. Rona casi siempre empezaba a hablarme con la frase ‘hagamos de cuenta que’ y entonces había una invitación implícita a aventurarnos juntas en un mundo que era mucho más real para ella del que conocía en el mundo real. Al comienzo de nuestro trabajo, sentí que Rona era prácticamente inaccesible. Se sentía como si estuviera detrás de una pared de vidrio sólido y que cualquier intento de interpretar podría hacerla pedazos y destruirla a ella. En los primeros meses de nuestro trabajo, sentí que el ‘hagamos de cuenta que’ era un mundo en el que Rona se movía libremente, pero en donde yo quedaba fuera y completamente perdida. Sentí como si estuviera en un laberinto, totalmente incapaz de encontrar mi salida. A través de mi experiencia contratransferencial, sentí algo de su dolor y lo mucho que era prisionera de su mundo interior y la crueldad que encontraba allí. A su vez, a través de la confiabilidad y la continuidad de una relación afectiva, gradualmente empezó a sentirse segura y comprendida. Lyons-Ruth (1998, p 285) comenta: “los conocimientos implícitos que rigen las interacciones íntimas no se basan en el lenguaje ni se traducen habitualmente en forma semántica”.

Decety y Chaminade sugieren que estos procesos inconscientes “podrían describirse casi como imaginación inconsciente, esto es una generación de experiencia neuronal en un nivel inconsciente de actividades y procesos similares en uno mismo” (Decety y Chaminade 2003, p 582;. cursivas mías).

Sugiero que estas ideas deben afectar inevitablemente nuestra comprensión del proceso terapéutico que en el pasado tal vez ha puesto énfasis indebido únicamente en las comunicaciones verbales que se refieren al material del paciente.

Al principio de la terapia, Rona mostró cierta consciencia de la naturaleza defensiva de su mundo de ficción: explicó que su mundo especial había surgido primero cuando estaba escondida detrás del sofá viendo un fragmento del ‘Dr Who’. Sentía como si hubiera oído al Dr Who diciéndole, “si estás asustada, ven a mi mundo y yo te cuidaré”. Rona luchó con su sentido de realidad absoluta de su mundo especial, y su conocimiento de que en realidad era alucinatorio: sólo existía en el ‘hagamos de cuenta que’. Puede ser que esta capacidad de distinguir entre los dos le haya ayudado a mantener a raya la psicosis. El Dr Who era para ella una figura poderosa que la protegía en su fragmentado mundo interior.

Ahora que reflexiono sobre mi experiencia con Rona, tengo el beneficio de los conocimientos proporcionados por el trabajo de Kalsched (1996), en relación con el trauma y con la forma en la que la experiencia insoportable estimula imágenes arquetípicas y a menudo contiene una poderosa figura protectora / perseguidora dentro de la estructura de la personalidad, que busca activamente salvar al verdadero self de la aniquilación.

Cuando vi a Rona, gran parte del trabajo del mundo del trauma y de la neurobiología que actualmente aporta a nuestra comprensión de los estados disociados, estaba aún por escribirse. En el momento en que tuve conocimiento de la noción de Jung sobre las figuras en la psique, de hecho, en su propia psique, aprendí a entender las fantasías de Rona en buena parte como sueños, y cada figura interior como aspectos de un yo fragmentado. Sigo trabajando desde esas ideas, pero también entiendo estas figuras como imágenes que emergen desde lo implícito, desde el recuerdo más temprano de la experiencia relacional, alojada en el hemisferio derecho, no disponible a la mente consciente, o a la memoria explícita del hipocampo, sino que emerge en forma de imágenes que podrían ser sentidas, pensadas y habladas.

Cuando regresé del primer receso de dos semanas de vacaciones, me encontré con que el mundo de ficción de Rona estaba habitado por una madre cruel y por una pequeña Rona cuyas piernas estaban fracturadas. La interpretación en términos de su angustia de perderme durante el receso, me trajo algo de alivio. A un nivel inconsciente, Rona a menudo luchaba con las fantasías inconscientes de su madre, de no querer que hubiera bebé, y sus fantasías imaginaban el daño hecho a la madre y al propio bebé. Los patrones de expectativa persecutoria que dominaban su inconsciente eran parte de la razón por la cual ella se convertía fácilmente en el blanco de los matones en la escuela, que reaccionaban, a un nivel inconsciente, ante su vulnerabilidad interna.

A medida que se desarrollaba la terapia, el mundo interno del Rona se volvió menos persecutorio, algunas de las figuras crueles aparecían con menos frecuencia y en su lugar, surgía nuevo material más benéfico. Esos desarrollos fueron posibles gracias a la benigna calidad afectiva del apego terapéutico, que permitió el encuentro con experiencias previamente no asimilables.

La calidad diferente del apego, lo que yo llamo la ‘seguridad aprendida’, permitió el inicio de la transformación de emociones previamente encapsuladas en el cerebro emocional y en el cuerpo, en los sentimientos que eran sus representaciones mentales. El material de lo implícito puede ser difícil de trabajar, pero el analista cuyo trabajo está basado en las ideas de la neurobiología de la emoción y, en particular, el papel del hemisferio derecho en procesarlo, prestará especial atención a los estados disociativos de la mente, al uso que haga el paciente de la metáfora que a través de imágenes visuales vívidas traerá verdad emocional desde el mundo de lo implícito. Con menos ruido de fondo del pasado y una experiencia de buen apego en el presente, el paciente se vuelve gradualmente más capaz de autorregular el afecto y moverse con más confianza en las relaciones. Como señala Bromberg, “en última instancia, es sobre temas alrededor del apego y de la regulación del afecto, de lo que depende la capacidad de una persona para experimentar un sentido del self que es al mismo tiempo fluido y sólido” (Bromberg 2006, p. 32).

Cuando Rona tenía dieciséis años parecía importante que se le diera la oportunidad de separarse un poco más de sus padres y se hicieron planes para que fuera a vivir con su prima en otro pueblo los últimos años de escuela, y empezamos a trabajar para finalizar. Cuando nuestra terapia estaba terminando, surgió un personaje importante y duradero llamado Kemi, una chica muy tímida pero muy agradable. Entendimos a ‘Kemi’ como ‘mi llave’ (fonéticamente en inglés, es un juego de palabras para ‘Key to me’), es decir, entendimos a este personaje tímido pero agradable como una representación de cuánto había cambiado el mundo interno de Rona en los cinco años que trabajamos juntas.

Creo que el cambio en Rona se produjo no principalmente a través de haber permitido yo el desarrollo de la comprensión cognitiva de la diferencia entre realidad y ficción, sino más bien a través de la calidad afectiva de la relación que se estableció entre nosotras y la oportunidad brindada por el tiempo que trabajamos para la emergencia de lo implícito, y la ocasión para reflexionar sobre ello. Schore subraya que las comunicaciones de apego son implícitas, afectivas y no verbales, y que la regulación inconsciente del afecto expresada en las comunicaciones emocionales rápidas y no verbales en niveles por debajo de la conciencia dentro del campo dinámico intersubjetivo, “juega un papel psicobiológico fundamental en las díadas paciente-terapeuta” (Schore 2007, p. 762). Son estos procesos inconscientes en el análisis los que conducen a cambios en la forma en que un paciente se vuelve capaz de relacionarse no sólo con los demás sino también consigo mismo o con su propio mundo interior.

Comentarios finales

Cuando miro retrospectivamente este trabajo, mi comprensión de él se ha enriquecido ampliamente con las ideas que ahora tengo como resultado de la reciente investigación en la teoría del apego, el trauma y la neurobiología. Allá por 1935, Jung comentó “debemos tener un laboratorio en el que pudiéramos establecer mediante métodos objetivos cómo son realmente las cosas cuando están en un estado inconsciente” (Jung 1935/1976: Párrafo 12, citado en Ekstrom 2004, p. 661).

Referencias

Bromberg, P.M. (2006). Awakening the Dreamer, Clinical Journeys. New York: The Analytic Press.

Carvalho, R. (2002). ‘Psychic retreats revisited: binding primitive destructiveness or securing object? A matter of emphasis?’ British Journal of Psychotherapy, 19, 2, 153-71.

Decety, J. & Chaminade, T. (2003). ‘When the self represents the other: a new cognitive neuroscience view on psychological identification’. Consciousness & Cognition, 12, 577-96.

Ekstrom, S. R. (2004). ‘Freudian, Jungian and cognitive models of the unconscious’. Journal of Analytical Psychology, 49, 5, 657-82.

Fonagy, P., Gergely, G, Jurist, E.I. & Target, M. (2004). Affect Regulation, Mentalization, and the Development of the Self. London: Karnac Books.

C.G. Jung (1934). ‘A review of the complex theory’. CW 8.

– (1935). The Tavistock Lectures. CW 18.

Lyons-Ruth, K. & The Boston Change Process Study Group (1998). ‘Implicit relational knowing, its role in development and psychoanalytic treatment’. Infant Mental Health Journal, 19, 282-89.

Kalsched, D. (1996). The Inner World of Trauma. Archetypal Defenses of the Human Spirit. London & New York: Routledge.

Schore, A.N. (2006). ‘Foreword’ to Coming into Mind. The Mind-Brain Relationship: A Jungian Clinical Perspective by M.A. Wilkinson. Hove & New York: Routledge.

– Review of Awakening the Dreamer. Clinical Journeys by Philip Bromberg. Psychoanalytic Dialogues, 17, 5, 753-67.

Wilkinson, M. (in press) ‘A clinical exploration of the origin and treatment of a dissociative defence’. in Trauma, Dissociation and Multiplicity, ed. V. Sinason. Hove: Routledge

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AÑO 2014

 

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PUESTO

La leyenda del hombre caimán desde la Psicología Analítica 1
Lo femenino y lo masculino en la psicología de Carl Gustav Jung 2
La caja de arena – Eva Pattis Zoja 3
La Psicología Analítica de Jung y sus aportes a la Psicoterapia 4
La leyenda de la princesa Guatavita: Una lectura desde la Psicología Analítica 5
Big-Fish: analogía del proceso de individuación 6
La flecha de plomo: Eros y poder en la pareja 7
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Diario Intensivo 9
El análisis Junguiano de los sueños en psicoterapia – J. C. Alonso 10
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Capítulo 3. Las Muchas Caras del Matrimonio y la Vida Familiar – Guggenbühl-Craig

Adolf Guggenbühl-Craig

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Analista junguiano suizo, nació en Zurich (Suiza) en 1923 y falleció en 2008 en la misma ciudad. Estudió Teología en la Universidad de Zurich, luego Filosofía e Historia en la Universidad de Basilea y después Medicina en la Universidad de Zurich. Luego de graduarse en Psiquiatría y Psicoterapia, inició la práctica privada en Zurich. Conoció directamente a Jung y fue muy influido por la psicología de Jung. Autor de Poder y destructividad en Psicoterapia. El siguiente texto es la traducción hecha por la psicóloga clínica venezolana María Luisa Fuentes ©, del Capítulo 3 de su obra Marriage: Dead or Alive (1986). Putnam: Spring Publication. Esta no es una traducción oficial sino una versión personal y se hace con fines pedagógicos para ADEPAC y otros centros de estudios junguianos.

Traducido del inglés por María Luisa Fuentes

 

CAPITULO TRES

Es el  Zeitgeist (el espíritu de la época) contemporáneo  el que  lentamente está socavando el matrimonio como institución. El deterioro contemporáneo  de la  moral, la reinterpretación o incluso la disolución de los valores,  no se detiene ante  el matrimonio y la familia. La sociedad occidental se encuentra en una crisis espiritual.  Esta crisis está sacudiendo los cimientos de nuestra vida social, del matrimonio y la familia.

Conclusiones semejantes se  escuchan  provenientes de  círculos que también tienen la impresión de que la juventud de hoy es particularmente problemática, que la criminalidad se ha incrementado en proporciones aterradoras, que el  arte está degenerando, etc. Esta opinión viene de aquellos que sostienen que las cosas eran  mejor en tiempos pasados. Esta gente  está frecuentemente influenciada por la antigua imagen de la “edad de oro”.  Esa veneración por el pasado nos es de tan poca utilidad como lo es el anhelo por un futuro nuevo. La gente que  sufre por este anhelo cree que todo lo nuevo es mejor de lo que fue antes.  Los del primer tipo creen que una vez hubo una edad de oro, el otro cree ingenuamente en el progreso y espera por futuro paraíso.

En diferentes períodos históricos matrimonio y familia han tenido significados diferentes. Todas las instituciones sociales, incluyendo el matrimonio y la familia, están  sometidas  a continuos cambios. Un  matrimonio en la época de  la reforma de Zinglio en Zúrich, no era con certeza,  lo mismo que un matrimonio en los tiempos de Rudolf Brun en el siglo XIII. El matrimonio de un rico mercader en el tiempo de Luis XIV debió ser comprendido de manera diferente al  matrimonio de un acomodado hombre de negocios en el París de hoy día.

En tierras Cristianas hasta la Reforma y en las culturas Católicas (y  hasta cierto punto en culturas Protestantes hasta tiempos recientes) hubo significativamente menos  divorcios que hoy. Pero esto no significa que los matrimonios fueran mejores o peores. La unión hasta la muerte, la cual  aún hoy día nosotros fomentamos como ideal para los cónyuges, fue  tomado muy seriamente por los tribunales hasta  hace poco. La integridad de un matrimonio monógamo en  el mundo Cristiano Occidental  era  con frecuencia una ficción legal. Entre  la nobleza de la Europa occidental en los siglos XVI, XVII y XVIII, por ejemplo, era común que el esposo tomara una querida  y la esposa un amante.  Y en los países donde hasta hace poco el divorcio era imposible – como en Italia—muchas parejas casadas vivían separadas y mantenían un hogar común  con un amigo o amiga.

Los estudiosos no están de acuerdo sobre cómo se originó el matrimonio.  Muchos antropólogos son aficionados a la fantasía  de que los humanos en un principio vivían en manadas y disfrutaban de una completa promiscuidad. Todos los hombres tenían contacto sexual con todas las mujeres;  Se desconocía que la relación sexual conducía al embarazo;  el papel del hombre en la generación  de niños no era comprendido;  Los niños eran criados por la manada como un todo.  La familia, el  matrimonio, las asociaciones monógamas o polígamas, todas son entendidas  como desarrollos secundarios.

 Otros estudiosos prefieren otras fantasías.  Matrimonio y Familia son para ellos primarios y primordiales.  Ellos creen  esto porque muchos mamíferos tienen “matrimonios,”   bien sea monógamos o polígamos.  La estructura social primaria de la humanidad  se supone  está reflejada en la imagen de un hombre con un racimo de mujeres y niños alrededor de él.

¿Se debe buscar el origen del matrimonio en el deseo sexual,   en el impulso de propagación de la especie? ¿O  su origen  está relacionado con la propiedad?  ¿Los hombres y las mujeres comenzaron en algún momento a poseerse el uno al otro? No lo sabemos.

Mirando a través de la historia vemos  que el matrimonio y la familia han sido  fundados y formados   de modos diversos  y comprendidos de manera diferente.  En la antigua Persia, por ejemplo,  el matrimonio su raison d’ etre  estaba en proveer guerreros al  rey.  La generación de niños jugaba un papel decisivo entre mucha gente,  aunque no siempre tenía  que ver con la producción de tropas para el rey. Así  Abraham con el consentimiento de su esposa,  tuvo hijos con  la doncella Agar, porque Sara era infértil.

Las naciones de la tierra se han aproximado mucho más en nuestra era a través de la tecnología.  No obstante  las concepciones y organización del matrimonio y la familia mantienen una  gran diversidad. Todavía la fundación de una familia tiene lugar de acuerdo a una variedad  de criterios.  La elección romántica  de pareja, casarse motivados por el amor y la atracción sexual,  está ganando terreno continuamente como criterio, pero  hay todavía muchos segmentos de la humanidad donde esto no ha creado ninguna conmoción.  En la India cerca del ochenta por ciento de los matrimonios todavía son arreglados por los padres, y mientras se espera una conexión romántica, esta no surge frecuentemente.  Es interesante  el hecho de que estos arreglos matrimoniales no son mejores ni peores que aquellos basados en amor romántico. Ambas clases de matrimonio traen decepciones.

La  compra de esposas es todavía practicada por mucha gente. El robo de esposas por otro lado, ya no está muy extendido.  El número de esposos y esposas en algunos lugares no es el mismo.  La monogamia estricta es sólo una de muchas posibilidades. La posesión de varias esposas todavía ocurre en Asia y África.  Y de acuerdo  a algunos  reportes de viajeros  la poliandria (múltiples  esposos) aparentemente todavía existe. Incluso una mezcla de poliandria y poligamia  es descrita  en ciertas áreas.

El matrimonio se vive  bajo las más diversas concepciones. Los Etnólogos han descrito casi cualquier forma imaginable de vida matrimonial y familiar. La joven pareja se muda al hogar de los padres del marido. En otros lugares ellos se mudan al hogar de los padres de la esposa. El esposo tiene completo poder legal sobre la esposa, exceptuando el poder de vida y muerte, o la esposa tiene mejor posición bajo la ley. Encontramos matriarcados y patriarcados. Hombres que viven juntos y se encuentran con sus esposas sólo en determinados días. El trabajo está dividido; el trabajo se realiza conjuntamente. Un mínimo de contacto sexual está determinado por estatutos legales, o el contacto sexual está limitado por la ley, etc.

Los etnólogos también reportan las más diversas costumbres respecto a la posibilidad o no posibilidad de divorcio; el divorcio puede ser solamente una formalidad menor; el divorcio sólo es posible cuando uno de los cónyuges ha cometido adulterio; puede no haber posibilidad de divorcio bajo ninguna circunstancia; la iniciativa de divorcio puede provenir sólo de la esposa;  entre muchas personas sólo la muerte puede terminar un matrimonio. Una forma extrema de unión matrimonial indisoluble ocurre con  la costumbre de incinerar la viuda, en la cual la  esposa  sigue siendo fiel a su esposo  aún después de la muerte y por voluntad propia se arroja a su  pira funeraria.  Sin embargo  la más inusual  forma de matrimonio descrita por los etnólogos es la siguiente: Una doncella es casada por sus padres con un niño. Ya que una vida sexual  con este niño es naturalmente  imposible,  la joven esposa es autorizada para tomar un amante e incluso tener hijos con él. Cuando el esposo alcanza la edad de  capacidad sexual, ella lo introduce en la sexualidad. Después de varios  años el esposo toma como amante la esposa de un esposo-niño, y mantiene estas relaciones hasta que el  esposo alcanza la edad en que ella lo introduce en la vida sexual.

Por lo tanto en lo que se refiere al  matrimonio y la familia como institución,  no han sido  ni son lo mismo,  entre  todos los pueblos  ni en todas las épocas. Son engañosas afirmaciones tales como: “La familia o el matrimonio son la unidad básica de la sociedad humana,” “Padre, madre y niño son  la comunidad natural” etc. Entre ciertas especies de animales existe una estructura familiar que se encuentra idéntica en todas partes. Esta estructura es creada instintivamente entre estos animales una y otra vez exactamente de la misma manera. Pero entre humanos inequívocamente este no es el caso. Las estructuras matrimoniales y familiares  no son naturales, no son instintivas y son un producto artificial del esfuerzo humano. El matrimonio es antinatural, es un opus contra natura. Esta es la razón por la cual encontramos tan diversas formas de matrimonio en el curso de la historia y entre diversas culturas.  Muchas  imágenes estampan  su sello  en el matrimonio y la familia.

En este punto uno podría objetar  y decir que todo esto son tonterías. Los niños tienen que  ser criados de alguna manera,  y esto tiene lugar de  la forma  más natural con la familia, bajo el cuidado del padre y la madre. Padre, madre e hijos, constituyen la imagen primordial de la familia  y sin matrimonio y familia  los humanos habrían muerto hace mucho tiempo. Los niños necesitan,  al menos hasta los doce o trece años,  el refugio y la protección de ambos padres, y el cuidado de la próxima generación es la base  para unidad familiar original y natural.  Es más,  los argumentos continúan, ha sido demostrado que sólo donde hay una familia saludable,  un esposo y esposa trabajando cariñosamente juntos,  los niños pueden crecer física y espiritualmente saludables. Cualquier disturbio en la relación entre esposo y esposa  tiene un efecto perjudicial  en los niños. Mirado desde el  punto de vista  de la crianza de los hijos, no puede haber duda que el matrimonio, como lo concebimos idealmente hoy día, debe ser  una de las instituciones humanas  más natural  y primordial   imaginable.

Esta objeción es menos  evidente  de lo que podría parecer a primera vista. Concedido, los hombres y las mujeres deben  unirse si  van a tener niños.  Sin embargo, después  de la  consiguiente concepción y después del nacimiento,  quedan varias posibilidades para la crianza de los hijos por parte de  las personas involucradas.  En diversas  épocas y en diferentes culturas y estratos sociales, los humanos  se han afrontado la tarea de la crianza y educación de los hijos  de las más diversas maneras.  Si el modo actual de criar a los hijos en el mundo Occidental es realmente la única posibilidad, o aún la mejor posibilidad, esta pregunta debe permanecer abierta.  Tal vez  el psicólogo moderno  no se da cuenta con suficiente claridad que las concepciones acerca de las condiciones,  bajo las cuales un niño se desarrolla de manera saludable, y aún acerca de qué es un desarrollo saludable, están condicionadas y definidas por las imágenes de la cultura a la que  el psicólogo pertenece,  están por lo tanto condicionadas y definidas  a través de una mitología dominante.

Aquí debo  ser más específico.  Hasta épocas recientes hubo grandes grupos sociales,  política y culturalmente significativos, cuyos métodos de crianza infantil  guardaban poca relación con la mítica imagen de la Sagrada Familia.  Que el resultado de este tipo de crianza fuera  peor –sin duda era diferente– que el nuestro, tiene que ser probado todavía. Entre  la aristocracia inglesa, por ejemplo, al menos entre  aquellos individuos quienes poseían  dinero y propiedades, se acostumbraba dar los niños, luego de nacidos a una niñera,  tan pronto como era posible. Esta niñera, no  la madre o el padre, tomaban el niño a su cuidado. Los padres se apartaban  en todas las formas  posibles de la tarea de la crianza de los niños. Los muchachos  y hasta cierto punto también las muchachas,  cuando  habían  superado  la etapa de los cuidados de  nodrizas y niñeras, eran inmediatamente enviados a un internado, donde ellos vivían con niños de su misma edad y donde eran criados por un grupo de hombres y mujeres.  El padre se dedicaba a gestiones del Estado o hacer carrera como oficial colonial, oficial militar, o un libertino.  La madre buscaba su satisfacción en la vida social. Condiciones similares también existieron entre la aristocracia Francesa.

Podemos concluir que hay varias posibilidades para la crianza y educación de los niños. La clase de familia centrada en la crianza que nosotros imaginamos como ideal hoy día, no es en ningún sentido la única forma, y con toda probabilidad no es inequívocamente mejor o peor que otras. Todo sistema educacional tiene sus ventajas y desventajas. El sistema de  la aristocracia Inglesa quizás  fomentó el desarrollo de un ser humano algo desapegado e impersonal quien  podría perseverar con una cierta fortaleza  a través de las más diversas circunstancias, bien sea como comisionado en África u oficial  colonial en la India. El esmerado control parental que ejercemos sobre nuestros jóvenes desde su  infancia  pasando por su  adolescencia,  forma personas con  fuertes sentimientos y  lazos personales, pero que tienden a  ser continuamente desilusionados   por el mundo grande y malo, una vez que  se dan cuenta que no todas las personas son tan amorosas como papá y mamá. El inconveniente de nuestro sistema de crianza es quizás el mimo narcisista. La ventaja por otro lado, es que incrementa  la capacidad de amor personal.

El mejor sistema de crianza no existe. El  romano de las clases superiores quien quería hacer que sus hijos encajaran como soldados y estadistas capaces,  tenía que criar a sus hijos de  modo diferente al de  los primeros Cristianos, para quienes la mayor preocupación era hacer lo posible para que sus hijos aprendieran acerca de Dios y alcanzaran el Paraíso. Los niños en los estados totalitarios, como la Unión Soviética,  deben ser criados  de una manera diferente de los niños criados en un estado democrático como Dinamarca, por ejemplo.

Los objetivos de nuestros esfuerzos en  educación y crianza  cambian prácticamente cada diez o veinte años en algo diferente.  Mientras  que los objetivos estén en  cambiando continuamente, es casi imposible examinar la eficacia de una educación en particular.  Hoy día es de tal modo, que tan pronto como un estilo educativo ha funcionado, entonces  ya el objetivo de la educación ha cambiado,  porque  se ha presentado una nueva imagen de persona. Como   siempre se desea “otro tipo de  persona”, uno es incapaz de hacer un juicio acerca de los resultados de la educación.

La pedagogía no es una ciencia objetiva. Incluso aquellos educadores quienes dan la apariencia de ser científicos,  son niños  de su tiempo y crean sistemas educativos conforme a  expectativas  que se ajustan a  una imagen de la humanidad en  un  momento determinado.  Ya que nunca tenemos tiempo suficiente para probar los resultados de nuestras tentativas, los variados sistemas educativos expresan simplemente nuestras propias fantasías y concepciones acerca de la educación,  respondiendo a la pregunta de cómo  formar a los niños para que lleguen a ser  los adultos que nosotros deseamos que sean.

Mirado desde el punto de vista del cuidado de los niños, es cuestionable  suponer que nuestra imagen actual de la familia es  algo natural o necesaria.  Yo creo que estaremos más cerca de una comprensión del matrimonio y la familia una vez que tengamos claro que matrimonio y familia son creaciones artificiales, expresiones de la fantasía humana,  creación humana en el verdadero sentido de la palabra y lejos de cualquier instinto natural.

Cuando en este libro hablamos de matrimonio, entendemos que  el matrimonio, como se experimenta  actualmente en Europa occidental   y los Estados  Unidos,  es una institución social que está  continuamente cambiando.  Es el resultado de una larga historia de desarrollo y de cambios filosóficos, religiosos, políticos, sociales, concepciones económicas y actitudinales.

El matrimonio contemporáneo es entendido  todavía como un compromiso de por vida. El divorcio es posible pero no deseado.   La concepción dominante hoy día es que en el matrimonio,  dos o más socios más o menos igualmente cualificados se unen de por vida. La posición de la esposa está legalmente diferenciada de la del esposo, por lo menos en Suiza,  en que  el esposo es responsable de su apoyo  y manutención.  Esta carga es compensada por ciertos derechos: el esposo da a la familia su apellido;  su lugar de residencia  se convierte también en la residencia  de la esposa;  él tiene la última palabra en la educación de los hijos, y usualmente  él controla el dinero.  En opinión de muchos ciudadanos, las leyes concernientes al matrimonio están algo anticuadas. Actualmente hay esfuerzos dirigidos a establecer la total igualdad del esposo y la esposa ante los ojos de la ley.  El que las leyes matrimoniales  se encuentren  algo passé,  no es  ningún motivo para censurar a los creadores del código Suizo de derecho civil. La mayoría  de las leyes que tienen que ver con instituciones sociales deben estar  necesariamente  algo anticuadas.  Las concepciones e imágenes en las cuales descansan las instituciones sociales cambian  bastante rápidamente. Las leyes no pueden ser alteradas tan  rápido  como para reflejar  estos cambios sociales,  por lo demás  los continuos cambios de las leyes crearían incertidumbre en cuanto a lo qué  es legal  en lo que a derechos se refiere.

Por otra parte, de acuerdo a las actuales concepciones,  esposo y esposa –y también los niños– deberían  estar en capacidad de desarrollar todo  su potencial psicológico.  Que ambos deban  desarrollarse de esta manera  no es ni  auto-evidente  ni natural;  Esta es una de las concepciones que pertenecen   a una época determinada  y que  puede cambiar un  día. Hoy vemos la igualdad entre los cónyuges como algo auto- evidente,  pero  no podemos saber si   incluso  en cien años la mayor parte de la humanidad  encontrará correcto  que la esposa o el esposo sean tratados como un cónyuge con menos derechos.

 

 

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Lo femenino y lo masculino en la psicología de Carl Gustav Jung 2
Poseidón: señor de los mares y el enfrentamiento de aspectos monstruosos del alma 3
Necesidades extra-profesionales del analista 4
Escuchar como instrumento psicoterapéutico básico 5
Publicaciones/Ponencias 6
La caja de arena – Eva Pattis Zoja 7
La Psicología Analítica de Jung y sus aportes a la Psicoterapia 8
El retrato de Dorian Gray: la sombra en su lado más oscuro 9
La anorexia, la bulimia y las toxicomanías 10
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Encuentro de Analistas Junguianos en Colombia

Evento en Medellín

Sábado, noviembre 1°, 2014

Tom Kelly, presidente de la IAAP (International Association for Analytical Psychology) y el analista brasileño Álvaro Ancona, visitaron la ciudad de Medellín, Colombia, en donde se reunieron con los analistas residentes en Colombia. El encuentro tuvo el objetivo de concretar los planes de formación de la futura sociedad de analistas junguianos en el país.   

 

De izquierda a derecha, Juan Carlos Alonso (Director de ADEPAC), Ana Ma Salazar (miembro de ADEPAC), Tom Kelly (Presidente de la IAAP), Fernando Garlín, Álvaro Ancona (Liaison de los Routers de Colombia), Eduardo Carvallo, Lisímaco Henao, Inés de la Ossa y Ma Patricia Quijano (miembro de ADEPAC). Andrés Ocaziones, otro analista colombiano participó virtualmente en el encuentro.

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Coctel ADEPAC de fin de año Medellín

Evento Medellín

Sábado, noviembre 8, 2014

ADEPAC

Celebró

Su Coctel de fin de año en Medellín

 

FotoCoctelFinAno2014Med

Carolina Mesa, Milena Loaiza, Ana María Salazar, Margarita Correa, Amparo Céspedes, Juan Carlos Alonso, Anita de Alonso, María Patricia Quijano, Álvaro Cardona, y en el centro Héctor Ospina.  

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Cursos Pre-Congreso Buenos Aires 2016

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Conviértase en miembro activo de ADEPAC

CONVIÉRTASE EN MIEMBRO
ACTIVO DE ADEPAC

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ASOCIACIÓN DE PSICOLOGÍA
ANALÍTICA EN COLOMBIA

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QUÉ ES ADEPAC?

Le invitamos a hacer parte de nuestra organización. La Asociación de Psicología Analítica en Colombia (ADEPAC) es una entidad creada a finales del año 2004, sin ánimo de lucro y de apoyo mutuo entre profesionales de diferentes disciplinas, que participan activamente en la divulgación, investigación y desarrollo de la Psicología Analítica, enfoque creado por el médico suizo Carl G. Jung (1875-1961).

Cuenta con representación legal (NIT 900011038-1) y aunque tiene su sede en Bogotá, posee un carácter nacional y busca el asocio de personas de diferentes ciudades interesadas en dar a conocer este enfoque. Actualmente existe una Coordinación en la ciudad de Medellín, en donde reside buena parte de sus miembros. También hay miembros que viven en otras ciudades del país y de fuera de Colombia.

Para cumplir con su objetivo divulgador, ADEPAC organiza diferentes espacios que permiten el aprendizaje y debate de la teoría y práctica de la Psicología Analítica.

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¿QUÉ ACTIVIDADES DESARROLLA ADEPAC PARA EL PÚBLICO?

Algunas de las principales actividades que adelanta ADEPAC están dirigidas al público general:

- Los principales eventos coordinados por ADEPAC se encuentran en página de inicio de esta web de la asociación (www.adepac.org), en especial conferencias y cine foros de entrada libre.
- Allí mismo se informa a la comunidad junguiana acerca de eventos nacionales e internacionales, bibliografía especializada, lugares de entrenamiento en este enfoque, artículos, reseñas, resúmenes de tesis y conceptos básicos de la Psicología Analítica.
- Conferencias, talleres, cursos, cine foros sobre temas junguianos, tanto presenciales como virtuales.

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¿QUÉ ACTIVIDADES DESARROLLA ADEPAC PARA SUS MIEMBROS?

Otras actividades están reservadas a los miembros afiliados a la Asociación, las principales de las cuales son:

- Grupos de estudio Presenciales y Grupos de estudio Virtuales, , con carácter gratuito, en los que se estudia, reflexiona y discute sobre obras clásicas de autores Junguianos y Postjunguianos.
- Una Biblioteca General constituida por más de 500 obras de Carl Jung y de autores junguianos, disponibles para préstamo de los miembros que residan en Bogotá y Medellín.
- Una Biblioteca Virtual en PDF de más de 150 obras de Jung y de autores Junguianos en español e inglés, y más de 900 ponencias de congresos junguianos latinoamericanos e internacionales, disponibles para ser adquiridas por los miembros del país y de fuera del país.
- Una Biblioteca Virtual de Ponencias en PDF que reúne más de 900 conferencias dictadas en los últimos congresos internacionales y latinoamericanos de Psicología Analítica, también disponibles para ser adquiridas por los miembros del país y de fuera del país.
- Una Página Web exclusiva para Miembros, que ofrece entre otras novedades la traducción de obras junguianas contemporáneas de importancia fundamental.
- Descuento del 20% al 40% (dependiendo del tipo de membresía) sobre la tarifa establecida para las conferencias, talleres, cursos, y cine foros organizados por ADEPAC.
- Plan de descuento de editoriales que publican obras junguianas para los miembros de ADEPAC (entre otras Trotta, Fata Morgana)
- Divulgación en la página web general del perfil profesional y/o de los servicios que ofrecen los miembros.

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¿QUIÉN FUE C. G. JUNG?

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CG Jung fue un médico psiquiatra suizo, figura clave en la etapa inicial del psicoanálisis, junto con Freud. Posterior a la ruptura con éste, fue el fundador de la escuela de Psicología Analítica. Su abordaje teórico y clínico enfatizó la conexión funcional entre la estructura de la psique y la de sus manifestaciones culturales. Esto le impulsó a incorporar en su metodología nociones procedentes de la antropología, la alquimia, los sueños, el arte, la mitología, la religión y la filosofía. Desarrolló una compleja teoría de la personalidad, acuñando términos como la introversión y la extroversión. Escribió una prolífica obra. Aunque durante la mayor parte de su vida centró su trabajo en la formulación de teorías psicológicas y en la práctica clínica, también incursionó en otros campos de las humanidades, desde el estudio comparativo de las religiones, la filosofía y la sociología hasta la crítica del arte y la literatura.

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COSTO AFILIACIÓN Y APORTES

Los aportes establecidos para el período abril a marzo de cada año son aprobados en las Asambleas Generales Ordinarias que se realizan en el mes de marzo. Los aportes actuales los pueden encontrar AQUÍ. Se puede hacer el pago semestral o actual. En este último caso, es decir cuando se realiza una  cancelación anticipada de aportes correspondientes a un (1) año se obtiene un descuento de (2) dos meses. Todas las personas ingresan como Miembros Adherentes y luego de un año podrán solicitar al Consejo Directivo convertirse en Miembros Titulares (el requisito es presentar un trabajo sobre algún trabajo de Psicología Analítica).

Mayor información

Correo: adejungcol@yahoo.com

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Cap. 2 – Matrimonio y Familia: ¿Instrumento de tortura social o una institución moribunda? – Guggenbuhl-Craig

Adolf Guggenbühl-Craig

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Analista junguiano suizo, nació en Zurich (Suiza) en 1923 y falleció en 2008 en la misma ciudad. Estudió Teología en la Universidad de Zurich, luego Filosofía e Historia en la Universidad de Basilea y después Medicina en la Universidad de Zurich. Luego de graduarse en Psiquiatría y Psicoterapia, inició la práctica privada en Zurich. Conoció directamente a Jung y fue muy influido por la psicología de Jung. Autor de Poder y destructividad en Psicoterapia. El siguiente texto es la traducción hecha por la psicóloga clínica venezolana María Luisa Fuentes ©, del Capítulo 2 de su obra Marriage: Dead or Alive (1986). Putnam: Spring Publication. Esta no es una traducción oficial sino una versión personal y se hace con fines pedagógicos para ADEPAC y otros centros de estudios junguianos.

Traducido del inglés por María Luisa Fuentes

 

CAPITULO DOS

No se requiere de un espíritu particularmente agudo u original para darse cuenta de que hoy día la familia y el matrimonio pueden estar en estado de disolución, aunque mucha gente todavía contrae matrimonio con gran entusiasmo. Pero en todos aquellos países donde las leyes no dificultan la obtención del divorcio, muchos matrimonios se están disolviendo. Aceptado, no existe todavía ningún país donde más de la mitad de los matrimonios termine en divorcio. Por supuesto no es sólo la restricción legal lo que impide a las parejas divorciarse; muchos matrimonios y familias se mantienen unidos por consideraciones puramente materiales. Para casi todas las clases sociales –a excepción de los muy ricos o muy pobres– un divorcio usualmente significa una disminución del nivel de vida para ambos cónyuges y para los niños. Con mismo ingreso, después del divorcio, se deben mantener dos hogares. En los grupos sociales donde el dinero no es una preocupación, donde un divorcio no trae un declive significativo en el nivel de vida, más de la mitad de los matrimonios termina en divorcio.

Aunque un matrimonio se haya convertido en algo miserable muchas parejas no se divorcian a causa de los niños. “Estamos esperando a que los niños crezcan” se dice. Y cuando los niños han crecido, ellos todavía no se divorcian, no porque la relación haya mejorado, sino porque los cónyuges están muy cansados y tienen miedo a la soledad, o creen que ya no serán capaces de encontrar nuevos compañeros.

A pesar la creciente tasa de divorcio, la mayoría de la gente experimenta el divorcio como un fracaso. Al momento de casarse se tiene la intención de permanecer juntos hasta que la muerte los separe. Si los tribunales hacen la separación, eso significa que las cosas no se dieron de la manera prevista.

Sería aburrido dar estadísticas de divorcio en varios países, culturas y estratos sociales. Es mucho más interesante para el individuo repasar a través de su mente, conocidos, parientes y amigos, quienes están sobre los cuarenta y cinco años de edad. Haciendo esto se dará cuenta con tristeza –o con secreta satisfacción si él mismo está divorciado– que muchos matrimonios que comenzaron auspiciosamente, ya no existen. A menudo los matrimonios terminan sin hijos después de varios años; con frecuencia ya había niños presentes. Todo el mundo sabe también de parejas que se disuelven después de quince, veinte, o veinticinco años de matrimonio. Esto puede involucrar parejas sin hijos o familias con seis niños. Y justo cuando uno ha llegado a la conclusión de que al menos aquel viejo amigo de la escuela Jack y su esposa Luisa, están disfrutando un matrimonio feliz, suena el teléfono y Jack comparte su decisión de divorciarse.

Todos estos divorcios no serían tan malos si uno pudiera al menos percibir felicidad y alegría completas entre los no divorciados. Pero este no es el caso. Se sabe, tanto a través de los estudios generales, como también por experiencia personal, que muchos matrimonios se las arreglan para mantener unida la familia sólo con gran dificultad, negándose a sí mismos todo lo que es querido para ellos. Aquí y allá sin embargo, uno conoce parejas quienes están genuinamente satisfechas una de la otra. Al menos ellos piensan que este es su caso. El observador objetivo tiene a menudo otra opinión: el matrimonio parece funcionar tan bien sólo porque al menos uno de los cónyuges sacrifica y abandona completamente su desarrollo. En ocasiones la esposa sacrifica sus demandas personales y culturales por la comodidad y los motivos profesionales de su esposo; caso contrario – y esto es cada vez más frecuente—el esposo está al servicio de su esposa y difícilmente se atreve a expresar sus opiniones en presencia de ella. El sacrifica sus amigos, sus oportunidades profesionales y prácticamente permite que su esposa adicta al poder, lo utilice como un criado. A menudo uno observa cuan interesante, ingeniosa y animada es una persona casada cuando está sola, pero luego cuando su pareja está presente, todo signo de vivacidad se desvanece. Muchas parejas quienes desde un punto de vista externo tienen un buen matrimonio, de hecho, en la práctica, se paralizan el uno al otro.

A pesar de la multitud de psicólogos y consejeros matrimoniales, no sólo los divorcios continúan ocurriendo con gran frecuencia, sino que los matrimonios que todavía existen, a menudo parecen no ser más que situaciones que retrasan el crecimiento. Psiquiatras y psicólogos extraen sus conclusiones a partir de esta desagradable situación: las dinámicas matrimoniales y familiares son explicadas a los pacientes. A menudo se duda si el matrimonio y la familia en su forma contemporánea, son todavía instituciones significativas. ¿No es el matrimonio, como los revolucionarios lo explican, más que todo un instrumento de la sociedad para controlar a la gente?

Aún los psiquiatras y psicólogos que no comparten este radical punto de vista, suman puntos cada día al expediente en contra del matrimonio y la familia. En los casos de los pacientes más neuróticos, la causa de su sufrimiento emocional es rastreada hasta los enfermizos compromisos matrimoniales de sus padres, a la madre deprimida, o al padre estúpido, según todo tipo de constelaciones familiares infelices.

Un psicoanálisis tiene dos metas: liberar a los pacientes neuróticos del sufrimiento, además ayudar a su completo desarrollo y a la búsqueda del significado de la vida. Con mucha frecuencia sin embargo, el psicoanálisis termina un matrimonio con un divorcio. Encontrar el significado de la vida implica, en este caso, determinar primero que todo, que el matrimonio no permite ningún tipo desarrollo significativo a favor del analizado.

Muchos escritores modernos describen el matrimonio como una institución enferma que se mantiene solamente con mentiras e hipocresía, decepción mutua y auto -decepción. La vida familiar, consistiría entonces, en una doble vía de tormento sin fin. La mendacidad y la hipocresía en el llamado matrimonio burgués es uno de los blancos favoritos de los autores modernos. Con esta mirada uno puede sentirse tentado a parafrasear el Hamlet de Shakespeare: En efecto algo está podrido¬— no en Dinamarca— pero sí en la familia y el matrimonio.

Si uno mira la institución matrimonial, con completa justicia e imparcialidad, emerge la siguiente imagen: si, utilizando una gran agudeza psicológica, uno pudiera imaginar una institución social, la cual es incapaz de funcionar en cada caso particular y está destinada al tormento de sus miembros, uno ciertamente inventaría el matrimonio contemporáneo y la institución familiar de hoy. Dos personas de diferente sexo, generalmente con imágenes, fantasías y mitos extremadamente diferentes, con fortaleza y vitalidad diferentes, prometerse el uno al otro, estar juntos noche y día, por así decirlo, para toda la vida. Se supone que ninguno de ellos va estropear la experiencia del otro, se supone que ninguno de ellos va a controlar al otro y ambos podrán desarrollar totalmente sus respectivos potenciales. Sin embargo este poderoso juramento es a menudo declarado sólo a causa de una abrumadora intoxicación sexual. Tal intoxicación es maravillosa, pero ¿es esto un trabajo preparatorio sólido para pasar juntos toda la vida?

Es bien sabido que la mayoría de las personas, incluso cuando emprenden juntos un viaje por sólo catorce días, se alteran los nervios el uno al otro. Después de unos pocos días, uno difícilmente puede siquiera ya expresarse, cada pequeña decisión se convierte en un quejumbroso combate de lucha libre. Ambos cónyuges, sin embargo, prometen vivir toda su vida (treinta, cuarenta, cincuenta, sesenta años) juntos en la mayor intimidad física, espiritual y psicológica. ¡Y este compromiso para toda la vida, lo hacen en su juventud! Quizás en diez años ambos sean personas completamente diferentes. Ellos hacen esta promesa a una edad en que ni siquiera saben quiénes son ellos mismos, ni saben quién es el otro. Sobre todo no se sabe cómo el uno o el otro se va a desarrollar. La encantadora y adaptable joven mujer –¿quién podría suponerlo?– se transforma en una matrona embriagada de poder. El joven romántico, con grandiosos planes futuros, quizás más tarde se convirtió luego en un débil irresponsable.

Esto no sólo es permitido por una sociedad decente y responsable, sino que de hecho alienta a jóvenes personas en completa ignorancia a unirse permanentemente, con los problemas psicológicos que sus votos implican, parece incomprensible.

El incremento de una mayor expectativa de vida, hace esta situación aún más grotesca Doscientos años atrás la gente no llegaba a edades tan avanzadas y la mayoría de los matrimonios terminaba después de diez o veinte años con la muerte de uno de los cónyuges. Hoy hay matrimonios con cincuenta y aun sesenta años.

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Luigi Zoja en Simposio Internacional en Bogotá

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El análisis Junguiano de los sueños en psicoterapia – J. C. Alonso

JUAN CARLOS ALONSO

Juan-Carlos

Juan Carlos Alonso es Psicólogo (Universidad Nacional, Bogotá) y Analista Junguiano de la IAAP (International Association for Analytical Psychology). Magister en Estudios Políticos (Universidad Javeriana). Miembro Fundador y Director de ADEPAC (Asociación de Psicología Analítica en Colombia). Atiende consulta particular como psicoterapeuta y analista junguiano especializado en adultos. Este artículo fue elaborado en septiembre de 2011. Correo:adejungcol@yahoo.com

El tema de los sueños ha tenido siempre para mí un interés teórico y práctico en mi trayectoria profesional y existencial: desde lo teórico, he revisado en profundidad su abordaje dentro de la teoría junguiana; desde lo práctico, he analizado mis propios sueños por más de 15 años, comprobando los beneficios de hacerlo, y adicionalmente, en mi consulta privada he hecho uso de la interpretación de sueños con mis pacientes por muchos años, corroborando también su gran utilidad en sus procesos de desarrollo.

Los sueños son un material fascinante y misterioso de muy difícil teorización. De ahí la dificultad de escribir sobre este tema, porque a pesar de su innegable utilidad terapéutica, es muy complicado dar ejemplos de interpretaciones y formular generalizaciones. Además, como cada sueño es una instantánea psíquica del soñante, que figuradamente puede verse como un teatro en el que actúan sus complejos, la interpretación de un sueño específico tendría que estar acompañada de gran cantidad de información sobre las asociaciones del/la soñante, así como de la problemática que esté atravesando. Por eso, los sueños que incluyo en el texto se presentan como ejemplo de un tema determinado pero sin hacer un mayor análisis de ellos.

Comenzaré el documento por comentar sobre la importancia de los sueños en la psicoterapia junguiana y sus diferencias con el enfoque freudiano. Menciono algunas situaciones especiales interesantes de resaltar, como en qué casos interpretar, qué nos dicen los sueños recurrentes, y la utilidad de los sueños iniciales. Posteriormente, comentaré algunos de los aspectos teórico-prácticos de las etapas del proceso de análisis de sueños: asociaciones personales, paralelos arquetípicos, principio de compensación, enfoques subjetivo y objetivo, interpretaciones reductivas y constructivas, formulación de hipótesis interpretativas, y verificación de ellas. Para mostrar tales aspectos en la praxis, ofrezco, como mencioné, ejemplos de sueños reales en algunos de estos temas.

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La teoría junguiana del análisis de los sueños se originó en la escuela freudiana, por lo que inicio el tema con una comparación entre las dos formas de interpretación onírica. En una primera fase de su vida profesional, Carl G. Jung aceptó buena parte de los planteamientos de Freud sobre los sueños, pero luego de su ruptura con él, en 1913, planteó claramente sus diferencias en este campo. Algunas de las discrepancias más significativas son: su rechazo a la idea de que el sueño fuera un disfraz y por el contrario afirmó que el sueño mostraba lo que quería significar; comprobó que no todo el material onírico se refiere a represiones que hubieran estado anteriormente en la consciencia; e hizo un uso diferente de las “asociaciones libres” propuestas por Freud. No obstante, también puede afirmarse que buena parte de los planteamientos innovadores de Jung en materia onírica, consisten más en enriquecer y complementar los planteamientos freudianos, que en oponerse a ellos. Por ejemplo y como se verá luego, él proponía complementar el enfoque reductivo con el constructivo, y el objetivo con el subjetivo.

Un primer factor que desearía resaltar en la labor interpretativa es preguntarse con qué tipo de pacientes se facilita analizar sueños y con cuáles no. Pienso que, aunque se puede hacer con la mayoría de las personas, resulta más adecuado con personas con cierto nivel de abstracción que les permita comprender los simbolismos. Esto parecería estar también asociado con el ciclo de vida de la gente; se trabaja mejor con adultos y es menos aplicable con adolescentes y niños, o con personas de un bajo nivel de desarrollo de la consciencia. De otra parte, no suelo fomentar el recuerdo de sueños con personas que asisten a consulta por aspectos muy puntuales y por un corto tiempo, por ejemplo durante lo que resta de un embarazo, o antes de un viaje con fecha preestablecida. En un caso reciente de una mujer cuyo motivo de consulta era que estaba embarazada en su octavo mes de un segundo matrimonio, y quería aclarar cómo manejar las relaciones entre el hijo de su primera unión y el nuevo padrastro, no trabajamos ningún sueño en el breve tratamiento. Sin embargo, es difícil generalizar lo anterior, por cuanto depende de las características del paciente, de su problemática y de la manera como llegan a la consulta, pues en ocasiones, es un sueño perturbador lo que les impulsó a buscar apoyo terapéutico.

En general, yo motivo a los pacientes a tratar de recordar y registrar sus sueños. No acostumbro hacerlo de inmediato, al inicio de la terapia, pero sí al cabo de poco tiempo, luego de conocer la problemática general de la persona. Cuando un paciente no llega con sueños en las primeras citas, le estimulo a hacerlo, recomendando que compre un cuaderno dedicado exclusivamente a este uso y  que registre al final de cada día unas breves notas sobre lo más significativo en eventos y sentimientos. Esto tiene el doble propósito de servir de referencia para los sueños futuros sobre las preocupaciones conscientes del momento, y a la vez como un estímulo de sugestión que les facilite recordar los sueños al día siguiente. Así mismo les pido que los anoten tan pronto como se despierten el día siguiente, señalando posteriormente un título que darían al sueño, según su contenido. Recomiendo también acompañar los relatos con dibujos y esquemas, siempre que sea posible.

Es interesante preguntar a los nuevos pacientes si han existido sueños recurrentes en el pasado, pues pueden señalar aspectos importantes en la vida; y si los hubo, explorar si tales sueños dejaron de aparecer en algún momento de la vida. Esta situación fue reportada por una paciente que había sido abusada sexualmente de niña, y que tenía este sueño recurrente: “Yo me veo a mí misma en el sueño. A la derecha había un parque infantil donde jugaban muchas niñas. Y a la izquierda había un bosque. Salía de pronto del bosque un monstruo de lava que perseguía a mis amiguitas y se las iba tragando. Yo corría por las calles hasta llegar a una casa, pero allá llegaba el monstruo, me abrazaba y me tragaba”. El sueño desapareció cuando en su adolescencia le contó a la madre acerca del abuso.

La mayoría de veces, realizo la interpretación en un trabajo verbal con el paciente, pero en unas pocas ocasiones, cuando los sueños son de mucha importancia, sugiero que los representen en la caja de arena, por cuanto he descubierto que es una manera de optimizar el impacto del trabajo simbólico con las imágenes. Existe en mi opinión una interesante relación entre la terapia, los sueños y el juego. En este sentido, comparto los planteamientos de Winnicot (1982) quien menciona que los pacientes llegan a consulta porque han perdido su capacidad de jugar y que la tarea del terapeuta es hacer que el paciente recupere su capacidad lúdica. En consecuencia, opinaba que la terapia consiste en sobreponer el “juego del analista” con el “juego del paciente”. Veo este planteamiento bastante aplicable al análisis de un sueño en la caja de arena. Cuando el paciente lo narra es como si el escenario de sueño se materializara frente a él, y entre los dos pudiéramos “jugar con las imágenes”, hasta develar su sentido. Por eso veo tan adecuado en algunos casos que la objetivación de las imágenes se realice en el espacio libre y protegido de la caja de arena (Kalff, 2003), en donde el juego-terapia se hace más evidente.

¿Qué hacer con los pacientes que no recuerdan sus sueños? La tendencia general es que los pacientes comienzan a recordar los sueños al poco tiempo de comenzar la terapia, porque empiezan a prestarles atención, con el apoyo del terapeuta. Jung afirmaba que cuando un paciente no recordaba los sueños, se debía frecuentemente a que estaba reteniendo material que no deseaba que saliera en consulta (2000). Esto parecía suceder en el tratamiento de un docente que casi nunca podía recordar sus sueños. El único segmento de sueño que tuvo este paciente fue el siguiente: “Estaba viendo a Germán Vargas Lleras (un político muy conocido en Colombia que se postuló para presidente en las elecciones anteriores al sueño) en el debate en TV de los candidatos presidenciales”. Le pregunté qué pensaba de este aspirante y me dijo que no podía entender cómo podía tener unos resultados tan bajos en los sondeos si era el candidato con el mejor programa político. Esto sirvió para asociarlo con él mismo, que sintiéndose con tan grandes capacidades como las del candidato, no tenía mucha aceptación dentro de su equipo de trabajo.

Retomando la consideración de qué hacer con los pacientes que no sueñan, considero que la respuesta se encontrará al descubrir las motivaciones que tiene el paciente para no recordarlos. En el caso concreto del docente, se trataba de una persona de tipo pensamiento con grandes dificultades para creer en el mundo inconsciente. En consecuencia, la estrategia con él fue fomentar de muchas maneras que se contactara con su mundo emocional, tales como plasmar en una imagen sus problemas, ejercitarse en la escritura creativa, o trabajarlos con la caja de arena. Pero en otros casos, el olvido del material onírico puede deberse a otros motivos, como por ejemplo, una dificultad para comprometerse más con el proceso terapéutico, o el temor a profundizar en los propios conflictos.

Es frecuente que personas que han recordado sus sueños en forma regular, dejen de hacerlo por períodos de tiempo, por distintas circunstancias. En estos casos, cuando pasa el tiempo y siento que la terapia se hace demasiado racional, intento ayudarme con alguno de los métodos auxiliares mencionados. Utilicé este procedimiento con una paciente de 36 años con quien entramos en un período de interacciones muy intelectuales, que atribuyo a una resistencia a enfrentar hechos dolorosos del pasado. Le propuse que hiciéramos una sesión como las demás, pero poniendo la caja de arena en medio de los dos, sin el uso de figuras. Se trataba de una paciente oriunda de una región costera del país que había pasado su niñez cerca de la playa. Tan pronto como puso sus manos en la arena, comenzó a evocar sucesos de su infancia y activó nuevamente el recuerdo de sueños, lo que le dio un “segundo aire” a la terapia.

No es inusual que luego de un sueño muy esclarecedor, el individuo deje de recordar material onírico por un tiempo. Es como si se produjera un cierto agotamiento por el esfuerzo realizado y el soñante requiriera de un período de tiempo para digerir los contenidos que emergieron. También suele pasar que cuando un paciente entra en una fase de depresión aguda, tiendan a desaparecer los sueños. Por eso, luego de un tiempo, la nueva aparición de un sueño es bienvenida porque suele indicar que el paciente está saliendo de la depresión.

Le doy enorme importancia a los sueños iniciales, pues en la mayoría de los casos me han servido para orientarme sobre la problemática principal del paciente, así como sobre el camino terapéutico a seguir. Esto sucedió con un paciente que me contó el siguiente sueño al poco tiempo de iniciar terapia: “Ingreso a un bar, en donde está mi esposa, acompañada de un hombre desconocido. Hay un ambiente de penumbra y hay mucha gente. Ella me dice que él me quería conocer. Yo lo saludo, amable, dándole la mano, pero no le creo a mi esposa lo de que el hombre me quisiera conocer. Creo que lo dice por puro formalismo”. El sueño reflejaba su principal problemática, asociada con la adicción al alcohol, la cual le permitía interactuar con su entorno y contrarrestar su aguda timidez. En estado de sobriedad, sentía una gran desconfianza de la gente, por lo que la senda terapéutica se ha centrado, en buena parte, en permitir que el paciente confíe y se abra paulatinamente a los demás.

Aunque no es plenamente generalizable, la experiencia parece mostrarme que los pacientes tienden a relatar más sueños durante la primera mitad de sus procesos terapéuticos que en etapas posteriores. Así mismo, que los sueños de la primera mitad del tratamiento son más cotidianos y superficiales, mientras que los posteriores tienden a ser profundos y con más contenidos arquetipales. De otra parte, así como hay momentos en que los sueños de un paciente disminuyen, hay otros en que se incrementan, como cuando se está atravesando un período difícil de transición. Recuerdo el caso de un hombre que se iba a pensionar al cabo de 6 meses, y entonces sus sueños aumentaron significativamente, y se referían casi todos al tema laboral.

Los sueños de los pacientes también pueden reflejar el estado del proceso terapéutico del momento, lo cual me sirve como retroalimentación. Por ejemplo, una mujer de 32 años que llegó a consulta a causa de una gran tristeza que le provocaba llantos y conflictos, dedicó las primeras sesiones a confesar los “grandes secretos” que la agobiaban (experiencias extramatrimoniales). Después, tuvo este sueño: “Yo estaba en el baño de mi casa. Era agradable e iluminado  y expulsaba de la matriz una cantidad de cosas raras. No sentía dolor sino solamente impresión. Arrojaba objetos de mi cuerpo. Me alegraba saber que después, ya no iba a sentir más dolores con la menstruación”. Interrogo siempre por las emociones y sentimientos que acompañan el sueño, no sólo los presentes durante el sueño sino también los que aparecen al despertar. En el relato anterior es importante que el baño sea “agradable e iluminado” y que la paciente se sienta alegre, para corroborar el alivio que le había producido despojarse en terapia de secretos cargados de culpa.

Otro ejemplo similar es el de una paciente con un gran complejo materno negativo, ocasionado por los maltratos que recibió de su progenitora.  Aunque había fallecido hacía tres años, la paciente aún no se había podido liberar de su presencia interna: “Yo estaba en una casa grande, con muebles de colores. Tenía que bajar las escaleras entapetadas, y sentía como si el psicólogo (se refiere a mí) me estuviera viendo. Empecé a bajar y me sentía pesada. De pronto, una mujer me cogía del brazo. Al mirar atrás, yo veía que era mi mamá. Pero era una mujer diferente. A mí me daba miedo y rabia. Le decía: ´Por su culpa sufrí toda la vida´. Quería pelear pero no podía”. El sueño confirmaba que, aunque la soñante había hecho grandes avances en su proceso terapéutico, la imago de la madre continuaba oponiendo resistencias a que se liberara de su presencia.

De acuerdo con mi experiencia, podría afirmar que los pacientes mismos dan la pauta sobre la celeridad en el trabajo con los sueños; hay algunos que demandan procesos rápidos y otros que marcan un ritmo lento. La paciente que confesó sus secretos en las primeras sesiones, continuó hasta el final un proceso ágil. Por el contrario, atendí a un paciente quien a través de sus sueños señalaba la conveniencia de no ir muy rápido en su proceso terapéutico. Era un hombre de 34 años con una historia de maltrato y violencia familiar muy difícil, y cuyos primeros sueños me inquietaron bastante por las escenas de violencia, sangre y asesinatos. Frente a mi duda sobre hasta dónde llevar las interpretarlos, un sueño suyo me dio la respuesta: “Estoy con una pareja de amigos. Ella es bastante feíta y él me dice que ella hace deposiciones de a poquitos y así, de esa manera, va a poder volverse bonita con el tiempo”. Este sueño fue como una advertencia de trabajar los sueños lentamente, “de a poquitos”, permitiendo fuera él mismo el que hiciera la mayoría de las interpretaciones.

La extensión de los sueños es otro factor que varía mucho de paciente a paciente. En ocasiones la persona recuerda sólo una imagen vaga, sobre todo cuando intenta recordar los sueños durante las primeras sesiones. Aún así es posible intentar una interpretación. Ha habido oportunidades en las que un sueño-imagen ha dado para toda una sesión. Con sueños muy cortos, es posible pedir asociaciones con todos y cada uno de los elementos del sueño, a la manera del enfoque Gestáltico. Pero si se trata de sueños extensos en los que resulta casi imposible analizar todos sus elementos, opto por pedirle al soñante que me indique cuáles fueron las imágenes que más lo impactaron, para comenzar a trabajar desde allí, y a medida que ofrece asociaciones sobre ellas, vamos tejiendo juntos una trama interpretativa general a la que pueden irse sumando las demás imágenes que no fueron señaladas como las más importantes, pero que pueden ir adquiriendo sentido en torno al tema central.

Descubrí algo curioso con sueños que llaman la atención por ser demasiado “junguianos”. Uno de mis primeros pacientes, de 35 años, aunque vivía aún con su madre, estaba buscando independizarse. Al cabo del tiempo, comencé a descubrir que el paciente tenía actitudes de puer eternus. Desde el comienzo, quedé yo fascinado por el contenido tan atrayente y “seductor” de sus sueños. Este fue el primero: “Veo al agente Mulder, de la serie de TV ‘Archivos secretos’ corriendo en cámara lenta por un corredor y llega a una recepción como la de este consultorio. Atrás hay una pared como líquida. Mulder salta y se sumerge en ella y yo salto detrás. Dentro del líquido es como si estuviéramos en un útero. De pronto, del pecho de Mulder sale la agente Scully como en baby doll. Ella le dice a él: “Tienes que salvarme”. Mulder le dice que quiere hacerlo pero no sabe cómo, y ella le dice: “Por la voluntad de Él y del niño”. Ofrezco el anterior sueño como ejemplo del tipo de material que traía el paciente que llamaba mucho la atención por el carácter casi cinematográfico de sus coreografías. Por supuesto que el sueño permitía analizar algunos de sus principales conflictos, pero, al igual que otros sueños posteriores, llevaban a abstracciones internas que nos distraían del tema de las responsabilidades concretas del paciente en su vida laboral. Cuando se lo manifesté, me respondió que “yo le había descubierto su estrategia”, y a partir de entonces comenzamos a trabajar más directamente con sus retos de la cotidianidad. Esta experiencia me enseñó a cuidarme en el futuro tanto del exceso de material onírico de los pacientes como de su carácter “seductor”, pues podrían estar tratando de evadir la realidad cotidiana.

En ocasiones, es posible que aparezca en el sueño de un paciente una imagen tan intensa e importante en su vida, que permita trabajarla simbólicamente durante un período largo de tiempo. Esto sucedió con un sueño de la persona mencionada antes que tenía un marcado complejo materno negativo: “Estaba en mi cuarto y me asusto pues veo un par de tenis bajo la cama. Pregunto quién es, y sale de debajo una niñita pequeñita, blanca, bonita, asustada, triste, de pelo liso. Tiene tenis blancos sucios. Me dan ganas de llorar al verla. Le arreglo su carterita roja sucia que lleva al hombro”. Pocos días después mi paciente le contó el sueño a una prima, quien le dijo que de pequeña, ella usaba una cartera  igual a la descrita. Trabajamos bastante la imagen de esta niñita en las sesiones siguientes. Le pedí que llevara una foto de ella a esa edad, y me apoyé en la técnica de la escritura creativa, para explorar lo que tenía que decir esa niña interior.

Pasando al tema del método en la labor interpretativa onírica, de los varios pasos recomendados por los especialistas (Matoon, 1980), considero de fundamental importancia el establecimiento del contexto del sueño. Para ello, suelo solicitar asociaciones personales no sólo con personajes humanos que aparezcan en los relatos, sino también con animales, objetos, situaciones y hasta con lugares. Pido que se realicen asociaciones directas del material, en forma “circunvalar”, dando vueltas a las imágenes una y otra vez, tratando de verlas desde distintos ángulos (Jung, 2009). Como complemento a las asociaciones personales, pido al soñante información sobre los hechos, pensamientos, sentimientos y situaciones de la vida consciente con las que pueden estar relacionadas las imágenes, tratando de evidenciar aquello que puede estar dejando de ver conscientemente. En ocasiones, la charla previa que antecede a un sueño puede ofrecer la materia prima de las asociaciones; así, cuando se relata posteriormente el sueño, se tiene ya una guía sobre la situación consciente a partir de la cual se hacen fácilmente las correspondientes asociaciones. El terapeuta, conocedor de la dinámica de vida del paciente, puede también ayudarle a hacer ampliaciones con eventos olvidados. Es el caso de una paciente a quien aparecieron síntomas de enfermedad y sueños relacionados con la madre; le recordé que estábamos en el mes de septiembre, mes en que hacía varios años la madre había enfermado y muerto al poco tiempo. También puede el terapeuta recordar al paciente sobre una situación o imagen determinada aparecida en la serie de sueños anteriores.

Respecto al contexto con amplificaciones arquetípicas, puedo afirmar que raramente he escuchado en mi práctica terapéutica un sueño netamente arquetípico. Más frecuentes son los sueños que, relacionándose con la vida consciente del paciente, tienen a la vez contenidos arquetípicos. En tales casos, es posible que uno, como terapeuta, realice amplificaciones arquetípicas, siempre y cuando se intuya que pueden ser de utilidad para el soñante. En otras palabras, pienso que las amplificaciones arquetípicas deben servir siempre como medios que enriquezcan las asociaciones personales. Pueden usarse paralelismos míticos, históricos y culturales a fin de ampliar el simbolismo individual, relacionándolo por ejemplo, con mitos, leyendas, cuentos de hadas, o con elementos de la simbología universal.

He descubierto en fecha muy reciente, en mi práctica clínica, que las pacientes con experiencias tempranas de abuso sexual suelen tener sueños de alto contenido arquetípico. El siguiente es el sueño de la joven abusada de la que ya había hablado antes: “El hombre que me abusó se transformaba en un monstruo sin cara. Le veía en su cuello un collar de semillas blancas y rojas que le lograba quitar. Yo corría hasta una choza en medio de arena y fuego. Al entrar encontraba a un Taita (especie de chamán indígena) acompañado por una joven. Yo trataba de entregarle el collar pero él me decía que lo conservara. Él comenzaba a cantar y yo lloraba con un dolor enorme pero luego me sentía fuerte. Al abrir mis manos, vi que las semillas se habían desintegrado, quedando solo la astilla de un hueso. El Taita dijo a la acompañante “Llame a los otros Taitas, pues cuando pasa algo muy grande nos tenemos que reunir los cuatro, y esto es muy importante”. Soy muy cauteloso con las amplificaciones arquetípicas de los sueños, por considerar que es un material delicado que no siempre conviene elaborar; con adolescentes o personas con un ego poco fortalecido, prefiero dejar pasar estos sueños sin mayores ampliaciones. No obstante, en este caso la soñante era una joven que había estado reprimiendo lo sucedido en su niñez durante toda su vida hasta que apareció este sueño, acompañado de gran numinosidad, el cual la hizo acudir a mi consulta. El “Taita” parecía estar representando el arquetipo del Viejo Sabio que en el sueño invocaba la cuaternidad como símbolo de la conciliación de elementos inconscientes en la consciencia. Concretamente, parecía dar su aprobación a la soñante para que se acordara e hiciera consciente el material reprimido del abuso. Por ser una de las primeras sesiones, me limité a decirle a la paciente que parecía como si ella hubiera decidido que era hora de elaborar el tema, con el visto bueno de una parte interna sabia.

A medida que pasan los años, siento más confianza a la hora de analizar sueños, y pienso que eso me tranquiliza lo suficiente como para lograr, en colaboración del paciente, aproximarnos más al sentido del sueño. Considero que cada terapeuta desarrolla sus propias particularidades en el enfoque interpretativo de los sueños a partir de la experiencia. En general, yo intuyo el sentido de los sueños desde el momento en el que el paciente lo está relatando, pero no es así siempre, pues hay sueños más complejos con los que necesito trabajar paso a paso en el contexto. No obstante, ya sea que intuya el sentido onírico desde el comienzo o lo haga a partir de las asociaciones personales, he descubierto que tiendo siempre a acercarme a la interpretación a través de interrogantes que hago paulatinamente al paciente, buscando que él mismo haga los descubrimientos. Si no tengo éxito en ello, le suelo preguntar por posibles significados del sueño para permitir que el soñante reflexione sobre esas posibles alternativas, pero dejando abierta la posibilidad de estar en desacuerdo, y advirtiendo siempre que se trata sólo de hipótesis.

He aprendido también que hay sueños a los que no podemos encontrar un sentido, en especial cuando el paciente no encuentra asociaciones personales. Conviene en esos casos evitar las interpretaciones forzadas. Tengo una paciente que a menudo trae sueños enigmáticos, como el siguiente: “Estoy en una cueva en el centro de la tierra, y veo una luz al fondo. Hay muchas lianas que al llegar al piso se convierten en hombres-lianas. No tengo miedo. Hay dos lianas que se juntan y me dan dos claves; una es: 5 + 7 = 12 = 3 = blanco. Otra es: 2 + 5 = 7 = amor. Me dicen: estudie los números”. En esos casos, luego de haber buscado infructuosamente un sentido del sueño a partir de asociaciones e informaciones sobre la situación consciente de la paciente, termino mencionando que de primer momento, no encontramos una explicación al sueño, pero que estemos atentos, pues es posible que el sentido aparezca más tarde.

Respecto al enfoque de interpretación objetiva o subjetiva (esto es, tomar las figuras oníricas como gente real o facetas de la personalidad del soñante), Jung daba algunas pautas para hacerlo en una u otra forma. Por ejemplo, si la imagen coincidía o no fotográficamente con la real, si era una persona importante o no en el momento del sueño, si se trataba de alguien a quien se veía cotidianamente o no (Jung, 1933). No obstante, yo prefiero interpretar siempre de manera subjetiva, como lo recomendaba M-L von Franz, así se trate de personas muy cercanas al paciente, pues tiene la ventaja de hacer que el paciente se responsabilice de los conflictos, y que no delegue la solución de los problemas en los demás. El siguiente sueño de un paciente, interpretado de manera subjetiva, resultó muy revelador, así se estuviera refiriendo a una persona muy cercana a él: “Estoy encima de un edificio y a mi lado está mi hijo. Estamos al borde y queremos saltar al edificio del frente. Me dispongo a hacerlo, pero veo el espacio vacío bajo mis pies y no soy capaz de hacerlo”. Al preguntarle sobre su hijo, el paciente lo describió como una persona tímida pero “con un ego que no cabe dentro de él”. Ver este aspecto como una parte suya, le permitió hablar sobre la arrogancia interna que había en él, compensatoria de su extrema timidez. Sólo en la eventualidad de que el enfoque subjetivo no nos diga nada, acudo al enfoque objetivo. Además, a veces no es fácil distinguir lo subjetivo de lo objetivo, como en el caso de un hombre que sueña con su mujer, ya que la imagen onírica puede representar al mismo tiempo a su ánima y a su esposa (en la que ha proyectado esa ánima), y ambos tipos de interpretación pueden tener casi el mismo sentido.

Otra decisión que debe tomar el terapeuta ante un sueño es si abordarlo en forma reductiva o constructiva. La forma reductiva o causal seguía la pauta freudiana de buscar el origen de las imágenes oníricas como realización de deseos, mientras que la constructiva o sintética es un aporte junguiano que busca indagar por el propósito mismo del sueño, con lo cual se expande la actitud consciente del soñante. Jung hacía énfasis en esta última pero sin excluir la primera. Personalmente pienso que aunque es muy didáctico conocer la diferencia entre los dos, en la práctica es posible y deseable trabajar con los dos enfoques, siempre que sea posible. Al hacerlo, se puede descubrir que las dos aproximaciones se complementan, y que es posible aclarar, por ejemplo las causas de un conflicto determinado, pero simultáneamente encontrar orientaciones sobre la forma en que el soñante podría solucionar un determinado problema. Esto sucede en el sueño de una mujer que se sentía insatisfecha con su relación de pareja, sin encontrar razones para estarlo: “Estaba con mi esposo y habíamos decidido cortar con sierra la casa de tres pisos en la que vivíamos y llevarla a un nuevo sitio. Hacíamos que la llevaran con una grúa de un lugar a otro. Veíamos después la necesidad de hacerle remodelaciones. Salíamos a tomar algo, pero cuando volvíamos, nos dábamos cuenta que la nueva construcción se había derribado”. Al pedirle asociaciones, la soñante dice que la casa de tres pisos se parece a la casa donde vivía ella de pequeña con sus padres. Ella era la preferida de su padre, y cuando era adolescente, la relación de sus padres se dañó y ella recuerda que se enfrentaba a ellos con tal de verlos reconciliados. Hablaba textualmente de conflictos “triangulares”. Terminó abandonando a los padres para ir a vivir con su actual esposo y tres meses después su padre falleció. Había un evidente complejo paterno de la paciente y un gran sentimiento de culpabilidad por pensar que había causado la muerte de su padre. Cuando ella me consultó y  confesó algunas infidelidades que había tenido, aludió a ellas como situaciones “triangulares”. Interpretado reductivamente, el sueño revelaba unos conflictos triangulares hacia su madre, que le impedían aceptar a su esposo, y la llevaban a buscar a su padre en otros hombres, lo cual era el origen de su actual tristeza e insatisfacción. Pero desde una interpretación constructiva, el sueño parecería preparar también el terreno para que la paciente aceptara la necesidad de asistir a la terapia a fin de llevar a cabo las “remodelaciones” necesarias, teniendo en cuenta que ella había “cargado” con el conflicto triangular del pasado y lo había trasladado y actualizado en torno a la relación actual de pareja. Por ello era necesario que en el tratamiento se resolviera el conflicto triangular del pasado para evitar la futura búsqueda de su padre en otros hombres. El sueño motivaba a la paciente a tener en cuenta ese aspecto olvidado del pasado a fin de asegurar su actual relación.

Otro aspecto junguiano importante para tener en cuenta al analizar los sueños es el principio compensador de la psique. La compensación explica que en un sueño aparezca el material psíquico necesario para corregir una actitud unilateral en la mente consciente. Por eso, la interpretación puede verse como la respuesta a la pregunta ¿qué situación consciente no desea ver el soñante y por eso el inconsciente produce compensatoriamente ese sueño? A pesar de su apariencia sencilla, este concepto de la compensación es complejo, puesto que no es sólo sinónimo de mostrar lo complementario o evidenciar lo contrario de la actitud consciente. La compensación puede ser también concebida como una comparación que hace el inconsciente para detectar aspectos vistos unilateralmente por la consciencia, y mostrarlos, por ejemplo, a través de un sueño. Esa unilateralidad de la consciencia puede ser de dimensiones variables, por lo que algunas veces un sueño puede mostrar diferencias muy pequeñas con la actitud consciente. No obstante, a pesar de esos casos de ligeras unilateralidades, pienso que la enorme mayoría de los sueños resalta más las grandes diferencias que las pequeñas. En otras palabras, que los sueños, como afirmaba Marie-Louise von Franz, nos dicen no lo que ya sabemos, sino lo que no sabemos (1997).

Acerca de la verificación de las interpretaciones (partiendo de que sólo son hipótesis), he tomado la costumbre de estar atento a las corroboraciones o refutaciones posteriores. De los varios criterios que proponía Jung (2007, 2009), los que considero más efectivos son, primero, que la interpretación sea confirmada por sueños posteriores, y segunda, que los hechos que prevé la interpretación ocurran en la vida real del soñante. Hay un ejemplo muy claro de ello y es un sueño mío, sucedido hace unos buenos años. No me encontraba en análisis en ese momento y había situaciones difíciles que estaba atravesando. El sueño es: “Estoy en el diván, en sesión de análisis con quien fue mi primer psicoanalista, cuando de pronto él se levanta de su sillón y sale del consultorio. Al rato, veo que entra una mujer y se sienta en el sillón que antes ocupaba mi analista”. No se necesita un análisis muy profundo para tener una idea de lo que significaba el sueño. Era un llamado no sólo a reiniciar un proceso terapéutico, sino a hacerlo con una mujer, algo que nunca había pensado conscientemente hasta ese momento. Estuve atento a los sueños siguientes, los cuales confirmaron de diferentes maneras el mensaje inicial. Así que busqué una terapeuta mujer, me hice paciente de ella, y fue una experiencia maravillosa, pues surgieron problemáticas que nunca habían surgido con los dos analistas hombres anteriores. Esto parece demostrar que los sueños tienen un carácter prospectivo, no plenamente consciente, que puede operar a manera de anticipación futura.

Pero así como los sueños posteriores pueden verificar una interpretación, en ocasiones la corrigen. Eso lleva a una cierta tranquilidad en la labor interpretativa, ya que no resulta tan grave que analista y paciente se equivoquen en una interpretación, pues los sueños posteriores se encargarán de indicar el error.

Antes de finalizar, es importante aclarar que no considero imprescindible el análisis de los sueños en el proceso terapéutico. Los sueños son una fuente muy importante de material inconsciente, pero no la única, así que es posible adelantar procesos terapéuticos con pacientes que no recuerdan sus sueños, ya que el terapeuta puede acudir a otras fuentes, como las emociones del paciente, sus síntomas, sus fantasías, la imaginación activa, o las varias técnicas expresivas, a fin de buscar la conciliación de contenidos inconscientes con los conscientes.

No obstante, en este documento he querido resaltar la importancia que tiene el particular enfoque junguiano del análisis de los sueños en la práctica clínica. Este enfoque, como afirma Matoon (1980), contrasta con el enfoque psicoanalítico, que restringe la riqueza interpretativa, al considerar que son sólo una realización de deseos, o un disfraz, o que sólo admiten una interpretación causal y objetiva. Los planteamientos teóricos de Jung permiten una vasta y variada apertura de posibilidades de interpretación que corresponden a la complejidad humana. Su particular concepto de la compensación ofrece a los pacientes la posibilidad de buscar la totalidad del Self a través del análisis de sus sueños, pues les permite detectar y corregir la unilateralidad de su mirada consciente. En otras palabras, les permite ver lo que la mirada consciente no está viendo. Cuando comencé a dictar la cátedra universitaria de Jung, yo solía comentar que el registro e interpretación de mis propios sueños se había convertido en un hábito muy parecido al de colocarme los lentes de contacto en la mañana. Luego de un tiempo, caí en cuenta de la metáfora que estaba utilizando, y es que, al igual que los lentes, la interpretación de sueños “sirve para ayudar a ver mejor nuestra realidad externa”.

REFERENCIAS

Jung, Carl G. (2000). Freud y el Psicoanálisis. Obra Completa. Vol. 4. Madrid: Trotta.

Jung, Carl G. (2007). Dos escritos sobre Psicología Analítica. Obra Completa Vol. 7. Madrid: Trotta.

Jung, Carl G. (1933). La dinámica de lo Inconsciente. Obra Completa Vol. 8. Madrid: Trotta.

Jung, Carl G. (2009). La vida simbólica. Obra Completa. Vol. 18/1. Madrid: Trotta.

Kalff, Dora M. (2003). Sandplay: A Psychotherapeutic Approach to the Psyche. California: Temenos Press.

Mattoon, Mary Ann (1980). El análisis junguiano de los Sueños. Buenos Aires: Paidós.

Von Franz, Marie-Louise y Boa, Fraser (1997). El camino de los sueños. Chile: Cuatro Vientos.

Winnicot, Donald W. (1982). Realidad y juego. Barcelona: Gedisa.

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